Oscuridad, desesperación, tristeza… Un dolor tan fuerte e Insoportable…
Su alma estaba siendo devorada lentamente, cruelmente, pedazo a pedazo, aumentando el sufrimiento…
Soledad, vacío, muerte…
Aquellos fantasmas lo estaban llevando a la locura, a la más profunda depresión…
Nada tenía sentido, todo estaba tan confuso y perturbador que sentía que ya no valía la pena vivir. Su corazón se desmoronaba junto a sus sueños, como si fuesen simples castillos de naipes, todo cayó a sus pies en pocos segundos, todo se destruyó y cada lágrima que derramaba era la concentración del dolor en su más pura esencia. Cuando se cansó de huir, cayó al suelo de rodillas, sus manos temblaban y a pesar de morder hasta sangrar sus labios, le era imposible controlarse siquiera un poco, era demasiado tarde. Nada de lo que hiciera regresaría a la vida a su persona amada. Él había muerto de la manera más absurda que imaginó, no… no podía ser… debía de tratarse de una cruel y maldita broma. Aquel hombre orgulloso de su linaje, fuerte y decidido, no podía haber muerto de forma tan humillante, tan fácil.
- ¡No! ¡No lo aceptaré jamás! – gritó mientras golpeaba el suelo hasta lastimarse las manos. Ya no tenía a donde huir, se encontraba prisionero dentro de su propia pesadilla, jamás pensó que enamorarse de aquel hombre iba a ser su perdición, nunca imaginó que su alma se hiciera polvo ante su ausencia. Pero, ya era tarde, demasiado tarde, jamás volvería a verlo.
Jamás…
Pero, si él pudiera hacerlo…
Tal vez podrían estar juntos de nuevo…
Tener una nueva oportunidad para ser felices…
En esos instantes escuchó voces lejanas llamándolo. Lo estaban buscando. El muchacho se levantó con las últimas energías que le quedaban y apoyándose contra la pared, paso a paso fue avanzando, paso a paso mientras recordaba los últimos días que pasó junto a él. El joven no se arrepentía ni por un segundo de lo sucedido, estaba completamente seguro que si volviera a nacer, ambos volverían a estar juntos, juntos para siempre. La muerte no los podría separar, no lo permitiría… le demostraría a la misma muerte que el amor es más fuerte que todo, le enseñaría que aún amase a un hombre, aquel sentimiento era el más puro que tuvo en toda su existencia. Mientras caminaba lentamente por aquel largo corredor, seguía recordando el pasado, recordaba su voz y casi podía sentir la caricia de sus manos en su rostro. Él lo llamaba a la distancia, lo podía sentir y nadie podría entrometerse nunca más, nadie lo encontraría en aquel lugar de la mansión, nadie impediría que se reuniera con su gran amor.
- Espérame… pronto estaré junto a ti, te lo prometo…
El sonido del despertador hizo que cierto joven de cabellos rosados se despertase sobresaltado. Sentía su corazón latir a mil por hora y su frente mojada por el sudor. No podía ser verdad ¿de qué se trataba todo eso? Iba a cumplirse cuatro noches con el mismo sueño que hacía que se despertase en esas condiciones. Aquellas escenas tan reales le provocaban una extraña sensación de angustia y desesperación, tanto que intentaba pensar en miles de cosas para olvidarse de esas imágenes escalofriantes. EL joven se levantó pesadamente de la cama y abrió su ventana de par en par, para que el aire fresco de la mañana lo despejara un poco. Tal vez, aquellos sueños raros solo eran producto de la ansiedad por empezar un nuevo ciclo en la universidad. Aquellas vacaciones le habían parecido interminables, pero, al fin se habían acabado. Aunque no podía negar que le gustaba tener tiempo libre, pero aquellos días habían sido insoportables y pesados a causa de aquellos sueños. Honestamente, no había disfrutado nada en sus vacaciones por su trabajo de medio tiempo, por la ausencia de su mejor amigo que al parecer tenía novia y para colmo de males, tener que soportar a su hermana menor que parecía haberse obsesionado con un chico de su universidad. Felizmente, empezaba un nuevo ciclo de estudios y estaba dispuesto a dar lo mejor de sí, mejorar sus calificaciones y poder tener un poco de vida social como cualquier chico de su edad. La idea de tener una novia no era tan mala, su amigo Hiro tenía muchas amigas atractivas y podría salir con alguna de ellas, pero… algo dentro de él, le decía que esperase, que pronto encontraría a la persona adecuada, alguien muy especial como siempre lo había deseado. El chico se sintió algo tonto, jamás se había enamorado y tampoco tenido novia por curiosidad, pero nadie tenía que enterarse de eso y menos de aquellos sueños que noche tras noche lo atormentaban. Al recordar algunas imágenes de su pesadilla, decidió entrar a la ducha y dejar que el agua fría lo terminase de despertar. Lo que menos quería era llegar tarde a su primer día de clases después de esas aburridas vacaciones.
- ¿Shu-chan? ¡Pensé que te habías quedado dormido! - le dijo su hermana, media hora más tarde cuando el joven bajó a desayunar - Iba a ir a despertarte, deberías ser más considerado conmigo. Mira, te invito mi cereal favorito para que veas que en verdad deseo que te vaya todo bien este semestre.
- Mmm… me da miedo tanta amabilidad - dijo el chico mirando con desconfianza a su hermana. La conocía demasiado bien y aquellas atenciones amorosas olían a que quería que le hiciera un favor - Dilo ya ¿qué quieres Maiko?
- Pues… necesito que me hagas un favorcito…
- ¡Lo sabía! Escucha Maiko, juré que no iba a ser tu mensajero de nuevo, no sabes la vergüenza que pasé la última vez – dijo el pelirosa sirviéndose algo de té, tratando de ignorar los ruegos de la joven.
- ¡Eres cruel! ¡Ojalá te ahogues con el té!
- Y así va saliendo tu verdadera personalidad…
- Si Aoki-sama supiera lo mal que me tratas te pegaría - le dijo Maiko lanzándole una mirada de enfado.
- Si Minami Aoki se enterara que estás completamente obsesionada con él, sería más fácil. Aunque no sé qué rayos le ves a ese chico, es de primer año y tiene cara de niñita.
- ¡Retira lo dicho! - Maiko se lanzó sobre su hermano tratando de ahorcarlo. Tener un hermano mayor en la universidad no le estaba sirviendo de nada, ella pensaba que la obligación de todo hermano era luchar por la felicidad de sus lindas hermanas. Y a Shuichi parecía importarle un comino su felicidad, pensamiento que no estaba muy lejos de lo que en verdad opinaba el chico
- ¡Ya suéltame! ¡Eres un fastidio! - gritaba Shuichi tratando de apartarla.
- ¿Lo harás? Dime que sí - decía Maiko con voz suplicante y amenazante al mismo tiempo.
- ¡No! ¿No haré eso nunca más! ¡No sabes cómo se burlaron de mí cuando le entregué a tu ex novio esa maldita carta llena de corazones!
- Tatsuhi solo fue un error en mi vida - dijo suspirando dramáticamente - ¡Pero esta vez lo siento en los huesos! ¡En cada partícula de mi ser! ¡Aoki-san es el indicado!
- Estás loca… desde este momento dejo de ser tu hermano…
- ¿Así? Pues… si no me ayudas tus amigos se enterarán de algunas cosas que te suceden en la noche…
- ¿Eh? ¿Qué estás diciendo? - dijo Shuichi sintiendo unos extraños escalofríos.
- ¡Pobre de mí hermanito! No sabía que también estabas sufriendo por alguien. Realmente, soy una desconsiderada.
- Ahora sí, creo que has perdido por completo el juicio.
- Si me vuelves a llamar loca te ahogaré con la almohada. Por lo menos, yo no digo cosas extrañas cuando estoy dormida.
- ¿Cosas extrañas? - dijo Shuichi mirándola fijamente por primera vez desde que entró a la cocina.
- ¡Sí! ¡Recuerda que mi habitación está al lado de la tuya! Claramente puedo escuchar frases como "No me dejes por favor" o peor aún… "te amaré por siempre" bla bla bla… y después dices que la cursi soy yo.
- Definitivamente estás demente, ¿quieres que llame a un psiquiatra por ti?
- ¡Admite que sufres por amor! - dijo Maiko lanzándole una mirada pícara.
Por poco Shuichi suelta la tasa de té que estaba bebiendo. En primer lugar, ni siquiera tenía novia, menos a alguien en mente o que le gustase. Solo a la ridícula de su hermana se le ocurrían semejantes tonterías. El pelirosa se empezó a reír sin importarle la cara de maniática asesina que ponía Maiko en esos momentos.
- Mejor me voy o llegaré tarde por tu culpa - dijo Shuichi cogiendo su mochila y revisando que no faltase nada.
- ¡Oye! ¡No huirás fácilmente de mí!
- Adiós Maiko, que te vaya bien en la escuela - dijo el joven cerrándole rápidamente la puerta en las narices.
- ¡Shuichi Shindou!
Y eso fue lo único que logró escuchar a través de la puerta antes de correr para alejarse lo más que pudiese de casa. Shuichi se puso inmediatamente de buen humor, hacía un lindo día y nada podría arruinarlo. Su hermana podía ser un fastidio total, pero era una buena chica, pronto terminaría las clases en la escuela y se convertiría en universitaria como él. Así, lo dejaría tranquilo y ella sola se ocuparía de sus odiosas cartas de amor. El joven pensó en caminar hasta cierta parte para tomar el autobús que pasaba calles abajo, de todos modos, aún era temprano y deseaba respirar el aire fresco un rato más. Se sentía más animado conforme avanzaba, era como si algo emocionante fuese a ocurrir ese día. Cuando estaba a punto de llegar a la parada del autobús vio a su amigo cruzando la pista para reunirse con él, para ese momento el resentimiento se le había pasado y lo saludó alegremente.
- ¿Entonces no saliste a ninguna parte? ¿Y el viaje que ibas a hacer con tu familia a las fuentes termales? - preguntó Hiro tratando de ocultar su evidente felicidad, las cosas con su novia estaban marchando de maravilla.
- Se cancelaron. Mi madre entró en una de sus crisis y me puso de guardián de la loca de mi hermana, ni siquiera tuve tiempo de salir a la esquina. ¡Pero todo eso se acabó y soy libre otra vez!
- Eres el primero que conozco que se alegra por regresar a clases - dijo Hiro sonriendo.
- No es solo eso, siento que sucederá algo emocionante.
- Ajá ¿tendrás alguna cita? - preguntó su amigo con una mirada burlona.
- ¿Cita? ¿¡También tú me molestas con eso!? Parece que todos se hubieran unido en contra de mí ¡No me presiones!
- No te enfades, pero es algo raro que a tus dieciocho años jamás hayas salido con nadie.
- Ya te lo expliqué, siento que debo esperar a alguien.
- Pero, eso no quita el hecho que puedas juguetear mientras tanto.
- ¡Hiro! - dijo el pelirosa lanzándole una mirada asesina.
El autobús ya se había marchado mientras hablaban, sin tener otra opción decidieron caminar hasta la universidad. Si seguían los atajos no tardarían en llegar y esto sería de gran ayuda para el pobre bolsillo del chico. No había podido ahorrar casi nada de su trabajo de medio tiempo y realmente, no sabía cómo sobreviviría ese semestre, pero no estaba dispuesto a desanimarse antes de tiempo. Shuichi tenía en mente hacer muchas cosas y una vez con sus horarios completos y ordenados, conseguiría algún trabajo que hacer en la misma universidad para pagar sus gastos. No podía pedir más dinero a sus padres, su hermana aún dependía de ellos y debía pensar en ella. Shuichi suspiró y felizmente Hiro empezó a hablar de otras cosas que lo distrajeron. Pero, no podía negar que el tema del dinero realmente le preocupaba.
Después de algunas calles se reunieron con algunas personas que esperaban el cambio en el semáforo para cruzar la pista. Hiro seguía contándole un viaje que tuvo con su novia en las vacaciones, pero, su voz se iba perdiendo con el ruido del exterior. Shuichi empezó a sentirse un poco mareado, escuchaba voces por todos lados y por más que se esforzaba para seguir el hilo de la conversación, se sintió perdido. El semáforo cambió en esos momentos, pero la mente de Shuichi se quedó totalmente en blanco, todo estaba silencioso a su alrededor, como si el sonido hubiese sido suprimido por causas sobrenaturales. El joven observaba a las personas que caminaban junto a él, a pocos pasos estaba Hiro cruzando la pista mientras revisaba la hora en su reloj, por más que quisiera no podía controlar su cuerpo ni soltar palabra alguna. Era como si fuese un simple espectador y no perteneciera a aquella realidad. Shuichi se detuvo, se quedó parado entre la multitud que avanzaba antes de que la luz volviese a cambiar. El joven parecía haberse olvidado completamente del mundo, su amigo no se percató de su ausencia por la cantidad de gente reunida, pero al cambiar el semáforo y voltear a buscarlo lo vio parado en medio de la pista. Hiro empujó a las personas y empezó a correr para jalarlo antes de que algún auto lo alcanzara, no comprendía lo que le sucedía y menos la razón del porqué no respondía a sus llamados.
Shuichi seguía observando alrededor como si hubiera olvidado completamente donde estaba. Las voces de las personas, el ruido de los autos, los gritos de su amigo, el claxon de los autos, ya no existían en su mundo…
Rápidamente la mente de Shuichi se perdió entre extrañas imágenes…
Su madre se lo había dicho varias veces, pero, como siempre la ignoró y por eso, ahora se encontraba totalmente perdido. Había oscurecido y no sabía dónde se encontraba, ahora sí que estaría en problemas. Con paso inseguro siguió caminando hacia quien sabe dónde, tenía mucho miedo, pero trataba de controlarse. Sabía que por esa zona había lobos y rogaba no encontrarse con ninguno, pero era tarde, se hallaba en medio del bosque, observando entre los árboles esperando recordar el camino de regreso. Su respiración empezó a agitarse, su corazón saltaba dentro del pecho y en esos instantes solo quería matar a su hermano por haberle contado todas esas historias aterradoras acerca de ese bosque. Aquellos tontos cuentos de fantasmas lo empezaban a asustar más, algo le decía que sucedería algo malo y se intentaba calmar para mantenerse alerta, pero sus manos le temblaban y mientras avanzaba, el bosque cambiaba su aspecto, todo se volvía más oscuro y tenebroso. De repente, escuchó unos disparos y de entre unos arbustos la figura de alguien apareció. Shuichi se sobresaltó, al querer huir retrocedió y tropezó con la raíz de un árbol. No podía ver quien era, estaba aterrado pensando en algún ladrón o algo peor, el pelirosa empezó a arrastrarse lentamente en un intento por pasar desapercibido. Pero, tenía la mirada de aquel desconocido fijamente clavada en él.
- No tengas miedo…
- Por favor, no te acerques…
- En este bosque ocurren muchas cosas… un niño como tú no debería caminar a estas horas por aquí.
- ¿Quién eres? - preguntó el joven tratando de distinguirlo entre aquella oscuridad.
- El nombre no importa.
- ¿No importa?
- Claro que no.
- Me estás confundiendo… será mejor que regrese a casa - dijo el muchacho poniéndose de pie y limpiando el polvo de su traje.
- ¿Regresar a casa? Creo que, si supieras el camino de vuelta, lo habrías hecho hace horas ¿no?
- Bueno yo…
- Eres solo un niño perdido - dijo el hombre con voz burlona. Lamentablemente le era imposible verle bien el rostro a causa de la oscuridad. Por un lado, le hubiera gustado que llevase alguna lampara con él, pero por otra, el misterio hacía que se sintiera ligeramente interesado. Al menos, suponía que no se trataba de una mala persona a pesar de sus modales, sino hace rato que le hubiera hecho daño con aquella escopeta que llevaba al hombro.
- No te burles de mí ¿Quién crees que eres? - dijo el chico enfadándose por ser tratado como un simple mocoso.
- Solo soy alguien que te salvó la vida. Si hubieras avanzado más, esos dos lobos que maté, te hubieran asesinado.
Shuichi se quedó en silencio, observando fijamente la figura de aquel hombre. Pero, poco a poco la escena cambió… aunque, solo podía ver grandes ventanas a través de la oscuridad. Se encontraba en otro lugar, y sentía claramente unas manos que lo tocaban suavemente. El joven sintió un cuerpo muy cálido junto al suyo y sus mejillas se encendieron al darse cuenta que estaba desnudo. Deseaba ver más, quería contemplar su rostro, pero solo podía escuchar sus palabras, aquella voz… que hacía que se olvidase totalmente del mundo.
- Eres mío - le decía aquel hombre en la oscuridad.
- No, no deberíamos… - pero no pudo terminar de decir la frase porque en esos momentos unos cálidos labios atraparon los suyos haciéndolo olvidar totalmente lo que iba a decir.
La voz de su amigo lo hizo reaccionar y se dio cuenta que estaba recostado sobre la acerca con muchas personas alrededor. Hiro había logrado llegar a tiempo antes que un auto lo alcanzara, pero, por más que lo llamase por su nombre el chico parecía haber perdido la consciencia. Shuichi se llevó una mano a la cabeza, no le dolía, pero sentía como si algo extraño hubiese invadido su mente, sobre todo sus recuerdos. No recordaba muy bien aquellas imágenes, pero la voz de aquel hombre sonaba como eco en sus oídos. Shuichi no sabía que decir, pero trató de convencer a su amigo que estaba bien, se puso de pie y el grupo de personas empezó a disiparse.
- No sé lo que me sucedió.
- ¿Estás seguro que te encuentras bien? Tal vez deberías regresar a casa hoy.
- ¡Claro que no! Te aseguro que estoy bien Hiro - dijo Shuichi tratando de sonreír - Será mejor irnos de una vez o en verdad llegaremos tarde.
- Esta bien, pero si vuelves a ponerte extraño yo mismo te meto en un taxi y te regreso a casa ¿Entendido?
- Vale, vale.
Shuichi se sintió mejor al llegar a la universidad y admirar el campus. Sintió como si hubieran pasado años desde la última vez que estuvo ahí. Hiro no dejaba de vigilarlo de reojo, estaba preocupado por su amigo, pero se tranquilizó al ver que volvía a ser el mismo de siempre. En clases, ambos se sentaron en los últimos asientos, eran los únicos libres por haber llegado tarde. El profesor entró y antes de comenzar la clase, dijo que tenía un anuncio que darles.
- Buenos días a todos, espero hayan disfrutado de sus vacaciones porque las clases este semestre serán más difíciles. Bien, hoy empezaremos con un tema muy interesante, pero antes les presentaré a una nueva estudiante - En esos momentos todos menos Shuichi, se quedaron viendo como embobados a la linda joven que había entrado al salón. Ella se presentó como Ayaka Usami y luego de algunas palabras tímidas de su parte, las clases volvieron a su curso normal.
- ¿Crees que quiera salir conmigo? - preguntó Hiro repentinamente.
- ¿Estás loco? Te recuerdo que tienes novia…
- Solo era una pregunta. Además, no lo sé… sentí algo extraño cuando la vi, como si la conociera de otro lado.
- Te creería si no me hubieses dicho lo mismo más de diez veces.
- Quizás Ayaka-chan sea la chica que espero, así como tú mismo dices, tal vez sea el destino.
- No te burles de lo que digo. Además, la chica ni siquiera te ha mirado.
- Bueno, hablamos después de clases si aun estás consciente - dijo Shuichi acomodándose en su lugar y sonriendo para sí, lo que escuchó en esos momentos fue el sonido de un cuaderno sobre la cabeza de su amigo, Hitomi, su novia, se había acercado sigilosamente y había agarrado a su amigo con la guardia baja.
Las clases no estuvieron tan mal a pesar que el profesor fuese muy estricto. Hiro no tuvo problema alguno en comprender las complicadas operaciones, pero Shuichi sí que se hizo un lío intentando resolverlas, nunca había sido bueno para las matemáticas. El prefería los ordenadores y la música, estaba seguro de que esa era su verdadera vocación y apenas se abriese el concurso para elegir a la banda que representaría a la facultad, se inscribiría aun tuviese que hacerlo solo. Sabía que su amigo deseaba enfocarse en los estudios, pero ya vería como convencerlo.
- Algo me dice que no tendré las calificaciones que deseo con ese profesor - dijo Shuichi un poco desanimado al terminar las clases.
- No te preocupes, yo te ayudaré en lo que haga falta.
- ¿De verdad? ¡Gracias Hiro!
- Por cierto, no podré regresar contigo hoy, tengo algunas cosas que hacer.
- ¡Hiro! ¡Habíamos quedado en ir a ver esa tienda nueva de discos!
- Lo siento Shu-chan, pero podemos ir mañana… ¡Nos vemos!
Hiro desapareció rápidamente entre aquella multitud de jóvenes, el pelirosa se quedó un poco fastidiado por aquella actitud, además sabía perfectamente que Hiro iría a suplicarle a Hitomi que lo perdonase - Si las cosas son así, entonces jamás me enamoraré - se dijo mentalmente mientras se disponía a seguir con su camino. Aquella tarde hacía mucho calor y no había ningún establecimiento vacío. El pelirosa estaba muriéndose de sed, pero había decidido regresar caminando a casa. Además, la idea de meterse en la ducha y beber algo frío lo animaba. Shuichi empezó a tararear una de sus canciones favoritas para amenizar la caminata, cruzó dos parques y una avenida muy larga, pero, al estar atravesando un callejón para cortar camino sintió como si alguien lo estuviese siguiendo.
- No te asustes, es pleno día y si apresuro el paso pronto me encontraré en la calle principal y habrá gente - se dijo Shuichi mientras caminaba más rápido. No obstante, cometió el grave error de detenerse y voltear a ver, el alivio solo le duró un par de segundos, al querer continuar con su camino se topó cara a cara con un hombre de aspecto deplorable.
- ¡Dame todo tu dinero! - le gritó sacando una navaja y amenazándolo con ella.
- No tengo nada…
- ¡No te creo! ¡Debes tener algo de valor! ¿¡Qué hay en la mochila!? ¡Muéstrame!
- Por favor, ya le dije que no tengo nada, solo hay libros en la mochila - dijo Shuichi abriéndola y dejándola en el suelo para que el hombre comprobase que estaba diciendo la verdad.
- ¿Así que un niño universitario? Qué lástima que perdiese el tiempo contigo - dijo el hombre con una mueca desagradable en su rostro.
- Le juro que no tengo nada de valor, por favor déjeme ir - suplicó Shuichi intentando avanzar algunos pasos.
- Cállate imbécil, me has hecho perder mi valioso tiempo y tendrás que recompensarme - Shuichi no entendía a que se refería, pero en eso sintió como aquel hombre lo sujetaba bruscamente del brazo y lo arrastraba hasta la parte más sucia y desolada del callejón. El chico trató de liberarse o al menos gritar, pero el hombre le dio un golpe tan fuerte en el estómago que sintió mareos y cayó al suelo de rodillas. Shuichi estaba totalmente aterrado, el delincuente se agachó hacia él y le puso el cuchillo muy cerca del cuello, señal que si hacía algo estúpido lo mataría ahí mismo.
- Suéltame por favor - suplicó Shuichi en un intento por liberarse de buenas maneras.
- No te irás sin darme algo.
- ¡Ya te dije que no tengo nada!
- Eso es lo que tú crees, eres un chico muy lindo ¿sabías? Apuesto a que nadie te ha tocado ¿no? - El hombre llevó una de sus manos directamente a la entrepierna del pelirosa, haciendo que los latidos de su corazón aumentasen. - Ahora, vas a ser un buen chico y harás todo lo que te diga, después podrás regresar a tu linda vida universitaria - le dijo el hombre empezando a lamer su cuello y a manosear su cuerpo a su antojo. Shuichi fue empujado el suelo y su espalda sentía el frío piso de concreto, no podía ni mover las manos, estaba muy asustado y sentía que empezaba a ahogarse por la presión del cuerpo de aquel reconocido contra el suyo.
- No lo hagas - dijo Shuichi con voz entrecortada.
- Veo que te gusta hablar demasiado, ahora te callaré a las malas - El chico se quedó paralizado al ver como el hombre empezaba a bajarse el cierre del pantalón y le mostraba su miembro. Rápidamente, sujetó los cabellos de Shuichi obligándolo a acercarse para que se lo metiera en la boca ante la amenaza de matarlo sino lo hacía. Shuichi sintió como sus ojos se nublaban a causa de las gruesas lágrimas que ahora resbalaban por sus mejillas, jamás imaginó que aquello podía ocurrirle, ni en sus peores pesadillas. La cabeza le empezó a doler a causa de los jalones que le estaba dando, y sintió que no tendría de otra que hacer lo que pedía. Shuichi cerró los ojos fuertemente, el hombre le obligó a hacerle sexo oral y a pesar de sus ruegos, no tuvo piedad alguna. Cuando el hombre terminó dentro de su boca, Shuichi pensó que todo habría acabado, pero en segundos el tipo se colocó sobre él dispuesto a terminar con su diversión. Shuichi empezó a forcejear, no estaba dispuesto a dejarlo ir más lejos, pero, un corte profundo en el brazo le hizo recordar el cuchillo que aún tenía el delincuente. El joven soltó un grito ahogado, sentía la sangre resbalar por su codo hasta caer gota a gota en el suelo.
- Ahora sí que te jodiste… - le dijo el hombre sujetando el arma y acercándose dispuesto a terminar con su vida por haberse atrevido a desafiarlo. De repente, escuchó unos pasos provenientes del callejón y una voz a lo lejos. Shuichi quedó tumbado contra el suelo, estaba mareado y los locos latidos de su corazón estaban a punto de hacerle perder la razón. Lo único que pudo distinguir fue una figura masculina no muy lejos, unos zapatos negros y el brillo de un arma que aquella persona apuntaba directamente a la cabeza del delincuente. Shuichi vio como el hombre retrocedía ante el desconocido, suponía que se trataba de algún policía que los habría seguido, pero estaba sangrando y las fuerzas se le iban. Al enfocar su mirada, se topó con un par de ojos color miel que lo miraban fijamente. Una mirada que parecía atravesar su alma. En eso, unos disparos hicieron que el delincuente saliera huyendo aterrado. Shuichi se encontraba muy débil, pero logró moverse un poco y decir…
- ¿Quién eres?
- El nombre no importa… - le respondió su salvador con voz fría.
- Dónde… ¿Dónde he escuchado eso?
Shuichi quiso preguntarle más, pero en esos momentos se desmayó.
Continuará…
