"¿Alastor?" escuché junto a mí.
Masajeé mis ojos con frustración y acomodé mis gafas. Di mi mejor sonrisa y cerré la puerta del tocador.
Pentious había madrugado. Llevaba los últimos minutos dando vueltas por la estación de radio, hablando del exitoso nuevo postre de su restaurante. Presumía, abiertamente, que iba sazonado con el ingrediente secreto especial de su familia. El cual, yo sospechaba, eran huevos, como casi todo lo que él consideraba especial en su menú.
Mi sombra me había advertido de su presencia antes de entrar a la estación, así que rápidamente, me oculté. No tenía ánimos de socializar, así que había estado esperando que él se retirara del recinto pronto. Pero luego de estar oculto en el baño durante quince minutos (un tiempo que excedía a lo decente) tuve que salir.
"Buenos días, Pentious." dije, manteniendo mi compostura.
Se acercó irrespetuosamente a mí y me examinó de cerca, con detenimiento.
"¡Madre mía! Te ves terrible, hombre." dijo, consternado "¿Dormiste mal anoche?"
Me acomodé el corbatín.
"Dormir es un lujo que se dan quienes tienen pocos pensamientos que atender." dije, con indiferencia.
"¿Inquietudes, Alastor?" dijo con una ceja alzada.
Me abrazó por los hombros y me acercó a él.
"Oh, estoy seguro que no es nada que un poco de las atenciones y amor de tu preciosa chica no puedan atender." dijo, con un extraño aire paternal.
Giré mis ojos de fastidio. Retiré su mano de mi hombro y me alejé a una distancia prudente.
"Charlotte ya no vive conmigo, Pentious." dije "Ella renunció a ser mi sirvienta anoche. Además, te informo ya me comprometí con Mimzy para matrimonio."
El impacto de mis palabras fue devastador para él. Y podría jurar que contuvo la respiración un momento, sin acabar de entender lo que había dicho.
"¡¿QUÉ?!" exclamó fuera de sí "¡¿QUE TÚ Y ESA LINDA CHICA TERMINARON?!"
Elevé mi dedo índice para decir algo, pero él siguió vociferando.
"¡¿Y TE CASAS CON MIMZY?! ¡¿MI ENEMIGA MORTAL?!" exclamó agarrándose el cabello, con desesperación.
Me miró con rabia y me tomó, con firmeza, de los hombros.
"¡¿ESTÁS LOCO?!" me dijo encarándome, furioso.
Me alejé de él, quitando sus manos de mí.
"Son asuntos personales, estimado Pentious." dije, quitando el polvo de mi traje.
"¿Personales?" dijo, indignado "Alastor, estuve observándolos tooooodo el tiempo mientras tú y esa chica comían en mi restaurante. ¡Y lo que ustedes tenían era especial!"
Mi ojo dio un tic, de desagrado. Miré con disimulo a mi sombra. Pareciera que ni siquiera ella había notado que habíamos sido vigilados por ese idiota durante la cena de ese día.
"¡No puedo creer esto! ¡¿Y hace cuánto tiempo la conocías?!" exigió saber.
"Hace dos años." dije con simpleza.
"¡DOS AÑOS!" exclamó, con horror "¡En ese mismo tiempo mi hermano había conocido a su esposa, se habían casado en dos meses y estaría a la espera de su quinto hijo! ¡¿En qué estuviste perdiendo el tiempo?!"
Pentious siguió parloteando, furiosamente. Entré a mi cabina de locución para evitar que oídos curiosos siguieran escuchando. Pentious me siguió.
"Alastor, estaba tan seguro de que le habías propuesto matrimonio en la maravillosa mesa preparada para ustedes (que personalmente, arreglé para la ocasión), que mandé a hacerles un pastel especial en la cocina para celebrar. Pero uno de mis subordinados tiró dos pilas de platos al suelo y el pastel quedó incompleto. ¡Y ustedes ya se habían ido cuando volví!"
Reprimí un suspiro de molestia y me acomodé en mi silla de locutor.
"Pentious, ha sido un gusto verte nuevamente, pero ya es hora de mi programa." dije.
"¡Eso, Alastor! ¡Vete a hacer tus cosas! ¡Y me dejas a mi corazón destrozado aquí como si te importara!" exclamó dramáticamente, con lágrimas en los ojos.
Se giró con indignación y se fue de la cabina de locución dando un portazo.
Parpadeé, sorprendido, por su arrebato. Él era un personaje extraño, sin duda.
Volví a mi trabajo. Me puse mis auriculares y el letrero de "Al aire" se encendió.
"¡Muy buenos días a todos, mis queridos oyentes!" dije de buena gana "¡Finalmente es viernes! ¡Qué formidable día! Tenemos una temperatura de 12° Celsius en el ambiente con pocas posibilidades de lluvia. Y no podemos estar ad portas del fin de semana, sin las noticias del mundo. ¿No es así?"
Los anuncios y el aire festivo del Mardi Gras que comenzaba en un par de días era palpable, y la mayoría de las noticias y anuncios sólo hablaban de eso. Desde ofertas especiales de disfraces para el desfile, el anuncio de la visita del gobernador de Luisiana, Orcar Kelly Allen, a las festividades y le siguieron canciones animadas, que, indudablemente, la gente agradecía.
Me mantuve concentrado en mi trabajo todo el día. Alejado de cualquier idea indeseada que pudiera llegar a mi cabeza. Concentrado en lo que debía decir y tararear cada letra de cada canción presentada, para acallar a mis pensamientos.
A la hora de almuerzo, fui a una cafetería cercana a comprar mi almuerzo y dos tazas de café. La falta de sueño no solía ser un factor para verme tan decaído, como lo había mencionado Pentious. Así que preferí evitar algún otro comentario al respecto y pedí una taza extra de café.
Al final de mi jornada, y con bastante cafeína en el cuerpo, presenté la última canción del día.
"¡Y ahora una favorita del público para decir adiós a esta magnífica sección! ¡Esto es: 'You're my everything'!" dije animado.
Di la señal y la canción comenzó a sonar.
Escuché la melodía con atención. Pero por mucho que lo evité, había momentos en que mi cabeza divagaba hacia ella al recordarla con una melodía. Cualquier pensamiento relacionado con cierta joven volvía a mi mente una y otra vez, sin permiso y de forma arrebatadora.
No me podía quitar de la cabeza su mirada de completo rechazo, ni cómo me había remecido hasta la médula su negativa a mis avances la noche anterior. Ella había tomado distancia, me habló claramente y me enfrentó. Era realmente interesante verla con postura firme. E, incluso, verla así me había tentado a querer tocarla otra vez.
Pero, entonces, ella lo dijo. Ella me había dicho lo que, hacía tanto tiempo, yo había deducido.
Ella me amaba.
Yo lo intuía y sus acciones hablaban por ella cada día. En sus miradas, en la forma en que agregaba lavanda al agua caliente de mi tina, en cómo arreglaba los narcisos para mi madre, cómo cantábamos a dúo y cómo se sonrojaba al sonreírme. Pero que me lo dijera a la cara, fue completamente diferente. Ya no había forma de intentar desviar el tema por comodidad. Era una declaración que exigía una respuesta. Sus ojos llenos de determinación y sus palabras tan seguras, me habían quitado el aliento.
Pero ella me había pedido sinceridad y eso fue lo que le había dado.
Entonces, ella renunció.
Ella se excusó y preparó sus cosas para irse. Estuvo lista en apenas unos pocos minutos. Di un vistazo rápido a su habitación cuando la escuché caminar, rápidamente, escaleras abajo. Ella no se había llevado nada, salvo algunas cosas personales que guardaba en su mesita de noche. Pero había dejado todos los vestidos, zapatos y demás que le había regalado a lo largo de estos meses. Incluso había dejado tirado el vestido rojo, que había traído, en el suelo.
Bajé por la escalera y ella estaba poniéndose el abrigo, dispuesta a irse.
"Espero que sea muy feliz." me había dicho.
Realmente iba a irse. Cuando estaba girando la manija, sólo le dije lo primero que se me vino a la mente.
"Espera, manzanita." dije.
You're my everything underneath the sun
You're my everything rolled up into one
You're my only dream, my only real reality
You're my idea of a perfect personality
You're my everything, everything I need
You're the song I sing and the book I read
You're a way beyond belief and just to make it brief
You're my winter, summer, spring, my everything
You're my everything (everything I need)
You're the song I sing and the book I read
You're a way beyond belief and just to make it brief
You're my winter, summer, spring, my everything
Su mirada de traición volvía, incesante, a presentarse en mi cabeza. Esa mirada que me había ganado luego de la revelación de su propia historia y de cómo ella había sido resucitada. De cómo yo había trabajado con su padre y había entablado una amistad con él.
Desde la parte más egoísta de mi ser, quería retenerla a costa del dolor y miedo que ella estaba sintiendo. Me parecía inconcebible que quisiera irse de esa manera. Sin una despedida adecuada. Sin más que palabras apresuradas de quien está huyendo. Quería que le doliera irse. Quería que sufriera el desapego. Como una venganza por negarme su compañía. Y, al mismo tiempo, quería verla bien.
Saberla lejos había sido uno de mis fines. Pero no me hacía feliz que se alejara.
No sabía qué quería de ella.
No sabía qué hacer con ella.
Su rostro no hizo más que confirmarme que yo no había disfrutado en lastimar su corazón, por mucho que así lo quise.
Fue, entonces, que ella, sin más palabras, sólo se fue. De inmediato mandé a mi sombra a seguirla. Ella no miró atrás en ningún momento de su frenética carrera hacia la estación del tranvía. Mi sombra la acompañó hasta un departamento, donde, poco después apareció Vaggie.
Y la escuché llorar. Su llanto me oprimió el pecho. Era un llanto de un corazón roto. ¿Por qué no me hacía feliz ese llanto?
Mi sombra le hizo guardia hasta que estuvo acomodada en la cama de Vaggie. Y la escuché cantar, en susurros rotos. Fue entonces que, en la soledad de mi sala, puse una mano sobre mi boca y suspiré. Amparado por la oscuridad, nadie podía ver que mi sonrisa había sido derrotada por esa noche.
No pude dormir. Me mantuve en mi posición por las horas que le quedaban a la noche. Apenas fui consciente que el despertador sonaba en el piso de arriba, supe que era hora de trabajar y aún no había resuelto nada en mi cabeza.
Uno de mis compañeros me estaba haciendo señales a través del cristal. La canción había terminado y ya estábamos al aire.
"¡Lamentamos las dificultades técnicas!" dije, disimulando mis divagaciones "¡Apuesto que extrañaron mi voz en estos segundos de silencio! JAJAJAJAJA"
Luego de dar término mi jornada, me fui directamente a casa. Me sentía extrañamente poco animado. Lo cual era inusual, considerando que mi falta de descanso fue generosamente recompensada por el café que había bebido. Fue un trayecto incómodo, tanto en el tranvía como en la caminata por el bosque.
Al entrar a mi casa todo estaba en silencio y a oscuras. No había música, ni el aroma a la comida recién hecha en el ambiente. No había nadie que me diera la bienvenida. Colgué mi saco en el perchero y me dirigí a la cocina y me detuve en la entrada. Todo estaba tal cual lo había dejado esa mañana. La loza limpia y apilada. Las ollas vacías de la última comida que ella había preparado para mí.
Ella no estaba ahí. No sabía qué estaba esperando, la verdad.
Tomé la comida de la alacena y me dirigí al establo. Llamé a Razzle y Dazzle, para alimentarlas. Ellas llegaron a mí con paso lento y triste. Casi como si supieran que ella ya no estaba. Le di de comer a las gallinas y entré nuevamente a casa. Encendí la radio en la sala para aplacar el silencio y sintonicé una estación al azar. Fui a la cocina y me dispuse a hacer mi cena.
Mientras cortaba las verduras y el agua de la olla hervía, la música me hacía compañía.
Don't know why
There's no sun up in the sky
Stormy Weather
Since my gal and I ain't together
Keeps raining all the time
Life is bare
Gloom and misery everywhere
Stormy Weather
Just can't get my poor old self together
I'm weary all the time
Every time
No recordaba que vivir solo en casa fuera tan insoportable. Hubiese ido a cambiar aquella molesta canción, si no fuera porque estaba con las manos ocupadas picando la cebolla.
So weary all of the time
When she went away
The blues walked in and then they met me
Estaba revolviendo la olla. Me giré y extendí la mano.
"Charlotte, ¿serías tan amable de pasarme el...?" dije, por costumbre.
Entonces, me interrumpí. Charlotte ya no estaba ahí.
If she stays away
That old rocking chair's bound to get me
All I do is pray
The lord above will let me
Just walk in that sun again
Era verdad. Ella se había ido. Su presencia, su música y su luz ya no estaban en mi casa. Bajé mi mano lentamente. Me recargué en el borde de la encimera y bajé la cabeza.
Finalmente, dejé escapar un largo y pesado suspiro.
Can't go on
Everything I had is gone
Stormy Weather
Since my gal and I ain't together
Keeps raining all the time
Keeps raining all the time
Las cosas estaban bien. Así es como deberían ser. No debería preocuparme por dónde estaba, si, al final mi propósito se había logrado. Que ya no estuviera significaba que mis problemas acabarían. No había con quien debía sentirme débil, ni vulnerable, ni reprimir mis impulsos, ni mantener mi compostura. No había con quién tener que compartir mis tardes, ni conversar sobre temas en común, ni cantar y bailar al son de la música. No había nadie que me besara con ternura luego de tener una ferviente intimidad, que me esperaba cada día con buena comida o que me sonriera con sinceridad.
Charlotte ya no vivía conmigo. Y así lo había decidido.
Que ella renunciara y no tener que verla era lo mejor para mí. Era lo más conveniente para mi tranquilidad. Seguiría según el plan que me había establecido y me había trazado, hasta antes que ella apareciera en mi vida. Me casaría con Mimzy, como lo había estado postergando. Mimzy era una persona manejable si sus caprichos eran atendidos, así que no habría problemas en poder manipularla a mis deseos. Las ganancias serían a mayores y estaría posicionado en un lugar privilegiado.
Todo iba de acuerdo a lo que había planeado.
Entonces, ¿por qué no me sentía satisfecho?
Sobreponiéndome a esos pensamientos, terminé de hacer mi cena y me serví una ración. Fue una solitaria comida, interrumpida por el tictac del reloj de la sala.
Me fui a acostar temprano, aunque al otro día no tenía que ir a trabajar. Al pasar por la habitación de Charlotte, vi el vestido rojo tirado y la cama hecha. Miré los armarios y toda su ropa nueva, incluyendo vestidos y zapatos que aún, que aún no estrenaba, seguían allí. Y, doblada y dentro de una caja de cartón estaba la que era mi chaqueta manchada con sangre de Venado. Ella la había guardado como un celoso tesoro.
Volví a mi habitación y me acosté en mi cama. De inmediato me senté y tomé la almohada. La olfateé. Era el aroma al cabello de Charlotte. ¿Cuánto más estaría su perfume en mi cama antes de que se desvaneciera con el tiempo?
Después de unos momentos de reflexión, miré a mi sombra.
"Ve a buscarla. Quiero verla." ordené.
Mi sombra se escurrió por la ventana y desapareció. Entonces me concentré. Mirando a través de los ojos de mi sombra, veía pasar árboles y luego edificios, pasando a toda velocidad. Siguió dando giros a las esquinas correctas, hasta que llegó a un departamento en especial. La casa de Vaggie. Mi sombra se deslizó por la puerta principal hasta llegar a la sala. Parecía que no había nadie. Las luces estaban apagadas y, por la hora, Vaggie debía estar trabajando en el Mimzy's palace. Mi sombra espió por debajo de la puerta de la habitación de Vaggie.
Y ahí estaba Charlotte. Durmiendo plácidamente. En, exactamente, la misma posición desde la noche anterior. Me pregunté si había despertado desde que se había quedado dormida la noche anterior. No sería la primera vez que dormía por más de un día, luego de pasar por una experiencia fuerte para su alma. Observé su rostro tranquilo, su pecho que subía y bajaba con su respiración calmada.
Corté la visión y llamé a mi sombra. Me quedé mirando al techo por largo rato.
Ella estaba bien al menos.
Al otro día fui al Mimzy's Palace, temprano. Mimzy había insistido en que fuéramos a desayunar juntos. Así que, apenas abrió su local, le indicó a Niffty que volvería en la tarde, con soltura y me tomó del brazo, con entusiasmo.
Fuimos a un local cercano, bastante pintoresco. Decía que solía desayunar ahí cada mañana. Pidió una ración de waffles con un té. Me dijo que pidiera lo que yo quisiera, pero sólo solicité una taza de café negro. No me sentía con hambre.
"¿Qué tal está tu café, Al?" dijo, insegura "Puedo pedirte unos waffles también. ¡Están buenísimos!"
"No, gracias." dije, negando con la mano. "Por cierto, necesito informarte que Charlotte ya no trabaja como mi sirvienta."
Mimzy me miró impactada y tiró su tenedor. Luego, se recuperó y le brillaron los ojos.
"Oh, pero qué terrible noticia." dijo, con una enorme sonrisa.
"Supongo que encontró una mejor oportunidad laboral." dije, y bebí de mi café.
Intentó indagar en detalles de su partida, pero dije lo necesario. Su ánimo pareció mejorar aún más y luego se fijó en su reciente tema favorito: nuestro matrimonio. Ella hablaba sin parar de preparativos, tipos de pastel y los invitados. Parecía tener todo bajo control, aunque nunca le indiqué en qué fecha era ideal casarnos. Ella sacó una caja de cigarrillos, me ofreció uno y yo lo rechacé. Encendió un cigarrillo y, despreocupadamente, lanzó el humo al aire.
"¡Deberíamos casarnos en mayo! ¡O, mejor aún, en abril!" decía, emocionada "La primavera estará en su pleno apogeo!"
Para mi fortuna, ella se conformaba con monosílabos y pequeños comentarios de mi parte entre las pausas de su perorata. Casi no la escuchaba, realmente.
Luego del desayuno, me insistió en que fuéramos al local de la mejor modista de la ciudad, para encargar los trajes con tiempo. Sin que dijera su nombre, sabía a quién se refería.
"Estoy segura que si dejamos el vestido (según mis instrucciones) en sus manos, va a ser algo maravilloso." decía, mientras caminábamos por la calle.
Acomodé mis gafas, con incomodidad.
"Querida, ¿no crees que estás adelantando mucho los preparativos?" dije, sutilmente.
"Oh, Al-querido, no te preocupes por nada. Me encargaré de que todo esté perfecto." dijo, desestimando mi comentario.
Reprimí un suspiro de fastidio. Lo que menos necesitaba en esos momentos era tener que recibir las miradas de desaprobación de Rosie. Pero debía mantener una actitud cooperadora.
Me alivió que, al menos, Mimzy cambió el tema a las cosas que le molestaban.
"¡Ese desgraciado cerdo se comió las flores de la entrada! ¿Puedes creerlo?" dijo, indignada.
"No puedes pedirle demasiado a un animal de matadero." dije, elevando mis hombros.
"¿Y sabes qué? ¡Katie reapareció! No puedo creer que sigue intentando entrar a mi local de vez en cuando." exclamó Mimzy, fastidiada.
"Algún motivo frívolo deberá tener para intentar perpetrar en un lugar donde no es bienvenida." dije, sin mucho interés.
"Cuando la confronté la otra noche, me dijo que estaba en una misión. Pero de seguro sólo quiere infiltrarse para sacar chismes de los comensales que se atienden con mis chicas." dijo, con suficiencia.
Llegamos al local de Rosie. Al principio parecía bastante confundida por verme llegar junto a Mimzy. Y no pudo disimular su asombro cuando Mimzy, dándome un abrazo estrecho por la cintura, le informó, con alegría, sobre nuestras próximas nupcias. Rosie tuvo la destreza de ocultar su sorpresa y felicitarla. Una vez que Mimzy se hundió en los colgadores de vestidos, Rosie me dedicó una mirada cargada de confusión y reproche, la cual ignoré.
Rosie atendió a Mimzy con toda la cortesía y atenciones correspondientes a un cliente. Paro en los pequeños momentos en los que Mimzy se giraba o entraba a probarse vestidos, Rosie me dedicaba miradas frías de desaprobación. Yo me mantuve concentrado en el periódico del día, que estaba disponible en la pequeña área de espera del local. Evité a toda costa elevar la mirada a menos que fuera completamente necesario.
"Señorita Mimzy, podría diseñarle un encaje personalizado para su vestido 'Rosie' original." dijo Rosie, en un momento.
"¿De verdad?" exclamó Mimzy, con entusiasmo.
"Por supuesto. No hay problema. Sólo le pido que, una vez lo haya seleccionado uno de mis vestidos, no venga de un momento a otro con otro tipo de diseño, e insista en quedarse con el nuevo, aunque el anterior, obviamente le quedaba mucho mejor y nadie entienda el repentino cambio. Eso es de muy mal gusto." dijo, con voz dura.
Rosie sonreía y capté la indirecta. Mimzy ni siquiera parecía estar prestándole atención, mientras se miraba en el espejo.
Ya era hora de almuerzo y aún seguíamos en el local. Mimzy no parecía sentirse satisfecha con ningún modelo, y Rosie, ya casi sin poder encubrir su cansancio y fastidio ante una clienta tan difícil, informó que era horario de comer y debía cerrar la tienda. Mimzy se fue decepcionada, pero prometió volver lo antes posible.
"Gracias, vuelvan pronto." dijo Rosie, con una sonrisa tensa, mientras nos abría la puerta.
No pude evitar darle una furtiva mirada a Rosie, cuando iba saliendo. Ella me miró con el ceño fruncido y molestia en sus ojos. Incliné la cabeza en señal de despedida y seguí a Mimzy hacia afuera.
Fuimos al Mimzy's Palace para ir a retirar dinero de la caja para ir a almorzar. Francamente, no me sentía muy apetente, pero la acompañé por cortesía. Ella se me adelantó en el pasillo para llegar a su oficina y yo me quedé atrás. Me quité las gafas y me masajeé los ojos. Había sido la mañana más infructífera que había tenido en mucho tiempo. Y estaba tentado en decirle a Mimzy que me sentía indispuesto y retirarme a casa.
De pronto, escuché una voz familiar. Era un canto que invitaba a ser escuchado. Llegué a la entrada del salón principal y ahí estaba ella. Era Charlotte. Cantaba con potencia y firmeza, acompañada de una banda de músicos. Angel Dust estaba observándola, como un juez, mientras marcaba el ritmo con su pie.
Charlotte ponía toda su pasión en la letra, mientras la cantaba. Su postura erguida y esa sonrisa de suficiencia eran arrebatadores. El sudor de su frente, su concentración y la precisión de sus movimientos elegantes, era gloriosos.
But not anymore!
I'm in control!
I have the stage
You can't turn the page
So do as you're told!
Encore! Hit the beat boys
Focus on me!
I'll be all that they see!
I'll make them sway
No, can't run away
Now all eyes on me!
Now all eyes on, All eyes on me!
Al terminar la canción, pude, finalmente despegarle los ojos de encima. Ni siquiera había notado cuándo fue que mi mandíbula había caído de la impresión. Sólo entonces, noté que Angel me estaba observando con una sonrisa arrogante. Me sentí invadido y de inmediato, volví al pasillo.
Caminé sin un rumbo fijo real, aún muy aturdido por la forma en que el deseo por acercarme a Charlotte me remeció por dentro. Esa mujer iba a acabar conmigo, y ni siquiera había interactuado con ella. Sólo tuve que verla en el escenario para recordarme lo poderosa que era su presencia.
Ella seguía igual y, de alguna forma, ya no se sentía igual. La rabia y firmeza en la canción que interpretó, la hacían lucir como realmente era: inalcanzable.
Qué interesante. Toda ella era desconcertante y atrayente en partes iguales. Y, lo más importante, ella seguía aquí. Y me encargaría de que eso siguiera así.
Di un pequeño respingo al sentir una mano en mi codo. Era Mimzy.
"¿Al? Te he estado hablando. ¿Estás bien?" dijo, preocupada.
Carraspeé.
"Por supuesto, Mimzy, sólo estaba reflexionando en los maravillosos espectáculos que iniciarán el lunes noche por la temporada del Mardi gras." dije, con seguridad.
"Oh, serán fabulosos. Hoy y mañana habrá ensayos generales, así que tienes que venir para que veas cuán magníficos son." dijo, con orgullo.
"Indudablemente, querida, además espero ver a Charlotte en su debut." dije, con simpleza.
Ella se detuvo en seco y me miró.
"¿Aún esperas que Charlotte participe?" dijo, a la defensiva.
"Mimzy, querida, fue un trato. Además, al público le gusto. Y terminando la temporada de fiesta, ella tendrá que encontrar un trabajo en otra parte." dije, con un ademán de mi mano.
No pareció convencida, pero no acotó nada más. Me excusé del almuerzo y le indiqué a Mimzy sobre un asunto pendiente que debía atender. Y, a pesar de las constantes quejas de Mimzy, me fui a casa, prometiendo volver más tarde. Tenía cosas que hacer.
Esa noche llegué nuevamente al Mimzy's palace con mi mejor traje y una gran bolsa de papel. La gente y el jolgorio de la noche en la ciudad ya estaban presentes. La multitud de gente instalada me daba la seguridad de que, a pesar de la recesión económica, la diversión barata era imán para el dinero.
Me acerqué a la taberna y Husk me gruñó al verme llegar.
"Miren nada más, si no es el futuro esposo de la señora Mimzy, en persona." dijo, con sarcasmo.
"Un gusto de verte, Husk." dije, ensanchando mi sonrisa.
"No entiendo a mierdas como tú. Apenas hace unos días estabas todo "amorosito" con tu pequeña sirvienta y ahora te casas con mi jefa." dijo, limpiando un vaso.
"Charlotte renunció a ser mi sirvienta." dije, mirándolo de reojo.
"¡E hizo bien!" exclamó, poniendo el vaso con fuerza en la encimera "Se tardó mucho en darse cuenta en que lo mejor es mantenerse alejado de ti."
Me reí con fuerza.
"Eres hilarante, amigo mío." dije poniendo un billete en la mesa "Dame un whisky."
A regañadientes, comenzó a preparar mi pedido.
De pronto, apareció Vaggie, con actitud apremiante.
"¡Husk, necesito hielo, ahora!" ordenó.
"¡No tienes que usar ese tono conmigo!" le increpó Husk.
"¡Sólo hazlo!" exclamó Vaggie, alterada.
Husk, le entregó una jarra de cerveza con hielos adentro. Apenas Vaggie la tomó, notó mi presencia. De inmediato frunció el ceño.
"Saludos." dije, divertido.
Ella me quedó mirando con desconfianza un momento y luego salió corriendo por donde vino, con el hielo en sus manos.
Por simple curiosidad, mandé a mi sombra a investigar. Unos momentos después, regresó inquieta. La miré y se deslizó por el piso, entre los pies de las personas que circulaban, para indicarme un camino. Al parecer, algo interesante estaba ocurriendo.
"Husk, guárdame esto." le dije entregándole la bolsa de papel.
"¿Qué?" dijo, confundido.
Me puse de pie y seguí a mi sombra. Rápidamente llegué hasta el baño de hombres. Me quedé afuera y mandé a mi sombra por debajo de la puerta. Pude ver a Angel Dust sentado en el suelo y, extrañamente, a Charlotte y a Vaggie ahí también. Charlotte lucía muy preocupada mientras ayudaba a Angel con unas heridas sangrantes en la cara.
"Esos hombres eran unos cobardes, Angel." dijo Charlotte.
"Dos contra uno, eso no es honorable." dijo Vaggie, mientras sacaba cosas de un botiquín.
"No es como si fuera la primera vez que me golpean por ser quien soy." dijo Angel, adolorido.
Charlotte, con cuidado, puso hielo envuelto en un trapo, sobre las heridas de la mejilla de Angel.
"Pero se han vuelto más frecuentes. La última vez casi te apuñalan." dijo Vaggie.
"¿Qué puedo decir? La gente se ha vuelto más puritana y ya no aceptan a las personas como yo, como años atrás." dijo Angel, molesto.
"Me parece terrible, Angel." decía Charlotte, consternada.
"Lo único que lamento es que mi cara queda toda hinchada por días. Así no podré salir a hacer mis actos." dijo Angel, poniéndose de pie y mirándose al espejo.
Era mi momento. Entré al baño y me quedaron mirando con sorpresa.
"¡Oh! Buenas noches, no sabía que había un club en el baño de hombres." dije, con mi mejor sonrisa.
Charlotte, desvió la mirada nerviosa y Vaggie me miró con ganas de querer golpearme a puño limpio.
"¿Qué hace aquí?" dijo Vaggie.
"¿Oh? ¿Acaso el baño no es de uso público?" dije, mostrando una sonrisa dentada.
"¿Estaba siguiéndome?" dijo, a la defensiva.
"Los problemas que puedas tener me tienen sin cuidado." dije, elevando los hombros.
Miré a Charlotte, quien me devolvió la mirada con molestia.
"Buenas noches, Charlotte." dije.
"Buenas noches." dijo, secamente.
Me reí entre dientes.
"Charlotte, querida, tengo algo que entregarte. Pero creo que habrá que esperar hasta que todos se vayan a casa. Tengo que ir a comer con Mimzy ahora, así que, veámonos en el bar de Husk a las dos a.m." dije, con soltura.
Charlotte me miró con sorpresa e indignación.
"¿Por qué ella debería ir?" dijo, Vaggie.
"Querida, esto es un asunto que nos concierne a los dos, nada más." dije, con sorna.
Charlotte me miró, desafiante.
"Ahí estaré." dijo.
"Charlotte..." dijo Vaggie, incrédula.
"Estupendo." dije "Y por cierto, Angel..."
Angel elevó la ceja.
"Puedo convencer a Mimzy de que deje a Charlotte actuar como uno de los estelares hasta que te recuperes. Como show de apoyo, Charlotte es un completo desperdicio."
Me giré y salí del baño.
Me reí para mis adentros. Retiré la bolsa de papel de la custodia de Husk, quien me miró molesto por haberlo dejado con un pedido servido poco antes. Y me fui a la oficina de Mimzy.
Mimzy tenía preparada una cena bastante ostentosa, traída desde el Antoine's restaurant. Aunque ella indicó que la había hecho ella misma, era imposible, dado que el local no tenía cocina. Luego de un monólogo de su parte y terminar ebria, Mimzy se quedó dormida sobre la mesa. Supuse que mientras cerrara la puerta todo estaría bien, así que a las dos de la mañana me encaminé al bar de Husk.
Había muy pocas personas a esa hora, y ni siquiera los músicos estaban tocando. Nada más quedaban los solitarios que se habían embriagado y Niffty tenía que hacer rodas hasta la salida, mientras hacía un aseo meticuloso en el local.
Caminé por el pasillo con paso sereno y seguro. Llevaba una bolsa de papel de una mano, con un contenido que debía ser entregado pronto. Ser el prometido de Mimzy tenía sus ventajas, debía admitir. Me sentía el supremo rey de ese lugar. Podía hacer y deshacer cuánto quisiera y nadie podía rebatirme. Por lo que la vista de una menuda persona, de muy mal carácter interrumpiendo mi trayectoria, llamó mi atención. Estaba apoyada en la pared, pero sus intenciones, al mirarme con su único ojo a la vista, era que esperaba por mí.
"Buenas tardes, Vagatha." dije, insidioso.
"Lo siento, señor Alastor, no puedo dejar que pase." dijo, impasible.
"¿Oh? ¿Por qué sería eso?" dije, alzando una ceja, divertido.
"Usted va a buscar a Charlotte y no dejaré que eso ocurra." dijo, crispando la nariz con rabia.
Me reí con fuerza.
"¡Qué gracioso!" exclamé.
Intenté avanzar, pero ella se interpuso blandiendo un cuchillo. Yo la miré entretenido.
"¡Detente ahí, cabrón hijo de perra!" exclamó "Conozco tu juego. No dejaré que la lastimes nuevamente."
"Oh, si quisiera hacerle daño a alguien en este lugar... YA LO HABRÍA HECHO." Sentencié, amenazante.
Ella se quedó mirándome, con estupor.
"No sabía que mi querida Charlotte tuviera un guardaespaldas. Qué encantador." dije, riéndome.
"Ella es mi amiga, y voy a protegerla." dijo, con seguridad.
"Charlotte no es ninguna criatura indefensa. Mientras más sobreproteges algo es indicativo de la poca confianza que tienes de sus capacidades o de defenderse por sus méritos."
Puse la punta de mi dedo en su cuchillo y lo desvié de mi trayectoria.
"O, en otras palabras, la subestimas a niveles enfermizos." comenté estrechando mis ojos.
"¡No! ¡Sólo no quiero que otras personas la lastimen!" trató de defenderse.
"Charlotte no necesita una niñera, ni un perro guardián, cariño." dije, elevando las manos.
"Pero necesita a una amiga ahora más que nunca."
"¿'Amiga' dices?" dije insidioso, golpeando mi mentón con mi dedo "Tu forma de mirarla no es precisamente 'amistosa'."
Ella se cruzó de brazos y desvió la mirada, molesta. Le hice cosquillas en la barbilla con mi dedo. Vaggie mostró sus dientes, amenazante.
"¡Sonríe, querida! Nunca estás completamente vestido sin una sonrisa." dije, negando con mi dedo.
Ella frunció incluso más el ceño.
"No pasará de aquí." sentenció.
"Oh, ¿crees que puedes evitar que hable con ella?" Dije, con sorna.
"Usted no merece hablar con ella después de cómo la hizo llorar." Contestó ella, cruzando los brazos.
Ensanché mi sonrisa.
"Mis intereses son superiores a tus motivos, querida." Dije, con malicia.
"No dejaré que la vea." zanjó.
Me reí de buena gana. Me incliné a ella y le susurré, insidioso.
"¿No será que te agrada la idea de que yo no esté con ella?"
Ella me miró, asustada.
"Te esmeras mucho en mantenerme alejado de ella. Y esas buenas intenciones no necesariamente van de la mano con la felicidad de Charlotte o con lo que quiere... Sino que es a conveniencia de alguien más."
Ella desvió la mirada, nerviosa.
"Si cree que esto lo hago sólo por lo que siento por ella, está muy mal." dijo "Ella es una buena persona y no merece que usted la tratara como lo hizo. Desestimando sus sentimientos por usted."
"No tengo que justificar mis motivos, querida y menos frente a ti."
Cerró los ojos un momento y luego me miró, con desconfianza.
"¿Por qué le hizo esto, señor? ¿Por qué la ilusionó y se compromete con otra persona?" Dijo, molesta.
"Eres un encanto al intentar resolver asuntos ajenos, querida. Pero esto sólo nos concierte a Charlotte y a mí. Ahora, como tu futuro jefe, te ordeno que me dejes pasar."
Me miró desafiante por unos segundos, y yo continué sin inmutarme. Finalmente (y con resistencia) ella se hizo a un lado y pude avanzar.
"Si le hace algo, no dudaré en hacerle daño a usted." Escuché que decía detrás de mí.
Me reí entre dientes.
"Qué divertida eres." Me burlé.
Seguí caminando, sin dudar que tenía la mirada de Vaggie pegada en mi espalda.
Llegué al salón y busqué con la mirada.
Encontré a Charlotte en la barra de Husk, con una copa de vino en su mano. Era curioso verla bebiendo. No era común verla con una copa en la mano, salvo el vino que bebió en el Antoine's restaurant hace semanas atrás. Pero su elegancia y delicadeza quedaba en evidencia con el simple hecho de cómo sostenía la copa de vino. La tomaba por el fuste, bebía del vino en pequeños sorbos y mantenía el líquido en su boca unos segundos antes de tragar. A pesar de estar con una mirada perdida en el cristal, Charlotte se veía espléndida.
Me acerqué a ella y me senté a su lado.
Ella se sobresaltó al despertar de su ensoñación y me miró con sorpresa. De inmediato frunció el ceño.
"Señor Alastor, buenas noches." dijo con frialdad.
"Saludos, querida." le dije, con desplante.
Miré a Husk, quien había elevado una ceja.
"¿Qué haces aquí tan tarde, rarito?" dijo.
"Privilegios de tu futuro, jefe, amigo mío." dije, sin inmutarme "¿Serías tan amable de entregarme una copa limpia, mi estimado Husk? Desearía compartir un poco de este buen vino."
Husk gruñó, pero sacó una copa, la llenó de vino hasta la mitad, y me la acercó.
"¡Muchas gracias!" dije.
Me miró con desconfianza.
"Ahora, te pediría que te retiraras." le sonreí con malicia "Tengo temas que tratar aquí, y tu presencia ya no es requerida."
"¿Qué estás...?" estuvo a punto de quejarse.
Miró a Charlotte, quien seguía con su mirada perdida en el líquido.
"Si te hace algo, grita, niña." murmuró de mala gana.
"¡Oh! ¡Qué conmovedor!" me burlé "¿Desde cuándo tienes asignado cuidar de las damas alcoholizadas?"
"¡Cállate! ¡Cualquiera con sentido común se alejaría de ti!" rebatió.
Tomó una botella de alcohol barato con fuerza.
"¡Me largo de aquí!" exclamó, malhumorado.
Entonces, él se fue maldiciendo por lo bajo.
Me reí entre dientes y miré a Charlotte. Ella jugueteaba con su copa, haciéndola girar entre sus dedos. Una vez los pasos de Husk se perdieron por el pasillo, el silencio reinó en el lugar.
"Veo que todos te han tomado mucho cariño aquí, querida." dije, casualmente.
"¿Le puedo ayudar en algo?" dijo ella, luego de unos momentos, sin levantar la vista.
"Por supuesto, quería saber si conoces a la descuidada chica que dejó todo esto en mi casa." le dije, poniendo la bolsa sobre la mesa "Puedo asegurarte que nada de esto es de mi talla. Así que mi intención es devolvérselo."
Ella miró de reojo la bolsa.
"Esa chica no necesita nada de esto. Puede tirar todo eso o donarlo, si quiere hacer un servicio comunitario extra." dijo.
Alcé una ceja, divertido.
"Sería un desperdicio tirarlos, considerando la crisis, querida." dije reposando mi cabeza en mi mano "Y si esa chica no los quiere, bien puedes quedártelos."
Se giró hacia mí, con aire desafiante. Sus ojos eran tan sinceros. Estaba enojada. Estaba herida. Sus puños estaban cerrados y sus hombros muy tensos. Una deliciosa expresión que no podía disfrutar completamente, porque era su rostro.
"¿Qué quiere de mí, señor Alastor?" dijo en voz firme.
"¿No puedo venir a saludar a una antigua colega de trabajo?" dije, con una sonrisa dentada.
Tomó una respiración profunda antes de hablar, con voz pausada.
"Creí que con la humillación que me dio en su casa, le había quedado claro que no quiero volver a verlo." dijo.
"¿Es así, querida?" dije, ladeando la cabeza.
Me quedó mirando. Con sus preciosos ojos en un estado salvaje.
"¿De verdad creíste que sería tan simple deshacerte de mí?" dije, con sorna.
"¿Qué espera de mí? Si no me lo dice con claridad, pensaré que me está acosando." dijo en voz baja. Era casi una súplica.
Me giré para beber de mi copa. Era un vino de bastante mala calidad. Pasé mi dedo por la circunferencia del borde de la copa.
"Es muy notoria tu ausencia en casa, cariño." dije, mirándola de reojo.
Se mantuvo impasible.
"Razzle y Dazzle se ven decaídos últimamente." dije, volteando a mirarla.
"¿Han comido bien?" dijo ella, con un brillo de preocupación.
"Hoy comieron un poco más, pero ayer no probaron bocado." comenté.
"Ya veo." dijo.
Giró su butaca y se puso de pie.
"Bueno, si no tiene nada más que decir..." comenzó.
"También extraño tu presencia." interrumpí, sin mirarla.
Ella se detuvo en su lugar.
"Usted eligió extrañarme cuando decidió que yo ya no era importante en su vida." dijo, con neutralidad.
Me reí con fuerza.
"Oh, querida, nunca te he dicho que no eres importante." afirmé.
"No necesité palabras, señor." dijo ella con frialdad "Fue usted quien decidió que no quería que yo formara parte de su vida."
La miré, con interés.
"¿De verdad creyó que me quedaría tranquila mirando cómo se casaba y recibir los tratos de la señorita Mimzy, a diario, como mi jefa?" dijo, indignada.
"Ciertamente, ustedes dos no congenian bien." acepté.
"No por nada ya no trabajo para usted."
Me puse de pie y la miré. Ella no se inmutó.
"Tú decidiste irte."
"Yo no era acorde a sus planes, señor. Mi presencia sólo generaría incomodidad para usted y su futura esposa, si seguía en su casa. Eso lo entendí muy bien." indicó.
Cruzó los brazos.
"Entendí el mensaje." concluyó.
Detestaba verla así, casi tanto como verla triste. Rehuyendo mi presencia. Desviando la mirada. Con sus mejillas impávidas de color. Manteniendo la distancia agonizante entre nuestros cuerpos. Y al mismo tiempo, verla en esa postura erguida y desafiante, era tan incitante. Mantenía mis manos en mi espalda para detener mi impulso por tocarla. Pero ella seguía allí, ignorando a mis manos ansiosas por su piel y mi lengua seca, que anhelaba el bálsamo en su boca.
Vi que sus intenciones eran de terminar la conversación y dejarme sólo en ese lugar. Pero di un paso frente a ella, para impedir que avanzara. Ella me miró, altiva.
Oh, sus ojos llenos de ira eran gloriosos. Pasé mi lengua por mis labios y sonreí ampliamente.
"Soy un comunicador, cariño." dije con soberbia "Pero si no estás recibiendo el mensaje correcto es responsabilidad mía."
Puse la punta de mis dedos en su mentón para elevar su rostro. Ella se movió para alejarse de mi tacto y me miró con el ceño fruncido.
"Res non verba." dijo con seguridad.
Me reí entre dientes, negando con la cabeza.
"Oh, mi querida Charlotte." dije, entrecerrando los ojos "Puedo asegurarte que en unos pocos días, escucharás fuerte y claro mi mensaje, si sabes leer entre líneas."
Tomé la bolsa y se la extendí.
Ella se quedó mirándome con desconfianza. Yo seguí sonriendo. Mi seguridad no iba a flaquear ante aquella hermosa criatura, que amenazaba con destruir lo que había construido por su mera existencia. No negaré que el silencioso pensamiento de acabar con su vida de un golpe certero no había pasado por mi cabeza. Pero no a ella. La pérdida que experimentaría sería superior a la ganancia de no pisar la misma tierra que yo.
Luego de mirarnos en silencio, finalmente, tomó la bolsa con sus cosas y pasó junto a mí, hacia la salida.
"Buenas noches, señor Alastor." dijo con frialdad.
"Descansa, cariño." le dije, con soltura.
Quedé solo frente al bar. Del interior de mi chaqueta encontré mi cuchillo favorito. Lo saqué de su funda y vi mis ojos reflejados en la afilada hoja. Mi sombra revoloteó a mis pies. Me miró, dedicándome una espectral mueca de complicidad.
"Tenemos mucho que hacer, querido amigo." dije con solemnidad, guardando nuevamente mi daga.
Quité unas motas de polvo de mi traje y me dirigí a la salida.
Los días siguientes fueron, por mucho, los más agotadores que pude recordar. Incluso los días donde tuve intimidad con Charlotte no me habían requerido de tanto esfuerzo físico. Lo único que hice en las siguientes noches fue cazar. Pero no me enfoqué en mis adorados ciervos. Oh no. Me encargaría de presas de mayor valor y dificultad: cacé criminales. A raudales. De forma indiscriminada y sin detenerme. Casi no dormía, casi no comía, sólo pensaba en encontrar a cada lacra de la sociedad en las cercanías.
Me quedaba hasta altas horas, por las noches en las calles de la ciudad, enviando a mi sombra a investigar. Casi en cada ocasión, ella llegaba con excelentes noticias. Cada nombre y rostro en el listado archivado de criminales prófugos me había sido de mucha utilidad en mi labor. La sombra de cada persona guarda los secretos que no se atreve a pronunciar, y entre espectros se susurran los pecados de sus portadores.
Me esforcé a límites insanos. Con una pasión descontrolada y demencial por la sangre de cada uno de esos inmundos engendros. En medio de la helada noche y en la neblina de la madrugada. Con el rostro y mi traje salpicado del delicioso rojo de sus cuerpos. Atrapando, cosiendo, desgarrando, cortando, apuñalando y tronando los dedos. Deleitándome en la mirada aterrada y sus lágrimas suplicantes por sus patéticas vidas. La oscuridad de amparaba. Y aunque en un par de ocasiones había sido avistado (en un torpe descuido) por un transeúnte curioso, un sencillo conjuro de confusión impedía que llegasen muy lejos con información, potencialmente desfavorable para mi propósito.
Con cada día que pasaba el nombre de "El justiciero" se hacía cada vez más presente. De boca en boca, en los murmullos de los pueblerinos, en la voz de los niños que vendían los periódicos matutinos, en los encabezados, en las noticias que yo mismo dictaba con regocijo por la radio.
Yo estaba en todas partes. No había forma en que ella no supiera de mí.
Poco más de una semana después de comenzar mi seguidilla de asesinatos, me tomé el tiempo de ir a visitar el Mimzy's palace. Fue cuando escuché a Charlotte charlando con un pequeño grupo del staff, en uno de los ratos libres en su ensayo. Me los quedé observando desde la barra. Mimzy me había permitido tomar de lo quisiera, sin restricciones. Y en ese momento bebía del whisky caro de la reserva secreta de Husk, para celebrarme a mí mismo por el triple asesinato la noche anterior. Habían sido unos hombres que habían estafado a muchas familias con la promesa de un negocio lucrativo con telas extranjeras y, al adeudarse con el banco por un préstamo, perdieron sus casas. Cuán arrogantes eran, pensando que podían comprar su perdón con vil dinero justo antes de coser sus bocas y acallar sus desagradables voces.
"¿Has escuchado que El Justiciero mató a toda una pandilla que traficaba con esclavos?" Decía Vaggie
"¡Ja! Escuché que mató a un grupo de ladrones que estaban prófugos hace 2 meses, cerca del pantano." Respondió Angel Dust, fumando de su boquilla.
"Yo oí que la cárcel no ha recibido gente nueva desde hace dos semanas. La delincuencia bajó mucho." Dijo Niffty, sin dejar de quitar el polvo con su plumero "¿Y tú, Charlotte? ¿Sabes algo de El Justiciero?"
Charlotte estaba remendando un vestido con avidez.
"No. No me interesa mucho, la verdad." mintió con firmeza y naturalidad "Sólo mata criminales, ¿no? No deberíamos preocuparnos."
"¿Pero no creen que es muy extraño? De repente empezó a matar a muchos a más criminales." dijo Vaggie con una mano en su mentón "Antes eran uno o dos al mes, ahora, prácticamente hay nueve en una semana, como mínimo."
"Pareciera que sólo quiere hacerse notar, y decirles a todos: Estoy aquí y sigo haciendo esto porque me gusta y puedo." Dijo Angel, moviendo sus manos como arañas en el aire.
"¿Crees que sea sólo porque le gusta matar?" Dijo Vaggie, alzando una ceja.
"Mas bien parece una clase mensaje." DIjo Niffty con una gran sonrisa.
"¿Un mensaje?"
"¡Sí! Como cuando empiezas a hacer algo de manera muy marcada para recordarle a los demás que estás ahí." Explicó dando saltitos de emoción.
"¿Crees que sea una amenaza para alguien?" Dijo Vaggie, frunciendo el ceño.
"¡O un mensaje de amor!" Puntualizó, Niffty.
"Ugh, sería uno muy críptico." dijo Angel Dust haciendo una mueca.
"Pero ¿qué quiere probar matando a mucha gente? ¿Qué quiere demostrar? ¿Que es mejor que los demás? ¿Que él es más listo que la policía?" Dijo Vaggie, muy pensativa "No podemos descartar nada de un fenómeno como él."
"Pues más listo que la policía, ya es. No lo han atrapado, ni si quiera saben cómo luce." dijo Angel, jugueteando con Fat Nuggets.
"Debe tener una razón más fuerte para tomarse tantas molestias." Dijo Niffty, elevando los hombros "¿Por qué elegir sólo criminales? Podría matar a cualquiera. Los niños huérfanos y los pordioseros abundan en las calles, pero ellos no son sus objetivos. Yo sigo creyendo que es un mensaje."
"¡Vamos! ¿Qué clase de psicópata mata a tantos criminales sólo para mandar un mensaje a una persona?" Dijo, Vaggie sin estar convencida.
Charlotte, instintivamente, desvió los ojos hacía mí y le devolví la mirada, con una sonrisa de satisfacción. Elevé el vaso de whisky en mi mano, en un ademán de hacer un 'salud' por ella.
Su mandíbula cayó y sus ojos se abrieron. Bebí lo que me quedaba del whisky y dejé el vaso sobre la mesa, para retirarme.
Estaba en racha. No podía parar.
Cada gota de sangre derramada era una misiva sólo para ella. Cada vez que mi cuchillo se empañaba de carmín era una caricia en su rostro. Cada cadáver que quedaba en el piso, una promesa. Me empapaba las manos y tronaba los dedos. Me manchaba la cara y tronaba los dedos. Mi traje debía estar impecable ante todo después de cada encuentro con aquellos infelices. La satisfacción, la emoción, el poder que obtenía, la euforia de ser yo su verdugo y ser yo lo último que ellos verían antes de descender al infierno. Todo era maravilloso. Yo era el mismo poder. Podía sentirlo recorrer mis manos como nunca antes. Era imparable.
Y mi mensaje estaba llegando. Lo sabía. Ella lo estaba entendiendo.
Estoy aquí, cariño. ¿Puedes escucharme?
Sigo haciendo esto por ti. Lo diré en la mejor forma en que sé hacerlo: dejando que mi cuchillo hable por mí.
Charlotte, seré directo. Si no me importaras, mataría a cualquiera, pero sé que eso te incomodaría, querida. Y no es mi intención de que tu vida sea mantenida por la sangre de un inocente. Tómalo como una atención de mi parte.
Dejaré este mensaje claro. No importa cuántas veces deba repetirlo. Lo escucharás en cada susurro de la gente aburrida de New Orleans, en cada encabezado del periódico o las noticias matutinas. Hasta que captes a cabalidad mi manifiesto y no dudes de mi palabra.
Por eso, esta declaración de caballero llegará a ti en bucle, mi querida Charlotte:
Sigo aquí y hago esto, porque me gusta lo que hago. Me gusta sentir esta emoción. Me gusta ponerle fin a miserables indeseados de la comunidad. Y sé que te gusta también. Tus ojos y tu piel son, en extremo, sinceros. Y la emoción que te genera lo que hago, no puedes ocultarla. Compartimos ese gusto por la sangre. Sé que no podrás dejar de pensar cada noche, antes de dormir, en qué estoy haciendo y cuál será el nombre que todos susurrarán como mi siguiente víctima.
Pero, sobre todo, quiero que no te queden dudas de que hago esto, porque me importas más de lo que estoy dispuesto a admitir mirándote a los ojos.
Mis palabras no podrán dignificar lo que siento por ti, cariño. Así que dejaré que la elocuencia de mis acciones y el filo de mi cuchillo te lo digan al oído.
Res non verba, querida mía.
Estaba agotado, pero quería seguir. Llevaba a más de cuarenta asesinatos en dos semanas. Era música para mí escuchar el nombre de mi alter ego en boca de todos. Me hacía sentir poderoso y venerado. Pero mi desgaste físico comenzaba a notarse al saberme completamente absorto en mis actividades nocturnas. Unas notorias bolsas se habían posicionado bajo mis ojos y una ligera barba, indicaba que no me había afeitado en un par de días.
Durante mis jornadas de trabajo, llegué a tomar cuatro tazas de café en una sola mañana y me mantenía constantemente alerta. Las noticias de mis asesinatos era lo primero que mencionaba cada mañana con entusiasmo. Luego le seguían los horarios de servicios comunitarios y frívolos resultados de algún juego deportivo. Pero lo que más destacó en aquellos días era la noticia de una nueva cantante que hacía furor entre los clientes del Mimzy's Palace, llegando al punto en que fue mencionado en la radio al menos tres veces esa semana.
Era llamada Le Ange blanc, y moría de curiosidad por ir a verla en el escenario.
"Alastor, querido. Te ves muy cansado." dijo un día Mimzy, en horario del almuerzo.
Sin darme cuenta, había dejado de escuchar su parloteo sobre cada detalle de sus "maravillosos zapatos italianos" para la boda, y me había perdido en una habichuela de mi plato.
"¡Oh, debe ser el estrés de la boda!" dijo, asintiendo con compasión "Pero no te preocupes, tontito, yo tengo todo bajo control. Ya hice el traspaso del 31% de las inversiones a tu cuenta con mi abogado. Sólo falta que firmes los papeles y ya."
"Magnífico." dije, sonriendo.
"¡Oh! Por cierto, encontré unos aretes maravillosos que hacen juego con..."
Y siguió hablando sin yo escuchar, realmente.
Cuando el mismo Pentious fue a dejar el total de la cuenta. Miró sobre el hombro a Mimzy y se giró para mirarme con dolor en sus ojos y volteó el rostro con aire ofendido. Ese sujeto era de verdad extraño.
Volvimos al Mimzy's Palace y Mimzy comentó (en voz bastante alta) que había reservado ya una cena para el martes en la tarde, durante el desfile del Mardi gras. La mayoría de la gente que se dirigía a las calles para ver los carros alegóricos, buscaba un buen sitio donde beber y seguir pasando el rato, después de terminado el evento. Me comentó que había dejado todo en manos de Vaggie y que podríamos tener un momento a solas. Me dijo que tenía una sorpresa para mí después del show. Vi a dónde quería ir, pero no dije nada. Ella lo tomó como una aceptación y sonrió satisfecha.
Esa noche me quedé viendo el espectáculo y no salí a "cazar". Mimzy se fue a hacer sus labores administrativas y yo me quedé mirando el espectáculo.
Los asistentes, en su mayoría eran hombres llevaban muchos más regalos que de costumbre. Muchas veces vi cómo los mediocres intentos de los clientes por tratar de conquistar a una chica del show, terminaban en ser arrojados del local debido a su maleducada insistencia. Pero ese día eran más evidentes. Había muchas flores blancas en diferentes tipos. Rosas, lirios, hortensias, hasta tulipanes blancos.
Yo seguía observando mi vaso, pensando en mi siguiente movimiento. No estaba realmente viendo el show. Pero hubo algo. La mención de un nombre la que me hizo levantar la vista de mi vaso.
"¡Con ustedes nuestra estrella revelación! ¡Le Ange Blanc!" gritó el presentador extendiendo los brazos y retirándose de escena.
Los vítores no se hicieron esperar. Todos en el salón aplaudieron expectantes y algunos incluso daban saltos.
Las luces se apagaron. Las enormes cortinas rojas se abrieron. Un reflector alumbró una solitaria figura apareció en el centro del escenario y todo el mundo se quedó en silencio.
Era Charlotte. Estaba en la cabeza gacha y sentada sobre un taburete. Sus piernas estaban cruzadas y sus manos firmemente aferradas a cada lado de su asiento.
En todos los días que estuve absorto en mis asesinatos, no había reparado en que no había presenciado ninguno de los números de Charlotte.
Y ella se veía completamente diferente.
Exuberante. Magnífica. Parecía una deidad vibrante y reluciente.
Estaba pies a cabeza vestida de blanco con purpurina que brillaba a la luz del reflector. Sólo sus mejillas eternamente sonrosadas hacían contraste con su cuerpo. Tenía un traje apegado al cuerpo, con las piernas descubiertas y un escote, adornado con plumas, que dibujaba la línea superior de sus pechos. Tenía una alborotada estola de malla blanca en la cadera y medias blancas hasta el muslo, sujetadas con portaligas. Largos guantes cubrían sus delicados brazos y altos tacones. Tenía un sombrero de copa blanco y un pequeño un tocado en él que parecían astas de ciervo.
Tardé unos segundos en despertar de su encanto. Era la mujer más hermosa y sensual que hubiese visto en mi vida. Su cuerpo, generalmente cubierto de amplios vestidos de mi madre y el quehacer diario no le habían hecho justicia a su apariencia. Ahora desprendía toda la feminidad de una mujer. El contraste entre nosotros era más notorio que nunca. Ella brillaba toda de blando bajo la luz del reflector y yo actuaba en las sombras, con la sangre de inmundo criminales en mi cuerpo.
Se inclinó hacia el micrófono que tenía delante y comenzó a cantar.
You had plenty money 1922
Algunos gritos aislados la animaron a seguir. La música comenzó a acompañarla justo después. El público la acompañó chasqueando los dedos al ritmo de la melodía.
You let other women make a fool of you
Why don't you do right, like some other men do?
Get out of here and get me some money too?
Le hablaba al micrófono como si le susurrara al oído de un amante. Pequeños jadeos apasionados parecían mezclarse con las palabras. Su voz tenía hipnotizados a todo el público. Sus ojos seguían cerrados, completamente absorta en la música.
You're sitting there wondering what it's all about
You ain't got no money, they will put you out
Why don't you do right, like some other men do?
Get out of here and get me some money too?
Abrió los ojos y se puso de pie. Elevó ambas manos lentamente y tomó el atril del micrófono suavemente. Su porte y elegancia eran hipnóticos. Movía las caderas lentamente al son de la música del piano. Era un verdadero ángel. Agraciada y celestial cantando a simples pecadores.
If you had prepared 20 years ago
You wouldn't be a-wanderin' out from door to door
Why don't you do right, like some other men do?
Get out of here and get me some money too
"Te lo digo, ella va a ser mi mujer." escuché susurrar a un hombre joven a su compañero en una mesa cercana. Tenía un enorme ramo de rosas blancas con un lazo rojo junto a su silla.
Sonreí con sorna. Estúpido iluso. Él nunca estaría a la altura de una mujer como Charlotte.
I fell for your jivin' and I took you in
Now all you got to offer me's a drink of gin
Why don't you do right, like some other men do?
Get out of here and get me some money too
Why don't you do right, like some other men do?
Like some other men do
Luego de dar la nota larga final de su canción, la audiencia estalló en aplausos de pie. Charlotte dio una simple reverencia de cabeza y se dirigió al backstage.
Toqué el hombro contrario del hombre joven que hablaba de Charlotte. Al momento de girarse le robé, disimuladamente, el ramo de flores en el suelo y me fui de ahí. El sujeto no se dio cuenta del hurto y siguió aplaudiendo animadamente mientras cerraban las cortinas.
Me dirigí a los camerinos a paso firme con el ramo de rosas en las manos. Había mucho movimiento de cambio de escenas y unas bailarinas con trajes de can-can pasaron delante de mí. Miré entonces a los espejos que estaban uno junto a otro en hileras de tres. Cada bailarina parecía dejar sus maquillajes y artículos sobre la mesita frente a los espejos. Cada espejo tenía muchas bombillas que lo rodeaban para iluminar el rostro de quien se estaba arreglando.
"¡Hola!" escuché a una voz familiar junto a mí. Era Angel Dust quien tenía una peluca rosa y un traje fucsia ajustado al cuerpo, con largas botas negras de tacón alto.
Él se acercó a mí e hizo un caminito con sus dedos sobre mi hombro de manera sugestiva.
"¡Oh, no tenías que traerme flores!" dijo encantado tratando de tomar el ramo, pero lo quité a tiempo para que pasara de largo.
"Lamento decepcionarte, mi afeminado amigo." dije cortésmente "Pero vengo a ver a Charlotte."
"¡Ugh! ¡Ahora todos vienen a ver al Ange Blanc! "dijo rodando los ojos con fastidio "Si no me agradara, ya habría intentado hacerla tropezar."
Y luego apuntó al espejo más apartado de la puerta principal.
"Te has recuperado de esos desagradables moretones, por lo que puedo ver." dije, de soslayo.
"Mi encanto está por sobre la intolerancia y los golpes." dijo, con altivez.
Me miró con una desagradable sonrisa.
"Te sugiero traerle algo mejor que esas simples flores al Ange Blanc." dijo, divertido "Esa chica es bonita y talentosa. Tiene a toda clase de hombres a sus pies. ¡Si supieras! Abogados, doctores, incluso un político, están interesados en ella. Tiene de dónde elegir. Entonces, cuando no nos demos cuenta, se casará, sin duda, y se mudará lejos. ¡Y cuán arrepentido se sentirá el que no le propuso compromiso a tiempo!"
Me dirigí de inmediato al puesto de Charlotte, ignorando la risa molesta de Angel.
Charlotte estaba ahí leyendo una tarjeta de una de los muchos ramos de flores que recubrieron toda la superficie y el suelo de su área. Suspiró con fastidio y tiró todas las flores con rabia al suelo, dejándolas regadas. Ella se recargó en la mesita para calmarse.
"¡Oh, cariño! Si así tratas a las flores, creo que escogí el regalo incorrecto." dije detrás de ella. Charlotte se sobresaltó y se giró para mirarme. Sus ojos se abrieron mucho por la sorpresa y se quedó sin palabras unos momentos.
"¿Qué está haciendo aquí?" dijo, desconcertada.
"¿Cómo estás, querida mía?" le dije extendiéndole el ramo de rosas blancas. "Te traje rosas blancas. Bastante acordes con tu traje, la verdad." y me reí.
Ella tomó las flores y las dejó sobre la mesa. Se giró y me miró, con los brazos cruzados.
"Muchas gracias" dijo, estoica "Ya puede retirarse."
Miré los bellos ramos de flores en el suelo y tomé una de las tarjetas. No pude evitar alzar una ceja mientras leía.
'Mi adorado Angel Blanco, por favor acepta este humilde presente con todo mi amor. Espero impaciente el día en que nuestras almas se junten y podemos ceder al deseo sin culpa, impulsado por el amor verdadero que nos une. Sólo dame una orden y dejaré todo lo que soy y poseo para huir juntos.
Siempre tuyo, Arnold Bronche.'
"Conmovedor." dije.
"Todo un poeta, ¿no?" dijo, resoplando con la nariz.
"Supongo que uno de tus nuevos seguidores." dije, lo más naturalmente posible.
"No son agradables. El que escribió eso tiene cerca de sesenta años y veintidós hijos con cuatro mujeres diferentes." dijo, con desinterés "Lo sé, porque Angel me ha recriminado todos estos días que le quité a uno de sus mejores clientes."
"La popularidad tiende a atraer a todo tipo de personas." dije lanzando al aire la estúpida nota. "Y también, por todas estas flores, concluyo que no son nada sutiles con sus intenciones."
"No es el tipo de atención que busco." dijo recargándose en la mesita, mientras suspiraba. "Con cantar sobre el escenario me basta. Algunos son bastante insistentes y he tenido que pedir ayuda, en más de una ocasión, para que los saquen de este local."
Suspiró y se cruzó de brazos.
"Es incómodo lo invasivos que pueden ser. Incluso dentro del elenco hay quienes aseguran que este local debería llamarse 'Ange Blanc's Palace', porque es de lo que todos hablan." dijo, molesta.
"La envidia muestra su cara cuando a los demás les va mejor." dije, con simpleza.
"Francamente, nunca creí que alcanzaría a esos niveles de popularidad."
Con un rápido ademán elevé la barbilla de Charlotte y me incliné hacia ella.
"Lo sé, cariño." dije en un susurro cerca de su rostro. "El escenario te adora. No puedes culpar a los que no han sido bendecidos con el arte y sólo pueden observar maravillados lo que puedes hacer. Tu voz es un canto de sirena y tu belleza hace que la luna oculte su rostro de vergüenza cuando apareces."
Ella me miró con ojos vidriosos. Apretó los labios y se obligó a mirarme.
"¿Por qué está aquí?" dijo, con el ceño fruncido.
"¿Mh? Oh, ¿en el backstage?" dije con soltura "Soy inversionista. Tengo acceso total a todo este recinto."
Ella quitó su rostro de mi mano y tomó distancia.
"Sabe lo que intento decir." dijo con voz agotada.
No respondí y tomé una de las rosas blancas de la mesa.
"Estás haciendo una pregunta innecesaria." le dije elevando una ceja.
Hubo unos momentos de silencio. Comencé a quitar pétalo por pétalo, despreocupadamente, mientras ella me miraba de reojo.
"Tenemos que hablar." dijo de forma autoritaria.
Me reí entre dientes y me giré a mirarla.
"¿Por fin quieres hablar, cariño?" dije, triunfal.
"Pero no aquí." dijo, poniéndose firme "No es seguro aquí. Mañana en el Congo square a las cinco de la tarde. En el puente. Cerca de la banda de jazz."
La miré con detenimiento. Sus ojos afilados, sus labios rojos, su postura erguida. Mis ganas de tocarla eran casi insoportables. Con mis manos echas puños en mi espalda, me puse firme frente a ella.
"Ahí estaré, querida." dije, suavemente "Procura ser puntual. La señorita Mimzy planea que pase por ella a las seis."
Tiré el tallo de la rosa sin pétalos, que tenía en la mano. Hice una reverencia ante Charlotte.
"Mañana nos vemos entonces, mon ange blanc." dije y me erguí.
Nos quedamos mirando unos momentos de manera intensa. Me sentía inquieto. Demasiado. Pero estaba decidido en demostrar mi serenidad a lo que tuviera que decirme. Aunque eso significaba un día entero de agónica espera.
Sin nada más que agregar, di media vuelta y me retiré.
Al día siguiente, estaba puntualmente sentado en la banca en Congo square. Había estado todo el día expectante e impaciente para que dieran las cinco en punto. Los músicos del parque estaban a unos metros de mí, tocaban un suave jazz que permitía que el ambiente de una tarde de primavera fuera más amena. Había apenas un par de personas a la lejanía. La mayoría de la gente estaba esperando con ansias el desfile de Mardi gras. Yo llevaba mi traje a medida hecho por Rosie para la cena elegante con Mimzy en una hora más. Incluso había traído mi bastón y un sombrero de bombín. Pero me había vestido, especialmente, para mi encuentro con Charlotte.
Los minutos pasaban, por lo que mi pie comenzó a moverse inquieto a ver que Charlotte aún no llegaba.
De pronto, la vi. Con un sencillo vestido de algodón y un bolso en la mano. Caminaba con gracia hacia mí. En todas sus facetas, ella tenía un encanto diferente. Debía admitir que admirarla desde lejos me había permitido verla brillar de manera diferente. Más madura, segura y salvaje. Mi querida Charlotte había crecido.
"¡Charlotte querida! Me honras con tu presencia. ¿Cuándo fue la última vez que hablamos?" Exclamé, poniéndome de pie.
"Buenas tardes." dijo.
"¿Por qué me has invitado a este lugar tan poco concurrido, tesoro?" dije, ladeando la cabeza.
"No se haga el inocente, señor Alastor." dijo, molesta.
"No sé de qué me hablas, cariño." dije con tranquilidad.
Ella frunció el ceño. Miró alrededor y me miró.
"Quería llamar mi atención con todos esos asesinatos. Agradezco que resguarde la seguridad de mi alma, pero fueron demasiados." Dijo en voz baja.
"¿Demasiados, tesoro? Nada es más espectacular que un buen escenario manchado de sangre. ¡El público enloqueció!" Exclamé abriendo mis brazos.
Ella elevó una ceja y cruzó los brazos.
"¿No cree que fue un exceso?" dijo, escéptica.
"Las calles son más seguras ahora." dije con simpleza.
"La gente lo ve como un santo. Ha vengado a muchos de los afectados por aquellos criminales."
"¡Oh! ¡Deberías ir a ver a la pobre Mite en el cementerio! Tiene tantas cartas de agradecimientos y regalos que ya casi no se ve." dije examinando mis uñas.
"Donde quiera que vaya sólo hablan de usted."
"Entonces... misión cumplida."
Me incliné hasta quedar cara a cara con ella. Resopló con frustración.
"¿Quiere dejar de fingir? ¿Qué es lo que realmente quiere?" dijo mordaz "¿Desea que yo le agradezca con obediencia lo dependiente que está mi vida de sus asesinatos? ¿O sólo es porque disfruta haciéndolo y dice que es por mí?"
Me reí ligeramente.
"Oh, no oculto lo estimulante que es para mí el matar criminales, Charlotte. Como tú no deberías intentar ocultarlo tampoco..."
De pronto, ella me abofeteó. La sorpresa me dejó desconcertado un segundo. La palpitación del golpe en mi cara había sido tan excitante que tuve que refrenar todos los pensamientos que vinieron a mi mente en un instante. La miré. Su rostro estaba sonrojado y me miraba, ofendida.
"No hable de esas cosas en la calle." dijo.
Me reí con fuerza, emocionado.
"Extrañaba esas demostraciones de pasión de tu parte, querida." dije, con emoción.
"No estamos hablando de eso, señor Alastor." dijo con dignidad "Necesito que me diga qué quiere exactamente y terminar con esto de una vez."
"¿Terminar? Oh, querida, creo que mi esfuerzo por montar un espectáculo digno para todo el pueblo ha desvirtuado mi principal objetivo." dije poniendo una mano en mi pecho.
Me volteé y caminé en dirección contraria. Troné los dedos y los músicos de jazz que estaban en el parque entraron en trance y cambiaron de súbito a una melodía mucho más animada. Hice girar mi bastón en mi mano hasta dar un golpe en el piso. Las luces de las farolas cambiar a color rojo, que hacían juego con el cielo.
Me giré hacia Charlotte, quien parecía sorprendida.
"He ganado mucho poder con los asesinatos. Y creí ser bastante claro con mis acciones. Pero la verdad es, que si necesitas viles palabras, bien puedo acompañarlas con música, querida." Dije, poniéndome el sombrero.
The maddest kind of love
Is a love you know is wrong
It burns a hole, right through your soul
And cuts you like a knife
The maddest kind of love
Is a love you know won't last
It fills your heart with passion
Makes you lie about your past
You know I speak from experience
I live it each day
It's something she does
It's something she'll say
It's the maddest kind of love
The maddest kind of love
Is a love just for the thrill
It doesn't have a conscience
Only lives, for the kill
The maddest kind of love
Is a love you know's a lie
It leaves feeling empty
Too weak, too cold to cry
You know I speak from experience
I live it each day
It's something she does
It's something she'll say
It's the maddest kind of love
It's a mad, mad love
It's the maddest kind of love
It's a mad, mad love
Wooooooooo, Yeah!
You know I speak from experience
I live it each day
It's something she does
It's something she'll say
It's the maddest kind of love
It's a mad, mad love
It's a maddest kind of love
It's a mad, mad love
Ooooooooooh yeah, you're in love
(Yeah)
Don't fall in love...
Ooooooooooooooooooooooh...
Me volteé a mirarla, volví a tronar mis dedos y todo lo que había conjurado desapareció. Escuché los murmullos de los músicos de jazz que salieron de su trance, para mirarse confundidos y las luces de las lámparas volvieron a su luz blanca.
"¿Fue una declaración aceptable?" dije, poniendo mi sombrero en su cabeza.
Ella pareció despertar de la sorpresa al sentir el sombrero. Resopló por la nariz y me miró con una extraña mezcla de indignación y alivio.
"Usted me ama." sentenció.
Ensanché mi sonrisa.
"Indudablemente." dije, con mis manos en mi espalda.
Nos quedamos mirando en silencio.
"Entonces, ¿por qué no me lo dijo cuando le confesé lo que yo sentía?" exigió.
Resoplé. Puse mi mano en su mejilla y acaricié su pómulo con el pulgar.
"Sé que quieres estar conmigo, cariño. Y es gratificante saberlo, porque quiero aceptar esa abnegación, pero al mismo tiempo, rechazarla."
Ella me miró confusa. Se masajeó las sienes, buscando paciencia.
"No lo entiendo, usted sí quiere estar conmigo, pero no quiere estar conmigo." Concluyó, con un dejo de exasperación en sus palabras.
"Un sentimiento confuso, pero cierto." Acepté.
"Sigue comprometido con otra mujer y me busca esperando que le corresponda" dijo, molesta" ¿Y espera que esté conforme con algo a medias?"
"Ciertamente no merecemos menos que una completa y exclusiva adoración mutua, Charlotte."
"Con asesinatos en mi nombre no hará que yo quiera volver. No puedo perdonarlo por haberme hecho pasar días tan malos después de que me rechazó... y ahora viene con esto." dijo abriendo los ojos, incrédula y encolerizada.
"Puntualicemos que nunca te rechacé. Sólo te dije que era una terrible decisión amarme." Indiqué, con calma.
"Pero yo sí quería amarlo y vivir mis días con usted." dijo dolida.
Ladeé mi cabeza.
"Cariño, han sido años de mantenerme al margen de los problemas mundanos. Una compostura impecable y digna de envidiar. Y que de pronto todos notaran que tengo una debilidad rubia y risueña revoloteando por ahí, fue realmente incómodo." Expliqué.
Ella me siguió mirando desafiante.
"¿Y entonces era eso? ¿Miedo al saberse vulnerable por mi presencia? ¿Temía que todos me vieran como una especie de 'punto débil'?" dijo molesta.
Le di una significativa mirada.
"¿Y pretendió volver a sus planes originales esperando que no hubiera repercusiones conmigo?" dijo, alzando las cejas "Quería alejarme para no tener que verme, pero no ha hecho más que buscarme."
"No lo niego."
"Intentó mantener distancia para evitar sentirse así. Y por actuar de manera tan egoísta sólo consiguió lastimarnos a los dos."
"En palabras simples."
"¿En serio pensó que así funcionaban las cosas?" dijo, incrédula.
"Fue una jugada arriesgada que terminó con las desastrosas consecuencias que saltan a la vista, cariño." dije, elevando los hombros.
Ella se veía confundida y molesta.
"Bueno, creo que es lo más idiota que ha hecho." dijo, cruzándose de brazos.
Acomodé mis gafas, con un suspiro de resignación.
"Puedes cuestionar mis métodos, tesoro, pero gracias a esto has logrado la proeza que jamás pensé que podría llegar a ocurrir: que fuera completamente sincero por con lo que siento." dije, con seriedad.
"Bien está dicho que se necesitan dos idiotas para enamorarse." dijo, elevando una ceja.
"Mantendremos eso como un secreto, cariño." dije, mostrando mis dientes.
Se pasó una mano por la cara.
"No es nada fácil lidiar con usted." dijo, entrecerrando los ojos, con fastidio.
"Lo sé, pero valgo la pena." dije, dándole una gran sonrisa.
Charlotte sonrió ligeramente, para luego suspirar.
Ella se quedó meditando un momento.
"No haga que me arrepienta." dijo.
Fue entonces, que ella sacó algo de su bolso. Lo que sea que tuviera en su mano lo apretó con fuerza por unos momentos. La miré con atención y debo admitir, que comenzó a incomodarme su silencio tan prolongado.
Finalmente, lo que ella tenía en la mano, me lo ofreció y lo tomé con curiosidad. Era una llave con un llavero de madera con el número "302" en él y un trozo de papel doblado. Elevé el rostro para solicitarle una explicación, pero ella ya se estaba retirando.
"¿Qué es esto, Charlotte?" le dije.
Ella se giró, y me miró con altivez y una media sonrisa.
"Es momento de tomar decisiones, Alastor." me dijo en voz alta. Se sacó el sombrero para hacerme una señal de despedida y se lo puso nuevamente.
Ella continuó su camino y me quedé de pie, confundido. Volví a mirar mi mano y desdoblé el papel. Abrí mis ojos con sorpresa.
Roosevelt Hotel.
Habitación 302.
Hoy a las 8 de la noche.
No llegues tarde.
Charlotte
Me reí con fuerza.
Oh, mi dulce Charlotte.
La decepción no estaría dentro de mi abanico de posibilidades nunca más.
Esa noche, luego de una cena en el Antoine's restaurant, habíamos ido al Roosevelt Hotel. Mimzy me había invitado a pasar la noche en una suite matrimonial. Ella había vociferado en repetidas ocasiones cuánto quería dormir en ese hotel en la noche de bodas, pero al parecer había tomado la oportunidad apenas pudo. Y yo sólo la seguí sin oponer resistencia, a lo que ella pareció encantada.
La habitación era muy amplia y bien iluminada. Con la elegancia que sólo puede proyectar un establecimiento de altura como lo era ese. Mimzy se excusó conmigo y se dirigió al baño con un bolso que había estado trayendo durante toda la velada.
Yo me quedé sentado al borde de la cama matrimonial con mi reloj de bolsillo en mi mano, mirando cómo pasaba el tiempo. Únicamente me había sacado la chaqueta y soltado la corbata de moño del cuello.
"Ali aaal..." escuché, que decían melódicamente a mis espaldas.
Mimzy apareció en el umbral de la habitación apoyándose en el marco con una mano y una en las caderas. Llevaba una larga bata de satín rosa con plumas. Tenía una mirada coqueta sobre mí.
"¿Se te ofrece algo, cariño?" dije, sin inmutarme.
"¡Ay, Al! Tú siempre tan esquivo." dijo riéndose y acercándose hasta quedar frente a mi "Pero hoy tienes permitido desenfrenarte completamente."
Dejó caer su bata al suelo y mostró una transparencia de rosa pálido con ropa interior de encaje.
"No necesito tu permiso para eso, cariño." le dije, con malicia.
Ella lanzó una risita.
"¿Te gusta?" dijo dándose media vuelta "Todo esto es sólo para ti."
Ella sonrió lascivamente ante mi silencio. Se inclinó hacia mí, me tomó del rostro y me besó. Besar a Mimzy era como besar una pared. No me provocaba absolutamente nada. El contraste con los besos de Charlotte era realmente sorprendente.
Me aparté de inmediato y Mimzy lo tomó como un gesto de timidez. Ella trató de acercarse a los botones de mi camisa, pero retiré su mano con un ademán. Ella se separó y me miró confundida. Me puse de pie rápidamente y tomé mi chaqueta.
"¿Al? ¿Al, qué estás haciendo?" dijo ella extrañada.
"Voy a salir." dije mirándola de reojo.
"¡¿QUÉ?!" gritó ella "¡Alastor, preparé esta noche especial para los dos!"
"Lo sé." dije sin interés, poniéndome la chaqueta.
"¡Se supone que hoy por fin tendríamos sexo!" gritó indignada. "¡¿Sabes cuánto he esperado para esto?! ¡¿Acaso no quieres tener intimidad con tu futura esposa?!"
La miré con altivez.
"Oh, no, cariño." dije sonriendo "El trato era casarnos. Nada más. No tengo intensiones de tener intimidad contigo, ni hoy ni nunca." puntualicé.
Mimzy estaba escandalizada. Su rostro era de verdadera desesperación.
"¡¿Es decir que esperas que durmamos juntos sin que nunca pase nada en toda nuestra vida?!" gritó con horror.
"¿Quién dijo algo de compartir la cama?" dije, ladeando mi cabeza "Dormirás en la habitación del otro lado del pasillo. No me gustaría compartir la misma habitación contigo."
Perdió el aliento. Tenía los ojos desorbitados. Ella vino corriendo hacia mí y me agarró de las solapas de mi chaqueta, con fuerza y me hizo inclinarme.
"¡Dijiste que estabas enamorado, Alastor!" gritó furiosa y al borde de las lágrimas. "¡Y que por eso te ibas a casar conmigo!"
"Oh, no mentí. Yo sí estoy enamorado." dije, tranquilamente.
Su expresión furiosa cedió un poco.
"Pero no de ti, querida." dije mirándola directamente a los ojos.
Miré su rostro con deleite.
"Lo nuestro son sólo negocios. Nada más." y ensanché mi sonrisa.
Mis palabras le impactaron al punto de que me soltó la chaqueta.
"Tu propuesta era sobre la inversión que tendría sobre el Mimzy's palace y las regalías que tendría por contraer nupcias contigo." expliqué "Pero nunca planeé cumplir con las expectativas de tu idea romantizada del matrimonio."
Se puso las manos en las mejillas lentamente y cayó de rodillas en el suelo. Me enderecé y estiré las arrugas que se habían hecho en la tela.
"Es Charlotte, ¿Verdad?" dijo en un hilo de voz. "Es de ella de quien estás enamorado."
"¿Realmente te cabe alguna duda, cariño?" dije con calma.
"¡¿Y pensabas que estaría feliz casándome contigo, pero sin tener tu amor?!" dijo, desesperada "¡¿Qué te hace pensar que no lograré que me ames en el tiempo en que estemos casados?!
"Eso es simple, querida. No por nada sólo hemos sido amigos, tanto tiempo. Eres graciosa, pero no me generas nada como mujer, Mimzy. Ni antes, ni ahora, ni en cincuenta años." dije, con malicia.
Después de unos momentos de silencio, se cubrió el rostro con las manos y se puso a llorar con fuerza. Miré nuevamente el reloj. Se me estaba haciendo tarde.
"Bueno, querida, ya me tengo que ir." dije guardando mi reloj en mi bolsillo. "Disfruta el resto de la noche. El vino y los chocolates vienen por cuenta del hotel."
De un movimiento rápido, Mimzy se puso de pie y tomó una de las copas sobre la mesita y me la aventó. Alcancé a esquivarla y se hizo añicos contra la pared.
"¡VETE A LA MIERDA!" gritó lanzándome la otra copa. "¡PÚDRETE, ALASTOR!"
Salí de la habitación en el momento en que ella tomó la botella de vino e impactó justo cuando había cerrado la puerta. Luego escuché sus alaridos amortiguados y gritos de llanto encolerizado, mientras destrozaba todo lo que tenía a la mano.
"Bueno, salió mejor de lo que esperaba." pensé animadamente.
Entonces, me encaminé a la habitación 302 del hotel.
Me sentí, sinceramente, aliviado. Con esta discusión, Mimzy querría poner fin a nuestro compromiso, pero ya había firmado como inversionista del 32% de su local, así que no fue una real pérdida de tiempo. Había sido realmente agotador tener que ser cordial con ella durante estos días, soportando su aroma a tabaco, sus borracheras al final de cada comida y los preparativos de una boda que yo no tenía ganas de concretar. Francamente sentía sacarme un peso de encima al haberle contado la verdad a Mimzy.
Yo estaba enamorado. Enamorado de aquella joven que llegó desnuda a mi vida y pude ver crecer ante mis ojos, hasta convertirse en toda una mujer. Enamorado de aquella mujer que me hacía gemir su nombre y con quien me gustaba reír, cantar y acariciar a mi gusto. Enamorado de la única mujer con la que estaba dispuesto a compartir mis días.
Y el amor significaba debilidad y dar el brazo a torcer. Un hombre puede ser feliz con cualquier mujer, mientras no la ame. Pero yo había caído y aceptado este abominable sentimiento, si eso me permitía estar cerca de Charlotte. Si era el precio a pagar, lo tomaría.
Al llegar al tercer piso, me sorprendí al sentirme ansioso. Toqué rítmicamente la puerta y esperé. Poco después me abrieron la puerta.
Charlotte estaba de pie, tan majestuosa como siempre. Llevaba el ceñido vestido rojo con un elegante escote en V en su pecho y un corte desde el muslo hasta el suelo, que me había mostrado días atrás en mi habitación. Podía ver parte de su pierna derecha y sus panties negras al muslo. Sus tacones altos le permitían le proporcionaban un porte intimidante y sus labios estaban con un maravilloso color carmín.
Era una diosa y yo un simple pecador.
"Buenas noches, Charlotte." dije, lo más naturalmente posible.
"Llegas tarde." dijo alzando una ceja.
"Lamento la tardanza." dije con una reverencia "La señorita Mimzy no aceptó con dignidad mis negativas a la intimidad."
Charlotte sonrió con resignación.
"¿Puedo pasar?" dije.
"Ya pagué la habitación." dijo ella, haciéndose a un lado.
Entramos y ella cerró la puerta tras de mí. La habitación era exactamente igual a la que estaba compartiendo con Mimzy hasta hace poco. Incluso venían las mismas rosas rojas y la botella con bombones incluidas en la estadía.
"¿Quieres beber algo de vino, cariño?" le dije tomando la botella de la mesa.
"¿No bebiste del que tenían en su habitación?" dijo, sentándose en el borde de la cama.
"Mimzy me arrojó la botella justo cuando salí." dije poniendo un poco de vino en una copa "Dudo mucho que quiera seguir con nuestro acuerdo nupcial después de mi sinceridad."
Bebí un poco y dejé la copa sobre la mesa. Me acerqué a Charlotte.
"¿Qué le dijiste para que se pusiera así?" dijo, con una sonrisa.
"Sólo la verdad, cariño." dije, inclinándome para besar su mano.
Para mi sorpresa ella levantó una pierna y puso su pie en mi hombro. Comenzó a aplicar fuerza mientras enterraba el tacón. Entendí sus intenciones y cedí a la presión de su pie hasta que quedé de rodillas frente a ella. Ella me miraba de manera altiva y yo la miraba expectante.
"¿Qué estás haciendo aquí, Alastor?" dijo con voz profunda.
"¿Ahora me tuteas?" dije.
"Ya no eres, ni serás mi jefe." dijo, alzando una ceja "Estamos de tú a tú desde ahora, Alastor."
Me reí entre dientes.
"¿Qué estás haciendo aquí?" repitió.
"Podría preguntarte lo mismo a ti, dulzura." dije divertido "Tú me pediste que viniera."
"Y viniste."
"Querías verme."
"Y tú a mí." aseguró.
Su actitud dominante, la forma en que me miraba y el dolor del tacón en mi hombro me estaba excitando. Parecía un demonio en un vestido rojo.
"No puedo perdonarte por haberte comprometido con otra mujer, Alastor." dijo frunciendo un poco el ceño.
Me reí por lo bajo.
"¿Qué podría hacer para obtener tu perdón, tesoro?" dije con sarcasmo.
"Suplica." dijo, firmemente.
Sentí una oleada de indignación mezclada con un quemante placer. Esa mujer estaba pidiéndome que suplicara de rodillas por su perdón. Nadie había hecho que aceptara un error. Entonces noté que parte de su entrepierna podía verse. Alcé la ceja y la miré.
"¿De verdad esperas que te suplique cuando ni siquiera estás llevando ropa interior, Charlotte?" dije con sorna "Aquí parece que eres tú quien pide a gritos que te tome."
Quité su pierna y me abalancé sobre ella tomándola firmemente de las muñecas. Esperaba una respuesta apasionada de su parte. Esperaba una entrega abnegada como tantas veces anteriores. Pero no. Fue completamente diferente. Charlotte sólo me miró con una ceja alzada y sonrió con sorna.
"Oh, ¿crees que esto será bajo tus términos, querido mío?" dijo, con voz profunda.
Antes que yo pudiera decir algo, ella dio una orden. Una simple orden que no vi venir.
"Suéltame." dijo.
Su voz era autoritaria y clara. Fue imposible de enfrentar la fuerza de su mirada y su presencia.
Entonces la solté. Me hice a un lado y ella se levantó de la cama con elegancia. Yo estaba sin aliento. Estaba profundamente impresionado. Esa faceta de mi Charlotte, que contrastaba con su timidez natural era fascinante. Esa mirada mordaz que me dirigía, mientras caminaba con gracia, balanceando sus caderas hasta llegar a la mesita de las rosas. Podía ver las cicatrices en su espalda, que su ajustado vestido rojo dejaba a la vista. Su cabello rubio recogido sobre un hombro, me permitía ver su níveo cuello. Toda ella era una droga sólo para mí. Adictiva y preciosa.
Ella era una completa invitación sólo para mí. Quería tomarla. Quería tocarla. Pero sus palabras habían puesto una traba. No podía transgredir esa orden. La miré expectante, mientras se acercaba a algo que no había visto: un tocadiscos y el sombrero de hongo que se había llevado esa tarde.
Me puse de pie para acercarme a Charlotte. Pero ella hizo un ademán con la mano y de inmediato sentí mis piernas doblarse y caí sobre algo suave con respaldo. Ella había invocado a una silla de la habitación, para que yo me sentara.
La miré desconcertado.
"Aún no hemos terminado de hablar." dijo, divertida, tomando el sombrero.
Ella apagó el interruptor de luz. Entonces, tronó los dedos y una luz apareció sobre mí, cual reflector de escenario. Los tronó de nuevo y una luz también cayó sobre ella, esta vez con el sombrero de hongo ensobre su cabeza.
Abrí mucho los ojos, impresionado y emocionado. Ella puso la púa en el disco y la música de un sensual tango comenzó a sonar.
Fue entonces que ella empezó a cantar, mientras se acercaba a mí.
I remember you said long ago
That I would be the star of your show
In the end though, I see it was lies
I've just come back to reclaim what's mine
Caminó a mi alrededor, pasando su mano por mis hombros.
I've been working here patiently between the lines
Creating perfection takes torment and time
But, never the less, I've still been through it all
And now they all see I'm a doll
Se sentó en mi regazo, antes de poder tomarla de la cintura, se puso de pie poniéndome el sombrero en la cara para alejarse, nuevamente.
Face it
Tronó los dedos y desapareció la luz de su reflector, para aparecer en otra parte con otra luz.
Everywhere you look around it's my domain
No one else deserves it more, it's in my name
And if you behave yourself, I'll set you free
It's clear, you belong to me
Acarició mi rostro y luego se alejó.
Oh, don't you dare mistake me for another fool
I'm the one who pulls the strings, now you're my tool
Don't you understand, my little errand boy
Here you are only my toy
And you'll be mine
La luz se fue nuevamente y siguió cantando en la oscuridad. La escuchaba a mi lado.
A great creator once said, it's much more art than science
As long as you believe you only need the right appliance
A bit of blessing and caressing, with a lot of work
And in due time my deers you all will see the perks
Sentí que la silla se retiraba de mí y yo caí al suelo por la gravedad. Y ella apareció frente a mí con otro reflector.
Now understand who you're working for
I'm up in heaven
You're on the floor
And soon you'll see I have much in store for you
It's less than a chore
Me tocó la punta de la nariz, juguetona.
Now, don't you dare mistake me for another fool
I'm the one who pulls the strings, now you're my tool
Don't you understand, my little errand boy
Here you are only my toy
Me puse de pie y la vi mirarme con intensidad.
And you'll be mine
I won't let myself be lead astray again
I should have known better than to trust a friend
Blinded by the hopes of having dreams come true
Now I know what just to do
Let those vermin come to me
Just let them try
I'm the angel everyone adores with pride
Not even the devil now can take me down
Infamy and fortune abound
La miré con incredulidad y euforia. Ella era fantástica.
Don't you dare mistake me for another fool
I'm the one who pulls the strings, now you're my tool
Don't you understand my little errand boy
Here you are only my toy
And you'll be
Caí de rodillas a sus pies.
You must be
Se soltó el cabello de un tirón.
You'll trust me
Se acercó a mí y me tiró de la corbata.
They'll all see
Se inclinó hacia mí y puse una posesiva mano en su cintura.
It will be
Se acercó a mi rostro y acarició mi mejilla.
Mine
Sin darme cuenta, yo había quedado de rodillas ante ella. Charlotte sujetaba con firmeza mi corbatín desabrochado con una mano y con la otra, acariciaba mi rostro. Respiraba agitada por su canción y me miraba con fuego en sus ojos.
Si antes siempre deseaba hacer las cosas a mi manera, ahora deseaba sólo la esclavitud. Yo estaba a su completa merced. Quería. Necesitaba. Adoraba a esa mujer. Y si no la había tomado todavía era porque esperaba su total consentimiento.
"Pídeme lo que quieras, Charlotte." dije, sin reconocer mi propia súplica.
Sus labios se curvaron en una sonrisa.
"¿Te dejas de mierdas y vienes conmigo, querido?" dijo, con sensualidad.
Sólo asentí una vez con la cabeza. Y ella pareció satisfecha.
"Entonces, tenemos un trato." susurró.
Tronó los dedos y la oscuridad nos invadió.
Lo siguiente que sentí fueron sus ardientes labios atacando mi boca, y sus manos tirando de mi camisa, reventando los botones.
Así, en el amparo de la noche, nos amamos con fiereza. Desenfrenados y con arrebatos de violencia como nunca antes habíamos experimentado. Sin siquiera quitarnos la ropa del todo, desatamos nuestra pasión. Ella tenía el mando todo el tiempo, y yo me dejé poseer por sus besos ardientes, sus manos hambrientas y sus caderas que se movían incesantes sobre mí. Mordiendo, rasguñando, lamiendo, tirando y apretando. La había extrañado tanto. Mi cuerpo actuaba por inercia y de manera salvaje. Ella decidía qué posición tomar. Ella me ordenaba qué quería sentir y con qué intensidad. Y yo obedecía gustoso, tomando sus caderas con fuerza y embistiéndola sin misericordia. Incluso ella probó poniendo mi miembro en su boca. Bendita sea esa mujer y su lengua y garganta de cantante. Todo el cansancio acumulado por los asesinatos que había hecho en su nombre se esfumó, y me sentía lleno de ánimo y energía electrizante.
Debí enloquecer. Quería marcarla como mía. Mancharla. Como un macho marca a su hembra. No me importó nada y nuestra unión fue completa, brutal y perfecta, en un poderoso y anhelado clímax. Y no me arrepentí. Lo hice una y otra vez. ¡De qué sensación tan gloriosa me había privado! Ella me miraba triunfal. Y me pidió más y yo se lo dí. Fue un deleite sentir la viscosidad de cuánto la había llenado, en su vagina. Y yo la hice llegar a orgasmos violentos que no tenían ni pudor ni recato de ser silenciosos.
Quién sabe cuántas veces lo hicimos hasta caer rendidos, sudorosos y satisfechos en los brazos del otro. Con las fuerzas que me quedaban, acaricié su cabello y ella me abrazó con fuerza.
"¿Cómo sabías que estaría aquí, esta noche, con Mimzy?" dije, después de un rato.
"Era difícil ignorar sus parloteos." dijo, sonriendo "Creo que media New Orleans piensa que, en estos momentos, estás teniendo sexo con ella."
"Nada más alejado de la realidad." dije, sonriendo.
"Angel me ayudó a conseguir la reservación. El hijo del dueño del hotel es su cliente frecuente." dijo, con malicia.
"Supongo que debería agradecerle. Lo quitaré de mi listado de candidatos para homicidios." dije.
Ella se rio y apoyó su cabeza en mi pecho. Su magnífico aroma era intenso y embriagador.
"Te extrañé." susurré.
"Lo sé." dijo ella, satisfecha.
Suspiré y cerré los ojos un momento.
"Hoy firmé los papeles que aumentaron mis ganancias del Mimzy's Palace." dije.
"Supongo que obtuviste algo bueno de todo esto." dijo.
"Tiene que haber algo muy mal en ti para que te guste alguien como yo, Charlotte." le dije.
"Puedo decir lo mismo de ti." respondió, con simpleza.
Yo me reí.
De pronto abrió mucho los ojos y se enderezó.
"¿Qué hora es?" dijo.
Por toda respuesta, miramos el reloj de la pared. Eran las once de la noche.
"Tenemos que irnos. Pero primero me iré a bañar." dijo, sentándose en el borde de la cama.
"¿Ocurre algo?" dije, elevando una ceja.
"Mi show es a la una de la mañana. Tengo que cerrar la temporada de Mardi Gras con una canción."
Me reí entre dientes.
"La vida ajetreada de una estrella." dije.
"Probablemente mañana Mimzy me despida, así que tengo que dar mi gran final." dijo, cansinamente, pero sonriendo.
Me acerqué a ella por detrás y besé su cuello.
"Te acompaño, cariño." dije.
"No esperaba menos." dijo, sonriendo.
YAS! El capítulo más largo hasta ahora.
Ahora a mimir XD
Me tendrán que esperar un buen de tiempo para el siguiente capítulo. Hay mucho que ordenar uwu
Música!
Con los asesinatos de Alastor imagino esta canción de fondo HunxHunter RIOT
You're My Everything ~ Al Bowlly
Ambrose & His Orchestra - Stormy Weather, 1933
Why Don't You Do Right? (Jessica Rabbit version)
Big Bad Voodoo Daddy - Maddest kind of love
Alice's Tango (You Will Be Mine)
