~~Chapter 30~~
Road to FAIRY WAR
~Parte 1~
En un páramo desértico, una silueta caminaba lentamente con la frente en alto.
*Pasaron años desde la última vez que estuve aquí, que casi parece una eternidad*
La silueta se trataba de un joven pelirrosado con el cuerpo cubierto de escamas, unas letales garras por manos, y un par de cuernos adornando su cabeza.
*En algún momento creí que jamás llegaría a volver a poner un pie aquí; pensaba que dejaría de existir antes que eso*
El pelirrosado se detuvo a la mitad del páramo, levantó la mirada al cielo nocturno e inhaló profundo. Estar ahí le traía una especie de paz, una ansiada tranquilidad que buscaba desesperadamente.
*Pero ahora...oh, ahora es como si me encontrara en una ilusión. Una traicionera ilusión; sin embargo aquí estoy, lista para dar el siguiente paso: Es hora de llamar a mis sirvientes*
El pelirrosado concentró toda su magia en el puño derecho y golpeó el suelo bajo sus pies, el cual con el impacto comenzó a vibrar, luego a sacudirse violentamente y a emitir un intenso zumbido. El suelo se resquebrajaba con unas enormes grietas que se extendían cientos de metros a la redonda, las placas de tierra se elevaban como si estuvieran respirando, y de entre las grietas se escapaba una luz brillante de tono azulado.
El pelirrosado ni se inmutaba ante los violentos movimientos debajo de él, simplemente miraba al horizonte con la mirada fija y sin parpadear.
La tierra sucumbió y se derrumbó pieza por pieza a los interiores del subsuelo.
En un lugar desconocido, diez figuras desconocidas voltearon en la misma dirección simultáneamente como si una especie de voz, o instinto, los estuviese llamando con desesperación. Todos permanecieron inexpresivos con excepción de una persona: Un hombre de larga cabellera negra, que dislumbró una amplia sonrisa de satisfacción.
—Ah, finalmente —dijo aquél hombre, luego se levantó de su trono hecho de piedra—. Es hora de reunirnos con nuestro Maestro.
Mientras tanto, dentro del gremio Fairy Tail.
—¡Eres una tonta, Erza! —sentenció la maga estelar, Lucy, hecha una completa furia.
Frente a ella, la maga de la armadura señaló de forma amenazante a la rubia con el dedo índice y el ceño fruncido.
—¡No te atrevas a decir algo así otra vez, Lucy! —exclamó roja del coraje.
—¡Entiende de una vez, Erza! —intervino Gray levantando la mano derecha con la palma extendida al nivel de su cintura-. ¡Natsu es un peligro!
—¡No sabes lo que dices, Gray! —declaró Mystogan al dar un paso al frente. Todos lo voltearon a ver—. Tú no sabes lo que en realidad está pasando con Natsu.
—¿Y tú sí? —le cuestionó Laxus.
—Nadie lo sabe —respondió Gajeel.
—Yo sí sé lo que está pasando —dijo Gildarts, llamando la atención de todos.
—¿A qué te refieres, Gildarts? —preguntó Erza, intrigada por lo que fuese a decir su compañero de gremio, pero igual de preocupada.
—Con cada segundo que perdemos peleando entre nosotros, Natsu está causando más destrucción y miedo en los inocentes ciudadanos de Magnolia, sino también del Reino de Fiore.
—Gildarts tiene razón —secundó Gajeel—. Pude ver de lo que Salamander es capaz de hacer ahora, y créanme que no será nada bueno si lo dejamos así, sin hacer nada.
—Entonces no perdamos tiempo y vamos a... —decía Erza al mismo tiempo que se dirigía a la salida del gremio, pero fue interrumpida por Lucy, quien se puso frente a ella y la empujó con todas sus fuerzas.
—¡¿Y crees que te dejaré salir de gremio así de fácil?! —le gritó con la voz ronca. Erza estaba impactada por su forma de actuar—. ¡Ya lo hice una vez, y mira cómo terminaron las cosas!
—Lucy... —Erza trató de razonar con ella, explicar que aquí lo importante era ayudar a Natsu; sin embargo Lucy hizo caso omiso de sus palabras y volvió a empujarla.
—¡Estás loca si crees que te dejaré ir después de lo que ocurrió en la cabaña! —
Todos en el gremio las miraban fijamente sin decir palabra alguna; extrañados, intrigados, y anonadados. Lucy y Erza siempre fueron las mejores amigas, siempre se llevaban bien, ¿Entonces qué ocurrió para que ellas actuaran de esa manera ahora?
—¿Qué ocurrió en la cabaña? —le preguntó Wendy a Gajeel, el Dragon Slayer del metal se encogió de hombros.
—Es complicado.
—No me gusta lo que está pasando —musitó Wendy con la mirada gacha y sintiéndose decaída. Gajeel la miró de reojo y colocó su mano en la cabeza de Wendy.
—Lo sé. A mí tampoco me gusta esto —Wendy alzó la mirada para ver la expresión de Gajeel, la cual era seria—, asuntos como este...nunca terminan bien.
De regreso en el páramo, frente al pelirrosado, Natsu Dragneel, ya se encontraban las diez figuras ya se encontraban arrodilladas ante su persona, lo que le era placentero.
—Mi señor —dijo el hombre de larga cabellera oscura sin levantar la mirada—. Nos honra estar aquí, ante su presencia. Esperábamos su regreso con ansias.
*Y yo esperé décadas en despertar*
—Eso es más que obvio, Rey del Inframundo —dijo Natsu con su voz retorcida, su voz demoníaca. Le echó una mirada de soslayo a sus demás siervos—. He visto lo que ocurrió mientras estaba..."Dormido"
—¿Se...Se enteró? —quiso saber, en la voz del Rey del Inframundo podía notarse el nerviosismo y la preocupación. Natsu asintió.
—La Alianza Balam ya no existe —decía mientras caminaba frente a sus siervos a paso lento—, nuestra influencia en el mundo mágico está desapareciendo con cada día que pasa, y Acnologia sigue vivo.
—Mi señor... —quiso excusarse el Rey del Inframundo al alzar la mirada, pero fue interrumpido siendo ahorcado por Natsu.
—No has hecho nada más sentarte en tu frío y solitario trono de piedra mientras todo nuestro esfuerzo se te escurría entre los dedos —Natsu levantó al Rey del Inframundo tanto como su brazo se lo permitió, y luego lo arrojó varios metros hacia atrás—. Pero ahora eso se acabó. Ya he regresado, así que tomaré el control a partir de ahora.
Natsu volteó hacia su derecha hasta uno de sus siervos. Una aparentemente mujer joven que posee dos grandes cuernos sobresaliendo de ambos lados de su cabeza y apuntan hacia arriba; adornando su cabeza una banda que la separaba de su pelo, enmarcando el flequillo del resto de su cabello por debajo de la banda; en su frente había un pequeño símbolo circular con un pequeño punto en el centro, rodeado por varios puntos alrededor de este; alrededor de su cuello muestra un pequeño collar o banda de color claro. Esta mujer usaba también un vestido sin tirantes con un diseño grabado que se asemejaba a las huellas de alguna especie de animal, dicho vestido también tenía un par de mangas largas, y que además es atado debajo del busto, revelando una gran cantidad de su pecho que posee un gran tamaño; en su espalda se muestra un gran moño que parece hacerse al amarrar su vestido, este es de un color oscuro; utiliza un par de calcetas altas en color oscuro con una especie de bordados cerca de la orilla, estas resaltan los dedos de sus pies pues los dejan al descubierto, sus dedos tanto de pies como manos están pintados de color negro; tiene también dos marcas hechas en color oscuro, estas colocadas sobre sus hombros.
—Tú, dime quién eres —le ordenó Natsu al pararse frente a ella. La chica no levantó la cabeza, pero sí respondió.
—Seilah, Maestro; Diosa de la Luna fría. ¿En qué le puedo servir?
Natsu se agachó al mismo nivel que la ahora nombrada Seilah, colocó su dedo índice en la barbilla de ella y la obligó a levantar el rostro; Seilah obedeció, pero seguía apartando la mirada del pelirrosado, no se sentía digna de mirarlo a los ojos.
*Esta..."Mujer", me va a ser útil*
—Tú tendrás una misión —dictó Natsu.
De regreso al gremio.
—Sinceramente me importa muy poco lo que pasó entre ustedes dos —dijo Gildarts al colocarse en medio de Erza y Lucy, quienes no dejaban de mirarse a los ojos—; no me malentiendan, todos son como mi familia, pero como dije antes: Natsu puede estar destruyendo pueblos enteros ahora. Debemos atender eso primero.
—Ya hicimos eso, viejo —aclaró Laxus con la misma expresión seria del inicio—. Atacamos a Natsu con todo lo que teníamos, literalmente; terminamos exhaustos y abatidos. Nada de eso le afectó en algo, salió casi ileso.
—Sí, pero ustedes hicieron eso sin mí —replicó Gildarts.
—No es momento de presumir —siseó Gajeel.
—No lo hago —respondió volteándolo a ver—. No me gusta que la gente me llame "El hombre más fuerte del gremio", pero tienen razón en eso. Soy muy fuerte, puedo pelear con Natsu... —
—¡Ya lo hiciste, Gildarts! —exclamó Mystogan parándose junto a Erza—, ¡Y no hizo diferencia alguna!
—No peleaba en serio —aclaró Gildarts.
—¿De verdad? —preguntó Mystogan irónicamente.
—Trataba de razonar con Natsu.
—¡¡Ya establecimos que eso no sirve!! —rectificó Lucy.
—¡¿Y por eso lo quieres entregar al Consejo?! —replicó Erza.
—¡Es por su bien!
—¡¡No digas que esto lo haces por él!! —Erza caminaba amenazante hacia Lucy, la rubia cerró ambos puños—. ¡¡Estás haciendo esto por venganza!!
—¡¿Me estás acusando de algo, Scarlet?! —le gritó en la cara.
—¡¡Tú lo sabes perfectamente!!
—¡¡Entonces dilo de una maldita vez!!
—Chicas... —quiso intervenir Mystogan, pero fue completamente ignorado.
—¡Tú deberías tener el valor para decirlo, Lucy! —señaló Erza al señalar a Lucy con el dedo índice—. ¡¡Después de todo es lo que has querido desde que te enteraste!!
—¿De qué están hablando? —le preguntó Elfman a su hermana Mirajane. Ella se encogió de hombros.
—No tengo idea.
—¡¡Tratas de hacerte la inocente pero en realidad eres una basura, Erza!! —sentenció Lucy al regarla con la mirada.
—Esto no me gusta —musitó Laxus. Gildarts asintió.
—¡¿Basura yo?! —cuestionó Erza—. ¡¿Qué me dices de ti?! ¡¡Todo el maldito camino te has comportado como una maldita niña berrinchuda en lugar de resolver las cosas como una adulta!!
—¡¡Mira quién habla, señorita "Liberaré a Natsu para escapar con él"!! —dijo Lucy exagerando sus expresiones y lenguaje corporal, haciendo mofa de Erza.
—¡¡Eso no es cierto!! —exclamó Erza, ya harta de repetir la misma cosa desde que llegaron al gremio—. ¡¡Quiero ayudar a Natsu para que esté bien!!
—¡¡Mentirosa!! —gritó Lucy; desenfundó su látigo de estrellas y en un parpadeo lo encendió y rodeó el cuello de Erza con él.
Literalmente todo el gremio se exaltó, unos se alejaron para no salir heridos y otros se pusieron instintivamente en guardia. La situación en el gremio ya había escalado hasta tal grado que parecía estar por explotar, a tan sólo de una reacción para que eso sucediera. Y tal parece...que ese momento finalmente había llegado.
CONTINUARÁ...
