Ningún personaje me pertenece, son propiedad de Lucasfilm.


Mis ciclos del sueño estaban dañados, apenas podía cerrar los ojos. Desde hace días nuestro principal motor es la búsqueda de una senadora secuestrada. Jessika Pava; la chica era como una protegida de mi madre, criada y educada desde muy joven para convertirse en senadora. Podría decir que la chica llegó a tomar mi lugar en casa de mis padres cuando me fui a entrenar con Luke para convertirme en Jedi. La búsqueda se volvió casi personal, no veía a Jessika como una amiga o una hermana, pero si era importante para mi madre era importante para mí.

Las pistas nos han llevado a diferentes puntos de la galaxia, pero cuando parece que estamos a punto de encontrarla algo interfiere. Pareciera un juego de estira y afloja. Mi madre nos ayuda cuadrando señalas desde Coruscant.

Acompañado por mi tío, y maestro, nos dirigimos a Geonosis. Desde donde no llegó el aviso sobre una chica muy similar a la senadora qué estaba vagando por las viejas calles.

—Debes mantenerte siempre alerta.— Recitaba Luke con solemnidad. Era fácil decirlo considerando que él ya durmió un poco antes de salir.

—Claro, maestro.

—Llegaremos en unas horas a Geonosis.

Sus ojos me dijeron los mucho que anhelaba comenzar a contar las historias sobre las guerras clones y su desarrollo. Y con Geonosis como la cuna de los conflictos. Agradecí enormemente cuando el sonido de la voz de mi madre llegaba en un mensaje.

—Luke, —Me acerqué al holograma de mi madre, para escuchar el mensaje.— Se tienen razones para creer que la senadora está en Jakku.

—¿Maestro?— Le pregunté observando sus ojos. Repentinamente vi como su aspecto cambio de tranquilo a cebero.

—Pero no pueden dejar de ir a Geonosis, Luke. Hay un conflicto entre los delegados que apoyan al senado.

—Es bueno que seamos dos Jedis. Ben puede encargarse de eso. Yo iré a Jakku.

—Luke, no te ofendas, pero tu lengua ahora es más fuerte que tu agilidad. Ben puede ir por la senadora y si hay un enfrentamiento es...— Mi madre bajó lentamente el sonido de su voz, era claro que se refería a su habilidad física. Pues en combates cuerpo a cuerpo siempre me alzaba victorioso sobre él.

—Bien... Leia.— Aceptó después de unos segundos en silencio.— Necesito un informe completo de la situación en Geonosis.

Con la imagen de mi madre asintiendo fue cuando la transmisión se cortó. Mi tío pasó su mirada sobre mí, lucía agotada, tan diferente a la forma en que me observaba segundos antes de que el mensaje de mi madre nos alcanzara. Él tenía algo entre manos. Nadie, además de mi madre, podía decir que lo conocía mejor que yo. Pero opté por el silencio. Confrontarlo directamente sólo nos llevaría a una discusión, yo conocía bien esa mirada en él.

Debía tomar unas de las pequeñas naves para volver a Coruscant y tomar un nave más grande que me lleve hasta Jakku. En menos de treinta minutos estaba listo para partir, las coordenadas estaban puestas sobre la consola. Pero antes de salir Luke tomó fuertemente mi mano.

—En tu viaje a Jakku...— Murmuró con su voz quebradiza. —...no olvides cual es tu misión.

Asentí e ingresé a la pequeña nave. Lo único reconfortante sería que por al menos unas horas, durante mi viaje hasta Coruscant, podría dormir y recargar un poco de energía y, con suerte, podré soñar de nuevo con ella.

La veía cada vez que cerraba los ojos dispuesto a dormir.

Era apenas una pequeña niña cuando la vi por primera vez, jamás voy a olvidar ese sueño; Ella, con sus pequeñas manos, tapaba fuertemente mis oídos evitando que una voz profunda me llevara lejos. Era joven entonces, esa voz me atormentaba en todo momento y aún, a pesar de los años, continúa insistiendo, pero sólo ella pueda hacer que desaparezca.

Intenté hablar de esto con Luke, como maestro y como tío. Pero sólo me dijo que intentara olvidarlo, que meditara, incluso me dio ejercicios de concentración que, supuestamente, apagarían las voces en mi cabeza, no funcionaron, por supuesto, pues sólo el fantasma de ella puede acabar con las voces. Le mentí a mi tío cuando le dije que sus ejercicios estaban funcionando.

Ahora ella ya no es una niña pequeña. Y me he preguntando, frecuentemente, si ella sería real o sería un invento de mi propia mente, un reflejo de mi propia vulnerabilidad. Hay respuestas que quizás no esté listo para saber aún.

Me recargo sobre el asiento del piloto, esperando poder descansar un poco antes de llegar con mi madre. Apenas me consume el sueño cuando las voces aparecen, susurrando palabras que apenas puedo distinguir. Ella está ahí casi al instante, sujetando mi mano, observando directo a los ojos y sonriendo haciéndome ver que todo estará bien. Es tan curiosa esta representación en mi cabeza, es como si de alguna forma inventase algo que pueda protegerme pero que al mismo tiempo tiene inteligencia artificial y desarrollo natural. La primera vez que la vi no podía ser más que una niña de siete años, y hoy, después de todos estos años, es toda una señorita, una mujer joven, y ¿Por qué no decirlo? Absolutamente hermosa.

Los movimiento de la nave me hacen despertar, justo a tiempo para verme salir de la velocidad luz, el planeta donde mi madre se encontraba ya estaba frente a mí.

—Espero, de verdad, que ella esté ahí...—Recitaba Leia mientras me acompañaba a la nueva nave que me llevaría al desértico Jakku.

—¿Qué decían los reportes?

—Nuestra gente encubierto escuchó sobre ella en un puesto de chatarra.

—¿Saben donde está?

—Es ahí donde necesito tu instinto, Ben. Permite que el te guíe.

Asentí antes de subirme a la nave. Que fácil lo hacen sonar, usa tu instinto. Era otra forma de decir que no había nada claro, la pobre senadora bien podría estar muerta ahora y nuestra "Gente encubierto" jamás lo sabría. Me molestaba la poca eficiencia de la gente que trabajaba en el senado.

El viaje a Jakku fue más largo de lo que planeaba, el calor extremo del planeta me golpeó de frente apenas puse un pie en la arena. La respiración se volvía pesada, me quemaba la garganta con cada inhalación. Debía dirigirme a un viejo puesto de chatarreros, de donde salió la información que necesitaba para encontrar a la chica secuestrada.

Caminar por este árido desierto no me hace querer empatizar con la gente que vive en el. No crecí directamente en un desierto o en una playa pero por alguna razón detesto la arena, es terriblemente molesta, se mete por todos lados y es difícil de quitar. Mientras continuo avanzando, cada vez más y más molesto con esta situación, siento un movimiento en la fuerza, un magnetismo increíble me hace vibrar. Giro mi rostro en todas direcciones, buscando la fuente de esa energía, pero sólo parece haber desierto, kilómetros y kilómetros de desierto. Cambio la ruta de mis pies casi por naturaleza, siguiendo el llamado de algo invisible. Me detengo repentinamente cuando recuerdo las palabras de Luke; "En tu viaje a Jakku, no olvides cual es tu misión." Debía resistirlo, continuar con mi trabajo pero ahora eran las palabras de mi madre las que me alentaron a continuar "...necesito tu instinto, Ben. Permite que el te guíe." Quizás esto era a lo que se refería mi madre, al final es mi instinto guiándome hasta a la senadora.

Son al menos diez minutos a pie cuando llego a la fuente de donde emana toda esa energía. Es una nave a medio enterrar, como todo en este lugar, pero esta es inmensa, la más grande que he visto desde mi llegada, de lejos parecía como una montaña. Conforme me acerco y rodeo el lugar la fuente que emana la fuerza se hace cada vez más intensa, cada paso que doy me acerca más a eso que estoy buscando. Paso mis manos sobre el caliente metal de la nave mis pasos en algún momento se convirtieron en grandes zancadas. Giro en una de las esquinas de la nave y me deslumbro por la imagen que se dibuja frente a mi.

Me quedo estático por al menos un minuto; esa ropa, ese peinado yo los he visto, cada vez que cierro los ojos al dormir. Atontado me acercó a la chica que está completamente ajena a mi presencia, ella mira de lleno la entrada de la nave. Pero estoy seguro que debe ser ella, necesito saber quien es y por qué la he visto tantas veces en... el hilo de pensamientos se borra de mi cabeza cuando ella gira a verme. No es ella, su cabello y peinado son similares, pero lo veo en sus ojos; no es la chica en mis sueños.

—Ben...— Susurró asombrada.

—¿Senadora?— Pregunté confundido. Se veía tan diferente con todo lo que llevaba puesto.

—¡Rey!...— Gritó de repente asustada. Giré para observar la entrada de la nave, había alguien más ahí un enfrentamiento menor, fuera de mi control. La senadora estaba aquí y bien. Debía llevarla de regreso a mi nave. Cumplir con mi deber.

—Vamos, debo ponerla a salvo.— Le dije tomando su muñeca, intentando alejarla de todo este conflicto.

—¡No!... tienes que ayudarla.— Solicitó con urgencia señalando a la nave.

Fue cuando sentí una presencia a cercándose a mi espalda, giré únicamente mi rostro y todo dentro de mí se detuvo de repente, cada músculo de mi cuerpo se tensó y mi boca quedó por completo seca; ella era real. La chica con la que he soñado por más de diez años era real y estaba de pie frente a mí.

—¡Rey!...— Girtó de nuevo la Senadora. Ella debía estarla ayudando, por eso su insistencia en no abandonarla.

Ella de repente frenó sus pasos de pie ante mi con los ojos abiertos de par en par, su mirada estaba asombrada mientras lentamente baja su arma, venía dispuesta a atacarme hasta que me vio. Comenzaba a querer hacer conjeturas en mi cabeza cuando el sonido de un disparo me alertó que aún continuaba en una misión. La Chica se quedó de pie, el disparo la sorprendió directo en la espalda. La senadora en un segundo pasó de estar a mi lado a estar con la chica en el suelo, la tomó del brazo. Yo me aparté de su camino mientras la llevaba a su pequeño Speeder, tomé mi sable y lo encendí, las personas que tenían a la senadora atrapada se acercaban a toda velocidad, quedarme aquí les daría el tiempo necesario para que ellas pudiera escapar.

—Vamos...— Esa voz era nueva.

Sentía el peso de mi respiración cuando giré a observarla, su mano estaba extendida invitándome a subir. Me tomó un segundo decidirlo, apenas me subí al pequeño transporte este arrancó. Desviaba los disparos de los secuestradores con mi sable.

—Mi nave está por allá.— Le dije reconociendo el camino y señalando con mi mano. El speeder rápidamente cambió de dirección. Los disparos continuaban pero ya no nos alcanzaban, giré para tomar a la senadora y evitar que esta pudiera sufrir algún accidente, pero estaba rodeando fuertemente el cuerpo de la chica del desierto. De repente sentí como el speeder se elevaba sobre una de las duna y en su punto más alto perdió toda su potencia. Todo se movía demasiado lento, veía el rostro asustado de la chica mientras estiraba sus dedos hacia los controles, intentando aferrarse a su máquina y, así de extraño como suena, los mandos regresaron a su mano y el motor encendió de nuevo, lo suficiente para amortiguar la caída. Esta chica era sensible a la fuerza, no me cabían dudas.

Me levante y corrí directo a los mandos de la puerta.

La senadora se quedó a tras ayudando a la joven y trayéndola hasta mi nave. Cerré la puerta y corría directo a la cabina de mandos

—Rey, tu espalda...— Sólo escuché las palabras de la senadora.

¿Rey? ¿Rey? ¿Ese sería su nombre?

Mientras encendí la nave para salir de este planeta. ¿Qué es lo que acaba de pasar? Venía por la senadora y me encuentro con que la persona que he soñado por más de diez años es absolutamente real. No podía dejar esto así, Luke debía saber que era todo esto. Y, por lo que vi en ella, sé que yo no soy un desconocido en su vida ¿Será que ella también ha soñado conmigo?

—¡Ben!... —Escuché el grito de la senadora. Cuando salí del planeta preparé los cálculos para salir en velocidad luz. Apenas logramos escapar.

—¡Debes ayudarla! está inconsciente y...

—¿Donde está?

Caminé detrás de ella. La chica estaba desmayada en la entrada. Ahora que podía verla con calma traía lo que, supongo, debe ser el vestido de la senadora. Me acercó a ella y la tomó en mis brazos, es tan delgada que apenas siento que pueda pesar algo. Camino hasta la cabina donde inspecciono bien sus heridas. No era nada que un poco de descanso y medicina no pueda solucionar.

—¿Va a estar bien?...— Pregunto asustada.

—Si, va a estar bien.— Afirmé mientras caminaba a la puerta de salida.

La senadora suspiró aliviada mientras se dejaba caer a un costado de la chica. Por su actitud pareciera que ella son muy unidas. ¿Será que la conoce?

—¿Senadora?... ¿Quien es ella?.

—Ben... puedes llamarme Jessika, te lo he dicho.— Ahora hablaba con su acostumbrada diplomacia, dejando de lado la preocupación constante en la chica, debo suponer. —Y ella es Rey, me salvó... Me ayudó y ni siquiera me conocía.— Dijo murmurando el final, más para ella que para mí.

Era obvio que no iba a obtener respuestas claras de ella.

—Estaré en la cabina...— Necesitaba espacio, entre el enigma más grande de mi vida y yo.

—¡Ben!... ¿La conoces?— Preguntó suspicaz. Negué con la cabeza, no tenía caso explicarle algo que ni yo mismo podía entender. —La observas como si lo hicieras.— En ocasiones me molestaba admitir que mi madre adiestró bien a esta chica. —¿Tienes algo de ropa?— Cambio rápidamente de tema mientras tomaba uno de los pliegues de la ropa que cargaba. —Esto es de ella y quisiera devolverlo.

Dejé a la senadora tomar algo de la ropa que traje para mi mismo y abandoné la habitación. Quería pensar. Aclarar mis ideas. ¿Quien es esta chica y porqué estamos conectados?