Disclaimer:InuYasha y el resto de sus personajes no me pertenecen, sigo en mi incansable lucha por conseguir los derechos de la abuela Takashi.
La concubina del Inuyoukai
El emperador Higurashi se encontraba pensativo en la azotea de la habitación real, su esposa apenas había conciliado el sueño, su pobre esposa… Naomi Higurashi había sufrido tanto en tan poco tiempo, el velar y llorar una hija a la que habían amado tanto y que realmente no estaba muerta pero cuyo destino había sido mucho peor casi la había limitado a la cama nuevamente, realmente hacerle creer que Kagome había perecido le pareció que era lo mejor.
Después estaba el exilio de su hijo Souta, cómo le había pesado tomar aquella decisión, sobre todo por su mujer que sentía que su corazón se partía al ver alejarse, sin embargo era muy observador, había resultado ser un estratega sin igual, y esta misma habilidad no evito que notara que el afecto que su hijo mayor profesaba a su pequeña hija no era propio de sólo un hermano. Estaba cansado, la vida le había dado tantos golpes ya, que no sabría si podría soportar alguno más.
Un enorme rugido saco de sus cavilaciones al cansado humano quien presuroso no tardo en bajar al jardín, en el lugar se encontraba el magnífico mononoke de color blanco, quien lo recibió con un feroz gruñido.
Sin perder la calma pero realmente sorprendido por tal falta de respeto comenzó a cuestionarlo — ¿Qué está sucediendo Comandante Perro?
— ¡Señor!— gritaron al unísono los escoltas reales rodeando a su amo tratando inútilmente de defenderle de un posible ataque, lo cual causo que el poderoso youkai rugiera de nueva cuenta luciendo así aun más amenazador.
—Retírense todos— los soldados no pronunciaron palabra pero se mostraron reacios a obedecer — ¡Ahora!, Comandante Takao.
— ¡Si señor!— pronto todos siguieron a su general.
Finalmente encontrándose solos de nuevo el emperador se decidió a hablar con cautela—Ya que no piensas mostrarte en tu forma humanoide he de suponer que algo grave ha sucedido.
El Lord del Oeste gruño una vez más antes de que una luminosa esfera lo envolviese y tomara su característica forma. Un duelo de miradas entre ambos seres se sostuvo, sin embargo la mirada afilada del joven youkai más que amedrentar logro que la de Higurashi se suavizara.
—Comandante perro, como puedes ver no sé nada al respecto de lo que esté sucediendo, sin embargo mis hombres me informaron que su fortaleza sufrió un ataque hace unos días.
—Mis tierras fueron transgredidas por un ser hibrido— dio por simple respuesta.
—Entre mis subordinados ya no hay sublevación, eso puedo asegurarlo— afirmó con convicción Endo— después de la muerte de mi hija todos entendieron el mensaje— termino con cierto tono de aflicción, el cual no paso desapercibido para el ser de platinada cabellera.
—El híbrido tenía un solo propósito— esto capto la atención nuevamente del humano—Llevarse a tu hija de mi castillo.
Higurashi no supo cómo responder y por primera vez en muchas décadas se olvido del protocolo — ¿Ka…Kagome sigue con vida?...—termino de pronunciar entrecortadamente. Por varios segundos Endo sintió que su mundo se tambaleo y cayó de rodillas agradecido con Kamisama y el cielo al saber que amada hija seguía viva — ¿Quién, quién es ese híbrido y por qué raptarla a ella específicamente? — fieramente pregunto recobrando la compostura.
—A eso eh vendió, nadie más que tú y yo sabíamos realmente lo que sucedió con tu descendiente. — acoto con estoicismo pero esta vez sin la agresividad que lo había caracterizado al llegar a palacio.
—Así ha sido, nadie más…— sin embargo el mismo Endo se interrumpió al sentir una alarma encenderse dentro de sí.
El Lord no pudo evitar afilar su mirada al notar su expresión y sin preámbulos hizo lo obvio — ¿Quién?
Incapaz de ocultarlo hablo sin más— Mi hijo, el príncipe Souta.
— ¿Urdiste un plan con tu hijo para recuperar a esa mujer? ¿Arriesgaste la seguridad de tu pueblo por la vida de una simple e insignificante humana?— exclamo mordazmente el joven demonio perro, con su garra izquierda posándose sobre el mango de su espada.
El emperador en lugar de mostrar furia simple y llanamente respondió —Yo te entregue a mi hija, me despedí de ella como si la estuviese viendo morir en ese momento porqué así lo creí, en estos momentos no te habla el emperador de toda una nación y una especie, sino un simple padre, mi Lord no tienes idea de la felicidad y paz que embargo a mi corazón al saber que mi amada hija seguía con vida— el Lord no observo fijamente pero satisfecho con la respuesta, puesto que esta era la reacción apropiada que esperaba del emperador, sin embargo sus hermosos orbes dorados fijaron su mirar hacia la entrada al palacio, de la cual salió el gallardo joven príncipe con su melena azabache desarreglada y su mirada desaforada.
—Así que era verdad que el desdeñable Comandante Perro se encontraba en nuestras tierras.
— ¡Souta! — regaño con fiereza el hombre adulto.
—Padre ¿cómo puedes permanecer tan apacible frente a la bestia que nos ha arrebatado a nuestra preciosa Kagome?— le recrimino en respuesta. —Lo que él le ha hecho a mi amada hermana no tiene perdón y por ello ¡deberá pagar con su vida!— grito extrayendo su plateada espada de su funda en pos de atacar al lord el cual desenfundo también su espada para detener el ataque sin ninguna dificultad.
—Te equivocas, mocoso engreído— respondió el Lord mientras su espada detenía el ataque del príncipe Souta.
— ¡Se muy bien que tú la tenías cautiva!— enojado arremetió de nuevo contra el peliplata— ¡la utilizaste para tus ruines propósitos!—dio una estocada más— ¡la mancillaste arruinándola para los buenos hombres!— atacó de nuevo — ¡Y la sumiste en un profundo sueño del cual no puede despertar!— intento atacar por tercera vez sin embargo al escuchar estas últimas palabras algo en la mente del lord hizo clic, y frunciendo su entrecejo con un hábil movimiento desarmo al pelinegro humano, lanzándolos a él y a su espada lejos de sí.
Arrogante, altivo e imponente, era como se mostraba frente al príncipe que yacía en el suelo cual chiquillo que acaba de perder una práctica como en antaño, cuando era apenas un mozalbete. —Escucha con atención por qué no te lo repetiré de nuevo, asqueroso insecto, Kagome no es ni será nunca tuya, ella es mi propiedad y yo hago con ella lo que me plazca.
— ¡Eres un…!— grito ferozmente corriendo a tomar su espada para intentar atacarle de nuevo y justo cuando el Inuyoukai alzaba su filosa espada al aire una combustión de ardientes flamas rojas se interpuso entre ambos contendientes.
— ¡Alto ahí chiquillo maleducado!— ordeno con voz rasposa el oportuno Totosai, que era observado con interés por el humano y su amo.
—Totosai— pronunció sorprendido el emperador humano pues hacía muchos años que no lo veía.
—Veo que aún me recuerda su majestad, debo decir que tiene usted dos chiquillos muy valientes pero muy tontos por igual.
—Entiendo que has conocido a Kagome— le respondió con sincera felicidad escondida.
—Esa chiquilla es muy fuerte, sin embargo tú — esta vez se refirió a Souta— Eres un pequeño idiota, no eres nada comparado con la fuerza del amo Sesshomaru, ahora sosiégate o perderás la vida aquí, es momento de que nos digas en dónde la princesa.
— ¡Souta! Te ordeno que respondas ahora mismo— exigió demandante su padre.
El joven humano observaba exasperado y furioso a las tres figuras frente suyo, sin saber qué hacer. —No puedo padre, no puedo entregársela de nuevo, me llevare a Kagome conmigo no importa lo que me cueste— dicho esto último miro retadoramente al demonio perro quien frunció su ceño.
Sin embargo ignorantes de que habían sido observados todo el tiempo por el ingenioso híbrido que sonriente y complacido miraba como todo marchaba de acuerdo a sus planes.
—Es hora de actuar, ¡Kanna!— llamo la sirviente que había estado atendiendo a su preciada princesa.
— ¿Si amo Naraku?
—Es hora de que me vaya, recuerda seguir las instrucciones que te di, no me vayas a fallar.
—No amo— y con una reverencia desapareció del lugar.
Sesshomaru ya se estaba cansando de la insolencia y estupidez del príncipe, decidió a acabar con él y a buscar al híbrido por alguna otra vía se dispuso a atacarle cuando un nuevo aroma apareció repentinamente en el castillo, sin decir palabra se dirigió adentro del extenso palacio, buscándolo a él, siendo seguido por el emperador y el viejo demonio de fuego.
— ¡Comandante Perro!— grito extrañado.
— ¡Su majestad intuyo que el Lord ha detectado una presencia no grata en este palacio! Le recomiendo que lo sigamos para evitar que sus soldados intervengan.
—De acuerdo Totosai— ambos avanzaban con rapidez, olvidándose por un momento de Souta.
El ágil Lord se movió con facilidad entre los largos pasillos del lugar tratando de identificar de donde provenía aquella presencia y cuando dio con el cuarto indicado utilizando su látigo venenoso destrozo la entrada del mismo. Frente a él se encontraba un ser con aspecto peculiar cubierto por un abrigo de mandril blanco que yacía en el marco del gran ventanal.
—Me alegra que por fin nos veamos las caras… Comandante Perro.
— ¿Quién eres?— exigió con una frialdad escalofriante.
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Souta se encontraba en los jardines de palacio, pensando en su siguiente movimiento, debía llamar a sus tropas, era el momento apropiado de atacar al Comandante Perro, decidido a buscar a sus soldados aliados en palacio se puso en pie.
—Príncipe Souta.
—Naraku ¿qué es lo que haces aquí? ¿Kagome se encuentra bien?—pregunto asustado.
—Eres un pobre idiota Souta, tu deseo y perversa obsesión con tu hermana, tu propia sangre me asquea. — le confesó con desdén.
— ¿De qué estás hablando?—pregunto confundido.
—Se que tienes deseos por tu hermana que malsanos, y una dulce mujer como ella ya ha sufrido bastante con las perversiones de ese asqueroso perro, lo siento pero no puedo dejar que te quedes con ella.
— ¡Teníamos un trato!— le exigió enfurecido
—El trato ha cambiado ahora yo me quedare con la princesa, le daré la vida que realmente se merece, y desafortunadamente tú no tienes cabida en esa nueva vida, ya no te necesito— un destello negro hizo lucir sus rojizos ojos realmente siniestros, que de pronto se convirtieron en irises doradas.
—¿Qué es lo que pretendes?
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Kagome se encontraba pedida en sus pensamientos, no podía dejar de sentir como su corazón se estrujaba, sabía que su secuestro no traería nada bueno, sin embargo no podía culpar a su padre por querer recuperarla, por otra parte tampoco podía apartar de sus pensamientos a su querido amo. Su mente y su corazón se debatían en una lucha interna.
—Mi señora— entro una joven albina, aquella que la atendía a diario.
—Hola Kanna.
—Debo pedirle que venga conmigo, debo llevarla a palacio.
— ¿A palacio? ¿Te refieres al palacio del emperador Higurashi?
—Así es, por favor sígame son órdenes de su hermano.
—De mi hermano… ¡Souta!— exclamó con gran asombro.
—Debemos apresúranos afuera nos espera Kagura para transportarnos.
Cubierta con una capa roja la princesa siguió obedientemente a Kanna, saliendo por primera ve del lugar en el que había permanecido resguardad todo ese tiempo, se sorprendió cuando frente a ella se encontraba una hermosa mujer de ojos rojizos y elegante porte sentada sobre una plataforma que emulaba una gran pluma de ave.
—Princesa suba por favor— le indico Kanna ayudándole a subir.
—Sujétate fuerte o te caerás y la caída te matara. — le indico groseramente la mujer a quien Kanna se refirió como Kagura.
Finalmente la princesa comenzó a divisar su antiguo hogar, y un cálido sentimiento de nostalgia se apodero de su interior, los había extrañado tanto, cuando comenzaron a descender la mujer que había permanecido callada todo el trayecto finalmente hablo.
—Cuando descendamos, te dejare en los jardines, estarás a tu suerte pero no creo que tengas problemas en apañártelas.
—De acuerdo— fue la única respuesta que dio la princesa en el mismo tono que la mujer.
Al bajar Kagome logro escuchar un par de gritos y decidió esconderse entre unos matorrales.
—¡¿Qué es lo que pretendes?!— grito desesperado y confuso el pelinegro.
—Esa es… la voz de Souta…— sigilosamente se dirigió para poder observar lo que ocurría, sus ojos de pronto se agrandaron cuando observo a su hermano temblando de miedo frente a su querido demonio— y ese es…—Kagome se cubrió la boca al ver que el Lord alzaba su espada sobre el cuerpo de su hermano.
—Esto es lo que pasa cuando desafían al Lord del Oeste— dicho esto asesino sin piedad cortando en dos al joven humano, dándose la media vuelta perdiéndose en la oscuridad.
Kagome sintió los jugos gástricos subir por su garganta y no pudo contener más las nauseas, vomitando sin remedio, sus ojos se habían abierto como platos ante lo que acababa de presenciar. Se sentía sofocada y como el aire le faltaba, en cuanto pudo tomar recuperar la respiración se acerco en un mar de lagrimas al cuerpo inerte de su amado hermano.
—Sou…Souta… Souta…—gemía entre pequeños sollozos—Souta hermano, despierta, Souta…por favor, muévete— rogaba desesperadamente sin embargo cuando quiso poner en su regazo la cabeza inmóvil de su hermano su cuerpo se separo en dos, haciendo que la princesa soltara un alarido.
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Un fuerte grito se escucho antes de que el hombre con traje de mandril le contestase, por un momento dudo en moverse sin embargo el misterioso sujeto se decidió por fin a hablar.
—Soy tu peor pesadilla, voy a quitarte todo cuanto poseas y mejor aún voy a aniquilarte— termino soltando una estruendosa carcajada, la cual se vio acallada por el látigo del poderoso Lord del Oeste que se había enfurecido.
—Solamente se trataba de una especie de marioneta amo Sesshomaru.
Sesshomaru, por primera vez en muchos años sintió que le habían visto la cara y eso era imperdonable, sin embargo salió velozmente del lugar con un solo objetivo, ir hacia la princesa. Cuando llego hacia su rastro experimentó un poco de calma y tal vez ¿paz? al encontrar en el lugar a la joven humana, el olor a sangre había aturdido sus sentidos y sus ojos se habían inyectado de un tono carmesí brillante, pero cuando vio su espalda temblar y sollozar, camino para posarse frente a ella y sus irises se tornaron doradas de nuevo. Le sorprendió un poco ver el cuerpo destazado del hijo del emperador, pero más le sorprendió la mirada de profundo rencor y dolor que los ojos marrones le dirigieron.
—¿Por qué?— fue lo único que pudo articular la débil e indefensa mujer.
Pronto arribaron al lugar el anciano Totosai y el emperador Higurashi, quienes se sorprendieron de la escena.
—Por favor Lord Sesshomaru, Lord Sesshomaru—hablo con voz dolorida y cansina Endo— Les suplico que se lleven a mi hija, debo preparar los funerales de mi hijo y también a mi querida esposa.
Atendiendo a su petición el Lord tomo a la mujer entre sus brazos que parecía con la mirada perdida, al tocarla la sintió tiesa y dura como una roca, pero más fríos eran sus ojos, parecía que manejaba entre sus brazos a una muñeca. El calor que siempre la había caracterizado parecía haberse esfumado en el frío de aquella fatídica noche, mientras alzaban el vuelo de vuelta a las tierras del Oeste.
Nota de la autora: Mis lectoras queridas aqui está la onceava entrega ;w; disculpas si se desacomoda algo subí este capítulo desde el celular de mi hermana
Besos y cariños!
