Disclaimer: InuYasha y sus personajes no me pertenecen, la creación de esta historia es para fines meramente recreativos, sin embargo si Rumiko sensei me los donase ya estaría en friega haciendo más episodios en lugar de estudiar esta carrera mía tan desgastante uwu

La concubina del Inuyoukai

No sabía qué estaba pasando, solamente podía sentir el frío y helado aire golpear su rostro, no sentía nada… ¿Por qué hacía tanto frío? ¿Estaban volando? ¿Quién la llevaba en brazos?, quería elevar su mirada para ver el rostro de quien la sostenía, pero no podía, algo dentro suyo le decía que no debía, ¿pero por qué no?, de pronto una fuerte y dolorosa opresión se hizo presente en su pecho ¡No quería sentir dolor! ¡No quería! ocultó su rostro contra el pecho duro de su acompañante y sin más su mente colapsó.

Sesshomaru surcaba los cielos con sólo un pensamiento en mente, matar al híbrido que había osado retarlo frente a sujetos insignificantes como el emperador humano, sin embargo sus cavilaciones se vieron interrumpidas al sentir como la mujer que llevaba en brazos se desvanecía, teniendo que afianzar su agarre, sin darse cuenta su mirada se endureció, esto no volvería a ocurrir.

El inuyoukai dejó a la delicada mujer entre las sábanas de la habitación que por tantos días había estado vacía, la luna en su esplendor rozaba con sus plateados rayos el rostro de aquella mujer de ébanos cabellos, tomo entre sus garras uno de sus largos mechones sedosos, comprobando que en efecto era real, ¿había caído bajo el hechizo de esta humana tal y como le había sucedido a su padre? no... cualquier clase de magia habría sido adivinada por su padre y por ende por él mismo.

¿Qué tenían entonces los humanos, en especial las mujeres humanas que se volvían seres místicos y cautivadores a los ojos de los inuyoukai? Cautivadores... esa era una cuestión que resolvería costase lo que le costase, y para ello tenía a Kagome, su preciosa ave enjaulada ¿Pero entonces quién tenía cautivo a quién?

Sesshomaru abandono la habitación dejando caer su cuerpo sobre el cerezo junto al riachuelo, exhausto de tantos pensamientos y situaciones estúpidas e innecesarias. Por hoy era suficiente hacia tiempo, años que no dormía, cerro sus ojos y bajo el resguardo de la luna sobre sí, decidió entregarse a un merecido descanso.

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La fría brisa de la madrugada la despertó, desorientada miro a su alrededor y con ayuda de la luz de la luna pudo ponerse de pie y andar hasta el gran ventanal, cuyo vitral tenía un enorme perro blanco casi demoniaco, nuevamente la brisa helada la distrajo de sus pensamientos haciéndola mirar a través de la ventana.

Y entonces lo vio, junto al río, observo como bailaban con gracia junto al viento los plateados cabellos de aquel ente ensoñador, parecía tan apacible y a la vez misterioso. Pero al verlo una desagradable sensación se instauraba en su pecho ¿dolor?, confundida y asustada salió en dirección al peliplata sin dejar de observarlo, sentía una atracción magnética hacia él. De un momento a otro el abrió sus ojos y sin moverse de manera alguna la observo estoicamente, lo cual la hizo congelarse a unos solos cuantos pasos de él.

El Lord alzo su mano y con ella le indicó que llegase hasta él, su mirada parecía fría e impenetrable, pero para ella había algo más, deseaba tanto acercarse pero a la vez había algo que la mantenía estática —Kagome— pronunció su nombre con un deje melancólico, y ella sorprendida camino hasta él tomando su mano, y en un segundo se encontraba entre los brazos del Lord en su regazo —No vuelvas a desaparecer así— susurro enterrando su rostro en los cabellos de su ave enjaulada.

Parecía tan duro y frío, sin embargo aquellas palabras le transmitían algo más, algo que la hacía querer corresponder ese demandante abrazo —Yo…—titubeó.

El inuyoukai levanto el rostro de la bella mujer tomándola de la barbilla haciendo que lo mirase fijamente, perdiéndose en sus orbes dorados —Tú perteneces aquí. — y ante tal respuesta no pudo decir nada más, y se dejo inundar por la urgente necesidad que denotaba aquel cálido y húmedo beso.

Sin embargo en su mente había una duda aún sin resolver ¿quién era él?...

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— ¿Hiciste todo tal cual como te lo pedí?—preguntó una oscura voz

—Sí Naraku-sama, ordené a Kagura que llevase a la princesa humana de vuelta al castillo de Lord Endo— contesto la jovencilla albina.

—Retírate.

—Si Naraku-sama.

El híbrido observo por un momento el líquido carmesí que se encontraba en su copa, su mente divago hasta evocar los rojos labios de la princesa humana, verla había sido toda una sorpresa y al mismo tiempo una graciosa jugarreta, comenzaba a creer entonces en los hilos rojos de la diosa del destino.

No esperaba encontrársela de nuevo tan pronto, harían ya más de cien años de la existencia de ella, aunque para los humanos el ciclo de vida era tan corto, un suspiro comparado con la longeva vida a la que estaban condenados demonios y semidemonios. Lanzó su bebida de manera intempestiva contra la pared, arrojo todo cuanto se encontró a su paso hasta llegar al pergamino colgado en lo más oscuro y recóndito de sus aposentos, en el se encontraba la imagen de una preciosa mujer, de nívea piel y místicos ojos marrones, con un largo cabello tan negro como la piel de los cuervos.

Sonrió nostálgicamente, esto era un regalo de los dioses por haber eliminado a aquella bestia perruna al fin, todo lo que tenía que hacer era que su amada princesa odiara al vástago de aquel mononoke, y entonces lo eliminaría sin que ella lo odiase, sin que lo mirara de nuevo como aquella vez…

—Izayoi, Kagome, Kagome, Izayoi, no importa tu forma, nuestros destinos están entrelazados.

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Kagome despertó del ensueño y la calidez en la que se encontraba, debido a los golpes que tocaban a su puerta esa mañana.

—Pequeña Kagome, te traigo el desayuno ¡abre la puerta chiquilla!

— ¿Quién es?— demando tratando de no sonar demasiado temerosa.

— ¡Quién más! ¡Soy yo, Tottosai!

La joven mujer abrió la puerta y le dejo entrar —Espero que hayas podido dormir bien, de no ser así házmelo saber y te preparare una infusión buenísima de lavanda que te hará dormir como un bebé— termino de decirle alegremente, no fue sino hasta el instante en que la observó de frente que se di cuenta que la postura de Kagome denotaba confusión y temor — ¿Qué te pasa chiquilla?— pregunto tratando de sonar lo más tranquilo posible.

—Quiero saber quién es usted— respondió firmemente.

—Kagome, soy yo, Tottosai el viejo consejero del Comandante Perro— respondió lentamente.

— ¿El Comandante Perro?— preguntó dubitativa.

—Así es princesa, me refiero al amo Sesshomaru— contesto analizando cada palabra y expresión de la mujer.

— ¿Princesa? ¿Amo Sesshomaru?— esta era demasiada información para procesarla, a su mente vino entonces los sucesos de la noche anterior, el místico ser de cálidos ojos dorados como el sol, ¿Su nombre era Sesshomaru?

—Será mejor que te sientes pequeña, suelo llamarte princesa porque me recuerdas mucho a una mujer que conocí hace muchísimo tiempo — contestó sonriendo amablemente, por lo cual sacó a la chica de sus cavilaciones— Supongo que recordarás algo de lo que sucedió ayer— pregunto cuidadosamente.

—No Tottosai, no puedo recordar nada, nada de ayer, nada de mí— pronunció hasta partirse en lágrimas.

—Tranquila pequeña niña, será mejor que comas tu desayuno—dicho esto comenzó a dirigirse a la puerta.

— ¿A dónde irás anciano Tottosai?—pregunto tratando de calmarse.

—Debo ir a arreglar unos asuntos así que no te preocupes, después hablaremos, por ahora no te esfuerces en recordar nada y trata de descansar han sido días difíciles para todos.

— ¿Días difíciles?— a su mente vinieron entonces las palabras de aquel hombre No vuelvas a desaparecer así, las cuales le causaron escalofríos.

—No te fuerces demasiado Kagome— y dicho aquello abandono la habitación, dirigiéndose con rapidez a donde se encontraba el ojidorado, por fin dio con su ubicación en la sala de estrategia, escuchando como se coordinaban las fuerzas de su amo para la búsqueda y localización del híbrido invasor.

La mirada que el demonio de fuego le dedicó, le hizo desalojar a sus soldados y a comenzar a llevar a cabo sus planes — ¿Qué ocurre Tottosai?—pregunto tan estoicamente como siempre.

—Algo anda mal muchacho, debemos hablar en un lugar donde nadie nos pueda escuchar, no sabemos si hay infiltrados en tus fuerzas.

—Bien — y con ello salieron emprendiendo vuelo a las partes más altas del castillo. — ¿Qué ha ocurrido?

—Kagome ha perdido la memoria— al mencionar estas palabras su semblante se mantuvo inexpresivo pero a su mente vinieron también los sucesos de la noche anterior y las estúpidas palabras que había pronunciado.

— ¿Cómo ha sido eso posible?—pregunto mirando a la nada.

— No se trata de ninguna clase de magia, o hechizo, no al menos que yo pudiese detectar, supongo que tu tampoco sentiste ninguna magia sobre ella la noche anterior—guardo silencio esperando a que le respondiese algo sin embargo fue inútil —No recuerda su nombre, ni que solía ser una princesa, no me recuerda, ni tampoco a ti.

Sesshomaru diviso al horizonte, sopesando la información que su consejero le había dado —No veo cual es el problema.

—Sesshomaru…

—Esa mujer es innecesaria, su estancia aquí es efímera, que recuerde quien solía ser no es relevante.

—Los humanos necesitan saber quiénes son, de donde provienen.

—Tonterías.

—Más aún importante deberías de pensar por qué perdió la memoria.

—Los humanos son seres débiles e inferiores, sus mentes son insignificantes y fácilmente perturbables, no es muy extraño que su mente colapsara con la muerte de su asqueroso hermano.

—También consideré esa posibilidad sin embargo debes admitir que ella ha demostrado no ser una humana cualquiera, ha soportado más de lo que cualquier hombre o mujer hubiese podido, convertirse en la esclava del Taiyoukai más sanguinario de las cuatro tierras no es cosa de nada, la mera idea bastaría para que se suicidasen otras en su lugar— espetó con inteligencia el anciano demonio.

—Es irrelevante, alístate Tottosai necesito que vayas en busca de alguien.

—Cómo tú decidas muchacho.

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Comenzaba a oscurecer en las tierras del Oeste, se encontraba sola, se había cansado de esperar a que el anciano Tottosai volviera, por más que no quisiera pensar en ello, no podía evitarlo, era tan desolador no saber quién era, qué hacía allí, dónde estaban sus padres, ¿habrían muerto ya?, qué clase de persona era antes de olvidarse a sí misma ¿cómo era posible olvidarse a sí misma?, lágrimas querían volver a derramarse pero se había propuesto no hacerlo más, si quería reencontrarse a sí misma llorando no lo iba a lograr, de pronto el viento comenzó a correr con más fuerza, y entonces lo vio descendiendo de los aires se encontraba aquel ser con el que había estado la noche anterior.

Sus movimientos eran tan elegantes, estaba hipnotizada observando cómo se dirigía hacia ella, hacia el interior de su habitación, no podía articular palabra alguna, y al tenerlo frente a ella sólo pudo temblar de confusión, cuando la tomo entre sus brazos y la miro inquisitivamente a los ojos.

— ¿Así que no me recuerdas?

—Yo… lo siento…—logró responder, ese hombre la ponía completamente fuera de sus cabales.

— ¿Quieres saber quién eres?— preguntó con su ronca y erótica voz.

— ¿Quién? ¿Quién soy?

—Tú eres Kagome, mi ave enjaulada, y yo soy tu señor— contesto rozando sus labios haciéndole gemir de sorpresa y emoción.

Nota de la autora: Las quiero muchísimo, me he tardado mucho en actualizar, lo sé y por ello pido perdón, en mi pobre defensa no tenía computadora ni internet. ¡Quiero agradecerles a todas por sus reviews y sus agregados a favoritos y follows! ¡Son bellísimos todos! ¡Los amo con todo mi corazón!

Mi sueño es que esta historia llegue a los 200 reviews ;w; sueños huajiros jejeje pero bueno ya comencé el capítulo 13 :D y ya he leído otros libros y escuchado montones de canciones con tal de inspirarme, así que esta vez no tardaré tanto.

¡Besos y cariños!