Salimos del complejo de apartamentos con la resolución de poder llegar rápido al Mimzy's Palace. Esperaba que fuera una visita rápida. Es más, deseaba llegar a encontrar la cartera de Charlotte y devolvérsela antes de que ella terminara de guardar sus pertenencias. No quería darle oportunidad al "señor sonrisas" de invitarse solo a beber un café en mi casa. Y estaba muy segura que algo así podía ocurrir.

Tampoco tenía ganas de toparme la señorita Mimzy. Estaba segura que se la pasaría dando un espectáculo pobre de mujer despechada durante las próximas semanas. No tenía ánimos de ser su pañuelo de lágrimas por haber sido rechazada, como innumerables veces anteriores, por ese sujeto. De verdad me sorprendía que su obsesión por el señor Alastor hubiese llegado a negar la realidad por comodidad. Ella prefirió vivir su mentira cuando él aceptó su propuesta. Ella quiso vivir una fantasía triunfal por sobre Charlotte.

Porque era un secreto a voces. Mimzy detestaba a Charlotte. En innumerables ocasiones la vi dándole comentarios malintencionados cuando iba al local acompañada de "el señor sonrisas".

"¿Me dices nuevamente dónde fue que te contrató, muchachita?"

"¡Qué escuálida eres! No te alimentas bien, ¿verdad?"

"No te aseguro que Al requiera mucho tiempo de tus servicios. Te recomiendo buscar otro lugar antes de que él te eche."

Siempre asustada, la pobre Charlotte se mantenía callada y aguantaba aquellas venenosas palabras. Después de todo, a diferencia de Katie, Mimzy era la socia financiera de su jefe. Y no podía responder nada. Y de eso Mimzy se aprovechaba. Intentaba menospreciarla, siempre que el señor Alastor no estaba cerca. Porque ella deseaba tener esa cercanía que ellos dos habían labrado en tan poco tiempo y era tan evidente que la llenaba de rabia. Por lo que, se desquitaba menoscabando la humilde condición de Charlotte con comentarios hirientes. No perdería oportunidad de restregarle la brecha que existía entre una sirvienta y su jefe.

Porque estaba celosa.

Mimzy moría de celos de Charlotte. Moría por ser ella quien estuviese con Alastor en su tiempo libre. Anhelaba que él la ensalzara ante todos por sus cualidades. Soñaba con ser ella quien le robara aquellas miradas llenas de aprecio y confianza que él le dedicaba, exclusivamente, a Charlotte. Esa idea comenzó a comerla. Y todos, en especial ella, sospechábamos que había algo más. Algo que hasta el más incrédulo podría notar. Ellos dos estaban juntos. Parecían orbitar el uno en función del otro. Parecía una batalla perdida para quien intentara algo.

Pero Mimzy no se rindió fácilmente. Escuché, muchas veces, cómo invitaba al señor Alastor a su local, a cenar, a viajar. Siempre siendo rechazada. Que su trabajo. Que el tiempo. Que sus deberes. Unos meses atrás (y Niffty se encargó de confirmarlo) le mandó un reloj de muñeca nuevo, carísimo, con correa de cuero, con el grabado en el reverso "Para Alastor. Con AMOR de Mimzy". Todo envuelto prolijamente en un paquete y enviado por correo, hasta su casa. Pero cuando ella le preguntó si lo había recibido, él, simplemente, dijo que se lo habían robado en el transporte público el primer día en que lo usó. Y yo sabía que era mentira. La misma Charlotte me había confiado en que, al recibir un reloj como premio de un sorteo (según sus palabras), fueron juntos a una casa de empeño. Compraron una cafetera nueva y luego fueron a almorzar, con el dinero que había recibido por la venta del reloj.

También intentó con indirectas. Muchas indirectas. Al punto en que parecían tristes y arrastradas. No podía imaginar el nivel de desesperación que tenía por casarse con él. Pero, realmente, todo iba de la mano de la enorme frustración que había adquirido con los años. Al postergarse tanto tiempo, poniendo su negocio en su primer lugar, "se le estaba yendo el tren". Ella estaba peligrosamente cercana a los cuarenta. Tenía que casarse con urgencia. Era la única en su círculo de amigas que no tenía hijos todavía. La criticaban entre cuchicheos por ser una fracasada en ese ámbito. La desafortunada y solterona Mimzy. Por eso ella se había propuesto tener una familia con el señor Alastor, costara lo que costara. Sin importar el tiempo y las constantes negativas. Y, personalmente, creo que fue la peor decisión esperar alguna retribución de alguien como él.

Pensé en Charlotte y el señor Alastor, y en cuánto tiempo ellos debieron mantener una relación que sobrepasaba lo estrictamente laboral. ¿Meses? ¿Semanas? Yo sabía que ella lo amaba. Sus ojos brillaban cuando él le sonreía. Sus mejillas enrojecían cuando él le hablaba. Y sus labios suspiraban cuando ella lo miraba.

Y él no se quedaba atrás. No había lugar a dudas en lo que él pensaba al verla tocar el piano, verla bailar o cantar en el escenario, o cuando le elogiaba mirándola a los ojos. Si ese sujeto había coqueteado alguna vez, esa era, indiscutiblemente, con Charlotte.

El magnetismo de ambos era incuestionable, poderoso y doloroso de admirar.

Me mantuve con la vista fija en el pavimento. Todo ese asunto me molestaba. Y mucho. No quería pensar en lo que había pasado hace unos momentos en mi departamento. Ni en cómo me hizo sentir. La sonrisa y los ojos brillantes de Charlotte no me dejaron salida. Era ella en su máxima expresión. Y su dulce y confiada declaración de amistad me desarmó completamente.

Ella me había dicho cosas hermosas. Y yo las creí a un nivel diferente. Estuve en el cielo durante unos pocos y maravillosos segundos.

"Te prometo que siempre seremos las mejores amigas."

Y, de pronto, la realidad me golpeó. Ella me dio un título: su mejor amiga. Mi estupor por haber sido rechazada por ella, sin ser consiente de eso, me remeció por completo. Me sentí estúpida. Pero no iba a rebatirle. No quería hacerla sentir incómoda.

"Sí, Charlotte, siempre seremos las mejores amigas."

No pude decirle nada más.

Y ella me sonrió.

Ella estaba feliz con eso. Y yo estaba bien así.

Ella nunca sabría cuánto significó para mí compartir esas semanas a diario con ella. Ni cuánto había crecido mi afecto por ella de manera tan natural, que no me dio tiempo de sentarme a meditar si era incorrecto. Ella era atrayente, como el más hermoso rayo luz en la más tormentosa noche. Ella era adorable, su presencia era reconfortante, era talentosa y bella. Muy bella. Y yo estaba dispuesta a adorarla en silencio. Ya antes había notado lo mucho que ella me gustaba. Su sonrisa, sus mejillas sonrosadas, su pasión por lo que le gustaba. Todo era precioso en ella. Y, si bien le había mostrado mi apoyo para que fuera con "el señor sonrisas" aquella vez que peleó con Katie, no había dimensionado en lo que Charlotte se convertiría, eventualmente, para mí.

Sentí el remordimiento taladrando en mi cabeza. No debí darle mi apoyo. No debí aconsejarle que siguiera a su corazón en pos del señor Alastor. No si eso significaba que ella iba a sufrir por él, como lo hizo. Y cómo tuve que lidiar con su tristeza, luego de que ella le dijera lo sentía por él, para luego rechazarla, durante todo este tiempo.

Recuerdo que recibí a Charlotte en mi casa, aquella madrugada, en un manojo de lágrimas. Como una criatura perdida, desamparada y con el corazón herido. Intenté alentarla a que dejara sus ideales de cantar en un lugar de mala muerte como el Mimzy's Palace. Que ese no era un ambiente seguro para ella. Pero ella seguía firme en seguir sus ideales. En seguir sus locas metas.

Ella tenía talento en tantos ámbitos. Ella era buena cosiendo. Incluso le indiqué que usara la vieja máquina del Mimzy's Palace para hacerse vestidos con los sacos de harina con patrones de costura, que yo le conseguí. Ella quería tener sus propios vestidos y no tener que usar los que el señor sonrisas le había entregado. Incluso le sobró tiempo y material para hacerme un peluche de un osito azul con diseños de flores blancas, y a Angel le regaló un cerdito peluche de moteado.

Yo quería cuidarla de todo lo malo. Quería protegerla de sus ideas, potencialmente, peligrosas. Le ofrecí la idea de que fuera costurera, pero lo rechazó. Le insistí que trabajara como sirvienta en otra casa, pero se negó. Incluso, que fuera cocinera en una escuela, pero ella no me escuchaba. Y yo estaba desesperada. Quería, si fuese posible, dejarla en un globo de cristal para que nada inmaculado la pudiese alcanzar.

Pero ella quería cantar en el escenario. Brillar con su voz y su baile.

Entonces, me puse el propósito de salvaguardar su integridad. Yo sería su fiel compañera, su guardiana, que evitaría que cualquier cosa o persona pudiese lastimarla. Siempre leal y confiable. Alejándola de esos planes peligrosos que a ella se le ocurrían. Y sin esperar retribución si eso significaba que nunca la tenía que verla sufrir.

Y yo estaba bien así.

Pero sólo hasta que malinterpreté lo que ella intentó decirme, que no me había percatado cuán dolorosa era la realidad para mí: Ella estaba enamorada de él.

Intenté, desesperadamente, pensar que ella iba a lograr superarlo. Que se enfocara en otras cosas. Pero su corazón estaba cautivo por ese hijo de puta.

Que se iba a vivir con él nuevamente, me dejó aturdida. Se iba de inmediato. Hubiese deseado tener un día más. Sólo uno más, en la que ella se quedara a dormir en mi casa. A ver si esa misma noche juntaba el valor para besar sus labios, mientras ella dormía. ¡Cuántas veces me había decidido y retractado, en el último momento de intentar besarla sin que ella se percatase! Saber que le habría robado un beso, uno de los tantos que ella reservaba para él, y que era mi eterno cautivo, me hubiese generado una euforia triunfal. Pero no me atreví. Fui una maldita cobarde.

Debí haberme imaginado que las cosas tomarían ese rumbo. Ella nunca dejó de hablar de él. Charlotte no notaba, en la cotidianidad, cuando empezaba a narrar alguna anécdota, con cariño. Y no era infrecuente que ella se interrumpiera a media plática, para disculparse.

"Recuerdo que una vez, el señor Alastor me trajo unas manzanas confitadas y… Oh. Perdón."

"El señor siempre me invitaba a almorzar los sábados en… ¡Ay! Lo siento."

"Esta canción la cantábamos a dúo con el señor Alast… Amh. Perdón, Vaggie."

"No hay problema." Decía yo todo el tiempo.

Y a medida que pasaban los días, mi apatía a la mención de ese sujeto se hizo cada vez más evidente.

Todo se trataba de él. Ella seguía pensando en él. Ella seguía queriendo estar con él.

Y ahora él volvía por ella y ella aceptó.

Y yo quería odiarlo por eso. Porque ella lo amaba como jamás podría yo aspirar a que pudiese amarme. No con esa atracción palpable y cargada que ellos tenían. No con esas miradas que compartían que nos hicieron a todos notarlo desde el principio: Ambos estaban locos el uno por el otro.

Pero él demostró no ser merecedor del amor que ella quiso darle, al comprometerse con otra mujer. Y, aun así, ella lo perdonó. ¡Ella realmente lo perdonó! Y eso me llenaba de indignación. Porque yo estaba segura de que él se hubiese casado con la señorita Mimzy, y, aprovechando los largos periodos en que se ausentaba para administrar el local, hubiese querido tener a Charlotte como amante en su propia casa, si ella no hubiese renunciado a ser su sirvienta. Usando su estatus de jefe para eso. Yo sabía que él era capaz de intentar aprovecharse de Charlotte. Era un desgraciado que no le importó verla sufrir, con tal de escapar de sus propios demonios.

Y yo hablé muchas veces con Charlotte. Le dije que él no era bueno para ella. Pero, claramente, ella no me escuchó. Nunca me hacía caso. Nunca le importaron mis, bienintencionadas, preocupaciones por ella. Nunca podía mantenerse a salvo. Siempre preocupándome. Siempre yendo detrás de lo peligroso.

Era desesperante.

Ella era torpe. Ella era crédula. Ella era dulce. Ella era demasiado buena para él.

Pero estaban juntos. Después de todo. A pesar de todo. Juntos.

Él se salía con la suya. Y ella estaba feliz con eso.

Odiaba la idea. Lo odiaba a él. La odiaba a ella. Me odiaba a mí.

¡Todo era una puta mierda!

"¿Vas a sacártelo del pecho?" Escuché a Angel a mi lado.

Me sobresalté. Él se había detenido y me miraba con una ceja alzada.

Fruncí más el ceño.

"No es bueno no dejarlo salir." Agregó.

"No sé de qué me hablas." Dije.

Angel suspiró con fastidio. Me tomó del brazo y me metió a un callejón, entre dos edificios, a la fuerza.

"¡¿Qué haces?!" Exclamé.

Me logré zafar de su agarre y lo miré.

"Aquí nadie nos verá." Dijo.

Lo miré, con desconfianza.

"Si intentas hacerme algo extraño, te juro que…" le amenacé.

Él se rio, con descaro.

"¡Creí que conocías que mis gustos no van por ahí, linda!" Dijo, con sorna.

"Entonces, ¿qué ocurre?" Exigí.

"Sabes bien qué pasa."

Él se cruzó de brazos y me miró con altivez.

"Te acaban de rechazar y lo sabes." Dijo.

Bajé la cabeza, molesta. Me mantuve en silencio.

"¿Y bien?" Dijo.

"No hubo un rechazo, porque nunca le dije nada." Mascullé.

Entrecerró los ojos.

"Oh, vamos, hasta el baño se escuchó el sonido de tu corazón roto." Dijo, cruzando los brazos.

"Maldito metiche." Dije, molesta.

"Tu casa es pequeña, cariño. Es difícil no escucharlas fuerte y claro. Un susurro es como un grito ahí." Dijo, con malicia.

Gruñí. Me quedó mirando, como estudiándome.

"¿De verdad creíste que tenías una oportunidad con ella?" Dijo, de pronto.

Me sorprendí.

"No sé de qué mierda me hablas." Dije, asustada.

"Oh, por favor, no seas hipócrita. A ti te encanta Charlotte y no de la forma amistosa." Dijo, con fastidio.

Desvié la mirada, incómoda.

"Imaginas cosas." Dije.

Resopló.

"No te culpo por querer algo con ella. Sus mejillas rosadas son adorables." Dijo, insidioso.

Me quedé en silencio. Él esperó que le dijera algo más.

"¿No te quedó claro que no tenías ni una sola oportunidad con ella después de cómo la viste durante semanas, porque creía no ser correspondida por 'el señor sonrisas'?" Agregó.

"No tengo por qué responder a tus estupideces." Dije.

"¡Vamos! Sólo dilo. Te duele. Te duele que Charlotte lo prefiera. Te duele que ella no será capaz de mirarte como lo mira a él, por más que lo intentes." Exclamó, exasperado.

"Angel, déjame en paz." Dije impaciente, intentando volver a la avenida principal.

Pero Angel me tomó de la muñeca, nuevamente.

"¿Qué te pasa?" Dije, a la defensiva.

"¿Puedes ser sincera de una puta vez?" Exigió.

"¡Suéltame!" Exclamé.

"¿Crees que eres la única persona a la que han rechazado en el mundo?" Dijo, con una extraña seriedad.

Lo miré contrariada. Me tomó de la otra muñeca y me la apretó con fuerza. Estaba inmovilizada.

"Porque yo puedo decirte exactamente cómo se siente." Dijo, mirándome con el ceño fruncido.

"Ya déjame, tranquila." Insistí.

Traté de dar un tirón más, pero él me mantenía firmemente aferrada. No sabía que ese flacucho podía tener tanta fuerza.

"Sé, muy bien, que te sientes como la mierda. Le echas la culpa a todo el mundo, porque las cosas no salieron como esperabas. Crees que no eres suficientemente bueno para ser merecedor del amor del otro. Que eres poca cosa." Decía.

"¡Cállate!" Grité.

"¡Que podrías hacerlo muy feliz si esa persona te permitiera demostrarlo!" Exclamó.

"¡Cállate! ¡Cállate! ¡Cállate!" Gritaba tirando, sin éxito.

"¡Pero no puedes obligarlo a que te ame! ¡Pero desearías que así fuera! ¡Que esa persona te ame tanto como tú lo amas! ¡Pero no es así como funcionan las cosas! Diste lo mejor de ti mismo, pero no pudiste encantarle. No eres lo que está buscando. Y eso te duele y de desespera. Porque todas tus esperanzas se van a la mierda. ¡Todos tus sueños se van a la puta mierda!"

Me soltó de un tirón.

"¡Y piensas que puedes manejarlo si lo reprimes! ¡Que, con el tiempo, dejará de doler mágicamente! ¡Pero sólo te harás más daño si no lo sacas y dejas que se pudra dentro de ti!" Sentenció.

Yo lo quedé mirando, asombrada.

Esa era una faceta de Angel que no había tenido oportunidad de conocer. Estaba serio y molesto. Sus palabras hablaban desde la experiencia. De una dolorosa vivencia y que dejó marcas profundas en él. Consideré que, tal vez, podría escuchar lo que él tenía que decir.

Nos quedamos mirando, con aire desafiante.

"Así que sé agradecida que tienes a alguien que, remotamente, se interesa en lo que pueda pasarte." Dijo, cruzándose de brazos, nuevamente.

Miré al suelo y apreté los puños con rabia. Ese estúpido de Angel estaba removiendo aquella reciente herida. Lo vi sacando un cigarrillo y encendiéndolo con un fósforo.

"Ya hay que irnos." Dije.

"Puedo decirte qué hacer en estos casos." Dijo, en voz baja.

Me dispuse a caminar a la avenida principal, pero me detuve al dar un par de pasos. Apreté los dientes. Dudé antes de hablar.

"¿Qué haces para ya no sentirte así?" Pregunté, sin mirarlo.

Lo escuché lanzar el humo de su cigarrillo al aire.

"Meh. Es algo que toma bastante tiempo superar. Todo depende de cuánto quieras a esa persona." Dijo él.

"Mierda." Mascullé.

"Lo sé. Apesta." Concordó.

Puse mi mano en mi pecho, con los ojos fuertemente cerrados.

"¿Qué me puede ayudar a aplacar esto?" Dije, con la voz quebrada.

"Comer, beber alcohol, llorar, escuchar canciones tristes en la radio, son buenas opciones." Dijo, enumerando con los dedos. "A veces, acompañado de un buen amigo estas cosas duelen menos."

Tragué con dificultad.

"Entiendo." Dije.

Nos mantuvimos en silencio unos momentos. Intenté mantenerme imperturbable. Pero era imposible ignorar lo mucho que me picaban los ojos.

"Puedes llorar aquí, si quieres. No le contaré a nadie." Dijo, con indiferencia.

"¡No voy a llorar, idiota!" Exclamé.

"Tendrás que hacerlo si quieres sentirte mejor." Dijo, elevando los hombros.

Angel volvió a lanzar humo de cigarrillo al aire.

"No voy a mirar." Dijo, suspirando.

Y se volteó, para darme la espalda. Me recargué en la pared y suspiré. Quizás era una buena oportunidad, pero no salía. Mi llanto estaba atorado. Incluso hice el esfuerzo por llorar, pero no hubo caso. Lo tenía agarrado en la garganta, sofocante y doloroso.

"No escucho esas lágrimas…" Dijo Angel, con voz melodiosa.

"No puedes simplemente ordenarme a que llore." Dije, con molestia.

"¿Quieres que te ayude a canalizar eso?" Dijo.

Miré cómo lanzaba su cigarrillo al piso y lo pisaba.

"Puedo guiarte desde aquí. Pero tienes que hacer lo que te diga." Dijo.

Resoplé.

"¿Qué tengo que hacer?" Susurré.

"Primero: debes cubrir tus ojos con tus manos." Dijo.

"¡Deja de jugar!"

"No estoy jugando."

"Esto es una estupidez." Dije.

"¿Quieres sentirte mejor o no?" Me dijo, volteando un poco la cabeza para mirarme, sobre el hombro.

"Bien." Dije, de mala gana.

"Buena chica."

Resoplé con rabia y me puse las manos en los ojos.

"¿Y ahora qué?" Dije.

"¿Qué sientes por Charlotte?"

Me tensé. Me mordí el labio, nerviosa.

"Vamos. Sácalo." Ordenó.

Tomé varias respiraciones profundas. Era más fácil pensar que estaba sola en la oscuridad. Quería aclarar ese caos.

"Charlotte me gusta." Dije.

"¡Vamos! Puedes hacerlo mejor que eso."

Respiré un par de veces más.

"Ella me gusta mucho. Yo la adoro." Aclaré.

"¿Qué te gusta de ella?" Dijo.

"Yo… adoro su risa, sus ojos, su forma de ser. Toda ella es maravillosa y talentosa. Ella es bonita. Muy bonita. Me gusta verla feliz. Nunca había sentido algo así por alguien."

"Ella es toda una muñequita. ¿Qué quisieras hacer por ella?"

"Quiero cuidarla. Quiero que esté siempre segura. Pero no me escucha. Ella es inquieta y nunca puedo detenerla en sus ideas locas. Si tan sólo me hiciera caso cuando le digo que no haga algo…" Continué.

"Pero no puedes restringirla para siempre sólo para que no tome riesgos. Todos tenemos que crecer con la experiencia." Dijo Angel.

Gruñí.

"Tampoco considera todo lo que hice por ella. ¡La apoyé todo este tiempo! ¡Y sólo se va, sin más que unas palabras de gracias y vuelve con él!" Me quejé.

"No puedes esperar que alguien retribuya la amabilidad que das. Ella no te pidió todo lo que hiciste por ella. No debiste esperar a que ella comenzara a quererte de una forma diferente por la atención gratuita que le dabas."

Volví a gruñir.

"¿Qué pasa con 'el señor sonrisas'?" Dijo.

Inspiré y di un largo suspiro.

"No quiero que Charlotte esté con él." Dije, con firmeza. "No confío en él. Él la trató muy mal. Él no es bueno para ella."

Hundí aún más mis dedos en mis ojos. Comencé a sentir que mi rabia borboteaba en mi estómago.

"No puedo entender cómo es que pudo pasar esto. ¿Cómo ella pudo enamorarse de él? Ella es demasiado buena para él. No la merece. Él no merece nada de lo bueno que tiene." Dije.

Sentía que la ira comenzó a quemarme el pecho.

"¿Qué tanto ve ella en él?" Dije con rabia. "Él es un sujeto excéntrico y da miedo. Le hizo pasar días horribles a Charlotte, por cómo la trató desde que se comprometió. Siempre sonríe como un maniático y parece disfrutar pisotear a los demás. Me causa repugnancia que él haya deshonrado a Charlotte sin estar casados. ¿Cómo alguien como él puede haberla cautivado?"

Sentí que vomitaba mi ira con palabras.

"Yo podría haberla hecho feliz." Dije, con la garganta apretada. "Estando a mi lado, yo la cuidaría de todo. Yo me encargaría de que nada malo le pasara a ella. Podría protegerla de todos. ¡Podría protegerla de ella misma! ¡No dejaría que nadie se acercara ni un poco! ¡Pero él lo arruinó todo! ¡Si él no estuviera, Charlotte quizás podría haberme visto con otros ojos y…!"

Apreté los dientes y sorbí mis mocos.

"Pero no lo es, ni lo será. Ella está enamorada de él." Dijo Angel.

Era la verdad. Tan potente como terrible para mí.

"Lo sé." Mascullé.

Mis lágrimas se escurrían entre mis dedos.

"Esto es una mierda. Una real mierda." Dije, encolerizada.

Me descubrí los ojos y me abracé, mientras sollozaba, apretando los dientes.

Me dolía. Me ardía el pecho de una forma hormigueante y desgarradora. Comencé a llorar de forma más abierta. Lancé un alarido contenido de rabia y me puse de rodillas. No quería llorar. Pero ahí estaba yo, explotando por la mala fortuna que me había tocado al gustar de ella.

Yo no quería quererla. Yo no elegí quererla. Sólo había pasado. Me había cautivado con su presencia y su luz. Y, yo, cual polilla a una lámpara en una noche tenebrosa, me aferré a ella y a lo bien que ella me hacía sentir. No quería compartirla. No quería que nadie se la llevara de mi lado. No quería que él se la llevara. Pero ella quería irse con él. Yo era su fiel amiga y no había más que eso en el corazón de Charlotte para mí. Esa era la verdad.

Pero lo peor es que el problema no era él. Porque él no la obligó a amarla. Fue la misma Charlotte quien le amó. Quería odiarlos a ambos. Quería odiarla a ella. Pero no podía.

Charlotte era quien había decidido irse con él y yo no podía detenerla.

Yo la adoraba. Y me dolía, tremendamente, no ser yo a quien eligió amar.

Golpeé mis muslos con los puños.

"Mierda. Mierda. ¡Mierda!" mascullaba.

Lloré. Lloré todo lo que tenía guardado. Toda mi frustración y dolor se escapaba por mis ojos. Todo lo que tenía contenido desde hace mucho tiempo se manifestaba.

Quería hacerla feliz. Quería que Charlotte estuviera conmigo y con nadie más. Quería ser yo quien besara sus labios con ternura. No quería compartirla con nadie. Pero ninguno de sus besos de amor eran para mí. Y no podía obligarla a quererme como ella lo quería a él. Era horrible saber que yo no podía aspirar a nada más. Ella misma me lo había dicho. Yo era su querida amiga. Y no podía hacer las cosas diferentes a cómo eran. Fui tonta al aferrarme a esa pequeña esperanza de que ella podría verme con ojos de amor alguna vez, durante las semanas que vivió conmigo. Fui una necia al querer engañarme y tratar de desviar su atención y su tristeza por su propio rechazo a nuevas oportunidades. La alenté a que ella superara al "señor sonrisas". Y quizás, tal solo quizás, ella podría haberme elegido un día como su compañera.

Pero no era así. Mis vanos e infantiles deseos fueron derrumbados por la dolorosa realidad: Ella lo había elegido a él desde mucho antes. Y siempre lo supe, y no quise verlo. Y ella, desde el principio, había deseado estar con él nuevamente, excluyéndome de sus planes para poder lograrlo.

Y logró su cometido, sin poder yo evitarlo. Ella se iba con él. Me tocaba observar su felicidad lejos de mí. Como una mera espectadora. Como una amiga.

De pronto, me di cuenta. Yo había criticado a Mimzy por esa misma actitud. Por haber tenido esperanzas, a pesar de tener la verdad en frente y no querer afrontarla. Por miedo. Por orgullo. Por comodidad. Era más fácil negarse a ver las cosas y seguir intentando alcanzar tus propios objetivos con una persona que, claramente, no tiene ojos para ti.

Me sentía patética.

La mano de Angel pasó por mis hombros y, de inmediato, intenté apartarlo.

"¡No necesito de tu compasión!" Exclamé, llorosa.

Angel me miró unos momentos, y luego lo intentó de nuevo. Esta vez, me dejé abrazar. Hundió mi cabeza en su pecho.

"No necesito un abrazo…" susurré.

"Está bien." Dijo. "Fingiremos que no necesitas un abrazo."

Entonces lo abracé con fuerza. Me aferré a su chaqueta y lloré, amargamente. Y él no dijo nada. Sólo me abrazaba conteniéndome. Quería llorar aquella única vez y seguir. Quería sacarlo todo de una sola vez y terminar con eso. Dejé que mi dolor y mis lágrimas fluyeran libremente. Ahí, en un callejón frío y que apestaba a orina, abrazando al idiota de Angel, me permití romperme por única vez.

Pasaron minutos enteros entre gimoteos, hasta lograr calmarme un poco. De pronto, sentí la mano de Angel acariciando la coronilla de mi cabeza, gentilmente.

"Ya. Ya." Susurró.

Me separé de él y limpié mis lágrimas con la manga de mi abrigo. Tomé una honda respiración y suspiré largamente.

"Gracias." Musité.

Él me sonrió con suficiencia y me ofreció una mano para ponerme de pie. La tomé, sin protestar.

"Bien, al menos ya lo sacaste. De ahora en adelante sólo es cosa de tiempo. Pero estarás bien." Dijo, como dándome un diagnóstico médico.

Negué con la cabeza y usé un pañuelo para limpiarme las secreciones nasales.

"Ya tenemos que irnos." Dije. "Hemos perdido mucho tiempo aquí."

Él se encaminó hacia la avenida principal y yo lo seguí.

"Por cierto, si alguien pregunta por qué tengo los ojos hinchados…" Le advertí.

Él se rio.

"Tranquila. Les diré que tienes alergia a mi nuevo perfume. Y que no soportas lo fabuloso huelo con él." Dijo, guiñándome un ojo.

Suspiré de nuevo, con una pequeña sonrisa.

"Oye, después de devolver la cartera, te invito a beber un whisky en la barra de Husk. Te hará bien un poco de alcohol para pasar las penas." Agregó.

"No sabía que eras tan amable." Le dije, escéptica.

"¿Creías que ser gay era mi único aporte en esta vida? Tengo más cualidades que sólo este lindo rostro." Dijo, con desdén.

Le di un puñetazo juguetón en el costado. Él se puso a reír.

Me sentí un poco mejor. Inspiré hondo y suspiré. El corazón aún me dolía, pero lo sentía mucho más ligero luego de poder llorar con libertad.

Lo resentiría. Sentiría aquel dolor quemante y palpitante un tiempo más. Porque siempre iba a querer a Charlotte. Pero, me mantendría en mi promesa de brindarle mi apoyo si me necesitaba. Siempre estaría ahí para ella, como su querida y leal amiga.

Realmente, hablar con el idiota de Angel podía haber sido útil, por una vez.

Nos pusimos en marcha al Mimzy's Palace. Habíamos quedado a medio camino y perdido valioso tiempo en aquel callejón. Rodeamos el local y golpeamos la entrada trasera. Ben nos abrió.

"Buenos días." Dijo con amabilidad y nos dejó entrar.

"Buen día, Ben." Dije, con naturalidad.

"Hola, grandote." Dijo Angel, guiñándole un ojo.

El backstage estaba igual de desordenado que en la madrugada. Los collares de cuentas en el suelo, antifaces rotos, ropa sucia de las bailarinas amontonada en un rincón, y el olor mezclado del tabaco y el licor barato aún estaba en el ambiente. Una suave melodía llegó a nosotros, desde una pequeña radio.

My sin was loving you

Not wisely, but too well

Your sin was letting me

And getting me in your spell

Our sin was following

A love that could not be

Now my sin is wanting you

Though you've forgotten me

Hice un mohín. La radio se estaba burlando de mí.

"La señorita Mimzy prohibió que escucháramos el programa del señor Alastor durante la jornada." Explicó Ben, arrugando tu prominente frente. "O destruiría la radio en el acto."

"Supongo que no es buen momento para toparse con ella." Dije, suspirando con derrota.

"Pensé que tenían que venir más tarde. Aún estamos ordenando." Dijo Ben.

"Lo que pasa es que estamos buscando algo que se le quedó a..." Dije, dando un vistazo al backstage.

Angel me lanzó su abrigo al rostro y caminó hasta su bolso de ropa, que aún descansaba en su puesto.

"¿Qué crees que haces?" Dije, quitándome la prenda de la cara.

"¡Duh! ¿Cambiándome de ropa? Eras tú la que me dijo que tenía que ponerme 'decente' para caminar en la calle." Dijo Angel, despreocupadamente.

Se quitó el vestido, rápidamente, quedando en una atrevida ropa interior femenina, que no le sentaba, la verdad. Tomó una camisa de hombre, doblada, de su bolso y comenzó a abotonarla.

Giré los ojos, con fastidio.

"¿Qué me decía, señorita Vaggie?" Dijo Ben, respetuosamente.

"Que a Charlotte se le quedó su cartera después de la presentación de anoche." Respondí. "¿De casualidad la has visto?"

"No, señorita." Dijo frunciendo sus pobladas cejas. "Desde que llegué sólo he visto el bolso de Angel aquí."

"Te debo una por cuidarlo, grandote." Dijo Angel, lanzando un beso al aire.

Ben hizo una mueca de incomodidad. Angel se puso a reír.

"¿Y de casualidad has visto a Niffty?" Insistí.

Ben se tensó de inmediato y carraspeó. No pude evitar sonreír. Era muy tierno ver cómo esa gran masa de músculos se desestabilizaba ante la mención de Niffty.

"La señorita Niffty ha estado muy ocupada trabajando. Ahora mismo está limpiando el tercer piso." Dijo, con solemnidad.

"Supongo que tendremos que buscar nosotros." Dije, con resignación.

Miré a Angel, quien se estaba poniendo sus zapatos de diario.

"Angel, tú busca aquí. Yo iré a preguntarle a Husk si ha visto la cartera." Ordené.

"¿Y por qué tienes que ir tú con el sexy de Husk?" Reclamó.

"Porque si vas tú, te vas a distraer." Le dije, molesta. "Así que avísame si encuentras algo aquí."

Me alejé rápidamente, para acallar las quejas que daba por mi orden. Me dirigí al salón principal. Todo en el suelo estaba plagado todavía de los vestigios de la celebración de la noche anterior. Había botellas vacías, restos y confeti y collares de cuentas tirados en el camino. Realmente, había sido una noche especialmente agitada para el local.

Cuando llegué a la barra, vi a Husk, rezongando mientras barría los desechos del piso.

"No me pagan para esto." Mascullaba.

"Es bueno verte trabajando, Husk." Dije.

"¿Qué? Ah… Eres tú, morena." Dijo, mirándome.

"¿La señorita Mimzy te pidió ayuda con el aseo?" Dije.

Asintió, de mala gana.

"Cada vez son más ruidosos con su estúpido festival." Gruñó. "Nosotros ordenamos y ella está encerrada con la mitad de mis botellas en su oficina."

La sola mención de pensar en Mimzy sufriendo por un desamor, fue incómodo.

"La señorita Mimzy puede utilizar lo que esté en el local para su propio uso. Ella es la jefa." Dije, seriamente.

"Muy jefa será. Pero después de su disque 'cita' con el hijo de puta de Alastor, sólo ha dado lástima como alma en pena por todo el local. Ni siquiera tiene el pudor de vestirse." Dijo Husk, sin dejar de barrer.

Torcí la boca. La señorita Mimzy debía estar hundida en la miseria más absoluta. A diferencia de mí, el afecto unilateral que yo tenía por Charlotte quedó en términos amistosos. Seguiríamos siendo amigas y estaba bien con saber que yo continuaría siendo parte entusiasta de su vida. Pero la señorita Mimzy no. Muy por el contrario, ella fue rechazada estando comprometida, y engañada por el hombre que decía amar. Y para peor, todo indicaba que 'el señor sonrisas' había estado usándola como una especie de peón en su juego enfermo de intentar rehuir de su propio amor por Charlotte.

No lograba entender cómo él tuvo que involucrar y dañar a tantos sólo para poder aceptar su propio enamoramiento. Francamente, Charlotte tenía unos gustos rarísimos para fijarse en un sujeto como él.

Vi a Husk llenar un saco con la pala metálica.

"¿Y? ¿Para qué me necesitas?" Dijo él, sin mirarme.

"Estoy buscando la cartera de Charlotte. Se le quedó aquí anoche." Dije.

"No he ido al backstage, muchacha. Si buscas algo, probablemente Niffty lo encuentre y lo traiga a objetos perdidos."

"Creo que mejor voy a hablar con ella." Dije, cansinamente.

Estaba por darme la vuelta, cuando una duda me asaltó en la mente. Miré a los alrededores, para constatar que estábamos solos.

"Oye, Husk." Dije, tanteando camino.

"¿Ah?" Gruñó.

"Tú… Tú convives con el señor Alastor seguido, ¿verdad?" Dije, frotándome el brazo con la mano. "Los he visto juntos jugando Póker muchas veces."

"Ve al grano."

Fruncí el ceño.

"Tengo… una especie de sospecha. Por así decirlo." Continué.

Husk se enderezó y me miró.

"¿De qué?" Dijo, seriamente.

Me sentí intimidada un momento y, sopesé mis siguientes palabras.

"Mira él es un poco extraño." Declaré, nerviosa.

"Sí." Dijo, secamente.

"Y, tal vez sea una locura, pero creo que quizás él podría ser…" Dije, con aprehensión.

"¿Qué?" Exigió saber.

Husk elevó una de sus cejas y suspiré, exasperada.

"Tengo sospechas de que, quizás, él puede ser 'El justiciero'." Dije, con decisión.

Esperaba que me diera una risotada y una lluvia de insultos referidas a mi inteligencia o a mi paranoia. Pero, para mi sorpresa, se quedó unos momentos en silenciosa meditación.

"¿Tienes pruebas?" Dijo, finalmente.

Lo miré contrariada.

"Él ha estado cansado siempre que lo vemos últimamente. Incluso parecía que afeitarse no era importante." Dije.

"¿Y eso que tiene que ver?"

"Que está así desde que empezaron los asesinatos, hace un par de semanas." Continué. "Y sólo hoy no aparecieron nuevas víctimas. Coincidiendo con que estuvo con Charlotte en el hotel anoche."

"Así que sí fue al hotel con esa niña. Qué hijo de puta…" Dijo, negando con la cabeza.

"¿Me estás escuchando Husk?" Dije, molesta.

Husk cerró una segunda bolsa de basura y me miró.

"¿Algo más que lo incrimine?" Dijo.

Me quedé callada y resoplé.

"Él es un cazador en su tiempo libre. Charlotte me lo contó. Sabe cómo se debe matar a una presa. Tratar y cortar cuerpos de animales…" Dije.

"Eso no prueba nada."

"Parece no importarle nada ni nadie más que Charlotte y sí mismo." Insistí. "Anoche golpeó a un periodista en la cara y le rompió la nariz, por un comentario fuera de lugar sobre Charlotte. Es un sujeto bastante inestable y no duda en usar la violencia."

Husk me quedó mirando con los ojos entrecerrados.

"¿Esa niña te ha dicho que la maltrata?" Dijo.

Hice un mohín.

"No. Charlotte no sabe mentir bien. Y me dijo a la cara que él no es un asesino." Dije.

"¿Él la trataba mal cuando era su sirvienta?"

"No…" Admití.

Hubo un momento de tenso silencio.

"¿Sabes cuál es la condena que le espera a El justiciero si es atrapado?" Dijo.

Me moví, incómoda.

"Sería condenado a muerte." Dije en voz baja.

"¿Y aún así intentar culparlo de algo tan grave sin tener pruebas contundentes?" Dijo, de mal humor.

Crucé los brazos y desvié la mirada.

"Escucha, morena. El sujeto es raro como la mierda, es cierto. Es un jugador que adora ganar y tomar riesgos, pero nunca he visto indicios de que sea un asesino. Ni una gota de sangre en su feo traje en todo el tiempo que llevo trabajando en esta barra. Y, si tienes algo personal contra él, no esperes que te secunde con alguna mentira que pueda incriminarlo."

"¡No estoy esperando eso!" Me defendí.

"¿Entonces qué esperabas?" Dijo, con seriedad.

Me mordí el labio, nerviosa.

"Sólo era una simple sospecha…" Dije, derrotada.

"Alguien es inocente hasta que se compruebe lo contrario." Dijo, con solemnidad.

Se puso los sacos de basura a cada hombro.

"Tampoco soy un ser mágico que te entregue una pista de la nada para corroborar tus sospechas. Así que, lamento informarte, no tengo nada que pueda servirte para condenar a Alastor a muerte."

Mis manos temblaban.

"¡Yo no quiero que sea condenado a muerte!" Me defendí, presa del pánico.

Husk me quedó mirando unos momentos, con ojos críticos.

"Entonces, lo que haga ese tipo no debería ser asunto tuyo." Dijo.

Y procedió a caminar a la salida.

"No le diré a nadie de esta conversación. Pero no me hagas perder mi tiempo si sólo tienes argumentos básicos y simplones para intentar deshacerte de alguien que no te agrada." Dijo, antes de irse.

Me quedé ahí parada. Me sentí ridícula al esperar un poco del apoyo del gruñón de Husk. Pero creí, por un momento, que si él, siendo compañero regular de juegos de ese tipo, hubiese visto algo que avalaba lo que yo sospechaba, todo habría tenido más peso. Pero, todo indicaba que no eran más que ideas vacías y sin fundamento, reforzadas por mi resentimiento contra él.

Quizás, Husk tenía razón, y mis ganas de que Charlotte se alejara de él me estaban cegando al punto de ser irracionales. Aun tenía latente el deseo en que ellos se separaran. Pero meter a alguien inocente a la cárcel y condenarlo a muerte con pruebas tan mediocres, y motivada por deseos personales, estaba fuera de todos mis principios. Charlotte jamás me perdonaría si algo le pasaba a ese sujeto si él fuera un sospechoso real, por mis acusaciones alimentadas por la paranoia y los celos.

Realmente, yo era una persona despreciable.

Me sobrepuse a mis pensamientos y decidí dejar ese tema de lado, de momento. Todo el asunto con Charlotte me tenía extremadamente sensible. No estaba pensando con claridad y sentía que el trago que Angel me había ofrecido me serviría bastante. Quizás llorar un poco más me serviría.

Me dirigí, a paso rápido, al tercer piso. El tercer piso era, en su totalidad, la casa de la señorita Mimzy. Todo estaba ambientado para ella y contrastaba con el estilo del resto del local, siendo, principalmente de tonos más suaves y rosas, cortinajes rojos y cuadros de flores y perritos. Había dos habitaciones, donde una la ocupaba para dormir y la segunda, igual de grande, lo utilizaba como su armario personal. Tenía un baño y una pequeña cocina, independiente de la cocina principal del local en el primer piso. Incluso tenía una línea telefónica propia que estaba en la misma habitación de la señorita Mimzy.

El tercer piso parecía un mundo aparte de los primeros dos pisos. Y era Niffty quien se encargaba cada día de limpiar la casa de la señorita Mimzy también, incluso priorizándole por sobre el resto. El acceso a ese piso estaba restringido por una puerta con llave que daba a las escaleras. Aquella puerta estaba abierta en ese momento y subí hasta encontrarme un espectáculo deprimente. En el piso había restos rotos de un enorme espejo de pared, que habían sido amontonados en una esquina. Agujeros y cortes en el piso y paredes. Cuentas de collares del festival sueltas en el piso, los cortinajes rasgados con una tijera que yacía clavada en la pared. Los cuadros que antes adornaban las paredes, ahora estaban en el piso con el marco y el cristal rotos. Vi un hacha clavada en la pared. El hacha contra incendios que ella tenía guardada, fue a principal herramienta para todo ese desastre.

Cuando vi a Niffty barriendo, saliendo de la habitación de la señorita Mimzy, pude salir de mi estupor.

"¡Buenas tardes, señorita Vaggie!" Dijo, sonriendo.

"Hola, Niffty." Dije, con cautela.

Me acerqué a ella y vi lo que estaba barriendo. Eran restos de ropa. Específicamente, era lencería nueva, muchas llevaban la etiqueta todavía, y que habían sido rajadas en pedazos irregulares y apresuradamente. También, lo que parecía haber sido su almohada, por la gran cantidad de plumas. Miré a dentro de la habitación. La enorme ventana mantenía todos sus vidrios, pero las cortinas habían sido arrojadas al suelo de un tirón. La radio que tenía estaba hecha pedazos en el suelo. El colchón tenía grandes manchas de vino y el teléfono con línea personal junto a la cama estaba intacto pero desconectado.

"¿Qué pasó aquí?" Dije, preocupada.

"El señor Alastor." Dijo ella, por toda respuesta.

Comenzó a barrer de nuevo, despreocupadamente.

"¿Él fue?" Dije, confusa.

"Más bien, él fue la razón por la cual la señorita Mimzy hizo esto." Explicó.

Suspiró.

"Oh sí. Ella me lo contó cuando me pidió limpiar su cuarto. Aunque no indagó en detalles, sólo sé que anoche la señorita Mimzy lo invitó a un hotel y ella esperaba tener un poco de desenfreno con él… Pero él le dijo que estaba enamorado de Charlotte, que su compromiso se rompía y la dejó tirada en la habitación."

Tuve que cerrar mi boca. Entonces era cierto. Ese sujeto había dejado a Mimzy por Charlotte. Y por las condiciones en las que estaban las cosas en su casa, debería preocuparme por el estado mental de la señorita Mimzy en esos momentos. Si mi corazón había estado lastimado porque Charlotte había elegido irse con él, no podía compararse con la masacre interna que debió sentir la señorita Mimzy, quien era mucho más inestable emocionalmente y violenta que yo, bajo los efectos de la ira y el alcohol combinados.

"Ya veo." Dije, fingiendo ignorancia.

"Y pues… Supongo que esto no es más que los restos de lo que pasó cuando ella llegó." Dijo, con simpleza.

"Entiendo." Dije, tensa.

Niffty comenzó a guardar los retazos de tela en un saco de basura.

"La verdad, lo único que lamento es que perdí una apuesta con Angel." Dijo, apenada. "De verdad creí que ellos lograrían hacerlo anoche. La señorita Mimzy necesita desestresarse con un buen compañero. Pero creo que tuve mucha fe en ambos."

Se puso de pie y me miró de reojo.

"Y, francamente, no me sorprende que el señor Alastor se fuera tras Charlotte al final." Concluyó.

"¿Por qué lo dices?" Dije, contrariada.

Ella se rio entre dientes.

"¿De verdad tienes que preguntarlo?" Dijo, alzando una ceja.

Suspiré, derrotada.

"Supongo que tienes razón. Siempre hubo algo fuerte entre esos dos." Admití.

"No sé por qué él se comprometió con la señorita Mimzy en primer lugar, pero puedo dar fe en que él nunca se vio la mitad de cómodo con ella que con Charlotte. Era cosa de tiempo para que ellos volvieran a estar juntos." Dijo, con soltura.

"Supongo que sí…" Dije, en voz baja.

"¡Y estoy segura que debieron volverse animales en el hotel!" Exclamó de pronto. "¿Leíste 'The herald' esta mañana? ¡Charlote y el señor Alastor asaron la noche juntos! ¡Es tan excitante sólo imaginarlos así! ¡Él, con su porte y elegancia, entregándose al desenfreno total, y ella, tan preciosa y fina, dando rienda suelta a sus pasiones! ¡Cómo me hubiese gustado haber mirado! ¡Incluso haber participado! Nunca lo he hecho con una mujer, pero estoy segura que sería una experien…!"

"¡NIFFTY! ¡YA, PARA!" Exclamé, escandalizada.

"¡Oh, perdón!" Dijo, con una gran sonrisa, para nada apenada.

Resoplé, con hastío.

Sabía de las malas mañas de Niffty. Acostarse con sus "novios express" era una cosa, pero también era muy entusiasta de espiar a las parejas que se atrevían a tener intimidad en los rincones del local. Especialmente, ver cómo Angel y alguno de sus clientes tenían "sus actividades" en la habitación donde guardábamos la utilería.

"Niffty, vine para preguntarte algo nada más." Dije, molesta. "Necesito saber si viste la cartera de Charlotte. Anoche se le quedó en su puesto."

"Oh, sí, sí, sí." Dijo, con entusiasmo.

"¡Genial!" Dije, con alivio. "¿Dónde está?"

"La tiene la señorita Mimzy." Dijo.

Fruncí el ceño de inmediato.

"¿Por qué lo tiene ella?" Dije.

"Cuando me pidió que limpiara su casa, la tenía en la mano." Explicó. "Le ofrecí llevarme la cartera para cuando viera a Charlotte, pero…"

Bajó la mirada, con pesar.

"Dijo que Charlotte ya no era bienvenida en el local. Que ella se encargaría de hacerle llegar sus cosas." Comentó.

Exhalé, pesadamente.

"Sólo espero que no planee quemar todas sus cosas." Dije, preocupada.

"La verdad si lo veo posible, considerando todo lo que me toca limpiar." Dijo Niffty, con algo de molestia en su voz.

"Será mejor que vaya a hablar con ella." Dije, apremiante.

"Oh, pero ahora debe estar con la señorita Katie Killjoy." Dijo.

"¿Qué? ¿Katie? ¿La reportera?" Dije, con el ceño fruncido.

"La misma." Dijo, asintiendo.

"Pero ella no puede entrar aquí. La misma señorita Mimzy lo prohibió luego de la pelea que tuvo con Charlotte. Y las veces que la vimos intentando entrar, la echamos." Dije, seriamente.

"Oh, pero fue la señorita Mimzy quien solicitó verla." Aclaró Niffty. "La llamó por teléfono a su casa."

"Imposible." Sentencié.

"Te lo juro. Es cierto." Enfatizó. "Me pidió que no la molestara, porque estarían en una reunión importante. Y que no le dijera a nadie que estaba con ella."

"Pero me acabas de contar a mí." Dije, torciendo la boca.

"Oh. Por favor, no le cuentes a nadie." Dijo, con una pequeña sonrisa.

Ciertamente, era una situación peculiar y preocupante. Mimzy y Katie juntas en una reunión privada no vaticinaba nada bueno. En especial, después de todo lo sucedido. Ambas tenían algo en común ahora: su rencor por una humillación pública hacia Charlotte y el señor Alastor. Y, viendo de lo que la señorita Mimzy era capaz de hacer llevada por su ira, era preocupante qué tipo de cosas habían estado pasando por su cabeza como para que quisiera contactar a Katie. Y más aún, con los artículos personales de Charlotte en su mano.

"Voy a ver a la señorita Mimzy." Dije, con decisión.

Y me dirigí a la escalera.

"Ten cuidado con los vidrios." Escuché a Niffty a mis espaldas.

Bajé hasta el primer piso con la cabeza hecha un lío. Ciertamente, si la señorita Mimzy estaba lo suficientemente desesperada para poder llegar a considerar una alianza con Katie, era porque, definitivamente, ella no estaba bien. Pero, por otra parte, no era la opción más inteligente ir en contra de los deseos de mi propia jefa. Ir a interrumpir una reunión sería un despido seguro, y, quizás, me arrojase un jarrón. No obstante, si el motivo por el cual había llamado a Katie, incluía perjudicar a Charlotte de alguna manera, intentaría impedirlo a toda costa.

Entonces, vi a Angel saliendo de la entrada al backstage.

"Oye, Vaggs." Dijo, con fastidio.

"¿Qué pasa?" Dije.

"No encontré la dichosa cartera en los camerinos." Dijo, elevando los hombros. "Hasta fui a buscar en los sacos con ropa sucia. Fue asqueroso y en vano."

"La tiene la señorita Mimzy." Dije, con aprehensión.

Angel me miró, con interés.

"¿Estás segura?" Dijo.

"Niffty me lo acaba de confirmar." Dije.

"Mh… Dudo mucho que esa cartera esté segura en sus manos." Dijo Angel, pensativamente. "Ben me contó que la señorita Mimzy estuvo vociferando sobre despedir a Charlotte, pero quizás quiera hacerle más daño."

"¿A qué te refieres?"

"Tal vez intente hacerla pasar por ladrona. Meter algo de valor en su bolso sería muy simple. Vi algo similar en otros locales en los que trabajé. Así te aseguras que la chica tenga malas referencias y nadie quiera contratarla." Dijo en tono lúgubre.

"No seas ridículo…" Intenté rebatir, insegura.

"¿De verdad te parece una idea ridícula?" Dijo, receloso.

Suspiré, exasperada. No. No era una idea ridícula.

"Niffty también me contó que la señorita Mimzy llamó a Katie Killjoy y están, ahora mismo, en una reunión en su oficina." Agregué.

"¿La loca que se peleó con la muñequita? Uuuuuuhhhh… De eso no saldrá nada bueno." Dijo, haciendo una mueca.

Puso una mano en su barbilla, pensando.

"¿La muñequita tenía algo de valor en su cartera?" Dijo.

"No lo sé. Siempre lleva algo de dinero y un cuaderno donde escribe a veces, en sus descansos." Dije, intentando hacer memoria.

"Oh, ese dichoso cuaderno." Dijo él, palmeándose la frente. "Espero que la señorita Mimzy no haya leído nada de eso."

"La verdad, yo creo que sí." Admití, preocupada. "Pero, ¿por qué llamar a Katie? ¿Algo de lo que Charlotte tenga escrito ahí sería de interés para una reportera?"

Angel cruzó los brazos.

"¿Crees que a Trench le dolió escribir todo un reportaje de mierda sobre Charlotte con, apenas, un par de datos verídicos?" Dijo Angel, en tono sombrío. "¿Qué piensas que puede hacer esa reportera con el cuaderno que contiene todo lo que la muñequita piensa? O, mejor dicho: ¿Qué crees que pueda llegar a inventar esa mujer con tal de difamar a Charlotte?"

Sentí un escalofrío por la espalda. Ciertamente, Charlotte era muy cuidadosa con ese cuaderno. A veces tenía curiosidad de leer lo que contenía, pero ella era muy cuidadosa en dónde lo dejaba desde el incidente en que el señor Alastor la obligó a cantar la canción que ella había escrito.

"Iré a pedirle la cartera." Dije, mientras me encaminaba, nuevamente, a la oficina de la señorita Mimzy.

"Te va a mandar a la mierda." Me advirtió Angel.

"Ya lo sé. No tengo una mejor opción, pero tengo que intentarlo." Dije, angustiada.

Angel me quedó mirando unos momentos, antes de suspirar, pesadamente.

"Te acompaño." Dijo él, de pronto.

"No tienes que hacerlo." Contesté, sorprendida.

"Pero de lejos. Quiero mirar qué pasa desde un lugar seguro." Dijo, con una sonrisa dentada.

Rodé los ojos. Debí imaginar que era algo así.

"Bien, pero no estorbes." Dije, molesta.

Me encaminé hasta llegar al pasillo que conectaba con la oficina de la señorita Mimzy y vi, o creí ver algo peculiar en el suelo por un par de segundos. Una especie de sombra estaba en el suelo, alborotada, intentando deslizarse por debajo de la puerta del despacho, para ser repelida e intentando abalanzarse a la puerta varias veces, sin resultado. Esa "cosa" se detuvo en el suelo y "se fue", rápidamente por el pasillo. Tuve que parpadear varias veces y me pasé la mano por los ojos.

"¿Qué te pasa?" Dijo Angel.

"Juraría que vi algo moverse en el piso. O vi un fantasma o me está fallando la vista." Dije, confundida.

"O los lamentos de la señorita Mimzy debieron atraer algún espíritu maligno para hacerle compañía." Dijo él, para, luego, lanzar una risotada.

"¡Shhh!"

Nos acercamos a la puerta con cautela.

"¿Y qué piensas decirle?" Dijo él, en voz baja.

Negué con la cabeza, elevando los hombros.

Pero junto cuando iba a tocar la puerta, me detuve al escuchar un fuerte ruido de algo desplomándose en el suelo del otro lado y un grito de la señorita Mimzy. Angel y yo nos miramos, extrañados y apegamos nuestros oídos a la puerta, sigilosamente.

"¡¿QUÉ MIERDA HICISTE?!" Gritaba la señorita Mimzy.

"No se va a morir por botellazo en la sien. O tal vez sí. No sé." Se escuchaba a Katie, decir con frialdad.

"¡¿Por qué la golpeaste?!" Insistió Mimzy.

"Cambio de planes, cariño. Ahora me encargaré de este paquete."

"¡Teníamos un acuerdo, Katie! ¡¿Por qué hiciste esto?!"

Angel y yo nos miramos, asombrados. Al parecer, Katie había golpeado a alguien y yacía en el piso.

Apegamos más el oído a la puerta.

"No me interesa escribir sobre lo que una adultera e ingenua empleada doméstica sintió cuando le abría las piernas a su jefe en la mesa de la cocina o en su recámara."

"¡Harías un reportaje con lo que está escrito en este cuaderno! ¡Así, Alastor y Charlotte tendrían que irse para siempre de New Orleans por la humillación pública! ¡Eso era todo!" Recalcó Mimzy, con dureza.

Cubrí mi boca con mi mano. No estaba muy lejos de lo que pensábamos que podía haber motivado a la señorita Mimzy a comunicarse con la prensa.

"Tengo en mente un pez más gordo, linda." Decía Katie, con desinterés. "

"¿Un pez más gordo?" Dijo Mimzy, incrédula. "¡Charlotte es una Magne, estúpida! ¡La última de su casa! ¡Y tenemos acceso a detalles íntimos de su diario personal! ¿No te parece suficientemente escandaloso para un titular?!"

"Charlotte Magne tiene mucho más para aportar a una buena noticia, que una simple historia amorosa, donde tú sales perdiendo." Le dijo Katie, altanera.

Abrí mucho los ojos. ¿Charlotte? ¿Una Magne? No podía ser cierto. Debía estar hablando de otra persona. Debía ser otra Charlotte.

Volví a prestar atención. Se escuchó un murmullo de telas y unos tacones resonando en el piso.

"Ayúdame a meterla aquí. Yo me la llevaré. Nadie sospechará si la sacamos en un saco de ropa sucia." Ordenó Katie.

"Me niego." Dijo Mimzy, con firmeza.

"Ya estás hasta el cuello con esto, Mimzy. No tienes de otra." Dijo Katie, con dureza.

"No vengas a amenazarme en mi propio establecimiento. Katie." Le rebatió Mimzy.

Katie lanzó una risotada al aire.

"Si grito en este mismo momento, ¿qué pensarían los empleados de tu local si encuentra este cuerpo en el suelo? ¿Qué creerían de ti, luego de que les cuente lo que planeabas hacer con Charlotte, cuando me llamaste? ¿No creerán que la inestable y despechada dueña del 'Mimzy's palace' enloqueció por la humillación pública y debería ser encerrada en una casa de locos por ser una potencial amenaza para todos? Después de todo, no fui yo quien destruyó todo lo que encontró a su paso en un ataque de ira porque le pusieron los cuernos."

"Nadie va a creerte." Dijo Mimzy, con miedo en su voz.

"¿Quieres apostar? ¿Realmente crees que no te culparán si ven el paquete tirado en el suelo?" Le amenazó Katie.

Hubo unos momentos de silencio. La tensión llegaba a nosotros, a través de la puerta. Todo era muy repentino para digerir. Aquel paquete era una persona. Katie había golpeado a esa persona. Y estaba inconsciente en el suelo, en esos momentos. Desmayada o muerta, derechamente. Miré a Angel, con aprehensión y, a juzgar por su expresión, él sospechaba lo mismo que yo.

"¿Qué hacemos?" Gesticuló, sin soltar sonido.

Negué con la cabeza, sin ideas. ¿Era lo mejor intervenir? ¿Debíamos llamar a la policía mientras ellas seguían discutiendo? Quien sea que estuviese en peligro, debía ser auxiliado. Pero no sabía qué era lo más prudente.

"Hagámoslo rápido." Escuchamos, de pronto, a la señorita Mimzy.

Volvimos a apegar los oídos a la puerta.

"Buena decisión." Dijo Katie. "Ahora metámosla en el saco."

Se escuchó el forcejeo de ambas mujeres por unos momentos. Me latía el corazón con fuerza. Esa persona estaba siendo metida en un saco. ¡Esa persona estaba siendo secuestrada! ¡Tenía que haber algo que pudiésemos hacer!

"Es más pesada de lo que parece." Dijo Katie, con dificultad.

El sonido de sus tacones y el movimiento de un cajón siendo removido llegó a nosotros.

"Me llevaré tu auto." Dijo Katie.

"¡De ningún modo!" Exclamó Mimzy.

"Te lo devolveré sin una mancha de sangre. Y si me ven en la calle arrastrando un saco, les diré que fue un encargo tuyo, querida." Dijo Katie, con tranquilidad.

Mimzy pareció pelear con ella misma.

"Bien. Vamos antes de que me arrepienta." Dijo Mimzy, derrotada.

"Buena chica." Dijo Katie, satisfecha.

Estaba sorprendida. El auto de la señorita Mimzy era un Citroën de 1924, de un maravilloso y reluciente rojo. Casi no lo usó en diez años, estaba en muy buen estado y era un motivo de orgullo. Y que se lo pasara a Katie para acallarle la boca, era porque la señorita Mimzy realmente debía estar desesperada.

"Ahora, tómala de ese extremo." Ordenó Katie.

De inmediato, nos alejamos de la puerta con pánico y corrimos, lo más sigilosamente posible, a bifurcación del pasillo. Desde ahí, observamos a Katie y a Mimzy salir de la oficina cargando, con dificultad, uno de los sacos que utilizábamos para la ropa sucia del elenco. Ahí llevaban el cuerpo de aquella persona.

Me sentí impotente y confusa. No sabía qué hacer. Ni siquiera sabía quién era a quien se estaban raptando. Pero, sabía que era un crimen. Uno en el que Angel y yo éramos testigos.

Armándome de valor, salí de mi escondite, sólo para que Angel me jalara del brazo, de vuelta.

"¿Qué mierda estás haciendo?" Susurró, apremiante.

"¡Están secuestrado a alguien, Angel!" Susurré, en el mismo tono.

"¿Y qué piensas hacer? ¿Ir y decirles que, por favor, no lo hagan? ¡Ni siquiera sabemos a quién se llevan!"

"¿Eso importa? ¡Es un crimen, Angel! ¿De verdad no quieres hacer nada para intervenir?" Le dije, nerviosa.

"¡Y ella es nuestra jefa! ¡Se supone que no deberíamos estar escuchando!" Recalcó.

Me encaminé, decidida, tras de las mujeres.

"Hay que ir tras ellas." Dije.

"¡Espera! ¡Espera! ¡Vaggs! ¡VAGGS!" Susurraba Angel, con pánico.

Las manos me temblaban, no tenía en la cabeza ningún plan concreto y el pecho me dolía de lo apretado que lo sentía. Pero sentía que debía intervenir de alguna forma. Las vi cruzar la puerta principal, a paso rápido, mientras cargaban el saco con dificultad a la calle. Husk pasó junto a ellas, volviendo del callejón con un saco vacío de basura.

"¿Quieren que cargue eso por ustedes, señoras?" Se ofreció, con el ceño fruncido.

"No hace falta, Husk. Lo tenemos controlado." Dijo Mimzy, con dificultad.

Llegué a la calle y las vi acercarse al automóvil de la señorita Mimzy.

Tomé aire y dije, con la voz más firme que pude, lo primero que se me vino a la cabeza.

"Buenas tardes, señorita Mimzy. ¿Ese es un saco de ropa sucia? Démelo a mí, por favor. Yo me encargaré de la ropa de las bailarinas."

Tanto Katie como Mimzy dieron un respingo al escucharme. Mimzy me dio una sonrisa nerviosa.

"¡Oh! Hola, Vaggie. No, no hace falta. Déjame encargarme de esto." Respondió, tensa.

"No es problema. Es mi obligación." Insistí, acercándome al saco.

"Ya te dije que yo me encargaré de este saco, Vaggie. Muchas gracias." Dijo, en un tono más cortante.

Katie abrió la puerta del copiloto del auto. Y yo me apresuré a agarrar el saco.

"Pero todos los sacos deben ir juntos al lavado, seño…" intenté decir.

Pero Katie se acercó a mí y me lanzó hacia atrás de un manotazo. Caí al suelo.

"¡Vaggs!" Exclamó Angel.

"¡Hey!" Escuché a Husk.

Ambos se aproximaron a mí y Angel trató de levantarme.

"No te metas en lo que no te importa, niña." Espetó Katie.

Tomó el saco con rudeza y lo metió como pudo al asiento del copiloto.

"¡Espere, no puede llevarse eso!" Exclamé, intentado abrir la puerta del auto.

"¡Vaggie, no te metas en esto!" Dijo la señorita Mimzy, agarrándome de un brazo.

Angel intentó adelantarse, pero Katie ya se había subido al asiento del piloto del auto y arrancó, antes de que él pudiera tomar la puerta.

"¡Vuelve!" Gritó Angel.

Vimos cómo se fue, metiéndose en el tránsito con imprudencia. Algunos transeúntes miraron con interés la escena, antes de seguir con sus propios asuntos.

Me quedé ahí, impávida. Katie se había llevado a esa persona. Quizás qué cosas planeaba hacer con ella y yo no había podido hacer nada para evitarlo.

Me giré a la señorita Mimzy, enojada.

"¡¿Por qué dejó que se fuera?!" Exclamé.

Ella comenzó a arreglar la cinta de su bata de baño.

"S-sólo era ropa sucia, Vaggie. Nada de qué preocu…" Intentó decir, nerviosa.

"Sabemos que no es eso lo que tenía ese saco." Aclaré.

Husk se acercó a nosotras, con el ceño fruncido. Angel se puso a mi costado y miró a la señorita Mimzy con reproche.

"¿Quién iba en el saco?" Dije, con dureza.

"¿Cómo dices?" Dijo, con un hilo de voz.

"Señorita Mimzy, díganos, ¿quién iba en ese maldito saco?" Dijo Angel.

Ella nos miró con pánico. Su rostro había perdido el color y su labio inferior comenzó a temblar.

Entonces, se dio media vuelta y se encaminó al local, dando zancadas.

"¡N-No sé de qué me hablan! ¡Y les pido que olviden todo este asunto!" Ordenó.

Angel y yo nos miramos medio segundo antes de seguirla. Husk nos acompañó a dentro del establecimiento.

"Señorita Mimzy, espere, por favor." Le intenté decir.

"¡No tengo nada más que hablar!" Decía ella sin detenerse.

Subió al segundo piso, casi corriendo las escaleras.

"¡Sólo díganos quién era quien estaba en el saco!" Dijo Angel, con voz apremiante.

Llegamos al tercer piso, siguiéndola, mientras ella se mantenía en un terco silencio. Se detuvo en el umbral de su habitación. Ella jadeaba por la actividad física.

"Señorita Mimzy, escuchamos su conversación con Katie." Dije, con firmeza. "¡Tenemos que llamar a la policía!"

"¡No es asunto suyo quién está en ese saco!" Gritó, con el poco aliento que le quedaba. "¡Y por el bien de sus propios empleos no le dirán a nadie de todo esto! ¿Entendido?"

De pronto, Husk pasó delante de nosotros y miró a la señorita Mimzy, con el ceño fruncido.

"Señorita Mimzy, ¿me puede decir dónde está esa niña?" Dijo, con voz lúgubre.

Ella se tomó el pecho y abrió los ojos de la sorpresa.

"¿De quién me hablas, Husk?" Dijo, con un hilo de voz.

Husk guardó silencio un momento antes de responder.

"Charlotte. Ella vino a hablar con usted." Dijo con autoridad."Es ella quien estaba en ese saco, ¿verdad?"

El rostro de la señorita Mimzy se deformó con horror y yo me giré a Husk, exigiendo una explicación.

"No puede ser, Husk. ¡Charlotte está en mi casa justo ahora!" Dije, con una sonrisa incrédula.

"Te estabas tardando y vino a buscarte, chica." Me dijo, mirándome de reojo. "Hablé con ella. Lo último que supe es que venía a hablar con esta tipa, para zanjar las cosas de su despido pronto."

"¡Más respeto con tu jefa!" Exclamó Mimzy.

Angel y yo nos miramos, temerosos.

"¿Entonces era la muñequita la que estaba en el saco?" Dijo Angel, espantado.

"No. No. No. No. No." Dije. "No puede ser Charlotte. Te debes estar confundiendo Husk."

"No me estoy confundiendo." Dijo, con calma.

Mimzy nos miró. Estaba pálida, temblaba de pies a cabeza y parecía a punto de colapsar.

En ese momento, un teléfono sonó y todos dimos un respingo. El teléfono de la habitación de la señorita Mimzy, que ya estaba en su mesita gracias a Niffty, repiqueteaba pidiendo ser respondido. Mimzy lo miró con pánico. Como si fuera el mismo demonio quien estuviera del otro lado del aparato. Ella se tomó de las mejillas, presa del miedo. Sus ojos estaban casi desencajados. El aparato repiqueteaba, insistente.

Finalmente, ella entró en su habitación y comenzó a caminar hacia el aparato, lentamente. Nos la quedamos mirando, como en trance. Entonces, y sin saber cómo, la puerta dio un portazo detrás de ella, sin que nadie la tocara.

De inmediato, Husk se precipitó contra la puerta e intentó abrirla.

"Maldición, tiene seguro." Gruñó Husk.

El teléfono dejó de sonar. Ella había contestado y escuchábamos el sonido amortiguado de una conversación.

Yo aún tenía la cabeza hecha un lío. No podía ser cierto todo lo que estaba ocurriendo. Charlotte estaba en casa. Ella estaba segura. Yo le había pedido que se quedara ahí. Que yo me encargaría de todo.

"Husk, ¿de verdad era Charlotte quien estaba aquí?" Dije, con un hilo de voz.

Él me miró y suspiró, exasperado.

"Chica, ya te dije que, seguramente, era ella quien estaba en el saco." Dijo, en voz baja.

"Maldita perra." Masculló Angel, con asco.

Comencé a hiperventilar.

"No hice nada para ayudarla. Ella me necesitó y no hice nada para ayudarla." Dije, tomando mi cabeza entre mis manos.

"Vaggs, no sabíamos que ella estaba ahí." Dijo Angel, en tono grave.

"Aún no sabemos si es ella quien estaba ahí." Dije, con terquedad. "Quizás es alguien más. Quizás Charlotte esté en el baño ahora mismo o…"

"No es momento para negaciones, mucha…" Comenzó a decir Husk, de mal humor.

Pero algo nos dejó helados. Eran los gritos desesperados de la señorita Mimzy.

"¡NO! ¡¿QUÉ PASA…?! ¡AYUDA! ¡AHHH!" Decía, del otro lado de la puerta.

Angel intentó nuevamente forzar el picaporte. Tiró varias veces con brusquedad, pero era inútil. La puerta estaba cerrada por dentro. Le dio un golpe fuerte a la puerta, con el puño.

"¡Mierda!" exclamó, con frustración.

"¡NO, POR FAVOR!" Lloraba Mimzy.

"¡Háganse a un lado!" Gritó Husk.

Lo vimos sacar el hacha de la pared, tomó fuerza y le dio un golpe certero a la manilla, destruyéndola. La puerta se abrió de golpe y lo que vimos fue a Mimzy frente a su enorme ventana, abierta de par en par y con el teléfono en mano. Ella lloraba, desesperada.

"No… Te dije que no fue mi culpa… ¡FUE KATIE! No sé qué haces, pero… No. No. No. ¡Nadie va a creerte! ¡No tienes cómo saber eso!" Lloriqueaba, respondiendo a quien estuviera llamando.

En un momento, ella se quedó sin aliento. Nadie movió un solo músculo. Ella comenzó a llorar más abiertamente, sin dejar de tener el auricular del teléfono fuertemente apegado a su oreja. Se agarró el cabello con una mano y se encorvó, mientras temblaba sin control.

"¿Seño…?" Intentó decir Angel.

"¡BIEN! ¡ES CIERTO! ¡YO AYUDÉ A KATIE! ¡ELLA SE LLEVÓ A CHARLOTTE EN EL SACO! ¡USÓ LA DIRECCIÓN DEL PIANO! ¡NO ME TORTURES MÁS, POR FAVOR! ¡YA NO PUEDO SOPORTARLO MÁS!" Gritó, desgarradoramente, sin dejar de llorar.

Nos quedamos paralizados en nuestro lugar, sólo para ver cómo Mimzy soltaba el auricular del teléfono, y se subía al borde de la ventana abierta. Husk fue el primero en reaccionar. Corrió hasta alcanzar agarrarla por la cintura y tirarla hacia atrás y caer juntos al suelo, antes de concretar el suicidio. Ella lloraba desconsolada. Gritaba y se retorcía en el agarre de Husk.

"¡NO! ¡NO! ¡ESTO ES UNA MALDITA PESADILLA! ¡QUIERO ACABAR CON TODO ESTO!" Lloriqueaba.

"¡Angel, cierra la ventana!" Ordenó Husk.

Angel, sólo atinó a hacer lo que le pedían y cerró la ventana con seguro. Husk soltó a la señorita Mimzy y ella se largó a llorar en el suelo. Nos quedamos mirando cómo lanzaba alaridos de dolor. Se veía como un animal herido, suplicando ser sacrificado para terminar su miserable existencia.

"¡¿Cómo pasó todo esto?!" Decía, mientras se sorbía los mocos. "¡Yo sólo quería que ellos se fueran de mi vida! ¡Les juro que no quería esto!"

Mi cabeza estaba aturdida. Mi jefa había sido cómplice en el secuestro de Charlotte. No quería creerlo. No podía ser cierto. Una parte de mi suplicaba que todo eso no fuera más que una pesadilla y aún estaba en mi cama, con el idiota de Angel durmiendo en el colchón de Charlotte.

Entonces, Husk sacó algo de su chaqueta.

"Señorita Mimzy, deme su mano, por favor." Dijo, con voz sobria.

Ella le extendió su mano temblorosa, sin mirarle. Y él, entonces, puso unas esposas en su muñeca. Tomó con brusquedad su otra muñeca y aseguró la segunda esposa. Lo quedamos mirando estupefactos.

"¿Husk?" Dijo Angel, confuso.

"¿Qué haces, idiota?" Dijo Mimzy indignada, sobreponiéndose a su llanto.

Husk se puso de pie y suspiró, cansinamente.

"Será mejor que cuide su lengua, señorita Mimzy. O podría traerle más cargos a su situación."

Finalmente, mostró una reluciente placa en el forro interno de su chaqueta, con orgullo. Era una placa metálica, acuñada con esmero y que transmitía autoridad.

"Agente John Hurker, del departamento de seguridad pública del estado de Luisiana." Dijo, con voz clara. "Mimzy Clark, queda arrestada por el delito de promoción de la prostitución, permitir tales prácticas ilegales de un salón de espectáculos, mala higiene en las instalaciones de la cocina y bodegas, y, sobre todo, por ser cómplice confesa en el secuestro de la joven Charlotte."

Este fue un capítulo diferente, pero necesario.

Espero que les haya gustado. Ya entramos en un camino lleno de nuevos desafíos y peligros.

Canción!

Ben Selvin & His Orch. - Love, Your Spell Is Everywhere 1929 watch?v=MSQwyjxpNUk

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