Disclaimer: Los personajes de Inuyasha no me pertenecen, la historia en cambio es de mi autoría (creánme llevo 7 años escribiendo esta historia).
La concubina del inuyoukai
El trayecto duró dos largas semanas en las que la joven mujer no mencionó palabra alguna a pesar de los intentos de Totosai por iniciar conversación. Había sido realmente pesado y díficil, en especial al viajar sobre aquel incómodo dragón de dos cabezas y cubierta todo el tiempo por una espesa y descolorida capa que la cubría completamente sin permitir un asomo a su rostro.
Estaba realmente exhausta, su cuerpo aun toleraría un par de días más, pero su mente no resistía más; se había autotorturado pensando en las razones por las cuales había sido alejada del inuyoukai, ¡No podía perdonarlo por la muerte de su hermano! ¡Pero aún así esperaba algo de él! y luego ser enviada lejos sin ninguna explicación, se estaba volviendo loca.
—Pronto llegaremos pequeña, ahora se que no quieres hablar conmigo, pero ha llegado la hora de que aclaremos algunas cosas por tu propia seguridad—habló con un tono que no le permitió ignorarle más.
La azabache asintió haciendole saber que prestaba atención —Ahora nos encontramos fuera de las tierras del Oeste, no necesitas saber con exactitud donde, pero al lugar al que vamos estarás segura. —esa última afirmación llamó su atención verdaderamente.
—¿Segura? —sonó su apagada voz.
Totosai suspiró al escuchar por primera vez su voz después de tantos días de sepulcral silencio —En el Oeste se ha de librar una batalla pronto, y tu eres una distracción para nuestro amo —acotó a propósito a fin de obviar el hecho de que ella era la razón de aquel conflicto. —Estamos a punto de entrar al que será tu nuevo hogar por tiempo indefinido.
"Indefinido"la ácidez en su garganta se hizo presente y sintió el nudo cerrarse en ella.
—Entiendo, nadie debe saber quién soy ni lo que fui ¿es eso lo que quieres decir?
—No estarás sola, un viejo amigo cuidará de ti, puedes confiar en él, aunque sea una pulga cobarde Myoga cuidará bien de ti.
—Pensé que cuando mi señor no, que cuando Lord Sesshoumaru se cansará de mi, moriría y al menos así encontraría la paz que desde hace tiempo he perdido en mi corazón —su voz se cortaba y dos ríos salados emanaban de sus orbes chocolate —Pero lo que no entiendo ¿es por qué me aparta de su lado cuando dijo que nadie jamás me volvería a alejar? —gritó desconsolada —Quién debería estar molesta y desesperada por huir debería ser yo, ¡Quién ha sido profundamente herida por la muerte de Souta soy yo! ¡Yo soy quién debería rechazarlo a él! ¡No al contrario! —y tal como el demonio de fuego previó la joven humana se derrumbó al fin.
—Princesa, ignoró porque el amo actúa de este modo, y el porque hay cosas que te oculta de manera intencionada, pero de algo estoy seguro ¡eres importante para él! o no estarías aquí —palmeó suavemente la espalda de la desconsolada princesa.
—El dijo que yo pertenecía a su lado.
—Entonces debes creer en su palabra fervientemente niña. Ahora debemos avanzar nos esperan más delante, y recuerda pase lo que pase veas lo que veas no debes decir quién eres ni que conoces al amo.
—¿Creer en él?—interrumpió con esperanza.
Prosiguieron el viaje caminando sin embargo el dragón de dos cabezas los seguía fervientemente, hasta que llegaron a la entrada de lo que parecía una especie de aldea muy peculiar debido a las fachadas lujosas de las que parecían ser enormes casas.
—Regresen por donde vinieron, aquí no hay lugar para forasteros.—exclamó uno de los dos guardias que custodiaban la entrada, que parecían simples humanos.
—Díganle a su jefe que venimos de parte de Myoga.—contestó Totosai desinteresadamente.
—Muy bien deben esperar aquí, Kuno ve a informar al jefe, yo los custodiaré.
Al paso de unos minutos el guardia regreso —Antes de dejarlos pasar necesito que me digan quienes son y de donde provienen.
—Creo que eso será mejor que no lo sepas, hablaré con tu jefe directamente. —aseveró Totosai con firmeza ante el tozudo humano.
—Esas fueran las órdenes que se me dieron preguntar por sus identidades y escoltarlos al interior de la aldea, sino hablan me veré forzado a pedirles que regresen por donde vinieron.
—El es mi abuelo, y venimos buscando asilo, Myoga es un viejo amigo de mi abuelo y ha ofrecido su ayuda ¿podría dejarnos pasar? —explicó con una dulce voz suplicante descubriendose lo suficiente para dejar ver su rostro a ambos guardias los cuales callaron al ver sus dulces ojos marrones.
—Disculpeme por favor, sólo cumplo órdenes, siganme por favor.
La joven humana prestó suma atención al lugar que la rodeaba, le resultaba particularmente extraño porque a ambos lados del camino las casas construidas eran hermosas y a simple vista espaciosas, pero no lograba vislumbrar ningun aldeano, cuando de pronto llegaron a una enorme plazoleta del cual provenia una gran algarabía, con lamparas de papel colgando de los árboles y enormes y largas mesas decoradas con blancos manteles y numerosa comida servida, todo un pueblo conformado por varias familias parecían estar reunidos justamente en ese lugar. Una fuerte y varonil voz resonó en el lugar.
—¡Que empiece el 50 aniversario de esta nuestra aldea!
Cuando observó al hombre que gritaba jubiloso en medio de todas las personas su corazón casi se detuvo, Totosai pareció intuir su reacción porque de nueva cuenta le recordó...
—No puedes decir quien eras, y no se te ocurra decir nada acerca de él. —acotó firmemente.
—Pe...pero él es...
Totosai vio que la chica no salía de su asombro asi que se acercó más a ella aprovechando que el guardia se había alejado a hablar con el hombre que sabía ahora definitivamente era el jefe de la aldea.
—Te explicaré todo cuando tengamos un momento a solas, disimula o nos meteremos en problemas —pronto calló al ver al guardia volver hacia ellos.
—Siganme por favor, señor, señorita el jefe los atenderá en su hogar.
Finalmente llegaron, y los nervios de la azabache la estaban traicionando, cuando les indicaron que podían pasar a la salita que se usaba para reuniones Totosai avanzó primero y ella detrás suyo moviendose por pura inercia.
—¿Y bien? por lo que veo mi soldado no cumplió mis órdenes y no me dijo quienes eran ustedes, quiero saber ¿qué fue lo que hizo que me desobedeciera con tanta facilidad? —habló con tono duro y arrogantemente juguetón.
—Mi señor, soy un viejo camarada de su fiel sirviente Myoga, me llamó Totosai.
—¿De Myoga? Esa pulga cobarde se fue hace una semana y no ha regresado, de que puedes conocerlo dimelo y no me mientas o tus posibilidades de quedarte aqui serán pocas —para este punto mostró unas afiladas garras al tiempo que declaraba su amenaza.
Kagome no pudo evitar el asombro y lo observó con lujo de detalle, vestía unas lujosas ropas de color rojo, que lo denotaban como el terrateniente del lugar, su piel era de un tono ligeramente bronceado, su larga cabellera era similar a la de su señor pero al mismo tiempo diferente pues aunque era plateada era un poco más corta y con un aspecto algo desgarbada, encima de su cabeza asomaban dos orejas similares a las de un perro. Pero lo que más llamaba su atención eran sus orbes dorados, que aunque eran del mismo tono en ellos parecía estar ausente la característica gélidez del inuyoukai y más bien se mostraban expresivos y fieros.
—Mi señor Inuyasha, mi interés no es permanecer aquí debo partir pronto por donde vine, pero solicito asilo en tu aldea para esta joven su nombre es...
—Kagome, me llamo Kagome mi señor —interrumpió al demonio de fuego quitandose la horrenda y vaporosa capa que la cubría dejandose toda al descubierto.
Por un momento la conmoción se apoderó del rostro del peliplata aunque fue sólo una fracción de segundo
—Ahora veo porque mis hombres se distrajeron, Kagome como el ave enjaulada del juego ¿es así?
Algo se removió en ella y la tristeza la invadió, lo cual pudo notar el ojidorado.
—Bien puedes marcharte ahora mismo Totosai, le brindaré asilo mientras lo necesite, puedes quedarte con la familia de los Taijiya, su hija mayor será una buena compañia para ti, Sango es una buena chica —afirmó lo último dirigiendose a la joven azabache quien agradecio cabizbaja.
—Kagome necesito hablar contigo antes de irme... —caminando fuera de la gran casona que suponía pertenecía aquel hombre o demonio al que había conocido hacia minutos antes Totosai le explicó —Ese hombre que viste allí no es un demonio en su totalidad, ni tampoco es un ser humano.
—¿Quieres decir que es un...?
—Así es, es un híbrido —contestó el anciano de fuego desapareciendo duda alguna.
—El es idéntico a... —pronto se vio interrumpida por Totosai.
—Escucha princesa, te lo recordaré una vez más no menciones ese nombre aquí, si bien es cierto que tienen parecido, y que tal vez tengan relación, por lo que se el señor Inuyasha desprecia en su totalidad a... bueno a ya sabes quien, si se llega a enterarse de quien eres probablemente te eche de aquí de inmediato.
—¡Entonces llevame a casa! —sollozó la azabache
—Eso es algo que no puedo hacer, prométeme que guardaras el secreto Kagome.
La ojimarrón vio partir a su viejo amigo zurcando los cielos en aquella vaca voladora, pero al instante aparecieron un par de soldados detrás de ella.
—Señorita necesitamos que nos acompañe, siganos por favor.
No le quedó más remedio que caminar detrás de ellos, para verse nuevamente en la mansión en la que había estado junto con Totosai, allí la recibio nuevamente al que llamaban su señor.
—Kagome, ahora que estamos solos quiero hablar contigo de un par de cosas que me intrigan pronfundamente así que toma un baño y cambia tus vestimentas por algo más cómodo, mis doncellas te ayudarán esperaré por ti —sentenció con una profunda y enigmática mirada.
Hola mis amados lectores! Volví con una entrega más, la cual espero que disfruten.
Espero leer su opinión, muchas gracias por sus hermosas palabras en wattpad, de verdad no termino de creerme la tremenda acogida y cariño que le han dado a esta historia.
Gracias por dedicarle el tiempo a leerle aún, mis seguidoras más antiguas de FF, no tengo palabras.
