Han pasado ya dos meses desde el incidente con Annie, y la paz a regresado momentáneamente al gremio de Fairy Tail, bueno, la tranquilidad normal para el gremio. Pero claro está que ocurrieron algunos cambios.
Morgan pidió hablar con el maestro Makarov en privado, llamando la atención de todo mundo. Cuando regresó les compartió la buena nueva que aconteció: oficialmente era un miembro reconocido del gremio. Todos se sorprendieron; ya habiéndose instalado correctamente en Magnolia, habló con el alcalde de la ciudad, y estableció un acuerdo para que pudiera sepultar adecuadamente a su prometida, Annie.
Por otra parte, Natsu, Lucy y Happy no se encontraban en la ciudad, estaban llevando acabo una misión en las afueras. Lo que ocurrió no cambió en nada la forma en la que convivían los tres, ni siquiera los sentimientos que la rubia tenía hacia el Dragon Slayer. Ella sabía perfectamente cómo disimular.
Todos hacían sus vidas como debería, tan tranquilamente como les era posible. La única que no podía estar tranquila en esos momentos era cierta maga de cabello rojizo. Erza tenía cosas qué hacer, y no estaba preparada para llevarlas a cabo.
A primera hora del día, Erza partió hacia el consejo mágico; las heridas que cubrían cada centímetro de su cuerpo no le permitían moverse con libertad, apenas podía levantar los brazos, para hacer un viaje tan lejano. Pero su voluntad era fuerte, y debía hacer lo que estaba a punto de hacer. Se lo debía a una persona en especial.
Se registró al entrar y buscó entre el cuerpo de guardias reales a una chica de cabello anaranjado. Entre el tumulto era como buscar una aguja en un pajar, eso no la detuvo, así que siguió buscando y buscando, y no se detendría. Después de media hora de búsqueda, a la distancia, cerca del módulo de asignación para las misiónes, ahí la encontró. Era la misma joven de la foto que había visto, y le encontró cierto parecido a su padre. Era la hija del señor Lock. Se acercó lentamente hacia ella y llamó su atención. Cuando volteó, Erza amplió los ojos bastante sorprendida. La joven tenía una quemadura que la cubría la mitad de su rostro, como si hubuera recibido una bola de fuego directo en la cara. Lo más sorprendente era que parecía no importarle en nada; le dedicó a Erza una amable sonrisa, y le preguntó su nombre. Erza cortésmente respondió, y mencionó al padre de la chica, el señor Birne Lock. Inmediatamente, la joven cambió su expresión.
Entraron a una oficina vacía para poder hablar a solas. Erza le contó lo que sucedió, y la chica, a pesar de que demostró ser fuerte, en su rostro podía notarse la tristeza y el dolor que sentía en esos momentos. Desde luego había perdido a su padre, ¿Qué hijo no sentiría tristeza por la persona que la crió, y cuidó toda su vida? En especial si lo amaba mucho. No pudo contenerse más, y rompió a llorar. Cubrió su rostro con ambas manos, pero sollozaba bastante. Erza no podría entender lo que es el dolor de perder a un padre o madre, pero podría comprender. Así que se levantó de su asiento, y abrazó a la hija del señor Lock. Así fue por casi diez minutos.
Al final, la hija del señor Lock aceptó que su padre ya no estaba, y le comentó a Erza que iría al pueblo donde creció para honrar la memoria de su padre junto con la estatua. Erza asintió en afirmación, estaba a punto de retirarse pero primero le preguntó el nombre a la joven, a lo que ella respondió: "Charlotte".
Si eso fue difícil, lo que seguía para Erza era casi imposible.
De regreso en el gremio, Natsu y sus amigos regresaron. El pelirosado pateó la puerta del gremio con todas sus fuerzas y gritó a todo pulmón su llegada.
-¡¡Regresamos!!
Detrás de él, Happy flotaba con una tierna y alegre sonrisa, y entre sus patas cargaba un enorme pescado que fácilmente podría comerse de un sólo bocado. Lucy, caminando tras ellos, tenía un brillo en los ojos que no se apagaría en un tiempo. Sonreía satisfecha mientras contaba los Jewels en sus manos. Wendy, quien estaba más cerca de ellos, los saludó al estar lo suficientemente cerca.
-¡Hola, chicos! ¿Cómo les fue?
-Terminamos la misión-dijo Natsu con alegría y su característica sonrisa-nos pagaron muy bien.
-Yo pude comprarme un pescado enorme-comentó Happy.
-Eso puedo ver-señaló Charlie, la gata blanca, acercándose a ellos por detrás.
-Lo voy a compartir contigo, Charlie-agregó el felino azúl-mitad y mitad-Charlie se sonrojó. Y Wendy les sonrió.
-¿Qué me dices tú, Lucy?-preguntó la Dragon Slayer del cielo.
-¡Voy a poder pagar mi alquiler de los próximos tres meses!-gritó con entusiasmo. Estaba que no cabía de emoción.
-Me alegro por ti.
-Gracias, Wendy; ya aparté lo que tengo que pagar y aún así me sobra mucho, ¿Qué dicen si los invito a comer?
-¡Sí!-exclamó Natsu alzando el puño.
-Gracias, Lucy-dijo Wendy. De la nada aparecieron Gray, y Juvia detrás de ellos.
-Con que Lucy invita la comida, ¿Eh?-dijo el mago de hielo-me apunto.
-Incluso hambriento, mi amado Gray se ve tan guapo-señaló Juvia moviéndose como una serpentina en el viento.
-¡¡Vámos todos a comer!!-vociferó Lucy.
-¡¡Sí!!-respondieron todos al unísono. Wendy cuando se levantó de su asiento se percató de algo.
-Un momento-todos se detuvieron y la voltearon a ver-¿Dónde está Erza?
-Mmm...¿Qué día es hoy?-preguntó Gray.
-Martes-respondió Natsu-¿Eso qué tiene...?
-No va a venir-interrumpió-hoy es un día muy especial para ella.
-¿Porqué?
-Porque sí.
-¿Porqué?-volvió a preguntar Natsu, y al ver que Gray no respondía, lo agarró del cuello de su camisa-¡¿PORQUÉ?!
-¡Suéltame, flamitas!-exclamó-¡Que te lo diga ella cuando vuelva!
-¡Dímelo, Gray!-el mago de hielo empujó a Natsu, y como si fuera un reflejo, Natsu se preparó para golpearlo-¡¡Dime!!
-¡Detente, Natsu!-le pidió Lucy sujetando el puño del pelirosado-es suficiente.
-Voy a buscar a Erza para que me diga la verdad-declaró para luego salir corriendo del gremio.
-Es más necio que Laxus-masculló Gray. Y en alguna parte, el rubio estornudó.
-Creí que estábamos celebrando-musitó Lucy-Happy, ¿No crees que deberías ir tras él?
La rubia volteó hacia el felino azúl. Happy había devorado completamente el enorme pescado, y yacía recostado en el suelo con su barriga llena, como si hubiera comido un globo de helio. Lucy rodó los ojos.
Natsu llegó al primer lugar que se le ocurrió buscar a Erza: La construcción de Fairy Hills; ya sólo faltaban unos días para terminar la construcción y que las chicas ya pudieran tener nuevamente un lugar dónde dormir. El Dragon Slayer preguntó a quienes trabajaban ahí por Erza, pero nadie supo decirle con certeza dónde se encontraba. ¿Dónde podría encontrarse?
Siguió buscando en los alrededores de la ciudad, en las calles, tejados, y callejones; en el camino se encontró con una pastelería. "A Erza le gustan los pasteles de fresa", pensó. Decidió entrar al local, la puerta golpeó una diminuta campanilla, anunciando su llegada, la dueña de la pastelería emergio detrás de una cortina al fondo del local y recibió a Natsu con una sonrisa y los brazos bien extendidos.
-¡Bienvenido, joven mago de Fairy Tail! ¿En qué le puedo ayudar, pastel de cumpleaños, bodas, aniversario, baby shower? Pida lo que quiera.
-Estoy buscando...-Natsu dejó de hablar, se detuvo a pensar por un momento-¿Tiene pastel de chocolate?
-¡Claro que sí!-afirmó la dueña-de todos los sabores conocidos, incluido el exótico sabor de Mumbleblue, originario de las áridas tierras de Ishalowe.
-Wow...-musitó el Dragon Slayer sorprendido, sacudió la cabeza para ahuyentar el deseo de comer pastel y regresó al tema principal-¿Conoce a Erza Scarlet?
-Ah, sí. La señorita Erza es una clienta frecuente de ésta pastelería. Tiene una cuenta aquí que siempre paga a tiempo.
-Estoy buscándola-señaló Natsu-¿Tiene idea de dónde está?-la dueña cerró los ojos y meditó por unos minutos. Natsu aprovechó el descuido para raspar el merengue de un pastel cercano con el dedo. La dueña abrió de golpe los ojos, y Natsu contrajo la mano con nerviosismo.
-¿Qué día es hoy?-preguntó.
-Martes-la dueña dibujó una expresión de angustia.
-Sí, sé dónde está-afirmó.
-¿Dónde?
-Creo que es mejor dejarla sola hoy. No es un buen día-Natsu estaba confundido.
-¿Pero de qué habla? ¿Qué tiene de especial éste día?
-Sabe, joven mago, a mí no me gusta hablar de la vida personal de los demás sin qué ellos estén presentes. Preferiría no entrar en detalles.
-¡Por favor, señora!-exclamó Natsu. La dueña dio un brinco por tal arrebató-dígame dónde está. No la hemos visto desde ayer.
-No puedo, joven.
Natsu se acercó al mostrador, se recargó sobre el mueble con las palmas extendidas, y miró directamente a la dueña a los ojos.
-Ella es mi amiga. Estoy preocupado por ella.
La dueña notó la sinceridad en la voz de Natsu, y su mirada era suave y calmada. La dueña se conmovió al ver cómo un amigo, un buen amigo, se preocupa por alguien en especial. Inspiró hondo.
-No te diré que ocurre hoy. Pero puedo decirte dónde encontrarla.
-¿Dónde?
-En la catedral. Ella se encuentra en la catedral.
-¡Muy bien, gracias!-y Natsu salió despavorido por la puerta. La dueña sonrió, desvió la mirada a su derecha y notó cierto desnivel en la superficie de uno de los pasteles.
-Raspó uno de mis pasteles de Mumbleblue-dijo en un puchero.
Natsu llegó a la catedral. Entró por la reja principal; la misa de esa hora ya había terminado, y la gente comenzó a salir. Tuvo que evadirlo para poder pasar. Algunos lo miraban sorprendidos, y otros, con curiosidad. ¿Qué hacía el mago más escandaloso de Fairy Tail en la catedral? ¿Estará pensando en destruirla?
Recorrió el interior de la catedral en busca de su amiga. Cada banca de cada rincón. No se encontraba. Natsu chasqueó la lengua. Salió, decidido a merodear por los alrededores, fue ahí donde encontró una entrada. Encima había un letrero que decía: "Cementerio". Y entró.
Natsu no podía evitar sentirse de forma irrespetuosa. Jamás había entrado a un cementerio, mucho menos sin invitación alguna; en su momento, cuando creía que Lisanna se había ido, él le había dedicado una lápida en su nombre. La había colocado en su escondite preferido, de cuando eran niños. Y no se sintió como lo hacía ahora. Siguió caminando y caminando, parecía que dicho lugar no tenia ningún fin. Volteó, y en una de las lápidas reconoció una frase: "Amado padre". La imagen de Igneel le llegó a la mente como un destello de luz, cálida y tranquilizadora, que fue rápidamente sustituida por tristeza y melancolía. ¿Dónde estaba su padre?
A la distancia, después de caminar por varios minutos, reconoció la cabellera roja de Erza. Se encontraba arrodillada frente a una lápida con la cabeza agachada. Natsu caminó hacia ella. Por accidente pisó una rama seca y ésta se rompió, llamando la atención de la pelirroja. En ese momento Natsu descubrió que estaba llorando, tenía los ojos hinchados.
-¿Natsu?-musitó Erza con un hilo de voz. Rápidamente frunció el ceño-¿Qué haces aquí?
-Yo...te estaba buscando-respondió con nerviosismo-no aparecías en todo el día y...-
-Vete de aquí-espetó Erza.
-¿Qué?
-¡Que te vayas de aquí!-levantó la voz. Natsu sudaba en frío-¡¿No me oíste?! ¡¡Vete!!
-¿Porqué me gritas? ¿Qué estás haciendo aquí?
-¡Eso no te importa! ¡Déjame sola!-al final la voz se le quebró.
Natsu no sabía qué hacer. Desvió la mirada para no toparse con la mirada punzante de Erza, y notó algo detrás de ella, en la lápida. Estaba hecha de mármol, con detalles dorados en los bordes. En la parte de arriba se podía leer un nombre: "Rob", seguido del emblema de Fairy Tail.
-¿Quién es Rob?-preguntó Natsu. Erza abrió los ojos como platos-¿Era miembro del gremio?
Erza suavizó su expresión. Desvió la mirada, y le dio la espalda a Natsu para mirar aquella lápida a su espalda. Suspiró.
-Rob-comenzó a decir-era mi abuelo-Natsu se sorprendió.
-No sabía que tenías un abuelo.
-Bueno...no es mi abuelo real. Así lo llamábamos en la torre paraíso.
Erza aclaró su garganta. Y Natsu se acercó más a ella.
Cuando me secuestraron los seguidores de Zeref para usarme como esclava en la torre, estaba sola. Sin ningún familiar, amigo, siquiera un conocido. Tenía miedo; lloraba todo el tiempo en el suelo de mi celda, abrazando mis piernas lo más fuerte que podía. Eso ponía de malas a esos monstruos y me castigaban, y seguía llorando, y seguían castigándome. Así, era un círculo interminable.
Un día, el abuelo Rob llegó a mi celda. El líder de los seguidores dijo que ya no era útil, "Un anciano qué sólo sirve de peso muerto", dijeron ellos. Pero era todo lo contrario a eso. El abuelo Rob me cuidó a mí y a mis amigos, Shou, Milliana. A todos nosotros. Nos reunió, nos cuidó, nos hizo una familia.
La voz de Erza se quebró. Dejó salir un sollozo qué sorprendió a Natsu. Erza jamás actuaba de esa manera. La pelirroja mantuvo la compostura y siguió con su explicación.
Cuando llegó el momento en el que nos levantamos en armas contra los seguidores de Zeref, un escuadrón mágico apareció para erradicarnos. Uno de ellos me atacó; en ese momento yo no tenía mi magia de Re-equipamiento, así que imaginé el fin del camino para mí. Pero el abuelo Rob no dudó ni por un segundo en saltar frente a esa bola de energía mágica. Lo golpeó. Y...
Erza de un momento a otro rompió a llorar. Se abrazó a sí misma y cayó de rodilla al suelo. Natsu se acercó a ella hecho un mar de preocupación; la Erza que conocía era de carácter, por así decirlo, pesado. Era fuerte, comprometida, y disciplinada. Ahora, la Erza que hacía frente a él, no podía reconocerla. Estaba llorando todo un río. Jamás había conocido esa faceta de ella. ¿Cómo podía actuar Natsu en ese momento? ¿Qué podía decirle?
El Dragon Slayer, con paso firme, se acercó a Erza, se arrodilló frente a ella y la abrazó tiernamente. Erza no paraba de llorar, moviendo su cabeza de un lado a otro, como si se negara a creer que el abuelo Rob hubiera fallecido. Ella lo quería a su lado, decirle que el gremio era asombroso y que tenía razón. Decirle que se había hecho fuerte, hasta convertirse en una maga de clase S. Decirle que lo subiría a su escoba mágica y que cruzarían el cielo nocturno en busca de nuevas aventuras, y para, principalmente, disfrutar de su libertad.
-¡Quiero a mi abuelo de regreso!-chilló Erza. Natsu la abrazó aún más fuerte-¡Mi abuelo...!
Volvió a sollozar. Natsu no podía ver a su amiga de esa forma, tan triste y rota. Ahora podía saber que alguien, muy cercano a él, sabía lo que era perder a una figura paterna. Natsu con Igneel. Erza y su abuelo Rob.
-Yo estoy para ti, ahora-musitó Natsu-el abuelo Rob era muy importante para ti, ahora lo veo. No dejes que la tristeza se apodere de ti. Eso no es lo que tu abuelo querría para ti.
Erza pudo calmarse por un momento. Eso era cierto. El abuelo Rob no quería que ella llorara, de haberlo querido, en el momento que se conocieron en la torre paraiso la hubiera dejado sola y abandonada en el suelo de su celda. Un verdadero hombre no deja que una mujer llore, y el abuelo Rob era un hombre en todo sentido de la palabra. Valiente, comprensivo, humilde, y sobre todo, bastante divertido.
Erza deslizó lentamente sus manos por los costados de Natsu, hasta que lo rodeó completamente. Pegó la frente en su pecho, y dejó que el calor corporal del Dragon Slayer apasiguara los espasmos que invadían su cuerpo. En ese momento, además de su armadura, Natsu la hacía sentir protegida.
-Gracias, Natsu-musitó Erza-Por estar aquí.
-No hay problema, Erza.
Una vez tranquilizado Erza, Natsu salió por un momento del cementerio para comprar un par de veladoras y un ramo de flores, de esa forma mostrarle sus respetos, y el cariño que le tenía Erza. Rezaron por el abuelo Rob en un momento de calma. Y al final, en el atardecer, salieron del cementerio. Natsu se adelantó mientras Erza le daba un último adiós a su abuelo.
-Gracias, Abuelo Rob. Por ti, soy lo que soy ahora. Te quiero.
Erza dio media vuelta. Una mano se posó gentilmente en su hombro, volteó para saber de quién se trataba. Enmudeció.
-Te has convertido en una mujer extraordinaria, Erza. Sigue así.
-Abuelo...
-Te quiero mucho, pequeña-y desapareció.
Continuará...
