ETERNAL LOVE
CAPÍTULO 2
JUVENTUD
—Y entonces, el guardia del bar no quería dejarnos entrar al bar porque creía que Makoto era menor de veinte , pero hubieras visto su cara cuando ella le mostró su identificación y vio que tiene treinta años. El tipo no lo podía creer— Contó Andrew como si aquello fuera una anécdota graciosa.
Darien rió ante lo que Andrew le estaba contando, sin embargo, se conocían tan bien que Andrew supo que aquella era una risa forzada.
—¿Te sucede algo?
—¿A mí? — Cuestionó Darien— Para nada. Es gracioso.
—¿Problemas en tu relación?
—No
Andrew guardó silencio un momento ante la respuesta de su amigo. Le parecían absurdas las razones por las que Darien y Serena se habían casado hace un par de años cuando era evidente que separados y viviendo vida de solteros eran más felices.
—Estás en la mitad de tus treinta, Darien. Ya eres bastante mayor para creer en parejas destinadas— Dijo Andrew que finalmente no se resistió a dar su opinión— Pero bueno. ¿Quién soy yo para meterme?
El móvil de Darién timbró, y este de inmediato respondió y se salió de la cafetería del hospital. Andrew, al quedarse a solas decidió continuar comiendo, pero entonces escuchó una voz femenina llamándolo.
—¿Puedo sentarme en su mesa, doctor Furuhata?
Andrew levantó su vista, encontrándose frente a él con Mika Ono, una joven de veintidós años que se encontraba en su penúltimo año de medicina y que acudía varias veces por semana a prácticas hospitalarias, y de quien se rumoraba, ya había pasado por la cama de algunos médicos, enfermeros y camilleros.
—Sí— Respondió Andrew por cortesía al ver que las demás mesas estaban llenas, aunque ahora con la firme intención de apresurarse para no dar mal que pensar entre sus colegas.
—Lo vi el sábado.
—¿Oh, si? Creo que se confunde, señorita. El sábado no estaba en Tokio, sino en…
—¿Okinawa?
Andrew se sorprendió al escucharla
—¿Cómo lo sabe, señorita Ono?
La joven rió con aquella risa contagiosa que a más de uno había vuelto loco.
—Lo miré afuera de un bar. Tratando de entrar con una jovencita.
—Era mi esposa
La joven rió como quien descubre a alguien en su fechoría.
—¿Está casado con una jovencita? — preguntó sorprendida Mika Ono— Bueno, a mi no me gustaban los mayores, pero luego lo conocí a usted y…
—Mi esposa tiene treinta años, señorita Ono. Algo mayor para ser una jovencita aunque tenga esa apariencia— Aclaró Andrew— Ahora, con su permiso me retiro.
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—¡El pastel más al centro, por favor!— Pidió Makoto a sus dos ayudantes.
—¿Ahí le parece bien, señora Furuhata? — Le preguntó uno de ellos.
—Excelente—Dijo Makoto—Ahora por favor vayan y bajen la comida y las bebidas de la camioneta y llevan las cosas a la cocineta. Mientras yo terminaré de acomodar los postres y esperaré a los meseros.
—¡A la orden, jefa! — Exclamó uno de ellos de manera graciosa.
—¡Tan bobos!— Exclamó Makoto entre risas.
Cuando sus dos ayudantes se retiraron, se acercó a la mesa de postres y comenzó a acomodar todos de manera que luciera estético a la vista. Cuando terminó, sonrió con satisfacción al ver el trabajo que en Jupiter Cuisine habían preparado para la boda de los futuros señor y señora Yamada, quienes eran una de las familias más ricas de la ciudad. Estaba verdaderamente orgullosa, pues hacía ocho años, cuando echó a andar su proyecto de banquetes para eventos no creyó que funcionaría, sin embargo, sus banquetes eran muy solicitados para los eventos de las familias de las altas esferas sociales de Tokio, e incluso tenían que agendar con meses de anticipación porque siempre tenía la agenda llena.
—¿Señora Furuhata?
Makoto se llevó una grata sorpresa al escuchar aquella voz masculina llamándola por el que era su apellido desde hace doce años, y al darse media vuelta y encontrarse con los ojos marrones de quien había sido su amante en el Milenio de Plata, una sonrisa apareció en su rostro.
—¡Neflyte!
—¿Cómo?— La interrumpió El hombre frente a ella, y Makoto se ruborizó al caer en cuenta de que lo había llamado por el nombre de su vida anterior
—Perdón, me sigue costando trabajo llamarte por tu nombre actual, pero no me llames señora Furuhata. Llámame Makoto.
Neflyte rió socarronamente, y Makoto junto con él.
—¿Cómo has estado, Makoto? Siempre es un gusto coincidir contigo.
—¡Genial! — Exclamó Makoto— El negocio de banquetes sigue creciendo y contrataron mis servicios y a mi agencia de meseros para este evento. ¿Eres invitado?
—Soy primo de la novia
Makoto lo miró sorprendida, pues según sabía, el apellido de soltera de la novia era Watanabe, no Sanjoin
—La madre de mi prima es hermana de mi difunta madre, así que no compartimos apellidos. Ella es Watanabe por su padre y yo Sanjoin por el mio.
—¿Y Naru? — preguntó Makoto— ¿Cómo ha estado ella?
La sonrisa desapareció del rostro de Masato al escuchar el nombre de su esposa.
—Le volvió la leucemia— Respondió Masato con un tono de voz en el que podía percibirse la tristeza— No vino conmigo porque ayer le hicieron quimioterapia y no se encuentra bien. De hecho no me voy a quedar. Sólo vine a traer un presente para mi prima y su marido.
—Lo siento
Makoto miró el brillo en los ojos de Masato y se agachó apenada. Si bien Makoto había nacido en la Era actual sin recordarlo, hace doce años, días después de que se reencontraron en el Templo Hikawa, comenzó a recuperar sus recuerdos del Milenio de Plata en los que estaba presente el bonito amor que había vivido al lado del ex General de Terra del Norte y que por desgracia había terminado en tragedia. Sin embargo, en la Era actual cuando lo volvió a ver, ella ya estaba casada con Andrew, y Masato tampoco volvió a mostrar interés romántico en ella, aunque siempre les era grato cuando coincidían. Cinco años después, se había enterado de que inició un noviazgo con Naru, relación que terminó en matrimonio pasados dos años, pero cuya felicidad duró poco, pues a los dos años, se vio empañada por una leucemia que afectó el cuerpo de Naru. Y por desgracia, de nuevo había recaído tras haberse recuperado.
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Eran las veinte horas con quince minutos cuando aquel viernes Andrew llegó a casa; y la ausencia de Makoto por supuesto no le pareció extraña, pues estaba acostumbrado a que cada fin de semana su esposa acudiera a fiestas o eventos donde su empresa de banquetes y agencia de meseros era contratada para prestar sus servicios. Eventos a los que con frecuencia él solía acompañarla; sin embargo, esa noche había salido demasiado hambriento del hospital, así que antes de meterse a la ducha para posteriormente ir a su encuentro, se dirigió a la cocina en búsqueda de algo que comer, y una sonrisa se curvó en su rostro cuando al llegar al refrigerador, miró una nota de Makoto en la pizarra:
"Te guardé comida en el refrigerador.
Te amo"
Andrew tomó un marcador azul, y abajo escribió:
"Yo también te amo, mi vida. Gracias".
Después abrió el frigorífico y sacó un contenedor redondo de vidrio con divisiones en el que encontró yakitori, sushi, kazunoko y sashimi.
Dado que el yakitori le gustaba caliente, se dio la media vuelta para abrir uno de los gabinetes donde Makoto guardaba los contenedores, pues necesitaba uno donde poner los yakitori para calentarlos en el microondas, pero al abrirlo, se sorprendió al encontrar en un rincón una caja de píldoras anticonceptivas.
"¿Qué hace esto aquí?" Se preguntó en silencio.
Hacía ya cuatro años que Makoto había dejado de tomar anticonceptivos porque habían buscado tener un bebé, sin embargo, para pesar de ambos, Makoto nunca había logrado quedar embarazada pese a que médicamente ninguno de los dos tenía problemas para engendrar.
De pronto le pasó por la mente que quizá aquella caja de pastillas era de aquellos años en que Makoto tomaba píldoras, aunque no tenía sentido que estuvieran guardadas en aquel lugar siendo Makoto una maniática del orden que tenía designado un cajón para medicamentos y que además no soportaba ver algo fuera de su lugar.
Desconcertado ante aquel encuentro, Andrew abrió la caja y se sorprendió al darse cuenta de que la fecha de fabricación de dicho medicamento correspondía a enero de ese mismo año y que aún les faltaban tres para caducar.
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—¡Ahora prueba este!— Exclamó Makoto entregándole a Masato una nueva copa de cristal.
Masato tomó la copa, le dio un sorbo y se quedó pensativo un momento.
—Tiene lima, naranja, granadina y… ¿Cereza?
—¡Sí!— Exclamó Makoto— ¡Se llama drops of Jupiter!— Agregó orgullosa
—¡Wow! Se llama igual que el cóctel que preparabas en Júpiter y en la Luna
—¿Lo recuerdas?— Preguntó Makoto sorprendida
—Claro, e incluso recuerdo su sabor—agregó Masato— Era parecido a este, sólo que tenía un toque de ambrosia.
—¡Ay, la ambrosia!— Exclamó Makoto con nostalgia— Es una pena que ese fruto no exista en esta Era. Añoro su sabor.
—¡Yo añoro tantas cosas de aquella Era!— Comentó Masato
—¿Cómo qué?— Se escuchó una conocida voz masculina interrumpiendo la charla; y cuando se dieron media vuelta, ambos se encontraron con Andrew.
—¡Andrew!— Exclamó Makoto sorprendida al ver a su marido en el evento vistiendo una camisa blanca con el logotipo de Jupiter Cuisine— ¡Pasa! ¿Quieres un cóctel?
—Yo me lo preparo ahora, cariño, no te preocupes— Respondió Andrew—¿Cómo ha estado, señor Sanjoi?— Se dirigió después a Masato con educación
—Muy bien— Respondió Masato— ¿Y usted, Furuhata?
—¡Excelente!— Exclamó Andrew
—Bueno, yo me retiro porque Naru me espera en casa— Respondió Masato— Fue un gusto saludarlos.
—El gusto es mutuo, Sanjoi— Respondió Andrew— Por cierto, saluda a tu esposa de nuestra parte.
—Por supuesto, Andrew. A Naru le dará gusto escuchar de ustedes. Pasen una bonita noche.
—¡Andrew! Pensé que no vendrías— Soltó Makoto cuando Masato se perdió de su vista.
—Lo decidí de último momento— Respondió Andrew— ¿Te molesta que haya venido?
—¡Ay, no!— Exclamó Makoto— ¿Por qué me molestaría?
Andrew se quedó en silencio, y Makoto, al ver el malestar en su rostro, le echó los brazos alrededor del cuello y se alzó sobre las puntas de sus pies para besar una de sus mejillas.
—No seas celoso. Tú eres el amor de mi vida. Nosotros no creemos en tonterías de destinos. ¿No es así?
Andrew pasó uno de sus brazos por alrededor de la diminuta cintura de su esposa para estrecharla contra su cuerpo, y después giró su rostro, encontrándose con aquellos ojos esmeralda que tanto amaba.
—Confías en mí ¿Verdad?— Le preguntó ella
—Sí— Respondió Andrew
¡Y por supuesto que de verdad confiaba en el amor de ella! Sin embargo, aunque siempre lo negara, lo cierto era que desde el principio le había molestado que dijeran que su esposa y Masato Sanjoi estaban destinados desde vidas pasadas, algo que no quería creer, pero que le asustaba porque pese a que Makoto y Masato nunca solían buscarse, con frecuencia solían coincidir sin planearlo. Y la manera en que Masato la miraba… ¡Cómo detestaba esa mirada de borrego a medio morir que ponía Sanjoi frente a Makoto aun después de comenzar su relación con Naru!
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—¿Qué pasa contigo, Andrew?— preguntó Makoto mientras se quitaba el uniforme de Jupiter Cuisine para ponerse la pijama— Te he visto raro desde que estabamos en el evento. ¿Es porque me encontré con Masato y lo saludé?
Andrew abrió el cajón de la cómoda que Makoto había designado para que el guardara sus pijamas, pero seguía sin responderle.
—Andrew, te estoy hablando—
—¿Qué significa esto?— Le preguntó Andrew poniendo frente a sus ojos una caja de píldoras anticonceptivas— Las encontré en el gabinete a la derecha de la estufa.
Makoto palideció al darse cuenta de que Andrew había encontrado la caja de píldoras anticonceptivas.
—Yo… yo
—¿Ami te detectó algún problema de salud esta última vez que fuiste a tu revisión anual y no me lo dijiste?
Makoto se sorprendió ante las conjeturas que Andrew había sacado, así que asintió. Era mejor decirle que tenía problemas de ovario poliquístico que tener que confesarle que durante cuatro años se había cuidado a escondidas de él para no quedar embarazada, pues eso lo llevaría a cuestionarle el porque de su falta de honestidad, y se vería orillada a decirte el turbio secreto de su terrible condición.
—¿Por qué no me dijiste?— Le preguntó Andrew preocupado.
Los ojos de Makoto se humedecieron, y de pronto, las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas. ¡Cómo le remordía la conciencia ocultarle cosas a su marido!
Andrew entonces rompió la distancia que había entre ellos, y la estrechó en un abrazo.
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—¿Me muestras esos estudios? — Pidió Andrew minutos después de que Makoto dejara de llorar.
—Los dejé en el consultorio de Ami— Respondió rápidamente
—¿Por qué? — Preguntó Andrew.
Cada año, él solía acompañar a Makoto a sus revisiones ginecológicas, pero ese no había podido por exceso de trabajo en el hospital, y había confiado en Makoto cuando le dijo que estaba bien, pues no había motivos para desconfiar de su esposa ni de la capacidad de Ami Mizuno que pese a su juventud era de las más reconocidas en su especialidad médica.
—¡No lo sé! No quería que los encontraras— Mintió Makoto
—¿Qué te dijo?
—Tengo un quiste. Esperamos se desbarate con los anticonceptivos.
—¿Uno? ¿Cuánto mide? ¿No te dijo si es ovario poliquístico?
—No le entendí nada, Andrew. Me confunde la jerga médica— Respondió Makoto— Sólo sé que tengo que tomar las píldoras. ¿Podríamos no hablar de eso ahora, por favor? No es algo grave tampoco.
Andrew suspiró resignado. Recordaba el caso reciente de una paciente a quien habían tratado como si su problema se tratara de ovario poliquístico y resultó ser cáncer en su fase terminal.
—De acuerdo, pero mañana mismo iremos con Ami para que me explique a mí que es lo que tienes
—Ami se fue a Okinawa este fin de semana
—Entonces el lunes sin falta
Poco después, se acostaron en la cama. Esa noche no hicieron el amor, sin embargo, se abrazaron el uno al otro, sintiendo ambos el mismo temor en el corazón : Perder al ser amado.
Él, imaginando lo doloroso que sería perderla si acaso tenía una enfermedad grave que le ocultaba.
Ella, teniendo la certeza de que un día lo perdería, pues su cuerpo que estaba destinado a vivir cientos o quizá miles de años, estaba preparado para recuperarse de cualquier enfermedad humana que atacara su cuerpo aún cuando evitara los medicamentos y no fuera responsable de su salud.
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Eran las dieciséis horas en punto cuando aquel lunes Andrew terminó de recorrer las habitaciones donde se encontraban internados algunos pacientes a su cargo, y dado a que ya había terminado su jornada laboral por ese día, decidió apresurarse a salir pues dentro de dos horas y media acompañaría a Makoto a una segunda consulta ginecológica, pero entonces, cuando caminaba por el pasillo para dirigirse al elevador y llegar a la planta baja, miró a Masato Sanjoi entrar a una de las habitaciones.
Recordó entonces que Naru estaba enferma, así que no le sorprendió.
En su camino, fue interceptado por una de las enfermeras que lo entretuvo poco más de diez minutos, y después continuó su camino. Debía pasar por la habitación donde Masato había entrado, y aunque escuchar detrás de las puertas era algo inapropiado, tuvo el impulso de pasar demasiado cerca, y entonces escuchó la voz de Naru Osaka.
—No llores, amor— Susurró Naru con dulzura
—Entonces no vuelvas a decir que morirás. No puedes dejarme solo— agregó con Masato con voz entrecortada.
Era evidente que estaba llorando, y aunque a Andrew le desagradaba de manera irracional aquel hombre, sintió pena por él. Andrew pensó en retirarse, pero entonces escuchó algo que si le interesó.
—Tendrás a Makoto por la eternidad.
—Naru, no digas tonterías— Le respondió Masato— Ella es casada y tú eres mi…
—Tarde o temprano Andrew también morirá— Dijo Naru— Y se quedará tan viuda como tú.
—¡Naru, por favor!
—Mi amor. Te agradezco estos años a mi lado. Has sido un marido maravilloso, y te lo agradezco, pero los dos sabemos muy bien lo que sientes por Makoto y no me molesta— Dijo Naru—Al contrario, me alegra morir joven y que no tengas que ver mi cuerpo envejecer. Por favor. Júrame que cuando Andrew y yo hayamos muerto te darás una oportunidad con ella.
—¡Naru!
—¡Juramelo!
Hubo silencio un momento, y entonces, Andrew se puso furioso al escuchar la respuesta de Sanjoil.
—Te lo prometo si eso te hace sentir mejor.
Pese a que Andrew no solía ser violento, sintió el deseo de abrir aquella puerta y golpear a Masato Sanjoi. ¡Lo sabía! Siempre había sabido que ese hombre tenía sentimientos por Makoto aunque nunca intentó entrometerse entre ellos. ¡Le bastaba darse cuenta de la manera en que la miraba cuando solían coincidir! Y para su desgracia, aunque Masato Sanjoi no tenía relación con Darien o el grupo de senshis, Makoto y él tenían la mala suerte (o quizá buena desde el punto de vista que se viese) de encontrarse seguido pese a no proponérselo.
Pese a estar furioso, decidió controlar sus impulsos y retirarse. No iba a comportarse como un salvaje sin educación, mucho menos en su trabajo, así que decidió irse a casa. Después de todo, Makoto lo había elegido por marido, y ella respetaba la relación, sin embargo, en el trayecto a casa no dejaba de preguntarse porque Naru suponía que él moriría primero que Makoto, y porque hablaba de que Makoto y Masato estarían juntos por la eternidad.
¿Se refería acaso a qué en otra reencarnación Masato y Makoto se reencontrarían y tendrían su segunda oportunidad?
"¿Y si acaso Makoto se había quedado a su lado solo porque ya estaban casados cuando se reencontró con Masato? " Se preguntó en silencio.
Y es que conocía tan bien a su mujer, que no le pasaba desapercibido el gusto que le daba cuando se encontraba con Masato, aunque por supuesto nunca le había hecho reclamo alguno pues estaba seguro de la fidelidad de Makoto.
¡Hola!
Pues bien, aquí les traigo un capítulo más de este fanfic.
Les comento que inicié este año con un gran bloqueo creativo así que no he escrito nada, pero de esta historia tengo escrito hasta el cuarto capítulo.
Ahora, respondiendo a sus mensajes:
Abel Gregov: Quizá si escriba como se reencontraron Naru y Neflyte dentro de este fic, o quizá lo hago como spin off. Y pues saca los pañuelos porque este fic si será triste ya que la idea de la eternidad no está bonita.
Hospitaller Knight: En realidad en este fic Mina no está interesada en Kunzite, sólo en ese momento se puso de coqueta, además agrégale que estaba nerviosa al enterarse del destino de ser casi eternas que les espera y quiso hacer su gracia para aliviar la tensión como siempre. Acá las senshis y shittenou no tienen mucha relación, aunque Mako y Neflyte si se tienen cierto aprecio.
Viento Aguamarina: Gracias por tu Review amiga. En efecto, Mako tiene la fortuna de verse jovencita y promesa de larga vida, pero no está tan bonito cuando su marido no.
En fin. Gracias a todos por leer, sobre todo a quienes dejan su review.
¡Bonito día!
Edythe
