Fairy War

~~Capítulo 32~~

—Maestro... —musitó Erza; al ver a su Maestro de gremio parado bajo el umbral del edificio, cruzado de brazos, y con un aire autoritario, no pudo evitar sentirse como una niña siendo regañada por su padre.

—¿Y bien? —inquirió el Maestro alzando una poco la voz—. ¿Quién va a decirme qué es lo que está pasando aquí?

Todos se quedaron callados, la mayoría permaneció en la última posición en la que se encontraban cuando el Maestro entró; intercambiaron miradas, unos con otros, pero nadie se animaba a hacer o decir algo para contestarle a su Maestro. Entonces, de entre todo ese silencio, se escucharon unos pasos en el fondo del gremio; los miembros que se encontraban cerca de dichos pasos se hacían a un lado para dejar pasar al valiente que se animó a encarar la furia del Maestro. Poco a poco la figura de esa persona valiente comenzó a tomar forma, y una vez quedó en medio del tumulto de miembros, literalmente todos ya se habían imaginado de quién se trataba.

—¿Vas a responderme o qué...? —cuestionó el Maestro, levantando una ceja, pero manteniendo su pose—. Erza.

La maga de la armadura miró fijamente al Maestro Makarov, manteniendo la frente en alto por todo el gremio, con la mirada de todos a sus espaldas, incluida la de Gray, quien aún tenía latente la ira y el rencor en su mente y corazón.

—Tenemos un problema, Maestro —dijo en voz alta y firme.

—No. Soy yo quien tiene un problema aquí —por primera vez desde que entró al gremio, el Maestro Makarov camino al frente—. Me voy por unos días, teniendo fe en mis mocosos de que no pondrán patas arriba el premio como es su costumbre, y en mi regreso me encuentro con...¿Con qué exactamente me estoy encontrando, Erza?

—Un malentendido, Maestro.

—Esto es más complicado que un simple malentendido, Erza —replicó el Maestro aún manteniendo la compostura—. Así que dime, de una buena vez, ¿Qué está pasando?

—Se trata de Natsu —respondió la pelirroja con un nudo en su garganta, y con el corazón encogiéndose dentro de sí. El Maestro volteó a todos lados buscando al Dragon Slayer.

—¿Y dónde está Natsu?

—Ese es el problema, Maestro —intervino Gray, sorprendiendo al Maestro, y más que nadie a Erza—. No lo sabemos.

—¿Cómo que no lo saben? —interrogó, incapaz de creerlo.

—Y eso no es todo, Maestro.

—¿A qué te refieres, Gray?

—Natsu atacó a un pueblo pequeño

—Gray...—masculló Erza, mirándolo de reojo. El Maestro amplió los ojos.

—Y a uno de los nuestros, Morgan.

—¡Gray!

—¡¡Y A JUVIA!! —gritó el mago de hielo con lágrimas en los ojos.

—¡¡GRAY!! —exclamó Erza.

—¡¿Qué, Erza?! —replicó Gray, volteando hacia la pelirroja con el ceño fruncido—. ¡Es la verdad!

—¡Eso no es cierto! —vociferó Erza. Su discusión inició otra vez.

—¡Dime que miento!

—¡Las cosas no sucedieron así!

—¡Así fue como yo las ví!

—¡Pues estás mal!

—¡Ya basta! —exclamó el Maestro levantando ambas manos a los lados. Gray y Erza guardaron silencio, pero mantuvieron contacto visual uno del otro—. Con un demonio...

Todo el gremio prestaba atención, nadie decía nada. Sólo observaban; ni Wendy, Cana, el equipo Shadow Gear, Gajeel o Laxus, quien ya había regresado de llevar a Lucy a su departamento, decían algo. El silencio reinó en el gremio por unos minutos, mientras el Maestro Makarov pensaba en qué hacer.

Finalmente habló.

—Erza... —la llamó en tono sereno

—¿Maestro?

—Explícame de una buena vez... qué está sucediendo.

Y ese fue el inicio de todo.

Erza no omitió ningún detalle, exceptuando claro, su recientemente romance con el Dragon Slayer; no por miedo, más bien porque no w sentía lista, y si lo decía, tenía miedo de que todos en el gremio creyeran que esa era la razón de su fe ciega hacia Natsu. Los sentimientos son poderosos, sí, pero son un arma de doble filo.

En fin. Erza empezó por el ataque de Krecht hacia el gremio; la pérdida de magia por parte de todos excepto la de ella, Natsu, y Morgan; el malentendido con éste último y su partida del gremio en busca de "Respuestas"; Natsu yendo a buscarlo para aclarar las cosas y su repentino arranque en su contra, con Juvia incluída; y más importante aún, las búsquedas por parte de todos, en grupos diferentes, su batalla contra Natsu, la captura, y escape de éste; para finalizar...la acalorada discusión de todo el gremio para tomar una decisión: Ayudarlo, o entregarlo al Consejo.

El Maestro estaba petrificado, mudo, incrédulo; se preguntaba cómo fue que las cosas en el gremio se salieron de control en tan poco tiempo, especialmente en su ausencia. Se maldijo por haberse ido, pero era todo por un bien, para ayudar a un viejo amigo. ¿Cómo pudo haberlo sabido? Esa, y demás preguntas, golpeaban su cabeza como martillos iracundos; pero una cosa estaba clara: Debía poner orden en el gremio.

—¡Escúchenme bien...! —vociferó para que todo el gremio la escuchara. Alzó el rostro para mirar a todos los presentes—, ¡No vamos a lograr nada peleando entre nosotros como niños pequeños por una paleta de caramelo! ¡Así que las peleas quedan terminadas, todas ellas!

Hubo murmullos entre los miembros, pues eso se les había hecho extraño. Nunca, en la historia del gremio, el Maestro Makarov había hablado tan seriamente como lo estaba haciendo ahora, mucho menos suspender una pelea dentro del gremio; era una costumbre en ellos pelear de vez en cuando, eso los hacía Fairy Tail. Tal orden les demostró que las circunstancias no era cosa de juego. Ahora era en serio.

—¡Segundo, quiero que todos en este instante dejen el gremio! —hubo reacciones variadas de parte de todos; sorpresa, asombro, perturbación, tristeza, miedo...y desconcierto—. ¡Vayan a sus casas, a Fairy Hills, a un bar, a donde sea menos aquí! ¡El gremio quedará cerrado hasta que encontremos una solución para el problema de Natsu!

—¿Qué...? —musitó Gray para sí mismo.

—No puede ser... —se dijo Erza en sus adentros, impactada.

—¡Maestro, un momento...! —intervino Gray dando un paso al frente. El Maestro lo miró fijamente—. ¿Qué va a pasar con los heridos en la enfermería?

—Ellos serás trasladados al hospital más cercano —aclaró firmemente—. No debe quedar ni un alma dentro del gremio.

—¿Estás hablando en serio, Abuelo? —le preguntó Laxus al oído, colocando su mano en el hombro del Maestro—. ¿Vas a llegar a tanto para buscar respuestas?

—No tengo de otra, Laxus —respondió el Maestro sin mirarlo a los ojos—. Esto se ha descontrolado.

—Sí, pero... —trató de replicar el rubio, pero fue interrumpido por el Maestro.

—Reúnete con Gajeel y cuando termine esta reunión vayan a buscarme —aunque sabía que se trataba de una petición, por el tono de voz que usó el Maestro, Laxus creyó que le estaba dando una orden.

Erza, caminando al frente, acercándose al Maestro, trató de hablar con él. Hacer que entrara en razón.

—Maestro... —

—¡Todos ustedes...! _volvió a vociferar el Maestro, interrumpiendo las palabras de Erza—. ¡Salgan del gremio!

Sin nada más qué hacer, u objetar, todo miembro de Fairy Tail comenzó a recoger sus cosas, y a salir del gremio; Wendy tomó un pequeño bolso de una silla y se encaminó a la salida, no sin antes voltear a ver a Erza, quien le dedicó una triste mirada; El equipo Shadow Gear terminó de comer y también se fue; Cana tomó el barril que se estaba bebiendo y salió por la puerta; Mirajane ayudó a su hermano Elfman a levantarse de su silla y también salieron por la puerta, la mayor de los Strauss no pudo evitar sentirse derrotada, y abandonada. De poco en poco, el gremio se estaba vaciando, quedando únicamente cinco personas: El Maestro, Gray, Laxus, Gajeel, y Erza.

La pelirroja miraba con horror el gremio vacío, la que una vez fue su familia...ahora estaba disuelta. Y temía que fuera por su culpa, por haberse enamorado de Natsu.

—Erza... —la llamó el Maestro, sacándola de su ensimismamiento. Erza reaccionó con un brinco.

—¿SÍ, Maestro?

—Me has decepcionado —dijo, con mucho pesar en su voz. Erza sintió un escalofrío recorre toda su espalda—. Creí que, por ser una Maga de Rango "S", y por todas las cosas que has pasado, lograrás cargar sobre tus hombros la responsabilidad de encargarte del gremio; o de al menos guiarlos por el buen camino.

—Maestro, yo... —las palabras del Maestro le comenzaban a doler a Erza; tanto, como si se trataran de golpes con nudillos metálicos.

—Siempre me has demostrado ser lo suficientemente madura como para tomar responsabilidades bastante pesadas; incluso de niña tú tomabas trabajos para los adultos. Llegué a creer que te convertirás en un ejemplo a seguir, en mí ejemplo... —Erza sentía cómo su corazón se encogía con cada palabra que el Maestro decía; el Maestro que consideraba un amigo, el Maestro que lo veía como un buen ejemplo a seguir, el Maestro que...consideraba como un padre. Una figura paternal. Ahora la estaba destrozando por dentro.

—¿Me dejaría...? —inquirió con un enorme nudo en la garganta; pero fue interrumpida nuevamente por el Maestro, quien levantó una mano para indicarle que se detuviera.

—Ya fue suficiente, Erza. En realidad no quiero hacer esto, pero no me dejas alternativa... —sentenció. Erza tenía por lo que fuese a decirle; tragó en seco, sudando en frío, y con sus manos temblorosas—. Erza, quedas suspendida del gremio. Hasta nuevo aviso.

Y esa última frase, la sintió como un balde de agua fría que caía sobre su cabeza. Erza miró al frente, a la nada absoluta, con una expresión indescriptible; sintió todo su cuerpo entumecido, su visión se estaba nublando, el aire de sus pulmones había abandonado su interior, y se sintió mareada, a tal grado de casi caer de lleno al suelo. Miró a su alrededor y creía que el gremio estaba tambaleándose; observó a Gajeel y laxus, quienes no despegaban la vista de ella, pues creían que le estaba dando un ataque y que podría desmayarse en un segundo; luego observó a Gray, él la miraba con pesar. Mucho pesar. Su mundo se estaba cayendo a pedazos, demasiado rápido, y Erza...lo único que se le ocurrió hacer en esos momento fue guardar silencio, agachar la cabeza y salir del gremio. Sintiéndose...terriblemente mal, con una gran impotencia. Simplemente se dirigió a Fairy Hills, a reencontrarse consigo misma.

Sin embargo, nadie de ellos sabía que alguien había sido testigo de semejante escena; alguien que los miraba desde arriba, sobre una viga de madre que sostenía el techo del gremio. Esa persona vio suficiente, y con una agilidad casi felina salió del gremio, y se dirigió al centro de la ciudad.

Aquella persona saltó de techo en techo, de edificio en edificio, como si se tratara de un salto cualquiera sin ninguna clase de esfuerzo, hasta que llegó a su destino: Un edificio departamental. Entró sigilosamente por la ventana de la última habitación de la izquierda, y en el interior...alguien más ya la estaba esperando.

—Te tardaste —señaló la persona dentro de la habitación, una chica, sentada en una silla de madera con la pierna izquierda cruzada y ambos brazos cruzados sobre su voluminoso busto.

La persona en la ventana, gracias a la luz de la habitación, usaba un traje de gato con el pelaje grisáceo; un destello de luz mágica la cubrió de pies a cabeza y su vestimenta fue reemplazada por su ropa del diario, revelando así su identidad.

—Lisanna —dijo la chica en la silla.

Lisanna, la menor de los Strauss, sonrió dulcemente y tomó asiento sobre el borde de la ventana.

—El conflicto en el gremio se prolongó demasiado —informó Lisanna en voz neutral—, y déjame decirte que las cosas no salieron del todo bien.

—¿A qué te refieres?

—El gremio está clausurado —Lisanna dejó caer la bomba así como si nada a la otra chica, y ésta amplió un poco los ojos—, hasta que el Maestro de la orden.

—Qué mal —musitó la chica en la silla, luego se puso de pie y andubo un rato por su habitación.

—Y Erza está suspendida —luego de decir eso, la chica de la silla dejó de caminar, y volteó a ver a Lisanna—, de igual manera: Hasta que el Maestro diga.

—Hmm...no puedo decir que Erza no se lo ganó; por culpa de ella el gremio está como está, y Natsu sigue libre.

—¿Porqué Natsu está libre? —quiso saber Lisanna.

—Porque Erza lo liberó para huir con él —respondió la chica de la silla de manera fría y cortante.

Lisanna se sorprendió.

—Entonces tienes razón en lo que me dijiste: Erza es un problema.

—Si te lo dije, fue por algo, ¿No crees?

—¿Entonces cuál es el plan? —cuestionó la menor de los Strauss al ponerse de pie, y caminar hacia la chica de la silla.

—De eso no te preocupes; es un plan sencillo, pero a veces lo más simple puede solucionar el mayor de los problemas. Aunque voy a necesitar tu ayuda.

—Cuenta con ello —Lisanna extendió su mano derecha, ofreciéndosela a la chica de la silla, y ésta la estrechó sin dudar—, Lucy.

—Perfecto —dijo la maga estelar con media sonrisa en el rostro, que escondía algo más de fondo—. Verás que nos encargaremos de Erza, y la haremos desaparecer del camino.


Las estrellas en el firmamento brillaban espléndidamente aquella noche, una noche que fácilmente podría pasar por un pasaje muy romántico para las parejas que ya se encontraban uniendo sus almas en una sola; pero ese no era el caso en estos momentos.

Bajo el cielo estrellado de la noche, Natsu Dragneel yacía parado frente a sus sirvientes con aires de grandeza; él se sentía grande, la..."Persona" más importante de la zona, aún teniendo a tales figuras como lo eran sus sirvientes, aún arrodillados y con la cabeza agachada.

-Lleva a cabo tu misión, Diosa de la Luna Fría -le ordenó el pelirrosado con voz firme y autoritaria, la distorsión en sus cuerdas vocales le hicieron sentir un escalofrío a Seilah en su espina dorsal-, y serás recompensada cuando la oscuridad haya engullido estás tierras por completo.

-Lo haré, mi Señor -confirmó Seilah; miró de reojo a su derecha, en dirección a la segunda "Mujer" del grupo, y cuando sus miradas se encontraron, desapareció en una nube de humo.

-Tú -Natsu se percató de aquél gesto y llamó la atención de la mujer arrodillada-. ¿Cuál es tu nombre?

-Kyouka, mi Señor -respondió aún manteniendo la cabeza agachada ante Natsu-; estoy enteramente a sus órdenes.

-Quítate ese casco -exigió Natsu, dándole una mirada severa a la ahora nombrada Kyouka, y ésta acató obedeció sin objetar nada.

Aún manteniéndose arrodillada, y con la cabeza agachada, Kyouka llevó ambas manos hasta su casco y se lo retiró muy lentamente; una vez que su rostro estaba expuesto, Natsu la tomó de la barbilla y la obligó a levantar el rostro. A decir verdad, a Natsu le parecía curioso que, aún siendo una miembro del gremio oscuro por excelencia, y lógicamente un demonio, las facciones de su rostro se asemejaban a las de el más hermoso de los ángeles; su rostro era afilado, al igual que los ojos con los que lo miraba; labios delgados, pero de una tonalidad rosada; piel blanca, o durazno, como le dirían algunos; y su cabellera era verde, y tan larga que le llegaba a la mitad de la espalda. Se podría decir...que Kyouka era atractiva.

Natsu rió.

-Irónicamente, algunos de nosotros compartimos ciertos rasgos con nuestras contrapartes que moran allá arriba, en lo más alto. Eres atractiva, Kyouka.

-Gracias, mi Señor.

-Y aunque irrelevante -continuó Natsu sin soltar a Kyouka. Los demás le prestaban toda su atención-, este "Atractivo" puede ser usado como la mejor de las armas para aquellos que son hábiles. Tú, Kyouka, serás mi elegida para la mejor de las misiones. Una misión que, de fallar, significaría nuestra completa derrota ante los ineptos.

-¿Y cuál es esa misión, mi Señor?-quiso saber Kyouka, mirándolo fijamente y con voz queda.

-Irás a la base general del Concejo, Era, y buscarás información del arma más poderosa de su arsenal; un arma que podría aniquilar un continente entero, un arma que es el equivalente a la oscuridad eterna, un arma...que consumirá a todos los demás en la desesperación absoluta.

-¿Qué arma, mi Señor?

-...el pulso mágico del Consejo, que es capaz de suprimir toda magia conocida de la existencia: Face.


Una joven de cabellera rojiza yacía sentada en el borde de su cama, mirando al suelo, pero no realmente, estaba perdida en el mar de pensamientos que inundaban su mente desde hace más de una hora, cuando regresó. Erza aún estaba en shock por lo que apenas sucedió...o más bien, de lo que le dijeron en ese lugar, en el gremio.

-Erza, quedas suspendida del gremio hasta nuevo aviso.

Y más que nada, QUIÉN le dijo aquellas palabras que taladraron profundamente en su alma: El Maestro Makarov. El hombre a quien consideraba su figura paterna, a quien le tenía mucho respeto, a quien estimaba mucho, a quien...ella respetaba. ¿Porqué sucedió esto? Por haberse enamorado, de un joven pelirrosado a quien ya conocía de hace muchos años, desde que eran niños en realidad. Natsu.

-Natsu... -musitó Erza con aire esperanzador.

Era cierto, ella se enamoró de él aún después de muchas adversidades; demasiadas en verdad. Y aunque al principio él no correspondió sus sentimientos, con el tiempo eso cambió, ahora las cartas estaban puestas sobre la mesa. Los sentimientos estaban claros.

En ese momento, un recuerdo pasó fugazmente por la mente de la pelirroja como un cometa surcando los cielos nocturnos, un recuerdo de su última batalla con Natsu, esa pelea en la que ella sirvió como distracción...y en la cual él había susurrado unas palabras para la pelirroja.

-Erza... -

Y de sólo recordarlas, como una potente brasa ardiente, la determinación y el valor despertaron de golpe. Sí, su situación actual le dolía mucho, pero ese no era el momento para quedarse sentada sobre su cama y llorar hasta no respirar; ahora debía levantarse, secarse las lágrimas, apretarse las cintas de su armadura y salir a solucionar este desastre, empezando primordialmente por ayudar a su más grande amor.

-Iré por ti, Natsu -dijo en voz firme y determinada-. Sólo espérame

Impulsada por esa gran determinación, Erza alistó sólo un par de cosas que le harían falta, así como una nueva armadura que hace poco compró, pero que no tuvo la oportunidad de usar, y que muy seguramente usaría en su travesía.

Erza abrió la única ventana de su habitación y se preparó para saltar por ella, así como Natsu siempre hace; ante ese recuerdo, o más bien acción del Dragon Slayer, la hizo dibujar media sonrisa pues, según ella, Natsu había afectado en gran medida sus acciones. Nunca se llegó a imaginar que lo imitaria, y menos saltando por una ventana.

La pelirroja se preparó para saltar cuando alguien llamó a su puerta; por unos segundos se detuvo, curiosa por saber de quién se trataba, pero recapacitó al suponer que alguien del gremio trataría de detenerla. Entonces no perdió tiempo y subió al borde de la ventana.

-¿Erza? -la llamó una voz femenina del otro lado de la puerta, y aquella voz la reconocería en donde sea-.¿Estás ahí?

-¿Wendy? -dijo Erza en sus adentros, pero no se movió de su posición en la ventana.

-Erza, soy Wendy -eso confirmaba aún más su deducción-, yo...quería saber cómo te encontrabas. ¿Estás bien?

Ese fue un gran gesto por parte de Wendy; Erza sabía que ella era de esa forma con los demás: Tan amable, gentil y bondadosa con todos los miembros del gremio, o con los que no lo son. Y sabía que dejarla del otro lado de la puerta sería algo muy grosero de su parte, Wendy no se merecía algo así; así que Erza bajó de la ventana y caminó hasta la puerta, giró la perilla y asomó su rostro por la abertura, ahí, sus miradas se encontraron y supo que las intenciones de la Dragon Slayer del cielo eran verdaderas.

-¿Te encuentras bien? -volvió a preguntar Wendy.

Erza sacudió la cabeza para ahuyentar su ensimismamiento.

-Ah...sí Wendy. Estoy bien.

-Cuando te fuiste del gremio te veías muy devastada, así que me preocupé -esas palabras conmovieron el corazón de la pelirroja. Wendy tenía cierto encanto, eso tenía que admitirlo-, y pensé que necesitarías a alguien con quién hablar.

Erza apretó con más fuerza la orilla de la puerta que estaba sujetando con la mano derecha; sus ojos se cristalizaron y un enorme nudo se le formó en la garganta. Fue más de lo que podía soportar en ese momento; sin duda estaba muy vulnerable.

Tomó a Wendy de la muñeca y la metió a su habitación, una vez que se cerró la puerta tras de sí, Erza se derrumbó; cayó de rodillas ante Wendy y pegó su frente en el pecho de la peliazul, entonces rompió a llorar.

-Erza... -

-Wendy, yo... -la interrumpió Erza sin despegar el rostro de su pecho-, yo no sabía qué hacer.

-Ay, Erza... -musitó la joven Dragon Slayer; ver de esa forma a su amiga y compañera de gremio le destrozó el corazón, más aún sabiendo que la pelirroja era una mujer fuerte, casi inquebrantable. Ahora...resulta que Erza, a pesar de todo, seguía siendo una chica-. La verdad no sé por lo que estés pasando; aunque, si yo estuviera en tu lugar, estaría igual o peor. Ahora estoy aquí, para apoyarte; puedes hablar conmigo.

Erza pudo tranquilizarse lo suficiente, se apartó de Wendy y la miró directamente a los ojos; la joven peliazul le dedicaba una cálida y dulce sonrisa a Erza, lo que le hizo preguntarse si, de alguna manera, los demás Dragon Slayers hacen esa misma expresión para aliviar a sus amigos de malos momentos, porque aquella sonrisa era idéntica a la que tiene Natsu. Ahora se sentía mejor, más aliviada.

-Gracias, Wendy. Gracias por apoyarme y darme ánimos, en verdad lo aprecio.

-No hay de qué, Erza; por eso soy tu compañera de gremio, y tu mejor amiga. ¿En verdad te lastimó tanto lo que te dijo el Maestro?

-Sí, me lastimó, pero no estoy así precisamente por eso; han ocurrido demasiadas cosas en muy poco tiempo, que son muy difíciles de procesar.

-¿A qué te refieres? -quiso saber Wendy.

Erza se levantó del suelo, tomó a Wendy de su mano derecha, y la guió hasta su cama, donde tomaron asiento.

-¿Estás segura de querer saberlo? Es demasiado complicado y... -

-Por favor, Erza -suplicó Wendy al tomarla de ambas manos-. Quiero ayudarte de alguna manera, puedes decírmelo.

Estaba haciendo bien? Erza no lo sabía a ciencia cierta; ella quería hablar de lo que estaba pasando con alguien de su confianza, alguien que pudiera aconsejarla, alguien que pudiera ver las cosas deade un punto de vista distinto y que pudiera encontrar algún inconveniente. Erza quería confiar, y quién mejor que la joven Dragon Slayer del cielo, quien desde que llegó demostró tener un noble corazón. Erza la apoyó cuando el gremio Caith Shelter resultó ser una ilusión, y le ofreció su hombro para llorar lo que tuviera que llorar; y viendo ahora a la joven peliazul a los ojos, Erza supo que sus intenciones eran verdaderas. Ella quería ayudar, así que...confió.

Erza le platicó todo a Wendy, sin perder ningún detalle. NINGUNO. Literalmente todo lo que ocurrió se lo dijo, de inicio a final, incluso...incluso lo que Natsu le dijo en la cabaña; por más vergonzoso que se haya escuchado, se lo dijo, y con eso también venían incluidos sus sentimientos por el pelirrosado.

Desde el inicio, Erza no estaba del todo cómoda con platicar lo que sentía por Natsu, pues creía que no estaba bien; todavía lo sigue creyendo, pero ahora que ya lo aceptó al cien por ciento, no le daba pena decírselo a otra persona. Erza estaba cómoda en compañía de Wendy, sintiendo que podía expresarle todo, cualquier cosa. Y así estaba sucediendo.

Cuando por fin terminó de relatarle a Wendy lo que pasó, Erza aguardó por la respuesta de la joven peliazul.

—¿Qué opinas? —quiso saber—. ¿Es demasiado?

Wendy negó con la cabeza lentamente mientras mantenía los ojos cerrados en una clara expresión de comprensión.

—Claro que no. Entiendo cada uno de los detalles, y para ser sincera, creo que actuaste con inteligencia; excepto cuando casi le arrancas la cabeza a "Annie" ¡Jajaja! —

Wendy dejó salir una risilla, al igual que Erza; ella tenía un rubor en sus mejillas. Le daba pena aún la manera en cómo actuó en aquella vez.

—Sí, no me siento muy orgullosa de eso.

—Pero... —comentó Wendy alzando su dedo índice a la altura de su rostro—, quiere decir que lo que sientes por Natsu es real, y muy poderoso.

—Eh, jejeje, me da pena admitirlo...pero sí.

—Y...déjame decirte que lo que estoy a punto de contarte no es fácil de contar.

—¿Qué ocurre, Wendy? —ese comentario de la joven Dragon Slayer hizo que Erza se preocupara.

Wendy agachó la mirada, como buscando el valor para decírselo; luego de unos segundos, y de una larga inhalación, se lo dijo.

—Lucy...también está enamorada de Natsu.

Y con esa aclaración, Erza conectó todos lo puntos que habían quedado desperdigados por todos lados: Su actitud protectora hacia Natsu, que lo invitara a salir tan de repente, sus arranques de loca psicópata, y más que nada, el hecho de que casi la asfixia con su Látigo de Estrellas; ahora que lo veía más claramente, era demasiado obvio. ¿Cómo no pudo haberlo notado antes? Había sido tan...tan...bueno, las cosas hubieran resultado de una manera diferente.

¿O no?

—...bueno, Wendy, yo no me esperaba esto que me acabas de contar; pero en definitiva, aclara muchos puntos anteriores.

—Lo siento mucho —comentó Wendy de repente. Erza estaba confundida—. De haber sabido antes lo que estaba pasando, debí haber dicho lo de Lucy desde mucho antes, y no estarías suspendida del gremio. Lo siento mucho, Erza.

Aquello último, la joven peliazul pronunció con un nudo en la garganta y desviando la mirada con vergüenza. Erza no tardó ni un segundo y se abalanzó sobre Wendy para rodearla con ambos brazos; ella no quería que se sintiera de esa manera, porque no era su culpa. Si las cosas sucedieron así, fue por falta de comunicación por ambas partes; tanto Lucy como Erza eran las culpables. Nade más.

—No, Wendy, no; esto no es culpa tuya. Es mía.

—¿Qué? —preguntó Wendy al levantar la mirada hacia Erza.

—Debí darme cuenta antes de los sentimientos de Lucy y hablar con ella de mujer a mujer; aclarar las cosas. Todo hubiera sido diferente; sin embargo...las cosas terminaron así, y por como están, no creo que se resuelvan tan fácilmente.

—Pero debe haber una forma de aclarar las cosas, ¿No lo crees?

—Sí, debe haberla... —divagó Erza al rodar los ojos, como buscando la respuesta—, de una u otra manera.

—¿Y porqué no tratas de hablar con Lucy? —sugirió Wendy inocentemente.

—No creo que quiera verme ahora—contestó Erza con una sonrisa fingida. Wendy se dio una palmada en la cabeza.

—Cierto.

—Creo...que primero debemos resolver el problema más grande de todos... —

—¡Natsu! —exclamaron ambas al mismo tiempo.

—¿Y cómo haremos eso? —quiso saber Wendy.

—Hmm...hay que averiguarlo, Wendy.

Mientras tanto a cientos de kilómetros lejos de ahí, un pequeño pueblo estaba siendo atacado una vez más por el chico pelirrosado; él, desde el techo de una casa, admiraba su obra con gran orgullo y satisfacción; veía cómo los inocentes salían corriendo como insectos tratando de encontrar un nuevo lugar para lamerse las heridas, y eso lo hacía mucho más divertido.

La noticia de aquél ataque no tardó en llegar a oídos del Consejo, así que las nuevas fuerzas armadas lideradas por Mystogan no tardaron en movilizarse; el tiempo era crucial, tanto para salvar a los ciudadanos, como para averiguar si se trataba del mismísimo Natsu Dragneel y, así, encontrar una oportunidad para capturarlo y hacerle pruebas para tratar su estado actual.

Sin embargo, lo que el joven peliazul ignoraba, era que estaba siendo vigilado muy de cerca por dos personas que se habían infiltrado en sus filas de soldados; un par de personas que...también tenían asuntos pendientes con Natsu.

Asuntos bastante interesantes.

CONTINUARÁ...