Capítulo 6: La reina de la fiesta, parte 2
Las muchachas atravesaron un portal infernal, que la demonio abrió en algún lugar oculto dentro de Hatisland y llegaron a la vereda del frente de una discoteca en Atreno City. Entraron al antro, una vez amenazaron al guardia de ser decapitado, y se encontraron con el ambiente fiestero que buscaban; gente bebiendo, riendo, besuqueándose, gritando desaforadamente para que sus conversaciones se escucharan y bailando al ritmo de la música. Era perfecto para una noche loca de chicas.
– ¡Qué emoción! ¡No hacíamos esto desde la graduación! – chillaba Envy, extasiada.
– ¿Te refieres a entrar a discotecas o a escaparse como lo hicieron Jill y Quimera esa vez? – le preguntó Póker Face.
Aquel comentario produjo la risa de las demás y la vergüenza de la cumpleañera. El sonrojo de sus mejillas fue bastante notorio, sobre todo porque todas sabían a qué se refería.
– Sí, sí. Cómo sea. – intentó evitar el tema. – ¿Vienen a parrandear o se quedarán a chismear? – cuestionó a la defensiva.
– ¿No es obvio? – sonrió Cobalt Blue. – ¡Mawrasite! ¡Vamos a la barra por unos buenos tarros de cerveza! – le invitó con entusiasmo.
– ¿Cerveza? ¡JÁ! – se burló la demonio. – La cerveza es para bebés. A mí tráeme un tequila. – le pidió con una sonrisa soberbia.
Ambas asintieron y se separaron del grupo para ir a la barra, entre tanto las otras tres buscaban alguna mesa disponible para ubicarse. Se escabulleron en medio de la gente hasta que encontraron una a distancia prudente del baño, sentándose para reservarla.
– ¡Extrañaba tanto salir con ustedes, chicas! – declaraba Froze, agitando ansiosamente sus manos.
– ¡Yo también! – concordaba la Princesa. – ¡Estaba cansada de salir con los empollones de la Facultad de Economía! ¡Las chicas son unas desabridas y los chicos son todos unos ñoños virginales!
– ¿Igual de ñoños y virginales como con el que bailaste hoy? – preguntó la otra, con una expresión pícara.
– No, duende. – le negó con el ceño fruncido. – El Dr. Flug es un ñoño distinto a ellos. Además, bailé con él solamente porque no fuiste capaz de sacarme a Dark Phantom de encima. – le sacó aquello en cara para no quedar mal en frente de su otra amiga.
– Aparte, esos no son del tipo que le gusta a Jill. – interrumpió esta, con su usual tono inexpresivo. – A ella le gustan las rudas, gruñonas y con la fuerza bruta de un gorila.
– UUUUY~ – se burló la muchacha gélida, escupiendo una carcajada. La cumpleañera, en respuesta, rodó los ojos con fastidio y soltó un bufido.
– ¿No sabes nada de ella? – preguntó luego, con preocupación.
Póker Face se limitó a negar con la cabeza, para su decepción.
Justo en ese momento, Cobalt Blue y Mawrasite llegaron con las bebidas, colocándolas sobre la mesa. Todas sostuvieron su licor correspondiente y esperaron a que las recién llegadas se sentaran.
– ¿Un brindis? – sugirió la duende.
– Por la chica más desquiciada… – comenzó Cobalt Blue, levantando su cerveza en alto.
– La más astuta… – le siguió Mawrasite, haciendo lo mismo.
– La más ardiente… – Póker Face fue la tercera.
– ¡Y la más maléfica de todas! – finalizó Envy.
– ¡Por los endiablados veinte años en esta tierra putrefacta! – remató Jill.
– ¡SALUD! – gritaron todas, para chocar sus vasos y hacer el brindis. Seguido a esto, se llevaron las bebidas a la boca y se tragaron la mitad, a excepción de Jill, que se la bebió toda de sopetón. Luego, las dejaron bruscamente sobre las mesas y esperaron unos segundos para recuperarse de un pequeño mareo.
– ¿Cómo está? – preguntó la de la máscara, refiriéndose al tequila.
– ¡Fuerrrrtísimo! ¡De los que me gustan! – respondió la Princesa, animada.
– Pues, esto te gustará aún más~ – canturreó la joven del parásito.
De repente, parte de la multitud se apartó para dar paso a un mesero con un pequeño pastel en sus manos. Comenzó a entonar la clásica canción de cumpleaños mientras se aproximaba y seguido de él, el resto de fiesteros hicieron que sonara más fuerte y masivo.
"Estas son las mañanitas que cantaba el rey David…
Hoy por ser día de tu santo, te las cantamos a ti."
El DJ puso una melodía que acompañaba la canción, llena de trompetas, trombones y guitarras al más puro estilo mariachi. Jill, por su parte, estaba muy contenta por la sorpresa que sus amigas le habían preparado.
"Despierta, mi bien, despierta, mira que ya amaneció…
Ya los pajaritos cantan, la luna ya se metió."
El garzón llegó hasta la mesa de las muchachas y colocó la torta en frente de la cumpleañera, quien esperaba impacientemente para apagar la vela. Esperó a que la gente terminara la canción y tomó aire, lista para aquello.
– ¡Espera! ¡Pide un deseo! – le detuvo Froze.
Cierto, el deseo. Casi se había olvidado de él por lo emocionada que estaba. Cerró los ojos y se puso a pensar que podría pedir en el cumplimiento de sus dos décadas de vida. Un deseo genial y a la vez alcanzable era lo único que necesitaba.
– ¡Ese no! – saltó Cobalt Blue, bromeando.
Vamos, Jill. No es tan difícil.
– ¡Ese tampoco! – habló también Mawrasite.
¿Qué es lo que más deseas, Jill?
– ¡Ese menos, cochina! – exclamó la duende, provocando la risa de los presentes.
Listo, ya lo tenía.
"Que mi papá se disculpe", manifestó con todas sus fuerzas en su mente.
Con eso, tomó aire y finalmente sopló la vela. Inmediatamente, todos aplaudieron y vitorearon a la veinteañera, mientras que Envy y Póker Face le tomaban de la nuca con intenciones de empujarla en contra del pastel. Por fortuna, una mano negra se manifestó desde su sombra para colocarla en medio y así no manchar su rostro con la ya aplastada torta.
– Buen intento, villanas de pacotilla. – dijo la demonio, con una sonrisa triunfante. – No me van a hacer la misma que a los 15.
La mano negra se sacudió, desparramando los restos de crema hacia las demás y se esfumó tan rápido como apareció.
– La intención es la que cuenta. – masculló la chica gélida con un puchero, quitando la crema de su cabello.
Posteriormente, las jóvenes procedieron a comerse la torta magullada, turnándose el mismo tenedor y bebiendo la segunda ronda de licores que el mesero trajo como cortesía de la casa. Cuando terminaron de comer, cuatro de ellas fueron a la pista de baile, siendo Mawrasite la que se quedó porque no le gustaba mucho bailar en frente de tanta gente.
Ahora sólo quedaba disfrutar por horas la estruendosa playlist de cumpleaños que había puesto el DJ, plagada de éxitos reggeatoneros y poperos para bailar hasta el amanecer ¡Mientras más alcohol y ligues hayan, mejor será!
Sin embargo, nuestro científico de la bolsa no compartía la misma opinión. Al contrario, estaba irritadísimo, puesto a que en vez de terminar su trabajo y dormir, tenía que ir detrás de la Princesita que se le ocurrió escaparse ¡Qué desgraciada era su suerte! ¡Justo cuando había pensado que la mocosa se había puesto más educada! Qué equivocado estaba.
– Me quiero volver chango… – se quejaba él, mientras manejaba la nave e intentaba rastrear a la muchacha. – "¡Que pase buena noche, señorita!", "¡Usted también, doctor!" – se burlaba de sus propias palabras, imitando un tono ridículo. – ¡Serás estúpido, Flug! ¡Sólo tú te puedes dejar engañar por la mismísima Noir Jill! ¡No por algo es la hija del jefazo! – se regañaba a sí mismo, digitando algunos comandos en la computadora del vehículo. – ¡Pero claro, uno tiene un corazón de abuelita que a estas alturas ni sé de qué me sirve! Yo pensando, "pobrecita, la pasó mal en su cumpleaños" ¡No puedes ser más patéticamente imbécil, Kenning Flugslys!
De pronto, la computadora pudo rastrear pistas del paradero de la Princesa del Mal, mostrando en la pantalla la imagen de una de las cámaras de seguridad de Atreno City. La aludida entró a un antro de mala muerte con su pandilla de chicas locas, hace no más de 3 horas.
– ¡BINGO! – exclamó triunfante, para luego respirar hondo y calmarse. – Bueno, tan imbécil no eres, Flug. – se dio un poco de amor propio, para remediar un poco el daño por todos los insultos que se atribuyó.
El empleado apretó el acelerador y arrancó la máquina a toda velocidad para llegar lo antes posible a Atreno City. Ojalá llegue a tiempo para evitar alguna catástrofe.
La que apropósito, recién estaba empezando.
La señoritas malévolas se encontraban en el baño del local, ayudando y dándole apoyo moral a Envy, quien acababa de vomitar por el escusado las dos cervezas y media que se tomó. Póker Face la tenía prácticamente en brazos para que no se desplomara en el piso y Jill le estaba sujetando del pelo, entre tanto desviaba la cara para sentir el pestilente olor lo menos posible. Mawrasite y Cobalt Blue estaban al lado de los lavabos, justamente para evitarse lo desagradable.
– ¡Y-y eso no es lo peor de t-todo…! – lloriqueaba la duende, con el alcohol apoderándose de su pobre dicción. – ¡Lo peor de todo e-es que él c-compró pan dulce con pasas, s-sabiendo que a mi mamá le gusta el pan con fruta confitada…! ¡¿Q-qué clase de psicópata hace e-eso?! ¡J-JUSTAMENTE EL QUE QUIERE TERMINAR CONTIGO! – escupió con rabia y pena a la vez.
– Suena terrible… – masculló la cumpleañera, tratando de empatizar falsamente con su amiga.
– Terrible va a ser el lumbago que me va a dar después de esto. – agregó la de la máscara, que estaba ejerciendo fuerzas.
– ¡Más encima, el s-sinvergüenza me llama "hijita de mamá"…! ¡C-CUANDO ÉL MISMO ME C-CONTÓ QUE SU PSICÓLOGA LE D-DIAGNOSTICÓ POSIBLE S-SÍNDROME DE EDIPO!
Aquel alarido vino seguido de una nueva arcada, procediendo a expulsar otra descarga viscosa.
– ¡ARGH! ¡Ya no soporto esto! – se quejó la Princesa. – ¡Cobalt, te toca!
La mencionada le miró con una expresión de disgusto, pero accedió a reemplazarla. Cambiaron rápidamente de lugares para que Jill pudiera lavarse las manos y quitarse un poco el asco.
– Oye, Jil… – le llamó la más borracha.
– ¿Qué pasa, Envy? – contestó un poco desganada.
– ¿R-recuerdas la graduación del 2015?
– Claro que la recuerdo. – asintió, echándose agua en la cara.
– Quimera y tú fueron al gimnasio en la mitad de la fiesta ¿Cierto?
Al escuchar eso, las otras tres se miraron, alarmadas.
– ¿A qué quieres llegar con esto? – cuestionó la demonio con otra rodada de ojos. Apoyó las manos en los bordes del lavabo, viendo venir un próximo chiste malo de la situación.
– Envy, cállate. – le ordenó Póker Face, en un susurro.
– Que justo Póker y yo estábamos bebiendo ahí.
Inmediatamente, el mundo se detuvo ahí, formando un silencio sepulcral que duró por un minuto entero. Las chicas con cierto estado de sobriedad no sabían qué hacer ante la revelación, mientras que la demonio sólo tenía la mirada puesta en el espejo. Nada pareció moverse en ese periodo, hasta que la muchacha gélida estalló en risas.
– ¡De sólo acordarme me da risa! ¡Creo que escuchamos a cinco animales distintos graznar!
Eso fue suficiente para que la cumpleañera apretara sus manos y agrietara el lavabo entero, sobresaltando a las demás. No pasaron muchos segundos para que el karma actuara y le provocara un tercer vómito a Froze.
– Voy a tomar aire. – se limitó a decir, para después salir del baño.
La demonio cerró la puerta de un golpe y se dirigió a la barra con pasos pesados, dejándose caer sobre uno de los asientos. Apoyó su frente en su puño izquierdo y respiró profundamente por unos segundos, tratando de controlar la ira que en ese momento le recorría por cada una de sus venas. La revelación le cayó como un balde de agua fría y a la vez le hizo mucho sentido, pues, ¿quién más que Envy sería capaz de esparcir aquel rumor por todo el maldito internado? La traicionera acción de su "amiga" provocó su suspensión por una semana, el cuestionamiento de su buena reputación y que estuviera 2 años sin poder asistir a ninguna graduación, tanto dentro como fuera de la escuela. Todo eso sin contar el regaño titánico que recibió de parte de su padre esa vez.
Suspiró con pesadumbre y pidió otro tequila. No valía la pena desquitarse con ella cuando ya habían pasado 4 años de ese incidente.
El reloj marcó las 4:30 AM cuando Flug se estacionó en el centro de Atreno City, llegando a la calle donde se ubicaba la discoteca cinco minutos después. Al principio, los guardias le negaron la entrada y en respuesta, les disparó con el Tranquilizator, dejándolos sedados en el suelo. No tenía tiempo para discutir con gorilas.
Apenas abrió la puerta del local notó algo sumamente extraño. Había un intenso olor dulce en el ambiente, el cual le costaba distinguir los ingredientes. Sentía unas pizcas de magnolias, violetas, chocolates, vainilla, fresas… y panqueques, curiosamente. Sin duda era inusual, sin embargo, no pudo evitar sentirse atraído por el olor, puesto a que estaba fuertemente impregnado en sus fosas nasales.
Comenzó a buscar el origen de ese olor, pasando por en medio de la multitud e ignorando por completo su disgusto por los antros, la música fuerte, los reggueatoneros y su propia ansiedad social. Nada parecía detenerlo de disfrutar de ese aroma… afrodisiaco, hasta que finalmente, llegó a saber de dónde provenía.
– Oh, vamos. Si l-logro tomar quince vasos de tequila, n-nos vamos juntos… ¡Hip! ¿Te parece? – escuchó una ebria y conocida voz.
En frente de él estaba la Princesa del Mal, sumamente borracha y con aires de coquetería al máximo; sentada sobre la barra y rodeando con sus brazos el cuello del pobre del barman, que estaba muy avergonzado. No había que ser adivino para comprobar que ella estaba emanando el dulce aroma directamente desde la Caja de Pandora, ya que este se manifestaba a través de una estela de humo color magenta.
Flug chilló de terror apenas presenció la escena, puesto a que era más que obvio que Black Hat lo incineraría, lo metería en un ánfora, profanaría la misma y la patearía en dirección al sol si es que se llega a enterar que su hijita está haciendo un espectáculo muy propio de una súcubo dentro de un antro. Sí, puede que el olor sea sumamente encantador, pero el terror por su jefazo era más fuerte aún, así que debía sacarla rápido de aquí.
– ¡SEÑORITA JILL! – le gritó, corriendo hacia la barra. – ¡¿Q-QUÉ ESTÁ HACIENDO?!
– ¡Oh, Dr. Flug! – exclamó la mencionada, muy campante. Inmediatamente, empujó al barman hasta botarlo al suelo y se bajó de la barra con dificultad por los efectos de la borrachera. – ¡Flug, Fluggísimo, Fluggy~! ¿Q-qué haces aquí? – se le acercó con paso torpe, dejando caer su peso sobre los hombros del científico.
– ¡Vengo a sacarla de aquí! – le regañó, recibiendo un familiar escalofrío. Acto seguido, trató de acomodar a la muchacha para que no cayeran ambos. – ¡¿No ve que si Black Hat llega a descubrirla, nos va a…?! – se cortó luego de que la otra lo rodeara con sus brazos y le diera una muestra del tufo apestado a alcohol. – ¡UUF! ¡¿C-cuántos vasos se tomó?! – le corrió la cara con disgusto.
– Eeh… – murmuró, contando con los dedos una cifra que ni a ella misma le quedó clara. – ¡Estos! – señaló con sus palmas extendidas.
– ¿De cerveza?
– ¡Hip…! De tequila.
– ¡A que la canción…! – maldijo con fastidio. – ¡Usted es un peligro para esta gente!
El empleado se volteó, dispuesto a salir de la discoteca con la demonio hecha un bulto; no obstante, se detuvo en seco apenas vio que los fiesteros estaban besuqueándose y manoseándose más de la cuenta. Todos los presentes estaban bajo los efectos del aroma afrodisiaco, sin importarles si eran una, dos o incluso cuatro personas con quienes estaban básicamente comiéndose las bocas. En cualquier momento, esto se convertiría en el remake de la película de El Perfume.
Al contrario de lo que pensaba, la gente es un peligro para ellos ahora.
– Tenemos que salir… ¡YA!
El chico procedió a empujar a cualquiera que se pusiera en medio, con tal de salir vivos de aquella situación y sin preocuparse mucho del hecho que llevaba a la Princesa a rastras en su espalda o la posibilidad de que sus amigas siguieran allí dentro. Mientras se abría camino, varias personas se volteaban a mirar y los seguían, atraídos por el origen del olor. Debido a esto es que Flug tuvo que usar su Tranquilizator en más de una ocasión.
Cuando lograron llegar hasta la calle, una gran multitud de gente hipnotizada les iban alcanzando, desesperados y deseosos por tener a la joven en sus sucias manos. El de la bolsa de papel no sabía qué hacer, ya que su protegida estaba cada minuto más inconsciente y se le hacía más pesado llevarla.
– ¡S-Señorita…! ¡A-ayúdeme un poco! ¡¿Quiere?!
– Sssu… Sssí, sí… D-dame c-cinco m-mminutos más… – murmuraba la otra, a punto de ser llevada por los brazos de Morfeo.
– ¡AY NO! – exclamó él, al ver que la estaba perdiendo. En seguida la bajó de su espalda y la colocó en el suelo, dándole unas palmaditas en el rostro para despertarla. – ¡NO, NO, NO, NO! ¡DESPIERTE, SEÑORITA JILL! ¡NO ME DEJE SOLO!
Aunque, la aludida no ya atendía a sus ruegos. Estaba en el límite entre permanecer profundamente dormida o desmayada por un coma etílico.
– ¡AY NO! ¡YA VALIMOS, YA VALIMOS, YA VALIMOS, YA VALIMOS, YA VALIMOS…! – repetía sin parar, preso del pánico.
Al observar cómo la multitud se iba acercando más y más, al científico no le quedó otra que improvisar con métodos ilícitos y para nada aplicables en la heredera de una corporación malvada. Metió su mano en el bolsillo de su bata y sacó de ahí una gran jeringa que contenía un estimulante que sólo él sabe de dónde proviene, para después inyectarlo en el pecho de chica. Con eso, quedaba esperar dos cosas: que funcionara y que Black Hat no pida un análisis de sangre de su hija en las próximas 24 horas.
Por fortuna, Jill se despertó tomando una bocanada de aire, reincorporándose, y atinando a levantar una pared hecha de tentáculos de sombra para prevenir el ataque de la multitud hormonal, que estuvo a punto de caerles encima.
– ¡¿Q-qué pasó?! ¡¿D-dónde estoy?! – cuestionó, hiperventilada.
– ¡AY, GRACIAS AL CIELO! – masculló con alivio, sólo por un segundo. – Disculpe que tenga que molestarla, "Señorita". – enfatizó esto último con los dedos de forma sarcástica. – ¡Pero estamos a punto de ser embestidos por una avalancha de gente coquetona!
La joven se fijó con atención en la escena y se le agravó la expresión de su rostro, luego de comprobar que todas estas personas estaban así por su culpa; y por si fuera poco, iban a por ella.
– Demonios. No otra vez… – murmuró para sí, preocupada. Tomó el colgante de la Caja y lo giró, quedando frente a frente con la calavera. – ¡¿Es tan difícil pasar una fiesta en paz?! – le regañó, como si le fuera a responder.
– ¡NO SE LE ACERQUEN, BANDA DE COCHINOS! – exclamaba su protector, que disparaba una oleada de dardos tranquilizantes.
La Princesa se paró y formó un par de alas de murciélago en su espalda, con la intención de poner en práctica el plan de escape. Emprendió vuelo y se acercó al científico para tomarlo de los brazos y llevárselo de ahí, antes de ser cruelmente absorbido por la horda. Lograron avanzar algunas cuadras, hasta que los fiesteros comenzaron a lanzarles latas y botellas a una velocidad irreal para su estado.
– ¡¿Qué demonios?! ¡Esta gente está loca! – se quejó Flug.
– Están así por los efectos de la Caja de Pandora. – explicaba la portadora, entre tanto esquivaba algunos proyectiles. – No pararán hasta que…
– ¡CUIDADO! – le advirtió el otro, señalando una navaja que iba directo hacia ellos.
Para su mala suerte, no alcanzaron a esquivarla e impactó en el ala de la demonio, provocando que ambos cayeran desde varios metros de altura y se estamparan contra el suelo.
– ¡Dr. Flug! ¡¿Está bien?! – le preguntó la joven, recomponiéndose del golpe.
– Estoy vivo… – respondió el aludido, magullado. – ¿Y usted?
– Bueno… – masculló, mostrando su ala herida. El cuchillo aún estaba enterrado.
– ¡AH, CANIJO!
El empleado se levantó como pudo y se aproximó a la cumpleañera para sacarle la navaja. Ella chilló un poco por el dolor, más pudo soportarlo.
– ¿Quién pudo haber lanzado esto? – dijo el doctor, examinando el arma. Jill la vio también, reconociéndola.
– No puede ser…
Y sí. Efectivamente, la dueña del cuchillo era Póker Face, que en este momento estaba encabezando a la multitud hipnotizada.
– ¡No la mato a esta sólo porque me debe una explicación! – gruñó la chica, mostrando sus afilados dientes con furia.
Luego de eso, se levantó y corrió hasta una señal de estacionamiento, arrancándola con sus propias manos. Estaba dispuesta a empalar a toda esta gente con tal de que la dejen en paz.
– ¡A BAILAR, PERVERTIDOS! – les desafió, empuñando su arma improvisada en alto.
A continuación, los fiesteros comenzaron a lanzarse sobre la veinteañera, siendo correspondidos con un palazo en la cara que los mandaba lejos, tal como si fueran pelotas de béisbol. Póker Face utilizó su sublime habilidad con las navajas y sus llamativas acrobacias para distraer a la demonio e inmovilizarla, pero ni siquiera ella se salvó de recibir su paliza.
Flug, entre tanto, aprovechó la oportunidad para recargar su Tranquilizator y analizar bien la situación, puesto a que, a pesar de que la heredera era muy capaz de estar horas propinando golpes con el letrero, no contaban con tanto tiempo al ser ya las 5:15 AM.
– ¡Señorita Jill, tenemos que pensar en un plan! – le llamó, acercándose lo más que podía para no salir golpeado. – Usted dijo que estas bestias no se detendrán hasta que pase algo. – continuó, disparando una ráfaga de dardos a un grupo de regguetoneros de la horda. – ¿Qué es exactamente?
– Créeme que no querrá saber. – le respondió con tono seco, golpeando la cara de una chica.
– Pues no veo cómo escaparnos si no.
– Es que… – masculló, algo nerviosa. – Para eso tenemos que pasar a tercera base.
– ¿A tercera base? – cuestionó el científico, confundido.
– Ya sabe. – rodó los ojos con cierto fastidio. – Traer pollo al velador, conseguirse un cuarto, las abejas y las flores, dar serrucho… – empezó a enlistar una serie de dichos coloniales, al mismo tiempo que propinaba palazos con el letrero. – Subir de calificación T a M, jugar a las manitas, el frutifantástico, hacer el sin respeto ¡¿Le queda claro con esos ejemplos?!
– ¡Ok, ok! ¡Me queda claro! No tiene por qué presumirlo… – murmuró esto último con incomodidad y molestia. – ¿Y tiene que ser con todos?
– Todos, toditos.
– Chanfle…
El de la bolsa se rascó la cabeza, pensativo. Debía haber otra solución además de repartir amor por toda la calle, pues no podían permitirse cambiar la calificación etaria de esta historia.
De pronto, se fijó en el colgante de la joven, que aún expulsaba el incienso color magenta, y recordó cual fue el detonante de todo este problema: el aroma afrodisiaco. No era un experto en las habilidades de Jill y la Caja de Pandora, pero de lo que sí sabía era de ciencia y su muy científica intuición le decía que tenían que opacar el olor lo más rápido posible. Tal vez algo lo suficientemente desagradable podría disipar este incidente.
Flug se acercó a la de melena y le tomó del brazo, haciendo que volteara a verlo.
– Señorita, tengo un plan. – le habló de forma decidida. – Pero tendrá que venir conmigo y taparse muy bien las narices.
La aludida asintió y ambos procedieron a correr, seguidos de la multitud hormonal. Recorrieron alrededor de cuatro cuadras, hasta que lograron divisar una pescadería y doblaron en un callejón que los llevaba a la parte de atrás de esta. Terminaron por esconderse detrás de unos basureros.
– ¿Entonces su plan es llevarnos a la inmundicia de estos pescados? – se quejó en voz baja, tapándose la nariz con su mano.
– No es tan así. Si mi hipótesis es correcta, un olor agradable siempre es opacado por un asqueroso y viceversa, por lo que, la gente debería empezar a replegarse… – explicaba, observando a las personas que iban entrando al callejón. – ¡Justo ahora!
Esperó hasta que se acercaran para empujarles el contenedor de basura encima, sin embargo, no tenía la fuerza requerida. La demonio se dio cuenta de esto y lo ayudó, botando el contenedor de una patada. Aquello fue suficiente para que, efectivamente, la horda de fiesteros comenzara a sentir el hedor a pescado y parte de ellos manifestaran su repulsión, terminando por retroceder y salir del callejón, asqueados. De hecho, el incienso de la Caja había cesado ligeramente.
– ¿Ve? ¡No hay nada más repulsivo que el olor a pescado podrido! – remató triunfante el científico, satisfecho de que su plan haya funcionado.
– Estoy de acuerdo con usted, pero no sé si esta gente lo está. – agregó la joven, señalándole que aún quedaba la mitad de la cuadrilla, dispuestos a resistir. – ¿Cuál es el plan B?
El aludido se sobresaltó al comprobar la información recién recibida, dejándolo pensativo nuevamente ¿Qué se podía hacer contra personas que resistían (o disfrutaban) malos olores?
– El plan B… – titubeó el otro por unos segundos. – Creo que es robar un auto.
Ella, en respuesta, sonrió con malicia.
– Ese plan me gusta más.
Ambos salieron de su escondite y se encaramaron a un contenedor de basura cerrado, para después escalar la pared y subirse al techo de la pescadería, en donde la chica aprovechó de botar el basurero restante con un tentáculo de sombra y obstaculizar el camino de la horda de gente. Luego, corrieron por el techo para poder llegar a la calle principal y saltaron, cayendo sobre del capó de un automóvil. Al pobre del empleado no se le quebraron las piernas de milagro.
– ¡H-hay que hacerle una fuga al tanque de gasolina! – exclamó el de la bolsa, recomponiéndose de la caída y bajando del capó. – Yo mientras tanto voy a prender este auto…
No obstante, antes de que terminara cualquier indicación, la heredera ya había levantado el vehículo con una sola mano, al mismo tiempo en que le hacía tres hoyos al tanque de combustible con la otra.
– ¿Algo así? – preguntó ella, sacudiéndose la diestra para quitar el líquido. El otro tuvo que pestañear varias veces antes de responder, debido a la sorpresa.
– E-está perfecto… – masculló, algo lerdo. Le tomó desprevenido el hecho de que la Princesa esté siguiendo su plan satisfactoriamente, ya que no acostumbraba a que sus compañeros de fechorías le obedecieran.
La mencionada dejó el auto en el centro de la calle, con el camino libre para cualquier persecución. Posteriormente, el par rompió las ventanas de la máquina para entrar a esta, en donde Flug tomó el asiento del conductor. Ahí tuvo que agacharse para maniobrar los cables y hacerlo arrancar, utilizando varios minutos del valioso tiempo.
– Eeh… Doctor… – le advirtió su copilota, viendo que la multitud hormonal los estaban alcanzando desde el techo de la pescadería.
– ¡Ya está! – dijo él en cuanto los cables hicieron una chispa y prendieron el motor. Acto seguido, se acomodó bien, puso la palanca de cambio en primera y apretó el acelerador a todo gas.
El vehículo partió a toda velocidad, derramando combustible por debajo y al mismo tiempo, siendo perseguidos por las personas que seguían hipnotizadas por el aroma afrodisiaco. Tal parece que aún conservaban las características especiales que la Caja de Pandora les otorgaba, siendo una de estas la rapidez al correr.
– ¿Y por qué estamos haciendo esto? – cuestionó la demonio, sin comprender el objetivo de esta parte del plan.
– Está comprobado que el olor a gasolina le gusta a mucha gente, puesto a que es un estimulante para el cerebro. – aclaraba el otro, atento a la carretera. – Con esto podremos distraer a una buena parte de esta avalancha de gente coqueta.
Por suerte, el científico tuvo razón. Varias personas se quedaban paradas a medio camino para aspirar el olor a combustible, olvidándose el por qué estaban corriendo en primer lugar; sin embargo, hubieron otras que seguían dentro de la persecución y el tanque ya estaba a punto de acabarse.
– Argh. Nos agarramos un auto medio vacío. – se quejó el muchacho.
– Entonces empiece a pensar el plan C, doctor, porque se están acercando demasiado. – le señaló la joven, preocupada.
En efecto, dos tipos habían alcanzado a sujetarse del parachoques, por lo que la veinteañera tuvo actuar como defensa. Salió por la ventana rota y caminó con cuidado por el techo del vehículo, hasta llegar a donde estaba los fiesteros y pegarle una patada en la cara a cada uno, provocando que se soltaran y cayeran.
Por otra parte, el indicador de combustible ya estaba avisando que estaban a nada de llegar a la E, por lo que, el científico tuvo que resignarse a abandonar la chatarra que los ayudaba a escapar.
– ¡Señorita, agárrese fuerte!
Flug movió el manubrio violentamente y seguido a eso, el auto giró de la misma forma, provocando un chirrido agudo. Quedó atravesado en la calle para bloquearle el paso a los hipnotizados que quedaban, no siendo más de quince.
La de melena se bajó del techo de un salto y el empleado salió de la máquina, quedando frente a frente con la multitud.
– Plan C: A la nave. – habló él.
Los dos procedieron a correr nuevamente, esta vez siendo el escape definitivo. Doblaron en varias curvas para despistar a sus depredadores, hasta que llegaron a la nave del sombrero y entraron, cerrando la compuerta.
– Ok, tenemos unos tres minutos antes de que esos gusanos nos machaquen la nave con su súper fuerza. – masculló la cumpleañera. – ¿Qué podemos hacer para evitarlo?
En respuesta, el científico se dirigió a un pequeño armario y lo abrió, sacando de ahí una bazuca de tamaño considerable.
– Pues, dispararles con mi nuevo Tanque Lacrimógeno de Bolsillo. – contestó con una expresión maliciosa. – Ya que está de cumpleaños, le daré a usted el honor de estrenarlo. – agregó con tono ceremonial, entregándoselo a la demonio en las manos.
A Jill se le iluminaron los ojos de la emoción, luego de recibirlo.
– Es el mejor regalo de cumpleaños. – contestó ilusionada, con una sonrisa sincera que le produjo un pequeño vuelco al empleado.
Posterior a aquello, la compuerta de la nave se abrió, revelando a la Princesa del Mal con un semblante peligrosamente oscuro. Sostenía el cañón con tanta alegría y orgullo sádico, que cualquiera podría adivinar que fue el mejor cumpleaños de su vida.
Bueno, en realidad es un hecho. Este es el cumpleaños más hilarante de su vida.
– ¡ESPERO QUE HAYAN TRAÍDO LIMÓN, BOLA DE IDIOTAS! – les gritó a los quince pelagatos que quedaban en la calle.
Después, disparó tres bombas lacrimógenas directamente en las caras de la gente, que sufrieron inmediatamente el picor en sus rostros y el dolor en las gargantas (todo en cámara lenta y con detalle). Los pájaros que comenzaban a despertarse, tuvieron que abstenerse a cantar para salir volando, entre tanto los hipnotizados se retorcían en el piso y escupían gritos ahogados en agonía. Probablemente les daría una taquicardia en cosa de minutos, ¿pero a quién le importa? Para el par de villanos, la escena era tan hermosa como escuchar a Édith Piaf en una noche estrellada.
Lastimosamente, tuvieron que volver a cerrar la compuerta, pues el humo se estaba esparciendo rápidamente y no querían terminar sufriendo como los fiesteros.
– ¡Eso fue emocionante! – dijo la muchacha, entre risas. Luego, se dirigió al armario para dejar el tanque en su lugar.
– Sí que lo fue… – agregó el científico, compartiendo la noción hasta que, de un segundo a otro, se acordó del por qué estaban ahí en primer lugar. – ¡Pero no por eso quiere decir que estuvo bien! – empezó a regañarla, molesto. – ¡Usted debe responsabilizarse por todo este caos, señorita Jill!
Demonios. Se acabó la diversión.
– Argh. No lo arruine, doctor. – le contestó, rodando los ojos con fastidio y dándose media vuelta para sentarse en uno de los asientos traseros de la nave. Prefería estar cómoda lo antes posible para así aguantarse el sermón.
– ¡¿Qué no lo arruine?! ¡Mire cómo está esa gente allá afuera! – le señaló. – ¡Mañana esto saldrá en las noticias y no tendremos cómo explicárselo al amo Black Hat!
– En unas horas todos estos borrachos se irán para sus casas y no recordarán absolutamente nada, así que tranquilícese y bájele dos rayitas a su histeria. – le sugirió con los brazos cruzados y una ceja enarcada.
– ¡"Tranquilícese" su abuela! – le intentó insultar.
– No tengo abuela. – contestó la otra, indiferente.
– ¡AARGH! – gruñó el chico, rompiendo su bolsa de papel con las manos de la rabia, sólo para revelar otra bolsa debajo. – ¡¿Cómo es que ni siquiera se preocupa un poco?!
– ¡Porque no hay nada de qué preocuparse, doctor! ¡Así de simple! – le contradijo, subiendo un poco la voz para así detener la constante insistencia del empleado. – Mire, mientras ninguno de nosotros comente lo que pasó hoy, todo estará bien y mi papá no matará a nadie ¿Capisci?
Flug la observó con ojos furiosos y penetrantes, no pudiendo creer del todo lo que la heredera le estaba diciendo. Le parecía muy injusto el hecho de que estaba muy tranquila con la situación y esto le estresaba; sin embargo, no tenía ni las ganas ni la energía para seguirle discutiendo, por lo que sencillamente soltó un gran bufido de cansancio y se rindió, otra vez.
– Bien. Como quiera. – masculló, resignado. – Pero si en un día de estos, Lord Black Hat se llega a enterar… – continuó, acercándose a ella con paso lento y decisivo. – Usted se hará cargo de SU error ¿Capisci? – le remató con su misma frase, desafiándola.
Jill escupió una pequeña risa, divertida con la respuesta.
– No se preocupe, Dr. Flug. Yo sé hacerme cargo de mis errores. – asintió, mostrándole una sonrisa arrogante.
Posteriormente, el mencionado fue al asiento del piloto para echar a partir la nave, entre tanto la Princesa se acomodaba en el respaldo de la silla para dormir. Después de todo, no quedaba mucho tiempo para su primera reunión de trabajo con el jerarca de Black Hat Organization.
– Oye, Flug. – le llamó de repente.
– ¿Qué? – cuestionó él, desganado.
– Gracias de nuevo.
El joven abrió los ojos de la sorpresa y se volteó a mirarla, sólo para darse cuenta que ya había caído dormida.
– Estoy aquí para servirle, señorita. – suspiró, para después esbozar una agotada, pero satisfecha sonrisa ladina.
De alguna forma, tener un corazón de abuela le había servido de algo.
