Nota: Este capítulo fue corregido por Adriana Molina, espero sus comentarios.
Capítulo 2 Terminando con un amor
Bella
Había pasado toda la noche con Edward, hasta la madrugada después de haber bailado y bebido. Cada uno se fue a su habitación. En un momento pensé que me seduciría, pero no. Era todo un caballero cada cual para su cuarto.
Cuando desperté él estaba preparando el desayuno, igual que la vez pasada. Podría acostúmbrame a ser atendida por Edward.
—Uno podría acostumbrarse a esto—lo dije mirándolo con picardía.
—Ven, ahora tengo pasteles sé que te gustarán—él siempre era demasiado atento, se estaba ganando mi atención.
—Son mi adoración—respondí, mirando con lujuria esos pasteles.
Corrí a sentarme como si fuera una niña chiquita y él me sonrió, con esa sonrisa preciosa que tenía. Me sirvió dos tostadas con palta, un trozo de pastel de chocolate y una taza de café cargado.
—¿Qué piensas hacer hoy? —pregunté a Edward para entablar una conversación.
—iré a descansar un poco más, cuando me levante iré a pasear por Manhattan—me lo dijo en medio de un bostezo.
—¿Y tú, Bella? —él me preguntó tomándome la mano.
—No tengo tanta suerte como tú, Tengo ir a preparar una maleta me voy a ver unas locaciones en Alaska. El lunes tengo mucho que hacer—dije con pesar porque realmente me quería quedar con él.
—Es una lástima, pensé que podrías acompañarme a almorzar—se veía en el rostro lo desilusionado que estaba.
Lo quedé mirando por un momento, él era muy atractivo y relajado, no tenía las marcas en la frente de las personas que tienen mal carácter. Como papá y Peter, ellos tienen las líneas muy marcadas en la frente.
—Me gustaría... ¿qué tal si nos juntamos en algún restaurante? —quería estar más rato con él.
—Me parece perfecto—Sonrió, una sonrisa sincera; por ver esa sonrisa en esos ojos tristes aceptaría sus invitaciones siempre, que pasaba conmigo se supone que debería estar sufriendo, pero desde anoche solo existen las sonrisas de Edward.
Después de esa invitación comimos en silencio cada cual, en sus propios pensamientos, no me gustaba y al mismo tiempo si, pasar tiempo con este chico que lo conocía de nada, pero prácticamente estaba viviendo en su departamento dos días seguidos.
—Gracias por todo Edward, me iré a cambiar para irme, tengo muchas cosas que hacer—estaba confundida era mejor que me fuera
—Si quieres puedes darte un baño—. Él me ofreció amablemente.
—No traje ropa de cambio.
—Puedes ponerte algo mío, en el primer cajón hay ropa interior.
Estaba segura que mis mejillas estaban rojas por el ofrecimiento, usar sus calzoncillos era tan íntimo y me sentía importante para que el quisiera compartirlos conmigo.
Con el siempre andaba corriendo no sabía porque, pero me daba el impulso para hacer eso y acepté la invitación de darme un baño, era relajante y mientras lo hacía pensaba en el extraño chico del departamento treinta y dos.
Busco entre sus bóxeres algo para colocarme que fuera cómodo, me sentía curiosa por ver su ropa interior—si era una pervertida.
Pero había demorado demasiado.
—¿Está todo bien ahí? —Me preguntó detrás de la puerta de su habitación, me lo imaginé sonriendo
—Sii—Chillé—Ya salgó—. Cuando salí lo encontré recostado en la pared, con una taza de café caliente, cosa que agradecí porque tenía un poco de frio.
Me despedí de él, esta sería mi última noche en su departamento.
Estoy pensando seriamente irme a vivir sola, pero por mi padre no puedo, el último tiempo que me queda con él, quiero vivirlo plenamente.
—¿Tienes todo listo para tu viaje? —mi padre me preguntó desde la puerta de mi habitación
—En eso estoy papá, revisando si me falta algo—era una maniática del orden revisaba muchas veces si tenía todo
—¿Qué quieres de almorzar? —me preguntó mi padre para decirle a la cocinera
—¡Ah! eso... me invitaron a almorzar—respondí a la rápida
—¿¡Peter!? —seguro se estaba enojando
—No, no es él, es un amigo. Lo de Peter, eso terminó papá—era cierto jamás volvería con él.
Me quedó mirando con una especie de lastima, él sabía lo que Peter significaba para mí, mi todo, pero ya no más. Él había decido por alguien más. Maldita Tanya Denali, se llevó a mi Peter.
—Ya tengo todo listo papá. Ahora esperar hasta mañana para ir a Alaska.
—Cuídate tesoro—me abrazó y me dio un beso en la mejilla.
—Si. No dejaré que me lastime—le devolví el abrazo.
La familia Denali, vivía en Alaska, yo no iría donde ellos, pero existían altas probabilidades que se me cruzaran en mi camino. Pero yo era Isabella Swan una CEO no dejaría que me destruyeran.
Estaba saliendo, cuando me cruce con Jacob quien hizo una pequeña inclinación con la cabeza, era su manera de saludo. Fue a la cocina a que lo alimentaran, venía algunas veces a ver a su madre; Sus hermanos no lo soportaban ni siquiera papá.
Él fue un adolescente terrible y se ganó el desprecio de los integrantes de la familia, nadie en realidad conoció a Jacob. Perdió a su padre en un accidente automovilístico, donde él estaba implicado, él se salvó, pero su padre murió. Se volvió malhumorado. Verlo trabajar en el bar fue una sorpresa absoluta ya que ni siquiera quiso seguir estudiando.
Marqué el número de teléfono de Edward para saber dónde nos encontraríamos. Eligió un restaurante de comida italiana. Cuando llegué él ya estaba ahí era tan caballero, con Peter siempre tenía que esperar unos minutos para que llegara él no era el rey de la puntualidad.
—Hola, Edward—. Lo saludé como si no lo hubiese visto en la mañana.
—Hola Bella. Acompáñame—. Me sonrió tan lindo que surge un nuevo apodo, "sonrisitas" podría llamarlo de miles maneras diferentes, y no me cansaría, pero él no tiene que saber eso.
Edward viste casual con una camisa blanca con líneas celestes, y unos pantalones negros de tela. Cuando llegó la camarera a tomar nuestro pedido, se lo quedó mirando y algo en mi vientre se calentó.
—Quiero ravioli al pesto—pedí sin mirar a la camarera
—Lo mismo que la señorita, ¿vienes manejando? — preguntó levantando la vista hacia mí
—No.
—Y una botella de vino—ofreció la señorita sin despegar la vista de Edward
—¿te gusta el vino? —el me preguntó, estaba atento siempre a lo que quería
—Si a veces me gusta tomar vino.
La camarera vino y nos sirvió, mientras esperábamos nuestro pedido.
—¿por cuantos días te vas?
—Tres días... y espero no demorar más, no quiero ir, pero hay negocios que atender.
—Espero que todo salga bien entonces y regreses luego—me dio una pequeña sonrisa. Ya en eso llegó nuestro pedido. Charlamos de todo y nada a la vez.
Nuestro tiempo había acabado. él esperó a que me montara en un taxi, para luego, me imagino tomar el suyo. No lo vería en unos días y se hacia extraño depender de alguien que conoces desde hace tan poco tiempo.
El día había llegado y estaba en un avión rumbo a Alaska, el clima era intrépido y estaba segura que me encontraría con la nieve no había cosa en el mundo a parte de Tanya que odiara más que la nieve. Era estar mojada todo el tiempo y suspiré con frustración.
En la pista me estaban esperando mi asistente que había llegado antes para hacer el trabajo logístico, Aro, siempre estaba por delante de todo.
—Señorita Swan, ¿Cómo estuvo su viaje?
—Muy bien Aro. ¿Todo bien por aquí?
—Si. Las reservas están listas, las reuniones sin contratiempos—. Revisaba su libreta para corroborar que estuviera bien
—Vamos a la empresa entonces—ordené a Aro
—Si señorita—respondió con respeto
Pasé mi bolso a Aro y caminé adelante haciendo sonar mis zapatos de tacón para que todos notaran mi presencia. Tenía un poco de vanidad y arrogancia no la podía ocultar era parte de mí, y una de las cosas que me hacía verme y sentirme bien, era que me miraran.
A las a fueras me esperaba una limosina alquilada por Aro, nos subimos y partimos a las empresas Swan de Alaska.
Estuve escuchando toda la mañana ideas absurdas de cómo podía votar a la basura la fortuna Swan, antes de venir había hecho averiguaciones sobre costos de los materiales más bien Aro, pero era lo mismo. Estamos planeando construir un edificio departamental y los costos están demasiados inflados.
—¿Quién hizo este presupuesto? —quería saber quién nos quería estafar
—Peter Odom
Lo había intuido, que él había hecho esto, no me había convencido para nada, en otros tiempos hubiera confiado ciegamente en Peter, pero esta vez no. Saqué del maletín el informe de Aro y se lo entregué al arquitecto.
—quiero un nuevo presupuesto con esos materiales. Son más económicos, pero al mismo tiempo de calidad, esto es votar el dinero.
—Sí. Como usted mande
—Me los mandarás a mi correo, Realizaré una video llamada para ver si está bien y comenzar con los trabajos.
—Si señorita Swan
—Me retiro, esperó su correo a más tardar el viernes
—Lo tendrá antes.
Nuevamente tenía a Aro pisándome los talones y anotando todo en su libreta, me gustaba su manera de trabajar.
—Aro ¿Qué más hay para hoy?
—Solamente a la noche tiene una cena con la familia Parkinson, después de eso está libre, hasta mañana a las once otra reunión con los de la termoeléctrica.
—Entonces iré al hotel a almorzar y luego dormiré un rato estoy agotada.
—Si señorita Swan—inclinó la cabeza a modo de despedida.
Llegando al hotel me registré. Mi habitación era perfecta, tenía todo lo que me gustaba, pedí servicio a la habitación no quería estar en medio de un restaurante sola, en otros tiempos estaría con Peter. Sonriendo y pasándola bien.
Pero eran otros tiempos. Yo tenía que levantarme y ser fuerte... era una Swan, tenía todo lo que quería al menos en el plano material, porque en el sentimental evidentemente habita fallado.
Después de haber almorzado en mi habitación hice lo que tenía planeado dormir. El viaje y las reuniones me tenían agotada. No sabía a qué hora me desperté, pero recibí una llamada de Aro, diciendo que me esperaban en el restaurante.
Me duché y me arreglé lo mejor que pude en tiempo récord ya que estaba sobre la hora.
La cena con los Parkinson estaba cargada de tensión, estaban firmando un contrato donde los Swan tomaban posesión de su empresa. En otras palabras, los Parkinson estaban en quiebra y estaban finiquitando su empresa y mi familia la estaba comprando. Los entendía, comprendí el dolor de lo que vivían. Por eso era generosa con la propuesta para que pudieran comenzar de nuevo.
—¿Está de acuerdo con el trato señor Parkinson?
—Si. Muchas gracias—él volteo la cabeza para que no me diera cuenta que de sus ojos salieran lágrimas, fue tarde porque yo lo vi.
El hombre estaba resignado a la pérdida de su empresa, era desde hace muchas generaciones como los Swan, pero de los malos manejos nadie se libra. fue por confiar en personas inescrupulosas, como yo había confiado en Peter y justo hoy había tomado mi decisión de dar la espalda y seguir mi instinto.
—Si quiere puede trabajar con las empresas...—me interrumpió
—Lo tendré en cuenta señorita Swan—se levantó de la silla y estrechamos las manos para despedirnos.
Al partir me quede sola con Aro, tenía deseos de salir esta noche. Me despedí de mi asistente y subí a mi habitación para arreglarme. Fui a un bar a beber, sabía que estaba haciendo mal, Edward no estaba ahí para salvarme de alguna estupidez. Porque mierda no pedí que me acompañara... de cierto modo trabaja para mí.
Entre al bar y comencé a beber tequila, aceptaba invitaciones para bailar, algo me decía que esta noche no iba a terminar bien; Porque ahí estaba Peter que se acercaba a mi mesa.
—hola Bella, ¿Qué haces? —me miraba con cierta diversión
—juego al trompo—tomé un trago de tequila con limón y sal y lo ignoré, pero al parecer no tenía intenciones de irse. Se sentó en la mesa.
—Rechazaste el presupuesto que mande—lo dijo de manera cortante.
—Era demasiado costoso, yo tenía materiales con precio menos elevado.
—Eran los mejores materiales del mercado y...—lo interrumpí
—No siempre lo más caro es lo mejor, además el dinero es mío y yo veo que es factible para pagar—. Lo dije de manera monótona
—Es cierto, el dinero es tuyo. Tráigame un vaso y otra botella— le dijo al camarero.
Estuvimos los dos riendo y conversando como los viejos amigos que éramos sin sombras ni mentiras, era como siempre tenía que haber sido.
—Bella, estás borracha—me decía mientras me cogía de la cintura para que no cayera al piso—Te llevaré a mi departamento está a unas cuadras—me invitó.
No dije que si, pero tampoco dije que no, porque la verdad ya no era responsable de mi cuerpo ni de mis acciones... estaba muy, pero, muy ebria.
Me llevó en un taxi no como Edward que me cargaba en su espalda y caminaba conmigo cuadras y cuadras.
—Eres hermosa Bella, mi Bella—me lo decía mirándome a los ojos
Cuando llegamos a su departamento me beso y me sentía tan bien en sus brazos. La sombra de Tanya esa noche no apareció, me rendí en sus brazos, me hizo suya y él fue mío por esa noche... mi Peter.
No fue romántico, ni delicado fue salvaje y furioso y demasiado fuerte, no se... una parte no quería que fuera así, pero me dejé llevar. El amor y el alcohol hicieron su trabajo bastante bien esta noche.
Ya era de día, la luz daba en mi cara y comencé a reaccionar, no sabía lo que había hecho, estaba desnuda en la cama de Peter y el también desnudo.
Oh no
Él también se incorporó viendo lo que había pasado, en un momento pensé que me diría que volviéramos, que me amaba, pero no fue así, su mirada se volvió furiosa como si yo tuviera la culpa de lo que paso esta noche.
—Tanya, oh dios ¿¡Qué hice!? Tú tienes la culpa de esto—se tapaba la cara con las manos
—Yo. Tú te sentaste en mi mesa, tú me trajiste a tu departamento, tú me besaste. Podrías haber pagado un taxi y que me trajera al hotel. Esto es tu culpa y sin mencionar que estaba borracha, esto podría considerarse como violación.
—Lo querías más que yo—lo dijo en forma de reproche.
Para ese entonces estaba ya completamente vestida, solo faltaban los zapatos. No iba a llorar no en frente de él, no me vería llorar por un desgraciado.
—Tanya no debe enterarse de esto—esta vez me miraba con suplica
—No te preocupes no diré nada esto nunca pasó—lo dije con retintín.
—ella está embarazada.
¿Cómo podía hacer esto, hacer eso a la mujer que llevaría su bebé? era un traidor, cuantas veces me habrá engañado. ¿Con quién?
—¿Con cuantas mujeres me engañaste? —pregunté furiosa y desilusionada
Su rostro se volvió pálido, así es que había dado en el clavo; no solo fue Tanya, había más mucho más y quería saber.
—Bella ¿para qué quieres saber? —estaba bastante nervioso y asustado
—Porque quiero terminar contigo de una vez por todas—era cierto quería todas las desilusiones que pudiera tener.
—Bella— me miraba suplicante
—¿cuantas? Dime...—lo miraba con reproche
—Cinco
Con cinco mujeres a lo largo de cinco años ¿cómo pude ser tan ilusa? En confiar de esa manera en Peter.
—¿Por cuánto tiempo?—realmente estaba furiosa, lo quería golpear.
—Ninguna tuvo importancia, fue el tiempo que estuvimos separados Bella, perdóname
—Nunca, quiero tu renuncia para hoy, ya no necesitamos tus servicios.
—Bella no puedes… voy a ser padre—se arrodilló y su mirada era de súplica.
—Y eso a mí que me importa, para hoy—lo dije cortante.
Él aún estaba desnudo y yo salí por esa puerta para no volver nunca más, estaba destruida, pero aún no me derrumbaría, tenía trabajo que hacer.
Fui a la habitación del hotel a cambiarme de ropa, a ducharme y a prepararme, no tenía que ser en ese orden obviamente.
Estaba lista para ir hablar con los de la termoeléctrica, aún no entendía como mi padre tenía tantas empresas diferentes y en todas partes, generaban grandes ganancias, pero era demasiado agotador.
Ya reunidos en la gran mesa con los ingenieros y colaboradores...
—Hicieron el estudio medio ambiental no queremos tener problemas con eso—dije mirándolos
—esta hecho y aprobado por el gobierno—respondió uno de ellos
—Bien, porque en cuanto salga a la luz este proyecto los ambientalistas y defensores de la naturaleza empezaran con la típica campaña no a la termoeléctrica—. Estaba segura de eso había que empezar con eso rápido.
—Estaremos preparados para eso—me respondió uno de ellos como si eso se pudiera evitar.
—Todos los informes se lo harán llegar a Aro y luego me comunicaré con algunos de ustedes y haremos video llamada no puedo viajar seguido—esta vez dije
—Si, en eso quedamos entonces...—dijo uno de ellos
—Hasta luego señorita Swan—ambos se despidieron y la reunión quedó terminada.
Ya estaba todo terminado me dirigí al aeropuerto, mi maleta estaba en la limosina no quería volver a Alaska en lo que me quedaba de vida. Estaba rota, herida y no sabía cómo me sentía en estos momentos, pero no estaba bien.
—Aro, Peter va a renunciar y si no es así despídelo, sin carta de recomendación sin nada y que pague lo que tenga que pagar.
—Si señorita—me miró con el ceño fruncido, pero no dijo nada.
Nos fuimos de regreso a casa, me fui en la parte de atrás, quería llorar y estar sola, lamer mis heridas, todas y cada una de ellas, había sido tan ingenua.
Varias horas de viaje y ya era de noche, estaba siendo despertada por Aro, tenía su maleta en la mano, y bajamos por las escaleras.
—¿La llevo a su casa señorita?
—no, iré a otro lugar.
Nos despedimos, nos veríamos mañana en la empresa. Quería ir a donde Edward, era egoísta, lo sé, pero necesitaba a mi amigo. Cuando llegué lo tuve que esperar, él no salía a un del trabajo eran las doce de la noche. El consuelo que me quedaba era que el día martes el no salía tarde.
Para cuando lo vi estaba entrando con una bolsa en la mano, él estaba solo, no había una chica que lo acompañara, solo estaba mirándome sorprendido, y seguro no me esperaba, pero no importaba era egoísta y lo quería.
Se dio cuenta de que estuve llorando y corrió donde estaba. Me miro abrió la puerta y como siempre me cargo en sus brazos. Fue cuando me derrumbé de verdad y lloré, no era un llanto desgarrador era silencioso, mis lagrimas caían mojando su camisa.
Caminó conmigo al cuarto, me acostó en su cama grande, él se sentó al lado mío mientras me acariciaba dándome palabras de consuelo.
—Hice algo estúpido Edward y duele tanto...
—¿Qué hiciste? —me decía mientras me tomaba de la mano y me acariciaba con su pulgar.
—Me acosté con Peter se aprovechó de mi estado, no es como tú, ¿por qué no puede ser como tú?
Me quedó mirando había decepción en su mirada y no estaba extrañada en lo más mínimo porque yo sentía la misma decepción hacia mí.
—Sabes... me engaño todo el tiempo, todo nuestro noviazgo fui engañada, no me dejes sola Edward te necesito.
Nos quedamos mirando el entendió lo que estaba pidiendo, él no dijo ninguna palabra, pero caminó a su closet y sacó un cobertor se quitó los zapatos, y nos cubrió con eso. Gire mi cuerpo para estar más cerca de él y lo abrazo acurrucándome en su calor. Me abrazo aun cuando no lo merecía.
—Perdóname Edward—lo mire suplicante
—¿Por qué? —un brillo triste apareció en sus ojos verdes.
—No sé...—la verdad ni yo misma lo sabía.
Continuara…
