Podré olvidar tu rostro…
Podré olvidar el roce de tus manos…
Podré olvidar tu voz…
Pero,
Jamás olvidaré aquella sensación que me produces cuando estás cerca…
Mi corazón no permitirá que lo olvide porque tú y yo somos almas gemelas…
Hemos nacido para estar juntos…
Ni la muerte podrá hacer que nuestros destinos se separen…
Solo espérame en aquel mar de almas… te encontraré…
Ya lo verás…
…
Los días transcurrieron más rápido que de costumbre, parecía como si alguien estuviese manipulando el tiempo a su antojo, pero, esta vez a favor del joven Shindou. El fin de semana tan esperado llegó y el joven no podía ocultar la emoción que sentía. En esos momentos, se encontraba en su habitación terminando de empacar lo que él consideraba le serviría en su vida universitaria. Pronto, Shuichi se vio rodeado de bolsas y maletas repletas de objetos, según su madre eran cosas inservibles, pero él no estaba dispuesto a dejar ninguno de sus tesoros y menos, aquellos cds que le había costado mucho grabar con Hiro. Shuichi no desaprovecharía el festival de la universidad, su primer festival y estaba dispuesto a llevarse el primer premio aun tuviese que dedicarse solo a estudiar y cantar. El joven contempló aquel desorden y lanzó un profundo suspiro. Felizmente, Hiro no tardaría en llegar para ayudarlo a llevar todas las bolsas y en una hora se encontraría fuera de la casa, dándole la bienvenida a su nueva vida, al menos eso era lo que esperaba.
- No tienes porqué mudarte Shu-chan, aquí tienes todo lo que necesitas – dijo su madre amorosamente.
- ¡Madre! ¡Ya déjalo! Este chico tiene que salir y vivir diferentes cosas, además… ¡Voy a quedarme con su habitación! El suyo es más grande que el mío y ahora sin esas porquerías que se llevará…
- ¡Maiko! ¡No son porquerías! ¡Cuando sea famoso no te daré ni un centavo por odiosa! – dijo Shuichi mirándola con una expresión molesta.
- Ya, ya… no llores bebé Shui-chan, no son porquerías esas cosas, pero… tú habitación ya es mía.
- Eso no me importa, estoy a un paso de ser independiente – dijo Shuichi sonriendo.
- Eso si Nakano-san llega a tiempo para ayudarte a llevar toda esa basura.
- ¡Qué no es basura!
- Niños, niños, por favor no discutan. No sabes lo difícil que es para nosotros Shuichi… bueno, más para mí, que te marches de casa. Espero nos visites pronto o iremos a buscarte – dijo su madre con una expresión dramática en el rostro. Era la única que intentaba retenerlo, hasta su padre lo había apoyado con la idea y le estaba ayudando a bajar algunas bolsas a la sala.
Shuichi contempló aquella sala en donde había pasado dieciocho años de su vida. Extrañaría su hogar, pero no miraría atrás y seguiría con sus planes. Claro está, visitaría a su familia cada fin de semana o cuando pudiese para evitar que su madre invadiese la universidad. El joven empezaba a querer marcharse de una vez, y felizmente Hiro apareció con una sonrisa por la puerta. Ambos jóvenes sacaron las cosas hasta la entrada y una vez que consiguieron un taxi, hicieron de todo para las bolsas entrasen en la parte de atrás. Esto lo retrasó un poco, pero después de quince minutos de forcejeos lograron hacer un espacio para los dos y cerraron las puertas del auto. Shuichi se despidió alegremente de su familia por la ventana, les prometió que pronto regresaría y que llamaría también, al parecer eso calmó a su madre por lo que pudo marcharse tranquilo. Y, una vez que el auto hubiera salido de las calles conocidas para entrar a la avenida principal, Shuichi respiró profundamente y se acomodó como pudo sobre las bolsas que estaban puestas en todos lados. Realmente, sentía que algo grandioso iba a suceder, aquella sensación se había vuelto más fuerte conforme se desligaba de su hogar y se enfocaba más en la universidad. Shuichi no podía esperar a que ese acontecimiento se diese, pero, no forzaría las cosas, estaba dispuesto a que todo se diese a su tiempo y disfrutaría de cada minuto de su vida universitaria.
En el camino casi no habló con Hiro, ambos se encontraban haciendo sus propios planes y fantaseando mientras el taxi avanzaba. Pero, por estar perdidos cada uno en su propio mundo, no se dieron cuenta lo rápido que el vehículo llegó a la universidad. Shuichi contó el poco dinero que tenía en su billetera con la intención de pagarle al chofer, pero Hiro le hizo una señal que indicaba que ese viaje corría por su cuenta. El pelirosa sabía que debía organizarse si es que deseaba realizar todos sus planes y una vez que se estableciera en la habitación pensaba seriamente ir a la consejera estudiantil para ver si podría conseguirle algún trabajo de medio tiempo. Mientras pensaba en ello, iba sacando las bolsas y las maletas del auto. Hiro lo llevaría a las habitaciones y le indicaría cual era la suya, solo que, al llegar al edificio en donde estaban los cuartos y luego de haber subido todas sus pertenencias, Shuichi puso una expresión de confusión al darse cuenta que a un lado de la puerta había dos espacios para poner correspondencia y cada uno poseía una pequeña placa en donde se escribía el apellido de la persona que ocupaba el cuarto. Solo que, Shuichi había jurado que le tocaría una habitación como la de Hiro, una propia.
Se me olvidó decirte que la asistente social me dijo que esta era la única habitación disponible. Es más grande que la mía obviamente y tendrás vista al exterior, no te desanimes Shu-chan, tener un compañero de cuarto no es tan malo. Además, ni siquiera han escrito su nombre en la placa de la puerta, eso quiere decir que aún no hay nadie y estarás solo por un tiempo.
- Yo quería un cuarto propio – dijo Shuichi en tono de berrinche.
- Ya, no te quejes ¿Acaso prefieres regresar a casa después de todo el escándalo que hiciste?
- Eso no… bueno, quizás no sea tan mala la idea de compartir habitación.
- Claro, además entre los dos podrían mantenerla limpia ¿no crees?
- Sí, verdad.
- No tengo la menor idea si alguien más ha hablado con la asistente. Bueno, esperemos que nadie venga y así podrás tener el lugar para ti solo, al menos por un par de meses. ¡Anímate Shu-chan! – dijo su amigo dándole unos golpecitos en la espalda para animarlo.
- ¡Tienes toda la razón! ¡No voy a desanimarme por esto! – dijo Shuichi cambiando su expresión y recuperando sus energías – Además… ¡Puedo hacer esto por el momento! – dijo el chico sacando rápidamente un marcador y escribiendo su nombre en ambas placas.
- Supongo que es válido… al menos por ahora – dijo Hiro riendo nerviosamente ante la actitud de su amigo.
- Si alguien se atreve a venir por aquí, se sentirá tan intimidado por mi nombre que lo pensará dos veces antes de invadir mis dominios.
- Claro, claro… mientras no te vea.
- ¡Hiro!
- Es que tu apariencia no ayuda mucho… pareces un niño haciendo berrinche.
- ¿¡Qué carajos tienen todos con mi apariencia!? ¡No soy un niño! – Shuichi se mordió los labios al decir eso. El rubio de ojos color miel se le había venido a la cabeza en esos momentos, gracias al cielo Hiro solo se rió y no preguntó más.
Hiro lo estuvo ayudando a acomodarse hasta que dieron las seis de la tarde. Luego se despidió porque aún tenía deberes por terminar. Shuichi se quedó solo por primera vez desde que llegó. Aún tenía mucho por arreglar, pero en eso, se lanzó sobre las bolsas con una gran sonrisa en sus labios. Iba a levantarse para seguir con la mudanza, pero, al estar recostando sobre el piso de madera y abrigado por el calor de las bolsas que aún quedaban por abrir, se empezó a sentir adormilado. Shuichi bostezó, por la ansiedad no había podido dormir en toda la noche. El joven se fue acomodando lentamente como si fuese un gato y cerró los ojos. Pronto cayó en un sueño pesado, por su expresión parecía tratarse de una pesadilla. El chico empezó a moverse de un lado al otro y a balbucear cosas incomprensibles. Estuvo así por algunos minutos, hasta que de repente abrió los ojos y se sentó sobre el piso. Pero, su mirada parecía estar perdida en un mundo alterno, su expresión estaba ausente como si estuviese en trance. Shuichi se puso de pie y avanzó hasta la puerta, lentamente la abrió y al encontrarse en el pasillo, las imágenes que veía en su mente se mezclaron con la realidad.
"Estaba en un largo y frío corredor, todo estaba oscuro, pero sabía muy bien a donde se dirigía, su pecho le dolía, era como si su corazón estuviese gritando por dentro. Si él se marchaba, si la persona que amaba se alejaba… no podría soportarlo.
Él había sido tan frío, tan cruel…
No podía creer que aquellas palabras habían salido de sus labios…
No podía soportarlo…
No…
Prefería desaparecer antes que ceder a los caprichos de su familia…
Prefería morir antes que aceptar aquel trato tan absurdo…
Shuichi empezó a correr por el pasillo, a correr como si alguien lo estuviese persiguiendo. Sus ojos estaban bañados en lágrimas y no podía controlarse. Las imágenes de aquel sueño lo estaban controlando por completo, le era imposible reaccionar. Shuichi subió rápidamente por las escaleras hasta llegar a la azotea del edificio. El viento azotó su rostro y despeinó sus cabellos, pero esto no provocó ninguna reacción en él. El chico se detuvo por algunos segundos y miró alrededor.
Él te odia, por eso prefiere marcharse y abandonarte a tu suerte…"
Shuichi podía escuchar una confusa voz en su cabeza. Por un momento pareció recuperar el control, pero, rápidamente su mirada volvió a mostrarse tan ausente como la de un zombi. Sus pies empezaron a llevarlo hasta el borde de la azotea, en donde estaba un pequeño muro con un barandal de metal. Shuichi escuchaba aquella voz repitiéndose una y otra vez dentro de su cabeza. La tristeza que sentía parecía consumirlo por completo. Se sentía débil, no podía ignorar aquellas palabras.
"Eres un idiota, él jamás tomaría en serio a un niño como tú…"
Y sin que se diera cuenta de ello, Shuichi empezó a subir por el barandal y contempló el suelo debajo de sus pies. Permaneció sentado, apoyado contra las barras de metal, pero el viento empezaba a marearlo un poco.
"No, yo sé que él me ama…
Pero, ¿por qué ha hecho esto?
No quiero morir así…
No quiero perderlo…"
Shuichi se puso de pie, pero a causa de las lágrimas su visión estaba borrosa, no pudo evitar resbalar, pero, en esos instantes alguien lo sujetó fuertemente de la cintura para jalarlo hasta piso seguro. Shuichi sintió unas manos cálidas sujetándolo, pudo ver una mirada conocida… aquellos cabellos rubios, aquellos ojos, esa sensación. El hombre le gritaba, pero no podía entender absolutamente nada de lo que estaba diciéndole - ¡Oye idiota! ¿¡Acaso querías suicidarte!? ¡Deberías buscar otro edificio para hacerlo! – pero Shuichi seguía observándolo embobado. Completamente perdido en aquellos ojos de aquel hombre que se había convertido en su salvador. El hombre ya no sabía que hacer, a pesar de gritarle o moverlo con fuerza el chico no reaccionaba. Shuichi se apoyó contra él, estaba demasiado agotado por todo lo sucedido, se sentía muy mareado, pero con las fuerzas que le quedaban pudo susurrar algo que el hombre escuchó claramente.
- Eiri-sama…
Y luego de eso, Shuichi se desmayó.
Shuichi sintió una cama suave y cuando recuperó el sentido, por algunos segundos, pensó que estaba soñando, pero no, al estirar sus manos y rozar las sábanas se dio cuenta que era real. Lentamente, abrió los ojos sintiendo un leve dolor de cabeza, pero, rápidamente pudo enfocar la mirada y observar la figura de un hombre sentado en la cama de enfrente. Por un momento, pensó que se trataba de Hiro, quien de seguro lo habría encontrado dormido en el suelo y lo habría llevado a la cama, pero no, cuando su vista se aclaró bien, notó que aquel tipo tenía cabellos rubios y una mirada tan irritante que de un salto terminó apoyado contra la pared. Definitivamente, tenía que estar soñando. En pocos segundos Shuichi pudo reconocerlo y no podía creerlo, no era posible que aquella persona se encontrase en ese lugar. Shuichi estaba totalmente confundido.
- ¿Qué? ¿¡Qué haces tú aquí!? – chilló ante la mirada tranquila pero amenazante del rubio.
- Pensé que jamás volvería a verte – le dijo con voz fría.
- Pero, pero, pero, pero… ¡Pero!
- Es la segunda vez que te salvo la vida, ahora me debes tu alma.
- ¿Qué demonios estas diciendo?
- Mira mocoso, si hubiera sabido que tendría que compartir la habitación con un suicida demente como tú, me lo hubiera pensando dos veces antes de salir de casa.
- ¿¡Eh!?
- Y pensándolo bien, te hubiera dejado saltar de la azotea, así hubiera tenido cuarto propio…
- ¡Espera! ¡No entiendo nada de lo que estás diciendo! Primero: ¿Qué haces aquí? ¿Me estas siguiendo o qué?
- ¿Disculpa? ¿Yo seguir a alguien como tú? No te creas tanto mocoso.
- ¿No se supone que eres un niño rico? ¿¡No deberías estar pasándola genial en tú mansión?
- ¿Puedes dejar de gritar? Me estas empezando a irritar… y eso no es nada bueno.
- ¡Es que esto no tiene sentido alguno!
- ¡Ya cállate! Te lo resumiré, esta es mi universidad y tú eres un intruso.
- ¿¡Cómo dices!? ¡No soy ningún intruso! ¡Esta es mi habitación! ¡Soy estudiante de primer año aquí! ¡El que está fuera de lugar eres tú!
- Shuichi Shindou de primer año, facultad… Mmm no vale la pena mencionarlo. Te acabas de mudar hoy. Tienes un problema de personalidad y tendencias suicidas -dijo el rubio con un tono de marcado desprecio.
- ¿¡Cómo sabes mi nombre!? ¿¡Y qué es eso de las tendencias suicidas!?
- Porque tu carnet de la universidad se cayó cuando te cargué para traerte aquí. ¿Entiendes enano? Jamás pensé que te volvería a ver y menos que fueras a invadir mi habitación de esa manera.
- ¡Estás loco! ¡Yo no me he movido de aquí!
- Acaso… ¿quieres que te refresque la memoria? ¡Quieres que te cuente como te traje en brazos como una princesa? – dijo el joven acercándose a su cama y mirándolo fijamente a los ojos, haciendo que Shuichi se pusiera nervioso. La verdad era que no recordaba nada después de haberse quedado dormido sobre el piso al lado de las bolsas. Había sido una sorpresa muy grande ver a aquel hombre en la habitación y más, enterarse que también era universitario a pesar que aparentara más edad. Shuichi quiso encararlo y decirle unas cuantas verdades, pero, aquella mirada empezaba a incomodarlo tremendamente. En esos momentos, desvió sus ojos para enfocarse en otra cosa y tomar valor para enfrentarlo, pero, inmediatamente se dio cuenta que algo faltaba en la habitación. Shuichi se sobó los ojos pensando que había visto mal, pero, inmediatamente se puso de pie sintiendo que estaba a punto de explotar por la rabia.
- ¿¡Dónde están mis cosas!?
- Mientras dormías me encargue de la limpieza ¿no es eso lo que hacen los compañeros de cuarto? – dijo el rubio inocentemente.
- No, no te habrás atrevido a…
Shuichi corrió hacia la ventana y pudo ver sus cosas tiradas por todos lados. Simplemente, no podía creerlo. La primera vez que lo vio pensó que teniendo dinero y viviendo en una hermosa casa sería una buena persona a pesar de su personalidad distante, pero se equivocó por completo. Shuichi se puso los zapatos torpemente con la intención de salir para rescatar sus pertenencias, pero, antes que abriese la puerta, el joven de ojos miel lo detuvo y lo volvió a mirar fijamente.
- Esta es mi habitación ¿entendido? Tendrás que regresarte a casa, lo siento mucho por ti.
- ¿Quién te crees que eres?
- No, mejor dicho ¿Quién rayos te crees que eres para mencionar aquel nombre que tanto detesto? No tienes derecho a llamarme de esa manera.
- No entiendo…
- Si vuelvo a verte por aquí te irá muy mal, y estoy hablando en serio mocoso.
- ¡Estás…!
Pero Shuichi no pudo responderle. El rubio abrió rápidamente la puerta y de un empujón hizo que el chico saliera para cerrársela en la cara. Shuichi iba a empezar a gritar, pero recordó que debía recoger sus cosas antes que alguien se las llevase, así que fue escaleras abajo entendiendo claramente que aquel rubio antipático le había declarado la guerra. Y Shuichi por su naturaleza, no estaba dispuesto a dejarse intimidar por un niño rico como ese.
Continuará…
