Nota: Este Capítulo es corregido por Adriana Molina. Disfruten de la historia y espero sus comentarios.
3 Friends Zone
Se quedó dormida en mis brazos, no entendía... ¿En qué me había convertido? ¿Qué era yo para ella? Esas eran algunas preguntas que me hacía mientras la veía dormir. Giré mi cuerpo con cuidado para observarla detenidamente, podía recordar su rostro y ver su lunar en la mejilla y esas pequeñas pecas alrededor de su nariz.
Ay mamá
Ella se giró y me abrazó. Tiene una pierna alrededor de mi cuerpo, me quede quieto iba a ser difícil que pudiera dormir así.
Estaba muy nervioso, mi cuerpo tampoco colaboraba. En mis años nunca había sentido esto, yo nunca he sentido deseos por ninguna mujer. Si, soy virgen y ella está poniendo mi castidad en peligro.
Como pude saqué su pierna y su brazo de mi cuerpo. Necesito alejarme de ella para poder controlarme y no hacer algo estúpido, quería tocarla, aunque sea un poco, me tiene al borde de la locura.
Un caballero, soy un caballero... repetía como un mantra en mi mente, para no tocarla más de lo necesario. Ella vino a mi porque está segura que no me aprovecharía de ella.
La dejé durmiendo en la cama y fui a la cocina a preparar algo de comer, estaba cansado, pero no podía volver a ese cuarto, no así.
Guarde la carne en el congelador, ya no tenía deseos de preparar una cena más constructiva y opte por una sopa instantánea.
Estuve tan cerca de sacarla de mi departamento cuando me contó que se acostó con Peter, sabía que no tenía derecho a ello. No somos nada y por lo que parecía estaba en algo llamado la Friends Zone.
Cuando estuve saciado volví al cuarto, había prometido quedarme a su lado, me puse ropa cómoda, me acosté al lado contrario de ella y giré mi espalda para no quedar expuesto mañana a una situación incómoda.
Estaba por cerrar mis ojos cuando la escuché nombrar el nombre de ese cretino, giré para mirarla, pero estaba durmiendo, aunque de sus ojos salían lágrimas. Me acerqué a ella y la abracé, ella respondió a mi abrazo y se acurruco mucho más en esa posición, y nos quedamos dormidos.
Cuando abrió los ojos ella no estaba en donde tenía que estar se había ido por lo menos no estaba en una situación comprometedora.
Era la una de la tarde cuando me incorporé. Con razón se había ido, era bastante tarde. Yo ya estaba acostumbrado a estos horarios, pero no tenía ganas de cocinar iría a almorzar fuera.
Siempre iba a comer al mismo restaurante desde que me había mudado al departamento, quedaba bastante cerca. Siempre me sentaba en la misma mesa, por alguna razón estaba disponible cuando iba almorzar.
Estaba sentado cuando llegó la chica a preguntar que quería.
—Hola, mi nombre es Angela, estoy para atenderlo
—Hola—le conteste. Su mirada era decepción, al parecer quería que me presentara, siempre venía ella a atenderme, cuando llegaba al restaurante.
—Soy Edward
Creo que me mostro todos sus dientes cuando sonrió y por cortesía devolví esa sonrisa.
—Regreso en seguida
La vi irse a esconder detrás del aparador estaba roja, a lo largo de mi existencia había chicas así, pero esta me parecía adorable.
Estaba decido por una lasaña, pediría una coca cola muy helada y el postre, pensé en Isabella, ¿Qué pasaba conmigo? Nunca había sido descarado. La chica regreso.
—¿tiene su orden lista? _ me miro esperando la respuesta
—Si. Quiero lasaña de carne, una coca cola y un tiramisú
—Anotado, ¿quiere una entrada de verduras cortesía del restaurante?
—No, muchas gracias
—Permiso
me imagino que se fue a dar mi orden al cocinero. Mientras tanto revisaba mi celular, había fotos de mi hermana en Instagram, la extrañaba, había sido una gran amiga, pero me había dejado como todos los demás ni una llamada o un mensaje nada. Dolía mucho.
—Acá esta su pedido—estaba tan concentrado en mis pensamientos, que no me di cuenta de que Angela había llegado.
—Gracias—le respondí con una sonrisa
—Salgo a las seis—me dijo mirándome con coquetería.
Eso me desconcertó, ella estaba nuevamente roja, pero me estaba diciendo la hora de su salida, para que viniera por ella. Estuve tentado a hacerlo, estaba solo.
—Estoy en el trabajo no se si pueda
—si quieres... ya sabes... a qué hora salgo—parecía decepcionada.
Asentí, ¿Qué más podía hacer? Ella se alejó, para dejarme comer tranquilo, la bebida estaba demasiado exquisita, perfecta para mí; todo estaba muy rico. Media hora después salía del restaurante, había dejado una generosa propina para Angela.
No quería ir a mi departamento, así es que empecé a vagar por las calles cercanas a donde trabajaba, hasta que me fije en los afiches publicitarios, en uno de ellos estaba Isabella, haciendo una publicidad a las empresas Swan.
Se veía demasiado hermosa, ella me tenía loco, pero sabía que no era correspondido. Ella tenía en su corazón a alguien. Pero mientras siguiera viniendo a mi, yo estaría para ella.
Llegué a las tres al local, abrí las puertas y me cercioré que estuviera todo bien. Prendí las luces, revisé las cámaras de seguridad y esperé a que llegaran los empleados antes de ir a mi oficina. La primera en llegar era Miriam la chica de la barra como la llamaba.
La dejé a cargo y me retiré a revisar los papeles que me esperaban. Vi por las cámaras como comenzaron a llegar las personas; era poco el flujo de personas. Miré la hora eran las cinco y media de la tarde, podría escaparme un rato, lo necesitaba.
—Miriam—la llamé—voy a salir, cualquier cosa me llamas al celular
—Si Señor
Avisé a Sam, tomé un taxi para el restaurante. Sabía que estaba cometiendo una locura, pero lo necesitaba. Había alcanzado a llegar cuando ella salió, se veía feliz de verme y me contagió con eso. Comenzamos a caminar en silencio, no tenía nada que decir. Ella me hablo.
—Pensé que no vendrías—lo dijo mirándome a los ojos.
—Yo también, pero me di un descanso del trabajo. ¿Dónde quieres ir?
—Vamos a un parque que está cerca
—Bien
Caminamos unas cuadras más y llegamos a un parque había muchos niños jugando, madres y parejas en distintas partes.
—¿hace mucho tiempo que trabajas en el restaurante? —le pregunté
—No. Hace poco trabajo, acomodé los horarios de la universidad
—¿Qué estudias? —le pregunté mientras nos sentábamos en una banca blanca
—psicología y, ¿tú a que te dedicas?
—Soy empresario, pero ahora administro un pub Swan Bar
—Yo he estado ahí con unos amigos. Pero hace rato no vamos
—Cuando quieras está el pub ahí, espera, ya vengo—ella me miró con el ceño fruncido
Compré unos perros calientes, seguro tenía hambre, acababa de salir del trabajo, bueno yo también tenía, comimos en silencio, mirando a las palomas que andaban comiendo semillas que lanzaban los niños.
—No me gustan las palomas—me dice Angela
—¿Por qué?
—Son sucias y siempre buscando comida—lo dijo alzando los hombros.
La quedé mirando, el objetivo de la vida es buscar alimento eso nos mantiene vivos, si los humanos tuvieran que cazar para alimentarse seriamos como las palomas, pero eso es para mi a ella no le digo eso.
Luego de pasear y comer decidimos ir a un local, estaba pendiente de mi celular ya eran las ocho de la noche, pero si hubiera pasado algo, ya me hubieran llamado. Nos tomamos unos tragos cuando mi celular suena. Era un número desconocido.
—Hola Edward, soy Bella—quedé sorprendido, no esperaba que me llamara
—Hola ¿Cómo estás? —mientras contestaba me levanté y le hice una seña a Angela para que me disculpara un momento, a lo que ella asintió
—Bien, ¿Dónde estás? Estoy en el club y me dijeron que habías salido—... no la deje terminar
—Voy para allá nos vemos—corté la llamada
—Me tengo que ir, mi jefa me necesita—le dije mientras llamaba al que nos atendió para pagarle
—Está bien, sabes dónde encontrarme—se notaba un poco decepcionada
—Si. Supongo estarás bien...
—Sí—. Respondió mirando al piso. La acompañé a tomar un taxi. Como dije soy un caballero.
Tomé el siguiente taxi que apareció. Bella me necesitaba y yo no estaba. Me sentía mal por dejar a Angela sola, pero me dijo que estaría bien y eso fue suficiente para correr donde Bella.
Estaba ahí sentada en la barra con un vasito de tequila, ella tenía un problema serio con la bebida, pero no sería yo el que la detendría. Tenía que darse cuenta por sí misma y parar antes de que terminara muy mal.
—Bella—ese fue mi saludo, la verdad no sabía cómo comportarme con ella.
—Edward—se levantó de su sitio con una sonrisa bonita, me abrazo y yo devolví el abrazo. La llevé a mi oficina para que estuviéramos cómodos y relajados.
—¿Dónde estabas? —me preguntó, mientras se sentaba en la silla quedaba frente a mi escritorio.
—Estaba en el parque, salí a tomar aire y me encontré con una amiga, estuvimos conversando mientras veíamos a las palomas. Y, ¿tú qué haces por aquí?
—Yo... estaba aburrida en mi oficina, nada emocionante hoy.
—Seguro cuando regreses tendrás un montón de papeles encima de tu escritorio.
—No dudes de eso, ¿quieres ir a cenar conmigo? —me miraba expectante.
—No sé si deba, ya dejé el local mucho tiempo y...—me interrumpió.
—Te doy permiso. Dejas a alguien a cargo y listo.
—Pues si tengo tu permiso, no me opongo—le dije levantándome de mi silla a lo que ella me imitó.
Salimos de mi oficina. Miriam se quedó a cargo del local, la recompensaría con un incentivo el día de su pago.
—¿Es tu auto? — le pregunté admirándolo
—Si—me respondió alzando los hombros restándole importancia.
—Es hermoso, tenía uno de estos antes. Era plateado—lo dije con nostalgia.
—Quien sabe y vuelves a tener uno—me dijo sonriendo
—Lo veo lejano—realmente había amado mi volvo
Ella sacó la alarma, yo abrí la puerta del piloto para que ella se sentara y me senté al otro lado, aunque no fuera yo el que condujera abriría su puerta.
—Eres todo un caballero—me dijo con picardía
—Viejos hábitos—sonreí orgulloso.
Ella era una rápida y furiosa me gustaba la velocidad, pero cuando yo manejaba, al hacerlo otra persona me colocaba nervioso.
—¿No te gusta la velocidad? —me miraba de reojo
—Sí me gusta, pero cuando yo estoy al volante; mi hermana decía que era un loco, ahora la entiendo completamente.
—¿Te molesta que sea la que maneja?
—No. es tu carro y tienes que manejar, además, no tengo dinero para pagar los daños, si pasa algo. Algún día yo seré quién te invite a algún lugar en mi volvo plateado.
—Espero ese día entonces, Edward—yo creo que hasta me podría ganar
La cena era igual de divertida como ella lo era, no podía dejar de mirar cada uno de sus movimientos, la manera de cómo se movía.
—Edward cuéntame, ¿tienes hermanos? —lo dijo mientras masticaba su comida.
—Mmm... soy el hijo menor de cuatro hermanos, tres varones incluyéndome y una hermana. Mi hermano mayor tiene cuarenta y cinco, el que sigue cuarenta, mi hermana treinta y cinco y yo veintiocho. No hay mucho que contar la verdad siempre fui apegado a la familia, hasta que me dio la espalda—. lo dije, mientras me salía una lágrima que inmediatamente la borré con mi mano—y, ¿qué hay de ti?
—Mi padre y mi madre se divorciaron hace unos años atrás, yo me fui con ella a Europa y venía a las vacaciones con mi padre, luego él se casó con Sue y trajo a tres niños más—. Lo dijo mientras miraba por la ventana del restaurante.
—Nuestras historias familiares son particulares. ¿no lo crees?
—Ya lo creo que sí—me sonrió, pero esa sonrisa no le llegó a los ojos.
—Creo que es hora de irnos Bella
—Si, ¿Dónde te dejo?
—En el bar, tengo que ir a ver que todo este marchando bien.
Me dejo en el bar, todo marchaba bien. me relaje y disfrute en la compañía de los empleados hasta que llegó el término de la noche.
—Nos vemos mañana—esa fue la despedida de todos.
Cerré el bar y comencé a caminar hacia mi departamento. Al pasar por uno de los atajos que daban al parque, escuché el llanto de una mujer. Caminé lo más deprisa que pude; el escenario era horrible, la mujer estaba medio desnuda, me miró a los ojos pidiendo ayuda.
La mujer estaba siendo acorralada por tres hombres. Agarre un fierro que estaba en el suelo y golpee a uno de ellos. Y comenzó una pelea con los otros dos, hasta que quedaron inconscientes en el suelo. Me saqué mi chaqueta y se la pasé para cubriera.
—¿Tienes quien venga por ti? —le pregunté mirando hacia todos lados, esperando que no vinieran más de esos sujetos.
—Si, mi novio... es...es... Emmet Cullen—lo dijo sin parar de llorar.
Me quedé paralizado mirándola. No lo podía creer. El mundo era demasiado pequeño o el destino era demasiado cruel. La mujer seguro debía ser la que vivía en la casa.
—¿Tienes para llamar por teléfono? —Pregunté mientras la sentaba encima de un butaco de madera que encontré.
—No. Uno de ellos lo tiene—me dijo mientras se abrazaba así misma.
Saque mi celular y llamé a mi hermano, no era que quisiera hablar con él, la mujer estaba sorprendida.
—Edward—inmediatamente pasé el celular a la mujer que yo aún no sabía cómo se llamaba.
—Ven a buscarme, fui atacada y un extraño me salvó su nombre es...
—Edward—Interrumpí
Ella le dijo la dirección donde se encontraba. Todo esto para que ella se calmará. Yo le pedí que fuéramos a un café a tomar algo y que allí lo esperáramos. Llegamos pedimos nuestro café y nos sentamos en una de las mesas.
—¿Cómo te llamas? —la verdad quería saberlo
—Rosalie Hale, ¿Por qué tienes el número de Emmet?—
—Digamos que lo conozco
Nos quedamos en silencio, esperando la llegada de Emmet. Minutos después, mi hermano entra a la cafetería. Lo primero que hace es abrazar a su novia, yo me levanté ya había cumplido con mi papel.
—Me voy. No andes hasta tarde es peligroso—se lo dije con una media sonrisa, estaba algo incómodo.
—Gracias Edward, no sé cómo pagarte lo que hiciste por mí
—No me debes nada. Nos vemos
—Gracias Edward por salvarla—solamente asentí con la cabeza y me largué de ahí. Ver a Emmet, me daba un dolor en el corazón. Por más que le supliqué y le dije que no había abusado de Emerson no me creyó. Después de todo lo que había hecho por él.
Era de día y mi celular no dejaba de sonar; tenía veinte llamadas perdidas, pero solo había escuchado esta que era de un número desconocido.
—Hola ¿Quién habla? —contesté
—Soy yo Edward, Angela, perdona que te llame, pero como me diste tu número...—ella quedó en silencio.
Estaba desconcertado, no esperaba que ella me llamara tan pronto, después de todo la deje plantada, ante la llamada de Bella.
—Está bien no hay problema, ¿tú eres quien me ha estado llamando? —lo dije en medio de un bostezo
—Si, es que no me contestabas y me preocupé, lo siento—me la imagino a ella mirando al piso
—Es que trabajo de noche y me levanto tarde. ¿bueno para que me llamabas? —le pregunté todavía con los ojos cerrados.
—Yo... quería saber si... claro si puedes o quieres salir de nuevo conmigo... bueno a alguna parte—lo dijo todo atropelladamente. Me daba un poco de ternura.
—Te parece en una hora, y luego almorzamos en alguna parte
—Si, juntémonos en el parque
—Bien, nos vemos en una hora más.
—Adiós Edward
—Adiós Ángela—me despedí y obligué a mi cuerpo a levantarse de la cama, refregué mis ojos, corrí al baño, hice mis necesidades y luego a la ducha. Estaba pensando en Ángela, cuando la imagen de Bella apareció en mi mente.
Despejé esos pensamientos con el agua en mi cabeza, me demoré más de lo necesario en el baño, me puse ropa limpia, miré mi aspecto en el espejo y fui a mi encuentro con Ángela.
Almorzamos en un restaurante diferente a la última vez, descubrí que ella era una mujer bastante creativa y divertida, la pasaba genial con ella. Nuestros encuentros eran a diario a la hora del almuerzo. Hasta que un día sucedió que ella me beso, al principio quedé desconcertado, pero luego respondí ese beso.
El beso con Ángela comenzó con algo tierno y dulce, pero luego eso se fue convirtiendo en algo mucho más apasionado. Tuve que frenarla, no quería que llegáramos más lejos y menos en un parque.
—Vamos a tu departamento Edward—sus mejillas estaban rojas como un tomate al igual que sus labios.
—No puedo ya es hora de irme al trabajo—era verdad, pero además quería salir corriendo de allí.
—Eres el administrador puedes faltar, no me dejes así—me lo dijo en una suplica
—Lo siento Ángela, pero tengo que ir a trabajar—me levanté de la banca de donde estábamos sentados.
La besé en la frente y corrí del lugar, besar a Ángela era una cosa, pero tener relaciones, era otra. No estaba preparado para eso. Con ella no sentí que era la indicada, lo mejor era que la dejará de ver.
En el bar todo marchaba con normalidad. Han pasado varias semanas que no he sabido nada de Bella, esperaba que se encontrará bien.
Había una fiesta en el bar justo era Halloween, así es que la gran mayoría de las personas estaban disfrazadas. La música perfecta para una noche tétrica.
En mi oficina los podía escuchar los miraba en las cámaras nunca fui de fiestas en la universidad asistí a muy pocas.
Mi oficina fue interrumpida por una llorosa Bella. Se lanzó a mis brazos como si estuviera pasando por algo horrible.
La sostuve y la acuné en mis brazos ¿Qué habría pasado? Es que en mi mente pasaba la imagen de Peter. Si nuevamente la había lastimado, cuando lo conociera se las vería conmigo.
—¿Qué sucede cariño? —le dije mientras le susurraba
—ohh Edward— nuevamente esas lágrimas que caían como un torrente por esas hermosas mejillas, odiaba verla así, no quería que sus hermosos ojos estuvieran tristes eso era una blasfemia.
—No llores, yo estoy contigo—le seguía susurrando.
—Eres tan dulce Edward, estoy en tantos problemas y tan dolida—me lo decía mientras miraba a cualquier parte menos a mí.
—Cuéntame... ¿qué te paso?
—Prometes no juzgarme ni enojarte conmigo por ser tan estúpida—esta vez sí me miró.
—Jamás haría algo así —yo no era quien para juzgarla
—Estoy embarazada y Peter ...—sabía que todo esto se trataba de él.
Otra vez más lágrimas; mientras yo acariciaba su espalda para confortarla. Aunque estaba enojado con Peter, y consternado, no había posibilidad de que ella estuviera conmigo ahora.
—Peter no lo quiere Edward, hasta me paso dinero para que lo abortara
—¿Qué? —que se creía ese idiota, para proponerle algo así.
—Yo me haría cargo sola, tengo los medios, pero mi papá no lo aceptaría y con lo enfermo que está, no quiero darle un disgusto.
—Cásate conmigo Bella, reconoceré a tu hijo como mío—. ¿Qué? no podía creer lo que acababa de decir... Pero pensándolo bien no sería mala la idea.
—Edward—ella se separó de mi para mirarme a los ojos.
Nos quedamos mirando yo quería casarme con ella el bebé era solo una excusa para que fuera mía, estaba seguro que se enamoraría de mí.
—Te haré feliz y tu padre no se enterará de este embarazo. También será tu venganza con Peter, él se va arrepentir de lo que te ha hecho.
—Acepto, pero quiero fidelidad—me lo dijo con el ceño fruncido
—Yo quiero lo mismo—y lo decía en serio
Nos quedamos abrazados, ella seria mía completamente. Al final las cosas salieron bien, iba a ser papá, la idea me hacía sentir feliz; no era propio, pero lo criaría y lo amaría como tal. Me acerqué a ella para probar sus labios, ella cerro sus ojos aceptándome, teníamos que comenzar por eso, ver si nuestros cuerpos respondían.
El beso era tal cual lo había imaginado; dulce y muy tierno. Nos estábamos conociendo. Nuestro primer beso en una fría oficina.
—¿Cuándo nos casaremos? —me preguntó
—El próximo mes, así nos conocemos un poco mejor. Y tendremos tiempo para preparar las cosas.
—Quiero algo discreto—ella una vez me había dicho que no era de grandes fiestas.
—Me parece perfecto—. ya cambiando de tema la invité a cenar a mi departamento.
—No es muy pronto para llevar a tu prometida a tu departamento —me dijo coqueta
Estaba seguro que estaba rojo por las implicancias de mi propuesta no había pensado en eso cuando la invité a mi departamento, pero no niego que la idea no se me hizo agua la boca de tenerla.
—Yo... lo siento, no... pensé en eso, lo que...—tartamudeé, la verdad es que estaba nervioso y ansioso en partes iguales.
—Hey tranquilo, Son solo bromas Edward, siempre me has respetado, confió que seguirá así—ella se notaba muy segura
—Claro—en cambio yo no tanto
Dejé a Miriam a cargo para que cerrara el bar, le di instrucciones para que llegara a las tres, que era la hora en que abría. Y luego me pondría al tanto de todo.
Con Bella nos fuimos en su volvo ella estaba algo alterada y me pidió que manejara; sentir la brisa y la sensación de estar en el volante, me dejó una sensación de felicidad impresionante. ¿Quién diría que la vida podía cambiar tanto en solo unas cuantas horas?
Estacioné el auto en un supermercado, Bella decidió acompañarme a hacer las compras, la cena de hoy serían rabioles al pesto. A mi prometida le gustó la idea. (vaya que sonaba bonito, mi prometida)
Compramos lo que necesitábamos y nos fuimos a mi departamento. Cociné para ella y mientras lo hacía conversamos, estábamos conociéndonos, porque íbamos a necesitar confianza; no nos conocíamos, no teníamos un lazo, pero teníamos que crearlo para nuestro hijo.
Escuché el sonido del micro hondas, estaba listo. Ella se dispuso a colocar la mesa. Serbia los platos todo perfecto. Nos sentamos y comimos en silencio, no me cansaba de mirarla comer cada uno de sus movimientos eran sublimes, delicados perfectos para una señorita. Ella era perfecta para un caballero.
—Tienes que hablar con un abogado
—Para que Edward—dejo de comer para mirarme
—Necesitas que Peter firme unos papeles donde renuncia a todos sus derechos para el bebé. Así no corremos ningún riesgo si es que se arrepiente.
—No había pensado en eso, tienes razón, mañana lo contactaré
—¿Cuándo hablaremos con Charlie de esto? —ese era un tema que me tenía bastante preocupado.
—Mañana, mientras más rápido salgamos de eso, más rápido empezamos con los preparativos
—Está bien ¿Y qué diremos? ¿Cuál es nuestra historia?
—Verdad, con todo incluso el embarazo solo que el bebé es tuyo
La cena había terminado la acompañe a su carro abriendo la puerta del conductor. Ella se fue, mi alegría era inmensa.
En mi departamento hice una pequeña fiesta, coloqué la música más alegre que tengo, bailé y canté al mismo tiempo que lavaba la loza.
Pasaron los días, hoy es el gran día, estoy nervioso; Bella se convertirá en mi esposa, mi amada, solo que eso ella no lo sabe. No la he querido abrumar sobre eso. La estoy esperando ansioso, me hubiera gustado invitar a mi familia, pero mejor no, por lo que ellos han hecho, que fue dejarme a un lado. ella viene, lo sé por la música, mi cuerpo gira para mirarla, se ve hermosa ella puede competir con los ángeles. Su padre la lleva de la mano y Seth empuja su silla de ruedas.
Aceptarlo no fue fácil para Charlie, pero cuando me vio interactuar con ella y vio la forma que la trataba. Le hice entender que ella sería bien cuidada por mí.
Ella tomó mi mano y todo era perfecto. Estaba en mi hogar la haría feliz, seriamos felices los tres.
Continuara…
