Disclaimer: Inuyasha y compañía no me pertenecen sino a la sensei Rumiko Takashi, la historia en cambio es mi creación.
La concubina del Inuyoukai
-Los inuyoukai tienen gustos de lo más extraños ¿eh?- preguntó al viento, aquel anciano demonio llamado Tottosai que observaba como su joven amo regresaba de una dura batalla y se dirigía directamente a la habitación de la mujer humana – pero recuerda no te puedes apegar a ella, humanos y youkais no pueden estar juntos… o la muerte los alcanzará-dijo con voz cansada como rememorando alguna memoria lejana.
Mientras tanto en la callada habitación la que fuese alguna vez princesa de todo Japón yacía resignada en el suelo al borde de lo que ahora era su humilde cama, jamás le habían importado los lujos y las comodidades pero ahora que vivía en esas nuevas condiciones realmente estaba agradecida con la vida que había llevado.
La puerta se abrió nuevamente después de casi dos semanas aislada y sin más alimento que el cuenco de agua y unos cuantos frutos que aparecían antes de que ella despertara, al igual que el agua perfumada en la tina que se encontraba en un pequeño anexo donde podía asearse. Llevaba puesto un simple pero precioso kimono azul oscuro con motivos rosas atado con un obi rojo, su largo cabello estaba sujeto en una coleta baja, y su cara permanecía limpia sin maquillaje, pero algo sonrosada puesto que sabía bien que su ahora amo vendría a por ella en algún momento.
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Sesshomaru seguía sin entender que hacía allí, había pensado dejar a la mujer morir de hambre pero aparentemente no había sucedido y al contrario de ello se encontraba limpia y en buenas condiciones, continúo mirándola como si de algún rompecabezas se tratara, procedió entonces a sentarse en el somier y le indicó con una mano que se postrase delante de él.
-Desvístete mujer- ordenó con su ronca voz.
Kagome respiro hondo y se desanudo el obi con lentitud y algo de nerviosismo, sin embargo trato de parecer lo más serena posible puesto que no quería enfadarle, esta sería su primera vez. Comenzó a bajar su kimono hasta el nacimiento de sus senos, y se detuvo ahí dubitativa.
-¿Por qué te detienes?- pregunto con lo que a la azabache le pareció algo de sorna.
Pensando que no había respuestas correctas dejo caer su ropaje al suelo que al encontrarse sentada sobre sus rodillas solamente expuso su piel de sus caderas hacia arriba, mantuvo su cara agachada y ardiente, jamás se había sentido tan avergonzada y humillada, pero no permitiría que más lagrimas brotasen a pesar del escozor que ya comenzaba hacerse presente en sus chocolates ojos.
El demonio contemplaba el delicioso paisaje que la mujer le ofrecía, su cuerpo parecía ser perfecto, la curva de su cintura parecía perfecta y la amplitud de sus caderas le urgían a sentarla en su regazo a horcajadas, para poder sostenerla de ellas, pero lo que le fascinaba era el nacimiento de su cuello, sentía una bestial urgencia en morderle, al igual que los pezones de sus senos que parecían ser perfectos en tamaño y blancura.
Se acerco hacia ella de manera lenta, tocarla sería romper todo un paradigma entre razas, pero a la vez ¡era tan tentador hacerlo!, descubrir que era lo que aquella mujer de nombre Izayoi había tenido para cautivar la atención de su padre uno de los más despiadados Inuyoukai de todo territorio japonés, porque de algo estaba seguro, la princesa humana sería su camino a la perdición. Pasó sus garras por su cabello color ébano y le deshizo el atado de listón blanco que sujetaba su cabello liberándolo, tomo un mechón y lo acerco a su nariz y sonrió… sonrió sardónicamente él era diferente a su padre, él era el demonio más sanguinario y mortal que jamás se había conocido, y Él no se dejaría arrastrar por criaturas tan insignificantes como lo eran los humanos, él solamente buscaría saciarse, y dejaría salir su bestia interior; si la mujer no lo soportaba ese no era su problema.
-Desvísteme- le ordenó siseando cerca de su oído, lo cual notó la hizo temblar.
Kagome alzo sus manos temerosas, no quería alzar la vista más allá de lo necesario así que se concentro en desatar el obi amarillo que estaba alrededor de su armadura llenos de sangre, ¡habría asesinado a alguien antes de encontrarse con ella? pensó más sin embargo alejo rápidamente aquellos pensamientos y decidió no mostrarse débil e indefensa, le retiró la pesada armadura con algo de dificultad y entonces cuando llego la hora de retirar la blanca tela que cubría su pecho retiró primero retiró con delicadeza los mechones plateados que caían sobre el mismo, pudo sentir la suavidad de sus largos cabello y en cierto modo se tranquilizo y sonrió un poco, el inuyoukai de inmediato notó esto y alzo la barbilla de la chica para que lo mirase directamente a los ojos.
Fue entonces cuando la azabache se dio cuenta de lo llamativo que era aquel ser, sus preciosos orbes dorados parecían fríos pero profundos, su rostro era perfecto no se parecía ni al del ser humano más hermoso que hubiese visto, tenía un porte intimidante, pero en esos momentos en que la retaba a mirarlo a los ojos no se sentía intimidada sino… ¿atraída?, no lo sabía, sólo sabía que esos ojos la estaban llamando, más no entendía que era lo que querían decirle sin darse cuenta comenzó a alzar su mano derecha hacia el rostro del youkai que la seguía mirando profundamente, pero justo antes de poder tocarlo un poco el tomo su mano fuertemente el cual ocasiono que ella gimiera de dolor.
-Suficiente- acto seguido la tomó de las muñecas y la lanzó sobre la cama, ella estaba realmente agitada con sus mejillas sonrosadas y gotas de sudor cayendo de su frente, pero por más que Sesshomaru olfateaba el aire apenas y encontraba una pizca de temor en aquella mujer, en ella predominaba la excitación y la confusión.
Deseaba morderla con todas sus fuerzas, el olor que la bien formada joven despedía, no hacía más que despertar los instintos de su verdadera bestia.
Sus ojos comenzaron a tornarse rojos y el rostro de serenidad del demonio desaparecía para dar paso a unas endurecidas facciones que mostraron sus crecidos colmillos y sin previo aviso le rasgó la parte inferior del kimono apartando sus piernas y posicionándose entre ellas para sin ninguna delicadeza enterrarse en ella, la cual al sentir como su húmedo y enorme miembro atravesó de golpe su intimidad no pudo hacer nada más que gritar de dolor y soltar las sabanas para sujetar los hombros de un extasiado Sesshomaru al cual pareció encantarle tal acción, soltando un gutural sonido al momento de dar fuertes estocadas a la pobre humana que no podía dar paso al placer por que el fuerte dolor no cesaba ¡dios era demasiado estrecha para él!, se sostenía de la pared con una de sus garras mientras que con la otra sujetaba fuertemente el cuerpo de la joven humana que yacía debajo suyo gimiendo y jadeando de manera dolorosa, el peliplata no podía contenerse más aquella mujer era deliciosamente perfecta, ¡su bestia interior clamaba por más! continuaba penetrándola más y más rápido, sudaba y gruñía porque su cuerpo ardía por alcanzar aquella gloriosa liberación, tomo una de sus piernas y la alzo pegándola a su pecho para saborear la planta de su pie sin dejar el vaivén de sus caderas, y finalmente alcanzó el anhelado clímax soltando un estremecedor rugido sujeto fuertemente a la azabache de sus caderas y derramó su simiente en ella.
Kagome gritó al sentir a su cuerpo traicionarla en el último momento al disfrutar una caliente invasión dentro suyo, abrió los ojos los cuáles habían permanecido cerrados durante casi todo el acto y la visión del vigoroso inuyoukai montado sobre de ella agitado y bestial con aquellos rojos orbes oscuros le causo pánico, aún dentro de ella se dejo caer sobre su cuerpo y la abrazó con tanta fuerza que la chica grito de dolor al sentir las garras de él clavarse en su espalda, Sesshomaru gruño en su oído molesto, ella se calmó un poco y entonces le lamió la mejilla y aspiró su aroma para luego soltarla, sus ojos volvieron a ser dorados y aquella expresión fría y serena había vuelto a su rostro.
-Cuál… ¿cuál es tu nombre?- preguntó una agotada belleza de ojos chocolate con tono de ruego en su voz.
-Sesshomaru- le indicó mirándole desinteresadamente.
Al escuchar la respuesta Kagome cedió finalmente al cansancio y perdió la conciencia, mientras el albino observaba en aquel lecho una mancha roja, la prueba de que aquella humana no había sido tocada nunca antes.
Agradezco nuevamente a las chicas que me dejaron su review y sus opiniones:
Marlene Vazquez
Bbkid
Lady Indomitus
Claudia Gazziero
Sele de la Luna
MisatoNara
MAYA TAISHO
Mikori
Me da mucho gusto que esta historia les guste, a ustedes, a quienes agregan a favoritos y follow, a los lectores silenciosos ¡Gracias totales!
