Este capítulo aparte de ser el más corto también es el más conciso.
Literal toda la trama se resume aquí y considero que esta es la nota más importante que el anónimo escribe.
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Otra de las ventajas de ser la forma de vida perfecta, era que no necesitaba mucha comida a comparación de sus semejantes mobianos, pues tenía un buen sistema inmunológico, además de un excelente metabolismo. Con el paso del tiempo, en su vivencia en la tierra, había aprendido a llevar una dieta rica en frutas, legumbres y otras cosas, tomando por costumbre desayunar pesadamente para, después, no comer nada el resto del día. En síntesis, él no comía mucho debido a que su apetito no duraba tanto y podía saciarse muy rápido, pero lo cierto era que Shadow gustaba no sólo del proceso de preparar y elaborar las recetas de la comida que iba a degustar, sino también de sentir esa satisfacción de que realmente comía como un mobiano normal haría cotidianamente.
Por ende, al día siguiente se despertó con todo el afán de atragantarse durante el desayuno, cosa que no hacía tan seguido. Él no se hallaba en sus seis sentidos —porque los black-arms desarrollan seis sentidos, a veces siete—, así que de un momento a otro en el comedor de la cocina había huevos revueltos con verdura y salchichas, pan tostado con mermelada, dos tazas de café llenas de crema y azúcar, un pequeño bowl de fresas cortadas con plátano y otro bowl con hojuelas de maíz y leche.
De sólo ver el mueble, se le revolvía el estómago por todo el asco, pero quería convencer a su cuerpo y mente de que la necesidad de hambre realmente le urgía: lo cierto era que necesitaba llenarse con algo. Y Rouge sólo mostraba una sonrisa burlona, esperando el momento exacto en el que Shadow se echó un bocado de huevo revuelto a la boca, sorbió algo de café, tragó una cucharada de cereal y saboreó las fresas.
Alguna vez había escuchado a Knuckles decir que uno de sus conocidos horneaba y preparaba comida para manejar y controlar su enojo. No muy seguro de sus decisiones de ese domingo por la mañana creía que, por haber hecho todo aquel desastre, aquella también era su forma de procesar su encuentro con Sonic y todo lo que había conllevado. Con extrañeza, se sentía tan confundido como molesto por si quiera pensarlo, porque por supuesto que le pesaba lo que había sucedido con su rival...
...Sin embargo, en aquellos instantes le preocupaba más lo que estaba pasando dentro del departamento; la tensión se sentía en el aire, haciéndolo reflexionar sus propias palabras. Shadow no era una persona que se dejase consumir por los nervios o el miedo pero, si tenía que ser sincero, simplemente no sabía por dónde comenzar a explicarle a su colega todo el tema de las notas y los regalos que el anónimo secreto le estaba mandando.
Tenía la mala suerte y desdicha de que, justo esa mañana a la misma hora en la que Rouge iba llegando al edificio, el portero le mandó a llamar para que recogiese otro de los agraciados paquetes que el anónimo mandaba.
—Tárdate lo que quieras en abrirlo, pero no me moveré de aquí hasta saber qué hay allí —le dijo la murciélago en un tono monótono, sentada al otro lado de la mesa contra él, dándole un trago a su café—. Esa cosa no se va a mover si no es bajo tu propia voluntad —pareció encararle y, seguido, le señaló con la fruncida mirada la bolsa café que descansaba frente a ellos, en medio de todo el caos de comida.
Shadow, frunciendo el ceño, le bufó. Se resignó a hacerle caso, pues tan pronto como hiciese las cosas más rápido terminaría con ello.
Suspirando, tragando duro otro bocado, tomó la bolsa y la abrió como habitualmente. Sacó de ella una cajita de aluminio de colores verdes y amarillentos, amarrado con un listón dorado con la típica tarjeta roja, y la nota que, bien conocía él, sabía a quién pertenecía.
"Hola.
Me pasó algo muy extraño. Tuve una pequeña plática con alguien que aprecio mucho y me sentí un poco mal porque descubrí algo: no puedo corresponderle de la misma forma en la que me pide hacerlo. Mis amigos dicen que probablemente es porque hay alguien más que capte mi atención, pero yo no estoy seguro de eso.
Quería decírtelo porque no tengo a nadie más a quién contarle hasta el momento, estoy un poco frustrado porque no comprendo mucho lo que está pasando. No lo digo con el afán de que me ayudes a pensar, pero me sirve de mucho desahogarme de esta forma así que sólo ignora esto último.
En fin, esta vez te dejo un té que compré hace tiempo en el mercado de Apotos ; viajo seguido hacia allá porque veo a un conocido que tengo por la costa. En alguna ocasión le he hablado de ti, tal como a mis demás amigos, y me dice lo mismo que todos:
A sus ojos, eres una persona muy misteriosa."
Su respiración se detuvo, visualizando la caligrafía y el detalle de las letras. Después, abrió la bolsita para sacar la caja de té y hojearle las etiquetas: la misma marca del Apotos Coffee estaba en la insignia.
De repente, escuchó cómo Rouge se aclaró la garganta para recordarle que todavía se encontraba allí; por un breve momento, había olvidado que su colega estaba a su lado, esperando a que terminase para comenzar a detallar lo que ocurría.
—¿Hay algo que tengas que contarme? —preguntó Rouge al final, rompiendo el silencio entre ambos junto a la pesada tensión.
Shadow no necesitó algo más para armarse de valor; sabía que le debía una explicación a Rouge por todo lo que había ocurrido desde el instante en el que habían llegado de su primer viaje en Sunset Hills, desde su escena en el Club Rouge, desde los eventos en el concierto.
Se lamió los labios y hasta se pasó la lengua por los dientes, reflexionando la génesis del tópico, dejando la tarjeta por un lado para encarar la mirada de ella, afilada como los diamantes.
—Hay algo que también debo de confesarte —le respondió, haciendo a la murciélago arquear ambas cejas en son de confusión—, pero lo diré de una vez: no estoy buscando consejos ni sermones. Sólo quiero que me escuches.
