~~Chapter 12~~
Hace veinticinco años, nació un hermoso bebé en una de las casas más nobles de su región; vivió como lo hacen todos los bebés con una familia cariñosa y alegre de recibir a una criatura que llegó para alegrar sus vidas. Fue criado con valores íntegros por un hombre que conocía muy bien su papel como padre y jefe de familia, su nombre era Christopher.
Christopher sabía que su hijo sería su viva imagen: se convertiría en un hombre de bien, superaría cualquier obstáculo, y no miraría a nadie por encima del hombro con superioridad; su educación del niño fue magnífica en comparación, a pesar de ser criado en casa. Pero como era de esperar, al niño le hacía falta algo muy importante. Conocer el mundo, socializar, y enamorarse.
Veinte años después, el niño se convirtió en lo que su padre dedujo que sería. E impulsado por una enorme curiosidad se decidió por conocer el mundo, yendo y viniendo de todo lugar conocido y por haber, aprendiendo todo lo que su mente le permitía. Y fue en una pequeña ciudad del sur que conoció al amor de su vida. Ahí conoció a Annabelle White.
Annabelle White era una joven bastante hermosa, resaltando su cabello que era de un color inusual: Verde. Pero eso no le afectaba en nada, no señor. A pesar de ser duramente criticada por los niños en su infancia, siendo señalada como, "Lechuga recién cortada" ó "Brocha con restos de pintura". Aquellas palabras jamás le habían importado menos, y si alguien se llegase a meter con ella, conocería un destino peor que la muerte: con su cabeza metida en el inodoro.
Y fue su carácter fuerte lo que atrajo de primera cuenta a Aquel joven.
Viniendo de una familia humilde, sus valores morales estaban en el lado correcto de su personalidad; lo poco que tenía, lo compartía con quienes más lo necesitaban. Una mujer ejemplar.
Los dos se conocieron en una fiesta. Él como invitado, y ella como bartender. Las cosas se habían complicado aquella noche, hombres influenciados por el alcohol para cometer innombrables actos. El joven salvó a Annie de la peor noche de su vida golpeando a los sujetos hasta dejarlos en knock out.
El joven al día siguiente regresó al bar, e invitó a Annie a una cita. A lo que ella aceptó gustosamente siempre y cuando él le dijera el nombre de su salvador, a lo que él respondió: "Morgan". El resto es una larga historia.
Tres años después, y con una relación más que estable y hermosa, Morgan sabía que había sido elegido por la chica perfecta, e impulsado por un deseo incontrolable de felicidad, compró un anillo de compromiso con un valor de cien mil Jewels. Era un anillo de oro blanco con detalles en verde esmeralda, y en el centro se encontraba un rubí tan grande como la pupila de sus ojos. Estaba más que seguro de proponerle matrimonio a Annie, tan seguro como que la luna es blanca y que el Ether es la fuente de toda magia conocida. Caminó hasta su casa, donde vivía junto con su futura esposa, que se situaba en una colina, rodeada de resplandeciente césped verde. Como el padre de Morgan había arribado anteriormente, él sería el testigo perfecto para tan dichoso acontecimiento.
Abrió la puerta de su casa y recibió un fuerte golpe en la cabeza que lo derribó en un santiamén. Luces fuera.
Lo siguiente que recordaba eran gritos, gemidos, carcajadas, y el sonido de la piel recibiendo fuertes golpes. Alguien le arrojó un helado líquido en la cara que lo despertó en un segundo. Abrió los ojos, y lo que vio le detuvo el corazón.
Christopher, el padre de Morgan, apaleado hasta estar muribundo, amarrado a una silla en un rincón de la casa. Su sangre salía a chorros, su piel estaba morada por tantos golpes que recibió, y le faltaban la mayoría de los dientes. Morgan cerró con fuerza los párpados al tratar de borrar la escena de su mente. Pero un pensamiento fugas le llegó a la mente, o más bien un nombre. Annie.
Se forzó a abrir los ojos nuevamente y buscó a su prometida por toda la casa. No había rastro de ella. En su lugar encontró a una banda de sujetos vestidos con túnicas moradas, y usando una perturbadora máscara que tenía dibujado un enorme ojo en el centro con algo que parecía ser pintura roja, aunque podría ser algo más.
Los sujetos se acercaron a Morgan, rodeándolo, y el chico ya sabía cuál sería su destino. Era su turno.
Morgan resistió exitosamente la golpiza de aquellos sujetos con túnicas. Logró zafarse de sus ataduras, y se arrastró hacia su padre. Lo desamarró para que pudiera ayudarle a encontrar a Annie, pero ya era tarde. Él no se movía.
El chico, con una fuerza sobrehumana, logró ponerse de pie y caminar a pasos lentos por toda la casa. Buscaba desesperadamente a su prometida. Entró a la cocina, los armarios, en su alcoba...ahí estaba. Tirada sobre la cama boca abajo, la ropa hecha jirones, con rasguños y golpes en la espalda, brazos, por todo su cuerpo. Su rostro inexpresivo, la mirada perdida en la nada. Ella también se había ido. Morgan lloró inconsolable toda la noche.
La venganza lo había consumido por completo. Después de sepultar a su padre y amada, fue detrás de los hombres que le arrebataron todo. Indagó por los alrededores, hablando con la gente que vivía ahí, hasta que alguien le dio la primera pista de su búsqueda. Pero primero necesitó de ropa nueva, y armas que no fueran mágicas. Así que le robó a un mercader muy valorado por los ciudadanos; las ropas eran de color blanco: la camisa, los pantalones, zapatos, todo. De esa forma, el cargo de hurto fue agregado a su historial.
La pista lo llevó a una guarida bastante trillada en el "Mar de árboles" de la villa del sol. Los atacó de frente, y mató a casi todos los hombres dentro, menos a uno. A ese lo interrogó con violencia y ferocidad hasta que soltó todo: los hombres que habían atacado a su familia eran adoradores del mago oscuro Zeref. Llegaron a su casa para llevar a cabo un ritual que, según ellos, traería de vuelta a su ídolo. Pero no les funcionó porque les hacía falta algo importante: el cuerpo del mismo Zeref.
La guardia real arribó al lugar más tarde, para arrestar a Morgan. Él huyó con una agilidad casi felina de los guardias. Algunos trataron de atraparlo, pero sólo trapearon el suelo con ellos.
El cargo de resistirse a la ley fue impuesto.
En menos de una semana, Morgan si saberlo ya estaba en la lista de los más buscados. Y seguiría subiendo.
Descubrió que un miembro del consejo era adorador de Zeref, dedujo que él sabría dónde estaban los demás, así que a mitad de la noche invadió sus aposentos del viejo y se lo llevó para interrogarlo.
Finalmente había llegado a la guarida principal de los adoradores de Zeref, desenfundó sus armas, y se preparó para terminar de una vez por todas lo que forzosamente había empezado. El elemento sorpresa estaba de su lado, así que los hombres no tenían oportunidad. Caían como moscas con un periódico. Uno a uno, simples piezas de dominó que ya no sirven de nada. Dejó para el último al líder del grupo, a quien fácilmente reconoció por su baja estatura y regordete cuerpo. Él fue quien apaleó a su padre, él se metió con Annie, él destruyó la vida de Morgan. Y después de tanto, ahora sería turno de Morgan divertirse con aquél estúpido.
Los cargos de secuestro, y asesinato en masa aparecieron en su lista.
El alma de Morgan finalmente descansaba en paz. Se había cobrado todas y cada una las que le hicieron para empeorar y destruir su vida: pudo haber sido sólo mala suerte, pero la mala suerte no incluye esa clase de sucesos. Aquellos que desmoronan a cualquier hombre. Morgan regresó a casa, para acompañar a su familia en el descanso eterno.
Llegó al cementerio, se paró en frente de las lápidas de su padre y de Annie. Sus piernas no pudieron resistir más y sucumbieron, Morgan cayó de rodillas y rompió a llorar. Lo único que quería era ser feliz por el resto de su vida. Y le fue arrebatado.
El suelo bajo sus pies comenzó a vibrar, y la tierra se levantó con fuertes golpes desde abajo. Morgan retrocedió confundido. La tierra terminó siendo un montículo de ella misma, y de en medio salió una mano pálida. Se apoyó en la demás tierra para poder salir. Morgan estaba atónito. Una figura femenina salió de la tumba frente a él, su cabello verde a pesar de estar cubierto de lodo, brillaba con la luz de la luna. Annie apareció frente a Morgan, y en una décima de segundo se abalanzó sobre él y lo golpeó con una descomunal fuerza. Cuando estaba lo suficientemente debilitado, la joven levantó la mano sobre su cabeza y la incrustó en el pecho de Morgan. Arrancándole el corazón.
"Tú, que has sido seducido por la venganza y la violencia. Has quedado marcado, pero tus intenciones eran justas, así que se te dará otra oportunidad. No podrás descansar hasta que hayas terminado la misión que te asignaré. Levántate", dijo una voz en los adentros de Morgan. Y por muy increíble que parezca, así comenzó la otra parte de su sufrimiento.
Él había renacido, había adquirido habilidades que le sirvieron en el futuro. Era un emisario. ¿Y cuál era su misión? Asesinar a la que una vez fue su prometida, pero ahora se había convertido en algo mucho peor: En el recipiente de un demonio.
En la actualidad.
Morgan atravesó el techo de la casa donde se escondía Annie. Se elevó tres metros en el aire con la chica yendo tras él. Gracias al impulso que Annie adquirió apoyándose en el techo, logró conectar un puñetazo en el rostro de Morgan. El chico empujó a Annie con ambas piernas lejos de él, giró sobre sí mismo, y aterrizó en una de las ramas de un árbol cercano. La chica hizo lo mismo que Morgan pero ella aterrizó en el techo, levantó la mirada y observó al joven con una mirada engreída. Morgan apretó tanto los puños que sus huesos chasquearon, y sus nudillos se pusieron blancos.
"Ella no es Annie", se dijo. Sacó una de sus cuchillas que guardaba en la cintura y apuntó con ella hacia Annie.
-¡Sal de su cuerpo ahora mismo!-exclamó.
-¡¿Porqué no vienes y me obligas?!-la voz de Annie seguía siendo la de un monstruo de ultratumba. Y esas palabras perturbaron un poco a Morgan.
Aceptando el desafío, Morgan saltó de la rama y descendió en picada hacia Annie con la cuchilla al frente. La chica se preparó para recibirlo.
-¡Morgan, por favor!-le gritó con la voz real de Annie. Morgan amplió los ojos-¡¡Ayúdame!!
-Annie...-musitó. La peliverde sonrió maliciosamente, su jugarreta había funcionado. Saltó, y le propinó una potente patada en el rostro de Morgan. Salió volando hacia la izquierda y chocó contra el suelo. Annie soltó una sonora carcajada.
-¡El amor te está destruyendo ahora mismo!-vociferó con su perturbadora voz.
Morgan no se movió ni un centímetro. No quería salir del hoyo, enfrentarse al amor de su vida era lo último que esperaba hacer y no quería hacerlo, eso significaría hacerle daño, y estaba mal. Aquella monstruosidad sacaba ventaja de los sentimientos de Morgan, estaba jugando sucio. Y eso incrementaba el sentimiento de impotencia que tenía el joven. Hubiera sido mejor morir.
Las imágenes de quien una vez fue su mujer aparecieron como una luz residual en su cabeza, sonriendo, caminando por una calle solitaria en un día de verano, o dormida junto a él en la misma cama. Una lágrima se deslizó por la mejilla derecha de Morgan, y abrió los ojos de golpe. Con un increíble salto emergió del hoyo. Annie lo miraba atentamente.
-El amor es una de las fuerzas más grandes de este mundo; es cierto que se han cometido grandes equivocaciones en su nombre, pero cuando viene de la persona correcta, es capaz de detener al mundo entero. Así que te lo diré una vez más: ¡Sal del cuerpo de mi prometida!-
-Eres un asco-masculló Annie-ya me aburriste. Te mataré de una maldita vez.
Annie bajó del techo hacia Morgan. El joven se colocó en guardia para esperarla, y seguir con la batalla por el amor de su vida.
Su batalla no había pasado desapercibida. Erza y Natsu lograron ver las nubes de tierra que volaban por los aires; con sus sentidos de Dragon Slayer, Natsu logró escuchar la madera crujir, y el suelo estremecerse. Ambos se dirigieron en aquella dirección.
Annie logró sentir la presencia de Natsu. Volteó en la dirección de donde venían, y rápidamente cambió su personalidad. Fingió desplomarse en el suelo, para luego cubrirse el rostro con ambas manos. Erza y Natsu llegaron.
-¡¡Ayúdenme!!-rogó Annie, fingiendo su voz para que sonará desesperada-¡Por favor!
Natsu logró ver a Morgan saltar hacia Annie con las manos por delante, como si quisiera estrangular la. El Dragon Slayer saltó lo más rápido que pudo, y pateó a Morgan en el costillar izquierdo. El chico cayó, y rodó varios metros en el suelo.
Erza se Acercó a Annie y le tendió la mano para ayudarle a levantarse.
-Gracias-dijo. Erza la abofeteó inesperadamente-¿P-Por...?
-¡Me engañaste!-interrumpió Erza-¡Dijiste que tú y Natsu eran novios y no es cierto! ¡¿Porqué me mentiste?!
-¿Yo te mentí?-cuestionó Annie-¡¿Y qué me dices tú?! ¡¡DIJISTE QUE NO TE GUSTABA NATSU Y ESO TAMBIÉN ERA UNA MENTIRA!!
Erza trató de mantener la compostura, pero por dentro estaba muy nerviosa. ¿Cómo podría responder ante algo que era cierto? Así que tuvo que inprovisar.
-Natsu es mi mejor amigo. Y no quiero que salga herido, no es que él me guste de esa manera.
-¡Ay, por favor!-exclamó Annie-¡Eres una pésima mentirosa, se nota que estás enamorada de él!-Erza enmudeció-¡Tú me robaste su amor, el amor que le he tenido desde que lo vi por primera vez, el amor que juré iba a obtener!
-¡Él no te ama!-espetó la pelirroja.
-¡Me amará, ya lo verás! ¡Natsu será mío!-Erza ya no podía soportarlo más.
Las palabras que salían de la boca de Annie despertaban ese intenso sentimiento alojado en lo profundo de su corazón. Llegó un punto en el cual ya no le importaba si Annie le haría algo para atacarla en una de sus rabietas, o si Natsu no correspondía sus sentimientos. Por primera vez desde que aceptó lo que sentía: Lucharía por Natsu, y que él sería suyo...y ella de él.
-¡Natsu no será tuyo, mocosa! ¡Eh sido paciente contigo, soportando tus arranques de psicópata enamorada, intentando ser tu amiga! ¡¡Pero ya no más!! ¡¡ESTOY ENAMORADA DE NATSU , Y ÉL SERÁ MIO!!
Annie no podía creer lo que estaba escuchando. Se había quedado sin palabras, boquiabierta. Erza, con el rostro sonrojado, volteó a su izquierda para asegurase de que Natsu no la hubiera escuchado. Él seguía entretenido con Morgan, hablando con él. Y lo que se esperaba, ocurrió.
Las uñas de Annie crecieron hasta convertirse en garras letales, tomando la forma de cuchillas. Y atravesó el abdomen de Erza con ellas. La pelirroja ahogó un grito.
El cabello verde esmeralda de Annie caía en gruesos mechones hasta que su cabeza quedó casi calva, su rostro mutó hasta tomar una forma afilada, sus dientes cayeron uno a uno de sus encías, los brazos y piernas se alargaron de forma inhumana. Se había convertido en una criatura de pesadilla, una figura que reflejaba perfectamente lo que habitaba en su interior.
-Entonces tendré que meterme en tu piel para que Natsu me ame-dijo la criatura con la misma voz monstruosa de antes.
Erza palideció al escucharla, más aún ante la idea de si lo que había dicho era literal o figurativo. Pero una cosa era segura: No se quedaría para averiguarlo.
Sujetó la garra de la criatura con la mano izquierda, invocó una espada con la derecha, y con un movimiento ascendente le cortó la extremidad. La criatura chilló, llamando la atención de Natsu y Morgan. El pelirosado al ver a su compañera apuñalada no pudo evitar gritarle.
-¡Erza!-Natsu corrió hacia ella.
La pelirroja se armó de valor y una fuerza sorprendentes para arrancarse las garras de la criatura de su abdomen. Dejó salir un respiro de alivio, y cayó de rodillas.
-¿Estás bien?-le preguntó cuando se arrodilló junto a ella.
-Tranquilo-masculló-estaré bien.
La criatura golpeó a Natsu con un revés, arrojándolo contra la casa, haciéndola añicos. Aprisionó a Erza con la única mano que tenía y la levantó hasta la altura de su cara.
-Devoraré tu carne-declaró. Morgan se abalanzó y trepó por la espalda de la criatura, subió hasta su cabeza y rodeó el cuello con ambos brazos-¡Bájate!
-¡Suéltala!-exclamó.
Natsu se reincorporó saliendo de los escombros, corrió hacia la criatura cubriendo sus puños con las flamas abrazadoras de un Dragon Slayer, saltó, y golpeó el vientre de la bestia tan fuerte que la cosa se encorvó para aguantar el dolor. Soltó a Erza, quien cayó de pie, pero de inmediato cedió ante el cansancio. Estaba mal herida, no podía ni levantarse.
Natsu le hizo una seña a Morgan para que bajara de ahí, él aceptó y bajó. El pelirosado juntó sus manos en los labios.
-¡¡Rugido del dragón de fuego!!-la criatura chilló al hacer contacto con las flamas de Natsu, y retrocedió.
-¡Yo me encargo de ella!-le gritó Morgan-¡Ayuda a tu amiga!
Sin dudar ni un segundo, Natsu le dio la espalda a Morgan y se dirigió a socorrer a Erza. La pelirroja sangraba mucho, hacia presión con su mano derecha para detenerlo, pero no servía de nada. Necesitaba un médico. Natsu llegó en su rescate.
-¡Erza, vámos, tengo que llevarte con Porlyusika!
-Sería buena idea. Pero no puedo moverme. Me dañó demasiado.
Pero eso no detuvo al Dragon Slayer. Negó con la cabeza y deslizó sus brazos por debajo de Erza.
-¡¿Q-Qué estás haciendo?!-le cuestionó con nerviosismo.
Natsu la cargó entre sus brazos para llevársela, justo como lo hizo en la torre paraíso, cuando explotó. Erza no pudo evitar sonrojarse. El contacto con la piel de Natsu era bastante cálido, como tocar una taza caliente de café entre tus manos frías en un día de invierno. La hacía sentirse segura; con aquélla expresión seria que sólo Natsu tenía lo hacía ver mucho más maduro, más responsable. El corazón de Erza latía con fuerza, debido a él. Podría estar de esa forma con él por toda la eternidad, y eso era lo que deseaba. Estar con él, vivir lindos momentos a su lado, experiencias nuevas.
Ella deseaba que Natsu correspondiera sus sentimientos. Ella quería ser suya, y él de ella. Como debía de ser.
-¡¡NO!!-chilló la criatura al verlos alejarse.
Aplastó a Morgan con su inmenso puño con la suficiente fuerza para dejarlo fuera de combate.
A grandes zancadas los trató de alcanzar. Natsu sintió el suelo temblar bajo sus pies, volteó sobre su hombro, y recibió otro revés que le arrebató a Erza de sus brazos. La pelirroja giró por los aires a gran velocidad, pero para Natsu sucedía muy lentamente, chocó contra el tronco de un árbol y escupió algo de sangre. Erza cayó inconsciente al suelo.
*Devórala*
La voz que le susurraba a Natsu en su mente regresó. Pero ahora podía escucharla claramente, casi sintiendo un aliento cálido en su oído derecho. La energía de aquél entonces se manifestó violentamente en una explosión que hizo retroceder a la criatura y despertó a Morgan.
*¿Dejarás que ésto se quede así? ¡¡DESTRÚYELA!!*
Los musculos de Natsu se tensaron, apretó tanto los dientes hasta agrietarse; dicha energía lograba llevar el cuerpo de Natsu hasta los límites, llenándolo de una clase de energía bastante poderosa, y adictiva. Natsu se levantó del suelo con la mirada fija en su amiga caída.
"Erza", dijo en sus adentros.
La criatura retrocedía lentamente, paso a paso, incrédula por lo que estaba pasando, arrepintiéndose inmediatamente por lo que hizo. Natsu volteó en su dirección, y sintió un escalofrío en la espalda.
*¡¡DEVÓRALA!!*
Natsu rugió con gran potencia, el suelo vibró bajo sus pies. Arremetió en contra de la criatura corriendo como un león hambriento en busca de su próxima presa. Se abalanzó sobre eso y le dio un fuerte puñetazo en la cara, luego otro, y otro, así hasta conectar seis golpes seguidos. La cara de la criatura ya estaba inflamada por los golpes, la fuerza que empleó Natsu debió haber sido descomunal para dejarla en ese estado. Se disponía a golpearla una vez más pero Morgan lo derribó. Trató de sujetarlo pero Natsu era demasiado fuerte. Natsu abrió la boca y una ola de fuego oscuro engulló completamente a Morgan.
Erza despertó. Abrió los ojos lentamente hasta tener una vista clara de lo que estaba sucediendo. Observó cómo Natsu pateaba a Morgan en el estómago para quitárselo de encima, se levantaba del suelo con un salto y lo golpeaba una y otra vez. La pelirroja trató de levantarse pero sus piernas no reaccionaban, apenas podía sentirlas.
Morgan ya estaba bañado en su propia sangre. Eso le importaba muy poco, si él no detenía a Natsu podría matar a Annie. Y eso no debía pasar, Morgan ya tenía un plan, y Natsu estaba por arruinarlo. Morgan extendió los brazos con los puños cerrados dispuesto a luchar mano a mano con el Dragon Slayer.
Erza no se daba por vencida. Invocó una espada y la usó para apoyarse en ella y conseguir caminar, lento, pero ya estaba de pie y caminando; viendo lo que estaba pasando, no podía creer que Natsu estaba luchando contra Morgan. Aunque él en un principio se mostró como un enemigo, jamás se dieron el tiempo de hablar con él, conocer sus motivos, tratar de averiguar la razón de porqué estaba persiguiendo a Annie. Y principalmente: Natsu jamás había luchado de esa forma. Tan salvaje y fiero.
-¡Natsu!-intentó llamarlo, pero no lograban escucharla-¡Detente!-eso no la detuvo.
Ambos seguían luchando. Morgan apenas logró conectar algunos golpes, estaba demasiado exhausto para seguirle el ritmo al pelirosado. Y de un momento a otro bajó los brazos. Ya no podía más.
Natsu le soltó un último pero potente golpe en la quijada, y cayó como un costal de papas al suelo. El Dragon Slayer se acercó a Morgan, se colocó sobre él y levantó el puño sobre su cabeza para darle el golpe final. Erza lo detuvo en el aire. Natsu volteó con el ceño fruncido, y al darse cuenta de que se trataba de Erza relajó su expresión.
-Natsu, por favor-le pidió-Ya detente.
*DESTRÚYELA*
Exclamó la voz en su interior.
-La pelea ya terminó, Natsu. No sigas.
*¡Vámos, destrúyela!*
Erza se acercó a Natsu lentamente. Al notar el bastón, Natsu dibujó una expresión de angustia; la energía que emanaba de él fue disminuyendo. Erza se detuvo estando frente a frente con él, levantó con mucho esfuerzo la mano derecha y la colocó en la mejilla derecha de Natsu. Acarició gentilmente la cálida piel de Natsu, sonrió dulcemente y rodeó con sus brazos al Dragon Slayer. Un tierno y afectuoso abrazo. Natsu relajó su expresión, podía sentir el corazón de Erza en su pecho: latía débilmente, tanto, que el temor de que fuese a detenerse lo invadió de pies a cabeza. La energía dejó de fluir. Y Natsu cerró los ojos, inhaló la fragancia natural de la pelirroja. Erza sintió que Natsu se hacía más pesado, lo miró de reojo y descubrió que se había desmayado. Lo pegó más hacia ella, sonrió, y dejó que el cansancio la venciera.
Ambos se habían quedado dormidos sobre el cálido césped.
Morgan se reincorporó, limpió la sangre que brotaba de sus labios y frotó sus ojos para ahuyentar la pesadez. Dirigió una rápida mirada hacia Erza y Natsu, y siguió con lo suyo. Lentamente se acercó al cuerpo apaleado de la criatura, que asombrosamente seguía consciente, y lo contempló por unos minutos.
-Mi hermosa Annie-musitó-mira cómo te dejaron. Desde un principio tú no tenías la culpa de nada, sólo eras una dulce chica que trabajaba como Bartender en una humilde taberna; con los sentimientos más puros y sinceros que me siento afortunado de conocer al pie de la letra. Y ahora...-
La voz de Morgan se quebró al final. La criatura recobró el conocimiento, pero mantuvo los ojos cerrados.
-...terminaste de ésta forma porque no fui suficientemente hombre para detenerlo. Es todo mi culpa. Debí estar ahí para ti, y...-Morgan rompió a llorar. Sus lágrimas se mezclaron con la sangre seca de su rostro y lo limpiaron hasta que sólo quedó un rastro de color rosado.
-Tienes razón-dijo la criatura. Morgan levantó la mirada-ésto es culpa tuya-rió débilmente.
-Tú...-masculló Morgan-¡¿Porqué no te mueres de una vez?!
-Si yo muero tu mujer lo hará también. ¿Estás listo para dejarla ir?-Morgan guardó silencio por un momento, con la cabeza gacha, los mechones de su cabello le cubrían los ojos. Luego respondió.
-Sí-el joven extendió s mano derecha, abrió la palma, y en un destello de luz blanca apareció un objeto. Una daga. Hecha de oro blanco con incrustaciones de esmeralda, en la base de la empuladora tenía escrito palabras, o al menos se podía decir que eran palabras, en rojo brillante.
-¿Qué haces?-preguntó incrédula la criatura.
-Dejando ir a mi prometida-Morgan, con todo el dolor del mundo, sujetó a la criatura del cuello y levantó la daga sobre su cabeza.
-¡No! ¡No puede terminar así, mi padre me ama!-exclamó la criatura.
-Tu padre me dio el arma que sólo puede regresarte a donde perteneces. Él me otorgó las habilidades que tengo para ser capaz de luchar contigo. Pero por la imagen de Annie no pude ser capaz. Ankhseram te está esperando.
-¡¡NO!!-Morgan dejó caer el arma, silenciando así el aullido de la criatura.
Morgan temblaba. Su amada se había ido finalmente, ahora podía descansar en paz. Pero eso no calmó el sentimiento de culpa que tenía en esos momentos; la daga se agrietó, para luego romperse en miles de pedazos, como si estuviera hecha de cristal. Los restos cobraron vida, se reunieron en un sólo punto, y tomaron la forma de un objeto diminuto y redondo. El anillo de compromiso que Morgan le iba a entregar a Annie.
Cuando estaba listo, el joven se levantó del suelo, limpió una última lágrima que se deslizaba debajo de su ojo derecho y se alejó. En ese momento sintió una brisa helada en la nuca, luego, una presión en su hombro derecho. Volteó sobre su hombro y encontró una silueta que brillaba con una luz azúl. Poco a poco la silueta se tomando nitidez, los detalles de su rostro y cuerpo resaltaron, y al estar finalmente completa su imagen, sonrió dulcemente. Morgan enmudeció. La chica peliverde tocó la mejilla izquierda de Morgan con delicadeza, a lo que el joven cerró los ojos para disfrutar de aquello. Sus lágrimas volvieron a salir. La chica se acercó a Morgan, y él a ella, hasta que sus labios se tocaron, dando paso a un último beso de amor verdadero. La silueta desapareció poco a poco hasta que se convirtió en una luz residual. Morgan se dejó caer de rodillas.
-¡¡ANNIE!!-chilló.
Al atardecer, Morgan llamó a los otros miembros de Fairy Tail para que llevaran a Natsu y Erza al médico inmediatamente. Erza había perdido mucha sangre, así que pasaría el tiempo hasta que se recuperara completamente. Natsu por otra parte sólo estaba cansado, pero aliviado. Cuando recobró el conocimiento pudo encontrar sano y salvo a Happy aún atado a la silla con una burbuja saliendo de su nariz. Aparentemente no había sido lastimado por Annie. Pero eso no fue todo lo que ocurrió ese día.
Morgan hizo una aparición en la habitación de Erza, junto con todos sus amigos presentes. La mayoría trataron de ahuyentarlo, pero tanto Natsu como Erza se los impidieron. Él no estaba ahí para atacarlos, estaba ahí para aclarar el malentendido que había entre ellos. Explicarles la situación.
-...Annie en realidad no los había atacado, fue poseída por un demonio-al terminar, todos estaban perplejos, en especial Lucy, quien tenía un sentimiento de culpa muy grande.
-Con que eso fue lo que sucedió-musitó la rubia.
-Sí. Ella era una persona de corazón puro, yo la amaba. Pero hice lo que tenía qué hacer.
-Me siento muy mal por Annie-dijo Lucy mirando a los demás-ella no tenía la culpa de lo que estaba haciendo.
-Cierto-afirmó Erza-la juzgamos mal. No nos dimos cuenta de eso.
-Quisiera pedirles perdón-agregó Morgan-en nombre de Annie y mío. No quise causarles inconvenientes.
-No hace falta, Morgan-dijo la pelirroja-entendemos lo que nos dijiste, así que todo está en el pasado.
-...gracias, chicos.
-¿Cómo fue que pudiste matar a ese demonio?-preguntó Natsu.
-¿Eh? ¡Oh! Bueno, cuando yo morí, escuché una voz hablándome, diciendo aue tenía una misión para mí. Desperté, y encontré la daga que me permitió hacerlo, además de varias habilidades. Esa voz me dijo lo que era: Un Demon Slayer.
-¿"Demon Slayer"?-preguntaron todos al mismo tiempo.
-Sí. Eso es lo que soy.
-Debo admitir que demostraste cierta habilidad allá en el campo-dijo Natsu cruzando los brazos-deberíamos luchar al cien algún día.
-Claro, no hay problema-aceptó Morgan. Todos rieron al escuchar la declaración.
Erza dejó de reír, y volteó hacia la ventana a su derecha. Miraba atentamente el cielo despejado, con su increíble azul brillante en lo alto. El sol acariciaba su piel, lo que calmaba un poco el frío ambiente de la habitación; un sentimiento de tristeza la estaba llenando por dentro. Escuchar a Morgan hablando sobre el pasado que tenía con Annie le recordó a alguien muy importante de su pasado, alguien que le inculcó los valores con los que rige su vida.
La fecha ya se estaba acercando, y como si fuera la primera vez: Erza no se sentía preparada para decirle adiós
Finale.
