Nota: Este capítulo fue corregido por Adriana Molina. Gracias por sus comentarios me ayudan a seguir con más ánimos. Sin más que decir a disfrutar.
Capítulo 5 La pasión de Edward
Miré a mi esposa, verla era maravilloso podía pasar mucho tiempo viéndola dormir; ella hacia extraños sonidos cuando dormía, algunas veces se colocaba a reír era lo más extraño, su risa cuando dormía daba un poco de miedo. Pero igual la observaba. Me levanté a preparar el desayuno para ella, hoy iría al trabajo. Ella estaba en los primeros meses del embarazo y podía resultar bastante molesto. preparé una ensalada de frutas, con un jugo natural de fresas, unas tostadas y un café era perfecto. Para mi solo tostadas y un café.
Ella venía refregándose los ojos, con su pijama: que consistía en un short que revela sus largas y blancas piernas y una polera que marcaban sus senos sin brasier y tragué saliva se veía exquisita.
—Fuiste muy duro anoche me duele—ella me reprendió
Corrí a donde estaba ella y la cargué en mis brazos, me quedo mirando, la senté en la silla, puse su desayuno delante de ella. Tenía que ser más cuidadoso, ella estaba embarazada.
—Seré más gentil lo prometo—dije con convicción.
Su sonrisa era todo lo que necesitaba para seguir adelante, amaba hacerla reír. El desayuno que preparé para ella fue de su agrado lo comió con felicidad.
—¿cuándo tienes cita con tu ginecóloga? —pregunté mordiendo una tostada
—No he fijado una, llamaré hoy para acordar— dijo como si estuviera aun pensándolo
—Avísame para acompañarte Bella—la miré con dulzura
Ella solamente asintió. Nos arreglamos y nos fuimos en su vehículo. Hacia tanto tiempo que no me colocaba mis trajes y me vestía como me gustaba, había extrañado esa sensación en mi cuerpo de ropa suave.
Llegamos a su empresa, era imponente, un edificio enorme; me gustaba y lo mejor... que ella estaría ahí, la podría ir a visitar cada vez que quisiera.
Dejamos el carro en el estacionamiento. Y de la mano entramos juntos, ella se abrazó a mí, no rechacé su abrazo, jamás lo haría, ella era mi princesa.
—¿Qué piso señora? —pregunté mirándola con ardor
—Cincuenta—me respondió nerviosa
—Tiempo suficiente—rugí
La acorrale en el ascensor y devoré sus labios rojos y carnosos; sus gemidos se ahogaban en mi boca, trataba de no arrugar su ropa, estaba siendo lo más delicado que podía para poder evitar que pasara una vergüenza. Pero tenerla para mi era una droga que, no podía evitar.
—Edward, estamos por llegar—me dijo ella ya rendida
Me detuve, arregle su vestimenta para dejarla tan impecable como la tenía antes, ella acomodo mi corbata.
—A veces dudo que hayas llegado virgen—me dijo ruborizada
—Soy tuyo, eres mi dueña—hable en su oído sin dejar de mirarla.
Las puertas del ascensor se abrieron, salimos de ahí como una gran pareja olvidando que había asaltado a mi esposa en el ascensor. Las secretarias estaban sorprendidas, había cuatro de ellas que custodiaban dos oficinas.
—Heidi, Jane ustedes serán las secretarias de mi esposo Edward Cullen—. Ella me presentó
—Buenos días señor—respondieron serviciales
—Buenos días—saludé con curiosidad
—Edward ellas son mis secretarias Jessica y Lauren—las chicas eran simpáticas y se mostraban más bien coquetas. A lo que Bella las fulmino con la mirada.
Caminamos a la oficina, miré el letrero de la puerta y fruncí el ceño cuando entramos, quedé mirando esa oficina era enorme me gustaba.
—De todo tu estilo esta oficina. Pero tu identificación en la entrada tiene que cambiar eres mía—dije posesivo abrazándola—Por cierto, habla a tu sistema de seguridad que borren el video de donde te besé.
—Claro que si, no hay problema—estaba avergonzada
—SI quieres lo hago yo en tu nombre—hable divertido
—No, yo lo hago ahora ve a trabajar—me ordenó
—A sus órdenes señora —respondí abriendo la puerta
Mis secretarias se levantaron al verme salir de la oficina de Bella, las dejé entrar primero, después de todo siempre la caballerosidad.
—Bien necesito que me informen de todo—pedí a las secretarias
Ellas comenzaron a explicarme todo lo relacionado al trabajo que realizaría, se turnaban para hablar, era muy divertido cada una de ellas quería probar ¿quién era más capaz? ¿y quién se encargaría de mis asuntos personales?
Para cuando miré la hora eran las once. Ordené a una de las secretarias que pidiera una ensalada de frutas preferiblemente frutos rojos, chocolate y los dejara en la oficina de la presidente.
Realicé algunas llamadas, no me demoré mucho en entender cuál serian mis obligaciones de ahora en adelante, de vez en cuando tenía que ir a supervisar las construcciones junto con el ingeniero.
Tenía un montón de papeles en el escritorio que tenían que ser revisados, y luego llevados a donde mi esposa para que los revisara y diera su visto bueno.
Fui a su oficina golpee la puerta y me dejo entrar, ella estaba con dos hombres; no me gustaba que estuviera encerrada con dos tipos, sabía que eran personas con las que trabajaba, pero no la quería sola con ellos, fingí desinterés después, de todo ella es la presidente y no la iba a dejar en vergüenza.
—Edward, pasa te presento a los representantes del grupo Fashion Group—, me presento con esos dos... yo estaba celoso.
—Un gusto, Edward Cullen—los traté con cordialidad ofreciendo mi mano para saludarlos
Esta vez miré a mi esposa al parecer no almorzaríamos juntos, se veía bastante ocupada y con un suspiro hable.
—Vine a buscarte para almorzar, pero estas ocupada—dije expectante
—Espérame unos minutos resuelvo esto y nos vamos—aceptó mi invitación, no podía descifrar su rostro.
No la pensaba dejar sola con ellos, me senté en el sofá, agarré el diario y comencé a leerlo o hacer que lo leía.
Escuchaba todo lo que hablaban. El diario estaba bastante interesante no iba a intervenir en su trabajo, pero no significaba que me gustara. ¿Por qué al menos no tenía a una de sus secretarias con ella? en algún momento apreté el diario en mi mano, creo que llamé la atención de los presentes.
—Permiso me surgió algo urgente—sonreí a ellos de manera falsa.
Al entrar a mi oficina comencé a desatar mi ira; nunca antes había sentido tanto enojo. comencé a hacer barquitos de papel y luego los estrangulaba, bueno algunos hombres rompían cosas cuando estaban furiosos, otros golpeaban, y yo hacía barquitos de papel, cuando estaba muy furioso hacia naves de papel.
Tiré todo a la basura, me fui nuevamente. Ella seguía encerrada en la oficina, no había nada más que hacer.
Fui almorzar solo, los diez minutos habían pasado hace mucho tiempo, compré comida para llevar para ella, estaba embarazada y tenía que alimentarse bien. Algo suave sin tanto condimento para que no la dañara y no sintiera malestar alguno.
Era una comida caliente por si se demoraba mucho con esos hombres en salir, se la dejé a su secretaria y volví a salir; tenía que revisar algunas cosas del nuevo edificio que estaban construyendo. Estuve bastante rato con el ingeniero, quien me mostraba los planos y las proyecciones, entregándome un informe. Al parecer él tenía mucho trabajo, me presento a su asistente, Irina.
Era una chica rubia, bien parecida. La invité a una cafetería
—Entonces estos son los informes del proyecto y el presupuesto, ¿no es así? —hablé con ella discretamente
—SI, efectivamente señor Cullen esta todo detallado en el informe que entregó el señor Lahote—afirmó con convicción
—Entregaré los informes a la señora Swan para que los revise y los apruebe, ella tiene la última palabra en esto—expliqué
Solo asintió
Nuestros cafés llegaron, mire la hora ya era un poco tarde, me excuse con ella unos momentos, tenía que hacer una llamada a Bella.
—Hola?
—Hola ¿Cómo estás? —pregunté ansioso
—Bien y tú? —me respondió agitada... algo pasaba con ella
— Muy bien ¿Ya pediste hora con el ginecólogo? — pregunté
—Si tengo, a la cinco de la tarde—miré el reloj faltaba media hora para eso—En veinte minutos estoy allá
—¿Vamos juntos? estoy en el café de la esquina
—¿Conociste a Irina? —Su pregunta me pareció algo extraña.
—Si, en este momento estoy con ella—le respondí llevando mi mano al cabello.
Al no escuchar más corte la llamada, tenía un mal presentimiento como si hubiera hecho algo malo, pero me relaje estaba trabajando al igual que ella que se encierra en su oficina con un hombre; recordarlo me entraba la ira de nuevo.
Caminé donde estaba Irina y junto estaba mi esposa en la mesa con la asistente de Lahote, esto sería divertido. Saludé a mi esposa con un beso en la mejilla, pero ella desvió la cara y terminé en sus labios; ella lo quiso así... la besé con hambre, delante de Irina y de todos los que quisieran mirar. Invadía su boca con mi lengua en estos momentos estaba violando la boca de mi esposa. Terminé el beso, ella estaba ruborizada e Irina también.
—Vaya eso fue intenso—dijo Irina acalorada
—Ella lo quiso así, intenté ser un caballero—sonreía lamiéndome los labios
—Jefa ¿Dónde lo encontraste?... Para buscar uno igual—interrumpió Irina
—No existe otro como yo, soy solo suyo—la miré con adoración.
—Engreído—me dijo y escondió su hermoso rostro en mi pecho, lleve mi nariz a su cabello para olerlo, ella era la presidente de una gran empresa, pero era tan tímida que se escondía en mis brazos cuando sentía vergüenza. Irina se levantó dejando los informes en la mesa, ella estaba sobrando en mi devoción por mi esposa al estar ella así dejaba de existir el universo y solo era ella, mi Bella.
—Vamos a tu cita amor—la invité
Nos levanté, pagué los cafés que nunca fueron tomados ya estaban fríos. Nos fuimos obviamente en su hermoso Volvo y me dejo conducirlo, era como volar. Ella me entregó la dirección y fuimos al centro médico donde la revisarían; esperaba que fuera una mujer la que tocara a mi esposa.
Hablamos en la recepción y nos hicieron sentar en una silla mientras esperábamos a que llamaran a mi esposa. Una voz de una grabadora llamó:
—Isabella Cullen, box seis—se levantó junto conmigo y entramos.
Al ver que era una mujer, me relajé por completo, al menos ningún hombre la tocaría de forma intima, saludamos ella tenía un rostro amable.
—Tomen asiento, señora Cullen sáquese la ropa de la cintura para abajo y colóquese esto—. Habló la ginecóloga de forma profesional mientras le entregaba una bata azul.
Ella se fue a una habitación hacer lo que la señora dijo.
—Mi nombre es Carmen y estaré a cargo de su esposa—se presentó ella misma
—Un gusto señora—hablé con ella de forma cordial estrechando su mano
Al salir ella estaba nerviosa, me pare a ayudarla y discretamente pase mi mano por su trasero, pero la aleje rápido. Tenía que comportarme. Por dios llevo media vida siendo un virgen y de repente me vuelvo un gamberro.
Se acostó en la camilla y abrió sus piernas relajándose, me senté a su lado y tomé su mano para apoyarla al ser examinada, estábamos expectante mirando la pantalla apareció nuestro hijo era tan pequeño.
—Ahí está el bebé—nos informó Carmen.
Ambos lo mirábamos y escuchábamos lo que presumíamos que era su corazón. Efectivamente la ginecóloga confirmó nuestras sospechas.
—Estas a seis semanas de embarazo, quiero que regreses cuando estés de tres meses o sientas alguna molestia—. Ella miraba a Bella ignorándome como si yo no fuera a venir con ella.
—Puede ir a vestirse Señora Cullen—mi esposa se levantó y la ayudé a bajar de la camilla.
Desapareció de mi vista a vestirse esta vez me comporte como un caballero y no la toque de forma soez.
—Señorita, quisiera hacer una pregunta—fui directo— ¿podemos tener relaciones? —estaba ansioso
—Si, pero no puede ser brusco—respondió con una sonrisa
—No hay problema con eso—estaba feliz con esa respuesta.
Nos receto algunas vitaminas y otras cosas para la comodidad de ella.
Después de la consulta fuimos a comer unos helados, ella quería tomar uno de pistacho y yo de chocolate, pedimos una copa gigante, adornadas con galletas.
—Dame tu lado helado—me pidió ella terminando de comer el helado que estaba en su cuchara.
Uní la galleta con helado de chocolate y la llevé a su boca, ella dudo un momento, pero luego dio un pequeño mordisco. Repetí el mismo movimiento hasta que la galleta fue consumida por completo con mi helado de chocolate.
Algo cambio en el ambiente, ella se encogió ¿qué estaba pasando? miré en dirección donde ella miraba una pareja entraba a la heladería.
—Es Peter con Tanya—me informó_ se podía ver su embarazo
Algo dentro de mí se llenó de ira; ahí estaba el desgraciado que había hecho sufrir a Bella. Esto no se quedaría así; un día me vengaría de ellos dos del ex novio y de la ex mejor amiga.
—Relájate estás conmigo, yo te cuidaré y no dejaré que te hagan daño, mi flor.
Ella me miró y me sonrió, la tomé de la mano sobre la mesa y le di un beso en la planta de la mano.
Su rostro volvió a ser tan hermoso como siempre y tan seguro. Me gustaba cuando mostraba esa seguridad, era cierto no dejaría que nadie la dañara ni la tocaran solo yo podía tocarla y hacerla sufrir, pero eso último no se daría nunca.
Al parecer se dieron cuenta de nuestra presencia y caminaron hacia nosotros los dos descarados sinvergüenzas.
—Hola Bells tanto tiempo sin vernos—dijo la mujer con una mirada intrigante
—Soy Isabella Cullen, y no tengo motivo alguno para verte—ella respondió con desdén
La mano de ese tipo iba directo al hombro de mi esposa antes de que llegara a ella la detuve, ese tipo no volvería a tocar a mi esposa nunca más. Ni siquiera un hombro.
—Al parecer tu esposo no quiere que te toque, como si no lo hubiera hecho antes. ¿Él sabe que el bebé que esperas es mío? —había todo tipo de malicia en ese tipo
—No es tuyo el bebé de Bella es mío. Ella uso el dinero para hacerse el aborto que pediste. No hay nada tuyo en ella—. Dije mirándolo a los ojos sin vergüenza alguna
—Es cierto, tu hijo está muerto—me respaldo Bella
La cara de Peter se descompuso por completo, él no estaba convencido, pero la duda estaba sembrada y era lo que quería conseguir. Tanya miraba con odio infinito a Bella, y a mí cuando me miraba parecía que quería coquetear y me sonreía; sentía un absoluto asco y a veces me miraba tan lascivamente que me sentía hasta violado, sabe dios como me tenía en su mente.
Esta mujer estaba interesada en lo que tenía Bella, pero yo no caería, no tendría ninguna oportunidad conmigo, ella era tan impura y desvergonzada que ni siquiera podía despertar mi deseo. Los dos amantes se fueron del lugar indignados, la atmosfera cambio de repente, la mirada de mi esposa estaba perdida en alguna parte. Pero luego sonrió como si se hubiera quitado un peso de encima.
—¿Qué sucede mi flor? —pregunté estaba preocupado por su actitud.
—¿Crees que se creyó lo del aborto? —me miraba con esos inmensos y hermosos ojos de avellana.
—Sí. Y si no lo hizo, al menos lo duda. Estaremos bien y nuestro bebé también—había mucha seguridad en mí.
—¡Gracias! —la miré con el ceño fruncido, no entendía porque me agradecía—. Por estar a mi lado, por hacerte cargo de un bebé que no es tuyo—... La interrumpí colocando un dedo sobre sus labios
—No tienes por qué agradecerme, Sabes que te quiero y amo a "nuestro" bebé—. Hice énfasis en nuestro. La abracé mientras ella lloraba y yo la mecía entre mis brazos.
Tenía que ser así, yo era su esposo, su respaldo y no fallaría en eso, estaría para ella de todas las formas y maneras, un pilar fuerte y delicado para que se apoyara.
—Vamos a visitar a mi padre, no lo hemos visto desde que regresamos—me miró esperando mi respuesta
—Vamos, así enseñamos la fotografía de su nieto— estaba feliz con tener la imagen en mi bolsillo
—Sí. Estará emocionado.
No fuimos después de pagar la cuenta. Nos quedamos a cenar, pasamos un largo rato conversando y riendo. Dejamos una copia de la foto de su nieto que solo era un pequeño botón en estos momentos y nos fuimos al departamento con Bella. Decidimos quedarnos en mi departamento quedaba cerca de todo.
—Papá estuvo muy feliz hoy, ojalá se recupere de su enfermedad—yo asentí, estaba feliz por eso
—Por supuesto, va a tener un nieto o una nieta, ya tiene algo para decir que es verdad—la abracé y nos fuimos juntos al cuarto.
—No podemos hacer nada por el bebé—me advertía ella traviesa
—Hablé con la ginecóloga de eso, me dijo que no había problema en tener relaciones siempre que fuera gentil. De mí no te salvaras mi Flor—. Dije con un tono divertido y seductor
Antes de que ella se diera cuenta la tomé en mis brazos, en dirección a nuestra habitación; desde que me casé con ella no hay noche que no rinda culto a su cuerpo y hoy tampoco sería la excepción.
—Eres tan pasional, que cuando llegué a los ochenta estaré devastada como sigamos a este ritmo—me hablo en el oído.
Solo pensar que ella creía que llegaríamos a los ochenta me emociono demasiado, prácticamente la llevé corriendo a nuestra habitación. La bajé en la cama sin dejar de mirarla.
—Seré gentil, cuidaré de ti y de Hayden—hable seguro de donde estaba mi posición
—¿Hayden? —me miro extrañada
—Así quiero que se llame el bebé—comenté lanzándome hacia su cuerpo.
Esa noche el cuerpo de Bella, fue adorado como nunca; cada pedazo de su piel fue amado por mi boca, por mis manos, por mis pies. Fui lento y conciso, haciendo que gritara mi nombre en cada embestida.
La dejé dormir. Me levanté y fui a la cocina a preparar su desayuno saludable y nutritivo para ella y el bebé. Lo llevé a la cama, se fue incorporando cuando vio el delicioso desayuno que preparé para ella. Con la sonrisa mas hermosa se comió su desayuno, y luego entró a la ducha. Ella creía que la dejaría bañarse sola, me desnudé y entré a la ducha; estuvimos una hora haciendo un desastre en el baño.
—No sé cómo te permito hacer todas esas cosas— hizo un hermoso puchero. Me la quería comer ahí mismo.
—Porque te gusta tanto como a mi, mi flor—me burlaba de ella porque ella era tan activa en la relación como yo.
Nos besamos antes de despedirnos ella tomo camino a su oficina y yo al mío hoy seria un gran día para ambos.
Dejé la oficina para pasar a un centro comercial para comprar algo bonito para Bella. Mi cuenta nuevamente estaba en números azules. Entre a una tienda de joyería busque una hermosa tobillera para hacer relucir sus hermosos pies. Ella usaba sandalias casi todo el tiempo con vestidos, así es que luciría genial. Encontré una delicada y hermosa me gustó. Luego compré una letra; la inicial de mi nombre para el que la viera, supiera que ella me pertenecía y yo solo era de ella.
Estaba saliendo de la tienda cuando vi un rostro desagradable que esperaba en la vida volver a ver... Zabrina.
—Edward, ¿Eres tú? tanto tiempo—me hablo la descarada mujer
Seguí mi camino ignorándola como siempre lo hacía, afortunadamente en las tiendas comerciales había cámaras por si planeaba incriminarme por algo.
—Espera Edward—la imaginé corriendo a mi para agarrarme de un solo movimiento hice que dejara de tocarme.
La miré con repugnancia y asco, solo tenerla frente a mí me daban ganas de vomitar, era una mujer asquerosa. Utilizar a su hijo de esa manera.
—¿Qué quieres? —hablé con ella malhumorado
—Hay muchos mal entendidos entre nosotros, que tal si salimos esta noche para aclarar las cosas ahora soy una mujer libre—intentaba seducirme nuevamente
—Estoy casado y aunque no lo estuviera, nunca, jamás saldría contigo; tu sola presencia me hace vomitar—. Le dije mirándola con asco.
Siempre había sido un caballero nunca maltraté a ninguna persona, pero ese ser repugnante no merecía mi cortesía ni mi educación. La odiaría por el resto de mi vida.
Esta vez pedí ser anunciado por las secretarias, no quería encontrar sorpresas como la última vez. No quería enojarme, aunque ya estaba con el ánimo descompuesto. La secretaria me dejó pasar. Ella estaba sentada en su escritorio tomándose un café.
—Buenos días mi flor—la miré con una dulce sonrisa
—Hola ¿Dónde estabas? —me hablo con un tono frio.
No me importo que me tratara de esa manera. Caminé a donde estaba ella con mi sonrisa sincera, me arrodillé y le mostré mi regalo. Ella me miró dudosa y también me sonrió mientras tomaba la tobillera.
—Colócamela—me ordenó. Me arrodille frente a ella.
Ella giro sus ojos, tomé la tobillera y se la puse. Aprovechando toqué sus largas y hermosas piernas, pasé mi mano por debajo de su falda entubada; ella hecho su cuerpo hacia atrás, llegué a su intimidad donde estaba tan mojada que mis dedos se escurrieron dentro de ella.
Continuara…
