Se que ni siquiera se dieron cuenta que no estuve aquí, pero dejo el capítulo por si alguien, algún día, lo lee.'.

93 en Babel

Capítulo 28

¿Cómo fue que él, el poderoso rey de Babel, una entidad de Nen que había trascendido a través de tantas épocas, se volvió tan débil al enfrentarse a un simple humano de catorce años? Él no era tonto, sabía que estaba arriesgándose demasiado y que estaba pasando los límites de lo permitido en su resistencia. Cierto que subestimaba al peliblanco, lo veía como un objeto que podía usar una y otra vez a su antojo. Mas cuando Killua se entristecía o enojaba, se doblegaba ante él, las emociones que surgían desde el profundo origen de su existencia lo ataban con tanta fuerza que su voluntad flaqueaba. No importaba lo que hiciera, si no satisfacía a Illumi, no podría seguir su vida como lo había hecho hasta ahora, era absolutamente necesario recuperar la estabilidad que había perdido al haber maltratado al preciado tesoro de su anfitrión.

Fuera de eso, también había otro motivo por el cual estaba actuando como un rebelde a su propio bienestar; se había confiado pese a que la situación apuntaba que estaba poniéndose en riesgo. Cuando Illumi controlaba su cuerpo, él era capaz de notar el incremento del poder del ente de Nen. El simple hecho de que el ente fuera capaz de comunicarse con él a través de su mente era una señal de poder, y conforme fue creciendo, fue capaz de tomar el control de su cuerpo. Durante ese tiempo Illumi siempre fue consciente del poder que el ente tenía, aunque lo negara, nunca tuvo duda de que en verdad estuviera creciendo. Ahora la situación era al revés. Nimrod tenía el control pero, a diferencia del morocho, desconocía si podía enterarse de la situación actual de Illumi. El Zoldyck nunca se comunicaba con él, no tomaba partido en su consciencia explorando sus recuerdos y actividades en el exterior, y mucho menos se hacía presente en el primer plano.

Illumi había quedado suspendido en un espacio sin tiempo, en medio de un sueño en el que todos sus problemas estaban solucionados, era libre y feliz dentro de la profundidad de su consciencia. Él también sabía que sólo se trataba de un largo sueño y que la realidad estaba afuera esperándole, pero había puesto pausa en el momento en que Killua le dijo que se avergonzaba de él, y no quería salir. Mientras no se diera oportunidad de saber lo que Nimrod hacía con su cuerpo, llamarle iba a ser complicado.

El Barón de R, le había explicado a Killua que debía pasar alrededor de quince días cerca de su hermano para hacerlo volver, lo cual era parcialmente cierto. Si Killua se alejaba de su hermano, el ente se fortalecía alimentándose del deseo, pero si estaba cerca del peliblanco, su fuerza disminuía; aun así eso no significaba que haría volver a Illumi. Para que eso ocurriera, tenía que hacer un esfuerzo por contactar a su hermano en un modo más profundo. Conforme fuera disminuyendo el poder de Nimrod, Illumi se tornaría capaz de actuar del mismo modo en que el ente había hecho cuando sólo un destello de energía, una sombra sin una forma concreta, haciendo contacto con el actual anfitrión, —revisando en su consciencia y memorias, y tomando repentinamente el control del cuerpo— pero, si Illumi lo hacía, le delataría a Nimrod que se estaba fortaleciendo y el ente tomaría medidas preventivas al respecto. Además, había un pequeño detalle que Killua desconocía. Si Illumi, pese al esfuerzo del albino por llamar su atención y atraerlo al primer plano, no daba muestras de seguir existiendo, al pasar los quince días estimados, significaría que Illumi ya sólo sería un recuerdo existencial, se le declararía como muerto y el único anfitrión que se tomaría en cuenta sería Nimrod, por tanto los deseos y emociones del Zoldyck, sólo serían consecuencias de usar un cuerpo ajeno. Alex había evitado revelar esto porque no quería atemorizar al chico, tenía fe en que lo lograría, y creía firmemente que aún si pasaban más días de los calculados, siempre habría esperanza en traer de regreso al muchacho, esa esperanza no debía perderse nunca.

En cuanto terminó su trabajo, Illumi llevó al chico a cenar mientras que él se encargaba de la reservación del cuarto. Había rentado una gran habitación, con todos los servicios, tal y como le gustaba, prefería estar en compañía de él mismo donde quiera que iba, y no desperdiciar tiempo yendo a aburridos restaurantes cuando él tenía mejor habilidad para preparar cosas a su gusto.

Killua sintió escalofríos cuando puso un pie en el nuevo cuarto, no importaba cuantas veces se acostara con su hermano, eso no menguaba lo perturbador que era. No obstante, durante el día estuvo pensando seriamente que, si su intención era traerlo de regreso, entonces más le valía esforzarse de verdad, y no sólo dejarse tocar como si de un objeto se tratase. Es decir, rendirse de una vez a los deseos de Illumi, los verdaderos deseos, y no con la superficialidad que le había otorgado al ente. Al repasar en su decisión, volvió a temblar, esta vez no de miedo, si no de nervios. Planeó hacer su nuevo movimiento esa misma noche. Sería la primera vez que lo haría y esperaba tener buenos resultados, o por lo menos algo que le inspirara a continuar con su objetivo.

Respiró hondo, aprovechó el momento en que Illumi ingresó al baño para revisar el cuarto. Sábanas oscuras, un ambiente cálido y silencioso. Tragó saliva. Nimrod usualmente era directo al momento de pedirle sexo, no se detenía a darle tiempo para mentalizarse, simplemente se echaba sobre él, lo desnudaba, y le susurraba cosas que le hacían dudar en seguir adelante con el plan.

Se quitó los pantalones, era mejor colocarse algo para dormir antes de que su pesadilla saliera del baño, así evitaría que lo viera con poca ropa. Un pensamiento un poco tonto porque, de todos modos, lo vería con poca y sin nada de ropa. Buscó su pijama, había jurado que estaba arrumbada en el clóset, como lo había dejado cuando salió tras su hermano para ir a cenar, pero no fue así, y antes de que pudiera volver a ponerse los pantalones para seguir buscando, una voz lo hizo detenerse.

—¿Qué haces?

Miró hacia otra parte, apenado por ser visto en esas condiciones.

—Busco mi ropa para dormir.

—Volví a guardarla en la mochila, no creí que fuera necesario que la tuvieras a la mano.

—Idiota, no necesitas mover mis cosas —se asustó recordando que en su mochila había dejado guardada la carta de los amantes.

—Puedes dormir así. Te ves sexy.

Killua quedó paralizado cuando vio que su hermano caminaba hacia él. Significaba que ya comenzaría con sus retozos sexuales.

El mayor lo tomó de la mano y besó sus dedos. No quería batallar otra noche para hacerlo ceder. Si debía ser más paciente con el chico, al menos haría el intento de hacerlo sentir apreciado.

—Ven conmigo a la cama, te necesito —dicho esto, le indicó con la mirada que se subiera al colchón.

Esta vez no refutó, obedeció evitando mirar a su hermano a los ojos. Se sentó, recargando su espalda contra el cabecero.

—Aquí estoy, ¿para qué me necesitas? —preguntó sin pensarlo, consciente de lo que le respondería. No perdería la esperanza de escuchar algo diferente por una vez en tantos tortuosos días.

Escuchó una risa orgullosa y luego, Illumi lo tomó de los pies, halándolo hasta hacerlo quedar acostado sobre el colchón. Se subió, gateando sobre su cuerpo, respirando el dulce aroma que el albino desprendía.

—Estoy tan hambriento esta noche —susurró a su oído—, es mi deber hacerte el amor.

—I-Illumi, oye…

No pudo terminar la oración, sus labios fueron reclamados por otros más. Contuvo la respiración, reprochándose mentalmente por no seguir su propio plan.

—No sabes cuánto te deseo esta noche, te advertí que esto ocurriría si veníamos juntos —le recordó murmurando y besando su cuello, lamiendo la sensible piel cercana a su mandíbula.

Killua tragó saliva, esa sensación era poderosa y sensual.

—Aniki yo…

De nueva cuenta Illumi le besó. Esta vez más apasionado. Usualmente Killua sólo se quedaba paralizado cuando su hermano comenzaba a hacer estas cosas; no respondía, sólo se quedaba ahí tumbado hasta que su mente se perdía en la excitación del momento. Esta vez quería hacerlo diferente, si el deseo de Illumi era trasmitirle amor y ser correspondido, entonces, eso era lo que le estaba faltando, o así lo creyó. Debía jugar el mismo juego que Nimrod si es que quería hacerlo perder. Se armó de valor y comenzó a mover sus labios al ritmo en que su hermano lo hacía, permitiéndole mayor contacto. Fue un breve instante cuando el mayor se detuvo, alejándose del chico y mirándolo como si estuviera viendo la cosa más extraña del mundo.

—Kil, ¿qué haces? —acarició su mejilla—, ya te lo he dicho, no necesitas hacer nada, yo soy quien se hará cargo de todo.

Esas palabras revolucionaron en la mente del menor. Había atinado a sus sospechas. Si Nimrod tenía que tomarse el tiempo para solicitarle que no le correspondiera, significaba que estaba tocando puntos sensibles en el corazón de su hermano. Illumi volvió a besar sus labios, esperanzado en encontrar esa ausencia que tanto necesitaba para su existencia y para su desgracia se encontró con esos dulces besos que Killua tiernamente le ofrecía.

Era la sensación más excitante que hubiese experimentado en el cuerpo de su anfitrión. El pequeño niño que había visto crecer, estaba ahí, correspondiendo con inocencia, sin darse cuenta que despertaba en él un fuego de pasión más allá del que hubiese conocido jamás.

Se separó, aterrorizado por la sensación.

—Kil… —su voz apenas salía— me estás excitando, ¿eso es lo que quieres?, no necesitas hacer algo tan desagradable como eso.

—Aniki, no… —lo miró a los ojos, podía ver cuán afectado en realidad estaba. También él estaba intranquilo, pero esa respuesta le dio valor para continuar— yo… he entendido…

Sus nervios incrementaron, el temblor emocional era imposible de reprimir. Se había prometido durante todo el día que diría esas palabras, que lo diría por el bien de sus hermanos, de su propia vida y amigos, ahora tenía más motivos que lo empujaban a hacerlo.

—Yo ya comprendí que soy tuyo.

Fue un simple susurró, pero su mirada atemorizada, acentuada con su rubor transformaron las palabras en una verdad absoluta. Nimrod tuvo que tomar aire, de pronto la realidad parecía un torbellino incontrolable, pero se contuvo, logró recuperar sus fuerzas y se hizo a un lado.

—¿Ah sí? —entre burlesco e incrédulo pronunció, en un nuevo intento por hacer desistir al menor de seguir con sus intenciones.

—Sí —Killua era consciente de que no sería fácil, que no debía dejarse vencer sólo por la mala actitud que pudiera presentar para desalentarlo.

Acarició sus blancos cabellos, enredando sus dedos entre ellos.

—Mi pequeño hermanito, es tan difícil creer en eso… digamos que te doy una oportunidad para demostrarlo.

—¿Demostrarlo? —eso si no se lo había esperado. Tuvo miedo de que le pidiera algo de lo que se fuera a arrepentir, algo como pedirle a Alluka.

—Sí, por supuesto. No puedes simplemente decir que entiendes tu posición, y no ser congruente con tus palabras, ¿o es que ya quieres retractarte?

Detestaba que fuera así, más que retador, sonaba como alguien inseguro. Como si fuera imposible que alguien le amara.

—Y… ¿qué se supone que debo hacer?

La sonrisa de su hermano le hizo sudar. Illumi volvió a acariciar su mejilla y se acercó a su oído para hacer su solicitud en voz baja.

—Desnúdate, Kil. Desnúdate para tu hermano mayor.

—¿Eh? —no podía creerlo, de todas las cosas que habían pasado por su mente esto era lo último que se le había ocurrido, inclusive creyó que había escuchado mal.

—¿No puedes hacerlo?, eso es no ser coherente con tus palabras.

—¡No he dicho que no lo haré!, pero…

—Vamos, puedes empezar.

Definitivamente no iba a hacer un espectáculo de desnudos como los que su hermano Milluki miraba a escondidas en casa cuando creía que nadie se daba cuenta. Se sentó en la cama, y entonces fue consciente la dificultad que representaba. Sus manos no podían ni levantar la tela de su camisa. No por debilidad, si no por falta voluntad. Era bochornoso y era peor estar frente a unos lujuriosos ojos negros observando cada uno de sus movimientos.

—¿Lo ves?, no puedes ni hacer esto…

Brusco, levantó la tela, descubriendo su abdomen, y arrojó la camisa a un lado, mirando a su hermano entre molesto y avergonzado por mostrar demasiada piel para un pervertido de su magnitud.

—Ya, ¿satisfecho?

—Kil… —deslizó sus dedos por la espalda del albino y continuó— Todo, quítate toda la ropa.

Esto fue más complejo aun. Su cuerpo volvió a temblar. Comenzaba a dudar si lograría su cometido o se retractaría. Se mordió el labio inferior, evitando pensar en nada desagradable, necesitaba enfocarse en su objetivo.

Al ver la inactividad del menor, decidió darle un impulso más. Lo empujó levemente por el pecho, forzándolo a acostarse y luego, se acomodó para besarlo. Tal y como lo esperaba, el pequeño le correspondía, aunque torpemente, lo cual lo encendía más. Esa falta de habilidad le demostraba que él había sido el primero y él único con el que había estado.

—Si estas siendo sincero y reconoces que eres mío, quiero que me hagas caso, quiero que escuches lo que te pido. Quítate la ropa, déjame disfrutarte tanto como yo lo desee.

Con ello buscaba intimidarlo, orillarlo a retractarse. Tenía un impulso feroz por ver qué otras reacciones tendría, si sería capaz de reconocer lo que decía o eran sólo palabras para hacerlo caer en alguna otra trampa. Las emociones de Illumi se estaban volviendo más fuertes conforme Killua actuaba.

El menor, con sus manos trémulas, cerrando los ojos para no ver la cara de su hermano mientras hacía aquello, deslizó sus manos a su ropa interior, levantando sus caderas y dejando su cuerpo completamente expuesto. En cuanto quedó desnudo, sintió como las manos de Illumi se deslizaban por su piel, bajando desde su abdomen hasta llegar a su entrepierna y masturbarle lentamente, provocándole una erección.

Odiaba eso, se sentía tan bien y mal a la vez. Quería sentir esa excitación, el calor de su cuerpo comenzó a aumentar y con ello, su respiración empezó a agitarse. Illumi se detuvo un momento y él abrió los ojos, curioso por descubrir lo que ocurría. Vio que su hermano comenzaba a desnudarse y de inmediato se cubrió el rostro.

—Ni que fuera la primera vez que me ves desnudo —se mofó.

Pero él continuó así, ruborizado hasta las orejas. Debía reconocer algo, cediendo y participando, su cuerpo había comenzado a desear más de aquello. No entendía cómo ni por qué deseaba esas sensaciones, aunque no precisamente deseaba desahogarse con Illumi.

Sorpresivamente, el mayor tomó sus manos y las puso a sus costados, posando su cuerpo desnudo sobre el suyo. Sintiendo la erección de su hermano rozando la suya. No pudo evitarlo, su voz delató la confusión por el placer, encendiendo aún más al morocho.

—Eso es, déjame escucharte —comenzó a mover sus caderas y besarlo cada vez más ansioso.

Esta vez no se limitó a solo usar sus labios, colocó su dedo pulgar sobre el mentón del muchachito, y apretó suavemente para abrir un poco más su boca y así, introdujo su lengua. Esto era increíble, no podía parar, ninguno de los dos en realidad quería detenerse, ambos estaban sumidos en ese placer extremo que no les permitía pensar en los detalles.

—Ah… Kil —pronunció, separándose un poco del peliblanco—, podría venirme en este momento pero no lo haré… prefiero hacerlo dentro de ti.

Killua lo miró con desesperación. Podía estar muy excitado, tanto como su hermano, pero aún tenía la capacidad para controlarse. Illumi disfrutaba al máximo entrar en su cuerpo, le dejaba en claro que esto era lo más importante para él cuando estaban en la cama y siempre conseguía hacer que él no pudiera resistirse a su cuerpo.

Sus lenguas volvieron a unirse. Nunca antes imaginó lo delicioso que podía resultar saborear una lengua en su boca; lo morbosamente caliente que era y que le hacía sentir escalofríos y hambre por más.

—Abre tus dulces piernas para mí.

Ordenó y Killua no se resistió, separó sus piernas para permitirle que se acomodara entre ellas, levantando sus caderas para que su hermano le colocara una almohada debajo de su espalda. Esta vez no se cuestionó por qué Killua cooperaba tanto, estaba demasiado extasiado como para preocuparse por eso, bajó para comenzar a darle sexo oral. Saboreando su entrepierna, provocando más soniditos de placer en la boca del menor, que por primera vez los dejaba escapar sin tanto esfuerzo.

De no ser porque tenía bastante experiencia, probablemente a este punto se habría dejado llevar ya por sus pasiones y habría terminado por tomar el cuerpo del menor sin ninguna precaución. Killua era delicioso, y si cooperaba, se volvía terriblemente adictivo. Eso lo descubrió después de que terminó de humectar su entrada, preparándolo para penetrarlo, disfrutando cada una de sus reacciones.

Entre besos y lamidas, subió por su piel dejando algunos chupetones en su cuello y pecho antes de acomodarse sobre él.

—Kil, es momento, relájate —anunció, llevando su miembro hacia las nalgas del adolescente, deslizándolo hasta comenzar a penetrarlo.

La respiración del albino se aceleró, esa era la parte más incómoda de todo el acto, cuando su hermano entraba en su cuerpo y entonces veía esa expresión libidinosa que tanto le intimidaba. Pero esta vez había algo diferente, ahora él estaba tomando parte de todo. Rodeó con sus manos el cuello su hermano, empujando sus caderas con suavidad para permitirle más comodidad. Las manos de Illumi levantaron sus piernas, y él se dejó guiar.

—Ya estoy completamente dentro… mmm…

—Ah…

Esta vez fue Killua quien indicó que podía empezar a moverse, pidiéndole con su cuerpo que continuara con su ritmo. Por obvias razones Illumi no pudo resistirse, y besándolo, mantuvo los movimientos de caderas tan candentes, que erizaban su piel.

Entre besos, embestidas, y caricias, ambos perdieron la noción del tiempo. Sólo el sonido de la cama, sus voces y respiraciones, era todo lo que prestaban atención. Killua nunca antes se imaginó que participar sería tan placentero, podía guiar qué tan profundo y con cuánta intensidad deseaba sentir ese miembro en su interior, y le permitía a Illumi masturbarle, hasta perder el control.

Killua fue el primero en terminar, dejando escapar un gemido no muy fuerte, pero sí lo suficiente como para que Illumi se percatara que en verdad había disfrutado todo aquello, y al ver esa imagen del pequeño con su boca entreabierta, su respiración agitada, sus mejillas sonrojadas y la excitación de sus ojos, terminó por eyacular, como se lo había dicho, en su interior.

Se quedaron en esa posición hasta que recuperaron el aliento. Este era el momento que más perturbaba al peliblanco, cuando se volvía consciente de que acababa de tener relaciones sexuales con su hermano mayor, recodaba su desnudez, y la situación en la que se encontraba. La vergüenza reaparecía. Quería pararse y encerrarse en el baño, pero resistía la tentación, hasta que su hermano se quitaba de encima de él, permitiéndole ir a limpiarse y colocarse de nuevo su ropa interior, aunque esta vez, por el cansancio y necesidad, optó por dormir sólo con la camisa puesta.

—¿Qué fue eso Kil?

—¿Qué cosa? —la pregunta lo había tomado desprevenido.

—Lo que hiciste, lo que dijiste.

Se sonrió, no esperaba tener un éxito tan positivo, la mirada consternada de su hermano sólo le demostraba que había logrado ir más hondo en las emociones de Illumi, esperaba que llegaran al lugar, cualquiera que fuera, donde se encontraba su hermano escondido.

—Es eso aniki, no hay una explicación o algún truco.

—¿De verdad lo vas a aceptar?

—Sí.

Nimrod pasó saliva. Había algo mágico, una fuerza que superaba cualquiera de sus trucos por huir del albino. Ese niño tenía un hermoso karma a su favor.

—Ven a la cama, vamos a dormir.

Nimrod estaba asustado, ahora más que nunca, no quería separarse del niño, y no precisamente por causa de las emociones de su anfitrión. Habría hecho un esfuerzo por abandonar al peliblanco de no ser por el silencio de Illumi. Era como si su anfitrión ni siquiera se hubiese enterado de lo que acababa de ocurrir. Eso fue lo único que lo calmó, y terminó por convencerse de que ya había ganado la batalla, ese cuerpo era suyo por completo; el dueño original no regresaría aún si Killua fuera más meloso y permisivo con él.

Una vez acostados, se dio el lujo de besarlo. Esta vez, con ternura, fascinado por los deliciosos besos que el menor le prodigaba. En verdad consideró a su anfitrión un tonto por no haberlo hecho antes; se estaba perdiendo de algo más fuerte que cualquier otra adicción que hubiese conocido en su vida.

.'.

Él fue el primero en despertar. Killua solía dormir profundamente sin darse cuenta, además, siempre se aseguraba de cansarlo lo suficiente como para que no se quedara despierto llorando hasta muy tarde. Esta vez había sido diferente, Killua no requirió de que lo consolara, él voluntariamente se había acostado y dormido sin ninguna intervención de su parte.

Lo observó por un largo rato mientras dormía. Su respiración era suave, pausada, y sus facciones eran más claras ahora. Lucía delicado, todavía podía ver rastros de infancia en sus mejillas rosadas, llenas de vida, su piel blanca, de marfil. Los detalles de todo su rostro le eran fascinantes, en una forma diferente.

Ese sentimiento que lo atravesaba le parecía familiar. Totalmente familiar. Era el mismo sentimiento que alguna vez albergó junto a Semiramis. Comprendía que no eran sus sentimientos, que eran los del dueño original de su cuerpo, y se maravilló al notar que otro ser humano, semejante a él, también fuera capaz de amar con tanta pasión. Probablemente eso se debía a que él también estaba ocupando ese cuerpo, y dado que su espíritu se alimentaba de esa unión, sus emociones se estaban mezclando. Se alegró por ello, significaba que al momento de encontrar a Semiramis, podría disfrutar de una vida amorosa sana, como lo fue en su época.

Se levantó de la cama, se duchó y preparó todo como usualmente hacía. Tomó uno de los libros que había traído con él de la biblioteca y se quedó a esperar a que el albino despertara.

Por algún motivo inexplicable, esa mañana, cuando se levantó, el peliblanco no sintió temor al no ver a su hermano, estaba absolutamente seguro de que él estaba en la otra habitación, así que despertó relajado. El asunto fue que al momento de bañarse los recuerdos de la noche anterior llegaron a su mente. Se ruborizó, nunca antes creyó posible que él pudiera hacer cosas como las que había hecho la noche anterior; el momento en que se desnudó, cuando abrió sus piernas y permitió que su hermano lo penetrara; cuando dejó que sus caderas estimularan a su hermano, dejándose llevar por el placer que sentía. Su rostro estaba completamente rojo, por suerte no había nadie ahí para verle. De todas las cosas que le habían pasado hasta ahora, consideraba que esta era la peor y que no podía haber algo más aberrante que pudiera superarle.

Se concentró, recordó que al final, pudo ver un poco de Illumi oculto tras esas emociones que no lograba definir. La ira de Nimrod junto a la felicidad de su hermano.

Lo vio sentado con un libro sin nombre en la mano y le dio curiosidad. Al fin, lo mejor que podía hacer era conversar con él, y él siempre tenía un tema bueno qué compartir.

—¿Qué lees?

Illumi volteó a verle y le sonrió de forma que le hizo recordar lo muy satisfecho que lo había dejado en la noche. Volvió a ruborizarse y se dio la vuelta, para sentarse y comer lo que le había preparado.

—Algunos textos órficos. Una colección de himnos, poemas y otras cosas bastante interesantes. ¿Te gusta la poesía?

Killua miró hacia la ventana, intentando recordar si en su infancia llegó a interesarse por esos temas, pero se dio cuenta que no había nada como eso en su mente. Sólo novelas, historias de personas salidas de otros mundos, con otras culturas y diversidad que nunca creyó posible.

—No… no que yo recuerde.

—En mis tiempos…

Se quedó en silencio, notando el efímero desliz que había cometido, aunque no lo había demostrado en su rostro así que asumió que no había sido tan serio. Suspiró.

—Antes había mejor estructura.

Por supuesto, Killua captó el error y se sonrió. Nimrod era cada día más débil, tanto como para delatarse de forma absurda.

—¿A qué te refieres con "mejor estructura"?

Nimrod siguió en silencio un momento y luego alzando la voz, recitó:

«Cerrar podrá mis ojos la postrera
Sombra que me llevare el blanco día,
Y podrá desatar esta alma mía
Hora, a su afán ansioso lisonjera;

Mas no de esotra parte en la ribera
Dejará la memoria, en donde ardía:
Nadar sabe mi llama el agua fría,
Y perder el respeto a ley severa.

Alma, a quien todo un Dios prisión ha sido,
Venas, que humor a tanto fuego han dado,
Médulas, que han gloriosamente ardido,

Su cuerpo dejará, no su cuidado;
Serán ceniza, mas tendrá sentido;
Polvo serán, mas polvo enamorado».

Killua quedó en silencio, no encontraba sentido a aquello que había dicho, si bien a sus oídos había parecido una melodía bien planificada.

—Es un soneto de Quevedo. Es un lenguaje repleto de riqueza, una expresión fina y pura, hecho sólo para mentes brillantes.

—¿Riqueza?, no tuvo sentido, ¿cuál es el punto de expresar un mensaje si no se entiende?—contestó con ironía.

Tomó una hoja, escribió en ella lo que acababa de recitar y se la mostró al peliblanco.

—Cada una de las frases, tiene un número preciso de silabas y una estructura de rima; por ser un soneto, tiene que componerse de dos cuartetos, es decir, cuatro versos y dos tercetos. Además de cumplir esas reglas, debe tener un contenido a ofrecer —lo tomó por el mentón, para forzarlo a verle—. En este soneto Quevedo expresa un amor tan sublime que incluso es capaz de rebasar los límites de la muerte.

Se quedó sin palabras. Su mirada intensa era lo que más le sobrecogía. Era como si el soneto hubiese sido recitado para él, con la intención de declarar un amor que no era de este mundo; en verdad deseó que no se tratara de su hermano, que fuera un ser ajeno a su mente para poder prestar atención y considerar sus palabras. En otra vida, habría aprendido de él como un alumno a su servicio.

Illumi se acercó a él, acarició sus cabellos, y aprovechó la cercanía para depositar un fugaz beso en sus labios. El menor había quedado paralizado, pero no dejó que el desagrado lo venciera, se quedó viendo de forma neutral al morocho, como si esa acción hubiera sido algo común entre ambos.

Al menos no fue un día terrible, olvidó todo lo que le aquejaba después de escuchar algunas anécdotas y aprender más cosas interesantes sobre la vida; con la excepción de que, de vez en cuando, su hermano ahora solía abusar de esas libertades con él. Como tomándolo de la mano, besándole, o haciendo expresiones de cariño como si fueran algo natural en él.

Lo malo era que al anochecer, recordó lo que eso traía consigo. Sus piernas temblaron, y bajó la mirada, de pronto perdió el hilo de la conversación e Illumi lo notó y se sonrió.

—¿Nervioso? —Killua captó que él lo podía leer como un libro abierto entre sus manos—, está bien, te permito estarlo. Tengo planes para ti esta noche.

—¿Planes?

—Dejemos eso para su momento.

Pero ahora su corazón latía con fuerza, y ya no podía ni escuchar una sola palabra de lo que le decía el morocho. Estaba perdido en su mundo imaginario, repasando todo lo que había ocurrido la noche anterior. Debía seguir con su papel de rendición, sumisión y con la nueva actitud que Nimrod tenía sobre él, se preguntaba qué le haría ahora, a qué papel jugarían, no quería ir demasiado lejos.

—Bien, ha sido suficiente por éste día —le informó poniéndose de pie, y acomodándose la ropa.

Killua tragó saliva, mirando a su alrededor en busca de algo que le sirviera de distractor.

—Vamos a la cama —interrumpió imaginando qué estaba intentando hacer.

—Por favor, aniki…

—¿No dijiste anoche que eres mío?

—Sí, pero…

—Si dices ser mío entonces debes saber que ahora mismo estoy hambriento de ti, te requiero ahora, más tarde será peor, ¿quieres eso?

¡Como detestaba que usara esas expresiones!, usando las emociones de su hermano para satisfacerse a sí mismo. Se preguntaba por qué aun siendo consciente de que entre más tiempo pasara junto a él y su cuerpo perdiera fuerzas a causa de esto, no se ponía más límites. Un poco de frialdad no le vendría a mal.

Lo siguió hasta su habitación, apenas dio un paso al interior, su hermano lo tomó por la cintura, aprisionándolo contra la pared y besándolo profundamente, presionando su lengua contra sus labios, demandando entrar en su boca, y él respondió dándole permiso de explorar su sabor. Mientras que sus manos recorrían y desnudaban su cuerpo, ansioso. No podía explicarse como de un momento a otro podía cambiar sin un previo aviso, como si se tratase de una eventualidad natural.

Desabotonó su pantalón y se inclinó sobre él para bajarlo con brusquedad.

—¡Espera, espera! —no pudo evitar sobresaltarse, su torso desnudo era una cosa, pero estar completamente expuesto era algo a lo que, juraba, nunca lograría habituarse.

No le hizo caso, e hizo que el chico levantara una a una sus piernas para terminar por sacarle la ropa y dejarlo completamente desnudo. No paraba de maravillarse ante tanta belleza, un cuerpo perfectamente entrenado, elegante, su piel delicada y esos ojos que le suplicaban que se detuviera al tiempo que le imploraban por más placer. Sí, Killua no sabía que también eso expresaba, en su mirada destellaba esa ligera lujuria natural al tiempo que su cuerpo era estimulado con paciencia.

Instintivamente el albino uso ambas manos para cubrir su miembro, pero Illumi no lo permitió, lo tomó por las muñecas, colocándolas por encima de su cabeza y atrapándolas con una sola mano, llevando su otra mano a la entrepierna del menor y tocándolo sin pudor, estimulándolo para provocarle una erección.

—Detente…

—¿Detenerme?, ¿para qué hermanito? —continuó acariciándolo, mirándolo a los ojos azules que, confusos, demostraban que vivía un mar de emociones desde el momento en que no pudo evitar disfrutar de su cuerpo—, en mi mente te he puesto ya en varias posiciones, quiero probar al menos una de ellas.

—¡Ah! —inesperadamente se quejó. Quería insultarlo, decirle que era un pervertido, que no podía seguir aceptando ser usado de ese modo. Sus labios fueron nuevamente reclamados.

—Ven, sube a la cama —susurró, tomando al chico por la cintura y conduciéndolo sutilmente hasta ella.

Killua obedeció, cubriéndose a su paso con las sábanas de la cama, en un torpe intento por ocultar su desnudez por más tiempo.

Illumi comenzó a desnudarse, ansioso por disfrutar a ese pequeño adolescente que ruborizado desviaba la mirada. Luego, empujando sus prendas a un lado, se inclinó hacia adelante, colocando sus manos sobre el colchón.

—Adoro esa timidez tuya, es tan fascinante.

El albino se maldijo, ni siquiera podía darse el lujo de mostrar su incomodidad sin ser interpretado como otro atractivo más para deleite de su verdugo. Vio que su hermano se subía a la cama y se sobresaltó cuando las sabanas le fueron removidas con rudeza.

El morocho se posó sobre él, rozando su erección contra la del adolescente como en la noche anterior, besándole el cuello, hasta subir por su mandíbula y continuar con sus labios. Estaba profundamente excitado.

—Mío… —murmuraba entre beso y beso— eres única y exclusivamente mío.

Killua sintió escalofríos cuando lo escuchó decir aquello. Se dijo mentalmente que debía prestar atención a eso, que no estaba ahí para acobardarse ahora. Apenas completaría cinco días junto a él y tenía todavía un camino por delante, empezar desde cero no era una opción. Deseó concentrarse en su papel, pero era más difícil que el día anterior, no se explicaba cómo era posible que ahora no fuera tan sencillo. Miró hacia al frente, esta vez la cama era su campo de batalla, era el momento de darse fuerzas para ganar.

Illumi tomó distancia, tocando los labios del menor con dos dedos.

—¿Sabes qué deseo hoy? —no esperó la respuesta, empujó sus dedos a la boca del menor— lámelos —ordenó.

Killua se preguntó cómo es que un acto tan ridículo podía resultar tan sugerente al grado que él también se sintiera excitado. En algún punto estos gestos dejaron de ser inocentes.

—Más Kil, usa tu saliva para que estén muy húmedos.

Dudoso movía su lengua, saboreando esos dedos en su boca, intentando darle lo que le pedía. Humedeciéndolos tan rápido como podía, viendo la mirada complacida de su hermano, que no paraba de ver a su boca, excitándose con algo que parecía cruzar por su mente.

—Eso es —dijo, y sacó sus dedos cubiertos de saliva, de la boca del menor, para luego bajar por su cuerpo—. Abre tus piernas Kil.

Entonces fue que comprendió lo que seguía y tuvo miedo.

—Espera… aniki

—Sólo hazlo, eres mío, ¿no? Haz lo que te pido.

Miró hacia la cabecera de la cama, pretendiendo que no estaba ahí, que no se daría por enterado de lo que pasaba debajo de su cuerpo, pero fue imposible, esos dedos empezaron a humedecer sus nalgas, provocando que enrojeciera de vergüenza, ¿cómo podía permitir que algo así hicieran con su cuerpo?

Se mordió el labio inferior, soportando la sensación, misma que empeoró cuando algo viscoso terminaba por empapar más la zona, Illumi había dejado caer un hilo de saliva con el fin de permitir que sus dedos humectaran mejor el interior del albino.

—¡Aniki! —no pudo evitar reclamar, eso era peor, prefería mil veces que el aceite que su hermano había comprado se usara para aquello, que saber que su cuerpo estaría lleno con más fluidos ajenos.

Nimrod estaba más que complacido, se sentía como una fiera salvaje al borde de la locura, deseaba poseer de nuevo ese cuerpo, reclamarlo como suyo y olvidarse de los detalles y problemas que traería consigo el hacerlo.

—Tócate —ordenó, pero Killua fingió no escucharlo.

Nunca en su vida se había tocado porque, para empezar, no había tenido tiempo para pensar en detalles como ese antes, y repentinamente se le pedía que hiciera algo como eso como si fuera normal.

—¿No te has tocado antes, verdad?

Escuchó que reía suavemente y no entendió porque se sintió molesto al respecto.

—Entonces, déjame enseñarte.

Illumi tomó una de sus manos, guiándola hasta el miembro del menor, haciendo que él mismo rodeara con sus dedos su erección, y apretando su pequeña mano para luego moverla con lentitud, de arriba abajo, sintió como esa mano temblaba un instante y se sonrió. Era perfecto en cada detalle. Siguió estimulándolo de ese modo hasta que estuvo seguro.

—Continúa por ti mismo —y soltándolo, prosiguió con lo que estaba haciendo.

Killua ya no pensaba, no quería hacerlo porque en el momento en que se diera cuenta de lo que estaba haciendo, no resistiría la vergüenza y probablemente se rendiría ante esa demandante entidad. Estimularse a sí mismo era, bochornoso si se hacía frente a alguien más, aunque esperaba que si continuaba con esa actitud al final pudiese atraer la atención de su hermano.

Cuando por fin sus dedos terminaron de humectar tanto como se podía, Illumi decidió que era momento de ir por el lubricante, lo último que quería era lastimar al peliblanco, deseaba seguir disfrutándolo por más tiempo.

Killua lo siguió con la mirada. Vio que se deba la vuelta, vaciando unas gotas del contenido sobre su pene y lo frotaba, caminando de regreso hasta quedar de nuevo entre las piernas del menor y observó detenidamente su expresión. Adoraba esa ternura que trasmitía con su miedo inconsciente.

—Vamos a probar tu flexibilidad, veamos si es tal y como recuerdo que era.

El menor se sobresaltó cuando su hermano tomó uno de sus tobillos, levantándolo para colocarlo sobre su hombro. No tuvo tiempo de quejarse, su hermano se empujaba hacia adelante, al tiempo que, lentamente, comenzaba a penetrarlo.

—¡Ah! —la sensación era terriblemente excitante, dolorosa en algún punto, pero enervante, para ambos por igual.

—Sí… —susurró, introduciendo su virilidad al interior del adolescente— es tan buena como recuerdo.

Comenzó con el vaivén de caderas, aquel ritmo que le hacía perderse en su mente, deleitándose con los sonidos que escapaban de la boca del menor. Tan cortos, disimulados, resistiendo fallidamente al placer que le provocaba. Deseando en momentos que dejara esa obstinación y se permitiera expresarse abiertamente, pero no quería forzarlo, quería que fuera natural totalmente. Se detuvo un momento, para acomodarse mejor, sentándose mientras sostenía aún la pierna de Killua sobre su hombro, tomando las caderas del menor y volviendo con su ritmo.

Cada uno de sus movimientos era hermoso, perfecto. Estaba convencido de que Illumi debía ser un completo idiota al no haber podido lograr llegar a su nivel. Eso mismo se lo dijo, cientos de veces mientras penetraba al pequeño, provocándole más y más sonidos. Acelerando su respiración. Entonces deseó hacer algo más. Volvió a detenerse, saliendo del interior de muchacho.

—Ven, sígueme—tomó su mano derecha y lo ayudó a sentarse.

—¿Illumi?

—Quiero que te pongas sobre mí —susurró a su oído—. Ahora quiero que seas tú quien controle los movimientos.

No, definitivamente esto era más de lo que estaba dispuesto a dar. Su rostro se puso completamente rojo, y tensó todo su cuerpo, mientras que veía a Illumi sentarse a su lado.

—Ven aquí…

—Pero…

—Sólo hazlo, no es tan incómodo como te imaginas.

Tragó saliva. Sí iba a hacerlo, era mejor proceder con rapidez, entre más pronto lo hiciera terminar, más tiempo tendría para descansar. Se puso sobre él, colocando ambas piernas a los costados de Illumi, y volvió a enrojecer. Definitivamente le faltaba determinación para lograrlo. No quería seguir y se quedó quieto, ante un expectante Illumi que parecía reírse ante su incapacidad.

—Déjame ayudarte.

Sintió que era atraído por su cintura, hasta que sus nalgas tocaron la erección de su hermano y quiso retroceder, pero fue detenido por esa fuerte mano que siguió obligándolo a bajar. Illumi aprovechó su mano libre para sostener su propio miembro y dirigirlo hacia el interior del menor. Empujando sus caderas para volver a penetrarlo.

—Ahora, baja, lentamente.

Esto era por demás quería ni hacer comentarios acerca del tamaño de esa erección que tanto le intimidaba. Sentía como todo el miembro de su hermano entraba a su cuerpo, y él no podía más que continuar bajando hasta que por fin estuvo completamente sentado. Impresionado de haber logrado algo tan complejo para él. Se quedó quieto nuevamente, respirando agitadamente mirando fijamente hacia la pared, evitando el contacto visual.

—Muévete Kil. Disfrútalo a tu gusto.

¿Cómo podía disfrutarlo si estaba sintiéndose avergonzado de estar en esa posición?, pero otra vez, las manos de su hermano tomaron sus caderas y comenzaron a guiarlo. La sensación era poderosa, tuvo que reconocer que en cierta medida era excitante cuando de nuevo de su boca escapó otro gemido corto.

—Tócate, así como te enseñé.

Y obedeció, se rindió al fin a la lujuria y el placer que le provocaba estar en esa posición. Tocándose para excitar aún más al mayor que comenzó a mover sus caderas para incitarlo todavía más.

—Mmm… Kil, vas a ser que me corra dentro de ti…

Sus respiraciones eran veloces, ambos estaban entrando en el clímax y pronto acabarían. Killua se echó hacia adelante, no resistiendo más la sensación pero su hermano no dejó que simplemente descansara, y apretando la mano del albino, comenzó a masturbarle con más velocidad, provocándole un fuerte orgasmo, a la vez que él aprovechó para mover con más intensidad sus caderas, extasiado por la voz de su hermano menor que continuó gimiendo mientras que él lo penetraba hasta que al fin terminó.

Abrazó al muchachito a su pecho, acariciando su espalda, ambos trataban de recuperar la compostura. Aquello había sido verdaderamente agotador. Killua reaccionó, siendo consciente que había hecho más de lo que él supuso que lograría, incluso había gemido en voz alta, y ahora su hermano estaba cubierto de su propio semen. No quiso levantarse por la pena de verlo a la cara.

—Kil, debo ir a limpiarme. Deberías hacer lo mismo.

No quería despegarse de ahí, aún si esto fuera tan vergonzoso como lo otro. Se obligó a sí mismo para pararse velozmente y buscar algo con qué limpiarse. El morocho fue al baño, y cuando salió, él ya se había colocado algo cómodo para dormir. Al menos estaba completamente cansado, lo cual significaría que dormiría una larga noche. Y así fue, Illumi y él durmieron nuevamente juntos, esta ocasión fue más cómoda, porque ya se había habituado a la idea de que dormirían de ese mismo modo por las siguientes noches.

.'.

Al principio que había sido llevada por el Barón, usando a Semiramis para hacerla salir del hotel, se sintió tranquila; no entendía lo que estaba pasando a su alrededor, tampoco le pareció relevante, si la entidad de su cuerpo no le daba muestras de estar en peligro. Así que no consideró importante investigar, ella confiaba totalmente en la entidad que vivía en su interior. Tantas veces le había salvado, habían pasado muchas cosas juntas y más que una deuda, sentía un fuerte lazo de amistad y hermandad hacía ella. Nunca pondría en duda sus intenciones, y no hacía falta. Sólo que al tercer día sin recibir noticias de su hermano, comenzó a desesperarse. Lo peor fue cuando Semiramis le confesó que ella tampoco sabía lo que estaba pasando, que sólo había hecho caso a lo que el Barón le había dicho, agradecida por haber sido llamada por su nombre.

Alex había llevado a Alluka hasta una de sus casas, un lugar que aseguró contra Nimrod, y en donde nadie molestaría a la niña. Temía que tarde o temprano ella se volviese en su contra si no era cuidadoso, y había tomado todas las precauciones posibles para los ataques que pudiera recibir.

Es cierto que la casa era un lugar muy agradable visualmente, y que no le faltaba absolutamente nada, incluso le habían regalado ropa nueva y tenía mucho en qué entretenerse, pero no podía vivir así, no sin saber qué su hermano mayor estuviera bien.

Pero el hombre, pese a que era amable, sonriente y paciente con ella, no le daba confianza. No se sentía cómoda con él, especialmente porque mantenía un secretismo con su hermano y ella desconocía su nombre. Sólo sabía que tenía alguna especie de trato con su hermano mayor, lo cual le enfadaba bastante. Nunca antes se había sentido tan excluida en la vida de su hermano, ni cuando la abandonó, como ahora; que no tenía ni el más mínimo conocimiento sobre él.

Al anochecer escuchó que algo hacía un ruido en la ventana de la habitación donde ella dormía, se extrañó porque eran cinco pisos hacia abajo, así que no era posible que alguien llegara ahí a menos que tuviera habilidades especiales. Dio un brinco cuando vio un rostro conocido que se reflejó en el vidrio, era su hermano menor pidiéndole que le permitiera entrar.

Corrió a abrir la ventana y se hizo a un lado para dejarle pasar.

—¡Kalluto! —se abalanzó sobre él, abrazándolo efusivamente. Como era de esperarse, el más chico sólo se quedó de pie, ignorando el abrazo.

—¿Estás bien?, ¿qué estás haciendo aquí? —le preguntó.

Esa mañana había llamado a su hermano mayor, y ahora tenía una misión que cumplir, debía averiguar la situación de su hermana.

—¡No lo sé!, no lo sé.

—Baja la voz, se supone que nadie más sabe que estoy aquí.

—¿Cómo llegaste aquí? —murmuró, estaba emocionada de ver a alguien más después de tres pesados días encerrada.

—Digamos que es fácil dar con alguien con un Nen tan peculiar… ¿estás bien?, no me has respondido.

—Lo estoy.

—Killua me pidió que te buscara y me asegurara de tu bienestar.

—¡¿Cómo está él?!, ¡¿qué está pasando?!

—¡Que bajes la voz! —repitió haciendo aspavientos, incluso él había fallado a lo que pedía. Era frustrante.

Se quedaron en silencio, viéndose furiosos, peleándose con la mirada. Kalluto no estaba seguro de lo que debía responder, si había algo que debía o no decir, Killua había sonado desesperado ese día, como si estuviera pasando por problemas muy serios y tenía miedo de su bienestar. Se preguntó si el propósito de su hermano para localizar a Alluka se debía a que ella era capaz de ayudarlo a enfrentarse a Illumi. La miró un momento y se decidió a intentarlo.

—Él está con Illumi. Parece que está batallando con algo.

—Illumi…

Se sorprendió, lo que más recordaba respecto a esa persona, era el momento en que Killua estando arrepentido por su conducta, le confesó que siempre había temido y odiado a su hermano mayor, el cual lo forzaba a hacer cosas desagradables.

—Debemos ir por Killua, él debe estar en problemas.

—No podemos… —dijo al azar, no estaba seguro si era conveniente o no, quizá era un asunto que sólo su hermano mayor podía resolver y si irrumpían, arruinarían algo—, ¿sabes qué estás haciendo aquí?

—No… sólo sé que un hombre me sacó del hotel en que estábamos y me hizo venir a esta casa.

Se hizo un nudo en la garganta. Lo más probable era que fuera parte de un plan orquestado por su hermano, posiblemente se trataba de algo tan delicado que Alluka no debía saber y por ello había sido llevada lejos. No podía quedarse ahí más tiempo y estropear todo.

—Debo irme —anunció, retrocediendo hasta quedar de nuevo junto a la ventana.

—Kalluto, no, no… debemos ayudar a Killlua, él… Illumi es peligroso.

Sintió un dolor en su corazón por ver a su hermana así, se notaba pronto se echaría a llorar si él no intervenía.

—Confía en Killua, yo sé que él estará bien, ¿confiarás en él?

Se mordió el labio, mirando al suelo. Por supuesto que sabía que el albino podría cuidarse bastante bien, sin su ayuda, pero aun así no quería dejarlo sólo, cuando había tantas cosas en juego.

—Sí… —contestó dudosa— está bien.

—Alluka, me iré por el momento, pero estaré vigilándote, no estás sola aún si te sientes sola. Estaré cerca por si algo pasa, ¿entendido?

Afirmó con la cabeza y dejó que el más chico se fuera.

Hasta luego.'.

Un agradecimiento especial a KaiD23 mi maravillosa beta, por sus correcciones.