Fate Extintion

Prólogo 4:John y Assasin.

Pii...Piii..Piii.. el eterno sonido que invadía, el ruido emitido por la maquinaria del hospital.

A su manera, el edificio era una gran orquesta; las risas, voces animadas de quienes se curaban se mezclaban con el amargo llanto de los que no lo hacían y sus familiares.

Los quejidos de los bebés que nacían se agrupaban con el silencio de ultratumba de los que perecían, formando una extraña partitura, todo ello marcado con la percusión de las computadoras que marcaban el ritmo cardíaco, el sonido leve de las sondas y catéteres al ser introducidas, el sonido de las camas transportadas por los celadores, el trote del equipo de urgencias, con la sirena de la ambulancia anunciando un nuevo trabajo, las bombonas expulsando la anestesía tras un leve apretón de manos del paciente que expresaba "tengo miedo".

El paciente dormido, el equipo preparado, plateados instrumentos en mano, el característico sonido de la piel rasgandose...epidermis...dermis...toda la masa grasa en la hipodermis...tras ser retirada con las pinzas el cirujano vislumbró la línea alba del abdomen por la que cortar...

Era la rutina, la sinfonía que la orquesta de aquel hospital de Toronto estaba acostumbrado a tocar, afinado como un Stradivarius, pero cuya imperceptible melodía solo aquellos que formaban parte de sus cuerdas podían percibir con naturalidad.

La orquesta dirigida por el director sin rostro llamado "Vida", utilizaba la batuta a un ritmo que solo el astuto director entendía al cien por cien.

De todos los sonidos del hospital era el eterno pítido que seguía la sístole y díastole del muscúlo cardíaco el más relajante para los oídos del Williams, pues significaba que sus pacientes estaban vivos, en contraposicion odiaba cuando el pitido marcaba ritmos demasiado rápidos, fibrilación ventricular, eso daba a lugar con casi seguridad a un pitido interminable, mientras el electrocardiograma mostraba una ausencia de ondas P , QRS y T...que habían sido intercambiadas por una larga...larga línea recta.

Lo que seguía era una carrera contra el tiempo, ordenes cubiertas de ansiedad, desfilibradores cargandose, resucitadores Ambu, epinefrina...pasados los minutos la ansiedad se incrementaba...pasados los 30 minutos...solo quedaba apuntar la hora de la defunción...

De alguna manera cada vez que ocurría en su planta John se sentía culpable, para él eran sus medidas en muchas ocasiones las que generaban el trágico desenlace, él se ecargaba de la planta del oncología del hospital, una planta que como el resto del edificio estaba escuetamente decorado,a decir verdad mantenía un aura incluso más deprimente que el resto del recinto, paredes verde oscuro, suelo grísaceo, luz blanca emitida desde las bombillas del techo, además a eso se sumaba el calor asfixiante propio de los hospitales.

No se podría decir que lo que reconcomía al doctor fuese el hospital en sí, tampoco su trabajo en primera estancia,amaba los valores sobre los que se fundamentaba su profesión y el resto de ciencias de la salud, ayudar a las personas en sus momentos bajos, curarles, cuidarles, pero...¿salvarles?.

Gran parte de sus compañeros, y de la plantilla sanitaria en general con el paso de los años habían olvidado su modestia de la época de estudiantes en la que los valores eran primordiales, empezando a considerarse los directores de la orquesta de la vida, considerandose dioses.

Eran ellos quienes a golpe de bisturí alargaban, mantenían o cortaban el hilo de la vida, actúando como si de las Moiras o Parcas fuesen.

Y su ego se acrecentaba con los comentarios de la gente, cosas como que "había que nacer con algo especial para poder trabajar allí" "No cualquiera podría trabajar de eso""Me has salvado" o "Dejo mi vida en sus manos"

Concretamente era esta última la que más fastidiaba a John, la consideraba hasta el punto de denigrante.

El otro extremo del asunto eran los que aunque no se considerasen dioses, estaban allí por la cuantiosa recompensa económica, hasta el punto de que pactaban con las farmaceúticas usar medícamentos no efectivos en los pacientes para posteriormente usar otra patente de la empresa, medicalizar crónicamente al paciente en otras palabras.

Obviamente despúes estaban los que se consideraban dioses y además adoraban más al dios dinero que a la vida.

Para ambos grupos los pacientes tenían otro nombre...mercancía.

Eran la mercancía que sustentaba su ego por medio de sus logros y la mercacía con la que llenaban sus bolsillos,que las personas enfermasen les resultaba beneficioso.

En cambio John soñaba con el útopico mundo en el que la medicina no fuese necesaria, en el que la gente no sufriese enfermedades, en el que todos naciesen dignamente e igualmente muriesen de la misma manera.

Pero eso no era posible, naturalmente no lo era, y además al mercado de la increíble industria farmaceútica no le convenía.

John no estaba interesado realmente en el dinero, no se podría decir que fuese un Santo, aunque amaba a las personas y se veía incapaz de llamar fríamente mercancía lo cierto es que obviamente tenía intereses personales en la medicina, a parte de reconfortarle como persona, cumplía una vieja deuda, de adolescente había sido salvado por alguien terriblemente cercano a él que ya no estaba, aunque le viese cada vez que miraba a cualquier espejo...esos intrumentos que permitían verle comosí el tiempo hubiese pasado por él aunque no fuese posible, exactamente se vería de aquella manera de ser verdad, de ser verdad que pudiese verle el rostro sin necesidad de una superficie pulida.

Ocurrío hace 11 años en Londres, la ciudad natal de John Williams, en aquel entonces un John de 15 años trabajaba ardúamente en rehabilitación, trabajando sin descanso para poder vivir una vida plena sin necesidad de maquinaria hospitalaria, sin vivir encamado.

Gracias a su hermano gemelo Frank quien tomo la decisión sin pestañear de ser donante John podía dirigirse a una vida así, gracias a que su gemelo le donó parte de su médula para tratar la leucemia, parte de su hígado que había sufrido muchísimo con el tratamiento y un riñon,por lo que no debía someterse a más dialisis.

Sin embargo en la donación del riñon surgieron complicaciones, ahora era Frank quien se encontraba encamado, y era un gran pesar para John, quien le visitaba todos los días cada segundo que tenía libre.

Por aquel entonces su padre Ron Williams, miembro del consejo y directiva de La Torre del Reloj le mostró con mirada orgullosa y bajo secretismo algunos de los espantosos experimentos que en una sala bajo tierra se llevaban a cabo allí...financiados por un viejo mago llamado Shinji Matou quien había sido brutalmente herido por un ejecutor, quien le dejó con vida a sabiendas que le usaría como conejillo de indias en sus macabros experimentos pero lo necesitaba vivo...fue ahí donde Shinji Matou, segunda cabeza de la famosa familia tuvo su final.

Así, con sonrisa y ojos enfermizos la confesión de padre a hijo tuvo lugar.

-John Williams, como próximo cabeza de la familia te muestro esto, solo los magus con perfectos circuitos mágicos deben ser los elegidos a ver El Origen, pero, escucha, por ello no debemos marginar a los impuros-señalo los cadáveres de aquella sala, en descomposión, aunque sus rostros mostraban muecas de extremo dolor-

Estas honorables personas, estas que ves fueron un valioso sacrificio para que nosotros los superiores podamos retornar al Origen, deben sentirse profundamente honrados John,y la siguiente será tratada por ti, es mi regalo de cumpleaños hacía ti, mi hijo, que pronto cumplirás los 16 años, tu hermano perdío parte de sus circuitos mágicos en aquella operación, así que esta es su oportunidad de que nos sea útil, apuesto a que ese es su sueño, ya no podrá ser magus, es una auténtica pena, pero así almenos podrá formar parte de este magnifico proyecto no crees John- Volteó su calaveríca cabeza hacía su hijo, creyendo que este estaba igual de enfermo que él.

-Sí padre...él se sentira orgulloso-Dijo John con voz fingida.

Aquella tarde como de costumbre se quedo hablando con su hermano en el hospital, aunque con la diferencia de que las lagrimas empezaron a correr por su rostro, estas fueron secadas por la mano cálida de su hermano, quien le dirigió una amable sonrisa.

-No es nada malo,hazlo,no te lo echare en cara, por cierto hermano, te quiero-

Fueron sus últimas palabras, entre un sordo llanto John había desconectado las maquinas e incrementó las dosis de morfina girando la ruleta de su gotero...si estaba muerto no sería víctima de los juegos macábras de su padre ni del resto de malas vibóras que reinaban en La Torre del Reloj.

-Yo..yo también te quiero hermano...¡YO TAMBIÉN!... con la mano de su hermano entre las manos y llorando de rodillas, con la cara pegada a la cama...John acababa de matar a la única persona que quería, la persona que le había salvado.

Igual que Frank le dió una vida nueva, él ayudaría a las demás personas a vivir alegres, no encamadas, no temiendo constantemente por sus vidas, librandolas del miedo...era la útopica realidad que veía cuando cerraba los ojos intentando salir de la cruel realidad.

John acababa de abrir los ojos, estaba en su despacho sentado, con la cabeza inclinada sobre sus pulgares, los codos sobre la mesa, aquel recuerdo le atormentaba, constatemente,sobre todo cuando veía la imagen de su gemelo a través del espejo.

La muerte de Frank era la primera de la lista de los "asesinatos" del Williams, tras el cual abandono Londres y la magia, se instaló en Cánada,estudió en escuelas convencionales, en una universidad convencional, nada de magus, nada del Santo Grial, estúpida guerra en la que personas que no comprendían el valor de la vida humana se enfrentaban por adquirir un deseo egoísta a costa de matar descabelladamente a otras 6 personas como ellos.

Era el sueño de Ron Williams, usar a su hijo como peón de guerra y que trajese el prestigio a la casa Williams, que se hiciese con El Origen, la fuente,lo que le daba signifiado a la vida de los magus, al menos eso repetían constantemente las castas de la institución.

Tras hacerse médico la lista de "asesinatos" aumentó.

Un corte mal hecho, demasiada dosis de anestesía, una hemorragia interna repentina, una septicemia generalizada, un shock anafiláctco a causa de una prueba de contraste, una arritmia ocasionada por una entubación que dió lugar a un paro cardíaco, un niño de aspecto cadavérico cuyos ojos se tornaron vitreos durante una sesión de quimioterapia.

Todos ellos y más, cada fallo a sus espaldas, cada acción que empeoraba al paciente,cuando alguien le "dejaba su vida en sus manos" y moría más tempranamente que sí no huebiese hecho absolutamente nada, las personas encamadas y medicadas por unos meses más, que terminan en unos días, cuando si se les hubiese enviado a sus domicilios podrían haber disfrutado de esos escasos días saltando, jugando, dando un paseo, pintando un cuadro...dicho de alguna manera...viviendo.

Todos eran los "asesinatos", definición autoimpuesta por él mismo, que cargaba a sus espaldas, y no dejaban de atormentarle y torturale.

Sus compañeros le recordaban que era de humanos equivocarse, pero John hacía oídos sordos a esto.

-El fallo de hoy servirá para no hacerlo después- decían.

Usando siempre a los pacientes de sacrificio...le recordaban a las palabras de su padre.

Sentado en la butáca de su despacho, decidió repasar su situación actual, era un hombre de casi 27 años de edad, alto, de pelo moreno cortado, mirada afilada y atormentada, tenía un buen trabajo, buena posición económica, una buena casa, aunque eso no le importase mucho, en su lugar de trabajo se habían forjado varias relaciones de amistad entre el personal, también mantenía una relación sentimental con una doctora de la planta de cardiología, tenía pensado pedirla compromiso pronto, pero de alguna manera tener una buena vida le hacía sufrir, bajo el eterno pensamiento de que no se lo merecía.

De pronto sintío un quemazón y fuerte dolor en su nuca, actó seguido las luces del hospital empezó a parpadear...sin llevar un ritmo aparente, John se levantó rápido, la maquinaria tenía generadores propios,para mantener la seguridad en caso de apagones o desastre natural, pero había que ser precavidos...de repente llegó a la puerta, dispuesto a girar el pomo...pero una mueca de horror se le dibujó en el rostro, al ver que por debajo entraba sangre...

¿Qué clase de broma macabra era esa?...sangre...luces intermitentes...parecía una película de terror, en la que definitivamente no quería participar.

Pero eso era solo el inicio...

Se abrío la puerta, la abrió un hombre que con una mano sostenía un bisturí y con la otra...la cabeza de la novia de John...

¡QUÉ...QUÉ COJONES LE HAS HECHO!- se avalanzó loco de ira pero el extraño hombre le esquivó facílmente y dejó a la vista todo el lúgubre panorama.

Lo que quedaba en frente del despacho de John era la sala de pacientes con leucemia, la mayoría niños...ahora todos tendían desmembrenados, el río de sangre corría de esa sala cuyas puertas estaban abiertas a la vista de John, sus ojos parecían a punto de salirsele de las cuencas, giró el cuello para contemplar la planta.

TODOS...todos muertos, no solo los pacientes, también los profesionales, algunos no solo estaban partidos por la mitad, algunos estaban cosidos entre si, algunos cadáveres tenían cosidas miembros de otros,cabezas cosidas a abdomenes, de repente el macabro...¿hombre? Más bien monstruo, lanzó la cabeza como si de una pelota se tratase, fue arrancandole los corazones a los cadaverés cercanos y se puso a hacer malabares con ellos...

John aterrado empezó a huir, no solo su planta, en todas las plantas el escenario era el mismo.

-¿¡Alguien, alguien me oye!? ¿Alguien esta vivo?...por favor...por favor que alguien conteste ...-dijo mientras se le hacía un nudo en la garganta.

Sorpresivamente el monstruo siempre aparecía a su lado con su maliciosa sonrisa a su lado, estaba en verdad disfrutando la escena.

Sobra decir que nadie contestó la llamada del médico, quien de repente sufrió una punción...una jeringilla en el ojo, fue el saludo que su servant le otorgo mientras se reía a todo volúmen.

-AAAGGAGAH!...se retorcía de dolor,la sangre y humor acuoso le salió con gran fuerza, de repente se desplomó.

Para cuando se despertó estaba amordazado , sobre una silla, impotente sin hacer nada mientras veía al demonio jugar con los cadáveres, como sí de muñecos Lego se tratasen.

De pronto arrancó la cinta que le cubría la boca, mientras empezaba a toquetear con el bisturí la herida de su ojo, solo para escuchar sus gritos, ver sus expresiones, el cuerpo tensarse...acabó por cauterizar en vivo la herida de su Master y quitarle las cintas con las que se mantenía atado..

Cayó rendido chapotendo en el suelo lleno de sangre..un autentico lago rojo.

De rodillas con las manos en el suelo notaba una leve corriente de la sangre, de vez en cuando sus dedos se topaban con alguna víscera, parte del yeyuno, el estómago con su definitoria textura interna arrugada en pliegues, partes de cerebro...de repente se llevo las manos a la cara...llorando y a la vez sufriendo el escozor en la herida de su ojo derecho.

-Dime , me aburró un poco, ¿no tendrás algún gemelo con el que pueda jugar no?-Hizó especial enfasís en la palabra "gemelo" y su demoniaca presencia pareció incrementarse aún más...curiosamente aún con todo el escenario carmesí..su bata desabrochada seguía inmaculadamente blanca, mientras andaba su larga blata se movía simulando unas aparentes alas de ángel..

-¿Quién...eres..bestia?-¿Para qué preguntó eso cuando ya lo sabía?, bastaba ver su cara demoníaca, su extrema crueldad y malicía,su brazalete con la definitoria esvastíca para saber quién era-

-Servant Assasin...Josef Mengele...por cierto Master...no le parecería divertido llenar el edificio con cámaras de gas-

-El ángel de la muerte-Dijo justo antes de desplomarse finalmente...extasiado por todo lo ocurrido...finalmente,pensaba, había tenido el castigo que se merecía, pero no se perdonaba lo ocurrido a todas las víctimas de aquel suceso-

Un grito sordo.

El director se colocó un velo negro...su mano se tornó esquelética.

La batuta se detuvo.

El pitido interminable hizó su aparición.

La línea recta de la gráfica hacía de partitura.

El requiem había comenzado.

Fin del Prólogo-4.