Ningún personaje me pertenece, son propiedad de Lucasfilm.


Despierto abruptamente sacudiendo todo mi cuerpo. El ronronear del motor es lo primero que llega a mis sentidos. ¿Donde estaba? No recordaba nada de este lugar. Mis ojos se pasean por todos los rincones de la habitación donde me encuentro, mi ropa está doblada a los pies de la cama. Las imágenes y recuerdos comienzan a llegar a mi memoria. Rápidamente me pongo de pie y me despojo de las elegantes telas del rasgado vestido de Jessika.

La creciente sensación de presión en mi pecho comienza a extenderse a todo mi cuerpo cuando la imagen del misterio más grande de toda mi vida se materializaba. ¿Él era real? No un lejano invento de mi desgastaba mente.

Me deslizo por delgados y escasamente iluminados pasillos. Escucho voces femeninas en alguno de los compartimientos de la nave. Son un par de voces, reconozco la de Jessika que, en lejanos murmullos, asegura estar en excelente condiciones.

Mis pasos continúan avanzando, determinada a encontrarlo de nuevo, necesitaba verlo y confirmar si lo que estaba viviendo era real o un sueño más del que todavía no podía despertar.

La puerta del cuarto de controles estaba abierta, mi corazón palpitaba con mayor fuerza conforme más me acercaba, mis manos estaban completamente húmedas y mi boca seca, vaya contrariedad. De repente el peso de años y años viendo a este hombre comenzaron a hacer estragos. Los nervios se apoderaron completamente de mi cuerpo cuando me quedé de pie ante la puerta. Él estaba sentado frente a la consola, con los mismos risos en el cabello que he visto ya tantas veces antes. Él sabe que estoy aquí, lo noto en la tensión de sus hombros, en la forma vacilante en que gira para observarme.

No puedo dejar de verlo con los ojos bien abiertos y unas crecientes ganas de llorar.

—¿Quién eres?...— Cuestionamos los dos al mismo tiempo. Lo que provocó que todos los vellos de mi brazo se erizaran.

Él se puso de pie y dio al menos dos ligeros pasos al frente.

—Soy Ben... Ben Solo.

Sus ojos aún me escudriñaban, casi incrédulos.

—Rey...— Respondí en voz baja.— ...sólo Rey.

—Sólo Rey...—Repitió con solemnidad.— Por tu actitud voy a suponer que entendemos lo que está pasando.— Afirmó aún sin despegar sus ojos de mi rostro.

Para mi también era difícil dejar de verlo.

—No...—Le respondí en un ligero susurro. —Mi actitud es justamente por qué no entiendo que está pasando.

Crispó ligeramente su mirada y ladeó su rostro. Por todos los dioses, no puedo creer que esto sea real, no puedo creer de verdad que estoy ante el rostro de lo único constante que había tenido en todo mi vida.

—¿Me conoces, me has visto antes no es verdad?— Más que una pregunta sonaba como una afirmación. Casi como si estuviera leyendo dentro de mi cabeza. Sus palabras salieron de él atropelladas, llenas de demanda.

A pesar de todos mis años endureciendo mi carácter, justo ahora me sentía tan desprotegida, tan vulnerable. No podía responder a viva voz, solamente podía afirmar con mi cabeza lentamente.

—Yo te veo cada vez que cierro los ojos.— El vibrato temblorino de su voz me dejaba ver cuan asustado estaba. Casi tan asustado como yo. —Te veo cada noche al dormir desde hace más de diez años. Necesito saber quien eres.

"Ya tenemos algo en común" pienso al tratar de recordar quien era antes de Jakku.

El espacio que nos separaba comenzaba a hacerse más estrecho conforme él se acercaba a mí y me estudiaba con la mirada. La fascinación que veo en su rostro debe ser un reflejo de mis propias emociones.

—Por todas las estrellas...— Susurró. —Eres idéntica e...

—¿Ben?...— Repentinamente y, sorprendiéndome con las defensas bajas, Jessika apareció en la cabina. —Oh lo siento ¿Interrumpo algo?, ¿Se conocen?— Preguntó entrecerrando los ojos.

—No...— Se apresuró él a responder. —Te lo dije antes. ¿Qué quieres?— Dejó salir la pregunta sin absoluta educación.

—Tu madre me pidió que te llamara quiere hablar contigo.— Dijo pasando sus ojos entre Ben y yo.

—Puede esperar a verme, estamos por llegar a Coruscant.— Ahora Ben daba la espalda y se dejaba sentar en la consola de mando.

—¿Coruscant?— Pregunté cuando entendí lo lejos que estaba de Jakku.

No se supone que este lejos de Jakku.

—Si Rey. Mi hogar ¿Recuerdas?— Respondió animada la joven Senadora. Sin prestar atención al tono de mi pregunta.

—No pero... Yo debería estar en Jakku.— Le hice saber mis intenciones. Quizás puedan dar media vuelta y regresarme a donde pertenezco.

—¿Por qué?— Preguntó frunciendo el ceño y con cierto desdén.

—Es... mi hogar.— La respuesta salía de mi casi en automático. ¿No era obvio que yo no debería estar aquí? Era sólo yo quien lo entendía.

—Pues ya no más. Te vas a quedar conmigo.— Afirmó tomando mi brazo.

Mi corazón comenzó a latir con descontrol. No se supone que yo pueda salir de Jakku, yo debería estar ahí justo ahora.

—No... yo, no podría.— Dije en voz baja y más nerviosa de lo que me gustaría aceptar. —Debo volver.

—¿Por qué?.— Preguntó ahora Ben. Pero mucho más profundo, no tan escandalizado como Jessika. Su voz, así como su presencia, me llenó de calma, calma para pensar con claridad. Busqué consuelo en su mirada.

Jakku es un planeta espantoso. Cualquiera en mi lugar estaría feliz de salir de ese agujero. Pero algo me ataba a el, algo a lo que no podía darle forma.

—No lo sé...— Respondí con honestidad. Sabía que debía estar en Jakku, pero no sabía por qué.

—La dejaremos en Coruscant, Senadora.— Ben giró en dirección a Jessika. Y de inmediato pasó su mirada sobre mí. —Y luego nosotros nos iremos a...

—No, Ben...— Interrumpió de inmediato la chica. —Ella se va a quedar conmigo, va a recibir protección política.

La mirada de Ben se oscureció cuando sus ojos regresaron de nuevo con la senadora.

—Ella es sensible a la fuerza, vendrá a entrenar conmigo y mi maestro.— Dijo poniendo su mano sobre mi hombro. —Ahí termina su protección política, Senadora Pava.

—Ya veremos que dice su madre cuando lleguemos a Coruscant.— Ahora la senadora pasaba sus manos por debajo de mi brazo y jalaba discretamente hasta alejarme por completo de Ben.

Me habría encantado estar en la cabina cuando salimos de la velocidad luz, añoraba con ver la grandeza del planeta. No desmereció la pena cuando bajamos de la nave, Jessika o la Senadora Pava, aún no decidía como referirme a ella, jalaba de mi brazo para llevarme siempre a su lado. Me sentía como un preciado juguete, uno que los niños se niegan a soltar por temor a que se los arrebaten.

Pero a pesar de estar atada a la senadora, mi mirada no dejaba de moverse en dirección a Ben. En mi vida él era sinónimo de tranquilidad, de estabilidad. Y justo ahora, con todo este extraño miedo que está creciendo en mi pecho, estabilidad es lo que necesito. Me confortaba darme cuanto que sus ojos conectaban de inmediato conmigo cuando lo buscaba.

—Jessika...— Recitó una de las señoras que esperaban por ella.

Sin soltar mi mano Jessika se dejó envolver por el abrazo de la hermosa señora que lloraba al enterrar su rostro en su cuello.

—Estoy bien Leia, te lo dije en la llamada.— Murmuraba Jessika pasando su manos libre por la cabeza de la señora.

—Cariño, no compares un holograma con esto.— Recitó separándose ligeramente y pasando sus manos sobre las mejillas de Jessika. —Me preocupaba perderte.

Mientras Jessika se dejaba ir por los dulces palabras de, quien supongo debe ser, su madre. Intento soltarme de su agarre, no es que no aprecie todo lo bueno que quiere hacer por mí. Pero no me era cómodo estar aquí ahora. Pero en lugar de ceder y dejarme ir me tomó con mayor fuerza.

—Leia, quiero presentarte a la chica que me salvó. Rey...— Dijo solando mi mano y extendiéndola en dirección a ella. —La Senadora Organa.

—Un placer.— Le dije estirando mi mano disponible.

—No me alcanzan las palabras para agradecerte lo que hiciste por ella.— Sus palabras estaban acompañadas de un fuerte y caluroso apretón de manos.

—Quisiera darle protección política para que se quede aquí conmigo.— Comenzó a decir Jessika.

—Leia, eso va a ser imposible.— Ben se paró a mi lado en ese momento. Mi cuerpo instintivamente se relajó al sentirlo tan cerca de mí. —La chica viene por ser sensible a la fuerza. Debe entrenarse conmigo y Luke.

Notaba las dudas en la mirada de la senadora. Entre decidir a quien darle la razón.

—Yo le prometí ayudar a su planeta, la ayuda comienza con ella. Le di mi palabra. Y tú me enseñaste que cumplir con...

—Irrelevantes son los asuntos políticos en la orden Jedi.— Ben la interrumpió autoritario. —Tú y tu hermano lo decidieron. Nosotros apoyamos las buenas causas del senado, y ustedes no interfieren en la orden.

—¿Mi rescate es una buena causa del senado?— Preguntó Jessika con ironía.

—Cambiar el tema no te va a conceder la razón, Senadora.— Respondió tajante él sin despegar los ojos de la senadora Organa.

—Yo no voy a permitir que la joven salga a correr más riesgos en la galaxia.

—Eliges sobre ella, no es eso una imposición, algo contra lo que has luchado por años. No sería más justo que ella decida.

Mis ojos bailaban de un lado a otro. Alternando entre Ben y Jessika mientras ellos respondía y peleaban por mi custodia.

—Te doy la razón en algo Ben...—Dijo cuando sus ojos regresaron a mí. —Rey ¿Quieres quedarte conmigo y ayudar a tu gente o irte con él?

—Lo haces sonar tan equitativo...

—Basta los dos.— La senadora Organa por fin intervino para interrumpirlos. —La incomodan, vamos jovencita. Pasen al menos esta noche aquí, mañana llegará Luke y veremos si puede entrenarse.— Sus manos se levantaron a tiempo para silenciar los futuros alegatos de Jessika, quien se quedó con las palabras en la garganta. —Los asuntos Jedi están fuera de nuestra jurisprudencia, si la chica es sensible a la fuerza y apta para entrenar, si es su deseo, se irá con Luke y Ben.

Ahora las tersas manos de Leia tiraban de mi brazo, alejándome cada vez más de Ben y Jessika, quienes permanecieron afuera discutiendo.

—Ay el creador nos ampare. Esos dos nunca pudieron llevarse bien.

—Ambos me parecen muy buenas personas.— Afirmé con seguridad. Claro que si yo tuviera la oportunidad de elegir me quedaría con Ben. Su presencia, a pesar de ser extraña, considerando toda la historia que carga en sus hombros, me sigue transmitiendo calma.

—Y lo son, querida, pe...

—Senadora.— Gritó la voz de un hombre que interrumpió las palabras y los lentos pasos de la señora que me acompaña.

Su rostro se relajó al girar para ver al hombre que se acercaba dando grandes sacadas. Era un chico en realidad, no podría ser mayor que yo. El color de su piel era mucho más moreno que el mío. Claro que mi piel estaba quemada por el sol, la de él debía ser natural. Era un hermoso color caramelo.

—Senadora...— Repitió cuando nos dio alcance. —Hay un mensaje de su hermano. —Dijo al entregarle un pequeño dispositivo.

—Gracias.— Recitó al tomar el aparato en sus manos. —Finn ¿Serías tan amable de escoltar a esta jovencita a una de las habitaciones para huéspedes? Esto requiere de mi atención. —Se dirigió a mí en esa última frase y se alejó por el pasillo, no sin antes regalarme un fuerte abrazado seguido por un susurro de "Gracias".

El chico llamado Finn se quedó de pie observando a la senadora alejarse.

—Por aquí.— Habló repentinamente señalando el camino con su mano.

Lo seguí de cerca avanzando por los grandes pasillos del edificio.

—¿Tú fuiste quien encontró a la Senadora Pava?— Preguntó girando su rostro en mi dirección.

—Supongo que si...— Respondí sin mucha seguridad.

Analizando realmente la situación yo sólo ayudé a una chica perdida, cuando la vi no tenía la menor idea de quien podría ser, ella sola se presentó.

—Por favor, no pienses que soy un entrometido. Pero no pude evitar enterarme de todo, el caso de la senadora era prioridad en el senado.— El chico no dejaba de parlotear mientras avanzaba. Yo sólo podía mover la cabeza de forma afirmativa, no quería ser grosera. —Soy Finn... Por cierto.— Dijo finalmente deteniéndose ante una puerta.

—Rey...

—Bien, Rey. Si necesitas cualquier cosa, no dudes en pedirla.

La habitación donde Finn me dejó era lo más hermoso que había visto en toda mi vida. Tenía una enorme ventana que me dejaba ver lo inmensas que eran las construcciones en este plantea. No había un sólo rastro de vegetación o tierra, pareciera que vivía en el mismo cielo. Me dejé caer frente a la ventana a contemplar la puesta del sol, no era como en Jakku, para nada, le hacían falta colores al cielo, pero ver los reflejos naranjas en las ventanas de los edificios casi dibujaba arcoiris por todos lados.

Toda esta belleza por poco me hace olvidar todo lo que estaba sucediendo en mi vida justo ahora. ¿Donde estaba Ben? ¿Se supone que más personas saben lo que nos está pasando? o ¿Es un secreto? Yo no tenía a nadie especial a quien contarlo mientras estaba en Jakku. Su imagen en mi cabeza era sólo mía, no transferible con absolutamente nadie.

Cuando pasaba mis manos sobre la ventana descubrí otra razón para adorar este lugar, había una terraza. Caminé hasta llegar al borde y asomé mi cabeza hacia abajo. Vacío, eso era lo que había. Las luces poco a poco se degradaban hasta convertirse en negro y en el cielo había muy pocas estrellas. Arriba de mí había un techo que no llegaba más lejos del borde.

Suspiré al permitirme sentir la brisa del viento. ¿Era extraño pensar que incluso el aire se sentía diferente?

Conforme más tiempo estaba lejos de Jakku la sensación de desesperación por volver comenzaba a desaparecer. ¿A quien, en su sano juicio, se le va a ocurrir regresar a ese lugar teniendo la oportunidad de huir?

Estaba a punto de regresar de nuevo adentro cuando un suspiro extraño me detuvo.

—Maestro...— Reconocí la voz de Ben de inmediato. —Necesito su guía...— Por la forma en que hablaba notaba que no se dirigía a nadie en especial. Hablaba más para si mismo.

—¿Ben?...— Pregunté regresando al borde de la terraza y sacando mi rostro en busca del lugar donde él pudiera estar.

—¿Rey?— Respondió de regreso. Lo que me hizo identificar de donde provenía su voz.

Él estaba arriba de mí. En lo que pensé era el techo de la terraza.

Giré mi rostro para encontrarme con el suyo sobresaliendo del borde.

—¿Estás en una habitación de huéspedes?— Preguntó sin despegar sus ojos de los míos.

—Supongo que eso es...— Dije recordando las palabras de la senadora. —¿¡Qué haces!?— De repente me sobresalté al verlo colgar de la terraza y lanzarse directo al lugar donde yo estaba. —Pudiste caer.— Lo reprendía al notar el peligro ridículo en el que su puso, sólo por no utilizar las puertas.

—Tampoco es tan alto.— Asomaba su cabeza para confirmar el mismo la altura. —Además, necesito hablar contigo.

—¿Sobre qué?— La pregunta surgió más involuntaria que realmente pensada. Era evidente el tema de conversación entre nosotros.

—¿No es obvio?— Cuestionó arrugando la nariz. Yo sólo pude bajar la mirada.

—Es difícil saber por donde comenzar.— Le respondí después de unos segundos en silencio.

—Comienza por donde te sientas más cómoda.

—Tú, no se supone que hables...— Le dije de repente. Su presencia era ya sorprendente. Pero jamás lo había escuchado hablar en mis sueños. Una verdadera pena, pues es justamente su voz lo que más me ha cautivado hasta ahora.

—¿Ni una sola palabra?— Preguntó recargando su peso en la barandilla. Yo sólo apreté los labios para asentir ligeramente. —Si, yo tampoco te había escuchado hablar nunca.

Extrañamente me corazón se desbordó de mi pecho cuando Ben dejó escapar un profundo y fuerte suspiro.

—¿Por qué nos pasa esto?— Ansiaba respuesta y si todo esto era un cosa Jedi, él era la única persona que podría ayudarme a entender.

—Te soy muy sincero; No lo sé.— Bajó su mirada algo cansada. —Pero confío en que mi maestro lo sepa.

Ahora permanecía en silencio, justo como yo lo recuerdo. Sus ojos divagaban en el cielo, buscando respuestas.

—Yo soñaba contigo.— Una urgencia en mi pecho me hizo dar un paso en su dirección. Las palabras salieron de mi boca sin premeditar. —Cuando era niña; todos los días. Cuando crecí fue cada dos días y luego cada vez que los días se volvían especialmente difíciles; cuando me dormía con demasiada hambre o sed o había tormentas de arena. — Admití en voz baja junto a él. Jamás había dicho esto a viva voz. Pero se sentía tan único confesarlo ante la persona que jamás pensé en conocer.

—Yo... nunca he dejado de hacerlo. Desde la primera vez que te vi, en un sueño. Todos estos años has estado ahí.— Sus ojos continuaban estudiando cada detalle en mi rostro. Y mentiría si no confesara que hacía exactamente lo mismo. Sus lunares y la peculiar forma de sus ojos. Cada pequeño detalle quedaba registrado en mi memoria, temiendo que todo fuera falso, quería aferrarme a cada minúsculo atisbo de realidad. —Debería irme, dejarte descansar un poco.

—No... Por favor. Quédate.— Le pedí tomando su brazo. —Cuando té estás... cerca... todo se vuelva... más...— Bajé la mirada algo apenada. ¿De verdad estaba haciendo lo que creí que hacía? No soy del tipo de suplica, hasta ahora.

—¿Tranquilo?— Preguntó adivinando el final de mis tartamudeos y mi largo silencio.

Nos sentamos y recargamos en la pared de concreto al costado. No nos veíamos directamente, en cambio nos perdíamos en las luces de la ciudad o en las naves que pasaban cerca de nosotros.

—La madre de Jessika parece una buena mujer.— Hablé de repente tratando de regresar la conversación.

—¿Te refieres a la Senadora Organa?— Preguntó girando su rostro para verme asentir. —Ella no es su hija.

—Lo siento.— Murmuré. —Es qué ella parece quererla tanto.

—No es su hija biológica, claro.— Aclaró sonoramente su garganta antes de continuar. —Pero la ama como si lo fuera.

El cuerpo de Ben se relajó y permitió estirar sus largas piernas en el suelo. Yo permanecía con las rodillas flexionadas.

—Debe ser muy bello que alguien se preocupe tanto por ti.— Afirmé con honestidad, pues en mi vida había tenido lazos con nadie a parte de mi misma.

—Si... debe serlo.— Murmuró por lo bajo. —Dime Rey ¿Tú... creciste sola en el desierto?— Claramente notaba el cambio de tema en su voz.

Estoy apareciendo recientemente en su vida. Pero estaba consciente qué, así como yo, Ben tenía una vida antes de mí. Hemos sido una constante el uno con el otro, de forma ambigua, pero este cambio tan drástico en nuestra vida no borra el pasado. Y noto por la forma en que habla que intenta evitar algo.

—Si...— Respondo sin insistir en el tema de Jessika y la Senadora Organa. —Desde que me dejaron ahí no he tenido relaciones a largo plazo o...

—¿Te dejaron?— Preguntó interrumpiendo mis palabras.

—No estoy muy segura, el recuerdo en si es distante y algo borroso...— Admití intentando hacer algo de memoria. Ya casi no recuerdo nada del día que me abandonaron en Jakku.

—Yo podría.— Dijo girando por completo a mi posición. —Si tú me lo permites, ver en tu cabeza y buscar...

—¿Puedes hacer eso?— Sabía que los Jedi tenían ciertos trucos bajo la manga, pero eso suena increíble.

—Es difícil, pero sí... sólo si la otra persona está dispuesta a cooperar.

—Si te dejara hacerlo ¿Verías todo?— Pregunté apenada recordando peleas y otro sin fin de cosas vergonzosas que no estaba lista para compartir, ni siquiera con él.

—Tanto como tú me permitas... pero si presiono podría lastimarte.

—Quizá hay cosas que es mejor no saber...— Concluí algo asustada con esa afirmación. —¿Alguna vez te hicieron algo como eso? ¿Qué entraran a tu cabeza?

Ben entrecerró los ojos y bajó la mirada. Permaneciendo en absoluto silencio, justo así como lo recordaba de todos mis sueños. Pero su rostro comunicaba más de lo que podría decir en voz alta.

Y entonces algo inhóspito ocurrió; mis manos se colocaron rápidamente sobre las suyas. Sentía cómo una fuerte atracción me conectaba a él. Era extraño, no podía darle un nombre a lo que estaba sucediendo. ¿Urgencia, necesidad?

—Tal vez no soy un Jedi... Pero si yo estoy aquí, no voy a permitir que nadie te haga nada malo... otra vez.— Dije, de nuevo, sin pensar en mis palabras. Simplemente surgieron de mí.

—Ya lo has hecho...— Señaló él sujetando mis manos con más fuerza.