"Ya casi son las cinco de la tarde en punto y seguimos con la buena música. Esto es 'Memories of you'." dije al micrófono, animadamente.
Di la señal y desde la cabina comenzaron a reproducir la canción. Me recliné en el asiento para escuchar mejor con mis auriculares.
Me puse a pensar en Charlotte y en la noche anterior. Tal como dos noches atrás, ella volvió a caminar dormida por la casa. Sus pasos crujiendo en la madera del pasillo me hicieron despertarme otra vez. Fue entonces que la vi andando cuando me asomé desde mi habitación. Ella nuevamente estaba en camisón y su mirada perdida en el espacio, en un claro signo de su condición de sonámbula. Sólo que, esta vez, yo la había seguido lo suficiente para poder ver a dónde se dirigía.
Pero cuando Charlotte llegó al vestíbulo y abrió la puerta principal, la detuve. Y al igual que la vez anterior, cuando me puse frente a ella y la moví un poco, se desplomó sobre mí y tuve que agarrarla con fuerza para que no cayera al piso. Ella temblaba con violencia. Su tacto estaba demasiado frío para la temperatura de la casa, y a diferencia de la vez anterior, ella no fue capaz de hablar si quiera.
En ese momento, tomé a Charlotte en mis brazos y la llevé a su habitación. La tapé con más frazadas y encendí la luz para espantar el frío. Susurré por lo bajo un mantra de calor y la observé hasta que se quedó dormida.
No pude evitar notar que la chaqueta ensangrentada que le había pedido tirar, estaba en su cama. Había estado durmiendo con esa vieja chaqueta. Creo que mi sonrisa se ensanchó aún más al descubrirlo. La dulce Charlotte tenía secretos bastante interesantes.
Esa misma mañana la había dejado dormir un poco más. Me preparé mi desayuno con rapidez. Sólo cuando ya estaba listo para salir, la escuché bajando a todo lo que daban sus pies.
"¡Señor Alastor! ¡Lo siento tanto...!" me había dicho atropelladamente, aún despeinada y amarrando el cinturón en su bata "¡El desayuno! ¡El de...!"
Levanté una mano para detenerla, con tranquilidad.
"Calma, tesoro." le había dicho "Fui yo quien sacó el despertador de tu habitación. Me pareció que necesitabas descansar un poco más. ¡Ni siquiera notaste todo el ruido que hice cuando arrastré el ciervo muerto hasta el sótano hace poco!" y me reí.
Le acaricié la cabeza con unos suaves golpes cuando me acerqué a ella.
Ella seguía con la respiración agitada. Me miró con ojos confundidos.
"Pero..." intentó decir.
"Hay café recién hecho si gustas un poco." la interrumpí.
Me dirigí a la salida y me giré para mirarla.
"Tómatelo con calma hoy."
"¿No irá con chaqueta a trabajar?" dijo horrorizada.
"Mi chaqueta se quedó en el local de Rosie junto con todo lo demás que traía antes de ponerme el traje nuevo. Pasaré a buscarlo todo antes de llegar a la estación. Después del trabajo, pasaré al local de Mimzy a coordinar el transporte del piano, pero llegaré a cenar a la hora puntual."
"Señor Alastor." dijo firmemente.
"¿Sí, querida?" dije.
"Tenga." dijo y me entregó el pañuelo blanco. Uno de los suyos. "Es en reemplazo del pañuelo que me dio usted ayer." me mostró el pañuelo que yo le había dado el día anterior después de la pelea "Este quedó todo sucio con mi sangre seca y mis lágrimas y anoche no lo dejé remojando. Dudo que quiera conservarlo."
"Dame ese también, cariño." dije, arrebatándolo de sus manos y guardándolo en el bolsillo de mi camisa, junto al blanco.
Ella me miró con sorpresa.
"Pero está todo maltrecho..." dijo ella.
"Y yo quiero conservarlo." repuse, con calma.
Luego de un par de segundos sin saber qué decir, ella sonrió.
"Que tenga un buen día, señor Alastor." me dijo con sinceridad.
"¡Para ti también, Charlotte! ¡Será un día espléndido!" aseguré "Nos vemos en la tarde." le dije y me fui.
Ese extraño sonambulismo de Charlotte era todo un enigma. Sospechaba de la potencial causa de todo esto, pero necesitaba pruebas antes de hacer cualquier movimiento.
Waking skies, at sunrise
Every sunset too Seems to be,
bringing me Memories of you
Here and there, every where
Scenes that we once knew And they all, just recall
Memories of you
(Oh) How I wish I could forget those,
(those) happy yesteryears
That have left a rosary of tears
Your face beams,in my dreams
(In) Spite of all (that) I do (And)
Everything seems to bring Memories of you
La canción terminó. La luz del letrero de "Al aire" se encendió nuevamente.
"¡Podemos seguir con la música todo el día!" dije cuando me dieron el pase "Pero es hora de saludar a nuestro querido patrocinador el gran Antoine's restaurant, ubicado en el 713 rue St. Louis. Recuerden pedir sus reservaciones con anticipación. Como recomendación personal les diré que prueben el étouffée. ¡Fui a comer ahí anoche y fue fantástico!"
Sonaron aplausos grabados.
"Son oficialmente las cinco de la tarde, y despedimos el segmento de Radio demon con una solicitud personal. Una de mis canciones favoritas: 'I'll do my best to make you happy' de Ray Noble, para acompañar a esta agradable tarde de martes." dije recargándome en la mesa "Esto ha sido todo por hoy. Hasta mañana, queridos radioescuchas." me acerqué al micrófono y dije de forma casi susurrante "Ahora: manténganse sintonizados."
El letrero luminoso se apagó, indicándome que había salido del aire.
El comercial del Antoine's restaurant comenzó a reproducirse, me quité los auriculares y me puse de pie. Salí de la cabina de locución, para hacer el cambio de turno de la tarde. Marqué mi tarjeta de asistencia en la máquina, me puse mi chaqueta y el bolso. Me despedí de los trabajadores del lugar con un gesto y me fui.
Sonreí al ver el cielo completamente naranja. El sol ya se estaba ocultando a esa hora. Los faroles de la calle ya estaban encendidos. Algo normal en los últimos días de enero. Todo por el acortamiento de los días producido por estar en pleno invierno.
Me dirigí, rápidamente, a subirme al tranvía en dirección al local de Mimzy. El tema del piano había quedado pendiente, así que era mejor zanjarlo de inmediato. En las radios encendidas de las casas que habían estado sintonizando mi programa, proyectaban en coro por la calle 'I'll do my best to make you happy'. Esa melodía me acompañó en todo mi trayecto para al tranvía.
I'll do my best to make you happy
To help you see the brighter side
So long as I can make you happy
I'll be satisfied
I'll do my best to make life worthwhile
Whatever fortune may betide
So long as I can make you happy I'll be satisfied
So make the most of fun and laughter
That's what I always say
Why count the cost of what comes after
Don't meet your troubles, don't meet them halfway
I'll do my best to make you happy
Your friend, your counsel and guide
So long as I can make you happy
I'll be satisfied
Llegué a Mimzy's Palace sin inconvenientes. La gente que aún podía permitirse gastar en diversión ya estaba ahí, usando las mejores parafernalias que tenían. Todo era risas en el lugar. La música fuerte de la banda de turno y el potente aroma a tabaco y alcohol del ambiente eran sofocante. La gente llevaba collares de cuentas y antifaces, que eran entregados por los trabajadores en la entrada del club. No acepté los collares, pero el antifaz me pareció atractivo y lo guardé. No parecía que hasta hace poco se había celebrado navidad y año nuevo. El ritmo vertiginoso de esta ciudad tomaba daba uso de la festividad de turno, para pensar de inmediato en la siguiente; en este caso el Mardi gras que se celebraría en una semana más.
Me acerqué a la barra, donde Husk estaba dormitando, apoyado en un brazo y en su cuello colgaban algunos collares de cuentas. Me senté en uno de los taburetes vacíos y me reí por lo bajo al ver que no se inmutaba.
"¿Durmiendo en horario laboral?" le dije, entrecerrando los ojos con diversión "Será mejor que Vaggie no te vea o le dirá a Mimzy y te echará a la calle, mi estimado Husk."
Medio adormilado me miró y gruñó.
"Otra vez aquí." dijo y bostezó "¿Qué tal estuvo la cena con mi dinero, pedazo de mierda?" concluyó frunciendo el ceño y apoyando los brazos en la barra para inclinarse hacia mí, intentando parecer amenazante.
"¡Oh, estuvo fabulosa!" exclamé abrazándolo por los hombros "Agradezco tu gentil patrocinio nuevamente, mi amigo. Charlotte y yo quedamos muy satisfechos con la comida."
"¡Cállate!" me gritó, apartándose de mí de un empujón "¡Aún no sé cómo lo haces, Alastor! ¡Pero descubriré la forma en la que siempre ganas!"
Me reí entre dientes y me apoyé en la barra.
"Suenas como un mal perdedor, Husk." le dije con malicia "Pero puedo darte la oportunidad de ganar esta vez ¿Otra partida de póker? ¿Por nuestra amistad?"
Lo vi dudar un momento, pero terminó golpeando la barra con los puños y negando con la cabeza.
"¡NO! ¡No volveré a caer en tus trucos!" me dijo con un dedo amenazante.
"Tú te lo pierdes." dije con simpleza "Por cierto, ¿estará Mimzy hoy?"
"Está en su despacho." gruñó.
"Magnífico." dije y me puse de pie. "Si me necesitas estaré resolviendo asuntos pendientes."
"No necesito nada ti." espetó "Pero al menos sé que ella estará de buen humor el resto del día. No traes a tu pequeña sirvienta el día de hoy."
Entrecerré los ojos y me giré hacia él.
"¿A qué viene ese comentario?" dije lo más naturalmente posible.
"¡Cuando se fueron ayer estuvo de un ánimo de perros!" dijo mientras destapaba una botella de alcohol barato. "No dejó de quejarse de que por qué le habías regalado un vestido y la llevaste a cenar. Todo fue un 'Alastor la conciente demasiado', 'Ali-Al debería ponerla en su lugar', 'Cuando me case con Ali-poo ella se va a la calle'. ¡Luego se emborrachó y se quedó dormida sobre mi barra!"
Dio un trago a su botella y se limpió con el dorso de la mano.
"Si vas a casarte con Mimzy, te sugiero que antes te deshagas de tu sirvienta. Esas dos no van a funcionar bien juntas. Y de seguro que le hará la vida imposible a esa niña."
"¿Preocupado por la dulce Charlotte, Husk?" dije tratando de contener la risa.
"¡De ninguna forma!" gritó golpeando la botella en el mesón "¡Es sólo que no quiero escuchar a la señorita Mimzy quejándose todos los días por eso! ¡Cuando está ebria no deja de hablar y es jodidamente molesto! ¡En especial cuando tengo resaca!"
Lo miré de soslayo y luego me giré.
"Con tu permiso, amigo mío." le dije y me retiré hasta la parte trasera, donde se encontraba el despacho de Mimzy.
La puerta de la oficina de Mimzy tenía una mirilla a la altura de mi cintura. Golpeé rítmicamente. Esperé y el sonido de unos tacones corriendo llegaron a mí. La puerta se abrió de golpe.
"¡Al!" dijo Mimzy con una gran sonrisa. "¡Sabía que eras tú!"
"Buenas tardes, Mimzy." dije con una reverencia "Es un gusto verte."
"¡Pasa, por favor!" dijo haciéndose a un lado, permitiéndome el paso.
La oficina de Mimzy era, en muchos sentidos, poco convencional. Tenía unos enormes ventanales con cortinajes con diseño de rosas que iluminaba la habitación. Había una percha cargada de estolas de plumas y telas con brillantina. Un enorme sillón negro que estaba lleno de ropa amontonada. Posters de películas románticas y discos de vinil pegados en las paredes. Una enorme alfombra color vino, peluda y sucia por el uso. Un busto de yeso de una mujer que tenía un sombrero de copa con plumas de pavo real, con un elaborado antifaz dorado y muchos collares del festival de Mardi grass. En el escritorio de Mimzy, estaba lleno de papeles apilados, tazas de té vacías y maquillaje regados. Justo frente a él, había un enorme baúl rojo, viejo y gastado. En él guardaba toda clase de artilugios sexuales que ocupaban las empleadas con sus clientes.
"¿Qué te trae por aquí?" dijo corriendo a quitar la ropa del gran sillón, para hacernos espacio para sentarnos. "¿No traes puesto un antifaz? ¡Ya pronto comienza la temporada de mardi gras!"
"Vengo por algo puntual: a coordinar el traslado del piano." dije sin sentarme "De preferencia quisiera que me lo enviaras mañana. Charlotte puede recibirlo a cualquier hora, sin problema."
Su cara cayó en decepción.
"Claro. Puedo mandarlo mañana." dijo con un hilo de voz "¿Sólo viniste para eso?"
"Era un asunto pendiente, cariño. Ya zanjado, puedo retirarme tranquilo." dije tomando la manilla de la puerta.
"Oh, Al, apenas has salido del trabajo. Quédate un rato a divertirte." dijo recostándose boca abajo en el sofá y moviendo las piernas.
"Me gusta ser productivo." dije con simpleza. Miré los alrededores nuevamente "Por cierto... ¿Niffty tiene el día libre?"
"¡Ugh! No. Tiene un nuevo amante." dijo con fastidio poniéndose de pie "No sé cómo puede cambiar de amantes cada dos semanas... ¡y sin cobrarles! Si no fuera porque es tan buena en su trabajo, la habría despedido hace mucho por estas faltas sin previo aviso. Sin ella aquí un día y el aseo de este lugar es un desastre."
"Sus prioridades en la vida están bien establecidas." le dije, sacando una mota de polvo de mi brazo "Eso al menos hay que reconocerlo."
Los "días libres" de Niffty consistían en ausencias no programadas por largas sesiones de sexo con sus parejas de turno. La joven Niffty tenía un apetito carnal insano. Sus parejas terminaban agotadas a los pocos días y la abandonaban debido a la alta demanda de ella. Al parecer, su gran energía y la poca capacidad de seguirle el paso, significaba un insulto a su hombría. Pero eso no detenía a Niftty. Luego de sufrir un par de días, se buscaba otra "pareja de juegos" y así seguía su ciclo.
Mimzy se acercó a mí con las manos en la cintura.
"En cambio, yo soy una mujer a la antigua en ese sentido. Soy fiel a un solo hombre." dijo mientras me lanzaba un beso al aire.
Elevé una ceja y me incliné a su altura.
"Hay costumbres que son buenas de mantener, mi querida Mimzy." dije guiñándole un ojo.
Ella se rio, mientras se sonrojaba. De pronto, miró el reloj que colgaba de la pared.
"¡Qué barbaridad!" exclamó.
Se apresuró al tomar una de las estolas de plumas rosas del perchero, quitó el antifaz del busto de madera para ponérselo en la cara. Se miró rápidamente al espejo y luego fue corriendo a la puerta para abrirla.
"¡Ven, Al! ¡Es hora de mi acto!" gritó con entusiasmo.
La seguí afuera de su oficina. Cerró la puerta con seguro y me pidió que fuera la barra.
"¡Estoy segura de que va a encantarte mi show! ¡Y ponte el antifaz!" dijo con entusiasmo y se fue corriendo en dirección al backstage.
Rodé los ojos y volví a la barra. Husk estaba sirviendo un jarrón de cerveza a Angel Dust. El chico tenía un laborioso antifaz con brillantina y plumas moradas. Estaba con una expresión de fastidio y peleaba por limpiar una mancha en su traje rosa con una toalla húmeda.
"Aquí tienes." le gruñó el barman.
"¡Gracias, tesoro!" le dijo Angel coquetamente.
"¡Jódete!" espetó Husk.
"Sólo si tú me miras." dijo tomándolo de las mejillas y Husk lo rechazó de un empujón.
"¡Ya límpiate eso! ¡Y no andes manchando mi barra!" le gritó y tomó de su propia botella.
Me acerqué con curiosidad y fue entonces que pude verlo bien. Angel Dust tenía el inconfundible color de la sangre diluida en agua sobre la tela de su saco.
"¡Buenas tardes, señores!" dije apoyando mi brazo en la barra.
"Hola, aguafiestas." dije Angel Dust con una sonrisa divertida "¿Acaso cambiaste de opinión sobre mi propuesta de ayer?"
"Nunca en la vida, mi afeminado amigo." le dije entrecerrando los ojos.
"Meh. Está bien, de todas maneras, no estoy presentable para una sesión en estos momentos." dijo sin interés, mientras seguía intentando sacar la sangre de su chaqueta.
De pronto, Vaggie pasó junto a mí con un saco del mismo tono rosa en brazos. Ella me miró con sorpresa al notar mi presencia. También llevaba antifaz.
"Buenas tardes, señor." dijo algo confundida "¿Asuntos pendientes?"
"Saludos, querida. Vine para acordar el despacho del piano con Mimzy. Lo esperamos mañana en mi residencia." le dije.
"Ya veo. Espero que Charlotte le saque provecho." dijo, mientras miraba a los alrededores con esperanza.
"Ella no vino conmigo hoy." dije adivinando que la estaba buscando "Pero estoy segura de que ella lo apreciará mucho. No lo dudes." y ensanché más mi sonrisa.
Me miró con reservas y luego se giró a Angel.
"Aquí tienes, Angel." dijo la chica, entregándole la prenda "Dame tu saco antes de que se seque la sangre."
"¡Ugh! ¡Y lo peor es que estaba inspirado!" vociferó dramáticamente, mientras se quitaba la prenda manchada. "El sujeto casi estaba terminando, cuando de pronto ¡zas! ¡Me tose sangre encima! ¡Fue completamente asqueroso!"
"Una tragedia." dijo Vaggie poniendo los ojos en blanco.
Angel le arrojó su chaqueta sucia a la cara y ella se lo quitó molesta
"¡Angel, tienes que evitar hacer eso cuando te toca un acto! Nunca sabes cuánto puede prolongarse. Y estoy totalmente segura de que te habrías ido con él si no te hubiera pasado esto."
"Bieeeeeen." dijo Angel exasperado mientras se ponía el nuevo saco "Me remitiré a hacerlo hasta que termine mi último acto del día. Pero al menos pude sacarle algo a ese enfermo de mierda." Y mostró una billetera que tenía guardado en su bolsillo trasero.
Sacó unos billetes de la cartera y los guardó en el forro interno de su chaqueta. Luego sacó una identificación y elevó una ceja.
"Así que el escupe-sangre se llama Miguel Magne." dijo y se rio "Es un nombre grande para esa patética escoria que me deja con una buena mamada a medio camino. Espero que se esté muriendo en el baño."
"¿Miguel Magne? ¿Tu cliente era un Magne?" dijo Vaggie asombrada "¿De los dueños de la finca de algodón?"
"¿Y?" dijo Angel con desinterés.
"Espera, ¿no conoces a los Magne?" dijo Vaggie tomando la identificación "Has vivido en esta ciudad más que yo."
Angel elevó los hombros.
"¿El desalmado? ¿El hermano mayor de Apple Daddy Magne?"
"Meh. No me meto en política." dijo Angel cruzándose de brazos.
Vaggie suspiró exasperada.
"Hace años, Miguel Magne apareció en New Orleans." dijo Vaggie de modo lúgubre "Se dice que él era el hermano rezagado, el holgazán, el oportunista. Su vida siempre fue una constante de vicios sin fin. Siempre tuvo envidia del éxito de su hermano y cuando él y su esposa murieron, se hizo cargo de la finca de algodón de los Magne con mano dura. Abusó de su poder matando y violando mujeres que trabajaban en los plantíos y los amenazaba con dejarlos en la calle si decían algo. Se sospechaba que daba altos pagos a la policía para que las investigaciones por sus crímenes no llegaran a término. Él mantuvo a su sobrina, la heredera legítima de la herencia Magne en un aislamiento casi completo desde que quedó huérfana. Y se dice que el día en que él escapó a Francia, también dejó a su sobrina aquí sin mirar atrás. Con un hombre así no podemos inmiscuirnos, a menos que queramos condenar nuestras almas."
"¿Terminaste?" dijo Angel "Más parecía un moribundo en un traje caro. Espero que lo que tenga no sea contagioso." acotó entrando en pánico.
"¡Pues yo no confío en él! ¡Y no deberías ir a darle 'servicios' tampoco!" dijo Vaggie cruzándose de brazos.
"Oh, vamos, ¿confías en algún hombre? ¿Algún hombre? ¿Hombres?" dijo Angel con intensión de molestarla.
Vaggie sólo lo miró con fastidio y se sentó en un taburete.
"Ahora con Niffty con 'día libre' tendré que encargarme yo de esto." dijo ella tomando la chaqueta con sangre.
"Estás muy enterada sobre la casta de los Magne, querida." le dije.
"Mi padre trabajaba para la finca Magne." dijo en tono sombrío "Él me contó de por qué nunca debía acercarme a esa residencia por todo lo que hacía ese hombre. No era seguro para nadie."
"¿Puedo?" le dije estirando la mano para tomar la credencial.
Vaggie me la dio y procedí a examinarla a detalle la fotografía que estaba pegada. Ciertamente el parecido con Apple Daddy y con Charlotte era evidente hasta cierto punto. Largo cabello claro, ojos más agudos y menos cálidos que los de Charlotte. Lo único en lo que parecían completamente eran por las mejillas sonrosadas. Sus facciones eran más cuadradas y tenía largas patillas. Era bastante bien parecido para haber hecho todas las atrocidades de las que se le acusaba. Aunque podía dar fe de que toda fachada es bastante engañosa.
"¡Buenas tardes a todos!" escuchamos desde el escenario. Era Mimzy, quien se había puesto justo en el centro frente al micrófono "Espero que lo estén pasando muy bien."
Hubo un vitoreo general de los asistentes. Eso pareció darle más confianza a Mimzy y continuó. Guardé la credencial en mi bolsillo, sin que lo notaran.
"¡Bien! ¡Vamos a animarnos un poco más!" tronó los dedos y la banda comenzó a sonar "Esto va para un hombre especial para mí y él sabe quién es."
Otra ovación general. Mimzy cerró los ojos, tomó aire y comenzó a cantar.
I've got a man who's always late
Any time we have a date
But I love him
Yes, I love him
Movía las caderas y elevaba los brazos con desplante escénico.
I'm gonna walk up to his gate
See if I can get this thing straight
'Cause I want him
And I'm gonna have him
Say is you is, or is you ain't my baby
The way you're acting lately makes me doubt
Youse is still my baby, baby
It seems my flame in your heart's done gone out
A man is a creature
That has always been strange
Just when you're sure of one
You'll find he's gone and made a change
Now, is you is or is you ain't my baby
Maybe baby's found somebody new
Or is my baby still my baby true
De pronto escuché a alguien tosiendo poderosamente y pasando a toda velocidad junto a la barra. Era un hombre en un traje negro que parecía tener mucho apuro. Pequeñas gotas de sangre quedaban en el piso mientras avanzaba. Estaba completamente encorvado, pero su largo cabello rubio sobre su espalda lo delataba. Lo seguí con la vista hasta acercarse a la salida. Se detuvo a para recargarse en una pared para recuperar el aliento. Vi que un comensal se acercó a prestarle ayuda, pero el hombre lo empujó y siguió su camino a la salida.
Entrecerré los ojos. Interesante. Me puse de pie.
"Fue un placer pasar el rato con ustedes, pero debo irme." dije.
Se miraron confundidos.
"Ahm... ¿No terminarás de escuchar la canción primero?" dijo Angel apoyado en la barra.
"La señorita Mimzy está cantando con muchas ganas hoy." dijo Vaggie.
"Hay prioridades, querida. Con su permiso." dije y me fui.
Now, is you is or is you ain't my baby
Maybe baby's found somebody new
Or is my baby still my baby true
I guess my baby's found somebody new
And I'd better get right up and go out and find me somebody, too
I said I'm gonna find me somebody, too.
Llegué a la salida y el rastro de sangre que había en el piso me dio una buena idea de la dirección que había tomado. Apuré el paso y a pesar de que ya había oscurecido, pude reconocerlo a la distancia entre las personas que circulaban en la calle que iban camino a sus hogares.
Miguel Magne seguía con un andar errático y el sonido de algunas toses aisladas llegaban a mi oído. En medio del camino, me retiré los lentes y me puse el antifaz que me habían entregado en el club. La emoción conocida por la persecución de una cacería me invadió. Apreté la mano sobre mi bolso de piel. El filo de mi cuchillo me estaba gritando que quería ser utilizado. Mi ritmo cardiaco estaba aumentando por la anticipación y tragué el exceso de saliva que se acumulaba en la boca. Él se precipitó en un callejón y apuré el paso.
Cuidando de que nadie pudiera verme, me metí en el callejón también. Miguel Magne estaba en penumbras, pero podía verlo de pie, mirándome a los ojos. Se lo veía agitado por la caminata, pero su mirada era completamente hostil.
"Oye, pedazo de mierda, no creas que no noté que me seguías." dijo con voz ronca. Carraspeó y lanzó un escupitajo con sangre frente a él.
"Lamento incomodarlo, señor Magne." le dije con tranquilidad.
Se removió inquieto, con la boca entreabierta.
"¿Cómo sabes quién soy?" gruñó "¡¿Quién te lo dijo?!"
"Mi intención era, simplemente, cerciorarme de que me encontraba con una celebridad."
Sonrió con sorna.
"No soy célebre por razones que les gusten a todos." dijo "¿Qué quieres? ¿Dinero?"
"Oh, no, señor Magne, sé que usted no tiene un solo centavo." dije con simpleza.
Me trató de distinguir mejor en medio de la oscuridad del callejón.
"¿Nos conocemos?" dijo con sospecha.
"Tal vez." dije con las manos en mi espalda.
Miguel frunció el ceño y se puso en guardia, pero no se movió.
"Atrápalo." susurré.
Mi sombra se despegó de mis pies y llegó a él. El tipo se paralizó de inmediato. Sus extremidades quedaron estáticas en su lugar. Abrió los ojos por la sorpresa. Me acerqué a él con tranquilidad mientras lo observaba con un poco más de detalle. La foto de su identificación debió ser de varios años atrás, porque el paso del tiempo no había sido amable con él. Su barba encanecida y maltrecha le daba más edad de la que debería tener. Las enormes bolsas amoratadas en sus ojos, le daban un aire enfermizo, y su pálida piel había adquirido un tono grisáceo. Y aunque encorvado, conservaba su corpulenta figura. De su boca había restos de la sangre que había estado escupiendo poco antes.
Definitivamente, este era nada más el despojo del hombre que alguna vez fue.
"¿Quién mierda eres?" dijo respirando con dificultad "¿Eres 'El justiciero' del que todo el mundo está hablando? ¿Acaso planeas vengar a alguien que maté?"
"Me parece que no son apropiadas las presentaciones en esta situación." dije con tranquilidad y de mi saco saqué una aguja grande y sedal de caña de pescar "Si no te molesta, coseré tu boca para evitar los gritos. No me gusta la atención innecesaria cuando estoy trabajando."
Me acerqué a él con firme intención de insertarle la aguja en su piel.
"Liberi." musitó con voz ronca, de pronto.
Mi sombra se removió inquieta en sus pies y volvió a mí. Miguel pudo moverse otra vez y me miró, desafiante. Mi sonrisa vaciló un poco, ante la sorpresa. Me tomó de las solapas de mi traje y me golpeó contra la pared. Qué incómodo. Eso no lo vi venir. Sus ojos estaban desorbitados y su gesto era de una maníaca incredulidad.
"¡Impresionante!" dijo mientras escupía al hablar "¡Alguien más que usa magia negra en New Orleans! ¡Y usas tu sombra sin hechizos! ¡¿A cuánta gente has matado para llegar a eso, maldito?!"
Me concentré y ordené a mi sombra emerger como tentáculos en el piso para agarrarlo por la espalda y tirarlo lejos de mí. Una vez libre, me retiré unos pasos sin dejar de mirarlo, mientras me erguía.
"Liberi." dijo de nuevo. Pero esta vez, mi sombra le dio más trabajo del que esperaba. Aún seguía agarrado de ambas muñecas y arrodillado en el piso.
Limpié el polvo de mi traje con tranquilidad. Me miró, mientras jadeaba.
"¿De verdad piensas usar eso contra mí?" dijo divertido e incrédulo "Soy un Magne. Tengo más derecho que tú a usar la magia negra del grimorio."
Me reí.
"Tenemos el mismo derecho que cualquier mortal. Y según sé, usted tampoco es merecedor de usar el poder del grimorio en su totalidad, ¿no es así?" le dije con malicia.
Eso pareció desencajarlo.
"¡Umbra carcerem!" dijo él con firmeza.
Sombras de diferentes direcciones llegaron a mí. Reptaban por mi cuerpo como serpientes congeladas, y comenzaron a envolverme hasta dejarme paralizado.
"Liberi." dije casi con monotonía, antes de que llegaran a mi cuello.
Las sombras se dispersaron al instante y sentí la capacidad de moverme nuevamente.
"Impresionante, señor Magne. Aunque son hechizos bastante débiles, debo admitir. ¿Quizás ya no puede hacer sacrificios tan seguido y su poder se debilita?"
Parecía espantado.
"Es una lástima que no sea el heredero legítimo. ¿Tal vez... asesinar a Apple Daddy y a su esposa no salió como esperaba?"
"¡¿Quién mierda eres?! ¿Cómo puedes manejar hechizos de sombra?" exigió "¿Cómo conoces del grimorio de los Magne?"
"Lamento decirle que mis labios están sellados, señor." le dije entrecerrando los ojos.
Comenzó a toser sangre nuevamente. Me miró con dificultad y susurró apenas.
"No me gusta jugar con mis presas mucho tiempo. Así que acabemos esto de la forma más civilizada." dije "Y si no quiere que le cosa la boca, tengo otro método para asegurarme de que no grite."
Busqué en mi bolso y saqué mi cuchillo favorito de su funda. Lo empuñé firme y lo elevé con intenciones de clavárselo en el cuello.
"Umbra timens." dijo.
Lo sentí de inmediato. El completo terror. Un enorme perro de sombra se materializó justo detrás de Miguel Magne. Me paralicé de inmediato. Esa enorme criatura me llenaba de horrores que creía haber sepultado. Mis demonios tomando una forma física. En mis oídos escuchaba el nítido gruñido de un cánido, pero no venían del perro frente a mí. Era el repiqueteo del metal. Los gruñidos y los ladridos lejanos, provenientes de la jaula del enorme perro de mi padre. Esa maldita jaula con ese maldito perro en el cobertizo. Y esos tormentosos gritos que hacían llorar a mamá.
La mano que sostenía mi cuchillo tembló. Y lo siguiente que sentí fue las enormes patas del perro en mi pecho y mi cabeza golpeando contra el piso. Me miraba y parecía gruñir, sin emitir sonido alguno. Sus negros ojos sin vida, no me despegaban la vista. Me mostraba unos dientes grandes y afilados que amenazaban con llegar a mi cuello. De pronto, sentí sus frías garras incrustándose en mis hombros, desgarrando mi ropa hasta romper la carne. La sangre comenzó a salir de las heridas, manchando mi ropa.
Me temblaban las manos y el pánico me había enmudecido. Mantenía los labios apretados, para no gritar de miedo como un niño pequeño. El perro era sofocante y no cedía a quitar sus garras de mí.
Pero hubo un segundo. Un segundo que me separó de mi inevitable muerte. El perro miró mi pecho y se puso a olfatearlo con interés. Luego me miró confundido.
El perro dudó. Al cazar no había tiempo para dudas. Esa sola imagen, de ver a ese animal como una presa me hizo reaccionar por instinto.
Usé todas mis fuerzas e invoqué a mi sombra para que atravesara al perro como estalactitas. El animal de sombras quedó ensartado en el aire, con miles de agujas negras. Su boca estaba abierta, pareciendo emitir lamentos que no podía escuchar. Retiré mi sombra y el perro cayó al piso, sin moverse, más que por unos simples espasmos.
Me levanté de un salto, agarré mi cuchilla y comencé a apuñalarlo. No salpicaba sangre. Pero sí parecía que estaba sufriendo y era todo lo que quería.
Me sentía fuera de mí. Quería desmembrar a ese maldito perro. Cada fibra de mi ser quería destruirlo. Cada puñalada que daba era liberadora. Mi sonrisa se había ensanchado hasta el punto de dolerme las mejillas. Me sentía extasiado al destruir esa horrenda figura hecha de pesadillas. No había otra misión en el mundo más importante que darle fin.
Una última puñalada en el estómago del animal, con ambas manos apretadas en el mango del cuchillo, fue lo último que necesité.
Estaba jadeando, de rodillas en el piso. Estaba extasiado. Sentía una euforia triunfal al ver al perro inmóvil frente a mí. Luego de unos instantes, la criatura se desvaneció en el aire. No quedó nada, como si nunca hubiese existido. Mi cuchillo cedió por la falta de un cuerpo, hasta tocar el suelo.
Mi respiración estaba agitada. Sudaba frío. Miré a mi alrededor, pero ya no había nadie. Sin darme cuenta, Miguel Magne se había liberado de mi hechizo y se había ido.
Sentí un poderoso pitido en el oído. Comencé a perder nitidez en la visión.
Di unos pasos hacia atrás hasta toparme con la pared y me deslicé por ella hasta quedar sentado en el piso. Dejé que mi sangre saliera libremente desde mis heridas abiertas. Me llevé una mano a la cara y me quité el antifaz. Me apreté el puente de la nariz y cerré los ojos, tratando de serenarme.
Me sentí completamente bloqueado y descolocado como hacía muchos años no me pasaba. Me pareció haber visto un fantasma. Uno que había intentado sepultar por décadas y ahora volvía a atormentarme. Ni siquiera estaba seguro de sentir el dolor palpitante de mis hombros.
Quién sabe cuántas horas estuve en la misma posición, mirando el vacío. Sin importarme el frío ni el hambre. Suspiré. Me sentía removido hasta la médula, pero no podía permanecer ahí. Tenía que ir a casa a atender mis heridas.
Con la voluntad que me quedaba, me puse de pie. Volví a ponerme las gafas. Guardé mi cuchillo y mi set de costura del piso en mi bolso, y me tambaleé hasta la salida de la entrada del callejón. Sólo entonces pude ver el tumulto de personas que se aglomeraba a dos cuadras de mi posición. Calculé que todo era a las afueras del Mimzy's Palace. Podía ver patrullas de policía a los alrededores. No podía importarme menos.
Subí al tranvía, ignorando los murmullos preocupados de personas que veían la sangre en mis hombros. Casi como autómata, recorrí el camino a casa, sin estar del todo seguro de cómo me sentía. No podía sentir ni el frío del ambiente, ni el dolor de mis heridas.
Llegué a mi hogar y abrí la puerta de entrada. La radio estaba encendida y sonaba una suave melodía de jazz. Todo estaba a oscuras, excepto por la chimenea que se encontraba con un agradable fuego. En medio de la mesita junto a mi sofá, reposaba un florero con un ramo de narcisos. Y acurrucada en el sillón de dos cuerpos estaba Charlotte, abrazándose las piernas, con la frente apoyada en sus rodillas. Estaba en camisón y usaba un par de gruesos calcetines de lana. Elevé los ojos para mirar la hora en la pared. Eran las 1:24 am.
Me quité el bolso y la chaqueta, y los colgué en el perchero. Me senté en el sillón y toqué el hombro de Charlotte.
"¿Querida?" dije suavemente "¿No deberías estar en la cama a esta hora?"
Ella dio un respingo y levantó la cabeza de inmediato. Sus ojos me miraron con sorpresa. Podía notar que había estado llorando por lo hinchados que estaban.
"¿Señor Alastor?" dijo con un hilo de voz.
Antes de que pudiera evitarlo, ella se abalanzó sobre mí y me abrazó. Estaba temblando y comenzó a llorar.
"¡Qué alegría! ¡Está bien!" repetía ella, hundiendo su cara en mi pecho. "¡Está aquí!"
Supuse que después de todo lo que había acontecido ese día, esto no era tan desagradable. Lo que fuera que haya pasado, se necesitaba de una buena razón para que ella no me obedeciera. Dejé que se desahogara un poco antes de pedir una explicación.
"Ya, cariño, calma." le dije acariciando su cabello.
Ella gimoteó un poco más y luego me soltó.
"Lo siento tanto, señor." dijo con dificultad, secándose las lágrimas con la manga "Sé que no le gusta que lo toque, pero de verdad estaba muy angustiada..."
"Lo dejaré pasar por hoy." dije con simpleza.
Ella sonrió débilmente.
"¿Y por qué te preocupaste tanto? ¿Esperabas que estuviera muerto, cariño?" le dije en tono de broma.
"No quería creer que estuviera muerto." me dijo mirándome a los ojos.
Me sorprendió la convicción con lo que lo dijo.
"Estaba escuchando las noticias en la tarde y dijeron que encontraron a un hombre muerto en el baño del Mimzy's Palace hoy. La información no daba detalles, ni nombres y sabía que usted iría al club hoy." comenzó a gimotear de nuevo "Y lo esperé para cenar, pero no llegaba... y usted nunca llega tarde. Entonces... creí... creí que, tal vez..."
Un hombre muerto en el baño del club en horas de la tarde. Sólo entonces me di cuenta de qué había estado haciendo Miguel en el club. Él había matado a una persona. Y Angel casi fue su víctima esta tarde, si no fuera porque fue interrumpido. Realmente, podría llamarlo un desafortunado desacierto.
Miré nuevamente a Charlotte. Sentí una desagradable sensación al verla llorar, muy diferente del placer que me generaba ver el sufrimiento ajeno, en general. Algo se remeció en mí. Algo fastidioso que había estado tratando de ahogar con desesperación. Algo que se había colado sin permiso y se había asentado sólo para seguir creciendo. Pero echaba raíces cada vez más profundas a medida que intentaba quitarla. Algo que seguiré negando con todo mi ser.
Tal vez haya sido porque me sentía genuinamente agotado, porque la pelea de hoy dejó a mi cerebro aturdido o era algo que simplemente emergió en el momento menos indicado. Pero ver a Charlotte llorando me hizo actuar por instinto. Puse una mano en su nuca y la acerqué hasta apretar mis labios contra su frente.
De inmediato la sentí dejar de llorar. De hecho, no estaba seguro si seguía respirando. Empujé su cabeza hasta mi pecho y recargué mi mentón en su coronilla. Exhalé por la nariz.
"Es incómodo verte llorar, querida." dije, rascando suavemente su nuca con mis uñas "Por favor, no lo hagas."
Ella estaba quieta y en silencio. Podía sentir que se relajaba a medida que pasaban los minutos. Me sorprendí sintiéndome un poco más tranquilo, mientras acariciaba su cabello.
Pasados unos momentos, finalmente, ella levantó la cabeza y me miró. Sus mejillas estaban rojas y su mirada tenía una curiosa determinación. Iba a decirme algo. Pero al momento de notar la sangre en mis hombros se olvidó por completo de eso.
"¡Está herido!" exclamó horrorizada. "¡¿Qué le pasó?!"
"Oh, tuve un altercado con un enorme y asqueroso perro esta tarde." dije con simpleza "Te dije que me detestaban."
"Entonces, ¿por eso llegó tarde?" dijo poniéndose de pie "¡La sangre está muy seca! ¿Cuántas horas ha estado herido?"
"Unas seis horas." dije sin inmutarme.
Salió corriendo escaleras arriba. Unos momentos después, bajaba con el botiquín de la casa en mano, a toda velocidad. Se paró frente a mí y tomó una respiración profunda. Me miró con el rostro sonrojado, pero habló con autoridad.
"Por favor, señor Alastor. Quítese la camisa."
