~~Pastel de fresa~~
-¿Entonces...todo está bien?-cuestionó el Maestro recargando los codos sobre su escrito, con las palmas unidas a la altura de su rostro.
Frente a él: Una pelirroja vistiendo su clásica armadura, Erza; y junto a ella un chico de cabellera azul oscuro con los brazos cruzados sobre su pecho, Mystogan.
Cuando el Maestro Makarov llegó al gremio, Mystogan lo abordó para hablar con él a solas en la oficina del gremio; primero se aseguró de que todos sus "Hijos" estuvieran bien y a salvo, luego aceptó la petición de Mystogan. Sin embargo, Erza no se quedó con los brazos cruzados. Se acercó a ellos y le informó al Maestro qué había sucedido en su ausencia, y ya que lo había mencionado, se los llevó a ambos. Así llegaron a la oficina.
Mystogan levantó la mirada para responderle al Maestro.
-Así es, Maestro. Nadie salió herido, la unificación de las Lacrimas con el Stellanium fue un éxito; es estable y sólido. Tal como lo planeado, resultó bien.
-¿Los ciudadanos, Erza?-volteó hacia la pelirroja en la armadura.
-Sanos y salvos, Maestro-aclaró.
-Perfecto. Si eso es todo...-
-Quisiera pedirle algo más, Maestro-interrumpió Mystogan. El Maestro lo escuchaba con atención-¿Puede acompañarme para hablar con los miembros del consejo?
Ambos, Erza y el Maestro se sorprendieron ante las palabras de Mystogan.
-¿Porqué razón, Mystogan?
-Necesito que me autoricen establecer una nueva división científica. El Anima causó los cambios drásticos en las Lacrimas, pero algo más... ALGUIEN MÁS está involucrado. Tengo qué averiguar de quién se trata.
-¿Crees que alguien más está involucrado?-preguntó Erza. Mystogan la miró de reojo y asintió.
-Sí, Erza. Y temo por que sus intenciones no sean las mejores.
-Bien-intervino el Maestro-lo haré. Iré contigo para hablar con el consejo y convencerlos de ayudarte.
-Le agradezco mucho, Maestro.
-Es lo menos que puedo hacer después de habernos ayudado, Mystogan. Es mejor irnos de una vez-el Maestro bajó de la silla detrás de su escritorio y dirigiéndose a la salida. Erza y Mystogan se levantaron para irse también, detrás de él. El Maestro se detuvo en el umbral-¡Oh, Erza! Una cosa más.
-Dígame Maestro.
-Por favor supervisa que todos ayuden con la reconstrucción del gremio. Estás a cargo.
-Claro, Maestro. Así se hará.
-Gracias, Erza. Nos vemos luego.
Una vez afuera, Mystogan se reunió con Knightwalker y la puso al tanto del acuerdo que llegó con el Maestro, después, la otra pelirroja se fue del gremio para recoger sus pertenencias de ella y Mystogan del hotel donde se habían hospedado.
Mientras tanto, los chicos de Fairy Tail, y Mystogan, comenzaron a reconstruir el gremio: Algunas paredes que fueron dañadas por las garras de la bestia de humo, los bancos y mesas, y parte de la cocina que fue quemada por la explosión de la Lacrima, aquella que dejó mal herida a Lisanna. Y ahora que lo pensaba, Erza no veía por ningún lado a Natsu ni a Lucy; muy seguramente salieron para visitarla en el hospital donde la llevaron cuando la bestia atacó. La enfermería del gremio estaba expuesta, así que la evacuaron. Aunque la idea de Natsu y Lucy estando juntos no le gustaba a Erza, ella veía que no tenía razón de sentirse así. Lucy y Natsu son amigos, y no creía que algo más creciera entre ellos. Se encogió de hombros y continuó con si labor.
-¡Scarlet!-la llamó una voz detrás de ella. Erza volteó y se encontró con Knightwalker, ni siquiera notó cuando regresó.
-¿Qué ocurre, Knightwalker? ¿Dónde está Mystogan?-preguntó buscando al peliazul de un lado a otro.
-Ya se fue, junto con su Maestro.
-Oh. Yo creí que se iba a despedir de nosotros.
-Por eso estoy aquí-aclaró-me encargo decirles que espera volver a verlos en el futuro, y que lamenta haberse ido así sin más.
-Lo entiendo. Debe estar muy ocupado con ese asunto de la nueva división científica.
-Sí. Eso lo viene pensando desde que llegamos aquí a Earthland. Quiere resolver ese asunto del Anima de una vez por todas.
-Bueno...-Erza extendido la mano derecha para despedirse de Knightwalker-pues les deseo mucha suerte con eso.
-Gracias-dijo la pelirroja aceptando la mano de Erza, la estrechó firmemente. Sinceramente, Erza deseaba lo mejor para ellos, después de todo: Ya no había rivalidad entre ellas-ya me tengo que ir.
-Cuídate.
Knightwalker soltó a Erza, asintió, y le dio la espalda. Después de dar un par de pasos se detuvo.
-¿Recuerdas que antes te dije que estaba comprometida?-Erza frunció el ceño, confundida. Pero asintió-yo, en el pasado, yo creía en el amor. Pensaba que eran una montaña de estupideces, estaba equivocada. Del amor puedes obtener una fuerza increíble, y te motiva más cada día.
-¿Porqué me estás diciendo esto?-quiso saber. Knightwalker sonrió, pues encontraba la inocencia, o ignorancia, de Erza muy divertida.
-Es obvio que amas al pelirosado de allá-dijo señalando a Natsu, quien competía con Gray por ver quién cargaba más pilares de madera. Erza se puso más nerviosa y se sonrojó-dile lo que sientes.
-No es tan simple-musitó. Knightwalker rodó los ojos.
-Por favor, Scarlet. Tú sola te complicas la vida. No lo pienses, sólo actúa. Yo lo hice.
Erza examinaba centímetro a centímetro las facciones del rostro de su contraparte de Edolas, buscando una señal de duda, o mofa, o indiferencia. Pero sólo encontró: Seguridad. Knightwalker le estaba diciendo la verdad. Y no podía creerlo.
La otra pelirroja rodó los ojos, para luego golpear el brazo de Erza; fue un pequeño golpe, casi ni lo sintió. Eso confundió más a Erza. Pero al cabo de unos segundos comprendió lo que trataba de hacerle entender. Knightwalker le estaba dando animos. No podía creerlo. Erza sonrió.
-Lo haré-dijo en tono neutral. Para ambas sonó como una respuesta cualquiera, pero en el fondo, Erza se estaba haciendo una promesa. O más bien...un objetivo.
Knightwalker asintió, le dió la espalda a Erza y se alejó de ella. Apresuró el paso para lograr alcanzar a Mystogan y al Maestro Makarov.
Erza la veía perderse a la distancia; cruzando la entrada principal del Gremio, la calle continua, hasta desvanecerse. Mientras la veía, Erza se estaba preguntando una cosa: Si alguien tan complicado como Knightwalker logró enamorarse de una persona, y esa a su vez le correspondió, ¿Qué le impediría hacer lo mismo? Después de todo...lo que Erza sentía por Natsu era real, y quería demostrárselo. Sin embargo ahí estaba el problema: No sabía cómo.
Pasaron dos días y el Gremio volvió a su rutina diaria. La cocina fue remodelada y actualizada con las Enigma para ayudarle a Mirajane en sus labores. Además, Lisanna ya estaba de regreso. Aunque no del todo; necesitaba de una silla de ruedas para desplazarse a todos lados, afortunadamente Warren y Levy lograron adaptarla con Enigma para hacerla flotar, y que Lisanna pudiera moverla con la influencia de su magia. Lo que resultó bastante conveniente. La Enigma resultó más útil de lo que cualquiera que haya visto el cómo fue fabricada pudiera imaginar, útil para todos, incluidos los ciudadanos de Magnolia. Fue como un regalo oportuno.
Lisanna se encontraba rodeada por sus amigos más cercanos: Gray, Wendy, Lucy, y Natsu. Todos charlando tranquilamente, como cualquier otro día. A la distancia, Erza los veía sentada sobre un banquillo frente a la barra donde podía verse una rebanada de su pastel favorito de fresa. Estaba más que feliz y aliviada de ver a la pequeña albina casi curada de sus heridas, y con la fuerza suficiente para regresar al Gremio. Porque incluso para entrar, debías de tener cierta fuerza, ya que en cualquier momento podía iniciarse una pelea sin sentido, y había que defenderse. Aunque, no podía evitar sentir un hormigueo en la nuca, y ardor en su vientre al notar cómo se acercaba demasiado a Natsu. ¿Estaba celosa? ¿Eso sería algo normal apartir de ahora? No le gustaba, pues estaba creyendo que comenzaba a odiarla; a cualquiera que se acercara a Natsu. Y eso no era cierto. Erza la respetaba, la quería como una amiga. No quería tener que llegar a eso.
-¿Estás bien?-le preguntó Mirajane al recargarse sobre la barra. Erza dió un pequeño brinco, no la había escuchado acercarse.
-Me asustaste, Mira-dijo al volverse hacia ella.
-Te veo muy pensativa, Erza. No has parado de verlos-Mirajane señaló a sus amigos con un gesto usando la barbilla. Erza no cambió su tranquila expresión.
-Me he preguntado cómo se encuentra Lisanna. Sobrevivió a una explosión directa de una Lacrima, eso es muy doloroso para cualquiera.
-Ella se encuentra bien-aclaró con una dulce sonrisa-Lisanna es más fuerte de lo que parece, se está recuperando muy rápido.
-Es bueno saberlo.
Erza volvió la vista de nuevo hacia sus amigos, en cierto modo le gustaba verlos charlar y llevarse bien. No era algo normal en ellos, así que debía disfrutarlo. Se sorprendió al descubrir a una pequeñita de ocho años parada sobre la mesa; su traje típico de pistolera brillaba con la luz del sol, Erza dedujo que era nuevo. Brincaba y bailaba sobre la mesa, haciendo reír a todos a su alrededor.
-No sabía que Asuka estaba aquí-le dijo a Mirajane sin apartar la mirada de sus amigos.
-Sí, ella está aquí desde la mañana-Mirajane se limpió las manos con su delantal mientras se agachaba, tomó algo del interior de la barra, y se lo mostró a Erza-¿Crees que esto le guste?
Erza regresó la vista hacia Mirajane y encontró una caja de madera mediana abierta frente a ella, dentro había un par de pistolas de juguete ya preparadas con un corcho de goma esperando ser disparado; ambas eran del color blanco con el mango marrón. Erza pensó que para ser de juguete eran muy bonitas, y vaya que parecían reales.
-¡Wow, son hermosas!-vociferó con asombro. Mirajane rió por lo bajo, estaba más que satisfecha-¿Son un regalo?
-Así es. Más que nada porque quería darle algo especial, no todos los días se cumplen nueve años-Erza amplió los ojos como platos y se levantó de su salto de su asiento.
-¡¿Es su cumpleaños?!
-¿Lo olvidaste?-cuestionó la albina, mirando a su amiga la pelirroja con desconcierto e incredulidad.
-Yo...-Erza titubeó-han pasado tantas cosas que...sí, lo olvidé.
-Ay, Erza. Pues déjame decirte que debes hacer algo, todos en el gremio ya tienen un regalo para darle esta noche. Y cuando digo "Todos"...-Mirajane tomó a Erza de los hombros y la giró discretamente a su derecha para que viera algo en especial-son "TODOS".
Happy y Charlie estaban sentados sobre la barra, uno en frente del otro; la Exceed blanca metía cuidadosamente una muñeca de porcelana que era de su mismo tamaño, usando un atuendo de antaño digno de una señorita, dentro de una caja de cartón. Mientras tanto, Happy tomó un liston rosado que tenía a un costado de él, y lo amarró con delicadeza sobre un gran y largo...pescado.
Erza levantó una ceja un tanto confundida por las razones de su compañero para regalarle un pescado a una niñita como Asuka.
-Demonios-exclamó la pelirroja. Su mirada perdida al frente-no debo quedarme atrás. Tengo que buscar un regalo para la pequeña Asuka o seré superada hasta por Happy.
-Exacto-musitó Mirajane. Tomó la caja de aquellas pistolas de juguete y las volvió a guardar-es medio día, tienes ocho horas para encontrar un regalo APROPIADO para una pequeña, y entregárselo cuando llegue tu turno.
Erza se levantó de su asiento, con las facciones de su rostro fijas en una expresión que denotaba determinación y seguridad. Mirajane la miraba con un dejo de intriga e interés. La pelirroja de la reluciente armadura se impuso una sola meta: No quedarse atrás y encontrar un buen regalo que hiciera feliz a una tierna niña y miembro del gremio como es Asuka. Erza la quería mucho, al igual que todos los miembros restantes; la tarea iba a ser difícil, pues había demasiada competencia, pero de algo estaba segura: Daría lo mejor de sí para hacerle pasar a Asuka el mejor de sus cumpleaños.
Erza salió corriendo del gremio, pasando entre sus amigos como una exhalación, y se dirigió a la tienda más cercana de juguetes, la cual estaba a tan sólo un par de calles de distancia.
La juguetería por fuera parecía una sencilla casa, normal y común; con unas ligeras diferencias como: una puerta de cristal con un diminuto letrero que decía "Abierto"; una enorme ventana del lado izquierdo, donde estaban exhibidos los más recientes y populares juguetes; y más que nada, sobre la entrada, un letrero cuyas letras de diferentes colores deletreaban "El Soldado de Oro".
A Erza le brillaron los ojos al ver la tienda; era algo nuevo. Nuevo y emocionante. Entró a la tienda empujando la puerta que a su vez golpeó una campana colocada en el techo, cuando esta tintineó una mujer de la tercera edad apareció detrás del largo mostrador y le sonrió muy dulcemente.
-¡Muy buenas tardes, querida, y bienvenida al "Soldado de Oro"!-dijo desbordando amabilidad y calidez en cada palabra, sus brazos extendidos ambos lados como si fuera a darle un amistoso abrazo. A Erza le pareció tierno-¿En qué puedo ayudarte?
-Sí, hola y buenas tardes para usted también-Erza habló rápidamente. Trató de controlar la emoción que sentía de encontrarse en un lugar tan animado para hablar con más calma y educación-estoy buscando un regalo para una niñita muy especial que va a cumplir años hoy...-
-¡Oh, ya entendí!-interrumpió la señora con una mirada acusadora y una sonrisa de complicidad-olvidaste su cumpleaños y estás buscando un regalo de último minuto.
Erza se sintió avergonzada, en cierto modo la señora tenía razón. No es que se excusara al señalar todo lo que vivieron en el gremio los últimos días, pero eso había ocurrido sinceramente. Mas sin en cambio ella estaba ahí, buscando un regalo, con la intención de corregir su error. Un descuido.
La pelirroja asintió en respuesta. La señora rodeó el mostrador y se colocó frente a ella.
-Está bien, querida. Todos hemos pasado por eso una vez-aclaró, principalmente para calmarla. Su expresión reflejaba la enorme pena que sentía por dentro.
-¿Lo dice en serio?
-Claro que sí-confirmó la señora llevando ambas manos a sus caderas-yo olvidé el cumpleaños de mi bisnieto hace un mes. Estuve recorriendo toda la ciudad en busca de un regalo perfecto para él; como sabe que trabajo en una juguetería, me pidió exactamente que no le regalara nada de aquí porque dice que podría dejar a otro niño sin un juguete con el cual podría divertirse.
-¿Eso dijo si bisnieto?-preguntó la pelirroja, asombrada por el relato de la señora. Ella, en respuesta, asintió-fue muy lindo de su parte.
-En verdad.
-¿Y encontró el regalo para su bisnieto?
-Sí: Una alfombra mágica. Ahora se la pasa volando por toda la casa, ¡Jajaja! Volviendo loca a su madre.
Erza rió por lo bajo. La señora se encogió de hombros aún sonriendo.
-¿Tienes alguna idea de qué regalarle a esa niña especial?-cuestionó cruzándose de brazos.
-No estoy muy segura, para serle franca. A ella le gusta todo lo relacionado con los vaqueros: Pistolas, caballos, sombreros-la señora movía la cabeza de arriba a abajo, escuchando atentamente a Erza mientras pensaba en algo que se adecuara a su explicación-todo eso. Y para ser más complicado: No seré la única que le regale algo. Mis demás compañeros también lo harán.
-Pues vaya que le tocó algo muy díficil.
-No tiene idea.
-Déjame ver qué tengo para la pequeña, ¿De acuerdo?-antes de que Erza pudiera responderle, la señora despareció por un pasillo al fondo de la tienda.
Erza decidió echar un vistazo a la tienda mientras regresaba la amable dueña; los juguetes cuidadosamente colocados en repisas de madera, o estantes a la mitad del local, maravillaron a la pelirroja. En sus hijos había una luz que brillaba cada vez que miraba un nuevo juguete. Había figurines de plástico hechos para hacer una sola pose, esos debían de ser los más económicos; muñecas de trapo, o madera, incluso de porcelana, ubicadas en las repisas de la pared derecha. Bastante lindas; cientos de caballos de diferentes colores, pero todos parecían el mismo; instrumentos también había. Vaya que la dueña tenía una gran variedad de juguetes para elegir.
A Erza le pareció un poco desconcertante que de niña no tuviera alguna clase de atracción hacia los juguetes; era una niña después de todo, y los chiquillos de esa edad desean un juguete más que nada en el mundo. Sin embargo, los recuerdos de su vida en la Torre paraíso la golpearon de momento, y fue entonces que supo el porqué. Su infancia había sido consumida por la oscuridad de aquél lugar.
-¡Mira lo que tengo aquí, querida!-anunció la señora alzando los brazos a ambos lados. Erza reaccionó y regresó al mostrador-¡Helas aquí!
La dueña tenía una gran caja de madera pulida, color negra, sobre el mostrador; se veía muy importante y elegante. Erza se emocionó al verla, formó una pequeña "O" con sus labios al imaginar qué habrá ahí adentro.
-¿Y qué es?-preguntó con un hilo de voz.
-Estas me acaban de llegar-comentó la dueña acercándose más a Erza, como si le estuviera contando un secreto-son nuevas, raras, y muy caras. Pero te aseguro, querida, que valen cada Jewel que gastes. Tienen mucho poder mágico, concentrado específicamente para el uso de los niños sin que se vayan a hacer daño; hechas de un metal muy resistente, no tóxico, y duradero. ¡LAS MEJORES PISTOLAS QUE SE HAYAN HECHO!
La dueña abrió la caja de forma muy dramática, revelando así el contenido. Había una expresión de asombro en el rostro de Erza, pero cuando terminó de procesar lo que había dicho la mujer frente a ella, su expresión se fue apagando. Y efectivamente lo que se había imaginado se hizo realidad: Aquellas maravillosas pistolas...eran las mismas que Mirajane compró mucho antes. Exactamente las mismas. Sí, eran preciosas, pero por obviedad: No las iba a comprar.
-Oh, no...-masculló Erza. La dueña se preocupó.
-¿Qué ocurre, querida?
-Lo lamento mucho, pero esas pistolas ya las compró una amiga mía. Apenas-tanto Erza como la dueña se sintieron desanimadas, y ambas agacharon la mirada con pesar.
-Qué mala suerte.
-Sí.
La dueña se encogió de hombros y dibujó una nueva sonrisa.
-Qué se le va a hacer. Las casualidades están por doquier, no podemos evitarlas.
-Pero ahora no tengo un buen regalo-repuso la pelirroja inflando sus mejillas-y en verdad quería comprarlas. Se ven muy bonitas.
-No te preocupes, querida. Esas cosas pasan-la dueña cerró la caja de las pistolas, y recargó los codos sobre el mostrador-¿Tienes alguna otra idea?
-La verdad, no.
-Hmm...-la dueña meditó por unos minutos, hasta que una idea llegó a su mente-¿sabes...?, no hay nada mejor para un niño en su compleaños, además de los juguetes, que un gran pastel. ¿Y si le haces un pastel?
Erza alzó la mirada. ¿Porqué no había pensado en eso antes? Era una gran idea.
-Es cierto. Puedo hacerle un pastel; conozco mucho sobre pasteles, no sería ningún problema. ¡Qué gran idea, señora!
-Me alegra haberte ayudado, querida. Soy una mujer grande, muy grande, tengo años de experiencia.
-Muchas gracias, señora. En verdad me ayudó-dijo mientras estrechaba la mano de la dueña, y la agitaba con entusiasmo.
-Es un placer, querida. Para eso estoy.
-Ya me tengo que ir, tengo mucho qué hacer.
-Te deseo mucha suerte, y ojalá vuelvas pronto.
Erza asintió y salió disparada de la juguetería. Ahora...tenía una misión: Preparar el más sabroso, grande, e increíble pastel del mundo. Todo con tal de hacer feliz a la pequeña Asuka.
El reloj marcó las dos de la tarde, tan sólo seis horas faltaban para el cumpleaños de Asuka, mas en cambio Erza...no podía sentirse más determinada.
Una cosa eran los juguetes, otra la ropa o los zapatos, pero estábamos hablando de un pastel. ¡Un pastel! Podría tratarse de una broma de mal gusto, o una conveniente coincidencia; Erza desde que recibió el pago por cumplir su primera misión, siempre compró una rebanada de pastel de fresa para celebrar un trabajo bien hecho. Era un exquisito gusto que se daba a diario, o a cada semana. Así que conocía los pasteles como la palma de su mano, de arriba a abajo, y al derecho y al revés. Tenía todas las de ganar.
Después de pensarlo por un largo rato, Erza se decidió a hablar con la dueña de la pastelería que más frecuentaba, explicarle la situación, y pedirle amablemente que le permitiera usar su cocina para preparar el pastel. Hablar se entiende a la gente, y a Erza le salía muy bien el diálogo...en algunas ocasiones. No habría problema.
Habló con la dueña, y las dos llegaron a un acuerdo que las beneficiaría: Erza prepararía su pastel a cambio de guardarle a la dueña una rebanada de su obra maestra, y de limpiar por completo la cocina. Pan comido, literalmente.
Erza puso manos a la obra; invocó su vestimenta de cocina, que se asemejaba mucho a la vestimenta tradicional de un Chef, pero con un toque más fantástico, y preparó el horno. Comenzó a preparar la mezcla para la masa, reunió los ingredientes necesarios: azúcar, levadura, las decoraciones, el glaceado, ya sólo faltaba la harina. Encontró el costal recargado en la pared cerca del horno, se agachó para tomarlo, y de un sólo tiró lo levantó y colocó sobre su hombro. Parecía que lo había cargado como una almohada, o una bolsa de plástico llena de algodón; tantas misiones y entrenamiento le brindaron a Erza gran fuerza y resistencia. Sus brazos se marcaban notoriamente con sus músculos y una que otra vena. Cualquiera se asustaría al verla.
Dejó caer el costal cerca de la mesa, se irguió, y frente a ella apareció una sombra; se trataba de una persona, un chico en realidad, que ella conocía perfectamente. Dió un brinco de sorpresa y cruzó los brazos al tensar su rostro.
-¡¿Qué estás haciendo aquí?!-exigió saber.
-Te vi entrar aquí hace poco y me preguntaba qué estabas haciendo-respondió de manera simplona. Pasó nerviosamente la mano derecha por sus cabellos rosados y dibujó una característica sonrisa despreocupada-¿Estuvo mal?
-Natsu, tienes que irte.
-¿Porqué?-espetó ligeramente indignado-no estoy haciendo nada malo.
-Porque necesito concentrarme para lo que estoy a punto de hacer.
-¿Qué?
-Un pastel para Asuka
-¿De verdad?-Erza asintió-¡Es una buena idea, quiero hacer uno yo también!
-No, Natsu. Vas a hacer un gran desastre en la cocina, y yo le prometí a la dueña que mantendría todo en orden y limpio. Lo dejaría así como me lo entregó-Erza buscó con la mirada la despensa donde guardaban los recipientes para la mezcla, lo encontró y le dió la espalda a Natsu con aire digno-ahora vete.
Natsu se cruzó de brazos y frunció el ceño.
-Lo que pasa es que tienes miedo de que haga un pastel mejor que el tuyo-se burló. Erza see detuvo en seco, tensando sus hombros y brazos; volteó lentamente con un aire sombrío, casi de ultratumba. Natsu sudaba en frío, pero no cambió su desafiante expresión.
-¿Qué dijiste?-la voz de Erza sonó más profunda y grave, digna de un espíritu malévolo.
-Tienes miedo de que yo prepare un pastel mejor que el tuyo-repitió el pelirrosado. Dió un paso más hacia Erza-MUCHO, MUCHO MEJOR.
-Nadie, repito, NADIE...-Erza hizo lo mismo, se acercó más al Dragon Slayer. Para entonces ambos ya estaban caminando hacia el otro, hasta quedar frente a frente-conoce mejor los pasteles que yo. ¿Y TÚ CREES HACER UNO MEJOR QUE YO?
-...Aye-respondió con voz chillona, casi imitando a Happy.
Erza enarcó una ceja al mismo tiempo que levantaba la frente muy orgullosamente. Estaba claro que el desafío había sido lanzado, de nadie se esperaba algo así, ni siquiera de Natsu. Pero era claro que algo en él cambió, y en cierto punto...era interesante.
De momento Erza lo agarró con una mano de la cara, clavando su pulgar en la mejilla derecha y los demás dedos en la izquierda de él; lo acercó más a ella, obligándolo a agacharse aunque sea unos centímetros y mirarla a los ojos.
-Eres muy valiente para decir eso, Natsu.
-Ahm...-
-¡Sshh!-lo interrumpió arrugando la nariz y acercándolo más-¿Crees que eres mejor que yo en hacer un pastel, eh? Entonces demuestralo. Acepto tu desafío.
Empujó a Natsu hacia atrás, haciendo que chocara contra una pared de espaldas y una vez más le dió la espalda. Natsu no sabía bien en qué se había metido, pero no daría vuelta atrás. Era su momento de demostrarle a Erza qué tan bueno era.
Sin perder tiempo, Natsu reunió todo lo que necesitaría para preparar el pastel: Los ingredientes, recipientes, tazas medidoras, etc. Y se colocó a la derecha de Erza, quien no dejaba de concentrarse en visualizar el pastel que prepararía; cuántos pisos, el glaseado, los bordes, adornos, el sabor era más que obvio de qué lo iba a preparar. Así que ya estaba todo listo, y sólo les quedaban cuatro horas para el cumpleaños de Asuka.
Natsu fue el primero en iniciar, mezclando los ingredientes tan rápido como sus manos le permitieron; guiándose por la receta que sostenía en su mano derecha. Una vez terminada la mezcla, llenó los recipientes a tope para meterlos al horno.
Erza, por otra parte, se estaba tomando su tiempo con la preparación; no había prisas, ni estrés, mucho menos presión. Ella disfrutaba cada segundo que le tomaba preparar la mezcla, y en verdad lo disfrutaría. ¿Cuándo podrías divertirte en hacer lo que más amas? Cuando la mezcla ya estaba terminada, limpió la cuchara que había usado para revolverla con su dedo índice y la probó. Inmediatamente se sintió satisfecha con el resultado: Estaba más que delicioso.
Natsu sacó los recipientes del horno con las manos desnudas y los depositó sobre la mesa de madera, dejó que se enfriaran, los sacó y prosiguió a decorarlos; primero con una capa roja brillante de glaseado, luego le dibujó flamas a los costados de diferentes colores, y agregó en los bordes un glaseado amarillo. Vaya que se estaba esmerando en decorarlo.
Erza lo miró de reojo y se sorprendió bastante. No podía creer que Natsu estuviera trabajando tan concentrado. Muy pocas veces podía verse eso. Y no quiso quedarse atrás; sus bases terminaron de hornearse y ahora era su turno de decorarlo. Lo cubrió con glaseado blanco al pastel de arriba a abajo, los tres pisos; en los bordes colocó otro de color gris; los costados pasaron a ser decorados con figuras de caballos, pistolas, sombreros vaqueros, todo lo referente a los gustos de la pequeña Asuka. A pesar de no dibujar tan bien como Reedus, Erza hizo su mejor esfuerzo para que quedaran bien. Y el resultado fue sorprendente.
-¡Wow, Erza!-exclamó Natsu. Erza se giró hacia él y le dedicó una mirada inquisitiva-qué lindos dibujos.
-Gracias, Natsu-dijo. No esperaba que el Dragon Slayer la elogiara, no era propio de él. Le echó una rápida ojeada al pastel de Natsu-el tuyo también está lindo.
-¡Lo sé! Vaya que es díficil decorarlo con esta cosa-Natsu trataba de limpiarse restos del glaseado de las manos, pero no lo conseguía; se embarraba cada vez que lo intentaba. Erza rió por lo bajo y se acercó a él.
-Déjame ayudarte-suguirió. Natsu extendió su mano derecha para dejarse hacer por la pelirroja.
Erza tomó un trapo húmedo de la mesa y limpió la mano de Natsu con gentileza; eliminando poco a poco los restos del glaseado rojizo que salpicaba aquella mano. Natsu sólo la miraba calladamente, como si lo que estaba viendo en realidad fuera una ilusión. Erza terminó y con un gesto le pidió la otra, Natsu aceptó y levantó la otra mano. Erza mantenía una cálida sonrisa en su rostro y, si la vista de Natsu no lo engañaba, también había un rubor en sus mejillas. ¿A caso estaba feliz de hacer aquello? ¿A qué se debía esa expresión?
Erza terminó con la mano y alzó la mirada hacia el rostro del Dragon Slayer, ahí notó que tenía una gota de glaseado en la mejilla; levantó el trapo hacia esa zona y la limpió despacio. Cuando terminó, Natsu sonrió.
-¿Te estás divirtiendo, verdad?-preguntó. Erza hizo más grande su sonrisa.
-Claro que sí-respondió muy animadamente-sabes que me encantan los pasteles, y hacer uno en esta panadería es lo mejor.
-Eso veo.
-¿A qué te refieres?-cuestionó Erza enarcando una ceja.
-Estás sonriendo-señaló Natsu. La pelirroja desvío la mirada, un poco apenada y sonrojada-no te había visto sonreír así en el gremio.
-Han...han pasado muchas cosas-musitó. Con al trapo aún en las manos, comenzó a juguetear con el-y no tengo de qué sonreír.
-Yo...bueno...-balbuceó el pelirrosado rascándose nerviosamente la nuca.
-¿Qué?
Natsu no respondió. Volteó hacia su pastel ya terminado, lo tomó de su base de madera y lo cargó entre sus manos. Erza aún esperaba una respuesta.
-Tú...deberías sonreír más-dijo casi en un susurro. Erza ladeó la cabeza interesada por lo que estaba diciendo su amigo-si necesitas reírte de algo, entonces yo te haré reír a diario.
-Natsu...-musitó.
El pelirrosado sacudió la cabeza y sus labios se curvearon hacia arriba, en una clara sonrisa maliciosa.
-¡Una carrera al gremio para entregar el pastel!-no esperó a la respuesta de Erza y salió corriendo de la panadería, no sin antes gritar a la distancia-¡A que no me alcanzas!
-¡Natsu, regresa aquí!-reclamó Erza-¡Tienes que ayudarme a limpiar!
Para cuando le gritó aquello, Natsu ya se encontraba fuera del alcance de su vista. Erza gruñó entre dientes una maldición y regresó dentro de la panadería para dejarla impecable; cerró la puerta con llave, tomó su pastel protegido con una linda caja de cartón rosada y se apresuró en llegar al gremio.
Sólo media hora para el cumpleaños de Asuka.
Todos dentro del gremio ya habían terminado de adornar; había globos por todas partes, serpentinas multicolores adornando las paredes, enormes letreros con la leyenda "Felicidades Asuka" dispersos por todo el gremio, mesas de bocadillos y bebidas al fondo. Era una fiesta en grande; después de todo...Asuka es la primera niña nacida dentro del gremio en muchos años. Prácticamente el gremio era su segunda familia.
Alzack y Bisca arribaron con la pequeña cumpleañera sosteniendo sus manos y se escuchó un sonoro grito por parte de todos en el gremio.
-¡FELIZ CUMPLEAÑOS, ASUKA!
La pequeña, llena de emoción y felicidad, saltó de felicidad mientras agradecía a todos y cada uno por tal muestra de cariño y afecto. Cada quien se acercó educadamente y en orden para felicitarla y entregarle sus regalos; por ser de los últimos, Natsu tenía que esperar hasta el final para entregarle el suyo. Eso no le quitaba lo impaciente, el saber que en algún momento podría llegar Erza y arrancarle la cabeza de un solo puñetazo, lo ponía muy nervioso. Pero sólo le quedaba esperar.
Todos estaban pasando un momento muy agradable en la fiesta; obviamente debían controlarse un poco, pues se trataba de la fiesta de una pequeña. No había lugar para el desmadre habitual del gremio, y mucho menos de bebidas como la cerveza.
Las mesas del gremio estaban completamente llenas, todos estaban comiendo los platillos que habían preparado Mirajane, Lisanna, Wendy, y Lucy; las cuatro chicas se habían puesto de acuerdo en hacer la comida favorita de Asuka, y en verdad les había quedado muy deliciosa. Se notaba el amor que sazonaban los platillos con cada cucharada. Eran un completo manjar. Lo mejor de todo era que había mucha comida como para repetir plato las veces que quisieran. Un completo bufete de primera.
Llegadas las diez de la noche, todos se reunieron alrededor de la mesa de centro, justamente donde se encontraba sentada Asuka junto a sus padres, para cantarle la melodía de cumpleaños; fue en ese entonces que Natsu supo que el momento adecuado para presentarle a la pequeña su regalo había llegado. El Dragon Slayer se apartó de los demás y fue por el pastel; llegó a la mesa, lo tomó por la base de madera, y lo levantó. De improviso sintió un escalofrío en su espalda, y una sensación de peligro lo inundó de pies a cabeza; volteó sobre su hombro derecho y su rostro cambió radicalmente a una expresión de terror puro. Si la muerte tuviera un rostro, seguramente sería el que acababa de ver.
La canción terminó el salón se llenó de aplausos, luego comenzaron a vitorear la llegada del pastel: unos gritando su nombre y otros silbando. Momentos después el pastel llegó siendo cargado en brazos de la mujer más fuerte del gremio. La pelirroja llamada "Reina de las hadas" había llegado con una dulce y satisfactoria sonrisa en su cara.
-¡Feliz cumpleaños, Asuka!-dijo en tono angelical, casi maternal. El rostro de la pequeña se iluminó al ver semejante monumento de pastel, incluso, tenía un hilito de saliva cayendo de la comisura izquierda de su labio inferior-este pastel lo hice yo misma; trabajé duro y con mucho esfuerzo para traerlo. Espero que te guste.
-¿Cómo se dice, hija?-musitó Bisca a su hija.
-¡Muchas gracias, Erza!-gritó. Erza se sonrojó-¡Se ve muy delicioso!
-¿Porqué no lo pruebas?-sugurió.
La pelirroja agarró el cuchillo para partir el pastel que ya se encontraba en frente, cortó un trozo pequeño, lo sirvió en un plato y se lo entregó con gracia a la pequeña Asuka. Ella levantó su cuchara, y cuando estuvo a punto de darle la primera cucharada algo golpeó la mesa con fuerza, llamando la atención de todos; voltearon y descubrieron a Natsu respirando agitadamente con el cuerpo cubierto en sogas gruesas, de esas que ocupan el los barcos para amarrar las velas; frente a él estaba su pastel aún intacto.
Mientras tanto Erza, quien se había cruzado de brazos al ver acercarse a Natsu, trataba de no reírse al ver aquellas sogas quemadas en algunos lugares. El pelirosado la miró de reojo, y ella le dedicó una mirada y sonrisa traviesas.
-¡Natsu!-dijo Lucy del otro lado de la mesa-¿Dónde estabas? Tenías que traer el pastel para la pequeña Asuka.
-¡Para mí que te lo querías comer tú solo!-acusó Gray recargándose sobre la mesa-¡Como siempre devoras toda la comida!
Hubo carcajadas por parte de todos. Natsu rodeó la mesa para llegar a Asuka, ignorando los comentarios de sus amigos. Trató de formar su mejor sonrisa, pero sólo consiguió hacer una mueca extraña, como si fuera una combinación de malestar y estrés, lo que hizo reír a la pequeña.
-Natsu se ve gracioso-señaló Asuka.
-¿Porqué no pruebas mi pastel, Asuka?-le susurró el Dragon Slayer-verás que es mucho mejor que el de Erza.
Le arrebató el cuchillo a la pelirroja y cortó un trocito de su pastel rojo brillante, para entregárselo a Asuka. Todos estaban confundidos.
-¿Los dos hicieron un pastel?-quiso saber Alzack.
-No.
-Sí.
Respondieron al mismo tiempo Natsu y Erza. La Reina de las hadas dió un paso al frente mientras meneaba la cabeza en desaprobación.
-Qué mal perdedor eres, Natsu-masculló.
-¡¿Qué?!
-Quedamos en que el primero en llegar con Asuka y le entregara un pedazo de pastel sería el ganador, y yo gané. Llegué primero.
-¡Eso fue antes de que me ataras con una soga por la espalda!-repuso el Dragon Slayer con enfado.
Erza colocó su mano derecha sobre el pecho de forma teatral y sobre exageró su expresión indignada.
-Yo no hice tal cosa.
-¡Claro que sí!
-¡Acepta que perdiste!
-¡Yo no perdí!-reclamó. Luego volvió su mirada hacia la pequeña junto a él, quien por cierto, desde que empezaron a pelear, no dejaba de verlos con atención-Asuka, deberías probar el pastel que hice. Es todo tuyo.
-¡¿Todo ese pastel para mí?!-exclamó llena de emoción. Natsu asintió.
-Claro. Por favor pruébalo y dile a Erza que te gustó mucho, mucho.
-¡Ella ya tiene mi rebanada de pastel, Natsu!-protestó Erza apartando a quien estuviera en su camino para encararlo-¡Estás haciendo trampa!
-¡Tú lo hiciste primero!-Natsu hizo lo mismo que Erza, con la ligera diferencia de que empujaba a sus compañeros de gremio con total intención.
-¡No es cierto!
-¡Que sí!
Los dos quedaron uno frente al otro, echando chispas por los ojos. Ninguno suavizaba su seria expresión; el desafío y la molestia podían notarse en su mirada.
Todos a su alrededor los miraban con atención, esperando que al menos, y como era costumbre, iniciara una pequeña pelea campal para ajustar cuentas. Sólo que esta vez se trataba de dos de los más poderosos magos del gremio, y que jamás habían peleado seriamente en el pasado. Todos querían saber cómo terminaría.
-¡¿Tanto quieres saber qué tan bueno es mi pastel...?!-Natsu, presa de un gran impulso de valentía, agarró un gran trozo de pastel con la mano y lo llevó atrás de si cabeza, listo para lanzarlo-¡Entonces pruébalo!
Y lo arrojó. En una milésima de segundo Erza logró agacharse para esquivarlo, y el pedazo de pastel voló por los aires hasta que golpeó a un distraído Gray en toda la cara.
El mago de hielo se levantó lentamente de su asiento y fulminó a Natsu con una fría mirada. Aunque no era lo que esperaba, Natsu estaba satisfecho.
-¡¿QUÉ DEMONIOS TE PASA, ROSADO?!-rugió. Natsu rió a carcajadas mientras lo señalaba.
-¡Te ves mejor así, Gray! ¡Jajaja!
Gray enfureció aún más; volteó hacia la mesa de comida, al pastel que había traído Erza, le arrancó un enorme pedazo y se lo lanzó a Natsu. Este ya lo había visto venir; tomó un plato de la mesa y golpeó el pedazo volador de pastel, regando los restos a todos sus compañeros, Erza incluída.
Hubo un silencio prolongado en el gremio. Todos intercambiaban miradas de confusión. No fue hasta que Erza se reincorporó que todos reaccionaron. La pelirroja tenía los ojos cristalizados, y pequeñas lágrimas adornaban los bordes, y formaba un pequeño y tierno puchero; Natsu no supo cómo procesar lo que estaba viendo, y menos qué decir.
Erza se limpió los restos de pastel con la mano derecha, caminó de forma amenazante hacia el Dragon Slayer, lo sujetó de su chaleco y sostuvo su mirada fija en los ojos nerviosos de Natsu; lo acercó más a ella de un tirón, y sin previo aviso, le embarró el pastel que traía en la mano en la cara, en todo el perfil izquierdo. Natsu, desconcertado, miraba fijamente a Erza incapaz de comprender lo que había hecho; reprimió una carcajada, pero fue en vano, Natsu rió a carcajadas, fuertes y escandalosas carcajadas. Los demás intercambiaban miradas confusas, pero no tardaron en reír también de la misma manera; literalmente todos rompieron a carcajadas.
-No puedo creer que hicieras esto, Erza-dijo el Dragon Slayer limpiándose los restos de pastel de la cara.
-Te merecías esto y más por dejarme en la panadería sola-replicó cruzandose de brazos.
-Me pareció divertido hacerlo.
-Qué tonto eres-masculló Erza.
Ambos se miraban fijamente mientras todos los demás reían sin parar; entonces Erza recordó lo que Natsu le había dicho en la panadería: Que él la haría reír todos los días. Supo que hablaba en serio, y todo porque notó su felicidad y determinación cuando estaba preparando el pastel; fue un detalle muy lindo de su parte. Erza no pudo evitar sonrojarse, su amigo cumplió lo que le dijo, y no podía creerlo.
Asuka tiró del chaleco de Natsu, ambos voltearon.
-Ya terminé de comer tu pastel, Natsu-dijo con voz tierna. Ahora se dirigió a Erza-el tuyo también, Erza.
-¿De veras?-cuestionó Natsu. Asuka asintió-¿Entonces cuál te gustó más?
-Los dos-respondió alzando las manos-estaban muy deliciosos. ¿Me darían otro pedazo?
-Claro-respondieron los dos al mismo tiempo. Natsu y Erza intercambiaron miradas y rieron.
El Dragon Slayer cargó a Asuka entre sus brazos y la acercó a la mesa; tomó el cuchillo, buscó un lado que no hubiera arrancado con la mano desnuda, y cortó otro pedazo, tanto de su pastel como el de Erza.
La pelirroja los miraba a los dos, conmovida por la escena. Natsu tenía buen toque con los niños, aunque él no lo supiera. Erza sonrió ante la idea de ver a Natsu con hijos propios, e inevitablemente pensó en que esos hijos...fueran de ambos. Erza cubrió su rostro con ambas manos de la pena; ve que imaginarse algo así, y con Natsu...jamás los habría imaginado. Aunque, en el fondo, le gustaría que eso pasara.
Fue entonces que impulsada por la escena, y que Natsu quisiera verla sonreír más seguido, pensó en una idea bastante radical y alocada. Natsu siempre demostró ser un buen chico, alguien que se preocupa por sus amigos, y eso demostraba que estaba en el buen camino.
Erza reconoció los sentimientos que tenía hacía él, y ella quería averiguar lo que él sentía. No podía esperar más, así que tenía que tomar la iniciativa.
Cuando Natsu bajó a Asuka, y ella se fue para reunirse con sus padres, Erza se acercó lentamente a él ya mentalizada.
-Natsu.
-¿Qué pasa, Erza?
-¿Tienes planes para mañana en la tarde?-su nerviosismo estaba por los cielos, y sentía arder su rostro; quería agachar la mirada, pero se mantuvo firme. Natsu enarcó una ceja.
-No, no tengo-respondió-¿Porqué?
-Porque...estaba pensando...-las palabras dentro de su mente eran un completo caos revuelto con sus sentimientos. Ella quería preguntarle, y demonios que sí lo haría, aunque tuviera que morder su propia lengua para hacerlo.
-¿En qué, Erza? Actúas muy raro.
-Natsu...-ya no podía soportarlo más, gracias a un impulso de valentía logró completar la pregunta en sus labios-¿Saldrías conmigo?
Continuará...
¡Jóvenes aprendices, me complace anunciarles que llegamos a la parte más p*nche importante del Fic! ¡AAAAHHHH!
Y a quién quiero engañar, este Fic es lo más cercano que tengo a mi Magnum Opus, así que trataré de seguir actualizando.
La buena y mala noticia es que ya empecé a trabajar desde hace ya un mes; buena porque ya tendré dinero, y mala porque me come demasiado tiempo que podría emplear escribiendo la historia. Pero daré mi mayor esfuerzo para actualizar y no dejarlos en ascuas.
Ahora les pido que recuerden mis palabras...APARTIR DE AHORA TODO CAMBIARÁ, LITERALMENTE TODO.
Y como ya no le veo sentido ocultarlo más, les dejo los siguientes arcos que complementan el Fic hasta el final. Lean y regocijense. Sin más que agregar, me despido. Nos vemos pronto, sayonara :3
Arco: "Thief of hearts"_Capítulo 22 al 26
Especial: "Cita"_Capítulo 27
Arco: "Fairy divided"_Capítulo 28 al 37
Arco: "Fairy war"_Capítulo 38 al 52
Arco: "Consecuencias"_Capítulo 53 al 58
Arco: "Yours to hold"_Capítulo 59 al 70
Arco: "Hell's gate"_Capítulo 71 al 85
Arco: "Empire"_Capítulo 86 al 100
