Ya casi llegamos al final!
93 en Babel
Capítulo 29
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Alluka se había quedado con el recuerdo de su hermano; debatiéndose si debía ayudar a Killua o no. Mirando por la ventana, perdiéndose en sus pensamientos y recuerdos. No quería volver a ver a su hermano triste por causa de los sufrimientos que ser un Zoldyck implicaba. Estando fuera de casa, la vida era mejor para ambos. Consciente de que Kalluto vigilaba el área, no quería arruinar las cosas, así que no pensó ni de chiste en escapar, prefería batallar consigo misma antes que dar más problemas a los demás.
Le explicó a Nanika lo ocurrido, en busca de consejo. Ambas coincidieron, siempre habían dejado a Killua ser quién resolviera todos sus problemas solo, y encima él acababa por ayudarles en cada etapa de sus vidas, hasta que fue forzado a abandonarles. No era justo dejarlo de nuevo en ese mismo estado; Alluka ya no era un bebé que no fuera capaz de distinguir las circunstancias. No iba a permitir que su hermano sufriera en soledad.
No sería fácil escapar de la casa en la que se encontraba, así que permitió que Nanika fuera quien se encargara de esa parte. No sólo tendría que huir de aquel edificio alto, sino que también debía perder a Kalluto de vista y esa parte era más compleja.
Nanika hizo labor de investigación todo el día siguiente hasta que estuvo segura de que podría escapar sin ser seguida ni arriesgar nada. Pasarían horas antes de que Kalluto o el Barón se dieran cuenta de su desaparición y esperó al anochecer. Ya habían sido cinco largos días sin noticias de su hermano, no dejaría pasar otro día más o sería el fin. Por fortuna, Nanika también tenía sus métodos para localizar a Killua, aunque le tomó toda la noche descubrirlo puesto que había una fuerza que rebotaba sus habilidades cada vez que estaba a punto de dar con el paradero de su hermano, y cuando estaba por rendirse y volver a casa, hubo un pequeño instante en el que, sea lo que sea que detenía su Nen, perdió su poder y ella pudo aprovecharlo para localizarlos. Descubrió que se habían movido de ciudad, pero no estaban muy lejos de su locación original.
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Había pasado el día conversando con su hermano —como los días anteriores— se sorprendió al ver que el sexto día no había sido tan terrible, incluso podía afirmar que no se aburría del todo ante tantos retos mentales. Escuchó el sonido de su celular, llamando su atención.
—Contesta, adelante —con la indicación de su hermano, salió del cuarto y se paró en el pasillo del hotel para responder.
—Hermano…
—¡Kalluto! —exclamó con alivio, si él le estaba llamando significaba que había noticias de su hermana—, ¿qué ha pasado?, ¿pudiste localizar a Alluka?
—Por eso mismo te estoy llamado —continuó—. Llevo este tiempo vigilándola, y todo está bien…, ella está en un departamento con un tipo que parece saber lo que hace. No le falta nada, no se ve triste, enferma o débil. Así que despreocúpate, me quedaré aquí vigilándola todo lo que me sea posible y te mantendré informado, ¿de acuerdo?
—Gracias Kalluto… —murmuró, después de tantos días difíciles al menos tenía una noticia buena— te debo una.
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Esculcó sus bolsillos y sacó unos cuantos billetes, dinero que Killua le había dejado desde hacía días. Era suficiente como para ir a donde él estaba, y viajar a un lugar seguro de regreso. Esperaba que al menos de ese simple modo pudiera ser útil a su hermano, le había insistido a Nanika que le permitiera hacerse cargo de todo, porque quería ser ella, esta vez, quién ayudara y la entidad había accedido bajo la condición de que a la primer amenaza contra su seguridad ella procedería a tomar su puesto, con o sin la previa autorización de su anfitriona. Se dio prisa, le tomó todo el día en camino hasta que dio con el hotel en el que ambos Zoldyck estaban. Llegó durante la noche. Dejó que Nanika se hiciera cargo del resto, controló su Nen, transformándolo a Zetsu para no ser notada, y caminó entre los pasillos hasta que dio con el que buscaba. Respiró hondo, estaba nerviosa. Se detuvo frente a la puerta y usó sus habilidades para abrirla. En silencio y con precaución caminó a través de la oscuridad, hasta que escuchó un ruido. Un par de respiraciones que sonaban alteradas, unas voces y sonidos que le intrigaron.
—Ah…
—Mmmm…
Escuchó en la habitación del fondo, identificó una de esas voces como la voz de Killua. Aguantó la respiración para no hacer ninguna expresión de sorpresa; dejó que fuera Alluka quien se encargara de lo siguiente. La pequeña caminó de puntillas hasta la entrada de la habitación de la que provenían los sonidos. Temblorosa giró la manilla, nerviosa por no ser descubierta y lentamente abrió la puerta, que por suerte no rechinó, e hizo lo primero que consideró fácil de hacer, asomarse por la rendija. Entonces lo vio, la escena más inverosímil que hubiera imaginado. Killua estaba sobre su hermano, con una sábana cubriendo parcialmente su desnudez, e Illumi tenía las piernas dobladas, permitiendo que el albino recargara su espalda en ellas al tiempo que movía sus caderas con ritmo.
No entendía lo que veía. A diferencia de los otros Zoldyck, ella no tenía tanta educación, y no lograba dar una traducción de lo que sucedía, sin embargo, era impresionante, sea lo que sea que estaba ocurriendo ahí dentro, no parecía ser tan malo, considerando las posibilidades que rondaban por su mente; sólo se veía confuso y sin saber porqué sintió unas terribles ganas de llorar.
Percibió algo que le hizo atemorizarse, una mirada negra clavada en ella. En efecto, Nimrod la estaba observando. Se había sentado, abrazando a Killua a su pecho. Sus ojos lucían extraños, como si tuviera una maldad infinita en ellos revueltos con desdén y orgullo.
—Eres mío, Kil —susurró a su oído— dilo.
Seguía clavándose en el interior del menor que no resistía los efectos del placer al cual se entregaba ya sin miramientos.
—Dilo, Kil.
—Soy… soy… ah… —los movimientos se volvieron más intensos, Illumi continuaba viendo a Alluka, la cual permaneció paralizada ante el temor y la confusión.
—Dilo.
—Soy… tu-yo… mmm…
—Mmm… Kil, dilo de nuevo…
—Ah… soy… tuyo.
Y tras escuchar eso, Alluka, con mucha tristeza, cerró la puerta, se dio la vuelta y salió. Todo en su interior dolía y no quería saber más de lo que estaba pasando. Corrió hasta llegar a la calle; con su carita llena de lágrimas, su pecho dolía y se llevó una mano a la zona del corazón para consolarse. Gimoteo triste, no entendía la escena, no entendía qué había visto ni qué significaba, pero no le parecía natural; ambos, sus hermanos estaban desnudos, de eso estaba consciente, a pesar de las sábanas que disimulaban un poco su desnudes, era evidente que debajo de ellas no había más que piel. Los sonidos, la voz de su hermano era indescriptible, como si en verdad estuviera disfrutando todo aquello; no había visto ni un rastro de oposición, no supo qué pensar y rendida ante su dolor, caminó consternada hasta la entrada de un hotel; donde sin pensarlo rentó un cuarto con el poco dinero que ya le quedaba y se quedó despierta hasta que no pudo más.
Miraba por la ventana, caminaba en círculos sin poder dormir, tampoco respondía a las preguntas de Nanika, ni permitía que ella tomara su lugar, quería estar ahí, estar consciente y analizar lo que había pasado. No se atrevía a ir de vuelta al hotel donde estaban sus hermanos porque tenía miedo de haber descubierto algo terrible. No iba a avergonzar a Killua con preguntas sobre su intimidad; apostaba que preguntarle algo como "¿por qué estaban desnudos en la cama?" no era precisamente algo común de indagar, pero estaba preocupada. ¿Qué tal si en realidad eso era algo muy malo y ella de nuevo había huido, abandonado a su hermano a su suerte? Volvió a llorar, incapaz de poder responderse a sí misma.
Quería hablar con alguien así que tomó su celular. Tenía muy pocos números registrados y no creía que alguno de sus contactos le fuera útil. Se lamentó no haber pedido el número a Kalluto, en momentos como este hubiera sido muy útil tener alguien con quién conversar. Estaba el número de Gotoh, Tsubone y algunos otros mayordomos de relativa confianza, el número de su casa, de su padre, de Killua, e incluso el teléfono personal de Milluki estaba ahí y, entonces un nombre resaltó mientras pensaba a quién podía marcar para pedir ayuda: Gon, el amigo de su hermano.
No lo conocía muy bien. Habían conversado un poco a través de internet, y sabía que, para que su hermano hubiera arriesgado todo con tal de salvarle la vida, y haberle presentado a Nanika, significaba que era alguien especial, de verdadera confianza. ¿Era mala hora para llamarle? Se preguntó, y luego recordó en su mente el momento en que Killua pronunció "soy tuyo", y se angustió. Si Killua necesitaba ayuda y Gon podía hacerlo, entonces valdría la pena despertarlo.
Había dos horas de diferencia entre la ciudad en la que ella estaba y la Isla Ballena, significaba que eran alrededor de las cinco de la mañana cuando Gon se despertó a contestar su celular. Extrañado al ver que se trataba precisamente de Alluka, la última persona de la que imaginó que recibiría una llamada, así que consciente de que podría tratarse de algo importante se dio prisa en responder.
—¿Hola? —bostezó sin querer.
—Gon… —su voz se quebró y no pudo evitar llorar, apenada de que el amigo de su hermano se diera cuenta.
—¡¿Estás bien?!, ¿qué ocurre?, ¿dónde está Killua?, ¿dónde estás tú? —se asustó, aunque luego reflexionó que quizá ambos hermanos habían peleado y posiblemente lo estarían buscando por algún consejo, después de todo, eran seres humanos y podían discutir por la más mínima cosa.
—Gon… —quería hablar, explicar lo que había ocurrido pero se le iba la voz.
El pobre tuvo que hacer de todo por calmarla, hasta que poco a poco la niña comenzó a recobrar la compostura, respirando hondo y por fin armándose de valor para hablar.
—Mi hermano está… mi hermano… está con Illu-nii.
—¡¿Qué?! —su miedo volvió, en esos momentos no tenía la habilidad para dar una batalla decente contra otro usuario Nen, pero eso no le importaba, iría tras ese Zolydck así le costara la vida— ¿están peleando?, Alluka, dímelo, por favor.
—No… no están peleando, ambos están bien.
—¿Eh? —eso cortó su inspirada furia, extrañado ahora porque las respuestas de la chica eran cada vez más confusas.
—Ellos están en un hotel, están juntos pero no sé qué están haciendo —volvió a llorar.
—Ya… ya… tranquila, ¿cómo sabes que no están peleando?, ¿Killua está en problemas?
—¡No lo sé!, ¡ese es el problema! No entiendo qué está pasando Gon. Sólo sé que no estaban peleando.
—¿Qué viste Alluka? —pese a que quería ayudar, la confusión de la chica era contagiosa y llegó a creer que quizá había tenido un mal sueño y por eso estaba perdida, diciendo cosas sin sentido.
—Fui… fui a su cuarto y los vi juntos, y… eh… —tuvo vergüenza de decir que ambos estaban desnudos eso iba a ser bastante extraño— estaban sobre la cama e Illu-nii lo abrazó y Killua le dijo "soy tuyo" —y de nuevo se echó a llorar.
Tenía que reconocer que para ser una pesadilla, era una muy cómica, Gon hizo un esfuerzo por no reírse por lo extraño de la descripción. Era totalmente ilógico que Killua estuviera en el mismo cuarto que su extremadamente loco hermano mayor en la misma cama, abrazados y sobre todo, decir algo como aquello.
—Sólo fue un mal sueño, tranquila…
—¡No fue un sueño, Gon!, ¡debes creerme!, por favor…
Quería comprenderla, darle el apoyo que necesitaba, pero con una descripción así era imposible.
—Tal vez viste mal Alluka, sabes bien que Killua tiene serios problemas con tu hermano mayor, él no iría a verlo bajo ninguna circunstancia.
—Estaban desnudos —al fin confesó, en realidad eso era lo único que perturbaba y que le hacía llorar. Recordar a su hermano actuando de ese modo le alteraba todavía más.
Esas eran palabras mayores. Decir que Killua estaba abrazado a su hermano, podía incluso ser un poco creíble si en un momento, por alguna mágica razón, ambos se reconciliaban y un abrazo se diera a cabo en medio del drama. Afirmar que estaban desnudos, abrazados, sobre una cama eso no tenía el más mínimo sentido. Empezando porque ambos eran hermanos, se odiaran o no, lo eran y esos actos no eran algo natural en las familias. Si no le pudo creer lo primero que dijo, menos esto último.
—¿Qué fue lo último que viste antes de irte a dormir?
—¡Que no fue un sueño, Gon! No sé ni siquiera lo que vi… ¿por qué estarían desnudos?, ¿qué significa eso, Gon?, ¿los hombres hacen eso?, ¿por qué mi hermano le dijo eso a Illu-nii?
«Diablos, en verdad cree en lo que dice» pensó angustiado. Se le ocurrió que quizá había visto una escena pornográfica en algún lado y su inconsciente lo trajo a luz en una pesadilla desagradable. Le dolía insistirle a la niña en que lo que creía era irreal, entonces pensó que sería buena idea llamar a Killua quién seguramente se encontraba cerca, y no había despertado con el llanto de la chica. Tal vez si él aparecía, ella se tranquilizaría.
—Déjame llamarle, ¿de acuerdo?, le hablaré y le diré que vaya a verte. Espera un momento.
—S-sí… —aceptó, tal vez y era una confusión, así que esperó a recibir la llamada del muchacho.
Gon colgó, apenado por tener que molestar a su amigo; no estaba seguro de que hora era allá, pero si no había atendido el escándalo de su hermana, sólo significaba que estaba muy ocupado. Marcó, y espero; esperó por largo rato hasta que se dio cuenta que no contestarían. Volvió a marcar una y otra vez, cada vez más preocupado por la ausencia de respuesta hasta que se rindió, seguro de que el albino no respondería. Así que volvió a llamar a Alluka.
—¿Alluka?
—Sí, te escucho.
—¿Dónde está Killua?, no responde, ¿no está ahí contigo en el cuarto?
—Te lo dije, Gon. Está con Illu-nii en otro hotel.
Se quedó en silencio, pensando en la posibilidad de que en verdad estuviera en otro sitio, haciendo cualquier otra cosa diferente a lo que afirmaba la chica.
—¿Qué estaban haciendo Gon?, ¿lo sabes?
La pregunta de ella lo sacó de sus pensamientos y se detuvo a analizar si era conveniente o no explicar la imagen que había visto la menor. Podía ser que él no era un experto en el tema, pero comprendía lo que ella describía aún con la pobreza de detalles.
—Pues… —a fin de mantener a la pequeña tranquila, decidió explicar las cosas de la forma más simple que le fuera posible— no te asustes Alluka, pero ellos estaban mm… haciendo cosas de adultos… —su rostro enrojeció, no podía situar a Killua en una frase como esa y colocar a Illumi al otro extremo de su mente, no, definitivamente eso estaba mal, pero tampoco sabía cómo expresarlo.
—¿Es algo malo?
—Es… mmm… no te preocupes, lo intentaré contactar después.
Ni siquiera hallaba palabras para describirlo. Alluka era demasiado inocente. Según lo que escuchó de Killua, ella había vivido encerrada en casa por mucho tiempo, seguramente no sabía mucho sobre la vida y no quería hacerle daño con palabras erróneas cuando él no era un experto que supiera tratar esos temas.
—Sí… está bien. Te esperaré.
—Ahora, ve a dormir por favor.
—Sí… gracias, Gon.
Siguió angustiada, la explicación de Gon tenía menos sentido de lo que esperaba. Así que se rindió, decidió que era mejor hablar las cosas con Semiramis, ya que ella estaba insistiendo en saber lo que ocurría. Se tomó tiempo para calmarse y dejar que Semiramis viera por sí misma lo que había pasado.
Hubo un momento de largo silencio. Ambas estaban aclarando el tema poco a poco. El asunto fue que Semiramis lo interpretó como una reconciliación amorosa, porque entendía que Killua tenía una mala relación con Illumi, pero para ella, que vivió en el abrazo y protección de su marido, no había algo más hermoso que esas expresiones de amor. Calmó a la pequeña, explicándole que de ese modo quizá Killua había arreglado sus diferencias con su hermano y que les diera tiempo y espacio para que ambos salieran y volvieran tranquilos.
A la mañana siguiente, al momento de salir de su cuarto para desayunar, dio con la sorpresa de que Kalluto y el Barón estaban entrando por el pasillo que llevaba a su habitación, ambos se habían topado en la entrada del hotel y en silencio caminaron juntos hasta llegar frente a la niña.
—Semiramis, majestad, este no es lugar para usted. Volvamos a casa —le dijo Alex, y la mujer aceptó, siguiendo de vuelta a ambos. Ahora tendría que dar explicaciones, lo bueno era que podría indagar sobre el evento visto y sacar más conclusiones.
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Killua escuchó el celular vibrando durante quince minutos, quién sea que le estaba marcando se esforzó mucho para localizarlo a una mala hora, eran poco más de las cuatro de la mañana y estaba realmente cansado, demasiado como para levantarse, salir de la habitación y atender la llamada. Lo haría esperar, de todos modos, aún si fuera una emergencia, prefería no enterarse porque se arrepentiría de tener que decidir entre fallar la misión que tenía con su hermano o atender al amigo que estuviera llamándolo. «Igual podría ser Kalluto, Alluka o el Barón, y ellos podrían esperar…» se dio ánimos. Pero no pudo dormir tranquilo porque estaba pensando en quién podría haberle marcado con tanta insistencia, y cuando su hermano se levantó justamente a las diez de la mañana, tras desvelarse la noche anterior, esperó a que fuera a ducharse para revisar su celular y llamar si es que era necesario.
Su sorpresa fue peor cuando vio que quién le había llamado con tanta insistencia no era otro que Gon. Como resultado, tenía veinte llamadas perdidas. Se apresuró a marcarle, asustado por lo que fuera a pasar. Rogaba que no fuera nada malo.
—¡Killua! —escuchó el grito de su amigo y tuvo que alejarse del teléfono— ¡¿dónde estás?!, ¿qué ha pasado?, Alluka me llamó asustada anoche, ¡¿estás bien?!
—Tranquilo Gon… baja la voz —tragó saliva, sentía un nudo en la garganta. Era su mejor amigo, merecía saber la verdad y sin embargo, estaba demasiado angustiado como para atreverse a decirlo. No tenía las palabras para expresar lo que estaba haciendo, no podía explicarlo aunque se esforzara en intentarlo.
—Pero…
—Estoy bien Gon, no pasa nada malo.
—¡Alluka me dijo que te vio con Illumi!, ¿cómo puede estar eso bien?
—¿Alluka me vio? —abrió los ojos, impresionado por lo que acababa de escuchar. Era imposible; se suponía que su hermana estaba en algún lugar seguro, a salvo del malévolo poder de Nimrod.
—Ella… no sé, creo que fue a buscarte a donde sea que estés… Killua, no sé qué está pasando pero ella sonaba muy alterada, ¿no estás con ella?
—¿A qué hora te dijo eso?, ¿por qué te dijo algo así?
Sonaba como algo verdadero desde el momento en que mencionó a Illumi en la oración. Si alguien lo viera durante esos días, lo encontraría en compañía de su hermano mayor. Así que era posible que le hubiesen contado algo cierto a Gon, pero no podía creer que fuera su hermana quién le habló quizá era algún impostor intentando sacar información.
—Ella me llamó en la madrugada, eran las cinco de la mañana. Estaba llorando, muy alterada, contando una historia extraña de que fue a buscarte y te vio con Illumi haciendo… bueno… seguramente fue un mal sueño.
—¿Cinco de la mañana? —haciendo cuentas con la diferencia de horario, había sido aproximadamente las tres de la mañana cuando ella le llamó, eso significaba que ella o quien fuera que lo vio, se había encontrado con ellos en su cuarto, mientras él estaba con su hermano haciendo cosas extremadamente desagradables.
«No, es imposible, debe ser un error»
—¿Estás con ella?, Killua, ¿qué está pasando? —debía admitirlo, se sentía molesto de no haber sido informado antes que estaba teniendo problemas o algo estaba cambiando. No podía creer que el albino no tuviera la suficiente confianza para contarle algo como eso.
—Gon… es que —escuchó el ruido de la regadera, que parecía apagarse un momento y esperó en silencio alguna señal de que su hermano siguiera ahí. Hasta que escuchó que de nuevo sonaba el agua cayendo siguió hablando— no puedo hablar ahora mismo, pero te prometo que te contaré… —iba a decir "todo", pero no estaba seguro de cumplirlo— te explicaré lo que pueda.
—¡No!, si estás en problemas quiero saberlo, quiero ayudarte. No te guardes esto.
Eso sonó desesperado y podía comprenderlo. Gon se sentía profundamente agradecido con él desde que le había salvado la vida, deseaba poder retribuir con creces la ayuda obtenida.
—No puedo, no ahora. Por favor, ¿puedes esperar?
—Killua… —insistió— ¿cuánto?
Lo pensó bien, llevaba seis días completos con su hermano, si cumplía este serían siete.
—Cinco días más —contestó, un poco inseguro, sabía que tal vez le tomaría un poco más, pero esperaba que para ese momento su hermano estuviera lo suficientemente débil como para tomarse el tiempo para hablar con Gon y Alluka.
—¡Es demasiado!, te doy tres días.
—Gon —reclamó—, no estoy jugando.
—Tres.
Pero conocía bastante bien a su amigo, aún si le explicaba la importancia de esperar, no lo escucharía, se pondría necio e insistente hasta tener lo que quería y se saldría con la suya.
—¡Ya pues!, está bien, tres días. En tres días hablamos, ¿entendido?
—Bien, pero, si estás en problemas, yo debo saber, ¿de acuerdo?
—S-sí… —no podía decir que estaba en problemas, no era esa clase de problemas que pudiera resolverse, era algo más allá de las posibilidades de ambos.
Colgó y se quedó viendo a la puerta del baño, esperaba que su hermano no hubiera escuchado nada. Bostezó, aún seguía cansado, de alguna manera se había relajado después de haber hablado con su mejor amigo. Se recostó y se quedó nuevamente dormido.
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Alluka y compañía llegaron por la tarde a la mansión en un dirigible privado que era propiedad del Barón. Fue un viaje largo, pero ahora estaban seguros de que la pequeña se encontraba a una distancia prudente de sus hermanos. Kalluto había aprovechado para regañarla durante el proyecto, explicándole lo peligroso que había sido eso, alegando que Killua velaba por su seguridad como para que ella se expusiera como si fuera cualquier cosa; la niña venía bastante consternada, ni siquiera tenía el ánimo de discutir por detalles. Espero hasta que los tres estuvieron en la privacidad del departamento para comenzar a hacer sus preguntas.
—Estaba preocupada por mi hermano —confesó—. Ustedes no me quieren dar respuestas así que fui por ellas.
—Tú hermano está bien, ya te lo dije, él vendrá por ti más tarde.
Se mordió el labio, no sabía cómo introduciría el tema de lo que vio ahora que comprendía lo que eso representaba. Entonces Semiramis, sin advertir, salió para terminar con los rodeos. Conociendo lo problemática que Alluka podía ser para expresarse.
—Alluka vio a Illumi y a Killua juntos…
—¿Juntos?, ¿a qué te refieres? —indagó Alex.
—En la cama —fue lo último que dijo antes de ceder nuevamente el lugar a Alluka, antes de que ella reclamara por su iniciativa.
El Barón quedó en silencio, observando disimuladamente la expresión de Kalluto analizando qué tan conveniente sería hablar frente a él.
—Kalluto, ¿cierto?
—Sí.
—Kalluto, ¿te molestaría dejarme hablar con tu hermana a solas?
—Sí, me molesta —afirmó con rudeza—. Es mi hermana, ella es débil y sensible, no puedo dejarla a solas con un hombre que no conozco y no sé lo que vaya a hacer con ella. No pienso dejarla sola otra vez y que se vaya en busca de nuestros hermanos. No.
—Lo siento, pero es un tema privado, no puedo permitir que te enteres de cosas para las que no estás preparado.
—¿Es sobre Illumi?, entonces déjame informarte que lo sé todo. Mamá me lo dijo, así que no es nada nuevo —alegó.
Kalluto no iba a permitir que lo excluyeran de algo referente a su propia familia. Si tenía que mentir en el proceso, lo haría.
—Kikyo es demasiado irresponsable para ser madre —se talló la sienes—, esa mujer me va a volver loco.
—¿Qué ocurre con Illumi? —interrumpió Alluka.
El Barón sacó su cajetilla de cigarros del bolsillo y, tomando uno del montón, se dispuso a fumar.
—Es difícil de explicar lo que viste Alluka, pero trataré de ser sencillo.
—¿Tú lo sabías cierto?, siempre supiste todo lo que Killua estaba haciendo y me lo ocultaste.
—Fue por tu bien —dio una calada a su cigarrillo—. No era necesario que te enteraras de algo así, pero supongo que después de que tu hermano complete el trabajo, esto será oficial para ti… —se repantigó en su sitio, inclinándose hacia adelante— si te dijera que tus hermanos son ahora "más que hermanos", ¿qué dirías?
—¡¿Qué?! —exclamó Kalluto.
—¿A qué te refieres?
—Si Killua se enamorara de alguien y ese alguien significara para él una felicidad más grande de la que ha vivido jamás, ¿lo detendrías sólo porque no te agrada la persona de la que se enamoró?
—Espera, espera… —salió Kalluto en su defensa— si lo dices de ese modo, cualquier cosa va a sonar agradable, estás forzando las cosas. Eso se llama manipulación.
El Barón lo vio con incredulidad, ese niño era más brillante de lo que había pensado, lo había subestimado.
—¡Si Killua se enamorara, por supuesto que me importaría la persona con la que él querría estar! —continuó Alluka, motivada por la expresión de su hermano menor.
—Sí, una cosa es que esté con alguien que acaba de conocer, y otra es que se involucre con nuestro hermano mayor. ¡Es nuestro hermano!, ¡ten uso de razón!
—¡Pues les guste o no, así son las cosas! Cielos… por eso no voy a tener hijos, los niños son un dolor de cabeza —se puso de pie y comenzó a caminar alrededor del cuarto, fumando enérgicamente.
—¿Cómo es que puedes decirlo con tanta ligereza?, no estás hablando de cualquier cosa —alegó Alluka.
—¿Es realmente necesario que sea así?
—Ya mocosos, acéptenlo y déjenme fumar tranquilo…
Empero tuvo que reconocer que no era el modo de tratar con los hermanos menores de Killua e Illumi. Requerirían el apoyo de la mayor cantidad de personas posibles y él debía ganárselo; ayudarles a ambos a permanecer juntos aún si fuera antinatural todo con tal de mantener la situación en calma.
—Miren… —suspiró— sé que es difícil, y a nadie le gusta el incesto, pero Illumi pasa por algo bastante poco convencional y aun si a lo largo de su vida ha sido un imbécil con ustedes, necesita su ayuda. Si Killua, quién es el que más lo ha padecido, está dispuesto a ayudarlo, ¿no creen que deberían darle una oportunidad?
Ambos Zoldyck se quedaron en silencio, observándose, intentando averiguar lo que pensaban cada uno, no queriendo decir algo inapropiado que les contradijera e hiciera pelear delante de alguien que no les trasmitía confianza suficiente como para expresarse abiertamente.
—Entiendo lo que dices. Illumi fue dañado por mamá hace mucho tiempo, así como dañó a Alluka. Odio esta situación, pero aceptaré la decisión de Killua, al fin de cuentas él es el único que puede dar una solución a esto —Kalluto había visto suficiente como para comprender la delicadeza de la situación, oponerse al poder de los Iluminados nunca le trajo nada positivo.
Alluka en cambio continuó en silencio. No quería aceptarlo, una relación incestuosa sobrepasaba los límites de lo que ella podía aceptar. Debía pensar mejor las cosas; decidir cómo podía ayudar a su hermano. Luego pensó que, si comprendía mejor la situación, Nanika podía atender las cosas. Levantó el rostro, decidida a intervenir.
—No —pero la voz de Kalluto la detuvo—, ya sé lo que estás a punto de decir y la respuesta es no, no puedes ayudar usando a la entidad que vive en ti. En un principio, esa misma entidad es parte del problema. La única forma en la que esto tendría una solución sana, es encontrando la forma de deshacernos de la entidad que habita en ustedes, al mismo tiempo.
—Ni siquiera así —aclaró Alex—. Esas entidades ya están atadas al flujo natural de la energía vital de sus anfitriones, si ellos desaparecieran, morirían; tanto Alluka como Illumi. Primero tendríamos que separar sus energías y luego transmutarlas para que sean independientes de sus anfitriones, y eso, ni siquiera en toda la historia de la humanidad ha sido probado. Nadie sabe cómo se hace.
Esas eran las palabras más desalentadoras que habían escuchado en todo el día. Significaba que debían rendirse, aceptar lo que Killua e Illumi estuvieran pasando. Ambos pequeños bajaron la mirada, meditando en la dolorosa postura que debían tomar al respecto. Eso era todo lo que les quedaba por ahora.
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Nimrod se había demorado un poco más de lo acostumbrado en tomar su ducha matutina. Se había quedado perdido en sus pensamientos. Repitiéndose mentalmente cuál era el propósito original para que él permaneciera en ese lugar junto al objeto de su debilidad. Se lo repetía a fin de encontrar la salida. Quizá al inicio había decidido estar cerca del albino, buscarlo para satisfacer esa horrible sensación de separación e incontrolables emociones que no le permitían concentrarse; que le hacían perder cualquier enfrentamiento que se le presentara. Sin embargo, estar tanto tiempo cerca de él no sólo le robaba su sagrada energía, sino hacía flaquear a su voluntad hasta transformarse en la entidad minúscula que habitó originalmente en el cuerpo de Illumi; no quería regresar a ese punto. Hacía falta usar toda su fuerza para salir de ese hotel sin el albino a su lado. Si tenía que amenazarlo, lo haría, se decía constantemente que lo haría, se libraría de él. Pero al recordar lo delicioso que era tomar su cuerpo, su estómago se revolvía y dudaba de su decisión. ¿Qué excusa le daría al adolescente para que le dejara partir sin más oposición? Por más descabellado que fuera el pretexto, debía alegar algo.
En cuanto salió del baño lo vio despierto, recostado en la cama mientras veía el techo, sin darse cuenta que él le observaba.
—¿Qué piensas? —preguntó y salió en busca de sus prendas.
—¿Eh? Uh… —se avergonzó al voltear, para descubrir que su hermano estaba completamente desnudo— nada en especial.
—Kil, tengo mucho trabajo por hacer…
—¿A dónde iremos…?
—No. Yo. Tú no irás, tienes que seguir tu viaje, ese es el trato que tenemos.
—Illumi…
—Ya te di una semana completa de mi compañía, no te daré más de mi tiempo.
Se mordió el labio. Nimrod era muy difícil de tratar, pese a que intentaba no ser ofensivo, sonaba por demás grosero; cualquier otro se habría desanimado de seguir cerca de él. No obstante, él no estaba en esa posición de hacerse el ofendido, «adiós dignidad» se dijo mentalmente.
—¿Has estado jugando conmigo? —detestaba hacerse el dramático por cosas como esta, particularmente cuando no sentía nada especial por ser desplazado de aquel modo; de hecho, ni le importaba, pero debía darle motivos a Nimrod para sentir que no estaba haciendo bien su trabajo.
—Kil, es suficiente, ya te he demostrado que no es así.
—¿Por qué insistes en abandonarme?, si fueras coherente con lo que dices, las cosas no serían de este modo.
Esa actitud en el peliblanco le provocaba unas serias ganas de aplicar algo de hipnosis para convencerlo de que no estaba jugando con él y forzarlo a dejarlo ir, pero no tenía la fuerza de voluntad suficiente como para hacer algo de tal magnitud.
—Me quedaré, ¿de acuerdo? Pero será sólo hasta esta noche, te dejaré en el cuarto, después de la cena y me iré. No más.
Asintió con la cabeza, fingiendo que estaba herido. Al menos esas horas le iban a dar el tiempo para pensar en una nueva forma de presionarlo para hacer que se quedara. No iba a ser sencillo porque Nimrod abogaría por su supervivencia, y por ella haría lo que fuera, seguramente esa urgencia por marcharse iba a ser el primero de muchos arranques desesperados por mantenerse como el dueño del cuerpo de Illumi. Así que debía ser, no sólo persistente, sino convincente.
Nimrod pasó el día junto a Killua pensado una sola cosa: Semiramis. No sabía cómo, pero ese niño le hacía recordar mucho a ella, su atención, sensibilidad, pureza, la agudeza de su mirada que demostraba que, pese a su inocencia, no trataba con alguien meramente vacío; esa fuerza que provenía de su interior la que, pese a los abusos y el dolor a lo largo de su vida, le hacía mantenerse de pie, hablando y conviviendo con él como si una noche antes no hubiera sido forzado a realizar actos incestuosos en contra de sus deseos. No era tonto, sabía que Killua lo detestaba. Lo que al inicio había sido un experimento por encontrar el límite en el menor, ahora era un grandísimo misterio, ¿cuál era el motor que lo mantenía tan firme en seguir junto a él?, ¿acaso estaba frente a un caso de síndrome de Estocolmo?, se preguntaba y sin embargo, no veía patrones mismos del síndrome; no veía culpa, miedo, sino como una especie de amor que no podía interpretar. De nuevo volvía a ver a Semiramis, la sentía en el aire, la extrañaba con tanta pasión que comenzó a reflejar en el albino lo mucho que la deseaba. En algún punto, olvidó por completo su plan de marcharse esa noche, y de vez en cuando hablaba de lo que harían otros días, lo besaba, lo tomaba de la mano, le decía halagos y acariciaba, así hasta que se recordaba que no estaba tratando con su esposa. Se apenaba, pero se tragaba su orgullo, fingiendo que esto había sido producto de su propia decisión.
Mientras tanto Killua, no sólo estaba preocupado por hacer que Nimrod se quedara, también tenía muchas dudas con respecto a la llamada de Gon. ¿En verdad Alluka le había llamado?, ¿los había visto juntos? Rogaba que no fuera así, mataría al Barón si se enteraba que su hermana los había visto en una situación tan comprometedora. Se preguntaba qué le diría a Gon cuando le llamara, estaba de acuerdo en que no quería decir la verdad, cualquier cosa estaba bien. Gon sentía desagrado por su hermano; la primera vez que se vieron hubo cierta clase de agresión entre ellos, dejando en claro su enemistad; incluso Gon se había enfrentado a su propia familia con tal de sacarlo de casa, y ahora, ¿qué pasaría si se enterara que estaba en una misión para rescatar al tipo que por muchos años lo había amedrentado? Definitivamente le diría que tenía algo mal en la cabeza.
Los besos, las palabras dulces y el buen trato que recibía por parte de Nimrod le hacían sentir escalofríos constantemente, quería escapar, y se resistía a hacerlo porque entonces, el incoherente sería él. Cayendo la noche, tal como era de esperar, Illumi anunció que se marchaba, recordándole que implícitamente se había comprometido a aceptar su partida y que no le daría más problemas para hacerlo. Entonces fue cuando sacó su carta, lo que esa misma tarde se le había ocurrido.
—Aniki, antes de que te vayas… hay algo que he querido preguntarte.
—Una última pregunta antes de que marche, está bien —le sonrió, acariciando sus blancos cabellos.
—¿Está bien si yo… como no sé cuándo volverás… está bien si yo estoy con alguien más?, ¿qué pasaría si alguien más se acerca del mismo modo que tú lo haces?
Su sonrisa se borró. La sensación que experimentó era casi inhumana, no fue un instinto natural de Nimrod, fue como si toda la energía de Illumi saliera de golpe en su cuerpo; un impulso más allá de sus fuerzas o su capacidad. El poder de los celos. Tomó al niño de la mandíbula, presionándolo con fuerza.
—¿Quién? —demandó entre dientes, su sed de sangre, su Nen oscuro, poderoso se desprendía por su cuerpo provocando escalofríos y terror a cualquier persona que estuviera a unos cien metros a la redonda.
—Me estás lastimando —intentó soltarse, pero Illumi lo tomó por la cintura, presionando con más fuerza su mentón.
—¡¿Quién?!
—¡Nadie! —usó su fuerza para empujarlo.
El efecto no fue el imaginado, sólo quería asustarlo un poco, no desatar una bestia.
—¡Es sólo una pregunta!
—Kil… —tomó sus muñecas y las alzó por encima de su cabeza, para comenzar a revisarlo con la vista, de pies a cabeza, de un lado a otro— nadie más te ha tocado ¿verdad? No… —se respondía a sí mismo— es imposible, yo he estado contigo desde… Kil… dime la verdad, ¿quién más te ha intentado tocar?
—¡Nadie!, ¡ya suéltame!
—No… tú no jugarías con algo como eso ¿verdad?
—No, y ya te dije que nadie más me ha… —se ruborizó involuntariamente, viéndose incapaz de terminar la oración— nadie… ya detente Illumi.
Soltó sus muñecas, pero lo mantuvo arrinconado a la pared, pegando su cuerpo al del menor, entre intimidándolo y seduciéndolo.
—¿Por qué preguntarías algo como eso Kil?, ¿es esa la verdadera razón por la que me quieres cerca?, ¿alguien ha estado rondándote?
Tembló, esa idea no sonaba tan mala, decirle que alguien más estaba intentando llegar a ese extremo con él sonaba tentador; era una buena excusa para hacerlo quedarse, pero no, existía una persona con esa descripción, y si Illumi quería presionarlo, no podría decirle algún nombre ni se atrevería a incriminar a nadie más.
—No te lo preguntaré de nuevo, ¿quién es…? —susurró a su oído, con su ira malamente contenida—, si lo dices ahora, tendré misericordia. Un poco. Lo dejaré vivir, mutilado y deforme, pero libre. Esa será mi piedad, si no me lo dices y lo averiguaré por mi cuenta, lo torturaré por años hasta que muera, lo tendré como mi mascota personal para experimentos, y me aseguraré de que viva mucho, viva sabiendo que no debió intentar tocar algo que me pertenece.
—Era… era sólo una pregunta —susurró sin aliento, agradecía que en verdad no hubiera alguien con esas intenciones sobre él o al menos así lo creía.
Illumi se quedó en silencio, observándolo detenidamente hasta convencerse que en realidad no había un alguien más sobre su pequeño hermanito, que era una pregunta casual, y cuando menos lo esperó, se dio cuenta que era muy tarde. Se sentía inseguro sobre dejarlo solo. ¿Qué tal si lo decía porque tenía la sospecha de que alguien podía comenzar a mostrar esas actitudes?, ¿qué tal si en verdad había algo más oculto detrás de esas palabras? No, sus celos provocaban estragos en su interior.
—Eres mío Killua, desde el momento en que lo pronunciaste, te has condenado, no permitiré ni siquiera que alguien imaginariamente aspire a tenerte. Nunca te dejaré ir.
Se le erizó la piel, probablemente esas emociones tan profundas y salvajes provenían directamente de su hermano, y eso le hizo temer a lo que fuera a ocurrir en un futuro. Contuvo la respiración un momento hasta que su hermano comenzó a besarlo con tanta pasión que seguirle el ritmo se volvió complicado.
Lo tomó de la mano y lo hizo caminar hasta la habitación.
—Me tienes, no me iré, no… —en el camino iba desnudándole, arrojando las prendas a los lados, sin dar mayor relevancia— te haré el amor hasta que se te olvide el nombre de cada una de las personas que has conocido en tu vida y sólo recuerdes el mío.
Fue difícil, Illumi estaba más excitado que en otras ocasiones y eso provocó que él también terminara enredado en un montón de emociones y sensaciones difíciles de controlar. Ambos terminaron tan agotados que ni siquiera se tomaron la molestia de levantarse y ponerse sus ropas; durmieron desnudos.
Killua despertó a las siete de la mañana por una razón que nunca antes esperó que le pasara. Un sueño bastante peculiar, sin ningún sentido o trama, sólo situaciones de la vida real que reconocía como placenteros en lo más profundo de su consciencia, ahí donde nadie podía llegar. Eso fue lo que provocó que despertara con una dolorosa erección y su mano derecha sobre su entrepierna, rodeándola. En un principio se asustó de sí mismo, creyendo que era imposible que él cayera en ciertas prácticas, su primer instinto fue alejar su mano de ahí, pero la sensación de su entrepierna caliente atraía su atención, con una constante necesidad de desahogo.
Estaba recostado sobre su lado izquierdo, no podía ver a su hermano que dormía detrás de él. Se quedó quieto unos minutos, analizando si el morocho se encontraba dormido o no, hasta que se convenció de que, en efecto, tras una larga sesión de sexo estaba lo suficiente cansado como para dormir profundamente.
Recordó cuando su hermano lo hizo tocarse por primera vez. Fue vergonzoso, pero también debía reconocer que no era consciente del placer que se podía provocar a sí mismo porque nunca antes se había interesado en ello. Bajó instintivamente la mano y volvió a detenerse, todavía no estaba del todo convencido en hacerlo, pero su miembro parecía reclamar atención. Bajó de nuevo la mano, con la máxima lentitud posible para no llamar la atención de su hermano y volvió a rodear su pene, «está muy duro» pensó, y comenzó a acariciarse con lentitud, con sus mejillas encendidas.
Sintió que su hermano se movía, acomodando su postura y se alarmó, se quedó quieto esperando a que dejara de moverse, asustado de haberlo despertado. Esperó varios segundos que le parecieron una eternidad, y se calmó hasta que la respiración pausada de Illumi le indicó que todo estaba en paz. Volvió a mover su mano, suavemente de arriba hacia abajo, y apretó las piernas, se sentía bastante bien y eso que no estaba ejerciendo la presión ni velocidad que en realidad deseaba, se concentró en esos pausados movimientos; no quería dar un espectáculo, sólo tocarse. Se le ocurrió la idea de salir de la cama e ir al baño, apenas iba a moverse obedeciendo su idea, cuando sintió que era tomado por las caderas, Illumi había pegado su cuerpo desnudo al suyo.
—¿Qué haces hermanito? —le preguntó, bajando su mano por el abdomen del menor, encontrándose con la agradable sorpresa de que la mano del chico aún estaba sosteniendo su miembro endurecido—, quita tu hermosa mano de aquí, deja que tu hermano mayor se haga cargo de esto.
—Aniki… —susurró— yo…
Su hermano colocó una mano sobre la suya apretándola, guiándola para masturbarle y no pudo evitar gemir suavemente. Era agradable y enloquecedor despertar tan excitado para recibir la atención que requería justo en el momento en que más lo necesitaba. Sintió la erección del mayor contra su espalda, Illumi se había excitado tanto como él al darse cuenta que estaba tocándose tan temprano. No sólo le tocaba, también frotaba su miembro contra su espalda y trasero.
—Ah…
Illumi apretó más su mano y él se estremeció, movía sus caderas de forma inconsciente, humedeciendo con el líquido pre-seminal su propia mano. Había dejado de pensar en detalles, para centrarse sólo en disfrutar, pero Illumi no lo dejó así de simple, en un movimiento sorpresivo, lo tomó de la cintura y le hizo darse la vuelta, para luego tomar ambos miembros con una mano y comenzar a frotarlos.
Al principio eran movimientos sin un ritmo constante, acostumbrándose el uno al otro, pero conforme fue humedeciendo su mano gracias a sus fluidos, empezó a moverse con mayor velocidad y ritmo. Killua respiraba pesadamente, aferrándose al pecho de su hermano quien también estaba agitado. Era tan delicioso que pronto ambos acabaron ensuciándose mutuamente.
Tardaron unos minutos en reponerse. Killua sentía sus oídos tapados y necesitaba aire para poder recuperarse. Eso había sido demasiado fuerte para su joven cuerpo.
—El sexo matutino es lo máximo —escuchó que Illumi decía con un aire de burla en su voz.
Enrojeció, molesto de tener que escuchar palabras como esas tan temprano, prefería a Nimrod cuando se controlaba y se comportaba como un adulto sabelotodo que estaba ahí para educarlo.
Illumi se dio la vuelta, besando la mejilla del menor y susurrando contra su piel.
—Me atrapaste otra noche, no sé exactamente cómo lo haces… pero te lo agradezco.
Dicho esto se puso de pie y caminó hacia el baño.
Killua apretó los ojos y se concentró, debía limpiarse, sentía bastante desagrado de estar así, el aroma que desprendía el semen le daba nauseas, le recordaba que había caído en actos contra la naturaleza y eso lo hacía enfadar más. Se levantó para tomar una de los pañuelos desechables que tenían sobre el tocador y tras limpiarse, se volvió a acostar, iba a esperar que su hermano desocupara el baño, mientras dormía un poco.
Nimrod volvió a demorarse en el baño, estaba impactado por el efecto Killua, por primera vez cientos de años se sentía tan lleno de vida, las emociones de su anfitrión le traspasaban, le atraían hacia ese albino, y se preguntó por qué Illumi había elegido a ese chico como el amor de su vida, ¿qué tenía él de especial que lo atrajera tanto? Su belleza era sin duda destacable, no la belleza común que había visto antes, un par de luceros azules combinados con un adorable cabello blanco; su piel pálida le daba la apariencia de ser hijo de la luna, o una antigua sacerdotisa del templo de Semiramis; un cuerpo envidiable, como el de los jóvenes espartanos que llevaban una vida de riguroso entrenamiento; no obstante, la belleza nunca le había atraído con tanto poder, él siempre se había mantenido neutral al respecto, y pasaba de largo todo rasgo y aspecto físico que pudiera atraerle una caída durante su reinado. No, Killua tenía algo más, y entre más lo pensaba, más se perdía en el laberinto de emociones que Illumi había trazado para su autoprotección. Salió del baño y se vio a sí mismo alegre de verlo ahí, recostado, con sus ojos cerrados fingiendo estar dormido. Definitivamente no se iba a ir, quería verlo despertar otra vez.
Por otro lado, el albino se preguntaba cuánto tiempo más tendría qué aguantar esta tortura. Eran los ocho días más largos de su vida y todavía no veía vestigios de su hermano o eso creía; se estaba comenzando a desesperar y lo peor era que ahora era consciente de que no podría distinguir una actitud propia de su hermano, de una de Nimrod. Dudaba en absoluto que su hermano fuera cursi, o dijera cosas como "te lo agradezco", no, definitivamente ese seguía siendo Nimrod. Él de verdad deseaba ver algún rastro, algo que le dijera que todo su esfuerzo estaba teniendo éxito, cualquier cosa estaba bien, la que fuera. Recordó el arranque de celos que había tenido la noche anterior, justo cuando se iba; se preguntó si esa reacción violenta era propia de Illumi, y se consolaba diciéndose que sí, que lo más probable era que su hermano tuviera arranques violentos de celos. Con ese pensamiento, volvió a relajarse. Era difícil trabajar sin ningún apoyo ni ánimo de por medio.
Dos capítulos más y ya no seguiré la historia. Así que nadie más se aburrirá conmigo.
