Vaggie cortó el agua del lavamanos y se acercó a mí con un trapo húmedo. Con cuidado, comenzó a lavar los restos de sangre de mi hombro. Yo estaba concentraba zurciendo la manga rota, peleando para que se viera de la manera más natural posible a las puntadas de Rosie y poniendo atención de que no quedaran arrugas en el satín. Cuando por fin terminé había quedado casi perfecto y suspiré aliviada de que mi vestido nuevo no hubiese quedado más dañado por esa horrible mujer.

"¿Todo bien?" dijo Vaggie con una expresión preocupada.

"Sí, aparte de la manga, mi vestido está bien." dije sonriendo y se lo enseñé con orgullo.

Acercó el trapo húmedo a mi cara y me dio toques en mi mejilla roja por la bofetada.

"Me refiero a tu reacción." insistió "Nunca te había visto tan descontrolada, ni a alguien pelear así sin una razón justificable... a no ser que estuviera ebrio."

"¡Claro que había razón!" dije sorprendida "¡Esa mujer estaba intentando rebajar al señor Alastor con sus mentiras! ¡Ella de verdad es una horrible persona! Y después de que me golpeó simplemente no pude soportar no atacarla."

Vaggie me miró con curiosidad y sonrió comprensivamente.

"¿Qué?" le dije nerviosa.

"Él te gusta mucho, ¿verdad?" dijo sabiamente.

Sentí un agujero en el estómago y un sudor frío recorrer mi espalda.

"¡NO! ¿Cómo crees?" mentí con una sonrisa nerviosa. "Por supuesto que no."

"¿En serio?" dijo ella con desconfianza.

"Él es mi jefe y yo soy su empleada. Es imposible que sienta algo más por él que respeto y obediencia."

"Pues me pareció que la nariz sangrante de Katie no fue golpeada por alguien que sólo respeta a su jefe." dijo.

"Es una locura, Vaggie." repuse a la defensiva "No importa lo encantador, inteligente, guapo y amable que sea él, nunca podría gustarme como el magnífico hombre que es." sentencié cruzando mis brazos.

Ella me miró con una ceja alzada y las manos en las caderas. Yo apreté los labios, nerviosa, evitando su mirada.

"Wow, él de verdad te encanta." dijo poniendo los ojos en blanco.

Traté de idear miles de excusas en mi cabeza, pero estaba segura de que Vaggie seguiría tratando de indagar hasta que confesara. Me llevé las manos a la cara y gruñí desesperada.

"¿Acaso soy tan obvia?" dije con frustración, a través de mis manos.

"Considerando cómo lo miras, le hablas, te sonrojas y te diste de golpes con alguien que lo ofendió... Pues sí." dijo con una ligera sonrisa.

"Ay, no." dije encogiéndome un poco más por la vergüenza.

Di unos pasos hacia atrás y me recargué en la pared. Suspiré pesadamente.

"¿Crees que alguien más lo haya notado ya?" dije mirando a Vaggie con angustia "¿Y si él ya lo notó?"

"Tranquila, dudo que alguien más se haya percatado. Seguramente todos verán la pelea como un acto de lealtad laboral o algo así."

Me puse el vestido mientras meditaba. Me aterraba que alguien más lo hubiese notado. Pero, sobre todo, temía también que él se hubiese dado cuenta de mis sentimientos. Otra de las principales razones por las que no me atrevería a decirle al señor Alastor lo que sentía por él, era que además de mi jefe, era el dueño de la casa donde yo también vivía. Y si él consideraba incómodo tener a una empleada enamorada a su lado, de seguro prescindiría de mis servicios.

En resumen, si hacía un mal movimiento con él ganaría un rechazo amoroso, perdería mi empleo y el lugar donde vivía. No era realmente provechoso para mí el arriesgarme a mencionarle algo.

Me giré al espejo y miré mi pelo desalineado. La impotencia me estaba orillando a las lágrimas nuevamente. ¡Cuánto me había costado hacerme el peinado sin fijador!

"Mi cabello es un desastre y mira estas marcas en mi mejilla." dije resoplando derrotada. "No puedo ir así a la cena con el señor Alastor."

Vaggie tomó un pequeño bolso rosa que había traído junto el set de costura y lo puso en el lavamanos de junto.

"Puedo ayudarte con el cabello y a disimular un poco los golpes." se ofreció Vaggie. "Pero tenemos que empezar ya."

"¿De verdad?" dije con esperanzas.

"Gírate y déjame ver qué puedo hacer."

"Gracias, Vaggie." le dije con sinceridad.

El bolsito resultó ser el cosmetiquero de Angel Dust. Tenía toda variedad de labiales, polvos y sombras. Además de un peine, accesorios de cabello y fijador.

Vaggie comenzó a arreglar mi cabello en silencio.

"Haces esto muy seguido, ¿verdad?" le dije intentando ser casual.

"Aunque veo la parte administrativa, las chicas necesitan toda la ayuda posible con su apariencia antes del show." la escuché decir mientras peinaba mi cabello. "Así que he aprendido a ser versátil en este negocio."

Se esmeró en ponerme cada tubo y pinza. Mi peinado lo había hecho con retazos de tela para afirmar los mechones de cabello a falta de herramientas para peinarme. Lo que el señor Alastor me pagaba lo racionaba para cosas de primera necesidad y nunca para maquillaje. ¡Pero cómo me hubiese gustado tener todos los polvos y labiales que tenía en la mansión Magne para poder arreglarme bien!

La voz de Vaggie me sacó de mis lamentaciones.

"Oye, Charlotte, ¿de qué son todas esas cicatrices que tienes?" me dijo quedamente.

"Oh, las viste." dije nerviosa.

"Estaban en gran parte de tu espalda, chica." dijo resoplando "Era difícil no verlas."

Inspiré hondo. Después de toda la ayuda que me estaba dando, supuse que podría contarle esa parte de mi vida.

"El día en que conocí al señor Alastor él me salvó de tres hombres que me golpearon y querían abusar de mí. Yo era huérfana, no tenía hogar y el señor Alastor me acogió en su casa, curó mis heridas, me dio un lugar donde vivir y un trabajo. Es la persona más amable que he conocido."

Hubo unos momentos de silencio mientras acababa de ponerme unos tubos y la última pinza. Tomó unos polvos y me los aplicó en la cara.

"Crees que es una locura, ¿verdad?" confesé desalentada.

"¿Usar el maquillaje de Angel?" dije riéndose "Tiene otros dos bolsos más con cosas así. No notará que le falta este en un rato."

"No, me refiero a lo otro..." dije en voz baja, avergonzada.

"¿De qué te gusta el 'señor sonrisas'?" dijo arrugando la nariz sin dejar de sonreír "La verdad, medio lo veía venir. Siempre me pregunté cómo es que lo aguantas a diario, francamente. Él es bastante extraño... y un poco escabroso."

"Es un poco peculiar, sin duda, pero es parte de su esencia." dije avergonzada "El señor Alastor parece una persona inalcanzable casi todo el tiempo y nunca sabes lo que en verdad está pensado. Pero él es tan amable conmigo. Me considera en su vida aun cuando yo soy sólo su sirvienta. Siempre me sorprende cuando hace algo completamente espontáneo, como cuando tiene ganas de cocinar y hace la cena para los dos, o me lleva a pasear por la ciudad, o cuando trabajamos en su taller y me hace reír con sus bromas..."

Me detuve un momento en mi ensoñación y bajé mi cabeza, apenada. Me sorprendí por la sinceridad y entusiasmo de mis propias palabras al hablar de él. Vaggie se mantuvo pensativa mientras ponía rubor en mis mejillas.

"La verdad es que no puedo evitar que me él guste tanto." dije en voz baja.

Bajo el maquillaje sentía un poderoso sonrojo extendiéndose por mi cara. Ella sonrió con empatía.

"Cierra los ojos." dijo y comenzó a ponerme sombras en los párpados. "Por lo que me cuentas, él parece otra persona puertas adentro. Yo sólo he podido verlo en las juntas de negocios con la señorita Mimzy y no me parecía del tipo que parece importarle algo más que él mismo."

"He convivido con él a diario por dos años." dije sonriendo apenada. "Sé que tiene una imagen que proyecta al resto, así que..."

"Tranquila, lo que me contaste no cambia lo que opino. Él seguirá siendo uno de los excéntricos inversionistas del club para mí."

Me reí por lo bajo y luego suspiré.

"Nunca le había contado a nadie sobre cómo él me hace sentir." dije "Decirlo en voz alta suena más loco de lo que pensaba."

"Oye, no pasa nada, la verdad no me parece malo o una locura que él te guste" dijo delineando mis ojos con negro con cuidado "Digo, a todos nos gustan tipos de personas diferentes, y si ves tan buenas cualidades en él no puede ser un mal sujeto. Aunque para todos los demás sea un poco esquivo, si está claro que parece tenerte mucha confianza."

"Pero es imposible que yo pueda gustarle de otra forma, Vaggie." dije abatida "Él es muy cordial conmigo, pero nunca he visto indicios de una intención especial más allá de lo amistoso."

"¿Y con alguien más sí?"

Arrugué el ceño tratando de hacer memoria.

"No. Creo que no." dije ladeando la cabeza.

"Entonces no sabes cuándo está coqueteando y cuando no." dijo riéndose.

Vaggie pintó mis labios de un lindo color rojo. Cuando terminó volvió a mi cabello.

"No me des falsas esperanza, Vaggie." dije suspirando" La señorita Mimzy no pierde oportunidad de recalcarme que soy una pobre sirvienta que no tiene nada que ofrecer. Me dejó en claro que el señor Alastor estaría bien con alguien a su nivel."

"No tienes que escucharla." dijo ella apilando los tubos de mi cabeza en el lavamanos "Estoy segura de que a ella le gusta el señor Alastor desde hace años y puedo dar fe que ella le propuso matrimonio hace tiempo."

Abrí mi boca por el asombro. Me enderecé de golpe y la miré con ojos muy abiertos. Intenté decir algo. Lo que fuera. Rebatir. Gritar. Llorar. Maldecir mi suerte. Pero nada salía de mi boca. Mi respiración se aceleró y volví a recargarme en el lavamanos, casi sin fuerzas.

"¿El señor Alastor se va a casar...?" dije con un hilo de voz.

"No." dijo Vaggie con soltura.

"¡Pero dijiste...!" traté de rebatir.

"Sólo dije que ella se lo propuso." me cortó ella con una mano en la cadera y levanto la otra para frenarme "Y eso fue hace más de un año, Charlotte."

Arrugué el entrecejo.

"Es decir que..."

"No se van a casar." remarcó. "Él nunca le dio una respuesta."

Contuve la respiración y luego suspiré de alivio. El susto tan real de que él se casara me dejó con una dolorosa sensación en el corazón. Puse una mano en mi pecho para poder regular mi respiración.

"Supongo que tendrá sus razones para no haberle respondido nada y de tener en vilo a la señorita Mimzy por una alianza tan tentadora" dijo Vaggie revolviendo el interior bolsito. "Ella puede tener mucha paciencia cuando quiere."

"Hablas de un posible matrimonio como si no fuera más que una estrategia para no morir de hambre." dije alzando una ceja.

"¿No es así acaso?" dijo Vaggie divertida.

Era cierto. Los matrimonios por conveniencia eran bastante frecuentes para escapar de la pobreza, pero algo no me cuadraba.

"No parece que la señorita Mimzy fuera a morir de hambre si no está casada." dije resoplando "Es ella quien tiene un negocio exitoso."

"Y el que saldría ganando en una alianza sería el señor Alastor, ¿no?" dijo Vaggie elevando las cejas significativamente.

"El señor Alastor gusta de su vida actual." dije firmemente. "Tiene sus rutinas y sus horarios. Le gusta su trabajo y tiene espacio para sus pasatiempos. Él está bien como está." comencé a sentir cómo la ira iba manifestándose en mis palabras.

"¿De verdad te parece que no se ha casado por comodidad?" contestó Vaggie.

"Tampoco está enamorado." dije frunciendo el ceño.

"¿Cómo lo sabes?"

"¡Porque si estuviera enamorado ya se habría casado!" dije demasiado alto.

Estaba respirando agitadamente y apretaba los dientes. Vaggie me miró sorprendida.

"L-lo siento, Vaggie." dije cubriendo mi boca con mis manos con horror. "No quería gritarte..."

"Tranquila. Es normal que el tema te afecte." dijo ella sonriendo con comprensión.

Me quedé pensando en silencio. Indudablemente él tendría todo para ganar si se casara con alguien que se interesa por él. Pero los motivos del señor Alastor eran tan poco claros que me era imposible llegar a una conclusión satisfactoria.

Era extraño pensarlo, pero que se casara por conveniencia y no por amor me dolería menos en el corazón.

"A ella no le agrada la competencia, por eso no le agradas." dijo ella con simpleza.

"¿Te parece que compito con ella?" le sonreí incrédula "Es una mujer muy guapa y dueña de un club. Su negocio se sostiene solo y puede costearse cosas que la mayoría no puede en estos momentos. Y yo soy una simple empleada doméstica. No hay punto de comparación, Vaggie."

De alguna forma me sentía aliviada de poder conversar estas cosas con alguien. Cada amigo que tuve en mi anterior vida había emigrado a otro país con lo poco que les quedó. Y estaba segura de que todos me daban ya por muerta. No había nadie con quien pudiera hablar de lo que me atormentaba. El señor Alastor era mi persona más cercana y era precisamente él quien no debía saber cómo me sentía.

"Si quieres un consejo de mi parte, te diría que dejes que las cosas fluyan." dijo quitando el último tubo. "No debes perder las esperanzas todavía."

"Ya te dije, ella tiene ventaja sobre mí." repetí "Si el señor Alastor no está enamorado de ella, probablemente pronto va a caer."

"No suena como el sujeto calculador que parece."

"Vamos, Vaggie, sé realista. Si la crisis del país sigue a este ritmo, será cosa de tiempo de que él acceda a hacerla su esposa."

"Sí, es un partido económico seguro y es guapa." concordó. "Tiene toda la ventaja sobre ti. ¿Pero sabes qué más tiene?"

"¿Qué?"

"Una enorme frustración, porque él no quiere casarse con ella."

La verdad no sabía responder a eso. El señor Alastor, ciertamente, gustaba de tener privilegios. Es una de las cosas que noté en todo este tiempo. Se enorgullecía de tener en su poder información que nadie tenía. Era amante de lo difícil de conseguir. Por eso gastaba tanto esfuerzo en cazar a sus presas: las seguía y acechaba con paciencia, y al final conseguía el mejor espécimen, para prepararlo con taxidermia. Después decidía si conservarlo o luego lo vendía a un coleccionista o a algún recinto privado.

En conclusión, que él concretara un matrimonio con una mujer cuyo capital era estable a pesar de la crisis es una acción esperable. Pero entonces ¿por qué no lo había hecho? Y si ella gustaba de él ¿qué lo detenía para hacerla su esposa?

"Cierra los ojos y aguanta la respiración, linda." dijo Vaggie.

Y de inmediato el fijador de pelo invadió toda mi cabeza. Vaggie arregló algunos rizos y agregó otro rocío más.

"Bien, creo que hice un buen trabajo." dijo con orgullo, cruzando los brazos. "Dame tu veredicto."

Me giré al espejo y vi a una mujer. Una hermosa mujer con mis ojos.

Me toqué la cara y la mujer hizo lo mismo. Era yo. De verdad era yo. El maquillaje que tenía había acentuado mis rasgos y la redondez de mi cara era lo único que podría llegar a tener un dejo infantil. Y, sobre todo, cubría perfectamente cualquier moretón que se me podría formar a causa de los golpes. Vi mucho de mi difunta madre en mi reflejo.

"¡No puedo creerlo! ¡Gracias, Vaggie!" grité emocionada y le di un abrazo.

Ella me correspondió al abrazo con ternura y luego se separó para mirarme.

"Charlotte, no tienes que menospreciarte tanto." me dijo con severidad tomando mis hombros "Eres muy linda, eres amable, inteligente y muy talentosa. Quien esté contigo será muy feliz, te lo aseguro. Y si él es tan listo como dices sabrá apreciarte como tal."

Le sonreí.

"Supongo que puedo intentarlo." dije elevando los hombros.

"Eso. Ahora ve por el 'señor sonrisas'." dijo girándome y empujándome a la salida.

Vaggie tomó el bolso y salimos del baño.

Nuevamente en el salón de baile. En el aire se escuchaba una tonada ligera de charlestón. Mi seguridad sobre el maquillaje estaba disminuyendo al notar que me ganaba miradas de algunos curiosos y mi ansiedad aumentó. Deseé irme lo antes posible y apuré el paso hasta llegar al salón. Busqué con la mirada al señor Alastor y lo encontré en la barra conversando con Husk, el malhumorado barman del club; un hombre entrado en sus años cincuenta, con poderosas cejas, pobladas patillas y marcados rasgos gatunos. El barman tiró unas cartas al aire con rabia.

"¡Maldito seas, Alastor!" gritaba furioso "¡¿Cómo puedes ganar tres manos de póker seguidas con escalera real?! ¡¿Tienes cartas ocultas o un pacto con el diablo acaso?!"

"¿Me acusas de tramposo por tu propia incompetencia y mala suerte, mi estimado Husk?" le respondió el señor Alastor con altivez examinando sus uñas. "Pero si te hace sentir mejor sólo tomaré la mitad del dinero que apostante." dijo tomando parte de los billetes de la mesa y guardándolos en su chaqueta.

Husk lo miró con una ceja alzada.

"No necesito la otra mitad." continuó el señor Alastor "Me basta con haber visto tu hilarante frustración y haberte aplastado justamente." y se puso a reír.

"¡¿Te estás burlando de mí?!" exclamó Husk enojado y apoyándose en la barra "¡¿Crees que soy una especie de maldito payaso?!"

"Mmmh... Tal vez." concluyó el señor Alastor con una sonrisa burlona.

Husk rechinó los dientes y se abstuvo de lanzarse sobre él. Tomó una botella de alcohol con fuerza y dio un largo trago. El señor Alastor se rio de buena gana.

"No te conviene atacar a un inversionista del local donde trabajas." le dijo el señor Alastor con malicia.

"Cállate." replicó Husk y siguió bebiendo.

Realmente el señor Alastor parecía de buen ánimo. Miré a Vaggie y me levantó ambos pulgares para darme confianza. Di una honda respiración y me acerqué a él.

"Señor Alastor." dije "Ya estoy aquí."

"Oh, qué bueno que ya volviste, queri..." dijo girándose y dejando la oración a medio acabar cuando me vio. Su cara se había paralizado completamente.

Me dio un vuelco al corazón por la forma en que me veía. Bajé la mirada avergonzada, queriendo que el suelo me tragara. Toda la confianza que había acumulado se esfumó y, si no fuera porque me temblaban las piernas, hubiese salido corriendo. Debía verme realmente rara con maquillaje y me arrepentí de haberme levantado de la cama ese día.

Reaccionó luego de unos segundos. Se aclaró la garganta rápidamente, se puso de pie y tomó mi mano.

"Le rouge est définitivement votre couleur, ma chère." dijo con desplante y besó mis nudillos por segunda vez esa tarde.

Me sonrojé por el cumplido al color rojo de mis labios, pero no pude evitar reírme por lo bajo. Sabía que él hablaba algo de francés, pero no solía decir nada más que palabras sueltas de vez en cuando. Era la primera vez que me hablaba directamente en mi segunda lengua.

"Merci beaucoup, mon seigneur Alastor." respondí haciendo una reverencia solemne con mi cabeza.

El señor Alastor lanzó una ligera risa y por mi vista periférica vi a Vaggie rodando los ojos.

"Veo que ya te sientes mejor." me dijo él irguiéndose y soltando mi mano. "Y me alegra que tu vestido tuviera arreglo."

Asentí con aprensión, sin ser capaz de mirarlo a los ojos.

"Nuevamente le pido perdón por lo que pasó hace un rato..." dije con arrepentimiento. "Si esa horrible mujer hace algo contra usted sé que sería por mi culpa y no me lo perdonaría jamás."

"Despreocúpate por Katie, tesoro." dijo moviendo la mano. "Tengo mis métodos para mantenerme en pie ante los que han querido verme caer."

Decidí seguir creyendo en sus palabras, pero no podía dejar de preocuparme. No podía entender cómo él podía ser una persona de enemigos.

"Pero debo admitir que me sorprendió ese lado tan agresivo que tenías oculto, dulzura." agregó ladeando la cabeza.

"Oh, por favor, no me lo recuerde." dije cubriendo mi cara con vergüenza y él se rio de buena gana.

Me descubrí el rostro y lo miré. Sentí mucho alivio al verlo de tan buen humor.

"Nunca te había visto maquillada." dijo de pronto.

"¿Esto?" dije tocando mis labios con las yemas de mis dedos "Vaggie me ayudó con mis heridas y a arreglarme." añadí mirándola.

"Nada más añadí un poco de color." dijo sonriendo y elevando los hombros.

"Gracias por tus atenciones a mi querida Charlotte, Vaggie." dijo el señor Alastor inclinando su cabeza.

"No hay problema." respondió Vaggie incómoda.

"¿Charlotte? ¿Tu criada?" dijo Husk incrédulo "¡Válgame el cielo! ¡Pareces otra persona!"

Husk lanzó una risotada y golpeó la mesa de la barra con la palma de la mano.

"¡Debí haberlo imaginado! ¡Estaba a punto de creer que huraño de Alastor le estaba hablando a una hermosa dama!" vociferó entre risas.

No sabía si sentirme halagada u ofendida por lo que el barman había dicho, pero el señor Alastor entrecerró los ojos al mirarlo, sin disimular su molestia a pesar de su sonrisa.

"Pues entonces creerías bien, mi estimado Husk." dijo cordialmente "Porque es exactamente lo que estoy haciendo."

Luego se giró hacia mí y dijo alegremente:

"¡La cena de hoy corre por cuenta del generoso Husk, cariño!" y se palmeó el bolsillo de la chaqueta con billetes.

Husk detuvo su carcajada y lo miró visiblemente molesto. Luego se giró para seguir bebiendo de su botella, murmurando maldiciones.

El señor Alastor se rio de buena gana, y aunque me daba algo tristeza que Husk hubiese perdido el dinero que apostó, no pude evitar reírme también.

Husk era reconocido por su ludopatía. Sabía de varias ocasiones en las que insistía al señor Alastor que jugaran al póker, donde casi todo el tiempo ganaba el señor Alastor. Así, Husk iba perdiendo vez tras vez hasta quedarse sin nada. Por eso no podía evitar reírme: Quien apostaba todo sin medir las consecuencias, merecía, sin duda, lo que recibía si la suerte no estaba de su parte.

Vaggie volvió a su labor de administradora y fue directo a la barra, completamente furiosa.

"¡¿VOLVISTE A APOSTAR, HUSK?!" gritó la chica "¡¿EN HORARIO LABORAL?!" y golpeó la barra con las manos.

"¡No me molestes, morena!" le dijo Husk gruñendo.

"¡¿Y ese licor que te estás tomando lo pagaste?!" dijo Vaggie ignorando las quejas del hombre.

"¡Espera! ¡¿Qué haces?!" gritaba Husk intentando salvar la botella del frenético agarre de Vaggie.

Me reí junto al señor Alastor viendo cómo esos dos peleaban y forcejeaban cómicamente.

"Es bueno verte reír." me dijo él, dedicándome una suave mirada.

Sonreí avergonzada, bajando la mirada.

"Disculpe, señor, ¿me permitiría la siguiente pieza con la dama?" escuchamos a alguien detrás de nosotros. Lo reconocí como el joven que había intentado coquetear conmigo cuando había llegado al local. "La vi bailar antes y me encantaría bailar con ella."

Instintivamente, me recogí con incomodidad tras el señor Alastor, y él se irguió, desafiante, ante el sujeto.

"No, señor." dijo el señor Alastor, mordaz y profundamente.

"Oh, pero es sólo un baile." insistió el sujeto con ligereza y me miró. "Además, la dama puede decidir con quién desea bai..."

"La dama está conmigo." le cortó el señor Alastor con las manos hechas puños en la espalda.

No podía ver su rostro, pero estaba segura de que él no había perdido su sonrisa a pesar de la tensión del ambiente. El sujeto miró al señor Alastor amenazante y ofendido por la doble negativa. Pero de pronto eso cambió. El hombre se paralizó en su lugar. Lo miré con curiosidad por el cambio que tuvo y me sorprendí al ver su rostro. Movía frenéticamente sus ojos y emitía pequeños gritos de pánico con la boca entreabierta. Se estaba poniendo rojo, como si estuviera un gran esfuerzo físico. Todo siempre sin mover ningún músculo de sus extremidades. De pronto, el hombre soltó un fuerte jadeo, como si hubiese estado aguantando la respiración. Miró al señor Alastor con expresión de horror y se fue corriendo a la salida. La gente del local miró con curiosidad al hombre que escapaba despavorido sin razón aparente. La mayoría continuó con sus actividades apenas se perdió de vista, seguramente considerándolo como un tipo ridículo que se había pasado de copas.

Me asombró el extraño comportamiento del hombre. Miré al Señor Alastor buscando una explicación con la mirada de qué pudo haberle generado tanto terror. Pero él se giró, sonriente y de buen ánimo, hacia mí. Nada parecía justificar lo que acababa de pasar.

"¿Qué rayos le pasó a ese tipo?" dijo Husk a nuestras espaldas. Él y Vaggie habían detenido su pelea, siendo Vaggie quien tenía una botella vacía en la mano.

"¡No tengo idea!" dijo el Señor Alastor con soltura. "Será mejor mantener distancia de hombres así, tesoro. Una invitación a bailar puede estar encubriendo al siguiente asesinato de El justiciero." agregó inclinándose hacia mí.

"¿Cree que ese hombre era El justiciero?" dije extrañada.

"Oh, uno puede encontrarse con cada personaje en un sitio como este, así que no lo descarto." dijo con simpleza y revisó su reloj de bolsillo "Bueno, ya hemos estado más tiempo del esperado aquí y ya debes tener hambre después de tanta acción el día de hoy."

Entonces me ofreció su brazo, galantemente.

"¿Nos vamos?" dijo con una sonrisa cómplice.

Tomé su brazo ofrecido, sin evitar devolverle la sonrisa.

"Hasta luego, Vaggie y gracias." dije al pasar junto a ella de camino a la salida.

Ella me movió una mano para despedirme y me sonrió ligeramente.

De camino a la salida varios de los anteriores testigos de la pelea me miraban y me apuntaban entre murmullos. Había miradas de diversión y otras más de desaprobación. Me sentía un poco inquieta, pero el señor Alastor pareció ignorarlo, porque mantenía una mirada airada y una postura erguida sin aminorar el paso. Finalmente, salimos del recinto. Ya había anochecido.