Abrí la llave de la ducha y entré en el agua caliente. Debía darme un aseo rápido para prepararme para interpretar mi canción de cierre en el Mimzy's Palace. La calidez que me empapaba y escurría desde mi cuello hasta bajar por mi espalda, me hizo soltar un suspiro de satisfacción. Tuve el cuidado de tomarme el cabello para no tener que mojarlo. Pasé mis manos por mi cara y noté las marcas rojizas de mis muñecas, con la clara forma de los dedos del señor Alastor sobre mi piel. Mis ojos miraron mis pechos, mordisqueados y con islotes rojizos que pronto serían moretones. Observé mis caderas arañadas notoriamente por la potencia de nuestro encuentro. Y la brutalidad del ritmo que habíamos mantenido durante las últimas horas, me pasaba la cuenta con el temblor de mis piernas. Estaba agotada, pero satisfecha. Con orgullo, me detuve a disfrutar de la novedosa viscosidad de mi entrepierna.
Inhalé hondo y exhalé. Era el primer instante de paz que había tenido en muchos días. Sonreí y me mordí el labio para reprimir un chillido de emoción. El señor Alastor me había elegido. Él había respondido a mi invitación y había llegado a mi habitación en el hotel a la hora indicada. Sonreí al recordalo. Al entrar, él se pavoneaba con una falsa careta de tranquilidad, que no me engañaba. Podía ver lo impaciente que se sentía. Me parecía delicioso verlo así y desconocía esa parte de mí misma, al disfrutar de su ansiedad. Me encantaba sentirlo nervioso por lo que yo fuera a decirle. Ver sus manos moviéndose inquietas en cualquier cosa que tuviera cerca, para no caer en la tentación de acariciarme. Mirar sus ojos, suplicantes por una palabra que acabara con su agónica espera, me generaba un placer desconocido.
Me hacía sentir poderosa ser consciente de lo que podía generar en él. Lo que podía orillarlo a hacer sólo por hablar conmigo. Sus constantes asesinatos hablaban por él. Yo podía empujarlo fuera de los límites de su inestable cordura. Y Angel tenía razón. Él estaba desesperado por mi atención. Y me hizo sentir tan bien saber que ese fuego que le provocaba y sus ganas de estar conmigo no había amainado. Al contrario, sólo se había avivado con la distancia.
Había cantado para él. Y utilicé todo cuanto había practicado de magia en mis instantes de soledad en casa de Vaggie. Toda mi performance pareció conseguir incitarlo más. No me quitaba los ojos de encima y parecía maravillado con lo que estaba haciendo. Acercarme a él, rozar sus hombros con mis manos y salirme de su alcance. Lo estaba poniendo más impaciente y lo sabía. Y yo tenía ese anhelo insano que me había llevado a obligarlo a ser sincero conmigo.
Quería verlo suplicar.
Lo había puesto de rodillas ante mí, como nunca podría haberlo imaginado. Sus ojos estaban a un paso de la locura cuando me miraba, desde el piso. Pidiendo mi consentimiento por tocarme, cuando yo lo sujetaba de su corbatín maltrecho.
"¿Te dejas de mierdas y vienes conmigo, querido?" le dije.
Sólo necesité ese silencioso asentimiento de su cabeza para complacerme.
"Entonces, tenemos un trato." concluí.
Y troné los dedos. La oscuridad nos envolvió y lo besé.
Lo besé con la fiereza con la que me había contenido por semanas. Y él atacó mi boca con el quemante deseo de sus labios y su ágil lengua se encontró con la mía. Él se puso de pie, sin dejar de besarme y me apegó a su cuerpo, con posesividad. Acariciaba mi espalda expuesta con manos desesperadas. Llevó una de sus firmes manos a mi nuca y la entrelazó sus dedos con mi cabello para apegarme más a él. Por mi parte disfrutaba de aquel apasionado beso. Nuestros murmullos y respiración era lo único que hacía eco en la habitación. Después de unos minutos tuve que separarme para recuperar aire, pero al instante ataqué su cuello y él se estremeció al sentir cómo lo mordía y luego lamía su piel.
"Mi querida..." susurró, deleitándose de placer.
Me abrazaba por la cintura, con fuerza. Peleé por quitarle la chaqueta, hasta lograr deslizarla hasta el suelo. Lo empujé a la cama y cayó sentado en la orilla. Me acerqué a él y me senté en su regazo, con una rodilla a cada lado de sus caderas. De un tirón, abrí su camisa y un par de botones saltaron. Nos besábamos sin casi darnos tiempo para respirar. Como queriendo compensar todo el tiempo en que estuvimos separados. Rasguñé su pecho y él clavó sus uñas en mis glúteos. De alguna forma, sentía que sus uñas se aguzaban cuando teníamos sexo. Apegué mi entrepierna expuesta sobre su bulto duro (y que sólo la tela de su pantalón nos separaba) y comencé a moverme. Él parecía impaciente por bajar su bragueta, pero yo no se lo permití. Él tenía que sufrir la espera un poco más, aunque eso significara que yo también tenía que tener paciencia. Me moví sobre él, humedeciendo la tela del pantalón con mis fluidos. Lancé la cabeza hacia atrás mientras gemía con la respiración acelerada. ¡Qué maravillosa sensación! Volví a mirarlo.
"Mi querida, esto es una tortura..." dijo, en susurros entrecortados.
Le sonreí con malicia y negué con la cabeza, en son de burla.
Él temblaba de rabia ante mi negativa, así que, tomó mis pechos y fue brutal con ellos, como represalia. Los apretó, mordisqueó, olfateó y chupó como nunca lo había hecho, mientras con la otra mano la mantenía fuertemente aferrada a una de mis nalgas. Si seguíamos a ese ritmo, él estaría a punto de llegar al climax, únicamente por el roce intenso de mi sexo contra el suyo, sobre la tela. Entonces me detuve. Él me miró ofendido y temblando. Le sonreí.
"Te dije que esto sería bajo mis términos." le recordé, en voz grave.
"Comienzo a sentir el peso del trato que acepté." dijo, estrechando los ojos.
"Hay cosas que quiero intentar antes de que acabes, cariño." dije, bajándome de sus piernas.
Me arrodillé ante él. Él seguía mis movimientos, expectante. Abrí la bragueta humedecida de su pantalón y miré, con satisfacción, la enorme erección que tenía mi nombre. Tomé su miembro con mi mano y comencé a bombear de forma pausada. Casi insoportablemente lenta. Escuchaba sus gemidos susurrantes con cada uno de mis movimientos. Dejaba escapar palabras soeces que, en su habitual compostura, no habría pronunciado. En un momento, me acerqué y besé la punta. Eso pareció sobresaltarlo.
"¿Qué estás...?" intentó preguntar.
"Shhh." respondí.
Tomé aire y abrí mi boca para meterlo todo. Con mucho cuidado de no rozarlo con los dientes, pero con decisión, comencé a succionar. Eso, definitivamente, no lo vio venir. Vi su rostro, crispándose por aquella nueva experiencia. Su sonrisa de fascinación y sus ojos fijos en mí, me dieron la confianza para continuar. Movía mi cabeza con ritmo, y me deleitaba de escuchar sus quejidos y su aliento cortado. El sabor salado y la calidez de su miembro eran agradables. A pesar de ser la primera vez que lo hacía, me mantuve concentrada en recordar los consejos que me habían dado para asegurarme que él lo estaba disfrutando. Lo saqué para recuperar el aliento unos segundos y luego continué. Era bastante invasivo, la verdad, pero me acostumbré rápidamente. En un momento, aumenté la velocidad y él apretaba los puños sobre el cobertor de la cama, mientras lanzaba un sonoro gemido. Cuando él sintió su climax llegar, me tomó de la nuca para impedir que me retirara. Sentí su palpitante orgasmo llenar mi boca y dejé que fluyera libremente, mientras él gemía de victoria. Fue la primera vez que habíamos hecho algo así y no desperdicié ni una gota.
Una vez él recobró la noción después de aquella arrebatadora sensación, me quedó mirando con la poca luz de la habitación. Su respiración era entrecortada y tenía una innegable sorpresa en su mirada.
Me retiré con cuidado. Me puse de pie y le sonreí.
"Estás llena de sorpresas, querida mía..." dijo.
"¿Alguna queja hasta ahora?" dije, divertida.
"Ninguna, cariño." dijo, con una sonrisa más amplia. "Sólo que debimos intentar esto antes."
Me reí y lo lancé hacia atrás de un empujón. Me subí a la cama, quedando a horcajadas sobre él. Pasé mis manos por su pecho desnudo, hasta llegar a sus hombros, acariciar sus brazos, hasta llegar a sus muñecas y sujetarlas con fuerza. Me incliné, apegando mis senos a su pecho, hasta acercar mis labios a su oído. Su maravilloso aroma a café y sangre llegó a mi nariz. Exhalé con deleite.
"Aún hay muchas cosas por probar, Alastor." Susurré en su oreja.
Y clavé mis uñas en sus muñecas. Sentí, al tacto, cómo se le erizó la piel. Su sonrisa y su mirada de emoción me confirmaban que estaba más que dispuesto a intentarlo todo conmigo. Besé su cuello. Mordisqueando y chupando su sensible piel, hasta volver a besarlo en la boca. Él me devolvió el beso con ímpetu, siendo consciente de su reciente sabor en mi lengua. Gustosa, vi que no necesité "reanimarlo" por mucho tiempo. A pesar que estaba agotado por su constante "servicio comunitario", esa parte de él parecía especialmente enérgica. Me encantó saber que él me había extrañado tanto como yo a él.
Me erguí y lo miré.
"Ven aquí, tesoro." dije, juguetonamente.
Sin pedirle permiso, tomé su pene y lo introduje en mí. Yo estaba más que lista para recibirlo y entró todo de una vez. El gemido que dimos al unísono fue tan espontáneo y poderoso. Esa sensación al volver a sentirnos conectados fue gloriosa. Nuestros cuerpos se habían anhelado durante semanas. Y por unos segundos nos perdimos en esa sublime sensación. Abrí los ojos y nos miramos. No necesitamos palabras para pedir lo que seguía.
Solté las muñecas de Alastor y me senté completamente sobre él. Sin más palabras comencé a saltar sobre él con firmeza y calma. Él estaba enloqueciendo por mi ritmo pausado.
"Charlotte... Querida, por favor..." dijo, mirándome con ojos deseosos.
Yo sonreí y puse mi índice en sus labios, para acallarlo. Él abrió la boca y me mordió la punta del dedo.
"Déjame llevar mi ritmo, hombre impaciente." dije.
"No creo que la paciencia sea mi aliada en estos momentos." dijo, como advertencia.
Moví mis caderas un poco más sobre él, saboreando esa sensación de esa nueva posición. Desde que habíamos comenzado a tener intimidad, él siempre llevaba las riendas en las posiciones, dejándome en las que yo estaba nada más recibía de su parte. Casi como indicando que él era quien mandaba. Pero así, era yo quien podía disfrutar de la vista y tener todo el poder para manejar el ritmo y la intensidad que quisiera.
Entonces, comencé a aumentar la velocidad y, mis pechos comenzaron a saltar. Él, de inmediato, tomó mis caderas y apretó mis nalgas para ayudarme con la fuerza. Yo estaba en mi límite. Me sentía eufórica. Toda esa estimulación previa y el placer que sentía me estaban llevando a las puertas del cielo.
Fue entonces, que vi su expresión. Él estaba por acabar de nuevo y creí que me pediría que yo me retirara como todas las veces anteriores, para manchar mi cuerpo. Pero no lo hacía. Continué un poco más y él seguía sin decir nada, absorto en darme fuertes nalgadas.
"Alastor... ¿Qué...?" intenté decir, impresionada.
Él sólo me sonrió de una forma maniaca y no se detuvo.
Su mirada. Su magnífica mirada que me producía escalofríos en la espalda me dio a entender sus intenciones. La emoción me invadió. Él iba a hacerlo. Realmente iba a hacerlo. La sola idea me agitó todo por dentro y descarriló mis pensamientos. La sensación de peligro era estimulante a nuevos niveles. Me dedicaba esos ojos sedientos de deseo que me encantaban. Con aún más ímpetu, seguí saltando sobre él. Quería que pasara. Oh, cómo quería que pasara. Quería ser yo la única que lo tuviera. La única con quien lo hiciera. No estaba dispuesta a perderlo nunca más. Y así seguí, decidida, sin pausas.
Hasta que pasó.
Él liberó su orgasmo dentro de mí. Magnífico y brutal. Escuchar sus gimoteos de placer, su compostura completamente derrumbada, enterrando sus uñas en mis glúteos al punto de dejarme marcas rojizas, y sentir cómo algo pegajoso y caliente invadía mi interior en espasmos de su miembro, hicieron lo suyo conmigo. Yo acabé pocos segundos después. Lancé mi cabeza hacia atrás, mi espalda se arqueó y me entregué completamente. La sensación liberadora de mi propio clímax fue maravillosa. Di un clamor indecoroso, completamente indecente para una dama. Pero no me importaba. La hormigueante sensación de fuego y goce, invadió mi cuerpo con temblores violentos. Esa maravillosa sensación que sólo mi adorado Alastor podía provocar en mí.
Habían sido semanas en los que mi cuerpo gritaba por estar con él. Oportunidades de intentar calmar esas ansias de mi carne con cualquier cliente del Mimzy's palace, no me faltaron. Pero yo sólo quería tenerlo a él. Le era completamente fiel, aun cuando sabía que estaba comprometido. A ese hombre que me quitaba el sueño y las palabras. Ese hombre que había hecho todo por recuperar mi atención. Aquel hombre que acababa de completar nuestra unión hasta el final, por primera vez, sin importarle nada. Como si de una especie de deseo animal nos hubiese invadido. Él dejó de lado todo temor, para estar conmigo sin ataduras y me marcó como su compañera.
Lo miré, jadeante y feliz. Había sido extraordinario. El orgasmo más grande que había tenido en mi vida. Él me miraba de la misma manera. Con la respiración cortada y su cuidada imagen de serenidad, destruida ante mí. Extasiado, agitado y feliz. Este era el Alastor que nadie más que yo tenía derecho de ver.
Pero no quería detenerme ahí. No ahora. Bajé mi cuerpo y me quedé sobre él. Le di un corto beso y le sonreí.
"Eres gloria para mí..." dijo, apenas.
"Esto recién empieza, cariño." dije.
Por toda respuesta, me sonrió.
Y seguimos así durante horas. Tomando nuestro tiempo para recuperarnos, sin dejar de acariciarnos ni besarnos. Sintiendo la nula distancia entre nuestros cuerpos desnudos, antes de que las cosas volvieran a calentarse. Y de no ser porque tenía que ir al cierre del evento en el Mimzy's Palace, me hubiese quedado a dormir con él hasta el otro día. El esfuerzo físico que había hecho, me dejó con las piernas temblando y mi agotamiento se hizo presente una vez salimos de nuestra nube de euforia. Principalmente por esa razón me estaba duchando; para poder reanimarme. Con el tronar de sus dedos era más que suficiente para quitar nuestros remanentes, pero no quitaban el cansancio. Y yo debía estar con toda la energía posible para cantar en el escenario.
Salí de la ducha y me puse la bata que el hotel ponía a disposición en el baño. Me encontré a Alastor en la habitación, casi completamente vestido. Tenía su abrigo doblado en su brazo, mientras bebía del vino que había quedado rezagado a segundo plano.
"¿Gustas, cariño?" dijo, acercándose a mí, ofreciéndome la copa.
"No gracias, tengo que mantenerme lo más centrada posible en mi acto." dije, tomando mi bolso "Y ya de por sí, me siento bastante agotada."
"Una clase de agotamiento bastante placentero, ciertamente." concordó, moviendo los hombros.
Me quité la bata y me puse mi ropa interior. Él no me quitaba los ojos de encima.
"Has perdido la resistencia para nuestras actividades." dijo, con sorna.
"Oh, pero tú te has mantenido en constante ejercicio últimamente." dije, en el mismo tono.
"¿Qué puedo decir? Necesitaba llamar la atención de cierta dama escurridiza y requería de todo mi esfuerzo." dijo, con una sonrisa de suficiencia.
Se ubicó detrás de mí, puso su mano en mi cintura y besó mi cuello. Giré mi cabeza y besé su mejilla. Con mi mano acaricié su suave barbilla, recientemente rasurada.
"Te veías bien con barba." le mencioné.
"Oh, es demasiado trabajo mantenerla controlada. Prefiero sólo cortarla." dijo, con simpleza.
"La extenuante vida de El justiciero dejó sus consecuencias." dije, arrugando la nariz mientras sonreía.
"Pretendo poner en pausa a mi seguidilla de asesinatos, querida. Ya han sido bastantes por este mes. Ahora, pienso en evocarme en otro tipo de actividades más... 'estimulantes' que vayan a dejarme agotado por las noches." dijo, con una gran sonrisa de maldad.
No pude evitar reírme entre dientes. Saqué mi vestido para el show y comencé a ponérmelo. Era un vestido blanco de tirantes gruesos, con brillos en la tela, muy elegante y ceñido al cuerpo, con mangas cortas de malla.
"Tendré que irme vestida para el show, no tengo tiempo que perder." dije, con resignación.
"Bastante recatado para un espectáculo de cierre."
"Oh, este vestido es especial. Ya verás." dije, guiñándole un ojo.
Me giré y le mostré mi espalda con la bragueta del vestido abierta.
"¿Me ayudarías?"
"Claro, querida." dijo, entrecerrando los ojos.
De manera intencionalmente lenta, él subió el cierre y una vez terminó, apegó sus labios en mi oreja.
"¿En serio tienes que ir?" susurró, lujurioso.
Me estremecí al sentir su aliento rozando mi piel, tuve la fuerte tentación de quedarme con él, sólo con pensar en lo que su voz me prometía. Pero tuve que enfocarme en mis responsabilidades.
"Sí, es un compromiso. Pero después de eso tendremos todo el tiempo del mundo, lo prometo." dije, conciliadora.
"Te tomaré la palabra." dijo, con malicia.
Me dirigí al pequeño tocador de la habitación y, rápidamente, me puse polvos, algo de rubor, sombra en mis ojos y mi labial rojo.
"Me alegra que no utilices un maquillaje exagerado como tus compañeros." dijo.
"La imagen de El Ange Blanc viene con la impronta de ser lo más puro del salón." expliqué, mientras guardaba mis cosméticos. "Angel Dust es quien tiene el sello de exagerar en su maquillaje."
Me puse las medias blancas, los zapatos de tacón y los largos guantes blancos que hacían juego con mi atuendo.
"Así no se verán las evidencias." dije en tono cómplice.
Él se rio.
Me inspeccioné frente al espejo y sentí que estaba lista.
"¿Y? ¿Qué dices?" dije dándome una vuelta completa, para que me viera por diferentes ángulos.
Me miró a detalle y se puso su abrigo. Sacó su cuchillo de su funda y me la enseñó. Era el mismo que él usaba para asesinar criminales. Me quedé mirando mi reflejo en la hoja.
"Querida mía, digo que, si no salimos de inmediato de esta habitación, ese vestido terminará rasgado por mi cuchillo y volveré a tener actividades intimas contigo." dijo, con elegancia.
Me hizo sonrojar y estremecerme. Mi reacción pareció divertirlo. Volvió a guardar el cuchillo en su funda y lo puso en el forro interno de su abrigo.
"Entonces, me veo bien." concluí, tratando de sobreponerme.
"Divina." dijo, asintiendo.
Aun con todo lo vivido, él aún podía hacer que se me subieran los colores al rostro con un simple halago.
"Muchas gracias." dije.
Tomé mi cabello y lo elevé como una cola de caballo. Me giré para observarme en el espejo, meditando mi apariencia.
"¿Crees que debería tomar mi cabello en un peinado o...?" dije, pensativamente.
Se acercó a mi cuello e inhaló hondo. Dio un suspiro de satisfacción.
"Mi advertencia era en serio, Charlotte." dijo con voz grave.
"Oh, claro, claro." dije, un poco alarmada. No quería que el vestido de utilería terminara roto.
Me puse mi abrigo y mi bolso y me di una última mirada al espejo.
De manera innata, me acerqué a él, abotoné su abrigo y arreglé su corbatín, con cariño. Nos quedamos mirando por unos momentos y sentí un cosquilleo agradable en mi pecho. Esos eran gestos que habían nacido de forma espontánea entre nosotros cuando aún yo vivía con él, y no había hecho desde hace casi mes, desde que yo era su empleada. Se inclinó hacia mí y acarició mi rostro.
"Será un deleite volver a acostumbrarme a eso." dijo.
Me reí ligeramente y lo miré con cariño. Salimos de la habitación y cerré la puerta con llave. Él me ofreció su brazo y yo lo tomé, gustosa. Nos dirigimos al ascensor.
"¿Es cómodo andar con esos zapatos, querida?" dijo.
"Al principio me costó acostumbrarme." admití "Pero con algo de práctica son bastante manejables. Aunque, sí, si me das a elegir, prefiero tacones bajos."
"Lucir bien no siempre significa estar cómodo. En mi caso, los calcetines con sujetadores se vuelven molestos después de unas horas." dijo con simpleza.
"Oh, pero me gustan tus calcetines." dije, ladeando la cabeza con curiosidad.
Él se rio con fuerza.
"Un halago poco común, pero gracias, cariño." dijo, recuperando el aliento.
Él se veía de muy buen humor y yo estaba más relajada, como hace semanas no me sentía. Llegamos al primer piso y salimos por el elegante hall. El lugar estaba lleno, entre botones con maletas y viajeros que venían de paso para presenciar el desfile del Mardi gras que ya había terminado a esas horas. Muchas de las personas ahí presentes, tenían collares de cuentas amarillas, verdes y moradas al cuello y reían y parloteaban con ánimo, en evidente estado de ebriedad. En pocas horas el periodo de cuaresma se haría presente, así que era la última oportunidad de ser ruidosos por un tiempo.
"Es una pena no haber visto el desfile." dije, algo decepcionada "Tenía la esperanza de ir a ver los carros alegóricos este año."
"Ya vendrán otros más. Iremos sin falta al del próximo año. Aunque, en lo personal, no me molestó el panorama privado que tuvimos en lugar del desfile." dijo, con picardía.
Me reí.
"Te concedo el punto." dije.
Salimos a la calle y el frío de febrero nos llegó de golpe. Me apegué más a Alastor y comenzamos nuestro camino por la vereda.
"¿Debes cantar una canción entonces?" dijo.
"Dos. Una ya la escuchaste en los ensayos, la otra es debut... y despedida" respondí, con una sonrisa desanimada.
Suspiré.
"Fue divertido participar en el Mimzy's Palace. Pero que vinieras a mi habitación de hotel esta noche, también significó que mi despido es seguro."
"Ciertamente, Mimzy tomará represalias contra ti." dijo, pensativamente. "Pero principalmente seré yo quien esté en la mira de su desprecio, junto con la botella de vino que me aventó."
"Mh..." musité, incómoda.
"No habrá que preocuparse por ella, cariño. Mimzy no tiene la cualidad de ser peligrosa por su cuenta."
"Aún no me dices qué le dijiste exactamente para que te echara así de la habitación." dije, alzando una ceja.
Él me miró de reojo, con altivez.
"Ella hizo una conjetura acertada sobre mis sentimientos por ti, querida. No hice más que confirmarlos." dijo.
"Entonces debió verlo venir." dije, parpadeando por la sorpresa.
"No hay peor ciego que aquel que no quiere ver." dijo, con simpleza.
Lo miré con curiosidad.
"El hecho que aceptara su propuesta debió considerarlo como una especie de victoria contra ti. Siempre sospechó que nuestra relación distaba de ser, exclusivamente, laboral. No se detuvo un segundo en pensar el por qué iba a casarme con ella. Siempre fue por la ventaja económica que me propuso."
Fruncí el entrecejo.
"Nunca supe cómo se lo pediste." dije, seriamente.
"La invité a comer a un restaurant de la costa. Le ofrecí una sortija barata y mis palabras exactas fueron: 'Mimzy, acepto tu propuesta de matrimonio, porque estoy enamorado.'. Y aceptó de inmediato."
Mantuvimos unos momentos de silencio, mientras miraba el camino, meditando.
"Una propuesta con libre interpretación." dije, finalmente.
"Efectivamente." dijo.
"Y ella no dudó en que era ella de quien estabas enamorado." Dije.
Lo miré de reojo.
"Supongo que más o menos sé cómo siguió el resto de la cena." acoté.
"Después de eso, sólo fue un monólogo de su parte, donde se enfocó de hablar con entusiasmo de los preparativos de la boda hasta quedar ebria. Tardé bastante en llegar a casa ese día, porque tuve que arrastrarla hasta su hogar, en esa deplorable condición." dijo.
No sabía si era imaginación mía, pero parecía realmente incómodo con el recuerdo.
"Después de ilusionarla así, que no te extrañe que no quiera verme." dijo, con soltura.
"¿De verdad planeabas llegar al altar con ella?" dije, incrédula.
Puso su mano en su mentón y lo meditó un momento.
"Francamente, me hubiese ausentado al matrimonio." dijo, elevando los hombros.
Cruzamos la calle. El Mimzy Palace estaba apenas a un par de cuadras. Podía ver a la gente caminando, animadamente y cantando canciones en grupo. Nadie parecía poner especial atención a los demás. Sólo vivían enfrascados en su regocijo.
"En mi cabeza lo veía bastante claro." dijo "Alejarme de ti para evitar sentirme así."
"Y usaste Mimzy para hacerlo ver oficial." Afirmé.
"En papel, era un buen plan." Dijo, con simpleza.
"Lo que uno siente no puede dejar de molestarte y 'apagarlo', como si del interruptor de una radio se tratara." le recordé, con molestia.
"Concuerdo." admitió.
Nos mantuvimos en silencio un trecho del camino. Aunque técnicamente ahora estábamos "juntos oficialmente", aún necesitaba claridad de sus pensamientos. Especialmente, porque sus maneras de hacer las cosas solían confundirme constantemente. Y, más que nunca, necesitaba de esa iluminación.
"No sueles arrepentirte de tus decisiones." dije, mirándolo de reojo.
"Hay una primera vez para todo." dijo, con una sonrisa cómplice.
Le fruncí el ceño, molesta. Él soltó un suspiro.
"Pero admito que saberte lejos de mí y que no quisieras verme, fue bastante menos agradable en la praxis. Una situación terriblemente incómoda que procuraré evitar de ahora en adelante." dijo, sin mirarme.
Suspiré con resignación, pero no pude evitar sonreír.
"Si tengo que hacer tantas horas extra de mi 'servicio comunitario' para que me vuelvas a dirigir la palabra, procuraré no hacerte enojar con frecuencia." Dijo, entrecerrando sus ojos, divertido.
"De nadie más que de ti dependerá que no quiera alejarme otra vez." dije, fingiendo desinterés "Y eso va de la mano de la formalidad real de todo esto."
"¿Quieres volver a trabajar para mí?" dijo, inclinándose a mi altura.
"Alastor..." repuse, frunciendo el ceño.
Se rio entre dientes y se detuvo para mirarme. Se inclinó para besarme en los labios en plena calle. Realmente no lo vi venir. Ese tipo de manifestaciones de cariño eran exclusivas de nuestros momentos a solas. Pero correspondí a su beso. Unos momentos después se separó un poco y nos miramos.
"Ciertamente es un tema pendiente. Pero algo tan importante no es prudente discutirlo en la calle. Lo hablaremos mañana en casa con tranquilidad, ¿está bien?" dijo, suavemente.
Sonreí, satisfecha.
"Bien." concordé.
Apoyé mi cabeza en su costado y él pasó su brazo sobre mi hombro, para acercarme más a él. Y retomamos el camino.
"No tienes que ir a casa hoy si no quieres." dije, después de unos momentos "La reservación del hotel dura toda la noche e incluye el desayuno."
"Vine preparado, después de tu 'sutil invitación' a un hotel. Supuse que necesitaría un recambio de ropa interior." dijo, alzando una ceja.
Me reí.
"Ya nada me parece raro viniendo de ti." dije.
Aún era extraño tutearlo. Me hacía sentir diferente. Como estar a su mismo nivel. Alastor ya no era, ni sería mi jefe nunca más. Lo mínimo que podía hacer era tratarlo como un igual. Y la última instancia que hubo para seguir llamándolo con apelativos de respeto, fue durante los días en las que creí que llegaría a ser mi jefe en el Mimzy's Palace. Cuando creí, por agonizantes días, que él sería el futuro esposo de la señorita Mimzy. Pero ya no. Su matrimonio era, oficialmente, cosa del pasado y, hasta cierto punto, no podía evitar sentirme mal por la señorita Mimzy.
Me puse a pensar en ella y en cómo estaría tomando la noticia. Debió ser un golpe de verdad duro, viniendo del hombre que sería su esposo. Pero también sentí mucho alivio. Yo era consciente que sus motivaciones no eran, precisamente, compartir su vida con Alastor. Pude ver a diario su entusiasmo por la boda. Pero sólo eso. Su gran emoción por la ceremonia parecía ser su principal foco de atención y motivo de felicidad. Que iba a casarse. Pero no parecía prestarle atención a cosas mínimas relacionadas al hombre a quien decía amar. Durante esas semanas, vi con mucha frecuencia a Alastor, principalmente en los horarios de ensayo, durante los fines de semana. Y charlaban y reían. Y yo era miserable.
Desde que supe de su matrimonio y trabajaba como su sirvienta, me sentí en la obligación de acallar lo que sentía. Y cuando dejé de ser su empleada, debía seguir viéndolo. Era agónico.
Al principio me dolía como si se me hubiese desgarrado el corazón y verlos juntos era como poner sal y limón en una herida abierta. Pero conforme pasaban los días y yo me concentraba en mis actos, lograba ver, a ratos, por sobre mi sufrimiento. Angel fue el principal detonante de todo mi potencial. Daba excusas de que me ayudaba para que yo no hiciera el ridículo, en lo que reemplazaba sus números musicales, mientras se recuperaba de la golpiza que le habían dado.
'Mira, esto no lo hago por ti, precisamente. Ya que vas a reemplazarme en mis actos principales hasta que mi cara se deshinche, tienes que ser la mejor (después de mí, claro). Así que voy a entrenarte yo mismo, muñequita.' decía.
Pero estaba segura de que sí estaba preocupado por cómo me sentía. Lo sabía, porque se encargaba de llevar a Fat Nuggets a cada ensayo para distraerme en los descansos.
Angel me enseñó a vestirme de acuerdo a los colores y qué accesorios me quedaban mejor según mi cuerpo. Me dio clases intensivas de cómo caminar con enormes tacones (de las que fueron necesarias varias sesiones de entrenamiento).
"Linda, el rojo te queda maravilloso. Pero el blanco te da un aire angelical. Y si le sumas los reflectores y unas lentejuelas..." decía.
Pero, sobre todo, me ayudó a mostrar mi mejor cara ante el público, aun cuando estuviéramos completamente rotos. Me dijo que en el escenario yo no era "Charlotte" yo era "El Ange Blanc", una mujer sensual y segura que podía idiotizar a los asistentes con mi voz. Y ser "esa otra Charlotte" me ayudó a mantener la compostura al momento de cantar. Era casi como un ejercicio mental que me permitía mantenerme fuerte e inalcanzable para los problemas de la "Charlotte normal". Esa dualidad me había permitido explotar todo mi desplante escénico.
'En el escenario debes ser ese ser majestuoso que nadie tiene derecho a tocar, muñequita.' me decía con seguridad 'Así que demuéstrame la mujer sensual que se oculta tras esos vestidos largos. Si te dominas a ti misma, podrás domar al público.'
Y, cuando comencé a presentarme, la señorita Mimzy no tuvo más remedio que darme un pequeño segmento en su repertorio, para que yo pudiera cantar. La gente me pedía y, aunque eso significó que le quitaron una canción de sus shows a Angel para que yo pudiera salir a escena, él se veía de verdad satisfecho por lo que había logrado en mí. Él era, realmente, alguien muy amable.
Vaggie también me ayudó muchísimo. Me consiguió un colchón, por lo que pudimos dormir en la misma habitación. Aunque ella quería que yo siguiera usando la cama, le insistí que dormir en mi colchón en el piso era más que suficiente. Nuestras largas pláticas sobre el rubro de la música y de anécdotas personales, me dio la oportunidad de conocerla mejor. Su familia completa había venido de un país de habla hispana y su padre había conseguido trabajo en la plantación de algodón Magne en los días en que mi tío ya era dueño y señor de las tierras. Tuve mucho cuidado de no revelar mi pasado. Con culpa, tuve que cambiar nombres y modificar recuerdos, para que no sospechara que yo era una Magne. Le había dicho que había perdido todas mis identificaciones y no tenía un apellido que portar. Notó lo nerviosa que estaba sobre mi pasado, así que, concluyó, que mi apellido era una carga que no quería llevar. Ella me sugirió solicitar una identificación falsa. Le agradecí sus buenas atenciones y su hospitalidad. No me cobró nada de la renta en esos días y, por respeto a mí, dejó de escuchar la radio en las mañanas. Y yo le demostré mi gratitud preparando el almuerzo y la cena a diario. Vaggie parecía encantada por mi forma de cocinar, y yo me sentía de verdad feliz de hacer algo útil en su hogar. Pero así era hasta que recordaba un comentario, una anécdota o algún gesto que Alastor había hecho en relación a la comida que yo solía hacerle.
'Oye, sé que él te sigue gustando. Pero debes avanzar. No es sano quedarse pensando en lo que no pudo ser.' me decía ella, durante una cena 'Él se casará con la señorita Mimzy y sé que vas a superarlo. Eres fuerte y no debes cerrarte a las nuevas posibilidades.'
Mi luto por el compromiso de Alastor me pesaba menos con ellos cerca, con los ensayos que me mantenían ocupada y con las risas que me generaba jugar con Fat Nuggets en los descansos u observar cómo fastidiaban a Husk durante sus siestas en sus horas laborales. Incluso Niffty tuvo la amabilidad de llevarme unas galletas de avena que ella había hecho. De alguna manera, sentía que todos cooperaban para intentar subirme el ánimo. Y eso lo agradecía de verdad.
Sin embargo, en la noche, cuando miraba el cielo de la habitación de Vaggie y ella ya estaba dormida, yo quedaba a solas con mis pensamientos. Imaginando qué estaba haciendo él en esos momentos. O, mejor dicho, a quién estaba asesinando en ese preciso instante.
Desde la noche en que él me había entregado mis vestidos, no había vuelto a hablar con él. Pero sí escuché mucho de él por todas partes. El nombre de "El justiciero" resonaba con fuerza en las calles de la ciudad. En los últimos días había matado al menos dos docenas de criminales. Entre esas víctimas se encontraban prófugos o personas que estaban siendo enjuiciadas sin pruebas de sus crímenes. Sabía que él podía escuchar los pecados de aquellas personas por su sombra, por lo que no había duda de que eran culpables por todos sus cometidos. Pero, por más que quisiera dejar de saber de él, era de lo que todos hablaban. Y yo no podía ni quería decirle a nadie que ese tema me incomodaba. Sólo daba mi mejor cara y escuchaba los parloteos de admiración de los miembros del club hacia sus más recientes hazañas.
Para mantenerme enfocada en mis tiempos libres, practicaba magia. Requería de concentración y agradecía que Vaggie tenía que ausentarse por largos periodos para organizar a las chicas, dado que Mimzy estaba demasiado ocupada con los preparativos de su boda. En aquellas ocasiones me dediqué a fortalecer lo poco que sabía. Tronar los dedos para encender y apagar la luz de la habitación, se convirtió, en lograr generar fuentes de luz y proyectarlas a donde quisiera. Podía mover objetos y hacerlos levitar. Incluso, no había perdido la habilidad de hacer el arcoiris con mis manos. Desde que había empezado con mis clases, me sorprendió lo fácil que se me dieron ciertas cosas, siendo que nunca maté a nadie para adquirir tal poder. Aunque, recordando las palabras de Alastor el día en que me había ido de su casa, me había dicho cosas que, francamente no había querido pensar demasiado.
Yo fui una niña resucitada. Mis padres dieron parte de su vida para revivirme y por eso murieron jóvenes. Mi alma guardaba un secreto aterrador y latente: el nombre de Dios. Un poderoso hechizo de un gran poder destructivo, y hacía de mí alguien peligroso para los espectros. Querían devorarme antes que pudiese siquiera recordarlo y transformarme en una amenaza para ellos. Lo cual me parecía una locura, porque hacía apenas unos días pensaba que era una mujer que nunca había pasado por nada demasiado extraordinario en su vida.
Recordé, entonces, que eso había sido gracias al grimorio de los Magne. Todo indicaba que ese libro estaba maldito de alguna forma. Mis padres murieron por pactar vida por vida gracias a él. Alastor pactó vida por vida también. Y en ambos casos en virtud que yo siguiera caminando entre los mortales. Y si mi herencia consistía en, básicamente, en ese libro, era bastante claro del por qué se me daba tan naturalmente la magia. Papá hacía magia, mamá hacía magia, mi tío hacía magia. Desconocía la cantidad de generaciones que habían llegado a usar ese libro y cuánto habían logrado vivir antes de sucumbir a la muerte cada uno que lo utilizó. Era entendible del por qué papá me había enseñado latín.
Que Alastor hubiese trabajado con mi padre era algo que debí haber visto venir. Papá coleccionaba bastantes figuras de animales exóticos, escogiendo especialmente las que mantenían un aire natural. Por eso, cuando viajábamos, solíamos volver con algún trofeo de tierras remotas. Y desde que era pequeña hablaba de "su taxidermista" con admiración. Decía que le encantaba su trabajo tan preciso al coser y habilidad al retocar las piezas que ya tenía. Y sobre aquel relato que me contó, de habernos encontrado de pequeña con él, no lo recuerdo para nada. Aunque hubiese deseado que así fuera.
La verdad no sabía si estar o no molesta por haberme enterado de todo eso. Es decir, que fuera o no el taxidermista de papá no me afectaba en nada. Tal vez me hacía sentir enojada que no me lo contara antes, considerando las innumerables charlas que mantuve con él sobre mis padres.
Preferí dejar de pensar en eso y concentrarme completamente.
La fotografía de mis padres se quedaba en el bolso que llevaba a todas partes. La sentía como un amuleto. Me ponía de verdad ansiosa si no la tenía cerca. Incluso la llevaba a los ensayos, oculta en mi bolso. No quería que nadie, ni siquiera Vaggie la viera. Era mi tesoro. Mio y de nadie más.
Durante el pasar de los días, seguía con la extraña disyuntiva si continuar trabajando como cantante o, de plano, dedicarme a ser costurera. Seguir cantando en el Mimzy's palace significaba continuar viendo a Alastor con frecuencia. Pero una terca (y demasiado amable) parte de mí no quería dejar de apreciar que él se encontraba bien. De lejos y en silencio. Perteneciendo a otra mujer. Aun cuando rechazaba cualquier contacto que él quisiera generar conmigo por lo enojada que estaba. Era patética.
Pero algo pasó. Fue durante la visita de Alastor al ensayo del sábado, exactamente una semana desde haber hablado por última vez.
Era una especie de almuerzo privado; preparado por la señorita Mimzy en una de las mesas de los comensales, mientras catalogaban a cada uno de los que ensayaba. Alastor se veía especialmente agotado, pero su sonrisa no flaqueaba. Y la señorita Mimzy no medía el volumen de su risa ante cualquier comentario ingenioso de Alastor.
Una charla animada, mientras comían. Nada raro para cualquiera que no leyera los detalles en aquella escena. Pero no para mí. No pude evitar espiarles tras la cortina, durante el ensayo de Angel en el escenario.
Y si antes no entendí la apresurada decisión de Alastor de contraer nupcias ella; observándoles, definitivamente, nada me cuadraba.
La señorita Mimzy llevaba su cuarto cigarrillo en esa velada. Alastor detestaba el cigarrillo. Nunca quiso inmiscuirse en ese vicio y se mantenía alejado de quienes se atrevían a fumar frente a él. Tuve que morderme el labio inferior con indignación cuando ella le ofreció uno.
'Un gastadero innecesario de dinero y la ropa termina apestando a chimenea mal apagada.' me había dicho en una ocasión.
Luego miré lo que ambos habían pedido como infusión para digerir la cena. Ella estaba bebiendo té con un pastel de postre. A él no le gustaba el té. Lo consideraba insípido. Y mucho menos las cosas dulces. Pero ella le ofrecía con insistencia que probara de su pastel de fresas con crema. Y él seguía rechazando su ofrecimiento.
'¡Vamos, Al! Un poco de pastel no te hará daño. ' decía ella.
Sentí mi ceño fruncirse. Ella debería saberlo, si pensaba casarse con él. Ella debía conocer esas costumbres y respetarlas. Ella debía conocer al hombre del que decía estar enamorada.
Pero, sobre todo, el tema de conversación, por demás incómodo para él, era absurda: Ella hablaba (muy animadamente) de adoptar a un perro para cuando vivieran juntos. Escudriñé el rostro de Alastor. Él seguía sonriendo, pero no parecía nada feliz ante la idea. Y sus objeciones ante su postura eran acallados por los parloteos de ella sobre un adorable cachorro de poodle que una amiga tenía para regalar y de "cuánto iba a adorarle".
Pero, lo peor de todo era que él no ponía objeción alguna. ¡No hacía nada! ¿Por qué se estaba esforzando tanto de mantener una relación que, a todas luces, era forzada? ¿Qué planeaba ganar con eso?
Me sentía de verdad enojada. No sabía por qué o con quién. Pero saberlos teniendo muchas más diferencias que similitudes y chocando en sus gustos tan diametralmente, me hacía sentir muy incómoda. Iban directo a un fracaso estrepitoso. ¿Cómo era posible que él decidiera tomarla como esposa si ni siquiera congeniaban en lo mínimo?
'¿Charlotte? ¿Te sientes bien?'
La voz de Vaggie me sobresaltó.
'No. No me siento nada bien. ¿Ya es mi turno?' dije, cubriendo mi rostro con una mano.
'Si, pero, si no estás en condiciones todavía...' intentó decir.
'Tranquila, puedo hacerlo.' le dije con una sonrisa.
Inhalé hondo y exhalé varias veces. Debía serenarme. Eso no podía distraerme así. En el escenario no era Charlotte, yo era El ange blanc. La versión más segura y poderosa de mí misma. Y El ange Blanc estaba por sobre todo lo mundano. Sobre todo el dolor y la tristeza. El ange blanc estaba sobre él.
Debía agradecer a Angel Dust por haberme ayudado a encausarme. Él mismo había sido quien me nombró El Ange blanc por mi rostro "angelical" y (de una manera muy autoreferente) ensalsarme como su obra de arte.
Tomando una última respiración, logré la fortaleza mental para entrar a escena. Cuando llegué al centro del escenario, donde había una vieja silla y un sombrero de hongo. Miré a la señorita Mimzy y a Alastor sentados, observándome con interés. Al verlo tan sereno hizo que mi ira contra él lograra sobreponerse a mi tristeza. Si él primaba su comodidad financiera por sobre lo que yo estaba pasando, iba a costarle caro. No importaba cuántos criminales había estado matando en los últimos días. Yo sabía que era para llamar mi atención de alguna manera. Pero, en lo concreto, él no hacía nada para remediar esa incómoda situación del compromiso. Sus decisiones nos habían hecho miserables, pero yo no estaba dispuesta a aceptar su mierda sin decir algunas cosas. Y teniendo la oportunidad, iba a tomarla.
Me puse el sombrero y me senté en la silla, cruzando las piernas. Mi postura era segura. Con la mirada, di la señal a la banda y comenzaron a tocar una alegre melodía. Y me puse de pie.
Alastor se veía especialmente atento a mis movimientos de cadera y a mis dedos tronando al compás. Jugué con el sombrero de hongo y me lo puse. Me conecté con mi centro y comencé a cantar.
I sawyouout in thestreetsagaintakin' chances
Wearingyoursharksmile and yourcateyedglasses
Drinking and dancing, movin' in thedark
Butdon'tforgetnowdarlingthatI'malso a cat
Hice gestos con las manos, arañando el aire.
I'vemademydecisionssinceyoumade me feel blue
Nowanoldgypsylady's curse, honey, isonyou
Di unos pasos seguros y miré directamente a los ojos de Alastor por medio segundo, antes de comenzar a bailar.
Oh, honey, a gyspy curse
Honey, a gypsy curse
Oh, honey, a gypsy curse
Honey, a gypsy curse onyou
A gypsy curse
Oh, honey, a gypsy curse
Honey, a gypsy curse
Oh, honey, a gypsy curse onyou
Me moví con sensualidad, pasando mis manos por detrás de mi cabello hasta dejarlo caer. Di unos pasos osados que repiqueteaban en el suelo de madera y movía mis caderas, haciendo elevar mi falda por sobre la rodilla. Usé la silla para apoyarme en el respaldo y moví mi cola al público. Me giré dramáticamente para seguir cantando y di unos pasos hacia adelante con las manos sobre mis muslos.
Anoldgypsy lady, shegave me theadvice
"There's no turning back", shesaid, "so yougot to thinktwice"
Don'tknowifit'sright, butsureitain'tfeelwrong
And baby, I gottasaythatit'sjusttoostrong
Giré la silla de un movimiento y me senté de piernas abiertas en dirección al público.
"He'll be cursed and tormented, chasedbydemons and ghosts!"
Theonlythingthat I repliedwas "Oh, at anycost!"
Me levanté de un salto, con la cola en alto y volví a bailar con sensualidad.
Honey, a gypsy curse
Oh, honey, a gypsy curse
Honey a gypsy curse
Oh, honey, a gypsy curse onyou
A gypsy curse
Oh, honey, a gypsy curse
Honey, a gypsy curse
Oh, honey, a gypsy curse onyou
Mis pasos eran seguros y provocadores. Me saqué el sombrero y comencé a juguetear con él entre mis dedos. Me puse a bailar con todo lo que tenía. Toda mi ira se traducía en movimientos arrebatadoramente sensuales. Como no me había atrevido hacer como la simple Charlotte. Bajé provocadoramente, moviendo las caderas y flectado las rodillas. Con mis manos pasando por mis hombros, mis pechos, mi vientre y mis muslos. Me volví a poner de pie, haciendo lo mismo.
Le estaba bailando a él. Explotando cuánto potencial tenía guardado. Sentía como si yo misma estuviera condenándolo con la maldición gitana, con mi baile. La maldición de una vida infeliz con su futura esposa.
Hice la mímica exagerada y juguetona de hablar con un hombre invisible, para la siguiente estrofa.
You are in bigtroublenowboy and listen to this
The ritual wassealedwithmylastkiss
Run ifyouwant, youcan'tgoreallyfar
Maybestruckby a lighteningorget hit by a car
I'vemademydecisionssinceyoumade me feel blue
Nowanoldgypsylady's curse, honey, isonyou
Dejé todo lo que tenía en el escenario. Me moví con gracia y pasión. Con mis manos en las caderas, mientras las movía. Me paseé por todo el lugar cantando los coros finales.
Oh, Honey, a gypsy curse
Honey, a gypsy curse
Oh, honey a gypsy curse
Honey, a gypsy curse onyou
A gypsy curse
Oh, honey, a gypsy curse
Honey, a gypsy curse
Oh, honey, a gypsy curse onyou
A gypsy curse
Oh, honey, a gypsy curse
Oh, honey, a gypsy curse
Oh, honey, a gypsy curse onyou
A gypsy curse
Oh, honey, a gypsy curse
Oh, honey, a gypsy curse
Oh, honey, a gypsy curse onyou
Terminé apuntando hacia adelante, de manera acusadora y brutal, con el sombrero de bombín a la mitad de mi cara. Respiraba agitada y el sudor de mi frente me recordaba el esfuerzo físico que había hecho. Miré a las chicas del elenco, quienes me aplaudían con reservas. Di una reverencia y me atreví a mirar a Alastor una última vez antes de girarme completamente. Lo conocía lo bastante bien para saber que le había gustado lo que vio de mí.
'¿Estás bien?' me dijo Vaggie, una vez llegué a los bastidores.
' Sí. Sólo saldré a caminar un rato. Tengo que despejarme un poco.' dije con una media sonrisa.
'¿Segura que no necesitas ayuda?' insistió.
'Tranquila, estaré bien. Llegaré antes de la cena.' aseguré.
'Lo dejaste loco, muñequita.' escuché detrás de mí.
Era Angel, quien me sonreía con satisfacción. Lo miré en silencio y con el ceño fruncido. Bajé la mirada y resoplé.
'Si no cae por El Ange Blanc , no caerá por nadie. Te enseñé bien. Sacaste esa fiera que tienes atrapada.' concluyó guiñándome un ojo.
' Angel , déjala en paz.' le reprendió Vaggie.
'Sólo estoy felicitando a mi joven pupila.' dijo él, con altivez.
'Además, ¿qué haces aquí? Ya te puedes ir a casa. '
Angel rodó los ojos con fastidio.
'¿Te puedes calmar? Sólo vine a entregarle el traje que tiene que arreglar para su acto. Es demasiado soso para mi gusto. Sigo insistiendo que deber mostrar más piel.' dijo Angel, molesto.
Me entregó una bolsa con una tela blanca a la vista.
'Veré qué puedo hacer con esto.' dije, sin ánimo.
'Aún no me explico por qué no quieres usar el vestido rojo.' dijo él 'Se supone que el señor sonrisas te lo devolvió junto con tu ropa la otra noche.'
'Sólo no quiero usarlo y ya.' dije, tajante.
Ese vestido me traía demasiados recuerdos de la última noche que había vivido con él. Me puse mi abrigo y tomé mi cartera, junto con la bolsa.
'Un desperdicio, pero allá tú.' dijo Angel, elevando los hombros, con indiferencia.
'Nos vemos más tarde. ' dije, con una media sonrisa.
Y sin esperar una respuesta, me marché, rápidamente.
Salí a la calle concurrida de un sábado. Pasé caminando entre personas que miraban vitrinas de ropa, unas que parloteaban alegremente sobre la película más reciente del cine y otras más que mendigaban monedas en un callejón. Seguí sin realmente mirar a dónde iba. El aire fresco debería haberme ayudado a distraer mis alborotados pensamientos, pero aquel almuerzo entre Alastor y Mimzy era lo único que repasaba una y otra vez en mi cabeza.
¿Por qué simplemente no podía obligarme a sentirme feliz por él? Era la opción más madura de mi parte. Quedarme con los buenos recuerdos y dejarlo seguir con su vida. Seguir adelante y preocuparme de mis propios asuntos. Él había decidido proponerle algo formal a ella y no a mí. Sus motivos tendría. Algo en ella vio que en mi no. Siempre quise verlo feliz. Entonces debería estar bien.
Aminoré mi marcha y masajeé mis ojos con frustración. Las lágrimas me picaban, pero las soporté.
No podía seguir engañándome. No me sentía satisfecha viéndolos juntos porque él no se veía feliz. No me sentía tranquila viéndolos juntos. Charlando juntos. Compartiendo juntos. Mordiéndome la lengua cada vez que veía algo que no me gustara. Cada comentario egoísta de parte de Mimzy y cada asentimiento incómodo de Alastor.
El sonido de una campanita y una voz conocida, me sobresaltó de mis divagaciones.
'Gracias, vuelvan pronto. No olvide recomendar la Boutique de Rosie a sus amistades.'
Era Rosie. Se despedía de una pomposa mujer cargada de bolsas de la tienda de ropa. La vi a punto de volver a dentro de su local.
'Señorita Rosie .' dije, sin pensar.
Ella se giró y me sonrió, con sinceridad, al reconocerme.
'¡Charlotte, querida! ¡Qué gusto verte por aquí!' dijo, acercándose a mí.
'Un gusto verla también. Ha pasado tiempo desde la última vez que nos vimos.' dije.
'Oh, sí. No he sabido nada de ti desde que Alastor llegó de pronto con esa desesperante mujer a mi local.' dijo, con fastidio.
Bajé la mirada, con pesar.
'Supongo que las cosas han cambiado bastante en el último tiempo.' Dijo.
Resoplé y la miré.
'Ellos... vinieron a ver sus trajes de novio con usted, ¿verdad? ' dije, aparentando indiferencia.
'Al menos ella sí. Alastor no me ha dicho nada con respecto a su traje.' repuso, con un aire de fastidio.
'Oh.'
No se me ocurrió nada más interesante que decir. Rosie me miró unos momentos y soltó un suspiro de fastidio. Puso una mano en mi hombro y me dedicó una amable sonrisa.
'¿Querida, quieres beber algo conmigo?' dijo 'Ya es hora de mi café de media tarde y creo que es necesario que nos pongamos al día.'
La miré con sorpresa.
'Oh, pero no quiero ser una molestia. ' dije.
'No te preocupes por eso. Esta es una hora de baja afluencia. Además, tengo unos panecillos de vainilla riquísimos que me trajo una clienta. No querrás que me los coma sola, ¿verdad?'
'Ahm ...' intenté decir.
Pero ella me tomó de los hombros y me dirigió a su local, alegremente.
'Una buena compañía y una interesante charla se agradecen para compartir una sobremesa.' dijo, con soltura.
Resoplé con resignación, pero acepté su invitación. Pasamos a su tienda y ella volteó el cartel de la puerta, de 'abierto' a 'cerrado'.
'Ponte cómoda, linda, yo traeré las cosas.' dijo.
Me quité el abrigo y puse mi cartera y la bolsa de papel, junto al perchero. Me ubiqué en uno de los sofás destinados a los acompañantes de los compradores y suspiré. Hacía semanas que no había visitado al local de Rosie. Me sentí de verdad ingrata al no haber ido a verla en todos esos días, aun teniendo tiempo.
Rosie volvió rápidamente con una bandeja de panecillos calientes y dos tazas. Ubicó la bandeja en la mesita en el centro y sonrió.
'Aún prefieres el café, ¿verdad?' dijo, mientras me mostraba una lata de café instantáneo.
Asentí con la cabeza y puse unas cucharadas en mi taza. Permaneció en silencio mientras me observaba agregar mis cubos de azúcar.
' La tetera está puesta. Puse bastante agua como para varias rondas.' dijo, mirándome de reojo.
No dije nada. Mis manos estaban cerradas en mi falda. Ella se sentó en el otro sofá y suspiró, con resignación.
'Ay, querida, realmente ansiaba hablar contigo.' dijo, descansando su cabeza en su mano.
Puso, perezosamente unos cubitos de azúcar en su taza.
'Al menos contigo puedo tener un diálogo decente. Ese idiota de Alastor nunca me da respuestas claras.' agregó.
'Nunca las da.' dije, neutral.
Ella me observó unos momentos, pensativa.
'Supongo que ya no trabajas para él.' dijo.
'Renuncié.'
'Era lo más sensato. Imagino que tampoco vivirás con él.'
Asentí.
'Estoy en casa de una amiga por el momento.'
'¿Y dónde trabajas ahora?'
'Cantando en el Mimzy's Palace. Haciendo reemplazo durante la temporada de Mardi gras, la verdad.'
'¿Trabajas para esa mujer tan ruidosa?' dijo, sorprendida.
Asentí, con pesar.
'Como clienta ya era bastante pesada. No quiero pensar en cómo sería como tu jefa.' agregó, abriendo mucho los ojos.
Rosie puso unas cucharadas de café en su taza.
'Supongo que tendrás ya un nombre artístico, como toda chica de espectáculos, ¿verdad?'
' Mi amigo Angel Dust me nombró ' Ange blanc ' dije, avergonzada.
'Bastante apropiado para ti, angelito.'
Sonrió y luego dio un suspiro de pesar.
'Creo que la casa de Alastor ya no será la misma cuando se case con esa mujer tan caprichosa.' dijo, con fastidio ' Mantenías todo en perfecto orden a todo horario. Y ella no parece ser la persona más organizada del mundo con respecto al aseo.'
'Tiene una mucama muy buena en su local. Quizás le pida que vaya a hacer aseo a su casa también.' dije, con desinterés.
Hizo una mueca de fastidio.
'No quiero ni imaginar cómo sería aguantarla a diario como tu jefa en casa y, además, en el club donde cantas. Hiciste bien al huir de ahí.'
'De por sí nunca le caí bien.' admití 'No le gustaba que el señor Alastor me tomara tanta atención...'
'Oh, las rivalidades amorosas son tan hilarantes. En especial cuando una tiene la evidente ventaja sobre la otra.' dijo con desplante.
Me mantuve en silencio. Miré con atención mis pies, evitando elevar los ojos. Quise cambiar el tema.
'Señorita Rosie , usted... ¿usted sabía que el señor Alastor era el taxidermista de mi padre? ' pregunté.
'¿ Mh ? ¡Oh, por supuesto que sí!' dijo, con tranquilidad.
'¿De verdad?' dije atónita.
'Estaba claro, mi niña. Apple Daddy siempre buscó a los mejores para hacerle mantenimiento a sus posesiones más preciadas. No por nada me confiaba su guardarropa y sus sombreros a mí.'
Se rio con confianza.
'Además, fui yo misma quien le recomendó a Alastor para que reparara un montón de figuras disecadas que se le cayeron de las paredes y terminaron muy dañadas. Aunque no supo explicarme cómo es que cayeron todas al mismo tiempo.' dijo, pensativamente.
Parpadeé, por la sorpresa.
'Ya veo, usted fue quien lo recomendó a papá. Supongo que tiene sentido.' dije.
' Alastor ha estado presente en mi vida desde que era un niño que limpiaba botas en la calle.' dijo, con nostalgia 'Aprendió a vestirse y a hablar observando a los hombres de negocios que trabajaban en el banco, cerca de aquí. Una vez le limpió las botas a Franklin y vi que tenía una ardilla disecada. Era muy bueno cosiendo y le ofrecí comprarle esa figura, a lo que él accedió con gusto. Comencé a verlo seguido. Me parecía curioso que siempre sonriera. Él trabajaba después de la escuela y llevaba sus tareas, mientras esperaba un cliente. Era muy ambicioso y le regalaba pan o una fruta siempre que lo encontraba. Pero casi siempre se lo guardaba y se lo llevaba a su mamá. Siempre ha sido un delgaducho por eso. También le encargaba mandados y se ganaba unos centavos.'
Ella se rio entre dientes.
De alguna manera, me interesaba saber del pasado de Alastor. Los años que vinieron, luego que su madre asesinara a su padre debieron ser terribles financieramente. Que se pusiera a trabajar después de la escuela, era claro signo de eso.
'Supongo que usted le ayudó a perfeccionar su forma de coser.' dije.
'Siempre fue muy autodidacta. Me contó que su madre le enseñó a tratar las pieles, pero se interesó especialmente por mantener intactos los cuerpos de esos animalitos que cazaba. Le comencé a invitar a comer algo en las tardes los viernes y le enseñé a coser de otras maneras, para que la costura no se notara al hacer sus animales disecados. Aprendió rápido. Soñaba con vestirse de forma elegante y ser respetado por sus pares. Siempre ha sido muy inteligente, pero bastante torpe cuando se trata de las emociones. Pero nunca puse en duda que él amaba mucho a su mamá. Y cuando ella falleció, él vino a verme. Sólo me dio la noticia de su deceso y no dejó de sonreír, por mucho que le costara. Pero estuvo silencioso por días.'
Acarició el borde de su taza.
'Y con el pasar de los años seguimos siendo amigos. He pasado cada cosa con él.'
'Ya veo.' dije.
No dijimos nada más por unos instantes. Su intento de hacer la conversación más amena llegó a un punto donde dejó de dar rodeos.
'No han hablado mucho, ¿verdad?'
'Él ha intentado acercarse a mí desde que me fui de su casa hace una semana, pero siempre lo rechazo.' dije, monótonamente.
'Ya veo.'
Suspiró con pesar.
'Él no te dijo nada, tampoco.' dijo, de pronto.
Mi silencio y mi ceño fruncido, hablaron por mí.
'Supongo que es como sospeché.' dedujo.
Sabía de qué estábamos hablando. Era el único tema que podríamos haber abordado y de la cual ambas estábamos deseosas por tratar: el compromiso de Alastor.
'Sin dudas, esa fue una decisión apresurada de mi querido amigo. ¿No lo crees?' dijo, enderezándose en su asiento.
De saber que Rosie era del tipo chismosa, no habría aceptado su invitación a comer. Pero, francamente, necesitaba hablar con alguien de todo lo que estaba pasando. Y ni Vaggie, ni Angel podían darme una visión más acertada sin caer en los prejuicios. Ellos no conocían a Alastor como Rosie o como yo.
Suspiré con resignación.
'Sólo llegó tarde una noche y me dijo que se había comprometido.' dije, en voz baja 'Sus decisiones siempre han sido unilaterales. Nadie más que él elige qué hacer, según su conveniencia.'
'Suele ser bastante mezquino con sus deseos.' acotó.
'Eso es algo que no me solía molestar. Pero cuando de pronto llegó con la noticia...' dije.
Suspiré con frustración y me masajeé las sienes. Rosie me miró con curiosidad.
'¿Ella no parece un buen partido para él?' preguntó.
Crispé el rostro y me mordí el labio.
'Ella tiene dinero, es dueña de un club y es guapa. Él es un locutor de radio carismático y elegante ¿No crees que serían un matrimonio envidiable? ' dijo, con malicia.
'Es sólo que...' dije con frustración 'Los miro e intento sentirme feliz por él, pero no puedo. No con ella. La señorita Mimzy se empeña demasiado en sus caprichos y ni siquiera mira las necesidades del señor Alastor . No respeta sus horarios, sus gustos o sus costumbres. Como si dejar de ser una solterona fuera su prioridad y se hubiese encaprichado de la figura que el señor Alastor proyecta. Pero no del verdadero. Del que toma años conocer.'
Sin darme cuenta, me había puesto de pie y me puse a caminar por la habitación como león enjaulado.
'Los observé en el almuerzo de hoy. La verdad los he visto todos estos días charlando y riendo. Pero hoy, especialmente, algo no me cuadra en todo esto. Ella actuaba como una cursi mujer de novela romántica: esperando una instantánea y perfecta convivencia con él por el sólo hecho de ser su pareja. Algo idílico y absurdo, como un cuento de hadas con un 'felices para siempre' sin si quiera pensar que la vida continúa, después de lanzar el ramo de flores al aire y el carruaje hacia el atardecer. ¡Los problemas cotidianos van a surgir irremediablemente! Pero con el diálogo podrían llegar a buenos acuerdos. Pero ella parece imponer su punto de vista, por sobre lo que él desea. ¡Se supone que la complicidad entre ambos debería ser natural! En una pareja real, si bien hay diferencias, las similitudes deberían ser mayores. No se complementan. Pareciera que ella intenta someter al señor Alastor , negándole cosas que son naturales en él. ¡¿Por qué insistía tanto en tratar de darle pastel si a él no le gustan los dulces?! Una pareja estable debería proyectar la felicidad de amarse mutuamente al resto. ¡Debería quedar claro sin explicaciones! ¿Quién mierda tiene que explicarme que ellos dos se aman con locura si no se nota? ¡Ella ama más la idea de casarse que estar con él! Se supone que debería sentirse esa plenitud si piensan compartir sus vidas y que no queden dudas para el mundo ¿o me equivoco?'
Me detuve en mi parloteo a tomar aire. Mi respiración estaba agitada. Sentía que había destapado una olla de presión. Me pasé las manos por los ojos y reprimí mis lágrimas de frustración.
'Lo siento, yo...' intenté decir.
'Tranquila, déjalo salir. Es sano para el alma.' dijo ella, comprensivamente.
Bajé la cabeza y me senté en el sofá nuevamente.
'Tal y como pensé, tampoco te hace sentido que de pronto quisiera casarse con ella.' dijo.
'Nadie lo entiende, menos yo.' dije, triste.
Ella me miró unos instantes, antes de hablar.
'Ustedes... sí estaban juntos ¿o me equivoco?' dijo.
Tomé aire y traté de sonar calmada.
'Nada concreto.' dije.
Ella me miraba en silencio, esperando que continuara. Resoplé y comencé a jugar con mis pulgares.
'Él nunca me habló de algún tipo de relación estable.' dije, con pesar.
'Disculpa la pregunta indiscreta, pero ustedes llegaron a dormir juntos, ¿verdad?' dijo, con seriedad.
La miré escandalizada.
'¡¿Cómo supo que...?!' dije, poniendo mis manos en mis mejillas.
Ella levantó una mano.
'Tranquila, Charlotte.' dijo con una risa contenida.
Me tapé la cara con vergüenza y me incliné hacia adelante, deseando que la tierra me tragara.
'Dígame que él no le contó, por favor.' dije, con la voz amortiguada, por mis manos.
'Oh, él no me contaría algo así. Es un egoísta con su vida privada.' dijo, con fastidio.
Destapé un poco mi rostro y elevé la vista, incómoda.
'Al ojo diestro, es evidente cuando un hombre y una mujer están satisfechos en la cama.' explicó 'Es como si sus ojos y su cabello brillaran más. La energía que transmiten vibra de felicidad y el lenguaje corporal entre ambos decía mucho cuando jugueteaban juntos. Ustedes parecían un par de tórtolos en su luna de miel, si sabes a lo que me refiero.'
Volví a cubrir mi cara, horrorizada.
¿Realmente era tan evidente cuando una pareja había tenido intimidad? ¿Realmente nosotros habíamos sido así de evidentes?
'¿O me equivoco?' dijo, insidiosa.
Me erguí en mi asiento, inhalando profundamente. Sus aseveraciones me indicaban que ella lo sabía o, al menos, lo intuía. De nada serviría intentar negarlo.
'Sólo en el último tiempo...' dije, mirando mis manos.
No fue necesario decir más. Mi intenso sonrojo y nerviosismo hablaban por sí mismo. Rosie se echó a reir.
'¡Ya se habían tardado, entonces!' exclamó, entre risas.
El sonido de la tetera hirviendo, hizo que Rosie se pusiera de pie y se dirigiera a la cocina. Volvió de inmediato y comenzó a verter el agua en las tazas, con gracia.
'Lo que realmente me sorprende que él se atreviera a dar ese gran paso contigo, con lo huraño que es.'
Me encogí en mi asiento, de vergüenza. Ella se sentó y tomó su taza. Comenzó a revolver el contenido, pensativamente.
'Pero la verdad es que veía venir que ustedes dos llegarían pronto a otro tipo de relación. Muy por sobre la cordialidad entre jefe y empleada.' dijo, con simpleza.
La miré, confundida.
'¡Por Dios! ¡He visto parejas casadas por años que no tienen ni la mitad de compatibilidad que ustedes dos!' exclamó, casi exasperada 'Estoy segura que más de una persona les ha confundido con un matrimonio, ¿o me equivoco?'
Tomé mi taza y comencé a revolver el café con la cucharita.
' Mh ... La verdad es que no es la primera persona que llega a esa conclusión...' dije, contrariada .
Rosie tomó uno de los panecillos de la canasta y jugueteó con él entre sus dedos.
'Querida niña, sus maneras de tratarse eran tan claras para una mujer madura como yo. Una pareja que se complementa bien es como una brisa de aire fresco en un mar de compromisos por interés.' dijo, con orgullo.
Apreté los labios.
'Pero ya da lo mismo, señorita Rosie .' repuse ' Él se va a casar con la señorita Mimzy .'
'Ese idiota... ' murmuró.
La señorita Rosie siempre trataba a Alastor como si fuera su hermano menor. Un hermano menor que solía darle dolores de cabeza, por sus ocurrencias
'Me imagino que debe estar realmente confundido…' dijo, pensativamente.
La miré de reojo.
'No me malinterpretes. Creo que la decisión que tomó es una soberana tontería. Y esa poca capacidad de autoanalizarse no es justificación para lo que hizo. '
Miré nuevamente mis manos.
'¿Ella fue quien la escogió como su modista? Dudo mucho que él la sugiriera como opción , sabiendo cómo usted podía ponerse con la noticia. ' dije, con cautela.
'Mas bien, parecía que a él lo arrastraron hasta aquí.' dijo, con sorna 'Siempre son las novias las que están pendientes de sus vestidos, pero nunca había tenido una clienta tan difícil y a un novio tan poco cooperativo.'
'Ya veo...' dije.
Rosie bebió de su café e hizo sonar la taza en el platillo.
'¿Y qué piensas hacer?' dijo, con seriedad.
'¿Con qué?'
'¡Pues con el compromiso!' dijo, horrorizada.
'Señorita Rosie , no puedo hacer nada con ese compromiso.' repuse, molesta 'Él decidió casarse. Él quiere estar con ella, no puedo pedirle que no se case.'
'¿Y él ha intentado hablar contigo?' dijo.
'Varias veces se intentó acercar, pero no pienso hablar con él.' dije, cruzando mis brazos.
'Ya veo, creo que puedo entender mejor las cosas, querida. ' dijo, con tranquilidad.
Puso una mano en su rostro, con dramatismo y suspiró, con resignación.
'¿Entonces todos esos asesinatos fueron en vano?' dijo.
Casi me atraganto con el café. Puse torpemente la taza en la mesita, mientras no dejaba de toser.
'¿Está todo bien, linda?' dijo, con calma.
Finalmente, pude aclarar mi garganta. Se me estremeció todo el cuerpo con violencia. La miré rápidamente con terror y me puse de pie. ¿Había escuchado bien? ¿La señorita Rosie sabía...?
Ella me observaba, triunfalmente.
'El justiciero está trabajando de más, tratando de llamar la atención de cierta joven. Y esa testaruda muchacha no quiere escuchar. Qué desperdicio, de energía de mi amigo.' dijo, con una sonrisa cómplice.
No sabía qué decir. Los colores se me habían ido del rostro. ¡No podía ser cierto! Me repasé rápidamente. No había forma de que yo le hubiese dado alguna pista con anterioridad en nuestras conversaciones. El conjuro del pacto que hice con Alastor me impedía revelar la identidad de El justiciero. ¿Entonces cómo podía ser?
'¿Usted...? ¿Usted sabe...?' dije apenas.
Ella soltó una ligera risa y bebió un poco más de café.
'¿Que si sé que Alastor es El justiciero? Pues sí.' dijo, con simpleza.
Mi mandíbula cayó, por la impresión. Me tuve que volver a sentar.
'¿Y cómo se enteró...? ¿Él le contó...?' dije, poniendo mis manos en mi boca.
Ella resopló.
'No, él no me lo contaría. Saqué mis deducciones por mi cuenta.'
'¿Cómo lo hizo?' dije, con admiración y miedo.
'No fue difícil. Sólo tuve que ver a una de sus víctimas en vivo para sospecharlo. ' dijo.
La miré confundida.
'¿Que lo supo con sólo ver a uno de los cadáveres?' dije.
'Fue hace unos tres meses.' explicó con calma 'Iba a hacer unas compras y escuché un alboroto de un grupo gente. Habían encontrado a un muerto en un callejón. Pero no cualquier muerto. Era una víctima de El justiciero. Su boca cocida lo delataba. Y tuve la oportunidad de mirarlo de cerca, antes de que la policía llegara a sacarnos a todos del lugar.'
Ella llenó su taza nuevamente con agua caliente y se preparó otro café. Miré, como hipnotizada, sus delicados movimientos.
'Aún no me explico cómo lo hizo.' repuso 'Pero sé que maneja magia negra, así que es mejor no preguntar a veces.'
Hablaba tan tranquilamente del tema que era inquietante.
'Conozco el trabajo de Alastor como taxidermista desde que era un jovencito. Sé cómo lucen sus puntadas a la perfección. Yo misma le enseñé a hacer un nudo especial que inventé, para asegurarse que, al momento de terminar de coser, la costura no se abra. Y ese mismo nudo fue el que vi en la boca de aquel hombre.'
Hubo unos instantes de silencio entre nosotras. Únicamente el tintineo de su taza siendo revuelta se escuchaba en la habitación.
'Y, que pudiera comentártelo me da a entender que tú también lo sabías, ¿verdad?' dijo, más animada.
Yo seguía muy aturdida.
'¿U-usted también tuvo que hacer un juramento?'
Ella bebió de su café y suspiró.
'Alastor me hizo hacer ese estúpido juramento de silencio cuando se enteró que yo lo sabía. Me dijo que nunca podría hablar de su identidad con nadie. Que el hechizo lo impediría. Pero supuse que, si otra persona ya sabía el mismo secreto, podría hablar del tema libremente, ¿cierto?'
Me dedicó una gran sonrisa dentada. La señorita Rosie era una mujer extremadamente inteligente, sin duda. Pero aterradora en partes iguales. Por un momento temí que pudiera sacar más conjeturas acertadas con sólo la observación.
'Pero no hacía falta ese hechizo. Después del favor que me hizo, no hubiese sido capaz de delatarlo.' repuso.
Algo hizo click en mi cabeza.
'Él me habló que le hizo un gran favor hace un tiempo... ' dije, torpemente 'Y que por eso nos regaló el traje que le hizo y un vestido para mí.'
'Oh, sí. Sospechar que Alastor era El justiciero me dio una magnífica idea. Y fue la respuesta a todos mis problemas.' dijo, con aire soñador 'Hice algunos pequeños ajustes a un plan que había estado pensando hacía tiempo...'
La miré, impaciente.
'Y maté a Franklin.' dijo sonriendo y mordió un panecillo.
Eso fue demasiado impactante para mi aturdida cabeza. Cubrí mi boca con mis manos, sorprendida. ¿La elegante señorita Rosie había matado al malviviente de su marido por si misma?
'¿Fue usted...? ¿De verdad?' dije, apenas.
'Fue bastante simple.' dijo, tranquilamente 'Una dosis de opio en su whisky y pude apuñalarlo con tranquilidad, una vez se quedó dormido. Aunque me hubiese gustado escuchar sus gritos de dolor. '
Suspiró.
'Aunque debo admitir que, de no haber tenido esa opción, me habría suicidado.' dijo, con tristeza 'Las mujeres no tenemos forma de escapar de un matrimonio, por muy abusivo que sea. El pacto era: hasta que la muerte nos separe. Y debí cumplir esa promesa con golpes y lágrimas.'
Hizo una pausa antes de continuar.
'Pero si la muerte estaba tardando en llevárselo, le facilitaría las cosas.'
Me miró con simpatía.
'Medidas desesperadas, para situaciones desesperadas.'
La tranquilidad con la que hablaba de la muerte de su esposo y de cómo pensó en el suicidio, me recordó las palabras de Alastor semanas atrás, mientras discutíamos sobre el matrimonio.
"Rosie tiene cosas que le importan en la vida y Franklin definitivamente no era una de ellas."
En ese entonces, aún me era difícil entender cómo es que una pareja podía estar junta en un matrimonio sin amor. Cuán lejano me parecía ese razonamiento de apenas unas semanas atrás. Rosie me estaba confirmando que prefería acabar con su vida, antes de tener que seguir con él.
Suspiré con pesar. Reponiéndome de la impresión inicial, pude hablar más calmadamente.
'Lo siento mucho. No me imagino lo que tuvo que pasar durante años para llegar tomar una decisión así.' dije, bajando la cabeza ' El señor Alastor me contó sobre cómo la trataba Franklin. '
Sonrió de forma amarga.
'Franklin hizo que su vida valiera menos para mí que la de un perro sarnoso.' dijo, mirando su taza 'Al final puse en una balanza su vida y la mía. Y la mía era más valiosa, por paliza.'
Me incliné hacia ella.
'Por supuesto que sí. Su pérdida habría significado un gran dolor para todos quienes la apreciamos.' dije con seguridad.
Ella me dedicó una sonrisa, con ternura.
'Muchas gracias, hermosa. ' dijo.
Fruncí mi entrecejo.
'Pero, la verdad yo creí que el señor Alastor lo había matado por hacerle un favor a usted.' repuse, contrariada.
'No dudo en que tuviera ganas de hacerlo.' dijo, restándole importancia 'Pero le había confiado desde antes que uno de mis sueños era acabar con la vida de Franklin con mis propias manos. Sólo necesitaba valor y un buen plan.'
Descansó su rostro en su mano y examinó su taza, antes de hablar.
'Luego de dormirle y apuñalarle, tenía el gran problema de la evidencia. Todo había quedado regado con sangre. Así que me cambié ropa y fui a verlo a la estación de radio y esperarlo hasta que saliera del trabajo. Una vez nos encontramos, no necesité decirle nada más que: lo hice. Él entendió de inmediato y me ofreció su ayuda con el cadáver.'
Resopló, ante el recuerdo.
'Le pedí que hiciéramos pasar la muerte de Franklin como un asesinato de El justiciero. Le cosió la boca a Franklin. Le quitó el corazón y le pedí, adicionalmente, que le quitara el hígado. Quería degustar comérmelo.'
Me estremecí ante la idea.
'Nunca supe cómo logró limpiar toda la sangre, mientras yo escondía el hígado en la nevera. Luego lo ayudé a trasportar el saco que lo contenía, durante la noche y lo dejamos abandonado a su suerte. Al otro día la gente lo encontró y se conformaron con culpar a El justiciero. ¡Fue el crimen perfecto!'
La mitad de mi café ya estaba frío. Me quedé mirando a la señorita Rosie con la boca abierta unos momentos, antes de cerrarla.
'¿Le dijo entonces que sabía que él era el asesino de New Orleans?' dije, en voz baja.
'Procuré decirle eso con cautela, y le indiqué que no tenía intenciones de delatarle. Pero todas formas, me encargué que no tuviera su cuchillo a la mano cuando lo hice.' dijo, con una risa pícara
'Sé que él pensó que usted era digna de confianza.' dije.
'Pero de todas formas me dijo que no podía arriesgarse: hacer ese extraño juramento de silencio o matarme. Me ofendió que pensara que yo podía delatarle luego de nuestra amistad de años. Pero ya ves lo desconfiado que puede ser.'
Hice un mohín.
'Sí, también dijo que no podía arriesgarse conmigo.' dije, sonriendo.
'Así es nuestro querido Alastor.' dijo, cansinamente 'Si nos prefiere vivas con un juramento en vez de matarnos, es su forma de decirnos que nos aprecia.'
Ladeé la cabeza, confundida.
'¿Por qué me está contando todo esto?' dije 'Perfectamente puedo tomar esto como una confesión y delatarla a la policía.'
'¿De verdad lo harías?' dijo, alzando una ceja.
Resoplé con fastidio y le sonreí.
'Claro que no, señorita Rosie.' dije 'Pero me refiero a que ¿por qué me cuenta algo tan íntimo?'
'Oh, eres de plena confianza , cariño.' dijo, poniendo su taza en la mesita 'Si eres capaz de seguir amando a un hombre tan paranoico como él y aun sabiendo la cantidad de asesinatos que realiza, es porque eres digna de confianza. No por nada sigues viva.'
'Uhm... ¿Usted suele comer gente? ' dije, con cautela .
'Cuando pasas por varios periodos de hambre en tu niñez, tomas gusto a lo que tengas a mano.' explicó 'El canibalismo era normal en mis tiempos. Eras comer o morir.'
'¿Y el señor Alastor ...?' intenté decir.
'No, él no gusta de la carne humana. Le invité a comer del hígado de Franklin a Alastor , pero me dijo que sólo se limitaba a la carne de ciervo. Mata sin piedad a criminales, pero no es capaz de comerse toda esa carne fresca. Qué derrochador. Sabe a carne de cerdo, por cierto.'
'Ah...' dije, fingiendo una sonrisa.
Ella se rio.
'¡Oh, no te preocupes! No voy a comerte.' dijo, de buena gana 'Eres la hija de Apple daddy y me caes demasiado bien como para intentar hacer algo contra ti. Además, estoy segura de que Alastor me mataría en el acto.'
Y se puso a reír otra vez, cubriendo, elegantemente, su boca con su mano.
Sabía que era perturbador, pero siendo Rosie, no podía sentir miedo de ella. Me había enamorado de un asesino y mi amiga era una caníbal. Yo misma era una chica revivida con magia negra. Algo realmente mal debía estar en mí, para que los asesinatos de quienes lo merecían no me afectase. Pero, francamente, ya me había acostumbrado a estar rodeada de personas que tenían algún vínculo con la muerte o el ocultismo.
Solté una ligera risa.
'¿Te sientes un poco mejor?' dijo.
'La verdad no siento haber resuelto nada, pero me hizo bien hablar con usted.' admití.
Fruncí el entrecejo y la miré.
'Si sabe por qué él mata a tantas personas constantemente... ¿verdad?' dije, con cautela.
'Oh, no me dio detalles. Pero me dijo algo relacionado a que, si asesinaba criminales, no morirías. ¿Es así?' dijo.
Asentí.
'Realmente parece disfrutar mucho de esa actividad.' dijo, de buena gana.
Me miró con curiosidad.
'Si quería hacerse notar, lo está logrando. Todo el mundo habla de El justiciero últimamente.' dijo 'Y creo que acerté al pensar que ese berrinche es porque le has dirigido la palabra en muchos días y quiere tu atención.'
Volví a asentir, mordiendo mi labio inferior.
'Es tan poco sutil cuando quiere algo. Sería todo tan fácil si pudiera ser sincero por una vez. ' dijo, rodando los ojos.
' Pero no quiero hablarle. ' dije tajante ' No después de saber que desea mi atención, sin romper un compromiso. No voy a aceptar ser su amante, si es lo que pretende.' dije, con convicción.
'¿En serio crees que te pide ser su amante?' dijo ella, incrédula.
'¿Qué otra cosa estaría pidiendo? Ni siquiera ha deshecho su compromiso como para que crea que quiere algo serio conmigo.' repuse, molesta.
Suspiró con resignación.
'Oh, la verdad creo que ni él mismo sabe lo que quiere.' dijo.
La invité a proseguir, con mi mirada.
' Alastor te adora, sin duda. Pero (y sólo estoy suponiendo) él está tan confundido por todo lo que siente, que no sabe cómo decirte a la cara que quiere volver a lo que ustedes tenían antes. Ya está metido en todo esto, y no creo que quiera aceptar que se equivocó por las buenas. Puede ser muy testarudo intentado demostrar que tiene la razón... aunque, evidentemente, cometió uno de los peores errores de su vida.'
Exhalé pesadamente.
'¿Y qué me sugiere que haga? ¿ Perdonarle ?' dije, a la defensiva.
'Oh, eso depende de ti, corazón.' dijo, de buena gana 'Ya sentirás tú si merece el amor y la compañía que tanto anhela de ti, después de las tonterías que hizo.'
Pasé mis dedos por mis ojos, cansinamente.
'De momento tengo que pensar en mi actuación. Tengo que arreglar el traje que me dieron. ' dije, apuntando a la bolsa marrón en la entrada.
Se puso de pie y se dirigió hacia ella. De la bolsa sacó el amplio traje blanco con plumas que Angel me había pedido arreglar.
'¿Esto es un traje del día de brujas?' dijo, con una mueca.
'No. Es mi traje para el show de mañana.' dije, avergonzada.
'¡¿Con esta cosa de tan mal gusto...?!' exclamó.
Tomó la tela entre sus dedos y la miró con asco. Inhaló profundamente, armándose de paciencia. Entonces, su mirada se iluminó, como si hubiera tenido una visión.
'Podría ser…' susurró.
Se giró para cerrar las cortinas y se volteó a mirarme con altivez.
'Te volveré a preguntar: ¿harás algo con respecto al compromiso? ' dijo con voz dura.
Resoplé y me sinceré con ella.
'Yo quiero estar con él. Pero sigo demasiado enojada todavía. '
La miré con determinación.
'Si voy a darle la oportunidad de estar juntos, primero quiero dejarle claro que no puede hacer algo tan estúpido como querer alejarme de él por miedo, otra vez. Y eso no será hasta que sea completamente sincero conmigo.' dije, seriamente.
Rosie, sonrió con orgullo.
'Cariño, si quieres hacer tambalear aún más a ese hombre, necesitarás algo que te haga ver completamente despampanante. Tiene que dolerle aún más el hecho de haberte cambiado, al verte brillar como un ángel en el escenario.' dijo, cerrando un puño y estrechando los ojos, con malicia.
' Ahm ... ¿Qué sugiere?' dije, incómoda.
'Tú sólo deja que Rosie se encargue de todo.' dijo, mirando sus uñas ' Pero ahora necesito tomar medidas.'
Sin pedirme permiso, sacó una cinta métrica de su bolsillo y me midió completa. Nunca fue clara en sus divagaciones, mientras anotaba en su libreta.
'Plumas, sí, y unas mallas por aquí...' decía.
Después de largos minutos de pie, Rosie se dio por satisfecha y me sonrió.
'¡Oh, qué inspirador ha sido esto!' exclamó 'Pasa por tu traje mañana a medio día.'
'¿Qué? Pero no tiene que...' dije, confundida.
'¡Oh, por favor, Charlotte!' dijo, con emoción '¡Déjame ayudarte con esto! ¡Muero por saber que Alastor se vuelve loco por acercarse a ti y tú le rechazas!'
Dio una risa de emoción, mientras se agarraba el estómago con los brazos. La miré impresionada. Al parecer ella también adoraba la idea de que Alastor sufriera por sus acciones. No pude evitar reírme también.
Ella me dio un beso maternal en la frente y me tomó de los hombros.
'Ese idiota pagará por cómo te ha hecho sentir y cómo ha fastidiado mí conclusión de cómo debería acabar todo. Y no merece ser perdonado hasta que demuestre con sinceridad lo que espera de ti. Vales mucho, mi hermosa niña, y él tendrá que entender que no puede hacer lo que quiera todo el tiempo, sin que pague las consecuencias.'
Le sonreí con sinceridad.
'Gracias, señorita Rosie .' dije.
'Sólo Rosie , cariño.' dijo, moviendo una mano.
Me despedí de ella y me fui a casa de Vaggie más tranquila. Vaggie me estaba esperando con la cena lista y no le conté a detalle lo que había hablado con Rosie. Prefería dejar algunas cosas para mí. Especialmente, para ella. Cada vez que mencionaba a Alastor parecía ponerle los pelos de punta.
Esa noche pude dormir sin pesadillas ni voces.
Al otro día volví al local de Rosie. Me sorprendió ver que el cartel de cerrado estaba en la puerta. Golpeé, rítmicamente.
'¿ Rosie ? ¿Está aquí?' dije.
Unos momentos después, me abrieron la puerta. Rosie estaba ahí, con el mismo vestido del día anterior y con el rostro pálido y ojeroso.
'¡Charlotte, querida! ¡Llegas justo a tiempo!' exclamó de gusto.
'¿Se encuentra bien?' dije, preocupada.
'¿Bien? ¡Oh, siempre me encuentro bien!' decía una octava más alto de lo normal, mientras me empujaba dentro de su tienda 'Debo agradecer a Alastor por recomendarme el café. ¡Qué maravillosa bebida que espanta el sueño!"
Sus ojeras y su cabello ligeramente despeinado eran claro indicio que no había dormido en mucho tiempo.
'¿Trabajó toda la noche?' dije, horrorizada.
'¡No paré desde que te fuiste! ¡No me sentía tan inspirada en mucho tiempo! ¡Pero estoy orgullosa del resultado!'
Me ubicó en el centro de su tienda, frente a un maniquí de mujer cubierto con una manta. Ella tomó la tela y desveló su obra con orgullo.
'¡TA DA!' exclamó.
Mi mandíbula cayó al instante. Era el traje del día anterior, o, mejor dicho, una versión infinitamente mejorada. Lo había ajustado al cuerpo. Tenía plumas en el borde del pecho y la linea de la ingle. Largos guantes que terminaban en plumas. Y un despampanante velo blanco que caía desde las caderas. Todo completamente brillante y deslumbrante. Unos hermosos zapatos de taco alto, de color blanco y con purpurina estaban a los pies del maniquí. Pero, sobre todo, tenía un sombrero blanco, con un tocado de astas se ciervo en él.
'¿Qué opinas?' dijo con entusiasmo.
'¡Es...! ¡Es magnífico! ' dije, no pudiendo contener la emoción '¡Parece el traje de una actriz profesional de Broadway ! ¡De verdad es usted fantástica, Rosie !'
'Oh, lo sé.' dijo, con orgullo.
Rodeé el maniquí con aire reverencial. Lo miré con detalle. Era maravilloso. Pero entonces noté la espalda.
'Mi espalda se verá...' dije, menguando mi sonrisa 'He estado evitando que la gente vea mis cicatrices.'
'Un ángel que ha caído debe tener sus marcas.' dijo, con simpleza.
Me di una media sonrisa.
'Supongo que pueden ser usadas como publicidad.' dije, elevando mis hombros.
Miré el tocado de astas en el sombrero.
'Bastante poco sutil, pero creo que queda bien. Al menos él lo entenderá.' dijo, con aire pensativo.
'Es muy parecido al de papá.' dije, con una sonrisa triste.
'No puedes ser una Magne completa sin tu propio sombrero blanco. Apple Daddy habría querido que su hija tuviera el suyo propio.'
Di unos pasos hacia atrás y volví a contemplar el traje de pies a cabeza.
'Es realmente bellísimo.' dije, con seguridad.
Tomé mi bolso y lo abrí.
'¿Cuánto le debo?' dije.
'Oh, mi precio no es en dinero esta vez.' dijo, moviendo una mano.
'Lo siento, no puedo darle un brazo para la cena.' dije, alzando una ceja, divertida.
Rosie se puso a reír. Me alegraba verla entusiasta, aunque su rostro delataba su cansancio.
Una vez se recompuso, me miró a los ojos y endureció su semblante.
'No, cariño. Es mucho más simple de lo que crees. Quiero que me prometas algo.' dijo, más seriamente.
'Claro.' dije.
'Prométeme que, una vez todo esto termine, y ustedes vuelvan a estar juntos, vendrás a contarme todo lo que pasó con detalle. Quiero saber el cómo se resuelve este lío.'
La miré con sorpresa.
'¿Está bien?' dijo, ladeando la cabeza.
'Bien, lo prometo.' dije, sonriendo.
Me quedé pensando un momento.
'Pero... ¿Cómo está tan segura de que él me escogerá?' dije, insegura.
' Alastor no se esforzaría tanto para nada, querida. Estoy segura que, de alguna manera, te conmueve que se tome tantas molestias para que sepas de él.' dijo, con altivez.
Sonreí. Lo tomó como una afirmación.
'Sólo espero que tú estés segura de lo que quieres, Charlotte.' dijo, con solemnidad.
'Estoy segura.' dije, con firmeza.
Ella sonrió, radiante.
'El justiciero está en boca de todos. Pero ahora, El Ange Blanc será noticia también.' dijo ella, con convicción 'Le harás el peso luego de tu debut. Ya puedo ver cómo todos comenzarán a hablar de ti, querida niña.'
Me reí, nerviosa.
'Daré lo mejor de mí, lo prometo.' dije.
'No sabrás cuando Alastor vaya a verte, dado que se pasa las noches matando gente. Pero necesitará un descanso en algún momento. En especial, apenas se entere quién es el Ange blanc . Serás la estrella más brillante en ese lugar .' dijo, emocionada.
Dio una larga inhalación y suspiró. Me guiñó un ojo con complicidad.
'Una estrella que brillará hasta encandila rl o .' añadió , sugestivamente.
Me volví a reír. Me acerqué al maniquí, retiré el sombrero y me lo puse. Me miré al espejo y me gustó lo que vi.
'No se preocupe, Rosie . Él no sabrá qué lo golpeó. ' dije, con decisión.
Le agradecí sinceramente y me despedí de ella, prometiendo volver pronto.
Los días que vinieron fueron caóticos y emocionantes. Casi como una premonición, mi popularidad comenzó a crecer como la espuma una vez comencé a presentarme. Los admiradores comenzaron a llegar con regalos y propuestas directas, luego de mis presentaciones. Algunos eran bastante insistentes y eran retirados con violencia del local. Angel no cabía en sí de júbilo. Parecía sentirse completamente orgulloso de todo lo que había aprendido de él, lo estaba aplicando en mis actos. Además de felicitarme al atreverme a mostrar más piel.
Ser el Ange blanc me daba seguridad y poder. Podía seducir con mi voz y mis movimientos a quien me escuchara. Lo sabía. No importaba si era hombre o mujer. Todos terminaban a mis pies. Las ovaciones y los vítores hablaban por si mismos al final de cada show. Con regocijo pude ver que Mimzy recibía más clientela y ganancias que de costumbre gracias a mí. Y que ella detestaba sentirse dependiente de mi para la abundancia financiera. Casi como una infantil venganza, Mimzy intentó hablar en voz alta de sus preparativos para la boda cuando yo estaba cerca. Pero no podía importarme menos. Sabía que tenía miedo de mí. Porque aun siendo ella la prometida de Alastor, sabía que él no tardaría en notar en lo que me había convertido. Y yo me sentía completamente satisfecha de haber crecido y demostrar, ya sin miedo, quien era yo.
Ahora sentía que podía mostrarles a Alastor y al mundo entero, quién era Charlotte Magne, sobre el escenario. Había salido de mi capullo y emergí iluminada por los reflectores.
Ya nadie podría subestimarme, nunca más.
"Charlotte, querida." escuché junto a mí.
Salí de mis divagaciones y miré a mi amado Alastor junto a mí.
"¿Todo bien?" dijo, divertido.
"Claro que sí." dije sonriendo.
"Llegamos."
Miré hacia adelante. El Mimzy's Palace parecía absolutamente abarrotado de gente. Por la hora, ya había algunos ebrios en la entrada cantando desafinadamente y personas entraban y salían con cuentas y antifaces del Mardi gras. Era casi la hora de cierre.
Cerré los ojos un momento. Había llegado el momento de mi último acto.
Alastor me ofreció su brazo, galantemente.
"¿Lista para tu gran final, querida mía?" dijo, guiñando un ojo.
Inhalé y exhalé profundamente. Masajeé mis mejillas y luego cerré los puños con fuerza.
"Sí, vamos." dije, con determinación.
Tomé su brazo y entramos al Mimzy's Palace.
POR FIN EL CAPÍTULO 16!
De verdad lamento la tardanza. Desde la cuarentena estoy con mi bebe 24/7 y sólo puedo escribir en los pequeños momentos que me otorga la noche.
Además tomó bastante planeación para este arco.
¡Por Odín! Nunca creí que tardaría 34 páginas en que llegaran al Mimzy's Palace XDDDD
En mi cabeza creí que abarcaría bastante más, pero necesitaba indagar bien la evolución de Charlotte. Ya le tocará a Alastor narrar lo que vea adentro del local uwu
LINK DE LA MÚSICA!
Gypsy curse - the speakeasies' swing band!
