El inconfundible sonido de pasos en la vieja madera me hizo abrir los ojos de golpe. La habitación aún estaba en la oscuridad de característica de horas antes a mi hora de despertar. Qué extraño. Me puse los lentes que estaban en la mesita, tomé la escopeta junto a mi cama y sonreí. Si era un ladrón, era uno con bastante mala suerte.

"Oh, bueno." pensé "Será otro más en la larga fila del infierno."

Con mucho cuidado me acerqué a la puerta y abrí una rendija con sigilo. Tuve que parpadear un par de veces para acostumbrar mi vista al oscuro corredor.

Fue entonces la vi. Era ella. La claridad de su piel y su cabello la delataban a pesar de la penumbra de la noche. Charlotte estaba de pie a medio pasillo, descalza y en camisón. Parecía no importarle el frío que hacía de una noche de invierno.

Ladeé la cabeza. Qué inusual, pero me alegró saber que no era un ladrón. Matar dentro de la casa podría generar un derrame innecesario de sangre y le tocaría limpiarlo a Charlotte.

Dejé la escopeta apoyada en la pared.

"¡Vaya! ¡Si que has madrugado hoy!" le exclamé saliendo de mi habitación. Esperé un respingo espontáneo y una sonrisa de su parte, pero ella no me contestó.

Seguía inmóvil de espaldas a mí. Parecía que ni siquiera me había escuchado.

"¿Pasó algo que te despertara, querida?" dije acercándome a ella.

Continuaba sin contestarme. La rodeé para quedar frente a ella y fue entonces que vi su rostro. Mantenía la mirada en un punto perdido en el espacio. Inexpresiva y con la respiración pausada. Moví la mano frente a su cara y no hubo cambio en su expresión. Se balanceaba ligeramente de un lado a otro.

Entonces, caí en cuenta de que ella estaba dormida de pie.

Puse mi mano en mi barbilla y me acerqué a su rostro para estudiarla con detenimiento. No se inmutó, no parpadeó, su boca estaba ligeramente entreabierta y, definitivamente, no me estaba mirando a pesar de estar a centímetros de su cara. Además, al tacto, estaba antinaturalmente helada.

"¿Charlotte?" susurré tomándola de los hombros y moviéndola un poco.

Casi como si mi voz la hubiese tirado hacia adelante. Se desplomó sobre mi pecho y alcancé a sostener su ligero cuerpo antes de que cayera al suelo.

La sostuve entre mis brazos unos momentos. Ella se quejaba ligeramente, y aún parecía dormida.

Curioso. Muy curioso.

De pronto, comenzó a quejarse. Lentamente, comenzó a moverse y separó su cabeza de mi pecho. Parpadeó varias veces con dificultad tratando de acostumbrarse a la limitada visibilidad que me permitía la noche. Bostezó y comenzó a mirar todas partes, desorientada y con una expresión adormilada.

Finalmente, su mirada se fijó en mí y le sonreí más ampliamente. Parecía una tierna venado.

"Buenas madrugadas, Charlotte." le dije alzando una ceja divertido por su expresión. "Deberías volver a la cama. Por mucho que me guste levantarme temprano; desayunar a las dos de la mañana parece bastante poco apropiado."

"¿Señor Alastor?" dijo confundida mientras se esforzaba por distinguirme en la oscuridad. "¿Cómo es que...? ¿Por qué estamos aquí?"

"Yo tampoco lo sé, querida." dije con simpleza, elevando los hombros "Al parecer tu cuerpo quiso dar un paseo por la casa sin tu permiso." y me puse a reír.

Ella vio entonces que la tenía agarrada en un firme abrazo. Se removió inquieta en mis brazos y se enderezó. Podría jurar que veía el color del brillante rubor de su cara. Me miró a través de la penumbra, frunciendo el entrecejo y arrugando los labios.

"¿Esto está pasando?" dijo ladeando la cabeza en confusión.

"Sólo si es lo que crees, cariño." le dije guiñándole el ojo.

Le sonreí con malicia inclinándome hacia ella de manera sugestiva.

"¿O es que acaso pretendías darme una visita nocturna en mi habitación?"

Tardó un par de segundos en procesar mis palabras.

"Oh. ¡OH!" dijo con ojos iluminados de pronto "Ya veo, ya veo. Esto no es más que un sueño, ¿verdad?"

Contuve una risa, pero no pude evitar seguirle el juego.

"¡Me atrapaste, dulzura! No soy más que un producto de tu imaginación." dije fingiendo culpa con una mano en mi pecho. "Estoy aquí para estar contigo hasta que suene tu despertador."

Ella suspiró de alivio, poniendo un mechón de cabello tras su oreja. Saltaba a la vista que aún estaba grogui. Se rio entre dientes y me miró.

"¡Un sueño vívido!" dijo sonriendo ampliamente, sin perder la mirada de agotamiento "Bien, entonces, lo aprovecharé..." dijo con determinación y se súbito me tomó firmemente de la cara y me plantó un gran beso en los labios.

La impresión me dejó paralizado. Abrí mucho los ojos de la sorpresa y mi cerebro dejó de funcionar. Mi obediente sirvienta estaba rompiendo, alegremente, una de mis estrictas reglas: no me debían tocar si yo no quería ser tocado. Pero ahí estaba ella. Besándome intensamente, con sus ojos cerrados, concentrada en su placer personal. Los suaves labios de Charlotte se apretaban con fuerza contra los míos y sus manos no cedían el agarre de mis mejillas. Su olor a lavanda y caramelo me llegaron a la nariz. Su garganta emitía un murmullo de gozo, concentrada en su labor. No recordaba la última vez que yo había besado a alguien, si es que alguna vez besé algo más que la mejilla de mi madre o los nudillos en un saludo cordial a alguna dama. Tampoco recordaba que un beso producía un poderoso cosquilleo en el estómago.

El beso se prolongó por segundos. Sólo era labio con labio, pero fue suficiente para dejarme desarmado por un instante.

De súbito, se separó de mí empujando mis hombros hacia atrás. Dio una bocanada para recuperar aire y un gran suspiro de felicidad antes de volver a mirarme. Su mirada de ensueño era adorable.

"¡Wow! ¡Uf! ¡Hace tanto que quería hacer eso! ¡No tenía un sueño vívido desde que era niña!" dijo con los párpados pesados por el sueño, pero con una enorme sonrisa de satisfacción.

Arregló el cuello de mi pijama con cariño y me dio un rápido beso en la boca. Yo seguía con mis labios, ridículamente, estirados.

"Nos vemos después, querido." susurró, guiñándome un ojo y golpeando la punta de mi nariz con su dedo.

Se giró y arrastró los pies hasta su habitación.

"Tengo frío." musitó justo antes de cerrar la puerta tras ella.

Me alegró genuinamente el hecho de que me dejara solo en el pasillo en medio de la oscuridad, porque sentí que mi sonrisa cayó totalmente por la sorpresa. Tuve que sacudir mi cabeza y pasarme una mano por el cabello para recuperar la compostura. Carraspeé.

"¡Bien! ¡Eso, definitivamente, no lo vi venir!" dije abriendo mucho los ojos y volviendo a mi cara mi habitual sonrisa.

Me fui tarareando hasta mi habitación. Me toqué el labio inferior con el pulgar y solté una suave risa.

Ella era de verdad muy interesante. Estaba llena de sorpresas. Era tan amable y demasiado ingenua para su bien. Como una inocente luz que atraía a seres como yo, que podrían lastimarla si lo quisieran. De haber sido otro tipo de amo, no habría pasado la oportunidad, hace mucho tiempo, de satisfacer vanos deseos carnales en una criatura tan manejable como ella. A la fuerza y repetidamente, sin importar el consentimiento.

Pero verla sonreír era un regalo. No merecía eso de mi parte. Aunque tuve que reconocer que no fueron pocas las veces en que esos pensamientos se deslizaron a mi mente. Estando los dos solos en casa, lejos de otras residencias. Nadie lo sabría. Nadie escucharía. Podría intentar tomarla en cualquier momento, sólo amparándome en el sincero cariño que me tenía y estaba seguro de que ella no se opondría.

Tan dominable. Tan pura. Tan a mi merced. Suplicando con esos ojos de presa que mi instinto depredador se alzara sobre ella. De cazarla. De mancharla...

Tal vez yo...

Apreté mi antebrazo con la mano, enterrándome las uñas hasta hacerme sangrar. El dolor me hizo recobrar la razón.

Calma. No así. Ese no era mi estilo.

Tuve que inhalar hondo varias veces para centrarme.

Volviendo al punto inicial, el hecho de que Charlotte estuviera en una especie de trance en el sueño era, cuando menos, curioso. No recordaba que hubiese caminado dormida antes. Y Charlotte tampoco era del tipo de persona que sabe fingir para obtener un beneficio personal. Su ingenuidad era tan divertida a ratos. Como mentiroso profesional que era yo, podía identificar cuando alguien no me estaba diciendo la verdad. Y ella seguía siendo el alma más pura que alguna vez conocí.

Ser consciente del tictac de mi reloj me sacó de mis pensamientos. Decidí que sería mejor seguir meditándolo al llegar día y volví a mi cama.

Tardé más de lo que admitiría alguna vez en volver a dormir.

Unas horas más tarde, me levanté apenas sentí la alarma. Los sutiles rayos de sol y el canto de las aves se apreciaban desde mi ventana. Me desperecé estirando mis brazos y me levanté de un salto.

Me puse a pensar en Charlotte. Esperaba que mi dulce niña no hubiese sufrido consecuencias después de lo sucedido apenas unas horas antes.

Me acerqué a mi armario y me vestí con mi ropa para mi trabajo. Fue entonces que miré una bolsa de papel marrón que había guardado hace algunos días. Me reí entre dientes. Oh, su cara no tendrá precio. Me dirigí raudo a la cocina lo más sigilosamente que pude.

El tarareo despreocupado de Charlotte, el olor a café recién hecho y las tostadas con mantequilla en la mesa me indicaban que era una mañana de día lunes.

Me descubrí sintiendo alivio al verla tan animada. Al parecer, todo lo de la noche anterior había sido un mero sueño para ella.

Me apoyé en el marco y, sigilosamente, la observé sin interrumpirla. Ella estaba de espaldas a mi cantando felizmente "Ain't Missbehavin'" mientras me preparaba mi bolso con mi almuerzo. Parecía de muy buen humor.

I know for certain
The one I love
I'm through with flirtin'
It's just you I'm thinkin' of
Ain't misbehavin'
I'm savin' my love for you

Cerró mi bolso metálico. Hizo un látigo en el aire con el trapo de cocina y limpió la superficie de la encimera mientras movía las caderas.

Like Jack Horner
In the corner
Don't go nowhere
What do I care?
Your kisses are worth waitin' for
Believe me

Se dio una vuelta completa con los ojos cerrados mientras su puño imitaba a un micrófono.

I don't stay out late
Don't care to go
I'm home about eight
Just me and my radio
Ain't misbehavin'
I'm savin' my love for youuuu

Puso café en dos tazas y se giró con intenciones de tomar la campanita de la mesa. Fue entonces cuando me vio.

Lanzó un chillido de sorpresa y no pude evitar reírme.

"¿Tuviste dulces sueños anoche?" le dije sonriendo.

"¡Señor Alastor! ¡Buenos días!" dijo incómoda. "Uhm... ¿lo desperté?"

"La verdad no, querida." le dije divertido "Pero no me hubiera molestado que tu voz hubiera sido lo que me trajera de nuevo al mundo de los vivos. Bravísimo." y comencé a aplaudir.

Charlotte se sonrojó por el halago y comenzó a reír nerviosamente. Finalmente, hizo una juguetona reverencia.

"Por favor, señor." dijo sonriendo y me hizo un ademán para que me sentara en la cabecera. Yo le obedecí gustoso.

"Comienzo a sospechar que enseñarte taxidermia fue un desperdicio de tiempo y potencial con esa voz." le dije mientras ella me ponía mi taza de café en frente. "Debería haberte conseguido el piano mucho antes."

"¡Oh, para nada! La taxidermia se me da fácil, señor." dijo moviendo las manos "El hilo y aguja han sido una constante en mi vida. De algo que me hayan servido tantos bordados de flores y casitas de campo con mi institutriz."

Me sonrió apenada y le puso tres cucharadas de azúcar a su café. El azúcar era exclusivamente para uso de Charlotte. Yo no era un gran fan de las cosas dulces; prefería las cosas amargas. Mis ojos se desviaron a Charlotte, quien suspiraba con satisfacción después del primer sorbo de su café.

"Aunque siempre tengo excepciones para todo." pensé, bebiendo de mi propio café.

"Hoy hace frío." comentó mientras se apegaba la taza a la cara y disfrutando del vapor que le golpeaba el rostro.

Ladeé mi cabeza con curiosidad.

"La verdad no encuentro que haga mucho más frío que ayer, querida." dije elevando una ceja.

"¿De verdad?" me dijo un poco incrédula mientras se frotaba los brazos. "Yo siento que estoy helada. Desperté con los pies fríos y no he podido entrar en calor."

Me puse de pie y me acerqué al hornito. Le puse un par de leños más a las llamas y volví a sentarme.

"Procuraré entregarte otra frazada para esta noche." dije comprensivamente.

"Muchas gracias, señor." dijo ella. Me sonrió y volvió a beber de su café.

"Espero que no agarres un resfriado para esta tarde. Recuerda que tenemos que ir a revisar el piano y luego a cenar."

Charlotte sonrió ampliamente.

"¡Por supuesto que no lo olvido!" dijo con entusiasmo "¡Me encargaré de dejarlo todo listo temprano!"

"¡Espléndido!" dije tomando una tostada "Pero dime querida, ¿qué planeas usar para el día de hoy?"

La pregunta le cayó como un balde de agua. Se puso la mano en la boca con una expresión de pánico absoluto. Al parecer, lo que usaría en la salida era algo que no tenía cubierto. La mayoría de las prendas que Charlotte utilizaba eran herencia de mi difunta madre. Afortunadamente, ambas tenían cuerpos similares, por lo que fue de gran ayuda siendo que ella llegó a mí, literalmente, desnuda. Pero cada prenda tenía al menos diez años y ninguna parecía adecuada para una joven de su edad y mucho menos para una salida.

Me reí entre dientes.

"¿Puedo asumir que no lo contemplabas?" dije apoyando mi barbilla en el dorso de mi mano.

Charlotte negó con la cabeza. Parecía al borde de las lágrimas.

"Tal vez no sea tan buena idea ir." dijo finalmente desalentada "Será un sitio elegante y desentonaría junto a usted."

"¡Tonterías!" dije un poco más alto de lo que esperaba y ella me miró con curiosidad. Carraspeé.

Entonces giré mi rostro y miré la bolsa marrón que había dejado en la entrada de la cocina. Ella siguió mi mirada y también la vio.

"¿Qué es eso, señor?" preguntó.

"Quizás quieras echarle un vistazo." dije guiñándole un ojo.