Mantuvimos el paso rápido y en silencio saliendo del local de Mimzy. La noche esta inusualmente agradable para caminar, a pesar que dentro de un par de semanas sería, oficialmente, invierno. Llevar demasiada ropa encima me parecía sumamente incómodo y agradecí que Rosie se quedara con el atuendo que había estado usando durante el día. Así pude venir con mi nuevo traje sin sobrecarga.

Había elegido un restaurante a tres cuadras del lugar, así que no era necesario utilizar el tranvía para llegar. Y, a pesar de no estar realmente atrasados en el horario de la reserva, ya no me era grato estar en el local de Mimzy. Es más, quería salir de ahí lo antes posible. La desmesurada cantidad de hombres con intenciones inquietantes y de dudosa nobleza que miraban a Charlotte en el club, me había hecho sentir extrañamente ansioso. Ya habíamos llamado la suficiente atención por un día entre aquellos lujuriosos de vida simple y no estaba dispuesto a seguir exponiéndola en ese ambiente. Reprimí un gruñido ante el recuerdo de la actitud tan petulante del sujeto que había intentado sacarla a bailar.

Miré de reojo a Charlotte. Seguía firmemente agarrada de mi brazo y, para mi sorpresa, se la veía animada a pesar de que le costaba seguirme el ritmo. Parecía absorta en un pensamiento que la mantenía entretenida.

Al recorrer la segunda manzana, decidí aminorar la velocidad y romper el silencio.

"¿Algo te molesta, cariño?" dije tratando de sonar casual.

"No realmente" dijo con sinceridad mientras me sonreía "Es sólo que me alegró que saliéramos rápido de ahí. El ambiente estaba un poco extraño, ¿no cree?"

Parpadeé con curiosidad. Qué curioso. Ella había estado pensando exactamente lo mismo que yo.

"¿Hablas de la atención bien justificada que estabas teniendo, dulzura?" le dije en tono de broma.

"¿Debo resignarme a que va a mencionarme la pelea que tuve de ahora en adelante?" dijo crispando la cara con vergüenza.

Me reí con fuerza. ¡Ella aún seguía pensando en la pelea! ¡Ni siquiera consideraba a su mera presencia como una de las razones por la que todos la estaban mirando! Tales rasgos de inocencia eran encantadores. Era completamente ausente del poder que tenía sobre quienes la rodeaban. Y, a mi parecer, era lo mejor que continuara en la ignorancia.

"Por supuesto, querida" dije recuperando el aliento "¡Oh, eso fue todo un espectáculo! No me había divertido tanto desde la caída de la bolsa de 1929." dije y me volví a reír.

Hizo un puchero y bajó la mirada.

"Uhm... La verdad no estaba dentro de mis planes actuar así, señor." dijo angustiada "Ya le dije que fue algo que sólo... uhm... ¿nació por instinto?"

"Cariño, es agradable saber que puedes defenderte sola." le aseguré "Y que, además, tienes los instintos de una fiera reprimida en tu alma. A Katie le quedó muy claro."

Me miró, visiblemente molesta.

"Esa mujer era realmente horrible, señor." sentenció con rabia "No puedo creer lo maleducada que fue con usted, y luego me habló como si estuviera por sobre mí. Y después de la bofetada que me dio, yo solamente actué sin pensar." dijo entre dientes y resoplando por la nariz.

La miré con una mezcla de orgullo y diversión.

"Como tu jefe te felicito por esa muestra de gallardía al pelear por mi honor, cariño." le dije "Pero procura no llegar a los golpes la próxima vez. No sería bueno que salieras lastimada en el proceso."

Ella me dio una media sonrisa y miró al camino nuevamente.

"No me enorgullezco de cómo actué, señor, pero estoy segura de que si volviera a verla no podría evitar responder a sus groserías otra vez." dijo con seguridad.

"Lo sé. Y ese golpe en la nariz que le diste le enseñará a meterse en sus propios asuntos." dije con simpleza "Pero siendo sinceros, esa pelea fue un buen espectáculo. Esa clase de entretenimiento es difícil de ver."

"¿Pelearse con una reportera a puño limpio es entretenimiento?" dijo con la duda en su cara.

"¡Por supuesto! ¡De la manera más pura! ¡Realidad! ¡Verdadera pasión!" exclamé cerrando un puño en el aire con entusiasmo.

Ella me miró ladeando la cabeza.

"Puedo reconocer un buen show cuando lo veo, cariño. Créeme. Estoy presente en el radioteatro de los miércoles y esa pelea fue mejor que muchas historias sosas contadas ahí."

Frunció el entrecejo, visiblemente incómoda.

"Pero después de salir del baño, me sentí más como un animal de circo sobre el escenario." se sinceró "Todo el mundo me miraba."

"No hay nada de malo ser el centro de las miradas en un escenario. Al final todo el mundo es un escenario, y un escenario es un mundo de entretenimiento." dije entrecerrando los ojos y ensanchando mi sonrisa.

Se mordió el labio inferior, contrariada.

"Si es por una cosa de mostrar pasión en el escenario, preferiría que me miraran porque estoy cantando." dijo de pronto.

Alcé una ceja, con interés. Me incliné un poco hacia ella.

"Aún quieres ser una cantante, ¿no?" pregunté con curiosidad.

"El sueño musical suena ridículo, ¿verdad?" dijo ella con una tímida sonrisa.

"¡Absolutamente!" exclamé. Su cara cayó con decepción.

"Ah... ¿En serio lo cree?" dijo ella, con una risa nerviosa.

"¡Por supuesto! Los sueños musicales son para los ilusos que intentan escalar la montaña de la imposibilidad para lograr la fama y terminan en la más absoluta miseria." dije con malicia. "Muchos ni siquiera tienen lo mínimo que se necesita para conseguir limosnas en la calle y, aun así, ellos se avientan a intentar entretener a una multitud que no los quiere ni los pide."

Ella apretó los labios y bajó la mirada.

"Ya decía yo que no tenía talento." susurró derrotada.

"Oh, no, no, no, cariño. No he dicho eso." le dije guiñándole el ojo. "El sueño musical es ridículo sólo si no tienes lo necesario. Pero tú, querida mía, tienes talento para regalar. Si alguien puede triunfar y ser cantante por sus propias capacidades eres tú."

Ella me miró con sorpresa y me dedicó una sincera sonrisa.

"Gracias, señor." dijo con ojos brillantes.

Le sonreí de vuelta. Me gustaba verla feliz. Francamente, me gustaba verla feliz. Y eso comenzaba a preocuparme.

Me detuve de golpe y ella trastabilló.

"¿Señor?" dijo ella al ver que dejamos de avanzar.

"¡Bien, llegamos!" exclamé, cortando el hilo de mis propios pensamientos.

Era el Antoine's restaurant. Uno de los restaurantes de mariscos más populares de la ciudad. Un maravilloso establecimiento que era símbolo de elegancia y distinción en esta parte del barrio. Miré a Charlotte y me regocijé al ver su rostro iluminarse de emoción.

"¿Entramos?" le dije y ella asintió con una gran sonrisa.

Nos acercamos al maître y nos llevó a nuestra mesa reservada. El lugar era realmente fantástico. Ampliamente iluminado con candelabros, enormes ventanales y cuadros en las paredes de personajes de renombre que habían ido a comer ahí. Mesas con manteles blancos y sillas de madera con elegante diseño estaban repartidas armónicamente en el salón. Había una banda que tocaba un suave jazz en una pequeña tarima y varios meseros que atendían, con presteza, a los comensales.

Luego de sentarnos en una mesa junto a un ventanal cerca de la entrada, un camarero se acercó para entregarnos la carta. Después del vaso de Whisky que le había ganado a Husk en un juego de póker (con el que él después siguió apostando tentando a su suerte) no había nada más en mi estómago desde el almuerzo. Y después de todas las emociones de esa tarde, me sentí con mucho apetito.

Ambos solicitamos bisque como entrada. Pedí el étouffée como plato principal y tuve que asegurarle a Charlotte que podía pedir lo que quisiera, sin preocuparse por el precio. Me reí ante su vergüenza cuando dijo que tenía ganas de comer gamba criolla. El mesero anotó el pedido y se fue a la cocina.

Apoyé mi mejilla en mi mano y miré a Charlotte. Ella miraba maravillada los alrededores. Observaba con detención los detalles de todo, completamente absorta en su regocijo.

"¿Estás feliz, cariño?" le dije con una sonrisa.

Ella se giró hacia mí, volviendo a ser consciente de mi presencia. Para mi sorpresa, ella ensanchó aún más su sonrisa.

"¡Esto es increíble, señor!" dijo aplaudiendo.

Su mirada brillaba y su burbujeante energía era contagiosa.

"Me alegra que te guste." dije "El dueño de este local es uno de los patrocinadores de la radio. Puedo dar fe que es un muy buen restaurant."

"¿Conoce al señor Pentious?" dijo emocionada.

"Lamentablemente." aseguré "Suele ser bastante insistente con pasar tiempo conmigo. Pero realmente no estoy interesado en su amistad."

"El señor Pentious también conocía a mi papá." dijo con una media sonrisa "Y sí, era bastante particular al demostrar su aprecio regalándonos bandejas con huevos. Una vez nos regaló tantos huevos que tuvimos que repartirlos entre los trabajadores para que no se echaran a perder."

"Sin duda, él es todo un caso." dije con un dejo exasperación en mi voz "Cuando supo que soy taxidermista, insistió en ir a mi casa para un trabajo."

"¡Oh! ¿Entonces esos de ahí los hizo usted, señor?" dijo señalando con el dedo sobre mi hombro.

Me giré para ver a lo que estaba apuntando. Se trataba de tres trofeos de cabezas de ciervo sobre la puerta de entrada. La del centro era, notoriamente, más grande que las otras dos que le acompañaban lado a lado.

"Acertaste, tesoro." dije con orgullo "Pentious me pidió que preparara esas cabezas de ciervo para que se vieran lo suficientemente imponentes para ponerlos en la pared. El del centro es de los ejemplares más grandes que yo alguna vez cacé, y los otros dos los cazó él mismo."

"Ya decía yo que el del centro no parecía haber sido cazado por alguien tan frágil como él." dijo con una sonrisa nerviosa.

Me reí entre dientes.

"Al principio sólo quería que preparara a esos dos pequeños ciervos" expliqué "Pero no se resistió al ver la cornamenta y el detalle del mío en mi taller. Él fue bastante insistente y generoso para conseguirlo, así que al final decidí venderlo." concluí con simpleza.

Ella siguió mirándolos un poco más. Finalmente se giró hacia mí.

"¿Cuándo fue eso, señor Alastor?" preguntó con interés.

"Creo que hace unos tres años." dije haciendo memoria.

"Tiene sentido. Son tan maravillosos que estaba segura de que los recordaría." dijo con admiración reflejada en sus palabras "Y la majestuosidad que proyectan es característico de sus trabajos, señor."

Sonreí ante tan sincero halago.

"¡Hace tanto no venía a este restaurant! ¡Ha cambiado mucho!" exclamó.

"Asumo que ya habías venido antes."

"Sí, hace muchos años. Venía al menos una vez al mes a comer aquí. Claro, eso fue hasta los doce años, cuando mis papás aún estaban..." dijo, mientras el entusiasmo se apagaba en su voz.

"Ya veo." dije, enderezándome en el asiento. "Espero que al menos sean buenos recuerdos los que te traiga este sitio. Sería una lástima haberte invitado a un establecimiento con una historia personal lamentable en él."

"¡Oh, claro que fueron buenos momentos!" dijo sonriendo nuevamente "Papá pedía el étouffée con frecuencia. Él decía: 'es el único restaurante de la ciudad que puede darle un patético crustáceo sepa como un manjar'." dijo mientras engrosaba la voz "Y luego de exigir el cangrejo más grande, me decía: 'Charlotte, nunca aceptes mierda de otros. Tienes que ser tratada por lo que vales'."

"Suena como alguien con quien me llevaría bien." dije con interés.

Ella se rio suavemente mientras asentía.

"Y durante el postre, mamá solía decir: 'Charlotte, cariño, sé que te gustan los beignes, pero no tienes que hacerlo público. Tienes azúcar en toda tu cara'." dijo en un tono muy compuesto.

"Tal parece que ella cuidaba mucho su apariencia." dije "Y que a ti siempre te gustaron los dulces."

Charlotte sonrió apenada.

"Mi mamá era muy hermosa, pero yo saqué muchos más rasgos físicos de papá, incluyendo su altura. Los amigos de papá solían molestarlo mucho por eso, y él se enfadaba porque se burlaban de su estatura. Ellos no se explicaban cómo había logrado cautivar a una mujer tan majestuosa como mi madre. Mamá siempre lograba hacerlo sentir mejor con sus atenciones y asegurándole que no se había enamorado de él por su aspecto, ni por su altura, sino por quién era él. Además, ella era la única que podía decirle que su estatura le parecía completamente adorable y él no era capaz de enojarse con ella..."

Charlotte suspiró. Tomó uno de sus tenedores y comenzó a hacerlo girar en su mano.

"Ellos se amaban mucho." aseguró con una sonrisa melancólica.

La miré con atención, esperando que dijera algo más. Pero sólo cerró los ojos con fuerza, tragó duro y volvió a suspirar.

"Suenan como unos padres muy buenos." dije para cortar el silencio.

"Lamento el parloteo sin sentido, señor Alastor." dijo ella rápidamente.

"Disfruto de la charla. No tengas cuidado." aseguré.

Después de unos momentos de silencio ella volvió a hablar.

"¿Sabe? Me hubiese gustado tanto que se conocieran." dijo, todavía jugando con su tenedor "Creo que usted y mi padre se habrían llevado muy bien. Siento que tendrían filosofías de vida parecidas. De él es que tengo mi gusto por la música y de mamá por las artes escénicas y el baile."

Me sonrió con esfuerzo.

De todo el tiempo que conocía a Charlotte eran pocas las veces en las que hablaba de sus padres. Era una fibra sensible para ella, y preguntarle de más sólo había logrado un amargo llanto que ponía fin a la conversación. Francamente, no quería que eso pasara otra vez, por lo que no quise insistir más en el tema.

"Tal vez, de habernos conocido usted y yo en otras circunstancias, las cosas habrían sido muy diferentes." dijo con una triste sonrisa.

Estaba de acuerdo. De no haber sido por el deceso de sus padres y la crisis económica, seguramente nos habríamos topado en alguna fiesta. Probablemente, Charlotte sería muy diferente a la misma chica que tenía en frente. Como la hija única, dependiente e ilusa de una familia rica, habría sido fácil para mí llegar a ella con algunas palabras dulces, para terminar de cautivarla con algunos simples actos cursis. Estaba seguro de haber ganado el favor de sus padres por sobre otros pretendientes sólo por tener la aceptación de Charlotte. Podría tenerla a mi merced y disponer de su fortuna a mi conveniencia. Pero desde la distancia y después de años de conocerla en su peor momento, fue casi un alivio ser consciente de que la posibilidad de haberla conocido en ese entonces, fuese nada más que una simple fantasía.

Me apoyé los codos en la mesa y entrelacé mis manos.

"La verdad yo no cambiaría nada, cariño." dije mirándola a los ojos "Las cosas están perfectas como están."

Ella me miró con sorpresa y dejó caer el tenedor en la mesa.

"¿No le hubiese gustado conocer a mis padres?" dijo dolida.

"Sin duda hubiese sido un verdadero agrado haber podido conocer a tus padres, tesoro." puntualicé "Pero si no hubiesen ocurrido las cosas como pasaron, probablemente, tú y yo no estaríamos aquí."

Con su mirada ella me invitó a proseguir.

"De no haber llegado a mi casa, desnuda y con miedo hace dos años, no habríamos podido compartir la misma mesa a diario, ni serías capaz de hablar con sinceridad sobre lo que te gusta y lo que no, o no habrías tenido oportunidad de explotar tu potencial en todas las cosas nuevas que has aprendido. Has crecido mucho y eres más independiente ahora."

Me incliné un poco hacia ella sobre la mesa y la miré a los ojos.

"Además, nada nos asegura de que hubiésemos podido conocernos de la manera en que lo hacemos o de habernos llevado bien. Así que, en definitiva, prefiero rescatar lo positivo de todo lo ocurrido en vez de lamentarme en las posibilidades que nunca pudieron concretarse. La verdad es que estoy realmente agradecido con tus padres por haberte traído al mundo, y agradecido de la fortuna por cómo ocurrieron las cosas para que nuestras vidas se cruzaran en ese bosque."

Le sonreí, dejando mis párpados caer. Charlotte estaba paralizada en su lugar. Abrió la boca varias veces antes de ser capaz de decir algo. Finalmente, no fue capaz de decir nada y bajó la mirada a la mesa.

En ese momento llegó el mesero y nos sirvió un plato de bisque a cada uno. Destapó una botella de vino blanco y vertió el contenido en ambas copas.

"Bon appetit." dijo y se marchó.

Probé el caldo. Estaba realmente maravilloso. Charlotte seguía absorta en sus pensamientos.

"Cariño, come." le dije "Es sólo la entrada, pero está deli..."

"Señor Alastor." me interrumpió ella, mirándome con ojos brillantes y una expresión decidida "¿De verdad está feliz de haberme conocido?"

No pude evitar reírme entre dientes. Oh, mi dulce Charlotte. Era tan transparente.

"¿Lo dudas acaso, dulzura?" le dije entrecerrando los ojos.

"Yo disfruto trabajar para usted, señor." dijo firmemente. "Intento hacer lo mejor que puedo para que usted esté feliz; ése fue el trato que acepté cumplir al momento de llegar a su casa: encargarme de hacerlo feliz. Y la verdad yo estoy muy agradecida con usted y muy contenta de poder compartir mi día a día con usted, así que..." su discurso se interrumpió y volvió a mira la mesa.

Mis párpados cayeron un poco más, mientras recargaba mi barbilla en el dorso de mi mano.

"¿Necesitas saber si estoy conforme con tu trabajo?" dije mirándola.

Ella asintió lentamente. Mi sonrisa se ensanchó.

"De no estar conforme ya no estarías trabajando para mí." dije mirándola "Ni estarías usando un vestido nuevo, ni estarías cenando aquí conmigo. Todo cuanto recibes de mi parte es por lo que creo mereces. Ni más, ni menos."

Ella inhaló hondo y lanzó un largo suspiro.

"Ya veo." dijo con un tono decepción en su voz, pero con una sonrisa "Entonces, me alegra saber que está conforme con lo que hago, señor. Y hasta el día en que usted prescinda de mis servicios, haré todo lo posible para seguir haciéndolo feliz." sentenció con una mirada de orgullo.

Levanté mi copa hacia ella. Charlotte me imitó y golpeó la suya con la mía en un suave tintineo.

"Quiero hacer un brindis por ti, cariño." dije, solemnemente, mirándola a los ojos "Porque haces los días más brillantes, porque siempre sé que seré recibido con música a mi hogar y porque cada domingo tendré, sagradamente, un buen plato de jambalaya casero en la mesa."

Ella se rio de buena gana. Se aclaró la garganta y me miró a los ojos.

"Quisiera brindar por usted también, señor Alastor." dijo "Por haberme acogido en su hogar cuando, literalmente, no tenía nada. Porque no podré agradecerle lo suficiente, en esta vida, la segunda oportunidad de vivir que me dio cuando ya había caído en la desesperación y..."

La miré con interés.

"Y por cómo siempre logra hacerme sonreír." dijo con una amplia sonrisa.

Entrecerré los ojos con sospecha. Algo estaba muy mal aquí.

"Salud." dije y volví a chocar mi copa con la suya. Y bebí la mitad del contenido de una vez. Ella también bebió de su copa y suspiró con satisfacción.

"Hace mucho que no bebía vino blanco." dijo con entusiasmo.

Tomó su cuchara y se puso a dar sorbos a su sopa. Sus ojos se abrieron de la impresión y siguió comiendo con más entusiasmo. Reprimí una risa y me erguí. Era tan divertido ver sus expresiones tan claras.

"¡Está buenísimo!" exclamó

"Sólo calidad para nosotros, tesoro." dije riendo.

"La cena que hice el año pasado, para esta misma fecha, no se compara con este restaurante. El plato principal de guiso de carne de ciervo se me pasó un poco de cocción esa vez." concluyó avergonzada.

"Has mejorado mucho este año en la cocina, es cierto." dije agarrando mi cuchara "Pero me pareció apropiado salir a comer para la ocasión. Si gustas, podríamos hacer de este restaurant una tradición anual."

Ella se rio y asintió.

"Suena a que estaré acompañándolo durante mucho tiempo." dijo.

"Oh, no podrás deshacerte de mí tan fácilmente, dulzura." le dije con malicia.

Ella se sonrojó y, rápidamente, siguió bebiendo de su sopa.

Acabamos la entrada rápidamente. El mesero volvió poco después a retirar los platos vacíos, para reemplazarlos por el plato principal que cada uno había pedido. Eran platos bastante grandes y generosos en porciones.

"¡No recordaba que fueran tan grandes!" dijo Charlotte con entusiasmo.

Comenzamos a comer de inmediato. Debo admitir que por el aspecto del plato de Charlotte y lo mucho que parecía disfrutarlo, consideraría pedirlo para una próxima oportunidad.

"¡Esto está buenísimo!" dijo mientras le ponía limón a una de las gambas "Cuando venía de pequeña solía comer sólo patatas fritas, y luego beignes con helado de postre. Siento que me perdí de mucho."

"Es fácil imaginar a una pequeña Charlotte frente a una copa de helado." dije riéndome.

"Oh, hay una foto de eso en..." dijo quedando a media frase.

"¿Charlotte?" dije extrañado.

"Hay una foto. Hay una foto colgada en este restaurante." dijo abriendo mucho los ojos y su mirada se dirigió a una pared del fondo llena de fotografías enmarcadas.

Charlotte se puso de pie de un salto y corrió, con la vista fija a esa pared. Decidí seguirla. Llegué a ella cuando estaba inspeccionando cada cuadro con apremio, mientras murmuraba para sí misma. Entonces, casi en el la esquina inferior derecha, Charlotte se detuvo.

"La encontré." dijo conmocionada. Sacó la fotografía de la pared y la miró de cerca "De verdad sigue aquí."

Se giró hacia mí con una mirada llena de nostalgia y me la pasó. Era una fotografía apenas más grande que mi mano, donde se veían tres personas sentadas en una de las mesas el restaurant. Estaban el padre, un hombre de cabello claro y una gran sonrisa, una elegante y alta mujer que sonreía con distinción y justo en el centro, había una pequeña niña rubia de enormes ojos con la cara manchada de, lo que parecía ser, helado de chocolate. Era un recuerdo de la familia Magne. Un pequeño pedazo de historia rescatado en papel, que ahora existía sólo en las memorias de Charlotte y cuyo cristal estaba cubierto de polvo en esta vieja pared.

"No has cambiado mucho." le dije, poniendo atención a la mini Charlotte en la fotografía. Su mirada llena de entusiasmo se conservaba intacta.

Ella me sonrió.

"Ese fue el día que cumplí once años." dijo mirando la foto "Papá había pedido tanto helado para mí que terminé enferma del estómago por dos días."

"Encantador." dije resoplando.

"Papá trajo a un fotógrafo para sacarnos esta foto ese día." continuó "Pero cuando el señor Pentious nos vio, pidió una copia para colgarla en la pared. Decía que una familia tan especial y sofisticada como la nuestra, disfrutando de su restaurant merecía estar exhibida en el restaurant."

"¿Todas las fotografías de tu familia se las llevaron tus tíos con todo lo demás a Francia?"

"Sí." dijo ella con una sonrisa triste.

"Mh..." musité mirando alrededor. Luego, guardé la fotografía dentro de mi saco.

Charlotte me miró escandalizada.

"¡Señor Alastor!" susurró en pánico.

"¿Sí, querida?" dije mirándola con una sonrisa dentada.

"¡No puede hacer eso!"

"No sé de qué me estás hablando, tesoro." dije, elevando una ceja "Sólo estoy haciéndole un favor a cierta dama que estaría muy feliz de conservar este recuerdo, y aunque desea tomar esta foto, no es capaz de hurtarla por sí misma."

Luego de salir de su sorpresa inicial, me sonrió suavemente, visiblemente conmovida.

"Volvamos a la mesa." le dije encaminándome "La comida se va a enfriar." Y ella me siguió.

El resto de la cena continuó entre risas y pequeñas anécdotas de la vida temprana de Charlotte. Me mencionó que en una ocasión había tomado el sombrero favorito de su padre antes de una fiesta y le había pegado una pequeña manzana de porcelana en el lazo. Durante todo el día él usó el sombrero sin darse cuenta del cambio y sólo lo notó cuando su esposa se lo mencionó. Pero él no se molestó con Charlotte, sino que la tomó en brazos y la felicitó por su sentido del gusto. Eso enterneció a los otros asistentes de la fiesta, por lo que se ganó el apodo de "Apple daddy" en la comunidad, desde entonces.

Me alegró haber encontrado la foto de los padres de Charlotte. De alguna forma, había sido un bálsamo para su apabullado corazón y había podido instarla a poder hablar del tema sin llorar. El ambiente estaba cargado del suave jazz de la banda y la dulce voz de Charlotte. Sentí que el inútil de Pentious había hecho algo bien por una vez.

El mesero volvió nuevamente, y esta vez con un carrito de postres. Charlotte pidió los beignes sin dudarlo, mientras yo sólo pedí una taza de café sin azúcar. Luego de retirar los platos sucios, se marchó.

Miré a Charlotte. Ella estaba disfrutando de su postre con entusiasmo. Casi como un deja vú, sus mejillas quedaron llenas del azúcar del bizcocho. Me incliné hacia ella, estiré mi mano hasta su mejilla y le quité el excedente de azúcar con el pulgar. Ella me miró con la boca entreabierta y el calor de su mejilla invadió mi mano. Yo sólo sonreí.

"Tenías restos del beigne, tesoro." dije con simpleza.

Ella me miró e iba a decirme algo, pero fue interrumpida.

"¡¿Dónde está la fotografía de los Magne?!" escuchamos cerca de nosotros a una voz masculina llena de pánico.

"¡Le prometo que hoy estaba aquí, sir Pentious!" le decía un hombre pequeño y calvo, con desesperación "¡Nadie ha cambiado nada!"

Charlotte se giró a mí y me miró con los ojos cargados de culpa. Apretó los labios y se encogió en su asiento. Yo no perdí la calma y sólo puse mi índice entre mis labios, indicándole que no dijera nada. Pentious miró a los alrededores con desesperación entre los clientes que estaban sentados cerca de él y su mirada quedó fija en nosotros. Puse los ojos en blanco cuando lo vi venir hacia nosotros por mi vista periférica.

"¡Bien, bien, bien! ¡Si no es más ni menos que Alastor!" dijo con una sonrisa triunfal "Nos volvemos a encontrar."

"¿Te conozco?" le dije mirándolo y sonriendo con malicia.

Pareció decepcionado por mi comentario, a juzgar por su expresión. Luego se recargó sobre la mesa y me encaró.

"¡Oh, sí que me conoces!" dijo molesto "¡Cómo pudiste olvidarte de uno de los patrocinadores de tu radio!"

Me reí con fuerza.

"Tranquilo, Pentious, sólo estoy bromeando." dije restándole importancia.

"¿De verdad?" dijo cambiando su expresión a estar completamente conmovido "Sabía que no podrías olvidarte de tu buen amigo."

Decir que él era "mi amigo" era estirar demasiado la realidad hasta el punto de la fractura. Pero decidí dejarlo pasar por esta vez. Pentious era un hombre delgado y alto. De largo cabello liso y negro que dejaba suelto y parecía tener una forma definida y rígida. Tenía un par de sobresalientes colmillos que le hacías sisear las letras 's', 'c' y 'z', cual serpiente bípeda en un smocking rayado. Llevaba un enorme sombrero de copa y esperaba que todos sus empleados le llamaran "sir Pentious".

"Entonces... ¿Ha ocurrido algún hurto, según escuché?" dije con naturalidad. Charlotte seguía bajando cada vez más en su asiento, para esconderse bajo la mesa.

"¡Oh, sí!" gritó Pentious "¡Alguien ha tomado la única fotografía de Apple Daddy Magne y su familia que tenía en esa pared!"

"La verdad no sabríamos cómo ayudarte." dije tranquilamente y miré a Charlotte "¿Querida mía, sabes algo de esto?"

Ella se enderezó de golpe en su asiento y negó con la cabeza con fuerza.

"¡Oh, es una lástima!" dijo él en un lamento y luego miró a Charlotte con detalle. "Un momento... ¡No puede ser! ¡Eres tú!"

Charlotte abrió los ojos con horror.

"¡Alastor está saliendo con una chica!" dijo con el entusiasmo de una quinceañera en su cumpleaños "¡Oh, es un placer conocerte, lindura! ¡Hace años que no traías a alguien a comer aquí!"

Charlotte no supo que decir y luego me miró, ladeando la cabeza.

"Una vez traje a Mimzy para cerrar el trato de mi porcentaje de inversionista del club." expliqué.

"Aun no entiendo cómo consideraste mejor invertir en su local que en el mío, Alastor." dijo él, con aire herido.

"La lujuria y la vida simple es algo que prolifera más que el buen gusto por la comida, Pentious." dije mirándolo de reojo.

La rivalidad entre Mimzy y Pentious era bien conocida. Ambos ofrecían diferentes tipos de entretenimiento. Pero había optado por el de Mimzy porque el aburrimiento puede más que el hambre por la cocina fina.

"Oh, sí. Su local es tan vulgar. Recuerdo que el día que trajiste a Mimzy terminó tan ebria que se quedó dormida sobre la mesa." dijo Pentious de manera despectiva y luego miró a Charlotte "Pero tú pareces una buena chica."

Charlotte le sonrió con nerviosismo.

"Entonces... ¿Por qué estabas buscando una fotografía?" dije casualmente.

"¡Oh, es cierto!" gritó nuevamente en pánico "¡Necesitaba esa fotografía! ¡Era para darle una grata sorpresa para él cuando viniera a comer!"

"¿Una sorpresa para quién?" dijo Charlotte frunciendo el entrecejo.

"Para el hermano mayor de Apple Daddy Magne." dijo Pentious, persignándose "El señor Miguel Magne viene de visita a New Orleans desde Francia."