Nota: Este Capítulo fue corregido por Adriana Molina. Espero sus comentarios y un saludo a todas por sus hermosos review.
Capítulo 4 ¿Quieres ser mi mujer?
Veía acercarse Charlie con la que sería mi esposa, recordé el día que fui a pedir su mano; tenía tanto miedo de lo que iba a decir que mis manos sudaban como locas.
Recuerdos
La cena la organizaba Bella, yo llegué puntual a la hora. La sorpresa de Charlie al verme no se podía ocultar en su rostro, les miento si digo que no tenía miedo y quería salir corriendo, pero Bella lo valía todo.
Antes de hablar con el padre de Bella,mi jefe, cenamos con toda la familia, hasta Jacob estaba ahí; él y yo nos llevábamos muy bien, el chico solo necesitaba una oportunidad como había dicho.
La mirada de Charlie estaba puesta en mí, el sudor corría por mi rostro y lo limpiaba con la servilleta. ¿De verdad iba hacer esto? La respuesta estaba, clara.
Terminamos la cena y fuimos al despacho para conversar de la situación que me traía a su casa.
—Y bien, me van a decir ¿Qué está pasando con ustedes dos? —nos preguntó señalándonos con su dedo
—bueno, yo quiero casarme con Bella
Lo dije de una sola vez sin respirar, me moría de los nervios, estos son los momentos más angustiantes de los hombres.
—¿Hace cuánto que se conocen?
—Hace un mes Charlie —respondí con la verdad
—está embarazada
—Si—siempre la verdad
La mirada que me dio Charlie era de furia, bendije a los dioses que estuviera sentado en esa silla de ruedas en estos momentos.
—Bella, sal del despacho necesito hablar con Edward
—Padre... no
—Bella, necesitamos hablar solo será uno minutos —dije con suavidad
Con un bufido ella salió, la seguí con la mirada. Pero esto era asunto de hombres, al menos eso pensé en estos momentos.
—Bien. Quiero la verdad ¿ella de verdad está embarazada?
—Si
—¿El hijo es tuyo? —lo dijo con perspicacia
—No. Pero yo la amo y quiero hacerme responsable de ella y del bebé que también será mío.
—Bienvenido a la familia, te prefiero a ti que al otro—lo dijo una sonrisa.
Fin de los recuerdos
Tomé su mano cuando llego a mí, Charlie me miro y dijo unas palabras:
—Te entrego a mi más preciado tesoro Edward, para que la cuides y la ames—lo dijo después de darle un beso en la mejilla a Bella.
—Ella también es mi tesoro la cuidaré y la amaré—Eso último lo dije mirándola a ella, dándole la seguridad de que la iba hacer feliz, que ella sentiría amor por mí la haría olvidar a ese cretino que no la supo valorar.
Miramos hacia el frente donde el sacerdote nos bendijo y nos casó. Ella era mía ante la ley de los hombres y ante Dios. Cuando me dijo que la podía besar estaba nervioso esta sería la segunda vez que lo hacía. La primera cuando nos casamos en el ayuntamiento y esta vez.
Ella sabía a fresia, acerqué mis labios a ella con delicadeza y ternura, como dije a su padre ella era mi tesoro hermoso.
Su rostro estaba ruborizado, me di cuenta cuando la deje de besar. Caminamos por la alfombra roja ante los vítores y las felicitaciones. No conocía prácticamente a nadie de las personas que estaban ahí, pero era lo menos importante, daríamos un paseo con Bella hasta llegar donde teníamos la recepción, una pequeña fiesta por nuestro matrimonio.
—¿Estas feliz Bella? ¿Lo estoy haciendo bien? —temía que ella se arrepintiera
—Si Edward, estoy feliz y lo estás haciendo muy bien—. Me lo dijo con una sonrisa, que no llegó a sus
ojos
—Es lo único que deseo... que seas feliz
—Hazme feliz Edward—me lo dijo con suplica
—Pondré mi vida en ello, eres lo único que tengo Isabella.
Agarró mi mano, escuchábamos el sonido de las bocinas a nuestro alrededor, era maravilloso. Llegamos a una finca; era donde eligieron los padres de Bella hacer la fiesta, que ya estaba llena de personas. Mi suegra estaba sentada con su actual pareja un jugador de beisbol, algo más joven que ella, me acerqué a saludar, mi esposa fue por unas amigas, era la boda del año.
—Esto es extraño, que nos conozcamos el mismo día de la boda—dijo mi suegra, guiñándome el ojo
—Si señora—contesté apresurado y nervioso
—Dime Rene me haces sentir vieja
—Por supuesto Rene
—¿Amas a mi hija? —me preguntó
—más que a nada—desvié la mirada hacia Bella, veía como hablaba con sus amistades, sonriendo, al menos parecía feliz, estaba seguro que no era la boda o más bien el novio que ella hubiese deseado, pero haría que no se arrepintiese ni un solo día de su vida.
—Permiso voy con mi esposa
—Ve con ella Edward, no la dejes sola
Solo asentí, jamás la dejaría sola, viviría para ella. Mi esposa sonaba lindo cuando lo pensaba y lo decía. Ella hablaba con un chico, llegué a ella y la abracé por atrás, se sobre exalto un poco, pero cuando me vio su cuerpo se relajó.
—Hola esposa—le dije susurrándole en el oído
—Hola esposo—me dijo dándome un beso en la mejilla.
—Me permites este baile—hice una pequeña reverencia.
—Claro—la cogí de la mano y la llevé a la pista, la tomé de la cintura y nos empezamos a mover. La música cambio y nos colocaron la canción de Chayanne tiempo de vals. La giraba por la pista, agradecía mis clases de baile, la pista quedó solamente para nosotros dos. La tensión en su cuerpo había desaparecido.
La música había acabado, pero aun permanecíamos abrazados mirándonos, sin soltarnos, solo eso estaba deslumbrado en su mirada.
—Haré que me ames—le dije con convicción
—Eso es lo que más deseo Edward—me lo dijo como un ruego.
La besé como hace unos momentos atrás, ella respondió mi beso ante los vítores de las personas que nos estaban mirando.
Las mesas empezaron a ser servidas, la guie a nuestro lugar para comer, retiré la silla para que se sentara. Los meseros van y vienen con los platillos.
El almuerzo había terminado, era el momento de hacer los protocolos, las mujeres se juntaron para que Bella lanzara el ramo. Era una locura como gritaban hasta la madre de Bella estaba en el tumulto.
—A la una…. A las dos… y a las tres—grito Bella a todo pulmón
El ramo cayo en las manos de Leah, ella estaba sorprendida, no tenía novio aún. Pero según la tradición ella sería la próxima en casarse.
Era mi turno y estaba muy nervioso, nunca había estado debajo del vestido de ninguna mujer. Ella estaba sentada en una silla, había visto esto en videos para estar informado de lo que tenía que hacer, no quería que nadie viera ni un centímetro de la piel de Bella. Con cuidado y de no tocar más de lo debido para no hacerla pasar una vergüenza, fui sacando la liga con mis dientes.
Por fin había llegado al final, ella me ayudó con su zapato, ya la tenía en mi boca, la saque de ahí y los chicos casi aullaron por lo que había hecho miré a mi esposa y estaba ruborizada.
—Ya lánzala Edward—gritó alguno de los chicos del fondo.
Sin el protocolo y el pequeño show de Bella, la lancé sin mirar a quien caía; cuando giré para mirar, la tenía Sam Uley, el jefe de guardia en el bar. Una mirada silenciosa pude captar entre él y Leah.
En algún momento de la noche, Bella y yo nos escapamos, sin despedirnos de nadie.
Había reservado una habitación en un hotel distinguido con todo lo necesario para una noche de bodas.
Tomé a Bella en mis brazos y la llevé desde que entramos al hotel hasta que llegamos a la habitación; se sentía demasiado bien en mis brazos.
—Estás loco, terminaras muy cansado, Edward—me lo decía mientras escondía su cabeza en mi hombro.
El camarero nos abrió la puerta y entró con una bandeja de frutas y una botella de vino, cerró la puerta y nos dejó solos.
La bajé de mis brazos, sentí un vacío en ellos y una sensación de inseguridad y.… si ella no quería ser mi mujer
—¿Te pasa algo Edward? —me preguntó con el ceño fruncido a lo que yo me tomaba el puente de la nariz con los dedos—. Te noto algo nervioso.
—Estoy nervioso—me paseaba de un lado para otro en la habitación. No sabía cómo decirle que quería que ella fuera mi mujer.
—Edward, mírame soy tu esposa—me detuve y la miré, ella también se notaba que estaba nerviosa.
—Bella, te quiero... y... me gustaría... bueno saber si...
Ella me tomó la cara con sus pequeñas manos y asintió.
Nos miramos, su mirada jamás se despegó de mis ojos. Uno de sus cabellos estaba colgando, lo tomé y lo llevé detrás de su oreja.
—Edward, si quiero ser tu mujer, si quiero hacer el amor contigo, realmente quiero olvidar.
Su aprobación era todo lo que necesitaba. Me acerqué a ella con vacilación, la besé, este beso se fue haciendo más intenso; mientras enredamos nuestras lenguas; mis manos acariciaban su espalda e iban desabrochando esos interminables botones, que llevaban ese vestido. Besé sus hombros desnudos con delicadeza, hasta que el vestido cayó. Ella quedó en su ropa interior tan blanca como su vestido, lleno de encajes.
Separé mi cuerpo del de ella y la miré con adoración, era el ángel más hermoso que había visto y que mis manos tocaban.
—Mi preciosa—susurré
Estaba ruborizada. Era el turno de ella, sacó mi pajarita, y por los nervios no podía desabrochar el primer botón de mi camisa por una razón, era el más duro. La ayudé con eso. Mi dorso terminó desnudo, ella me tocó y una corriente eléctrica atravesó mi corazón. Quería decirle que la amaba, pero ella no estaba lista para eso aún. Aunque se lo demostraría con mi cuerpo.
La cargué en mis brazos y la llevé a la cama, donde la podría contemplar mucho más, ella sería mía y yo sería solo suyo.
La acomodé colocando una almohada en su cabeza para que estuviera a mi altura. Como todo inexperto que era no podía desabrochar su brasier, ella me ayudo con una sonrisa y sus dos hermosas preciosidades estuvieron listas para mí.
Con devoción las acaricie, nunca había tocado a una mujer de esta manera, tenerlos por primera vez me produjo una gran excitación, con solo tocarlos me había corrido, pero trate de ocultar mi orgasmo en mi bóxer.
Estaba tan húmedo, pero ignoré eso, estaba seguro que me volvería a poner duro nuevamente, seguí explorando su hermoso cuerpo, por instinto me llevé su pezón a mi boca y lo chupe sabía delicioso, luego el otro ella se retorcía debajo de mí. Sonreí lo estaba haciendo bien.
La miré y vi que sus ojos estaban vidriosos, la besé sin dejar de tocarla. Mis manos estaban calientes, ansiosas por más, busqué su consentimiento para seguir explorando, conociendo su cuerpo.
—Hazlo Edward, tócame—estaba tan ansiosa como yo.
Sus ligas quedaron en alguna parte del cuarto, solo me quedaba una prenda por descubrir, donde guardaba sus mayores secretos.
Mis manos fueron a los costados de su cadera y comencé a bajar sus hermosas bragas blancas. Llegaron a los tobillos, ella misma se deshizo de ellas. Estaba mucho más hermosa, encendí la luz para verla con claridad.
Un jadeo se escapó de mis labios, era excitante verla desnuda y hermosa sin toda esa ropa que la ocultaba.
Desabroché mis pantalones, necesitaba una liberación me los saqué con bóxer y todo, quedando completamente desnudo para ella.
—Edward, te corriste...
Antes de que dijera algo más la besé, ocultando mi vergüenza, mi mano se metió en su vagina y empezó a frotar su clítoris, ella eres receptiva a mí, no dejaba de jugar con su clítoris, mientras ella gemía.
Dejé sus labios y fui más abajo por los otros. Me interné en placeres desconocidos, su sabor era distinto; abajo ella tenía una mezcla de sabores que no lograba descifrar, pero lo quería para mi desayuno. Su humedad estaba por todos lados.
—Edwarddd estas limpio
—Bella soy Virgen
—¿Qué? —me preguntó separándose un poco de mí.
Nos quedamos mirando, la mirada que me dio fue de absoluta posesión estaba claro que yo le pertenecía por completo.
_ Edward, ¿de verdad eres virgen? —volvió a preguntar curiosa
—Eres mi primera mujer, tendrás que ser paciente conmigo—yo tenía un pequeño rubor
—Hazme tuya Edward, y sé mío.
Agarré mi pene con mis dos manos y lo fui metiendo en su entrada, cuando estuve por completo dentro de ella, toqué su frente con la mía, ella estaba apretada y resbaladiza no sabía cuándo iba a durar.
Mi cuerpo solo comenzó a moverse hacia dentro y hacia a fuera, me apoyé en mis codos para no caer como peso muerto en ella. Lo hacía de manera lenta, al parecer, ella estaba de acuerdo con eso; porque gritaba mi nombre y me decía que no parara, de todas maneras no lo haría. Ordenaba a mi cuerpo que durara para siempre en su interior. Agarré sus caderas y la balanceaba junto conmigo, ella había arqueado su espalda y exhalaba estaba, seguro que ella al menos había llegado a un orgasmo.
Por extraño que pareciera yo aun no terminaba, al parecer mi cuerpo obedecía mis ordenes, podría dar otro orgasmo esta noche a mi esposa.
—Edward maldición
Sus palabras para mi eran distantes en estos momentos, no me importaban... solo quería durar para siempre. Estaba completamente sudado, al igual que ella. Sentía que algo picante y gratificante estaba por llegar; cuando me derramé todo en ella mordí su hombro y ella gritó de placer y dolor. Yo había llegado al placer más grande, aún no paraba de tirar semen dentro de ella, mi pene palpitaba de forma increíble llenándola, se salía por su vagina. Quedaban unas gotas, me fui retirando lentamente de ella. Avergonzado de todo lo que había salido de mi cuerpo.
Giré mi cuerpo quedando al lado de ella, era un momento hermoso para un cigarro, pero no contaba con eso, atraje a Bella a mí, la abracé.
—¿Lo hice bien Bella? —. Estaba cansado y sudoroso.
—¿Lo dices en serio? —me respondió con otra pregunta, yo solo asentí—estoy tiritando aun Edward. Me siento tan llena...
Besé su hombro lastimado aún tenía mi marca de mis dientes en ella, sentí mucho remordimiento por haberla lastimado.
—¡Lo siento! ¿te duele mucho? —dije angustiado
—No, está bien, fue placentero, para ser tu primera vez, fue algo muy bueno
—Eh! de verdad, aunque me vine muchas veces antes —dije avergonzado
Su sonrisa era mi sol. Pronto se fue quedando dormida en mis brazos. Estaba seguro que esto resultaría si nos llevábamos bien en la cama; el resto funcionaria de alguna manera. Puse la alarma teníamos un viaje al cual iríamos. Pero igual que ella caí en la inconciencia más placentera.
Había gastado todo lo que tenía en esta luna de miel iríamos a Francia, podía decirse que estaba en la ruina, pero ella valía hasta mis últimos dólares.
—¿Me llevas a Francia? —me preguntó muy entusiasmada, a lo cual yo asentí—no voy hace mucho tiempo— Ella estaba Feliz
—El mundo para ti—yo también lo estaba
No conocía Francia, tampoco sabía el idioma, pero ella sí, ese aspecto estaba cubierto de alguna manera, largas horas de viaje hasta que por fin estábamos en Paris, mi amada se movía como la dueña de lugar se veía fantástica.
Llevaba las maletas de ambos, no quería que ella llevara peso alguno. Nos estaba esperando un furgón que nos llevaría al hotel.
—Allons à l´hôtel Hilton—le dije que vamos al hotel Hiltol Edward
Su hermoso acento Frances me hacía sentir orgulloso y tener una pequeña excitación; estaba seguro que cuando llegáramos a la habitación pediría que me dijera cosas en ese idioma, aunque no entendiera nada.
—Mira Edward ahí está la Torre Eiffel—Bella estaba muy feliz.
—Si. A penas dejemos las maletas hay que ir—dije complacido
—Si —dijo entusiasta
Apenas llegamos a la habitación, nos dimos un baño y fuimos a hacer turismo por Francia, nos tomamos fotos en la torre Eiffel, en la catedral de Notre Dame; bueno lo que quedaba de ella por el incendió que había sufrido, ahora estaba en reparaciones y así hasta que decidimos que era hora de regresar al hotel.
Fuimos al restaurante del local, pedimos comida típica de Francia; Bella pidió Magret de pato y yo pedí ancas de rana, ella me miró raro, pero me encogí de hombros las ranas era mi comida favorita y estaba feliz de que estuviera en el menú.
—Edward tenemos que hablar de algo—me dijo ella seria
—Dime, te escucho—estaba expectante a lo que ella me quería decir
—Tienes que dejar de administrar el local—ella estaba dubitativa
—¿Por qué? —la verdad no entendía
—Edward, tu trabajas de noche yo trabajo de día no nos veríamos nunca. El matrimonio no resultaría—. Estaba expectante
Y tenía toda la razón. Me gustaba trabajar en el bar. Pero era cierto, nuestro matrimonio estaba destinado al fracaso si seguíamos con ese ritmo.
—Tienes razón ¿Qué propones? —ahora tenía miedo buscar trabajo nadie me daría
—Hay un puesto vacante en la empresa esperándote, si lo quieres es tuyo—no sabía que responderle, y mucho menos cuando me dijo—: ¿Quieres ser el vice presidente ejecutivo de las empresas Swan? —Estaba asombrado por la oferta, era algo que no imaginé. ¿Volver a estar a cargo de una empresa después de lo que pasó?, pero lo que más me gustaba de la propuesta era que así la podría ver siempre.
—Está bien, ¿tu estarás ahí? —me sentía abrumado
—Sí, ahí estaré. Tú oficina está al lado de la mía. Fue hecha para el que sería mi esposo—me dijo mirándome a los ojos
—Peter—estaba algo triste solo era un reemplazante
—No. Mi esposo, podría ser Peter o cualquier otro en este caso tú—ella estaba siendo sincera, aunque me dolían sus palabras.
—¿Qué va pasar con el bar? —estaba preocupado y quería saber.
—Tranquilo, mi padre se lo pasará a Jacob y veremos si él es capaz—ella dijo sin interés. La verdad sentía un poco de nostalgia, aunque tampoco es que llevara mucho tiempo allí.
—Está bien, ¿Quieres ir a la habitación? —. Estaba ansioso
—Vamos—me cogió de la mano y caminamos hacia el elevador.
Esa noche estuvimos hasta el amanecer. Estaba imparable, no la deje tranquila hasta que el sol entró a la habitación. la dejé dormir tenía años para ponerme al día y nunca me cansaría de ella, era lo mejor, estaba siempre listo para enterrarme y no salir nunca de ahí.
Continuara…
