Llegué a casa cerca de las diez de la noche, cargada de mi bolso y la enorme bolsa con ropa que me había dado Vaggie. De verdad no tenía ganas de ver al señor Alastor luego de estar casi toda la tarde escuchando el parloteo de la señorita Mimzy sobre el delicado encaje de su vestido a un muy desinteresado Husk. Pero hablaba lo suficientemente fuerte para que todo aquel que pasara no se perdiera detalles. Y hasta tenía la impresión de que elevaba el tono cuando me veía cerca.
Durante los ensayos, la actitud de la señorita Mimzy había sido completamente altiva conmigo, desde la noche en que el señor Alastor me había dicho que había aceptado su propuesta de matrimonio. Apenas estuvimos todos en el ensayo ese día, la señorita Mimzy nos llamó para comunicarnos sus "buenas nuevas". Su completa felicidad era palpable y la estaca en mi espíritu se acentuaba con más dolor.
Suspiré frente a la puerta de entrada. Era la primera vez que llegaba tan tarde del ensayo, y a pesar de haber dejado la cena hecha antes de irme, me daba una verdadera congoja haber dejado al señor Alastor cenando solo.
La casa estaba en penumbras cuando entré. Ya era hora de dormir para el señor Alastor, así que me alivió saber que no tendría que verlo hoy. Intentar concentrarme en los ensayos y en mi trabajo era lo único que me mantenía en pie desde que me había confirmado que él iba a contraer nupcias con la señorita Mimzy.
Los días que vinieron desde el anuncio fueron una horrible pesadilla.
Luego de que me confirmara su compromiso de la señorita Mimzy como algo oficial, de inmediato sentí el filo de sus palabras desgarrando mi pecho. Me dejó rota. Mi corazón, mis sueños y esperanzas se rompieron en un solo y fulminante segundo. No podía llorar. No podía gritar. No podía desahogar mi frustración. Fue como un golpe letal de la vida que me impidió reaccionar. Sus palabras fueron como una condena de muerte y yo no había cometido crimen alguno.
Él se me había quedado viendo, sin dejar de sonreír. Expectante a mi reacción. No sé qué esperaba de mí. ¿Una felicitación sincera? ¿Una recriminación? ¿Un ataque de ira y lágrimas? Pero lo que fuera que estuviera esperando, no llegó. Me quedé largo rato mirando la puerta de la habitación del señor Alastor, una vez él se fue a dormir.
Y desde ese día que no había vuelto a dirigirle la palabra al señor Alastor.
Los primeros dos días no distinguía el día de la noche. No hablaba. Me sentía muerta por dentro. Todo a mi alrededor eran sonidos ahogados. Hacía mi trabajo por inercia. Era como si toda la música y la felicidad hubiesen escapado de mi cuerpo. El señor Alastor ni siquiera hizo un esfuerzo por entablar conversación, como aquella vez que le rehuía cuando supe de su identidad como "El Justiciero". Sino que se iba sin desayunar en la mañana y por la tarde se sentaba junto a mí a la hora de la cena en completo silencio. Él daba las gracias por la comida y se iba a dormir. No había más risas. No había más canciones espontáneas. No había nada de lo que hace apenas unos días éramos juntos.
Yo tampoco podía llorar. Mi corazón estuvo demasiado aturdido como para hacer algo más. Sólo podía pensar en el señor Alastor y no quería. No podía recriminarle nada. No podía exigirle una razón por la que, de un momento a otro, se había comprometido con la señora Mimzy. ¿Acaso él no era feliz con mi compañía como lo había dicho y de lo que yo estaba completamente convencida? Él no me había dicho que me amaba. No me había dicho que íbamos a casarnos. Ni siquiera me había insinuado planes concretos. No había más que intimidad informal entre nosotros. Él seguía siendo mi jefe y yo su empleada. Pero había algo más en nuestras miradas y nuestro trato diario. Yo lo sabía. Yo lo sentía así. Nada formal. Una relación sin nombres. Sin nada más que esperanzas de mi iluso corazón. Y así yo era feliz.
Yo no quería verlo. Su presencia me dolía. Pero lo peor era que no podía evitarlo todo el tiempo. Debido a los ensayos, él estaba presente durante casi todo el tiempo en que yo estaba en el Mimzy's Palace. Tuve que aguantar las largas sesiones de ensayos con sus sonrisas a los parloteos de la señorita Mimzy.
En varias ocasiones Vaggie me había llamado la atención por mi distracción.
"¿Estás bien, Charlotte?" me dijo después de la cuarta vez que me olvidaba de la letra de la canción.
"Sí, sí... sólo estoy un poco distraída. No te preocupes." le había dicho.
"¿Tiene algo que ver con...?" dijo ella, dando una significativa mirada al señor Alastor y a la señora Mimzy.
Me los quedé mirando mientras, escuchaba a Mimzy reírse de forma estridente de un chiste del Señor Alastor. Bajé cabeza y me puse a revisar la hoja nuevamente.
"Estoy bien, Vaggie." dije "Sólo necesito ir a mojarme la cara.
"Oye, muñequita." escuché a alguien detrás de mí.
Era Angel Dust, quien se inclinaba hacia mí con curiosidad.
"No es que me incumba, pero en serio creí que las cosas iban en serio entre el señor sonrisas y tú." dijo, alzando una ceja.
"¡Angel!" le recriminó, Vaggie.
"¿Qué?" se defendió él "Es demasiado extraño que se viera tan cercano con esta chica y de pronto se comprometiera con otra. Aunque a mi favor, la señorita Mimzy no ha tenido ni una queja de Fat Nuggets desde hace días."
Se rió. Yo sólo bajé la cabeza, apenada. Creí ver a Angel cambiar a un semblante compasivo, intentó decirme algo, pero sólo se retiró en silencio.
Al día siguiente de ese ensayo, yo iba por el pasillo hacia al backstage, cuando, de pronto escuché un pequeño grito alterado. Me asomé a los camerinos y vi una extraña escena. Angel Dust estaba intentando llamar la atención de su pequeño cerdo, Fat Nuggets, que se estaba acercando al señor Alastor.
"Ven, ven aquí, Fat Nuggets." decía Angel con desesperación "Ven con papá."
"No, no, no. Ven aquí, pequeño, estoy seguro de que unas papas salteadas y algo de salsa picante te vendrían muy bien." le decía el señor Alastor, con malicia.
"¡No! ¡Ven aquí, bebé!" decía Angel, con una sonrisa nerviosa.
El pequeño cerdo pareció sopesarlo un instante, hasta que decidió acercarse al señor Alastor quien lo tomó entre sus manos y le sonrió ampliamente.
"¡Entrégamelo!" dijo Angel, fuera de sí.
"¿Oh? ¿Esta pequeña criatura te importa tanto?" dijo, alzando una ceja "Tarde o temprano alguien se lo comerá y como futuro propietario de este lugar, no sería una mala paga por todo lo que ha arruinado este regordete amigo en utilería. ¿O acaso deseas enfrentarte a los deseos de tu futuro jefe?"
Angel Dust, se agarró de los cabellos con desesperación y el señor Alastor se puso a reír con fuerza. Fue entonces que decidí intervenir.
"Devuélvaselo, por favor, señor Alastor." dije con severidad "Angel lo cuidará mejor de ahora en adelante. Fat Nuggets es muy importante para él."
Angel me miró con esperanzas y luego se arrodilló frente al señor Alastor.
"¡Sí, lo cuidaré mejor! ¡Sólo dámelo, por favor!" lloriqueaba Angel.
El señor Alastor me miró a los ojos. Podría jurar que se había sorprendido por mi intromisión, después de tantos días de silencio. Nos miramos unos momentos, con aire desafiante. Finalmente, él suspiró con fastidio.
"No tienes que molestarte, querida. Sólo era una broma." dijo, restándole importancia.
Entonces, él le extendió a Angel Dust el pequeño cerdo, quien lo abrazó y besó como una madre a su bebé perdido.
"¡Oh, mi pequeño y gordo travieso! ¡No vuelvas a asustarme así!" dijo dramáticamente.
Fat nuggets gruñó tiernamente. Angel me miró con una pequeña sonrisa, tomó una de mis mejillas entre sus largos dedos y la apretó.
"Gracias, muñequita, te debo una." dijo guiñándome un ojo. Y se alejó cuanto antes con el pequeño cerdo en sus brazos.
Mantuve la vista en el punto en el que se había perdido, sólo para no tener que mirar de nuevo a mi jefe. Él carraspeó, tratando de llamar mi atención.
"Es agradable escuchar tu voz después de tantos días, cariño." me dijo.
Crispé mi cara ligeramente.
"Si me disculpa, voy tarde al ensayo." dije, sin mirarlo.
Antes de darle la oportunidad de decir algo más, con paso firme, salí de los vestidores y me dirigí al escenario.
Era extraño cómo me sentía. Mi tristeza inicial por verlo con otra mujer había menguado y la ira que sentía me había impulsado a sacar la voz justo hacía unos momentos. El señor Alastor, dando alardes de los nuevos atributos que tenía por ser el prometido de la dueña, era realmente fastidioso. Siempre le gustaba restregar los privilegios que tenía a los demás, pero que lo utilizara como amenaza de convertir a Fat Nuggets en su cena, me pareció abusivo.
Tomé varias respiraciones en el trayecto al escenario. Debía calmarme.
Me mantuve concentrada cuanto pude en la letra y en cualquier otra cosa que no fuera el señor Alastor. Él se había presentado a ver los ensayos del elenco, mientras era colmado por las atenciones de Mimzy. Parecía bastante divertido al verla criticar a sus empleados en medio de sus actos y obligándolos a repetir hasta que saliera bien. Con Angel tuvo una pelea sobre la peluca rubia que llevaría, porque no le permitía ver bien, pero él insistía en que sus fans adoraban esa peluca.
Cuando fue mi turno, me puse nerviosa en medio del escenario.
"Bien, Charlotte, ¿qué propuesta tienes?" dijo Vaggie, amablemente.
Las risotadas de la señora Mimzy ante un comentario del señor Alastor me distrajo por un momento.
"Uhm... Pensaba en usar la misma canción que usé en la audición." dije, insegura, tocando mi antebrazo.
"Oh, pero este tiene que ser un show en solitario." dijo, de pronto, Mimzy.
Ella me miraba con sus grandes ojos y una sonrisa que distaba de ser amistosa.
"Te recuerdo que no puedes tener una interpretación con un asistente. El interludio musical sin voz es demasiado largo, así que te sugiero una canción más corta." añadió.
"Oh." dije, incómoda.
"¡Pero puedes cantar tu canción!" dijo el señor Alastor, en voz alta.
Lo miré, nerviosa y enojada. Él tenía un semblante de tranquilidad y soberbia.
"No, señor. No es conveniente enseñar una melodía nueva en un escenario tan concurrido." dije, neutral.
"¡Tonterías!" exclamó, metiendo una mano a su saco "Estoy seguro de que lo que tú has escrito aquí tiene todo lo para ser un éxito."
El pánico me hizo reaccionar al instante de ver mi cuaderno en manos del señor Alastor.
"¿Cómo obtuvo eso?" dije, indignada.
"Estaba sobre la mesa del bar, querida. Si no quieres que tu privacidad sea expuesta, deberías ser más meticulosa al ocultarlas." dijo él, con simpleza.
Me bajé del escenario, y fui directamente hacia él. Intenté agarrar mi cuaderno, pero él era mucho más alto que yo y lo dejaba fuera de mi alcance con facilidad.
"Te lo devolveré, bajo la condición de que cantes tu canción." dijo, con una sonrisa de suficiencia.
Los colores se me fueron de la cara y un sudor frío me recorrió la espalda.
"¿Cantar mi canción aquí? Oh, no, no, no, no. NO." exclamé, tajante.
"¡Cuánta modestia, querida!" me interrumpió Alastor.
Comenzó a arrastrarme por la espalda hasta dejarme junto al piano.
"Estoy seguro de que estará perfecta. Si le has puesto toda tu pasión en ella, no tengo dudas de que será brillante."
Su eterna sonrisa y la amenaza de mi cuaderno, hizo flaquear mi alegato. Miré a mi alrededor y al ver el interés de todos los presentes, me vi atrapada en su solicitud. Suspiré con pesar.
"Pero si insiste, supongo que..." dije en voz baja.
"¡Estupendo!" gritó él, extendiendo los brazos "Estoy ansioso por oírla."
Me entregó mi cuaderno. Lo miré con molestia antes de suspirar, pesadamente. Busqué la partitura que hace tanto tiempo tenía, pero no había podido agregarle letra hasta ese mismo día. Me acomodé en el asiento del piano. Respiré profundamente y di una última mirada al señor Alastor. Él me asintió con confianza.
Oh, cielos. Rogaba que no la entendiera.
Una dulce y melancólica melodía salió del piano. Estaba nerviosa, pero junté todo el valor que quedaba en mí para empezar que cantar.
I sense there's something in the wind
That feels like tragedy's at hand
And though I'd like to stand by him
Can't shake this feeling that I have
The worst is just around the bend
And does he notice my feelings for him?
And will he see how much he means to me?
I think it's not to be
Miré a mi público. El señor Alastor me miraba expectante. Vaggie sonreía ampliamente y Angel elevó una ceja con interés. Sólo Mimzy mantenía una expresión neutral.
Tomé aire para la siguiente estrofa con más confianza.
Under a tree at quarter three,
I had some hope in me
But life was taken from me,
but I did not feel peace
I made a vow within my gown
that love will come to me
but then he came and suddenIy had been found
I adore him
El señor Alastor se acercó y apoyó su codo en la cabecera del piano mientras me observaba. Bajé la mirada y seguí cantando, inspirada.
What will become of my dear friend
Where will his actions lead us then?
Although I'd like to join the crowd
In their enthusiastic cloud
Try as I may, it doesn't last...
Elevé los ojos y nos miramos. Todo el dolor y la tristeza que había experimentado por él se había convertido en enojo. Una furia alimentada por cómo me había hecho sentir ese hombre, me dio ánimos. No dejé de cantar.
What is this? a painful twist?
is this a bitter kiss?
There's so much life left in his eyes,
it should not end like this
My dreams were slain,
my face was stained with memories of my pain
But peace still came, I'll give him the same,
and I will be okay
Bajé la vista lentamente y cerré los ojos.
And will we ever end up together?
No, I think not, it's never to become
For I am not the one
Di las últimas teclas de la melodía y dejé de tocar. Todos los presentes comenzaron a aplaudir, algunos con más entusiasmo que otros. Me puse de pie y tomé mi cuaderno.
"¡Qué preciosa melodía!" dijo Vaggie, con entusiasmo "¡De verdad eres muy talentosa!"
"Eres todo un show bajo esa melena rubia, niña." dijo Angel, pellizcando mis mejillas. "Definitivamente sería un desperdicio no apoyar ese potencial. Serás la segunda mejor de este lugar, en poco tiempo. Después de mí, claro."
Fat Nuggets saltó desde su regazo a mis brazos, y me miró con sus grandes ojos tiernos. Le devolví una media sonrisa. Me giré al señor Alastor, quien continuaba de pie junto al piano.
"Esa es mi canción, señor Alastor." dije con seriedad "¿Qué le pareció?"
"Magnífico, como esperaba, cariño." dijo, elevando los hombros "Es evidente que todo mensaje suena mejor con música."
Fruncí el entrecejo, contrariada, y le entregué a Fat Nuggets a Angel.
"Es una encantadora canción." dijo la señorita Mimzy, de pronto "¿Está inspirada en alguna experiencia personal?"
Me tensé.
"No. Sólo pura, simple y loca imaginación." dije neutral.
Me puse mi abrigo.
"Lo lamento, pero ya me tengo que ir. Aún me falta preparar la cena." dije, tomando mi bolso.
El señor Alastor se acercó a mí y me sonrió.
"Ciertamente, ha sido un agradable ensayo, pero ya es hora de retirarnos." dijo él.
"No tiene que venir conmigo. Puedo cuidarme sola." le rebatí sin mirarlo.
"Oh, claro que no puedo dejarte sola, querida. Esta ciudad es muy peligrosa para una joven como tú." dijo, ladeando la cabeza.
"¿Ya te vas tan pronto?" dijo Mimzy con evidente molestia "Oh, vamos, quédate otro rato. El whisky va por cuenta de la casa."
"Suena tentador, pero se hace tarde y mañana se madruga." dijo elevando su mano "¿No es así, querida?" me dijo ofreciéndome mi brazo.
"Buenas noches a todos." dije a los presentes.
Yo pasé de largo, ignorando su ofrecimiento. Sentí las miradas de todos en mi nuca, cuando salí por la puerta principal.
No quería verme grosera, pero de verdad ya no quería estar en mi refugio personal con él a mi alrededor. Todo de él me molestaba. Saberlo tan tranquilo, petulante y, casi, irónico ante mí, sabiendo claramente por qué no le hablaba, y aun así mantenía un aire inocente. ¿Esperaba acaso que las cosas se mantuvieran como todos los días?
Desde ese día comencé a evitarlo con más ahínco. Desistí de las clases de magia hasta que terminara la temporada de Mardi gras, a lo que él no insistió. Pero yo practicaba en mis ratos libres en mi habitación. Me quedaba más rato en los ensayos, a propósito, o simplemente ya no cenaba con él. Comía antes y me retiraba a mi habitación antes que él llegara del trabajo.
Todo era doloroso en exceso y ya me estaba cansando de sentirme así.
Cerré la puerta de la entrada. Dejé la bolsa con el vestido en el suelo mientas me quité mi abrigo y lo colgué en el perchero. Francamente no tenía apetito, así que intenté llegar a la cocina para lavar los trastes sucios que él había dejado, sin hacer ruido. Luego me iría directamente a dormir.
Pero un interruptor, seguido de la tenue luz de la lámpara de lectura del salón me hicieron sobresaltar a medio camino.
Me asomé al salón y vi al señor Alastor sentado en su sofá, con una pierna cruzada, escudriñándome con la mirada y un vaso de whisky en la mano. Su sonrisa tenía un extraño aire de malicia que me erizaron los pelos de la nuca.
"Buenas noches, Charlotte." dijo con una nota de diversión en su voz. "Me alegro que llegaras bien a casa. Estaba a punto de mandar a mi sombra a buscarte."
"Señor Alastor, buenas noches." dije lo más inexpresiva posible "Lamento la tardanza. Tuve que quedarme un poco más hoy. No lograba decidirme por cuál vestido era el mejor para mi debut. Aunque tengo que adaptarle el largo del escote de la espalda. Es muy pronunciado para mí." expliqué mostrándole la bolsa que traía.
"No dudo que harás un gran trabajo arreglándolo, querida." dijo mirándome de reojo mientras agitaba el vaso de whisky entre sus dedos.
"Muchas gracias, señor." dije, con reservas.
Hubo unos momentos de silencio en los que esperé que me dijera algo más, pero él se quedó mirando cómo se movía el líquido ambarino en su vaso.
"Si me disculpa, iré a lavar los trastes sucios que..." intenté decir.
"¿No cenarás?"
"No tengo hambre."
"Fue una lástima comer solo de nuevo."
"Nuevamente, lamento el retraso, señor."
Sentía cómo la tensión comenzaba a aumentar. Tenía mis manos tan firmemente sujetas a la bolsa que traía, que mis nudillos se habían puesto blancos. Estaba hecha un manojo de nervios.
"Has estado evitándome." dijo.
No era una pregunta.
"¡No! Sólo he estado más ocupada, señor." mentí "Los ensayos han tomado más tiempo del que esperaba, pero me he preocupado de mantener el control de la casa en primer lugar, así que me...
"Hasta el martes no había problema en que cenaras conmigo a tiempo después de los ensayos." me interrumpió "Pero ahora te duermes más temprano los días que no tienes ensayo y llegas muy tarde los días que te corresponde ir a cantar."
"Sólo estoy nerviosa por mi acto, señor." traté de rebatir, pero mi voz flaqueaba. "¿Cree que no quiero verlo?"
Pero era verdad. Lo estaba evitando. Había sido muy distante con él estos días y había estado procurando llegar después de las nueve de la noche con tal de saber que estaba dormido para no tener que verlo, ni hablar con él. Me dolía el pecho tenerlo cerca. Me quemaba no poder felicitarlo sinceramente por su compromiso. Saber que iba a pertenecer a otra mujer. Saber que debía olvidarlo y seguir trabajando para él y su nueva esposa me hacía sentir peor. Traté de pensar qué hacer para mantenerme alejada de él. Pero, curiosamente, eso le molestó. Siendo él, principalmente, quien impuso un muro entre nosotros.
Lo observé, sentado en su sillón. Me reprendí mentalmente al considerarlo apuesto. No podía de dejar de sentir una poderosa atracción hacia él. Pero su compromiso sólo me hacía sentir culpa y una horrible tristeza al saber que todas mis esperanzas estaban en el suelo.
El señor Alastor me miró con los ojos entrecerrados antes de decir algo.
"No eres buena mintiendo, Charlotte." dijo con resignación, mientras se ponía de pie. "Esperaba al menos que te esforzaras esta vez para justificarte."
Se tomó lo que le quedaba de whisky de un trago y puso el vaso vacío sobre la mesita. Mi nerviosismo por su presencia me impedía mirarlo a los ojos.
"Enséñame el vestido." ordenó de pronto.
"Oh, pues, aquí..." dije torpemente tratando de sacar el vestido de la bolsa.
"No." me interrumpió con una risa entre dientes "Quiero ver que lo llevas puesto."
Mi boca se abrió por la sorpresa.
"¿Cómo dice?" dije balbuceando.
"Como futuro co-propietario del Mimzy's palace tengo que tener una visión objetiva de qué tipo de vestimenta usarán las trabajadoras del local." dijo mirándome de reojo, mientras se dirigía a las escaleras. "Te espero en mi habitación. Puedes ocupar el espejo de cuerpo completo para que puedas contemplarte mejor."
Antes que se me ocurriera algo inteligente que decir, él ya estaba subiendo las escaleras.
Me quedé parada con la boca abierta. Todas las señales de alerta de mi cabeza se activaron y después de unos segundos me di cuenta que había dejado de respirar. Conocía la única razón por la que me habría invitado a su alcoba y modelarle un vestido que exhibía tanta piel frente a él, me estaba generando un ataque de pánico.
¿Correspondía que una dama visitara la habitación de un hombre comprometido? ¿Debería ser obediente e ir según su mandato? Él era mi jefe, después de todo.
Tragué saliva y me dirigí a las escaleras y luego al baño a paso rápido. Me lavé la cara y tomé una honda respiración.
"Es una orden nada más. Él es mi jefe y también será dueño del local donde voy a cantar. Sólo es una mirada crítica." pensé una y otra vez, mientras me quitaba la ropa.
Tomé el vestido rojo de la bolsa y dudé un momento antes de ponérmelo. Era un traje ceñido al cuerpo, con delgados tirantes y con un tajo en la pierna derecha a la altura del muslo. Me quedaba bien del pecho, con el escote en V mostrando una generosa panorámica de mis blancos y redondos senos. Y, finalmente, un pronunciado escote en la espalda, y sin verlo, sentía que llegaba peligrosamente cercana a la línea de mi trasero. Tuve que ponérmelo sin brasier, por lo que me sentí incluso más expuesta. Tenía una abertura que permitía ver mi pierna derecha por sobre el muslo. Me puse las medias con portaligas, cambié mis zapatillas por los zapatos de tacón alto que le hacían juego e, inconscientemente, comencé a arreglar mi cabello hacia un lado para que le hiciera justicia a mi nuevo traje.
Me miré al espejo. Todo bien. Suspiré nuevamente y me dirigí a la habitación del señor Alastor, con algo de dificultad por la delgadez de los tacones.
"Es una orden nada más. Él es mi jefe y también será dueño del local donde voy a cantar. Sólo es una mirada crítica." me repetía mentalmente.
Torpemente, golpeé la puerta a pesar de que estaba abierta.
"Adelante." le escuché decir.
Con una última y honda respiración, entré.
"Con permiso, señor." dije en un susurro.
Él estaba de pie junto a la ventana, recargado en la pared con los brazos cruzados en su pecho. No me dijo nada, sólo me observó y me hizo un ademán con la mano para que me acercara al espejo.
Consciente en que mis mejillas estaban rojas, caminé con la vista pegada al piso hasta llegar al espejo.
La verdad me gustó lo que vi. El vestido realmente acentuaba mis puntos más amables. No se veía tan burdo como imaginaba. Pero cuando me giré o suficiente para poder ver mi espalda en el reflejo, me descorazoné. En efecto el escote de atrás necesitaba ser reducido. Con horror noté que la línea de mi trasero no alcanzaba a verse, pero sí parte del portaligas. No obstante, lo que más me afectó fueron las brillantes cicatrices en toda mi espalda. Aún sentía cómo cada una de ellas me dolía por cada azote recibido. Posé un poco más para mí, absorta en ser objetiva con los detalles y dónde debería hacer reducciones.
Noté, entonces, que el señor Alastor había estado mirándome con atención todo el tiempo. Me erguí y puse mis manos en mi espalda. Esperé un veredicto.
"Entonces... ¿cree que este vestido es adecuado?" le dije mirándolo tímidamente.
"Es la mujer y no el vestido, cariño." dijo sonriendo. "Te ves, francamente, bellísima."
Me sonrojé con culpa y me giré al espejo nuevamente.
"Mis cicatrices no opinan lo mismo." dije mientras arreglaba mi cabello hacia un lado.
El señor Alastor se acercó a mí. Yo me congelé en mi lugar cuando lo sentí pararse tras de mí y tomarme por mis hombros desnudos.
"Oh, tu espalda es perfecta, Charlotte." dijo muy cerca de mi oreja. Un escalofrío recorrió toda mi columna vertebral. "Estas cicatrices son parte de tu historia conmigo."
Y usando una de sus manos, comenzó a trazar la forma de mis cicatrices con las yemas de sus dedos. Desde la más cercana al hombro, hasta llegar a la cintura.
"No es una imagen atractiva para el público exponer piel tan dañada." tartamudeé al sentir las caricias del señor Alastor.
"Si te preocupa no ser atractiva por esas marcas, te estás equivocando terriblemente, querida." susurró en mi oído. "A mí me gustan."
Sus dedos ya habían llegado al filo de las cicatrices que permitía ver el escote. Luego su mano se deslizó por mi cadera para luego posarse en mi vientre. El olor y el calor que irradiaba su cuerpo, no me dejaban pensar. Mi piel se erizó y estaba segura de que él lo había notado.
"Sé sincera, Charlotte." dijo "¿Por qué me has estado evitando?"
Contuve la respiración y negué con la cabeza. Pasó las yemas de los dedos de mi hombro hasta el codo.
"Estás enojada conmigo" insistió. Su aliento rozaba con la piel de mi cuello.
Mi silencio pareció confirmarlo. Resopló divertido.
Abrí mis ojos y vi nuestros reflejos. El señor Alastor me miraba desde el espejo, apoyando su barbilla en mi hombro desnudo. Su sonrisa y mirada segura tenía un atisbo de maldad. Mi cara estaba sonrojada y mis ojos brillaban de una manera extraña. Algo en lo que vi me hizo intentar reaccionar que eso estaba mal. Que él no debería tocarme así, que él iba a ser de otra mujer muy pronto. Pero no quería que dejara de mirarme como lo estaba haciendo.
"S-señor Alastor, usted está comprometido..." dije casi sin aliento. "La señorita Mimzy... La seño..."
"Si te importara tanto... ¿por qué me permites tocarte?" me susurró al oído, con malicia.
Tuve que reprimir un gemido apretando mis labios. Sabía que él pronto iba a casarse con la señorita Mimzy. Pero ahí estaba yo; dejando que el señor Alastor moviera la mano que tenía en mi hombro hasta mi cuello y me hizo lanzar la cabeza hacia atrás. El señor Alastor comenzó a besar mi hombro y cuando llegó a mi cuello pasó la lengua desde la base mi yugular hasta mi oído. Sentí electricidad en todo el cuerpo y gemí sonoramente. Mis piernas me temblaban y mi ropa interior se sentía extrañamente caliente.
"Siempre me ha gustado tu olor natural, Charlotte." susurró y dio una honda respiración en mi cabello.
"Se-señor... no deberíamos..." traté de decir con el último ápice de fuerza de voluntad que me quedaba. "¿Por qué hace esto...?"
"Silencio, querida mía." me ordenó poniendo su dedo pulgar sobre mis labios.
Mi cabeza era una revoltura de pensamientos y sensaciones nuevas. Yo estaba a su merced y, lo peor es que yo se lo estaba permitiendo. Estaba completamente entregada a su toque. Me sentía eufórica, culpable, gloriosa.
Retiró su pulgar de mi boca y me giró hacia él. Quedamos frente a frente mirándonos en silencio. Él me miraba con una expresión burlona. Acercó su mano hasta mi barbilla y elevó mi rostro. De un movimiento súbito me besó. De manera, intensa, torpe, añorante. Él tenía mi cara acunada en sus manos. Añoraba tanto sus besos y sus caricias. Como antes. Como si nada hubiese pasado.
Entonces, algo hizo clic en mi cabeza. Me tensé y dejé de cooperar con el beso. Él notó eso y se separó de mí para mirarme, con curiosidad.
"No." dije, frunciendo el entrecejo.
Su sonrisa cedió un poco y abrió los ojos.
"No, señor Alastor. No puedo seguir así." dije, dando un paso atrás.
Él bajó lentamente los brazos y los puso en su espalda. Me miró, visiblemente incómodo.
"Es... bastante inusual que rechaces mi toque, querida." dijo.
Resoplé con la nariz y fruncí el ceño. Mis pensamientos se estaban comenzando a ordenar nuevamente, una vez frente a él. Recordé que estaba enojada. Muy enojada y herida. Y permitirle que me tocara nuevamente iba en contra de todo lo que tenía que decir.
Lo miré con determinación y tragué saliva. Mi corazón palpitaba y mis manos estaban cerradas en fuertes puños.
"Señor Alastor, tengo que hablar con usted ahora." dije con seriedad "Lo conozco desde hace dos años y creí que sería suficiente tiempo para saber qué esperar de usted. Pero no fue así."
Él me dejó hablar, sin interrupción.
"Y sí, lo he estado evitando, como bien lo ha dicho. Porque, después de todo lo vivido con usted aquí, yo fui tan tonta como para llegar a imaginar que podría estar siempre con usted. Yo de verdad era muy feliz aquí viviendo con usted. Y sé que pronto va a casarse con otra mujer, pero antes de tener que enterrar todo esto que siento, prefiero decírselo a la cara, aunque nada cambie."
Bajé la cara un momento.
"Aunque probablemente usted ya lo sabe desde hace tiempo"
Tomé aire y lo miré a los ojos.
"Yo estoy enamorada de usted, señor Alastor." dije.
La potencia y seguridad con la que mis palabras fluyeron de mi boca, fue liberadora. El haberle dicho lo que sentía a la cara era algo que había deseado hacer durante meses. Y al mismo tiempo, me oprimía el pecho saber su respuesta. Mis manos me temblaban.
"Por favor, necesito que, por una vez, usted sea completamente sincero conmigo." dije, con dificultad.
El señor Alastor permaneció en un tenso silencio unos momentos. Parecía que había estado conteniendo el aliento desde mi confesión. Finalmente suspiró pesadamente y cerró los ojos. Se giró con dirección a la ventana y miró hacia afuera.
"Tomaste una terrible decisión, Charlotte." dijo, sin voltear a verme.
Sentí que el último atisbo de esperanza que tenía se reventaba, dejando sólo una abrumante desesperación. Sentía que me habían desgarrado por dentro. Las retuve cuánto pude, pero mis lágrimas brotaron desconsoladas por mis mejillas. Sentía mi orgullo herido, me sentía humillada y tonta. Me cubrí los ojos con mis puños, y los dientes apretados, intentando no gimotear.
No hubo ofrecimiento de pañuelo esta vez.
Tragué duro y lo miré. Él seguía de espaldas a mí. Inhalé hondo y me sobrepuse lo mejor que pude.
"Señor Alastor, yo no puedo seguir así." dije con voz llorosa, pero clara "No voy a poder seguir trabajando para usted y verlo a diario formando una familia con la señorita Mimzy. No soy tan fuerte."
Él se giró para mirarme.
"Yo renuncio." dije, con firmeza.
Su sonrisa seguía ahí, imperturbable, aunque sus ojos no podían disimular la sorpresa.
"Voy a empacar. Me iré ahora mismo. Con su permiso y muchas gracias por haber sido... tan amable conmigo de haberme dado la oportunidad de seguir viva." dije, con toda la dignidad que me quedaba.
Peleando con mi propio llanto, me dirigí rauda a mi habitación. Me quité el vestido rojo y me puse el primer vestido de algodón que encontré a mano, medias y botas. En mi bolso guardé, rápidamente, algunos artículos personales, mi cuaderno y el dinero que había ahorrado todo ese tiempo. Dejé todos los vestidos y zapatos nuevos que el señor Alastor me había regalado. Tuve que pasarme una toalla por la cara para limpiarme todas las lágrimas que tenía.
Bajé por las escaleras a la sala, donde recogí la foto de mis padres y la guardé. Pasé tan rápido por la mesita del florero de narcisos, que los tiré sin querer. De forma innata, me giré para intentar recogerlo, pero escuché al señor Alastor bajar por la escalera y me tensé de inmediato. Me dirigí, rápidamente a la percha a ponerme el abrigo.
Él se detuvo al verme ahí.
"Ya me voy. Espero que le vaya muy bien con su nueva familia." dije, mientras me abotonaba el abrigo con manos temblorosas. "Supongo que seguiré viéndolo en lo que dure el Mardi grass, así que..."
"¿A dónde piensas ir?" dijo, con seriedad.
Me acomodé mi bolso.
"No importa a donde vaya, señor. Sólo me importa no estar aquí." dije, desafiante.
Me giré a la puerta.
"Espero que sea muy feliz." dije.
"Espera, Manzanita." dijo.
Me quedé con la mano en el picaporte. La mención del apodo exclusivo de mi padre me hizo paralizarme. ¿De verdad se atrevía a mencionar a mi difunto padre en una situación así?
"Voy a contarte algo que te incumbe y es mejor que lo sepas, dado que vas a irte." dijo de pie, de manera solemne, sin despegarme la vista.
Me giré hacia él.
"¿Es una broma? ¿De verdad cree que quiero seguir escuchándolo?" dije, indignada, encarándolo.
"Es una historia que no me pertenece, y serás completamente libre para hacer lo que quieras una vez termine." dijo, con calma.
Estuve a punto de reclamar. Mi corazón estaba demasiado golpeado, pero quería escuchar lo que fuera que iba a contarme, si eso significaba que iba a dejarme en paz.
"Bien. Adelante." dije, de mala gana "Acabemos con esto de una vez."
Me hizo un ademán con la mano para volver a la sala. Caminé, con paso tenso y lo escuché tronar los dedos. De la chimenea prendió un agradable fuego. Me senté en el sofá de dos cuerpos y él se sentó en su sillón. Juntó ambas manos y se recargó hacia adelante.
"Voy a contarte la historia de una niña. Una niña que no debería caminar entre los vivos." dijo.
"Hace mucho tiempo, había una niña, hija única de un matrimonio poderoso en su localidad. Tenían el mercado del algodón en su apogeo y gozaban de gran riqueza y aprecio por la gente del pueblo. Aquella niña creció viviendo feliz en su propio mundo de lujos y viajes.
"Durante las fiestas de té de alta sociedad, ella prefería beber café y era mirada como un bicho raro entre los hijos de las cabezas de la ciudad. Heredó el gusto por la música de su padre y el amor por el escenario de su madre. Ambos se encargaron de alimentar su lado más artístico y sus sueños. Y al mismo tiempo, la educaron para que pudiera ser una grandiosa heredera para la finca.
"Los tres estaban en la cima del mundo. Pero un fatídico accidente lo cambió todo. La pequeña, teniendo apenas 8 años, enfermó de cólera, en uno de sus viajes de negocios a India. La enfermedad fue tan fulminante que acabó con su joven vida en cosa de horas. Sus padres estaban destruidos por la noticia. El abogado de la familia mandó una carta de inmediato a New Orleans, para que tramitaran la tumba de la pequeña junto con su placa de defunción.
"Pero el padre no iba a perder a su única hija. Su familia, en su gran antigüedad, había recaudado una gran cantidad de tesoros de todas partes del mundo. Una de ellas era recopilación de antiguos escritos rescatados de la biblioteca de Alejandría y se comparaba al libro de las Clavículas del rey Salomón. Su libro era un grimorio antiguo, que había sido heredado por generaciones y cuyo heredero legítimo podría expulsar todo su poder.
"El libro era una reliquia que acostumbraba a llevar en cada viaje, dado que a veces era necesario usar algún hechizo a su conveniencia. Era resistente a usarlos, dado que prefería ganarse su nombre por méritos propios. Pero en esa ocasión transgredió todo lo que era santo en este mundo. Hizo un pacto de vida. Junto a su esposa, ambos usaron un hechizo prohibido del libro que drenaba la mitad del tiempo de vida de ambos, para otorgarle más tiempo y salud a ella.
"Entonces, haciendo uso de su propia vida, revivieron a su hija. Aun sabiendo que morirían jóvenes y en la mitad del tiempo que les correspondía, se sintieron felices de que la tenían de vuelta con ellos. Pero con esa felicidad, vino el miedo a la inminente y prematura muerte. Ahora sabían que no podrían ver a su niña como una adulta. No podrían guiarla en todo su camino hasta que pudiera valerse sola.
"Cuál fue la sorpresa de todos. Que la pequeña, luego de haber revivido, comenzó a hablar de haber estado en un lugar lleno de luz. Que había tenido alas. Que le habían encomendado la misión de escribir secretos. Y que había escuchado un secreto. Le habían susurrado el nombre de Dios. Que lo sabía y lo recordaba, pero no podía decirlo a menos de que fuera necesario. Sus padres la convencieron de que no había sido más que un sueño vívido. Y después de mucho tiempo, la niña terminó creyéndolo.
"Pero su tío, quien había recibido la carta del abogado de la familia sobre la muerte de Charlotte, había preparado todo para su funeral. Cuando vio a Charlotte bajar del barco no lo podía creer. Estaba viva, pero tenía todo organizado para su funeral, incluso la placa de su tumba. Pidió una explicación al abogado, quien le aseguró que la niña estaba muerta, pero "milagrosamente" había mejorado. Los padres de la niña, tampoco quisieron hablar mucho sobre el tema. Pero el tío sabía que había algo raro en todo eso.
"El tío y el padre de la niña tuvieron una fuerte discusión. El tío le recriminaba de cómo era posible que usara un hechizo tabú con su hija. Que, si había muerta, era porque era su tiempo y no debían intervenir. Y que no sabía en qué se había convertido la pequeña, ni qué consecuencias traería el arrastrar un alma a la vida nuevamente. Para él, su sobrina había muerto el mismo día en que recibió la carta.
"El padre de la niña se molestó con su hermano, y evitó a volver a hablar del tema. Pero el tío, comenzó a tratar con desprecio a la niña. Y le contó lo que ocurría a su esposa. Entre ambos le hicieron la vida imposible a la pequeña, y llegó un punto en que todos le tomaron el peso a las palabras del tío: la manifestación del poder de la niña. Luego de que lanzaran, cruelmente, el muñeco favorito de la niña al fuego, ella dio tal grito que hizo retumbar las paredes. Todas las esculturas que el padre de la niña había recolectado en sus viajes cayeron. Cabezas de león, de elefante, de jirafa, de criaturas raras, como el tigre de Tasmania. Todas en el suelo, maltrechas y destruidas.
"El padre tomó manos a la obra y pidió el dato de alguien que fuera diestro con la reparación. Así que le preguntó a su costurera favorita, Rosie, si podía hacer algo así. Pero ella no era experta en el tema, así que le recomendó a alguien que conocía. Un joven que había estado comenzando a popularizar sus trabajos de taxidermia y que había conocido como apenas un chiquillo lustrabotas. Un joven que había aprendido a hablar, a comportarse y a vestirse como los grandes, luego de trabajar tanto a la salida del banco de la ciudad.
"El padre contactó al joven. No pudo negarse. Necesitaba el trabajo y la paga era bastante generosa. El padre de la niña quedó realmente encantado con el muchacho. Era culto, diestro al hablar y había elogiado, adecuadamente, su sombrero. Además de comprobar la calidad de sus trabajos previos. Así que, gustoso, lo invitó a su casa.
"Al momento de ir a conocer la casona, el joven quedó realmente fascinado por la grandeza del lugar y la cantidad de figuras destruidas. Y quiso indagar más sobre quién podría haber hecho algo semejante.
"'Disculpe la intromisión, señor.' dijo el joven 'Pero me sorprende el nivel de destrucción. ¿Fueron bandidos?'
"'No, fue mi hija.' dijo el padre.
"Debe poseer una fuerza extraordinaria."
"Tiene doce años."
"El joven intentó ser prudente con su labor investigativa. Claramente había más de lo que parecía en aquel desastre. Sin perder tiempo, evaluó los daños y se encargó de darle prioridad a las piezas de mayor valor. Fueron varias semanas de trabajo arduo de reconstrucción, donde tuvo oportunidad de hablar con el padre de la niña y forjaron una agradable amistad. Pronto, el joven se encargaba de preparar a todos los animales que quisiera agregar a su colección.
"Compartían bastantes temas en común. Como la música y la lectura. Más de una vez, al joven le prestaron ediciones muy poco frecuentes de libros. En una oportunidad, el padre de la niña le preguntó sobre su familia y él le contó que su madre había fallecido en la pandemia de gripe española.
"'Conociendo lo inminente que era su muerte, hubiese sido realmente útil saber algún método para revivirla.'
"'Ese tipo de conjuros son limitantes y peligrosos, mi joven amigo. Por eso estoy dejando todo en orden para que mi manzanita esté bien cuando me vaya.'
"'Señor, si me permite decirlo, pareciera que usted habla desde la experiencia.'
"'Un padre hace los sacrificios que hagan falta para ver a su hija viva. Aún si eso le cuesta la vida.'
"Fue entonces que el padre de la niña le contó su experiencia, reviviendo a su hija y le presentó el grimorio de su familia. Era un libro deshojado con los años, pero mantenía su material intacto. Era fascinante y único. El joven le pidió que le prestara algunas hojas para su investigación y pudo conservarlas un tiempo, con la condición de que fuera cuidadoso y reportara los avances de su estudio.
"El joven, después de unos días y fascinado por el poder de aquellas hojas, fue a informarle de las magníficas cualidades que estaban desperdiciándose. Entre ellas, el manejo de las sombras. Pero a pesar de ser muy tentador, la condición mínima para llegar a eso era el sacrificio humano.
"'Como heredero del grimorio puedo acceder con facilidad y potencia de esos conjuros, pero existen límites para el poder para los demás mortales, mi joven amigo. Y matar personas no es una opción.'
"'Una verdadera lástima.'
"Fue entonces, que una pequeña persona irrumpió en el lugar. De larga cabellera rubia y un vestido rojo, que resaltaba sus encantadores ojos negros y piel clara. Y el joven y aquella niña se miraron por primera vez. Sin palabras, sin saludos, ni presentaciones, se quedaron mirando unos segundos en silencio.
"'Manzanita, estoy ocupado aquí. Luego iré contigo.' dijo el padre de la niña.
"La jovencita sólo asintió y se marchó del lugar.
"'¿Es ella?' preguntó el joven.
"'Ella es mi manzanita.' confirmó.
"'Parece un pequeño ángel.'
"'No te atrevas a tocarla.' agregó malhumorado.
"'Jamás se me pasaría algo así por la cabeza' dijo el joven, de buena gana.
"'Bien. Volviendo al tema principal, puedes llevarte 'De profundis'. Es una edición única, así que si algo le pasa...'
"'Seré en extremo cuidadoso.' le aseguró el joven.
"'Perfecto. Por cierto, quería invitar el próximo fin de semana para una cena con la familia y amigos que organizaremos aquí. Sólo mi esposa te conoce y sería bueno que mis socios conocieran tu trabajo. Ya de por sí, el dueño de la radio quedó encantado contigo y tu desempeño en la radio.
"'Nuevamente, muchas gracias por la recomendación.'
"'Tienes una buena voz. Naciste para ser locutor. Así que no puedes faltar a la cena.'
"'Sería un honor asistir, señor.'
"Magnífico. Mañana viajaré ciudad vecina para cerrar un trato de una compra considerable de algodón. Nos quedaremos hasta el martes, así que iré con mi esposa, pero mi niña se quedará aquí."
"'Le deseo un excelente viaje, señor.'
"Pero esa cena nunca llegó. Porque en ese viaje de negocios, el auto en el que iban descarriló en un acantilado en un fatal accidente. La madre de la niña murió en el choque, pero el padre vivió lo suficiente para arreglar algunos asuntos pendientes con su abogado y despedirse de su hija. Días después su cuerpo sucumbió a los golpes y hemorragias internas.
"Además de la finca de algodón, la herencia de la niña era el grimorio. Y ella, sin saberlo, consistía en una amenaza para toda criatura viva. Su alma, arrebatada del reino celestial, guardaba en su alma el nombre de Dios. Si llegase a recordarlo y a pronunciarlo, su capacidad de destrucción de demonios es abrumadora. Y al mismo tiempo, era heredera del grimorio, con el cual podía darles órdenes a los demonios. Era una amenaza para el más allá. Un alma pura de un ángel que había sido traído a la tierra sin un consentimiento. Y ahora estaba sola.
EL tic tac del reloj y el sonido de las llamas era lo único que interrumpía el silencio.
"Yo era el taxidermista de los Magne." dijo, el señor Alastor.
Me quedé completamente absorta. Era demasiada información. Si de por sí, sentía el corazón aturdido, mi cabeza se le sumó. El señor Alastor había trabajado en proyectos con mi padre. Él lo conocía. Habían sido amigos. Siempre había sabido sobre mi propia historia desde que nos topamos en ese bosque, dos años antes.
"Usted... me mintió." dije, poniéndome de pie.
"No creo haberlo hecho, cariño." dijo, con tranquilidad.
"¿Que soy una niña revivida? ¿Qué mis padres murieron por mi culpa? ¿Qué usted trabajó para mi padre? ¿Qué los espectros quieren mi alma por algo que ni recuerdo?" dije, exaltada.
"Nada de eso parecía importante de contar." dijo "Pero dadas las circunstancias y tus claras intenciones de dejar mi yugo de protección, deberás saber al menos esa parte de tu propia historia para cuidarte sola."
Hizo una pausa.
"Tú tío te está buscando, Charlotte. Porque no puede matar más personas. Su estado de salud debió empeorar mucho más rápido de lo que podía asesinar personas, y esas oportunidades se hicieron cada vez más escasas desde que tuvo que emigrar a Francia. Ya no tenía sirvientes a los que podía matar a gusto. Y él sabe que, como heredera del grimorio, puedes acceder a poderes más allá que cualquier mortal. Por eso tu padre te enseñó latín. Para que pudieras usarlo un día."
No sabía cómo reaccionar. Me sentía traicionada. Ya no quería estar ahí. No quería verlo. No quería saber nada más.
Tomé mi bolso y salí a paso rápido de la sala, sin decir nada. Cerré la puerta detrás de mí y caminé por la fría y oscura noche en aquel camino pedregoso. Caminé rápido, sin importarme nada. En un punto, comencé a correr. Sólo corrí. Huía. Quería escapar de todo. Quería olvidar todo lo vivido, todo lo escuchado. No quería sentir.
No recuerdo cómo subí al tranvía o cómo llegué. Pero la puerta del departamento de Vaggie estaba ante mí. Golpeé la puerta varias veces. Tardó bastante en contestar. Pero, finalmente, abrió la puerta con cautela. Se sorprendió de verme ahí. Abrió la puerta y puso un cuchillo junto a la puerta de entrada. Probablemente, pensando en defenderse si era algún ladrón.
"¿Charlotte?" dijo, preocupada "¿Qué estás haciendo aquí?"
"Vaggie..." dije, con un hilo de voz.
Sólo entonces pude soltar el llanto. La abracé, sintiendo que mis piernas, ni mi mente, ni mi corazón no tenían fuerza. Lloré libremente a lágrima viva. Vaggie sólo atinó a cerrar la puerta y me llevó a sentarme en un maltrecho sillón. No dijo nada un rato y sólo me dejó llorar, dejando que desahogara todo aquel pesar en mí.
Después de largos minutos de sólo lágrimas y alaridos. Vaggie se puso de pie y puso la tetera. Yo estaba un poco más calmada, pero estaba agotada. Sentía que podría dormir muchas horas si descansaba la cabeza en una superficie suave.
Entonces, Vaggie se acercó a mí con una taza de agua caliente y galletas.
"¿Quieres té o...?" dijo, dudosa.
"Café, por favor." dije, con voz ronca.
Me trajo una lata de café instantáneo. Como autómata puse unas cucharadas en la taza y un poco de azúcar. Sólo entonces pude ver con más detalles el pequeño departamento de Vaggie. Si no fuera porque apenas un par de días atrás tuvimos que venir a recoger un par de zapatos que Angel había insistido en querer usar en su ensayo, no habría tenido oportunidad de saber dónde vivía Vaggie. Estaba apenas a dos cuadras del Mimzy's Palace. Consistía en una pequeña sala-cocina, con una habitación y un baño. Era modesto, pero tenía buen gusto para decorar. En el ambiente había una ligera esencia a menta de la loción de manos que usaba Vaggie. Tenía en las paredes algunos cuadros de afiches de películas como "La quimera de Oro" de Chaplin o una de "Betty Boop y Bimbo." Tenía un pequeño estante de libros y marcas de humedad en la madera de la mesita de centro, seguramente de las tazas de té que bebía al leer. Tenía una pequeña radio y un tocadiscos junto a la ventana. Pero lo más curioso era un cuadro con varias especies de polillas con sus respectivos nombres científicos.
Levanté la vista y miré un reloj de pared. Eran casi las dos de la mañana.
"Lamento haber venido a molestar tan tarde." dije.
"Charlotte, la hora no importa." dijo, preocupada "Sólo dime qué fue lo que pasó."
Bajé la cabeza y revolví mi café.
"Renuncié, Vaggie." dije "No podía pasar otro instante más cerca de él."
"Ya veo." dijo, con pausa.
Miré mi taza de café con avidez.
"No te hizo nada, ¿verdad?" dijo, a la defensiva.
"No. Él nunca me haría nada que yo no quisiera."
Tomé aire y suspiré.
"Sólo le dije lo que sentía por él..."
Ella, entonces, pareció entender.
"Y eso no cambió las cosas. Dijo que era una terrible decisión." concluí.
"Entiendo." dijo ella, comprensiva.
Bebí un poco de café. Miré a Vaggie con vergüenza.
"Vaggie, sé que es repentino. Pero, ¿puedo pedirte quedarme en tu casa unos días? Sólo hasta que encuentre otro lugar dónde vivir. Te pagaré todo lo que use y..."
"Charlotte. Charlotte." dijo, tocando mi hombro de forma conciliadora.
Me sonrió con empatía.
"Claro que puedes quedarte el tiempo que necesites." dijo.
Le di una media sonrisa.
"Gracias, Vaggie." dije.
"Por ahora, puedes dormir en mi cama y yo dormiré en el sofá." dijo, poniéndose de pie.
"No tienes que hacerlo. Yo puedo dormir en este sofá sin problemas." dije.
"Mira, lo que más necesitas ahora es un lugar cómodo dónde echar tus huesos, al menos por hoy." dijo, en tono autoritario de una madre "Ya nos las arreglaremos."
Mi cabeza me daba vueltas. Decidí que lo mejor era no contradecirla. Miró mi pequeño bolso y ladeó la cabeza.
"¿Eso es todo lo que trajiste?"
"Todo cuanto él me había regalado, lo dejé allá. No vine desnuda porque hacía frío." dije, en tono sombrío.
Vaggie pareció querer indagar más, pero no dijo nada. Me ofreció un camisón grande para dormir y me acomodé en su cama de respaldo de tubos de metal.
"¿Segura que...?" comencé.
"Ni una palabra más, Charlotte." dijo, levantando la mano "Descansa y luego conversamos, ¿bien?"
Estaba demasiado agotada para seguir discutiendo.
"Gracias, Vaggie." repetí.
"Buenas noches." dijo, apagando la luz de la mesita.
Cerró la puerta y me dejó a solas en la oscuridad con mis pensamientos. Suspiré largamente y tomé el peso a lo que había hecho y mi perspectiva para el futuro. Había renunciado. Ya no prepararía sus desayunos, ya no lo esperaría con la cena lista, ya no alimentaría a Razzle y Dazzle como cada mañana. Había renunciado a mi vida con él y a él por igual.
En medio de la oscuridad, comencé a cantar casi en un susurro y pausadamente.
Well, the next time I see you I'm really gonna show you
I'm gonna act like I won't even know you
'Coz I hate myself for falling in love with you
You won't let me be your one and only
The only time you want me is when you're lonely
And I hate myself for falling in love with you
I get that old time feeling
Every time we get together well I show it
Like a tree that bends to the will of the winds
You got me in your power and you know it
But the next time you call me even if it kills me
I'm gonna act like it don't even thrill me
'Coz I hate myself for falling in love with you
I get that old time feeling
Every time we get together well I show it
Like a tree that bends to the will of the winds
You got me in your power and you know it
But the next time you call me even if it kills me
I'm gonna act like it don't even thrill me
'Coz I hate myself for falling in love with you
Lo último que recuerdo que se me pasaba por la mente antes de caer dormida en un abismo negro, fue en imaginar al señor Alastor, sentado en su sofá.
Quién sabe cuántas horas estuvo sentado en su sillón, en la oscuridad.
Al despertar sentí un magnífico aroma en el ambiente. Al intentar levantarme, de inmediato sentí un tremendo dolor de cuerpo y los ojos hinchados. Al mirar alrededor recordé dónde estaba y por qué estaba ahí. Me puse de pie y vi a Vaggie en la cocina, haciendo pancakes.
"Buen día, Charlotte ¿Estás bien? Dormiste mucho." dijo, angustiada.
"Buen día." dije con la voz ronca "¿Cuánto dormí?"
"Son casi las nueve... del sábado." dijo Vaggie, con seriedad.
Me paralicé.
"¿Dormí más de un día?" dije, sorprendida "No de nuevo..."
"¿Eso te pasa seguido?"
Me quedé callada. La última vez había sido cuando el señor Alastor se había presentado ante mí como "El justiciero".
"Sólo una vez. Y también fue por una experiencia muy fuerte." dije, en voz baja.
Vaggie sólo me observó contrariada, pero no dijo nada al respecto.
"Lo siento tanto." dije.
"Oye, a veces es necesario descansar un poco más."
Me sonrió, más animada.
"Te preparé el desayuno. Toma asiento." dijo, amablemente.
Me senté en una de las dos sillas frente a la pequeña mesa cuadrada, con un mantel a cuadros negros y blancos. Me sirvió café y unos pancakes. Trajo mermelada de durazno para acompañar.
"Gracias por preparar esto." dije, intentando sonreír.
"No hay problema. Tendrás hambre de tantas horas de inconciencia." dijo, con una sonrisa.
Probé los pancakes con algo de la mermelada. Estaban muy buenos.
"¿Qué piensas hacer ahora, linda?" me dijo, Vaggie.
"Buscaré dónde quedarme y..." intenté decir.
"Charlotte, ya hablamos de eso." dijo, frunciendo el ceño "No tengo problemas en que te quedes aquí. Vivo sola y tu compañía sería muy agradable. Así que no te angusties."
"¿En serio?" dije, conmovida.
"Mira, si te hace sentir mejor, podemos compartir los gastos comunes apenas tengas un trabajo estable." dijo, bebiendo de su té.
"Me parece una fantástica idea." dije, feliz "Puedo cubrir mis gastos por unos días con mis ahorros. Y con lo que gane cantando en el Mimzy's palace..."
Me detuve y bajé la cabeza.
"¿Charlotte?" dijo Vaggie, preocupada.
"Voy a tener que seguir viéndolo." dije, apesadumbrada "Hoy es sábado y él estará en el ensayo de hoy... Será difícil concentrarme."
"Charlotte... ¿De verdad quieres seguir cantando en el show?" dijo Vaggie, extrañada.
Miré mi taza de café unos momentos antes de hablar.
"Sé que es una locura, considerando que él va a frecuentar el local y tendré que seguir escuchando a la señorita Mimzy sobre su vida con él. Pero no pienso dejar de cantar."
"Charlotte, tienes mucho talento y al público le encantará lo que hagas. Pero no creo que sea bueno para ti seguir trabajando ahí." dijo, preocupada. "Eres muy buena cosiendo. Quizás puedas trabajar para un sastre."
Miré a Vaggie, con determinación.
"Vaggie, no pienso dejar de cantar." dije "Tengo esta oportunidad y voy a tomarla."
"De verdad, Charlotte, no te sientas obligada." dijo, casi suplicante.
"Tranquila, sé que podré hacer un gran show si me lo propongo." dije, sonriendo lo mejor que pude.
Hubo un momento de silencio.
"¿Segura que puedes manejarlo?" dijo ella, insegura.
Tomé aire y suspiré.
"Me duele el corazón como no tienes idea y no voy a negártelo. Y saber que lo veré en el ensayo de hoy o paseándose con la señorita Mimzy, me hace querer tirarme al suelo y no levantarme."
Puse mi taza en el platito de la mesa.
"Pero me costó mucho llegar a tener la oportunidad de cantar en un escenario y no voy a flaquear ahora." dije, decidida.
Ella suspiró, exasperada.
"Espero que sepas lo que haces, linda." dijo, con una media sonrisa.
Terminamos de desayunar y ayudé a lavar los trastes. Luego de un aseo rápido a la casa, fui a bañarme. Vaggie me prestó uno de sus vestidos, aunque me quedaba algo apretado del pecho.
Finalmente, fuimos juntas al Mimzy's Palace, donde ya estaban todos en pleno ensayo. Los músicos estaban afinando sus instrumentos. Las bailarinas de apoyo estaban charlando en un rincón y Angel hacía estiramientos, con un leotardo rosa y enormes tacones rojos de aguja. Niffty iba de allá para acá limpiando mesas a una velocidad impresionante, y Fat Nuggets revoloteaba por el salón. La única que no parecía estar por ninguna parte era la señorita Mimzy.
"Buenos días" dijo Vaggie.
"Ya era hora, morena." dijo Angel, con altivez "¿Y vienes con la muñequita?"
"Buen día, Angel." dije.
Él me miró con interés. Parecía que iba a decirme algo, pero Vaggie interrumpió.
"Muy bien, es momento de empezar el ensayo de hoy. Chicas, recuerden que hoy no tendremos el show de la botella. Eso quedó para el día martes, porque la utilería aún no está lista. Y las plumas del segundo acto tendrás que ser rojas y no blancas. Alguien se confundió en el pedido." comenzó a enumerar.
Vaggie realmente era fantástica coordinadora. Nadie rebatía sus instrucciones, incluso Angel la obedecía, aunque a regañadientes. El ensayo de las muchachas del elenco fue bastante tardado. Pretendían hacer una pirámide humana, pero la diferencia en sus alturas les daba problemas y tenían que reorganizarse. Vaggie estaba que echaba chispas por cada error de las chicas.
Entonces. mientras yo buscaba en mi cuaderno qué canción practicar, escuché que alguien me llamaba desde el pasillo. Miré a mi alrededor y seguí el llamado. Era Angel Dust, que estaba de pie en el corredor.
"¿Ocurre algo, Angel?" dije, con curiosidad.
"Muñequita, tus ojos están tan hinchados por el llanto que es difícil de ignorar. Y fue bastante raro verte llegar con Vaggie." dijo, encendiendo un cigarrillo en su larga boquilla "Escúpelo. ¿Qué te pasó?"
Me sorprendió su poder de observación. Supuse que estaba bien contarle. Después de todo, tarde o temprano iban a enterarse todos en el local.
"Renuncié, Angel." dije, cabizbaja.
Abrió mucho los ojos.
"¿Renunciaste a ser la sirvienta del señor sonrisas?" dijo, sorprendido "Siempre creí que tú y él eran algo más que..."
"No, Angel." dije, tajante "No había nada más."
Me miró con una ceja alzada. De pronto se rio con descaro. Yo lo miré molesta.
"Linda, no puedes negar lo que era obvio para todos." dijo, insidioso "Ustedes dos no se despegaban los ojos de encima. Claramente había algo más que trato laboral."
"Imaginas cosas."
"Mis bellos ojos sólo podían ver cuánto lo idolatrabas, bonita. Y, puedo adivinar que esas lágrimas son de rechazo. ¿O me equivoco?"
Tomó una larga bocanada de su cigarrillo y sonrió, con sorna.
"Lo sabía." dijo con simpleza.
Me abracé y bajé la vista. Él suspiró con fastidio y me estiró una hoja de papel.
"¿Qué es esto?" dije, confundida.
"Es mi canción." dijo, tomando otra probada de su cigarrillo.
"¿Tú la escribiste?" dijo, asombrada.
"Mira, esto no lo hago por ti ¿bien? Simplemente es bastante incómodo verte toda decaída por ahí. Me distrae de mi trabajo." dijo a la defensiva.
"Quieres que la cante, porque..." dije, dubitativa.
"Supongo que la letra es bastante adecuada para cómo te sientes." dijo, elevando los hombros, sin mirarme "Y te lo debo por haber salvado a Fat Nuggets el otro día de ser comido."
No pude evitar sonreír, conmovida. Angel era una buena persona. Un poco excéntrico, un poco ególatra, pero muy amable en el fondo. Que me mostrara su canción era algo que parecía ser muy importante para él. Así que la leí. Mi ceño comenzó a fruncirse a medida que la letra avanzaba.
"¿Tú escribiste esto?" dije, una vez terminé de leer.
"¿No es fantástica?" dijo, con una mano en la cintura y sonriendo con orgullo.
"Es un poco agresiva..."
"Niña, hay que ser agresivos en el escenario. De otro modo nadie nos tomará en serio. Así que adelante. Reúne toda emoción vengativa que tengas en ese lindo corazón y explótalo con esta canción." Dijo, con orgullo.
"¿Quién es Tino?" dije, con curiosidad.
Se congeló en su lugar y resopló con frustración.
"Sabía que debía borrar ese nombre." masculló.
"¿Era una... pareja que tuviste?" dije, tanteando terreno.
"¿Quieres la canción o no? Sin preguntas." dijo, levantando la palma frente a mi cara.
"Bien." dije, haciendo un mohín "Al menos dime cómo es la melodía."
Ensayar la canción de Angel me tuvo entretenida durante todo el ensayo. La letra era tan pegajosa, que me sorprendía lo rápido que lo dominé. Angel me enseñó a moverme en el escenario. Los gestos y pasos que debía hacer en cada instante. Era un coreógrafo estricto, pero su rigurosidad dio frutos, cuando aprendí todo el baile y la letra cerca de las dos de la tarde. Vaggie y las demás chicas se habían ido a almorzar antes que nosotros.
"Ok, muñequita, estás lista." dije, bajándose del escenario "Hazlo sola."
"¿Estás seguro?" dije, temerosa.
"Ya lo tienes, no me hagas esperar." dijo.
Miró a los músicos y dijo sensualmente.
"¡Chicos, pueden ayudarme con un poco de música! ¡A mi señal!"
Los músicos se acomodaron y yo me tensé. Inhalé y exhalé hondo. Repasé por última vez la letra antes de dejar el papel en el suelo.
"Bien, aquí vamos." dijo, Angel.
La música del piano comenzó a sonar y yo empecé a cantar.
Long long time ago
I had my our own little show
Was a beautiful, a lovable angel
But he took the spotlight, shining so bright
Left me to fade away
But honey, now the turn is mine
A devil made from heaven, sent from above
Looks like Tino's got a little date, let's have some fun
We've got lots to do little errand boy
Come to me at cloud nine
To be the perfect angel, some sin must be done
Me moví, haciendo ademanes de una niña triste y desamparada.
You told me what to do and what to say, I couldn't escape
You got to choose the ending of my fate. You put me astray
Me paré firme, con los pies separados y alcé los brazos.
But not anymore!
I'm in control!
I have the stage
You can't turn the page
Now all eyes on me!
So many experiments so many mistakes
But I'll go all the way till I'm in the perfect shape
First is worst maybe the third's the charm!
So close! Oh! I cannot wait
The demon won't taint me now, cause you're the sacrifice he'll slay
You said I wasn't good enough to stay, you put me away
You took away my future and my fame, but now that will change
Jugueteaba con los pasos que me enseñó Angel y agregaba algunos de mi cosecha.
Focus on me!
I'll be all that they see!
I'll make them sway
No, can't run away
Now all eyes on me!
You don't know what it's like to drown away, in a puddle of shame
And You...
Yes you...
Made me insane!
Inhalé hondo y sonreí.
But not anymore!
I'm in control!
I have the stage
You can't turn the page
So do as you're told!
Encore! Hit the beat boys
Focus on me!
I'll be all that they see!
I'll make them sway
No, can't run away
Now all eyes on me!
Now all eyes on, All eyes on me!
Cuando terminé de cantar me sentía eufórica. Necesitaba recuperar el aliento, pero sentía que todo cuanto tenía en el pecho se había canalizado en mi canto. Toda mi ira y mi tristeza de días de soledad y frustración en un solo himno. Me sentía poderosa. Amé tener el control del escenario. Sólo entonces pude ver a Angel que estaba de pie, con una sonrisa triunfal.
"Y a ese hombre lo tienes comiendo de tu mano, muñequita." Dijo, con orgullo.
Me extrañé. No era un comentario de mi performance.
"¿De qué hablas?"
"Él te estaba mirando." dijo, señalando a la puerta.
Mi corazón dio un vuelco. Miré de inmediato a la puerta, pero no había nadie de pie ahí.
"¿El señor Alastor estaba aquí?" dije, espantada "¿Y me escuchó?"
"Cada palabra. Y sintió la energía que transmitiste. Fue delicioso, niña."
Me toqué la cara con horror.
"¿Por qué no me avisaste?" le reclamé.
"¿Qué? ¿No querías que te escuchara? Además, era una gran canción, si me permites decirlo." dijo con indiferencia.
Me bajé del escenario es silencio y suspiré.
"No quisiera tener contacto con él..." murmuré
Angel se rio de forma estridente.
"Sabes que es mentira, ¿no?" dijo.
Lo miré, extrañada.
"Ustedes tienen tanta tensión cuando están juntos que es difícil ignorar. La primera vez que los vi creí que estaban casados o algo así. Y créeme que estoy seguro de que ustedes tenían mucha actividad en casa... ¿o me equivoco?" Dijo con malicia
"Mh..." Musité sonrojándome.
"¡Lo sabía!" Exclamó triunfal con un puño en alto.
"Angel..." dije molesta.
"Bien, escucha, si no haces nada más que quedarte aquí, sintiendo compasión por ti misma, el idiota jamás va a respetarte."
"Él rechazó mis sentimientos, Angel." Dije, dolida.
Suspiró, pesadamente.
"¿Te dijo directamente que no te ama?" dijo, con una ceja alzada.
Me paralicé en mi lugar. ¿Lo había dicho?
"Dijo que era una mala decisión amarlo." dije lentamente.
"No te rechazó como lo hizo Tino, linda." dijo, pensativo.
Resopló por la nariz.
"Que te digan que no te aman es bien jodido. En especial cuando le diste los mejores años de tu vida y te deja tirado en la ciudad, a tu suerte, para irse a otro país sin avisarte." dijo, cabizbajo.
Hubo un momento de silencio. Me pregunté si ese tal "Tino" alguna vez sabría todo el daño que Angel parecía estar sintiendo por su rechazo.
"Lo siento mucho." dije, en voz baja.
Angel me miró de reojo y resopló.
"Escucha. Puedes quedarte aquí y mirar cómo otra ocupa el lugar que te corresponde o te enfrentas a él y le demuestras quién eres tú. A menos que sólo aspires a hacer su amante."
"Angel, no seas ridículo. No voy a hacer la amante de nadie." Dije, molesta.
"Jajajajaja. Ridículo jamás. "dijo arreglando su copete "No me meto en chismes, pero si piensas ser la amante del señor sonrisas, bien podrías hacer que se quede contigo. No mira a la señorita Mimzy cómo te mira a ti. Y créeme cuando te digo de que si sus planes están con ella, no hay nada remotamente cercano al amor ahí."
"Él no dejaría sus planes por mí."
"¿Esos planes incluyen seguir sintiéndote miserable y sin hacer nada? ¿En serio? Creí que eras más lista que eso." Dijo, escéptico.
Bajé la mirada y suspiré.
"No." dije. "Ese no es mi plan."
Entonces él comenzó a aplaudir.
"Bravo, muñequita." dijo, guiñándome un ojo "Ven, vamos a buscar la mejor canción para ti."
UwU
Canciones!
Sally's Song & Corpse Bride Medley
I Hate Myself For Falling
All Eyes On me ~ By Or30
