Capítulo 3
Atem no había estado tan tranquilo desde la última semana que paso con su amado.
De hecho, su vitalidad y energía era contagiada a los que le rodeaban de maneras distintas; Yugi se mostraba atento y paciente aun cuando la demanda de su carrera era lo suficientemente alta para querer arrojarse desde el segundo piso. Su madre por otro lado, comenzó a hornear casi sin parar, inventando recetas o reinventando algunas guardadas por generaciones.
La pastelería que manejaba en línea más como un pasatiempo que por una verdadera necesidad, crecía como la espuma en el mar. Mientras que el patriarca de la familia atendía su tienda con mucho más entusiasmo y deber, habiendo incluso quedado con su amigo de toda la vida para una nueva expedición. Alentado por la aventura y la nueva arqueología que representaba el Valle de los Reyes en Egipto. La fecha siendo próxima para moverse, emocionándolo como si de un niño en navidad se tratara.
De alguna manera la familia Muto, comenzaba sus rutinas con mucho más animo después de que llegara el "hijo mayor" de la familia. Alegrando sus tardes con juegos y otras actividades que siempre involucraban al mayor, quien estaba más que agradecido por su compañía. Relajándose como no lo hacía desde que, todo lo raro comenzó en su vida.
Las noches incluso se volvieron cálidas y silenciosas. Dejando atrás lo pasado o lo visto, haciendo que bajara su vigilia y su paranoia, la cual, ya había comenzado a crecer.
Por otro lado, las llamadas que hacía con su amado eran una cosa realmente distinta. Habiéndose quedado despierto mucho más de lo permitido solo por escuchar su voz, mandándose mensajes casi como si no hubiera un mañana. Contándose su día a día desde que decidieron deshacerse del problema principal. Amándose sin preocupaciones y sin ningún miedo; Atem siendo el que más se sonrojaba ante los comentarios "sutiles" de su esposo. Alegrándolo mucho más de lo que en verdad fingía molestarse.
Regresando entonces a sus rutinas, imaginándose incluso el volver a su departamento, ya sin ninguna angustia sobre... Cosas extrañas. Quedando en los planes venideros una vez Mahad presentara en América el nuevo producto que pudo terminarse aun con todos los percances. Aquellos detalles quedándose más guardados para Mahad que para Atem, quien apenas disfrutaba el regreso de sus hábitos. Viéndose ajeno a lo que su querido esposo en verdad estaba pasando.
El cual se mostraba renuente en creer que nada había terminado. Ignorando todo lo extraño a su alrededor, concentrándose solo en su trabajo y en lo que tenía que hacer. Aun si a esas alturas era complicado. Creyendo firmemente que una vez se encontrara al lado de Atem, todo volvería a estar bien.
Tenía que estar bien...
Además, el proyecto y producto estaba a poco tiempo de presentarse. Nada podía salir mal... Aun con todo lo que eso implico; aun cuando se negaba a creer que aquellas muertes estaban sobre sus hombros, manchando sus manos... Nada estaba conectado, nada era como lo presentía. Se negaba a creerlo...
[19 de octubre, año XXXX, 9: 00 pm]
Después de que Mahad se deshiciera de aquella caja de oro, Brian cumplió su papel de manera eficiente y digna. Llevándolo a tiempo hasta al aeropuerto, en donde abordaron el avión privado del mayor, para luego acompañarlo a su destino final, las instalaciones principales de las Industrias Encinereb en Occidente. Lugar en el que fueron recibidos de manera rápida y magnifica, colocando de primera mano el servicio VIP, que tanto enorgullecía a Mahad y a su esposo. (Quien no dudo en realizar un proyecto solo para la comodidad del mayor, haciéndose de un renombre mucho más rápido de lo que imagino. Volviéndose uno de los principales diseñadores de las Industrias Encinereb). A la vez que los trabajadores asignados a cada puesto por delante, trataban de darle una bienvenida corta y concisa, esperando no estorbarle en su camino.
La luz radiante de las lámparas, así como el prístino suelo reluciendo como nunca antes lo había hecho. Los detalles y acabados de las mismas instalaciones pasando a ser algo de admirar mientras sus pasos los dirigieron hasta la oficina principal, lugar que fue ocupado para rápidamente llamar a una junta de emergencia, en la cual se trató el asunto que había traído a Mahad de regreso en menos tiempo del que estimaba.
Los principales lideres siendo los que llegaron primero antes de los demás asistentes y algunos pasantes que esperaban indicaciones de sus superiores, alargando entonces un poco más el tiempo de trabajo de todos; solo para retomar cabos sueltos o detalles que podrían ser benignos a largo plazo si no se atendían en ese preciso momento. Llevando a ocuparlos hasta altas horas de la noche, en donde muchos se marcharon con buenas caras o malas noticias, habiendo asensos como descensos. Y tanto papeleo que solo provocaba a los menos aptos mirar las ventanas cercanas en busca de ayuda, o alguna señal que los salvara de sus responsabilidades. Fallando al ser los superiores quienes mandaron a los demás a descansar solo para citarlos mañana a primera hora. Alargando su agonía con los asuntos burocráticos.
Haciendo nacer nuevas quejas silenciosas antes de que Mahad aprovechara para dirigirse hasta el hotel en el que siempre se hospedaba, suspirando por un trabajo bien hecho.
Deseando más que nunca llamar a su esposo y quizá dormirse al teléfono escuchando su voz. Dejando que esa melodía calmara su cansada mente y cuerpo, imaginándose incluso las notables acusaciones de Atem ante lo tarde que iba a llamarlo, a pesar de que en Japón ya era de día. Provocando que una ligera risa saliera de él sin quererlo realmente.
Exponiendo su ánimo tan solo al estar ya fuera del trabajo, dirigiéndose a su habitación designada, la cual, como siempre, le esperaba en la más tranquilizante calma y oscuridad. Invitándolo casi de inmediato a descansar sobre la mullida cama que parecía llamarlo desde la puerta de entrada. Convenciéndolo en menos de un par de minutos para que notara como es que sus maletas ya habían sido colocadas a un lado del armario.
El rechinido ligero de los resortes pasando a ser bienvenido ante el crujido que dio sus huesos como protesta ante un nulo descanso. Llevándolo a encorvarse ligeramente para después solo extenderse libremente en la cama. Suspirando al sentir la comodidad en su espalda, casi haciéndolo desear gemir del placer que sintió solo al hacer aquello. Provocando que una nueva sonrisa se posara en sus labios. Contento de por fin poder dormir con tranquilidad, dejando de lado aquello que lo preocupaba.
Decidiendo entonces, luego de unos minutos más, tomar el teléfono celular que descansaba en su bolsillo. Extrañándose cuando al mover su brazo perezosamente en dirección a su pantalón, se topó con un sonido metálico que lo hizo voltear casi instantáneamente para comprobar que es con lo que había topado. Sus ojos rápidamente abriéndose a mas no poder una vez su vista se acostumbró a la poca luz que ingresaba a la habitación.
Encontrándose de frente con aquello que se supone no debía volver.
La caja de oro antes regalada y tirada, estando descansando inocentemente sobre la suave cama. Mientras un par de gotas cristalinas que resbalaban por las orillas, pasaban a ser absorbidas por la tela de las sábanas. En donde se marcaba ya una mancha de agua ligeramente grande, indicando a Mahad cuanto tiempo es el que llevaba ahí. Provocando que sus alarmas se encendieran casi de inmediato, ocasionando que su cuerpo reaccionara instintivamente, levantándose antes de tropezarse con la orilla de la cama. Moviéndose para tratar de alejarse de aquel objeto que, recuerda, el mismo tiro al mar.
Su miedo superando por poco a su parte lógica, llevándolo a salir de la habitación en tiempo récord, azotando la puerta antes de recargarse en ella. Quedando solo en el gran pasillo del hotel. Su respiración pareciendo ser el único sonido que se escuchaba al momento. Opacando el color pálido de su piel, mientras sus labios tiritaban ligeramente. Su mente comenzando a trabajar para tomar el control sobre sí misma una vez más.
Cuestionándose como es que esa maldita caja había vuelto a terminar junto a él. En un lugar tan alejado y poco probable de encontrársela aun si un barco carguero la encontrara y de casualidad dieran con el dueño. Sintiendo como es que sus esquemas mentales estaban siendo quebrados solo por aquel suceso. Obligándose a preguntarse muchas más cosas antes de pararse, tambaleante y comenzar dar vueltas delante de la puerta de su habitación.
Sus dedos y uñas, siendo los que pagaron el precio de sus acciones, habiendo incluso llegando a la cutícula de una de ellas ante las mordidas que dio pensando en un sinfín de posibilidades.
Una siendo cada vez menos lógica que la anterior.
Encontrando en su boca el sabor metálico de la sangre, así como en sus dedos, los cuales estaban manchados ante su desesperación por comprender lo sucedido. La comisura de su boca pasando a ser el principal expositor ante lo que había ocurrido sin siquiera notarlo.
El tiempo pasando a ser algo que ya no estaba prestando atención. Alargando los minutos que se convirtieron en horas.
Deteniéndose entonces solo para observar su entorno. Hallando solo la calma de la madrugada, así como el pasillo aun desierto y sin movimiento. Las luces eternamente prendidas, cumpliendo su trabajo para iluminar hasta el último rincón del lugar. Algunas plantas decorativas, moviéndose ligeramente ante la suave brisa que se colaba a causa del aire acondicionado. Trayéndolo por consecuencia a la realidad una vez más, logrando calmarlo casi completamente a los minutos siguientes.
El celular en su bolsillo sonando poco después. Logrando que diera un ligero salto ante lo precipitado, atendiendo torpemente la llamada con voz cansada, confundida y temblorosa. Prestando poca atención al número marcado con anticipación.
—¿Hola? Al habla Mahad...
—¿Cariño? ¿Estas bien? No me has llamado desde que mandaste tu último mensaje, ¿Ha pasado algo? —La voz resonante funcionando como un dulce y bello bálsamo ante lo vivido. Funcionando lo suficiente para hacerlo recapacitar.
—¿Atem?
—Sí, el mismo. ¿Estabas dormido? ¿Te moleste? —Mahad suspiro en visible alivio antes de negar con vehemencia. Sin saber si negaba por contestar a su amado, por lo pasado, o por lo ridículo que era de que aquella endemoniada caja volviera a él en términos realmente aterradores.
Posándose delante de su puerta antes de volver a entrar con desconfianza.
—No, no me has molestado. Esta todo bien, apenas entrare a dormir... La junta se alargó más de la cuenta. —Mintió.
Cerrando la puerta antes de prender cada luz que se encontraba en su camino, encaminándose de nueva cuenta hasta su cama, en donde, con visible disgusto, encontró aquella caja aun descansando sin gloria o pena. El agua aun goteante haciendo la mancha de agua más grande de lo que podría hacer.
—¿De verdad? Es una pena, espero hayas comido a tus horas y descansado apenas hayas llegado, antes de atender ese asunto... —Menciono Atem en tono serio, pero sin despegar el cariño en su voz. Ocasionando que una sonrisa pequeña se posara en los labios de Mahad, quien considero cual era la mejor ruta a seguir.
—Sí, lo hice tal cual, Brian me ayudo en eso... Sabe que, si no me cuida y me mantiene en función, te molestaras mucho antes de regañarlo a él y a mí. —
—Te regañare a ti si no te cuidas, y de paso a él por no ser un buen asistente... —Corroboro Atem, subiendo su tono de voz a propósito para dejar en claro aquel asunto. Riendo poco después para suspirar, cambiando tajantemente de tema. —Muy bien, Señor Encinereb, ¿Y qué me dice sobre su día?
Mahad siguió observando aquella caja de oro, antes de negar. Su voz volviéndose tranquila para contestar.
—Nada relevante cariño, solo papeleo y demás cosas burocráticas que tanto odias...
—Oh... Suena realmente cansado...
—Lo es, pero, me alegra más que me hayas llamado. Discúlpame si no lo hice antes... —Dijo Mahad, para acercarse a la cama, tomando aquella caja una vez más entre sus manos.
Colando el teléfono en alta voz para aquel propósito. Abriéndola en silencio para notar como es que el rompecabezas dentro de la misma, flotaba ligeramente con el agua salada en su interior. Los granos de arena siendo suficientes como para hacerle saber a Mahad desde donde es que venía. Provocando un gesto preocupante en él.
—No te preocupes, comprendo que a veces nuestras responsabilidades ganen en tiempo. Es natural que pasen hechos impredecibles, así que está bien. ¿Por qué mejor no me cuentas que tal fue tu vuelo?
—Sí, tienes razón... —La respuesta de Mahad siendo suficiente para comenzar aquella conversación que fue en caminos diferentes conforme tocaron temas relevantes e interesantes para ellos.
Acompañando de esta manera, en todo momento al mayor, quien tomo aquella caja antes de abrir una de las ventanas del lugar. Dejándola caer sin importar si alguien salía herido o no. Esperando esta vez que alguien la tomara para deshacerse de ella. Rogando al cielo que ya no volviera a aparecer cerca de él o de su amado.
Sin saber qué es lo que provocaría aquella simple acción.
[20 de octubre, año XXXX, 8: 00 a.m.]
Mahad seguía sin creer lo que vio al despertar.
Aquella dulce mañana después de que pudiera conciliar el sueño luego de la larga conversación con su querido esposo, fue que se recostó en el lado seco de la cama, cambiando sus ropas a su pijama para mayor comodidad. Dejando el baño para una vez llegara el sol a despertarlo, como sucedió las horas siguientes.
Los rayos del sol siendo suficientes para hacerle saber que un nuevo día comenzaba, así como el inicio por supuesto de sus responsabilidades. Provocando un gesto disconforme en su rostro, molestándose un poco por no haber dormido tanto como él lo deseaba y como su cuerpo demandaba. Resignándose una vez su alarma sonó casi estridentemente, apagándola con movimientos torpes y nada cuidadosos, dejando que aquel celular cayera del pequeño buro al suelo para toparse con lo que Mahad había pensado era el suelo.
Sus ojos siguiendo la caída para después, simplemente levantarse abruptamente. Topándose una vez más con el brillo reflejante que ocasionaba el sol acariciando aquella caja que, él había tirado por consecutiva vez.
Aterrándolo por segundos antes de notar como es que en una de las orillas había una mancha roja, seca. Así como un par de huellas del mismo color. Dándole un mal presentimiento hasta que sintió el dolor en sus propias manos. Recordando entonces que él era quien la había manchado de antemano. Las vendas resultantes, solo sirviendo como calmante ante lo nuevamente percibido.
Maldiciendo por lo bajo ante lo, poco lógica de la situación. Aquello sencillamente bien podría volverlo loco...
¿Qué es lo que debería hacer ahora?
El sonido de golpes en la puerta, le dio casi automáticamente la respuesta. Ignorarla por ahora, hasta volver a encontrar la oportunidad de deshacerse de ella.
[2:00 p. m.]
Sí Mahad creía en su momento que tratar con algo paranormal era fastidioso o poco normal. Debió haber previsto que algo así sucedería tan solo volver a pisar las oficinas centrales. En donde los trabajadores más aptos inmediatamente lo abordaron con un tema que le hizo sentir escalofríos tan solo escuchar lo primero. Casi arrepintiéndose de haberse precipitado la noche anterior. Una culpa extraña comenzando a colarse en su corazón, siendo suficientemente para replantearse sus futuros movimientos con respecto aquella caja que solo le traía desgracias.
Literalmente.
Porqué, ¿Qué probabilidad había? ¿¡Cuanta!?
—¡Señor Mahad! ¡El nuevo promotor ha muerto en un accidente!
—¡Los testigos dijeron que fue a causa de una extraña caja que cayó sobre su cabeza!
—¡Se dice que la caja fue robada, pues el oro con lo que estaba cubierta era tentador!
—¡El cerebro del promotor incluso fue limpiado de la acera! ¡Fue un horrible espectáculo! ¡Nuestros medios ya están ocultando la noticia, no queremos causar un furor así tan cerca de nuestras empresas!
¿Qué probabilidad había de que aquella caja que había lanzado desde la ventana cayera justamente encima de uno de sus recientes empleados? ¡Maldición!, se sentía como el inicio de algo mucho más grande. Más... oscuro. Obviamente no iba a revelar en donde es que estaba la caja justo ahora. Nadie le creería.
[21 de octubre, año XXXX, 4: 00 p.m.]
El día anterior se sintió relativamente corto. Las horas siguientes a las que sus empleados le informaron sobre el terrible accidente que sufrió uno de sus empleados recientemente promovido, llamo una vez más a una junta en la cual se habló del futuro de la empresa y los futuros candidatos a mover si... Algo así pasaba de nuevo.
Muy a pesar de saber que aquello era difícil, casi improbable de que ocurriera dos veces. Pero sin descartar las recientes dos muertes que ocurrieron en tan poco tiempo, colando entre los presentes un extraño sentimiento que solo trataron de ignorar conforme más y más se hablaba de los papeles a necesitar y de cómo es que debían moverse a partir de ahora. Terminando en tiempo y forma para que pudieran relajarse y salir a comer como su horario lo estipulaba. Dejando a Mahad libre por aquel día.
Día que uso para deshacerse de aquella caja que tanto le estaba molestando. Esta vez yendo el mismo a tirarla al basurero más cercano, esperando con ello, no volviera a él de ninguna manera. Colocando incluso uno que otro sello que compro en una tienda espiritista de camino ahí, solo para asegurarse de que su rutina volvería a ser la misma que antes. Hablando incluso con su amado en el trayecto, alegrándose una vez noto como es que aquella caja quedaba lejos de él. Consiguiendo relajarse al menos hasta el día siguiente.
En donde al despertar, su vista volvió a toparse con aquella caja de oro bien cuidada y pulida. Colocada suavemente a un lado de su cabeza. Como si de una burla se tratara. Mientras un par de huellas frescas aparecían en su tapa.
El olor metálico siendo lo suficientemente penetrante como para hacer levantar a Mahad hasta el baño, en donde devolvió la cena anterior. Molestándose una vez termino de controlarse así mismo.
¿Cómo es que esa cosa siempre terminaba junto a él sin notarlo?
Su rutina viéndose interrumpida una vez más ante ello. Prefiriendo ignorarla hasta encontrar una nueva solución que aseguraba no volviera a pasar lo mismo. Sin pensar en lo que ocurriría una vez volvió a su oficina, en donde agentes de seguridad le esperaban para darle una terrible noticia.
Una que solo le hizo pasar saliva duramente, antes de comenzar a sentir como es que su estómago se apretaba en un sentimiento que solo pudo catalogar como culpa y miedo. Esto siendo pauta solo para lo que siguió después.
—Señor Encinereb, me temo debemos hacerle saber que encontramos a uno de sus empleados al comienzo del día... Fue asesinado en su propia casa. Su cuerpo ha sido predispuesto a las autoridades correspondientes para realizar un informe detallado sobre su fallecimiento... Se presume que fue a causa de un robo, no estamos aún seguros... Pero le haremos llegar la información pertinente a su momento...
—Gracias... —
Fue la corta respuesta de Mahad, suficiente para que los agentes dieran sus condolencias para retirarse. Dejando atrás un par de documentos, los cuales Brian se hizo cargo de firmar y acomodar para que su superior los revisara para su regreso a los lugares señalados.
El sonido de la puerta siendo cerrada marcando un antes y un después para Mahad, quien ya no se sintió nada cómodo en su propio lugar de trabajo. Aumentando la ansiedad y la frustración que amenazaba una vez más la salud de sus dedos y uñas, las cuales sangraron ligeramente ante el apretón que dio. Dañando sus manos sin querer.
Muy en el fondo, esperando que aquello terminara tan rápido como inicio. Aun a pesar de que aquel escenario se repetiría los siguientes días.
[octubre, año XXXX]
Y así como Mahad presentía, aquellas primeras muertes solo fueron el inicio de lo que pareció atacar a sus empleados. Habiendo incluso una paranoia que alarmo a los más sensibles, asustándolos hasta de su propia sombra. Siendo los pasantes quienes más sufrieron este suceso, la mayoría de ellos pasando a ser quienes encontraban después a sus superiores o jefes en distintos lugares en poses casi inhumanas y en sitios casi impensables. Algunos quizá con más suerte que otros, eran testigos de aquellos con mala suerte.
El elevador de la empresa fallando de manera inevitable para hacer caer al encargado de finanzas de la industria. Su cuerpo siendo encontrado hasta el piso final y con al menos una media tonelada de metal encima de él, su cabeza siendo la que ya no se vio más.
Esta misma habiendo sido aplastada por la fuerza de caída, derramando la sangre y parte de sus órganos por el suelo alrededor de aquella escena. Provocando gritos y uno que otro desmayo ante lo rojo y grotesco de la imagen. Atrayendo entonces muchos más rumores que empeoraban conforme pasaban más los días.
Los cuales fueron acallados con advertencias o despidos. Afectando en un cinco por ciento la productividad de la industria.
Mahad no podía culparlos realmente.
Pues aquella caja se mostraba en su habitación encima de su tocador con aire burlesco. Su brillo siendo algo que comenzaba a molestarlo, decidiendo taparla con un pañuelo antes de ignorarlo. Así como los ruidos que comenzaban a escucharse, ignorando los llamados o los objetos punzo cortantes que aparecían a sus pies o en el suelo, listos para dañarlo o asustarlo.
Alguno de ellos siendo lo suficientemente constantes para alcanzar a rozar su pie derecho, precisando un par de vendas que tapaba magistralmente con sus prendas del día. Tratando de seguir con su trabajo. Ignorando lo que seguía ocurriendo.
Siendo Brian el que manejaba aquellos asuntos mientras él atendía otros.
Documentos, así como reuniones, viviéndose necesarias para calmar a sus trabajadores. Cosa que se logró con mucho más esfuerzo del que Mahad creía. Iniciando a gastar sus energías repuestas, provocando que un par de ojeras aparecieran debajo de sus ojos.
Su ánimo comenzando a ser opacado conforme más se acercaba la fecha de entrega del producto principal. Su única esperanza aferrándose con la voz de su amado, quien le calmaba y le daba fuerza para seguir. Alentándolo para el evento que se acercaba.
Evento el cual, por cierto, ya no estaba seguro de quererlo presentar él mismo. Su ansiedad subiendo a niveles insospechados, en donde sus manos fueron las principales víctimas.
Haciendo uso necesario de más y más vendas para calmarse antes de recibir regaños de su asistente, quien lo amenazo con decirle todo a Atem. Aquello sirviendo de ultimátum para que Mahad buscara alguna otra cosa con la cual descargar su ansiedad, el objeto predilecto y elegido siendo ahora los lápices que se encontraban en su oficina. Unos incluso siendo rotos antes de siquiera llegar a usarse.
Dejando en claro cómo es que en verdad se sentía Mahad con todo lo sucedido. Siendo atormentado por sucesos igual de horribles que los anteriores.
Una de los subjefes principales de la rama occidental, una bella Dama a la cual muchos admiraban.
Pasando a ser la siguiente víctima, la cual, al recargarse en su silla frente a su escritorio, esta misma fallo, llevándola hasta el ventanal que estaba detrás de ella. Empujándola al menos doce pisos de altura hasta caer abruptamente hasta el pavimento, en donde su cuerpo quedo como un lienzo salido de la más horrible pesadilla.
La sangre salpicada logrando caer hasta algunos transeúntes nocturnos que aún quedaban, alarmando a muchos al momento. Aquella noticia apenas siendo retenida por los internos de las industrias Encinereb, quienes ya sospechaban que quizá hasta haya un asesino suelto por ahí.
En busca de venganza o algo parecido, surgiendo nuevamente rumores que ya nadie se atrevía a decir en voz alta, dejándolos como susurros probables y más acertados.
Logrando que a Mahad le diera más de un ataque de pánico e ira al enterarse, casi rozando el punto de la locura antes de ser calmado cada día por Atem, quien parecía más feliz mientras él esperaba no terminar en demencia, queriéndose contagiar de aquella energía que emanaba su amado.
Aguantando entonces hasta el día designado para el evento y pronto regreso a casa. Obstinando en su rutina que ya ni siquiera figuraba como una. Despertando cada mañana con la maldita caja a su lado, a veces manchada en sangre y otras solo resaltando naturalmente gracias al oro.
Mientras el ojo tallado siempre parecía mirarlo. Aumentando su disgusto y terror a la misma.
Mahad ya miraba sobre su hombro cada vez que salía o entraba a otros lugares, dañando sus manos y dedos con sus movimientos discretamente erráticos, en un intento por calmarse.
Aquello ya no era una vida... La tortura se estaba alargando más de lo esperado. Sin imaginarse que pronto aquello le llevaría a un estado culmine. Uno en donde no habría vuelta atrás. Un camino sin retorno.
[27 de octubre, año XXXX, 7:00 p.m.]
El frabulloso día había llegado.
El evento por el cual Mahad había esperado tanto ya estaba a tan solo una hora de celebrarse. Cientos de invitados, así como los medios habían llegado a tiempo, acomodándose en sus sitios designados con anticipación mientras disfrutaban algunos bocadillos y el acercarse a centros de confianza. Mientras otros solo esperaban codearse y conocer a personas influyentes para sus propios propósitos, el tema de los negocios siendo algo que se escuchaba a simple pasada por el salón.
El cual, había sido predispuesto por las mismas industrias Encinereb, la cúpula de cristal siendo uno de sus atractivos principales, invitando con ello a los más influyentes comerciantes para aquel evento (Del cual ya había murmullos), opacando todo lo malo que había sucedido en tan solo esos días atrás que se estuvo laborando casi con normalidad, otorgando sin saber un descanso a los empleados, quienes ya bebían sin preocupación y con mucho mas animo que antes. Sirviendo de vez en vez a los invitados que eran principales colaboradores de la misma industria. Alabándolos como se les había enseñado desde un principio, haciendo alusión al servicio VIP que tanto se hablaba de ellos.
Sonrisas siendo las que más se mostraban para que todo marchara como debía, dejando entonces unos minutos a Mahad para sí mismo, escapando junto a Brian para prepararse e ir a abrir el evento.
Llamando por aquella ocasión especial a su amado, a quien coloco en una pantalla holográfica para moverse en lo que Brian le maquillaba un poco y le arreglaba, asistiéndole con diligencia y atención.
Haciendo reír un poco a Atem, quien no dudo en mostrarle aquello a la familia Muto y a los invitados que tenían por esa tarde. Jonouchi, Honda, Anzu y Mokuba siendo quienes se asomaron tiempo después por la pantalla, saludando con animo a Mahad. El cual solo asintió en reconocimiento, aun esperando a que Brian terminara sus últimos arreglos, dejándolo casi listo cuando el reloj marco a solo diez minutos para comenzar.
El bullicio a lo lejos siendo el indicativo para que practicara su discurso en voz baja mientras su amado y compañía hablaban para darle ánimos, mostrándose contentos por el nuevo logro y producto que, por cierto, él les había mandado de regalo.
La insignia de las Industrias Encinereb marcándose en aquellos objetos. Casi molestando a su rival con ayuda de Jonouchi, quien defendió su regalo hasta mas no poder, habiendo incluso corrido lejos de su amado. Quien ahora le buscaba con ligera molestia. Llevando en todo momento, un anillo con la marca de Kaiba Corp. Haciendo alusión a lo que quería hacer, provocando que solo el pelirrubio negara con vehemencia, riéndose por la travesura hecha.
Lamentándose en el fondo si es que se dejaba atrapar, sus caderas sintiendo un dolor fantasma que le decía que podría volverse realidad.
Aquel tema pasando a ser la comitiva que Atem inicio, burlándose abiertamente de ello, para desviar la atención de los demás, esperando entonces hablar con su amado. Su voz siendo tan consoladora, a tan solo un minuto de comenzar con la apertura del evento. Observando cómo es que Mahad pasaba a verse realmente atractivo.
El traje hecho a la medida en negro y detalles plateados siendo todo un deleite para él, así como el contorno de su figura y su cabello suelto, el color morado recalcando un poco más aquellas facciones que tanto amaba, así como el par de ojos que lo volvían loco. El bello azul cielo resaltando naturalmente mientras se movía con elegancia hasta su sitio designado. Un par de suspiros siendo necesarios para aplacar los nervios iniciales. Una sonrisa posándose en sus labios después de tanto, dándole el toque final que necesitaba para estar listo.
Un par de guantes ya notándose libremente y elegante sobre sus manos.
Asintiendo una vez escucho como es que el presentador comenzaba con los primeros discursos. Siendo Brian quien sostenía aquella pantalla holográfica para no distraerlo, dejando ver a Atem y los demás, todo de primera mano. Maravillándolos con las decoraciones y el trato de los invitados, muchos nombres reluciendo solo con una pasada de la cámara. Motivándolos a ver más del evento.
Sin notar como es que la cúpula de cristal pasaba a agrietarse poco a poco. Aquel hecho ocultándose a simple vista gracias a la hora nocturna que se estaba celebrando.
Anunciando lo inevitable.
—¡Es fantástico! Te deseo lo mejor Mahad, estoy seguro que pasaste por mucho para que esto funcionara. —
Felicito arduamente Atem por doceava vez, sin molestar en nada a su amado, quien solo se posiciono de manera orgullosa. Sintiendo como es que su ego subía solo con aquel cumplido.
—Gracias, de hecho, pase por... Muchas cosas, pero me alegro de que ya todo este por terminar... Me siento cansado. —Admitió sutilmente, sobando un poco su cuello antes de mirar a la pantalla holográfica. Sonriendo abiertamente por ver a su esposo en ella. Anhelando estar a su lado tan pronto como pudiera.
—Es lo normal, has trabajado arduamente. Y ahora esta es la recompensa, por tanto, estoy orgulloso de ti... —
Elogio Atem, siendo interrumpido por los gritos felices de sus acompañantes, quienes se juntaron en la cámara para decir cosas similares. Demostrando su apoyo de aquella manera, haciendo que la calidez se extendiera por el pecho de Mahad, quien asintió a cada uno de ellos antes de escuchar cómo es que lo llamaban al podio.
—Ah, es hora... Debo irme... —Aviso, dando la espalda a la llamada, dejando que Brian se ocupara de la misma en lo que terminaba. Esperándolo detrás del escenario, en donde se podía ver claramente el evento.
Las luces iluminando a Mahad siendo lo suficientemente perfectas para hacerle resaltar al primer paso que dio, provocando que estallaran los llamados y las felicitaciones a su persona en menos tiempo del que contemplo.
Las cámaras y los flashes apuntándolo, otorgándole la suficiente confianza para saludar como era debido, moviendo su mano elegantemente en un ademan sencillo, acercándose hasta el podio que esperaba pacientemente en un bello diseño blanco y dorado. Las flores adornando siendo el toque perfecto para que el expositor resaltara con naturalidad. Brindando la seriedad y el estilo que aquel evento necesitaba.
Su primer llamado pasando a ser suficiente para que la audiencia se silenciara en segundos, continuando entonces aquella inauguración. Su voz escuchándose fuertemente antes de que todo pasara a moverse de manera lenta y pausada.
El vidrio del domo encima de ellos rompiéndose, siendo el accionante de aquello.
Atrayendo todas las miradas para poder contemplar cómo es que los pedazos de cristal pasaban a extenderse en el lugar para después comenzar a caer sobre ellos.
El sonido del vidrio resonando fuertemente antes de que el grito de una mujer hiciera reaccionar a los presentes. Comenzando a esparcir el caos y los movimientos por todos lados, buscando las salidas de emergencia antes de que fueran bloqueadas por la multitud.
Cada uno de ellos oyendo como es que aquel cristal precioso, pasaba a cortar la carne y silenciar rápidamente los gritos de quienes se quedaron en shock.
Esparciendo el olor de la sangre antes de que Brian se moviera para tratar de ayudar a su superior. Sin notar como es que Mahad negaba antes de que la visión de Brian comenzara a rodar en diferentes direcciones.
Dejando la cámara caer justo frente a él antes de que rodara hasta estar cerca de su superior. Mostrando entonces como es que su cabeza había sido separada de su cuerpo, mandándola hasta el final del podio en donde fluyo un rio de sangre que causo un terror indescriptible a Atem y los demás.
Quienes gritaron preocupados antes de observar con angustia como es que Mahad era rápidamente atravesado por distintos trozos de vidrio que lo clavaron en el suelo. Apuñalándolo en puntos que no eran vitales, pero, que si dejaban salir aquel liquido precioso que poco a poco iba juntándose con tantos otros que yacían esparcidos en el suelo.
Mientras las bocinas y los instrumentos electrónicos usados, comenzaban a incendiarse sin descanso, rápidamente abarcando un terreno en el que fue difícil distinguir la silueta de los que quedaban de pie. Volviendo en menos de un segundo, aquel evento un infierno.
Uno que sencillamente aterro a Atem, quien era detenido por los Muto ante algo que no sabían quería hacer. Tratando de calmarlo para notar como es que Mahad seguía consciente.
Sus leves movimientos siendo suaves ante el dolor producido en su cuerpo. Siseando cuando levantaba sus brazos o sus piernas, cortando un poco más su piel y sus músculos, llegando a rozar el hueso de manera dolorosa y seca.
Una bocanada de sangre sonando para atraer la atención de Atem, quien con horror. Se percato como es que una sombra en medio del caos, se acercaba a su amado hasta posarse frente a él.
Las largas uñas, así como la bruma solo atrayendo recuerdos espantosos de lo que una vez le atormento. Provocando que su respiración fuese errática, y su pulso se acelerara hasta límites insospechados.
Perdiendo la conciencia una vez pudo escuchar el grito agónico de su amado, oyendo segundos después, como es que una risa siniestra salía de la grabación, rompiendo la cámara con la que pudieron observar todo. Desconectándolos con el hecho sin precedentes sucedido a kilómetros de ellos.
Dejando un desosiego difícil de digerir.
Aquello era un castigo... y los ojos violetas se los hizo saber. Ya no había manera de ignorar esto...
