Nota: Esta es la nueva historia que traigo para todas y todos ustedes, denle mucho amor, espero sus comentarios y que sea de su agrado. Fue corregido por Adriana Molina, gracias por todo.

Capítulo 1 Inocente

Edward

Era libre después de seis meses en prisión por un crimen horrendo que no había cometido. Después de muchas investigaciones y de comprobarse que mi sobrino no había sufrido ningún tipo de abuso, ahora era libre. Yo era un empresario reconocido y manejaba una empresa, y luego lo perdí todo. El dinero que me quedaba lo gasté en abogados y en la cárcel para que me mantuvieran aislado del resto de los presos.

Después de mucho tiempo, ahora saboreaba la libertad, a fuera me esperaba mi papá, nos saludamos de abrazo, entré al auto al asiento del copiloto, regresaba a casa, nunca me fui de allí, llevaba viviendo desde que era un bebé. No recordaba un día que no viviera . Hasta que fui acusado injustamente por Zabrina, una mujer vengativa que no pudo aceptar que la rechazara, pero lo peor fue que mi hermano creyó que yo podía hacer eso a su hijo, a mi sobrino Emmerson.

—Este no es el camino a casa—le dije con el ceño fruncido

—Edward, no puedes volver a casa, Emmerson y Jake viven ahora ahí, Emmet se divorció de Zabrina y tiene la custodia.

—¿Piensas que yo puedo lastimar a Emmerson o Jake?

—Tenemos que proteger a los niños, te llevo al departamento que compramos para ti, pero puedes ir a casa cuando quieras.

El resto fue historia, había sido exiliado de la casa de mis padres, aunque era inocente eso no importaba, estaba manchado y quedaría la duda en los corazones de mi familia.

—Llegamos, acá vivirás

Era un edificio departamental, me hubiese gustado rechazar el departamento, pero no tenía donde ir, en cuanto pudiera lo devolvería por ahora tenía que aceptarlo.

—Es el departamento treinta y dos, en el piso quince. No te puedo acompañar Edward, tengo que ir al trabajo; tengo turno en el hospital, no te olvides la cena.

—Está bien—lo dije con tristeza

Miré el edificio era bastante grande y bonito. No esperaba algo así la verdad, estaba solo, nunca antes había estado así, esperaba un gran recibimiento, al menos de parte de mi madre y de mi hermana Alice, pero nada de eso sería posible, no me querían con ellos. Con un suspiro entre.

Me registré como nuevo propietario, el recepcionista me entregó la tarjeta y caminé a lo que sería mi nuevo hogar.

El departamento era enorme, contaba con dos habitaciones, un comedor amplio, cocina y tres baños, ¿para qué comprarían algo tan costoso? me pregunté, Para compensar pensé.

Fui al cuarto y allí había varias cajas por todas partes, seguro Alice tenía que ver con todo esto, no me quedaba duda alguna. Mucha de mi ropa preferida estaba aquí, y otras nuevas, había zapatos, hasta ropa deportiva; mi hermana sabía que me gusta el deporte.

Una gran cama, después de dormir en un camastro, esto era el paraíso completo, podría estar días dándome vueltas en la cama, pero tenía que empezar a buscar trabajo, quería algo que no fuera estresante, algo relajado para empezar; cuando era estudiante trabajé de garzón. Dejé mis cosas y fui a buscar trabajo donde estaba mi anterior puesto, cuando era universitario, Swan bar, así se llamaba era algo original, el dueño era de apellido Swan. Cuando llegué ahí estaba bastante cambiado a como era antes.

—Buenas tardes, busco al señor Charlie Swan ¿se encuentra?

—¿Quién lo busca? —me respondió con otra pregunta

—Edward Cullen

Después de varios minutos apareció, se veía bastante mayor, ¿qué habría pasado con él? Estaba seguro que pronto lo descubriría.

—Edward, ¿Qué te trae por aquí?

—Vengo a ver si necesitas más personal para trabajar Charlie

Me quedó mirando, sí, yo sabía lo que pensaba después de haber renunciado al trabajo a penas conseguí un puesto en lo que había estudiado.

—Vamos a mi oficina y me cuentas todo

Estuvimos bastante tiempo conversando de mi mala fortuna y como fui calumniado, Charlie me conocía bastante bien y sabía que yo sería incapaz de hacer una atrocidad como esa. En sus palabras él no entendía como mi familia podía siquiera pensar algo así.

—Edward, no te daré trabajo para el puesto que quieres, te daré trabajo como el administrador de este local—. me lo dijo con una media sonrisa

—¿Estás seguro? —no podía creer lo que estaba escuchando

—Estoy enfermo Edward, mi hija, mi heredera está a cargo de la empresa, no tiene tiempo de hacerse cargo de este bar. Las empresas Swan están por todo el mundo, tenemos distintos negocios repartidos. Y este bar es uno de ellos. Hay distintos administradores para cada local. Este negocio se lo hubiera entregado a mi hijastro, pero no confió en él.

—Yo no sé qué decir, pero si estás seguro... acepto.

—Bien, estaré esta semana para asesorarte y después es todo tuyo, hablaré con mi hija para contarle

—A ella nunca la conocí, pero a tus otros hijos si

—Solo Bella es mi hija, Leah, Set, y Jacob son hijos de mi esposa

—Vaya una multitud—sonreí

—Todo un paquete, Leah maneja un restaurante le va bastante bien, Seth maneja una tienda de deportes en la playa, y Jacob él no me agrada, ten cuidado con él—. Hizo una pausa y se quedó perdido mirando por una de las ventanas que había en su oficina—Bella ha estudiado siempre en el extranjero, ha vivido con su madre, ahora regresó para tomar el control de las empresas Swan.

Desde ese día tenía un nuevo trabajo; algo parecido a lo que estaba acostumbrado, no ganaba miles de dólares, pero si lo suficiente como para pagar mis cuentas y darme uno que otro lujo. Charlie me estuvo enseñando todo lo que tenía que hacer, me presentó al equipo de trabajo.

Cuando llegué a casa tenía numerosas llamadas de teléfono de mi familia, seguro la cena, pero después de todo el trabajo que hice hoy no tenía ganas de ir a ninguna cena en mi supuesto honor.

Preparé mi cena, algo sencillo para dormir tranquilo y cómodo. Mañana me esperaba otro día de trabajo. Administrar un local nocturno no era una cosa fácil menos mal que había un horario establecido. El bar cerraba a las dos de la mañana, pero abría a las cinco de la tarde.

Cuando terminé de cenar, me fui a duchar para relajar el cuerpo y dormir como un bebé, la suciedad que sentía por todos esos meses en ese lugar apareció. Tallé mi piel hasta dejarla roja, salí de la ducha me coloqué una toalla en mi cintura, cepillé mis dientes, por último, me seque el cabello y a la cama, mañana sería otro día.

Desconecte el teléfono de mi habitación, menos mal no tenía celular para que me llamaran. cuando mi cabeza toco la almohada suspiré agradecido de la suavidad. Cuando te das cuenta de pequeños detalles es cuando te falta, en prisión no había almohadas, de milagro tenías una frazada con que taparte y eso que estaba con ciertos privilegios.

Llevaba ya una semana administrando el local de Charlie, había dejado todo en mis manos para irse a descansar; el cáncer en el pulmón lo tenían agotado al igual que el tratamiento, había llegado el momento de preocuparse por sí mismo. Pronto el personal comenzó a estar más relajado conmigo al darse cuenta que no era tan estricto.

Era el primero en llegar y el último en irme cuando todo quedaba seguro me iba a descansar, pero hoy había una agitación en la recepción fui a ver que estaba pasando.

—¿Qué está pasando aquí? —pregunté con el ceño fruncido

—Este señor dice que es hijo de Charlie y quiere dinero de la caja

—¿Jacob? —le dije al chico que estaba al otro lado de la barra

—Me conoces entonces... sabes que soy su hijo

Lo quede mirando, era un joven moreno, con los ojos desorbitados parecía un completo demente, las advertencias de Charlie se hicieron presentes.

—Ven, acompáñame a mi oficina, Miriam tráenos café—la chica asintió

Caminamos a mi oficina que estaba en la parte de atrás, nos sentamos uno frente al otro, el chico comenzaba a parecer más humano ya no tenía los ojos bañados en sangre por el enojo. A veces algunas personas necesitaban una oportunidad. En mi anterior trabajo tenía que tratar con personas así de desesperadas. La chica del bar entró con el café y unas galletas.

—Puedes retirarte Miriam—le dije con autoridad

—Si señor—salió inclinando la cabeza

—Bien, ¿para que necesitas dinero?

—Para todo, Charlie no me da nada—lo dijo con un deje de molestia y apretando los puños

—¿Qué sabes hacer?

—¿Me darás trabajo? —lo dijo con perspicacia

—Creo que un hombre debe ganarse su dinero, en vez de que se lo regalen—lo dije inclinándome en la silla y mirándolo fijamente

—Se hacer de todo, soy mecánico, constructor, guardia...hago lo que sea—se levantó y comenzó a dar vueltas por la oficina

—Estarás a cargo de la manutención del lugar, si hay alguna cosa averiada lo arreglas y serás guardia también. Tendrás un sueldo como todos los demás.

—Acepto y gracias, pero no me podrías dar un adelanto es que no tengo nada—de verdad este chico estaba desesperado

—Te daré cincuenta dólares que serán descontados de tu sueldo paulatinamente, habla con Sam él es el jefe de seguridad, para que se coloquen de acuerdo.

—Si, gracias por la oportunidad—estrechamos nuestras manos para despedirnos.

No sabía si hice bien o mal en dar la oportunidad a Jacob, no debía tener más de veintiún años, pero no tengo mal instinto, estoy seguro que podía ser un aditivo al bar, con su tamaño un guardia sería bueno.

Las personas comenzaron a entrar al bar y la vida comenzó. A veces me paseaba por las mesas para ver si todo estaba bien, había traído un libro para sugerencias y reclamos para ver en que debíamos mejorar, así es que el que quería podía descargarse en ese libro.

Por fin todo había terminado. Los empleados ya se habían ido y los guardias estaban haciendo el chequeo para ver que todo estaba bien, que no quedaba nadie dentro del local.

—Esta todo bien señor Cullen.

—Nos vemos mañana entonces, Toma Jacob aquí tienes tu adelanto

—Gracias, hasta mañana

No tenía deseos de ir a mi departamento, quería tomar algo, encontrar un bar que estuviera abierto a esta hora sería toda una aventura. Caminé varias cuadras hasta que encontré algo abierto, era un lugar clandestino, pero me llamó la atención la chica que estaba sentada en la vereda bebiendo de la botella.

Me acerqué a ella, parece que está mal... está llorando, nunca sabía qué hacer cuando las mujeres lloraban; nunca aprendí a consolarlas a pesar de que tengo una hermana y una madre. Pero siempre hay una razón distinta para llorar. Así es que compré una botella de lo que ella está bebiendo y tomé asiento a su lado.

—No sabes que decir? —me habló, pero sin mirarme

—No. Nunca he sido bueno consolando, pero dicen que soy una buena compañía—. Le di una de mis mejores sonrisas de lado, que dejaba a las mujeres a mis pies palabras de Alice no mías

—¿Cómo te llamas? —me preguntó mirándome y enarcando una perfecta ceja

—Edward y tú?

—Isabella

—Un gusto en conocerte, así sea en estas circunstancias—. Me quedé mirándola. Era una chica bastante bonita, con cabello negro como la noche, ojos cafés como el chocolate y sus labios rojos como la cereza.

Nuevamente el silencio llegó a nosotros, cosa que agradecí, di un trago largo de mi botella, nunca antes había bebido así, pero, ¿de qué me había servido ser bueno?

—Mi ex novio me engaño con mi mejor amiga, éramos casi hermanas, no sé qué me duele más si la traición de ella o la de mi ex novio.

—Ambas duelen por igual. Pero con el tiempo lo superaras y los dejaras ir—me tomé otro trago de mi licor

—Eres una mierda consolando y dando consejos—me dijo con una media sonrisa, aunque todavía llorando

—Lo siento—era un tonto lo sabía, era malísimo dando consuelo

—No tienes de que disculparte, ahora me iré.

Se comenzó a levantar, pero era imposible a cada dos pasos se volvía a caer, la ayudé a ponerse de pie, la coloqué firme, pero se balanceaba en cualquier momento y se caía de espaldas.

—¿Dónde vives? —le pregunté mientras la sostenía de la cintura para que no cayera al piso

—No me acuerdo, ja,ja,ja,ja—se comenzó a reír, era mejor que verla llorar, tenía un pequeño ataque de amnesia, pero tampoco la podía dejar aquí.

—Te molesta si te llevo a mi departamento

—Vamos galán—. Me dijo y medio una nalgada

Estaba en shock, esta chica era demasiado divertida cuando tomaba, me preguntaba cómo sería sobria, tal vez no era tan divertida. Pero seguro mañana lo averiguaría.

Guardé mi botella en mi bolso, y a ella la cargué en mi espalda y comencé la caminata a mi departamento, mientras ella seguía diciendo estupideces y bebiendo de la botella.

—Arre, Arre caballito

Se movía hacia adelante frotando su cuerpo con el mío, me la imaginé cabalgándome, debía ser toda una diosa, despejaba mi mente esos pensamientos que me tenían bastante excitado.

Al llegar a mi departamento la dejé en el suelo y ella se quedó sentada junto a la puerta, se había quedado dormida. La primera vez que traía a una chica a mi departamento y esta se quedaba dormida. Fantástico.

Esta vez la tomé bien en mis brazos, se sentía que pertenecía a ellos. Con una patada cerré la puerta, fui directo a mi cuarto y la acosté ahí, saqué sus zapatos tenía pies hermosos solo pensarlos hizo crecer mi erección, ¿qué pasaba conmigo? yo no era así.

La cubrí con las mantas y salí de la habitación antes de cometer alguna locura. Me preparé un bocadillo y me fui al otro cuarto. Comí y luego seguí bebiendo de la botella hasta quedar inconsciente.

No sabía qué hora era, pero seguro ya no era de mañana, eso agradecía de mi trabajo que no tenía que levantarme temprano. Me levanté, tenía una sed tremenda y mi boca debía oler a rayos. Fui directo al baño a cepillarme los dientes y a orinar creo que mi vejiga se estaba haciendo presente.

Hice un poco de higiene en mi cuerpo y fui a la cocina para preparar el desayuno. Algo me decía que no estaba solo en la casa y los recuerdos de la noche anterior llegaron a mí, pero no quise ir a comprobar, porque recordé como me hizo sentir y me acobardé.

Mientras preparaba el desayuno para dos, ella salía de mi habitación estaba hermosa, aunque algo desordenada. Me miró con vergüenza.

—¿Paso algo entre nosotros? _ pregunto ella

—Nada, tranquila ¿quieres desayunar conmigo?

—Está bien—lo dijo en medio de un bostezo.

Hice huevos con tocino, y una rica taza de café para levantar muertos porque ella y yo estábamos como zombies.

—Normalmente no soy así—lo dijo con nerviosismo

—Todos tenemos un mal día, no te juzgo

Ambos nos quedamos mirando. Alguien tocaba la puerta de mi departamento, y solo podía ser alguien de mi familia.

—Tu novia—no preguntó, lo afirmó

—No tengo novia, dame un segundo—lo dije saliendo de la cocina

Caminé para ver quién era, por el ojo mágico ahí estaba mi madre en gloria y majestad.

—Es mi madre, ve al cuarto espérame ahí hasta que se vaya

La vi marcharse mientras me perdía en su dulce caminar, entró en mi habitación. Si la situación fuera otra, seguro sería muy divertido cuando mandara a casa a mi madre.

Prepararme para ver a mi madre después de seis meses, debía tenerme feliz, pero no era así estaba angustiado. Con un suspiro fui a abrir y a enfrentarme a ella. A penas la abrí ella entró sin pedir permiso simplemente pasó. Y después de eso me abrazó…

—Ohh Edward, te he extrañado tanto

—Sí. Claro Mamá—lo dije con sarcasmo

—No me crees? te he estado esperando en casa y...—la interrumpí

—Te olvidas que me corriste de casa ¿Por qué volvería?

—Es tu casa Edward, fue lo mejor, necesitaba protegerte, las cosas no están bien allí.

—Espérame vamos a un lugar por café

Caminé a mi habitación donde me esperaba la mujer de mis sueños, pero ella no sabía eso. Abrí la puerta y con mis manos hice un gesto para que no hiciera ruido. Cerré la puerta y coloqué seguro.

—Daté vuelta—le dije

—¿Por qué? —me preguntó mordiéndose el labio inferior

—Me cambiaré de ropa—le dije quitándome la ropa

—Ohh—fue lo único que dijo

Su cuerpo giró en mi cama, se me hacía tan apetecible, por unos segundos pensé como sería fundirme en ella.

Me vestí rápido tenía a mi madre esperando, y estar excitado no ayudaba mucho, no entendía porque una desconocida despertaba esto en mí.

—Saldré con mi madre, quédate como en tu casa

—Está bien...pero me iré en unos minutos mas

—Nos vemos en otra noche de borrachera Isabella—. Le dije despidiéndome de ella, contaba para que esta noche la volviera a ver.

Me fui de mi casa, llevé a mi mamá a un café cercano, con la resaca que tenía podía tomar hasta diez tazas y aun así no estaría bien. Nos sentamos mientras pedimos un capuchino.

—¿Qué está pasando mamá? —le dije sin más rodeos

—Tu hermano mayor está en la casa, regresó y no te quiero junto a él.

—¿Reggie está de regreso? —asintió

—Eres mi bebé Edward, no te pondré en peligro de nuevo, Emmet, se fue a vivir a la casa con Emmerson, el niño aun no supera todo lo que paso esta rebelde, Alice y Jasper tienen problemas, tu hermana no quiere otro bebé por el momento. No quiero que vivas eso Edward, por eso compré ese departamento para ti.

—¿No podías mandar a Emmet con Emmerson a ese departamento?

—No seas egoísta, Emmet nos necesita para cuidar de Emmerson

—Claro y yo no los necesito. Así es que mejor dejamos fuera al hijo soltero.

—No queremos problemas Edward, tu hermano esta de novio y ella vive en casa también

—Hasta extraños son más bienvenidos que yo

—No digas tonterías, puedes ir a casa las veces que quieras, solamente no puedes vivir ahí. Por seguridad de los niños y conflictos con tu hermano

—Yo no abusé de Emmerson, no soy peligroso para ningún niño

—Tu padre no quiere correr riesgos. Entiende por favor es lo mejor

—Me voy, pero recuerda quien estuvo contigo cuando nadie más quiso estarlo

—Edward, cariño...—No la dejé terminar la frase y salí de ahí.

Pero eso había roto todo, siempre privilegiando el mundo entero, siempre Emmet cuando era un bueno para nada, siempre causando problemas, seguro si hubiese sido como Emmet me hubiera amado mucho más.

No me preocupé más ni siquiera de pagar la cuenta, que ella se encargara de eso. Cuando llegué a mi departamento Isabella ya no se encontraba.

Caminé a mi habitación y me lancé a la cama aún tenía el olor de ella, a fresa y un toque dulzón, esperaba volver a verla por ahí. Isabella su nombre suena bonito en mi boca.

Me preparé para volver al trabajo, este día era el mejor de todos, porque siempre el local estaba lleno, era demasiado divertido. Hablé con el personal para que estuvieran atentos a todo lo que pudiera pasar. Jacob, Sam y Jared a cargo de la seguridad del local, todos los demás tenían claras sus funciones, pedí un Wiski y fui a mi oficina.

Miraba las cámaras cuando vi a Isabella en la barra, me levanté en dirección a ella, ¿Qué hacía aquí? bueno no había que ser un genio para saber qué hacía... ahogar las penas. Estaba observándola desde la distancia, se veía hermosa con esos jeans ajustados, una blusa escotada y botas de tacón altas. El personal la trataba como si fuera la dueña del local, se desvivían en atenderla. Me acerqué

—Hola, Isabella—la saludé con un beso en la mejilla

—Hola Edward, ¿Qué haces aquí? ella también me dio un beso

—Trabajo aquí y, ¿tú? me imagino... ¿ahogando las penas? —ella negó con su cabeza

—¿Cuál es tu función en este lugar? —me preguntó entre cerrando los ojos

—Lo administro

—Vaya. Y yo que venía hablar contigo

—Vamos a mi oficina, Miriam llévanos dos Cosmopolitan

No sabía que pasaba conmigo, ella era mi energía, tan preciosa y hermosa como la deseaba, pero un caballero, ante todo.

Abrí la puerta de la oficina siempre la usaba con llave cuando no estaba en ella.

—Toma asiento. ¿querías hablar conmigo?

—No sabes ¿Quién soy cierto?

—Isabella, ¿no es así como te llamas?

—ja,ja,ja si, me llamo así, pero soy más que eso, soy tu jefa—La quedé mirando impactado por eso, ella era la hija del jefe Swan, que chico era el mundo.

—¡Eres hija de Charlie Swan!—lo dije más como afirmación que como pregunta

—La misma, vine hacerte una visita de negocios. Claro que, no esperaba encontrarte aquí, a mi salvador.

—No soy tu salvador—me senté frente a ella y con un ademan la invité a sentarse

—Claro que lo eres, no me quiero imaginar como hubiera terminado si no me hubieses llevado a tu departamento.

Solo pensarlo se me revolvía el estómago, no sabía porque ella despertaba esos sentimientos; si solo la conocía hace unas horas atrás. Verla en peligro me hacía correr a abrazarla, pero me contuve.

—Bien Edward, mi padre me hablo de tu situación y al igual que él confiaré en ti para que te hagas cargo de este lugar—. Asentí, ella continuo—bien, todos los meses se te depositara una cantidad de dinero de la cual tienes que sacar para pagar a los trabajadores y abastecer el lugar. Todo el dinero que ganes se depositará en la cuenta que te pasó mi padre, solo puedes quedarte con lo que queda en caja.

—Si, tu padre me hablo de eso

—Lo sé, pero quiero que queden claras las cosas con mi método de trabajo, lo que tú hagas con el local es cosa tuya, fiestas, eventos, no tienes que rendir cuentas de eso, solo del dinero. Si quieres hacer reparaciones o nuevas instalaciones mandas el presupuesto y mis contadores verán si es factible.

—Entiendo. Ahora hablemos de temas más entretenidos; ¿tienes algo que hacer más tarde?

—No

—Te invito a salir a un bar

—acepto, paso por ti a las dos, ahora me tengo que ir

—Te acompaño—. La llevé hasta la puerta del bar y allí nos despedimos con un beso en la mejilla, esto se estaba volviendo en una hermosa costumbre.

Tal cual lo dijo Bella, a las dos en punto estaba en el bar, miro a Jacob con desconfianza, pero no dijo nada. Me subí a su carro y nos fuimos a un lugar. Conocía varios lugares donde ir, pero quería que ella eligiera.

—Este es el lugar Edward—yo hice una mueca y ella lo interpreto mal— ¿no te gusta? podemos ir a otro lugar

—Tranquila es perfecto vamos a buscar algo de tomar.

—Espera—me dijo mientras yo salía del auto, ella hablaba con su chofer; al parecer él se iba nos quedaríamos solos los dos. La idea era bastante tentadora y me gustaba quedarme con ella. No sabía si estaba rompiendo algún código al salir con la jefa, pero no me importaba en lo más mínimo, con solo ver esa sonrisa.

—A tu disposición—me dijo mostrando esa hermosa sonrisa que se estaba convirtiendo en mi favorita.

—Vamos a buscar una mesa en este mar de gente—realmente el lugar estaba lleno de muchas personas y a esta hora había varias ya subidos de alcohol.

Buscamos una mesa alejada de todo el bullicio de la noche, pedimos unos Cosmopolitan y algo para comer; hace bastante no comía y lo necesitaba.

—¿Qué edad tienes Edward? —me preguntó después de que nos tomamos el primer trago

—veintiséis? —me salió más a pregunta que a certeza

—¿No quieres saber mi edad? —no solo su edad, quería saber todo de ella

—Me han dicho que a una mujer no se le pregunta eso.

—Chico listo, soy mayor que tú, tengo treinta

—Pareces más joven, bueno... no queriendo... decir con esto que eres vieja—se me subieron todos los colores a la cara, sentía mucha vergüenza

—No te avergüences Edward, me alagas.

—¿cuál es tu color favorito? —en serio pregunté eso

—Me encanta el lila y a ti... ¿Cuál te gusta?

—Ahora me gusta el café, mañana veremos—me quedé mirando esos hermosos ojos cafés.

Ella y yo estuvimos bebiendo, hasta que me armé de valor y la invité a bailar, fuimos juntos a la pista de baile donde por una extraña razón no había nadie bailando, la pista era solo nuestra y la disfrutamos; como no había gente bailando el DJ nos colocó un lento. Lo miré y levanté mi copa en forma de agradecimiento.

La tomé de la cintura y la atraje a mí. Ella era perfecta, se acoplaba a mi cuerpo como un rompecabezas que se unía a mí. Nos fuimos moviendo lentamente disfrutando de nosotros, acomodé su cabello detrás de la oreja, la tenía hermosa y cálida, tuve el impulso de meterla a la boca.

—¿Puedo? — pregunté, no tenía la confianza de tomar mi deseo

Ella solo se acercó a mi estaba vulnerable no me aprovecharía de ella, pero tampoco me contendría y bese su oreja como lo ansiaba.

Tembló en mis brazos, pero no la solté. La tenía firme. Mientras ella estuviera junto a mí no la dejaría caer nunca, ella se había convertido en mi orejita.

—Eso fue raro—tenía un bello sonrojo

—Tienes la orejita más hermosa que haya visto, solo quería besarla.

Se acostó en mi pecho y la llevé por toda la pista mientras lloraba, y sus lágrimas mojaban mi camisa, pero no importaba; la dejé sacar todo el dolor que tenía dentro y aunque se me partiera el corazón, recogería las migajas que ella quisiera darme esta noche.

Pero mi lado masoquista no la quería deja ir. Mi "orejitas", como podría... sí desde que la vi no pude dejar de sacarla de mis pensamientos. Nunca antes había querido ni deseado tanto como a ella a "Isabella"

—Perdóname, no sé qué me pasa—me dijo levantando la cabeza de mi pecho para mirarme con los ojos rojos de tanto llorar.

—Tranquila, estas pasando por un mal momento, aquí estoy y puedes llorar todo lo que quieras—hablaba sobre el sonido de la música, entregaba palabras de consuelo en su oído, pero ella las escuchaba perfectamente bien. Yo me había convertido en su consuelo.

Entre hipidos la saqué de la pista y la llevé a la mesa y pagué la cuenta. Tal como la otra vez me la puse en la espalda y caminé con ella por varias cuadras; me había apodado "caballito" y otros apodos más, mientras avanzábamos a un no me decidía a donde ir.

Llegamos a mi departamento, al parecer ese se había vuelto nuestro lugar de encuentro. La bajé, pero esta vez ella no estaba borracha solamente dolida, esperaba que me contara lo que paso con su novio o ex novio no sé muy bien.

—¿quieres un café? —pregunté rompiendo el silencio que había entre los dos.

—Sí, uno bien cargado por favor

—EL mejor café—lo dije de forma engreída

Ella se fue a sentar junto a la mesa del mostrador de la cocina y me miraba como preparaba el café, mientras el agua se calentaba. Ella comenzó a decir:

—Peter era mi mejor amigo, mi novio, mi amante, mi todo...— lo decía en forma atropellada

Le quedé mirando para que siguiera contándome más, quería saberlo todo.

—Nos conocimos de toda la vida, mis padres se separaron desde que yo prácticamente tenía un año, eran jóvenes. Me fui a vivir a Francia con mi madre y ahí lo conocí en el jardín de niños, siempre juntos —. Lo decía volviendo a llorar, le pasé unas toallas de papel para que se las limpiara y continuó con su relato

—Por eso no entiendo ¿cómo me pudo hacer eso? si no me amaba más ¿por qué no me lo dijo? ¿Por qué meterse con mi mejor amiga? Habiendo tantas mujeres en el mundo.

—Algunas personas no saben porque hacen las cosas... solo ocurren. Mírame a mí, me acusaron de un crimen horroroso, solo porque no me quise acostar con una mujer, arruinó mi vida, yo estaba en la gloria lo tenía todo.

—Edward, siento mucho por todo lo que has tenido que pasar, hay tantas heridas abiertas.

—Pero se pueden cerrar, hay que dejarlas sangrar un rato, para luego coserlas y dejarlas sanar, todo al final saldrá bien—. Lo dije con una media sonrisa

—Me gusta... eres optimista—lo dijo devolviéndome la sonrisa, aunque no le llegaba a los ojos—. Ya es tarde, llamaré un taxi—NO, quise gritar

—Si quieres te puedes quedar, aún tengo una habitación disponible—. Por dentro le suplicaba que se quedara.

Me miró dudosa, suspiró y asintió, no quería que se fuera, no me gustaba estar solo, nunca lo había estado; ni cuando estuve en prisión, hasta allí había gente a mi alrededor, este departamento me deprimía.

—¿Quieres música? —pregunté

—Si. Sorpréndeme—me encantó como le brillaron los ojos

La parte buena era que habían traído mis discos de casa, ahí estaba Michael Buble, Era suave, melodioso y perfecto para esta noche. Claro que la primera canción era algo vergonzosa "feeling Good".

—Intentas seducirme—, soltó una carcajada—¿me vas a bailar?

Y eso hice, si con eso la iba a hacer reír y olvidar a ese Peter, pues ninguna vergüenza lo iba a impedir, movía mis caderas, cuando era pequeño estuve en clases de baile con Alice, así es que me sabia menear.

—Una caja de sorpresas—lo dijo uniéndose a mí.

Continuara...