Ningún personaje me pertenece, son propiedad de Lucasfilm.


No había sido consciente de haberme quedado dormida hasta qué lentamente abrí los ojos, aún estaba sentada en la terraza, recargada en la pared ¿La diferencia? Ben estaba a mi lado durmiendo. Sentía el peso de su cabeza recostada sobre la mía. En la que podía adivinar; era la posición más incómoda en la que pudiera estar.

No le presté especial atención a la situación, por primera vez en mi vida estaba en un lugar donde realmente quería estar; El mismo donde la pequeña Rey que llegó a Jakku anhelaba ir; al lado del niño que siempre cuidaba de ella.

Si pudiera viajar unos días al pasado y decirme a mi misma que pronto estaría al lado de él, jamás lo habría creído. Ben era un sinónimo de paz y esperanza, y en un lugar como Jakku la paz y esperanzas sólo se viven en los sueños.

No quería ser grosera con Ben, pero no podía evitar el querer permanecer así para siempre. Sentía el calor emanando de su cuerpo, me gustaba sentirme protegida. Tomé una profunda respiración y me permití cerrar los ojos de nuevo. Esta vez era consciente de como permitía que el sueño se apoderara de mí. Sabía que ya no era necesario añorar soñar con él.

La siguiente vez que abrí los ojos fue a causa de un ruido y la voz de una mujer. Rápidamente giré mis ojos y cuerpo, ya no estaba en la terraza, ya no estaba con Ben. En cambio estaba sobre una cama demasiado mullida y con la Senadora Pava caminando en mi dirección.

—Disculpa. Te desperté.— Dijo sentándose al pie de la cama. —No fue mi intención. Quería llevarte a desayunar conmigo.

—¿Desayunar?— Pregunté al colgar los pies de la cama.

—Si, pero quizás quieras darte un ducha antes. Pensé que ya estarías lista ¿Te dormiste tarde?

Esta chica parlanchina difiere mucho de la joven que encontré escondida en la vieja nave de Jakku. No terminaba de formular una pregunta cuando comenzaba con otra.

Mi total atención se movió directo a la palabra "ducha". Este no era un desierto, el agua era permitida en excesos que mi mente quizás no era capaz de comprender aún.

—¿Ducha?...— Pregunté con luz en mis palabras, casi armoniosas.

—¿Vas a repetir todo lo que diga?— Preguntó bromista mientras ladeaba la cabeza. —Vamos te guío a la puerta.

El cuarto que alojaba la regadera era tan espacioso, casi del tamaño de mi propio hogar en Jakku.

—Agua helada, agua caliente...— Dijo señalando las perillas. —Te buscaré algo de ropa y la dejaré afuera. ¿Te veo en veinte minutos?... ¿Treinta?.

—Veinte está bien...— Murmuré.

Jessika salió disparada de la habitación. Me quedé de pie observando la regadera. Me desvestí sin especial ceremonia, me despoje de cualquier rastro de mi vida en Jakku.

Cuando las primeras gotas de agua fría tocaron mi piel me di cuenta que Veinte minutos no serían suficientes ¿Una vida sería un estimado de tiempo tolerable para alguien como yo? Esta era la mejor sensación que había vivido hasta ahora. El agua brotaba a chorros sin detenerse, pareciera que no tenía un fin. Que existía una inagotable cantidad de líquido surtiendo este presido lugar.

El aroma de los productos para el cuidado del cabello o la piel era adorable. No olían a nada que yo conociera, pero me producían una agradable picazón en el centro de mi abdomen ¿Así olerían las flores?

No quería salir de la ducha, me negaba a dejarla, pero sabía que Jessika me esperaba así que me envolví en una pequeña toalla y salí de la regadera.

Ella no estaba, para mi sorpresa, en el cuarto. Pero al pie de la cama dejó un par de zapatos y un vestido. No era igual al que utilizaba cuando la encontré, pero no me quedaban dudas que debía ser de ella.

La sensación de la tela era tan suave y delicada, incluso más que el mismo vestido que utilicé el día que la ayudé.

Apenas había terminado de abrochar el último botón cuando de nuevo ingresó a la habitación.

—¿Lista?... Rey luces hermosa. Podría ayudarte con tu cabello, si quisieras. Pero, primero desayunemos. Te va a encantar, pedí un poco de todo, tomaremos la comida con la senadora Organa y su hijo y...

Ella continuaba hablando, una palabra tras otra sin la posibilidad de una respuesta. Simplemente decidí ignorarla, pretender que la escucho, de cualquier forma no me permitía responder y si me lo permitiera ¿Que podría responder primero?.

Ella continuaba amarrada de mi brazo, guiándome amablemente hasta el comedor. A estas alturas me pregunto ¿Donde estará Ben? con todo el asunto de la regadera no me había permitido volver a pensar en él. Estudio los corredores y pasillos en busca de su sombra. Quizás Jessika lo esté espantando en su necedad por no dejarme ir con él. Siento pena por ella, pues cuando me den la opción de elegir entre uno de los dos, ella no sería mi primera elección.

Sus constantes y amontonadas palabras se detuvieron cuando entramos al comedor. La senadora Organa estaba aquí, Ben estaba a su lado, con una expresión extrañamente severa en su rostro, extraña para mi, por su puesto, yo estaba acostumbrada a verlo sonreír en mis constantes sueños. Esto era la vida real, no podía ser eternamente feliz.

—Buen día...— Murmuró la vieja senadora estirando sus manos en dirección a Jessika.

Depositó un cálido beso en su mejilla y de nuevo la sensación de que ellas debían ser familia me inundó. Y recordé las primeras palabras en Jessika "Comeremos con la senadora y su hijo" Pero sólo estábamos nosotros cuatro. ¿Ben era su hijo? Quise caminar en dirección de él, pero de nuevo las manos de Jessika me detuvieron.

—Siéntate a mi lado...— Pidió con ternura.

¿No podría negarme, verdad? Asentí y caminé a su lado hasta la mesa. estaban los platos servidos y la comida esparcida frente a nosotros. Lo único que hizo que dejara de ver la comida fue Ben, quien se sentó justo frente a mi.

—¿Descansaste?— Preguntó en mi dirección.

—Si...— Respondí apenada, recordando no haberlo despertado en la madrugada.

Él muy probablemente despertó a causa de la incomodidad y me llevó hasta la cama. Justo ahora pensaba en lo vergonzoso de la situación.

—No luce hermoso el vestido en ella ¿Leia?...— La mano de Jessika tomó mi mano, llamando mi atención y girando para ver el rostro de aprobación en la senadora. —Buscaré más vestidos para las asambleas y cenas, a las que por supuestos estás invitada. Podrías ir como embajadora y portavoz de los trabajadores en Jakku. Haremos grandes cosas po...

—Jessika... basta.— Murmuró la señora Organa, sonaba a un regaño, pero demasiado dulcificado.

Mis ojos viajaron directo a Ben, quien negaba discretamente con la cabeza mientras masticaba pequeños bocados de comida. Yo sentía la ferviente necesidad de retacar mi boca con ella, que no existiera una sola zona libre pero, no iba a perder la compostura. Mi estómago me exigía el alimento, pero me contuve tomando los utensilio e intentando evitar que la comida se cayera de ellos. Fue difícil y al primer bocado casi me rindo pues el nuevo sabor se extendió por toda mi boca y luego viajo por mi cuerpo encendiendo mis terminaciones nerviosas, no era salado e insípido como las porciones deshidratadas de Jakku, esto tenia sabores que ni siquiera pensé pudieran ser reales. Amargo, dulce, picante. Pasé por cada sensación en tan poco tiempo que casi me hace llorar.

Estaba degustando una gran cantidad de frutas cuando el sonido de la puerta llegó a mis oídos, naturalmente me estremecí ante el sonido repentino.

—Senadora...— Esa era la voz del joven de ayer, Finn. —...Un mensaje de su hermano.

—Gracias, Finn— Dijo estirando sus manos y tomando el holo que contenía el mensaje —¿Nos acompañas?— Preguntó con una sonrisa señalando la comida.

—Gracias, Senadora.— Dijo el chico sentándose al lado de Ben. —Buen día Senadora Pava, Maestro Jedi, ¿Rey?— Preguntó en mi dirección.

—Si.— Respondí en lo que apenas pudo ser un murmullo.

—Increíble... Luke dispone de su tiempo sin la menor consideración de los demás. Se fue directo a Ahch-To.— Dijo observando a Ben. —Te pide que te reúnas con él ahí.

—Nada me sorprende en mi maestro.— Respondió girando los ojos en blanco. —Nos vamos en dos horas.— Anunció en mi dirección.

Yo sólo pude asentir ante sus palabras.

—¡Ella no se va!— Puso Jessika su mano sobre la mesa.

—No comencemos esto de nuevo.— Ben se puso de pie, ignorando completamente las demandas de la senadora.

—Acordamos esperar a tu tío. No llegó, es una verdadera pena.

—Acordamos que mi maestro determinaría si ella puede entrenarse.— Respondió regresando la mirada en dirección a Jessika.

—¡Leia!— Alegó de nuevo ella girando en dirección a la Senadora Organa.

—Es decisión de Rey.— Concluyó haciendo que los ojos de todos en el comedor viajaran en mi dirección.

Unos repentinos nervios me inundaron el cuerpo, las manos me sudaban. Yo conocía la respuesta, mi elección estaba hecha desde ayer, yo iría con Ben. Pero un repentino sentimiento de culpa me golpeó en la nuca, mientras observada los ojos suplicantes de Jessika Pava, casi como en el momento en que la encontré en la vieja nave. ¿Si la dejo me convertiría en una traidora ante sus ojos? No quería desagradarle, ella que ha sido tan amable conmigo desde el momento que salimos de Jakku.

—Yo...— Murmure, pero no podía engañarme a mi misma, yo sabía bien con quien quería estar. —...quisiera ir con Ben.

—Bien...— Su voz sonaba molesta, pero no furiosa, y tampoco me observaba a mí, ella observaba a Ben. —...entonces yo iré con ustedes.

—¿Qué?— Preguntó él con desagrado.

—Se determinará si ella puede ser entrenada. De lo contrario volverá conmigo.— Dijo poniéndose de pie y de nuevo sujetando mi brazo y haciéndome levantar junto a ella. —¿Dos horas dijiste?, nos vemos en el hangar.

Se despidió con un movimiento de cabeza y, jalando de mi brazo, me hizo caminar a su lado. Sentía, por la forma larga y fuerte de sus zancadas, que estaba molesta. Pero, no se sentía que estuviera molesta conmigo, quizás molesta con la situación, una chica que probablemente estaba acostumbrada a ganar todas las discusiones.

—No lo entiendo, Rey.— Dijo por fin bajando la velocidad. —¿Porqué quieres ir con ellos?

—Es... difícil de explicar.— Respondí siendo sincera.

—Puedo entender.— Regresó su respuesta parándose delante de mi.

¿Cómo podía darle palabras a todo el cúmulo de sensaciones que había comenzado a experimentar en menos de algunas cuantas horas, ahondado a todo lo que había vivido en el desierto.

—Hay algo, dentro de mí— Comencé a explicarle mientras mis manos se posaban en mi pecho— Que siempre había estado dormido, y con tu aparición y la de Ben, de repente despertó. Sólo quiero entenderlo. Quiero saber quien soy.

—Pensarás que soy la persona más egoísta en la galaxia.— Respondió con un largo suspiro. —Pero quiero ayudarte, de verdad. Y es horrible que anhele el que no puedas ser entrenada, pero sólo porqué de verdad estoy agradecida con lo que hiciste. Quiero regresarte el favor.

Jessika preparó algunas cosas para el viaje, comida y suministros. Cambio su hermoso vestido por pantalón. Incluso hizo que lavaran mis prendas. Era extraño sentir mi propia ropa sin el constante picor.

—Jessika, cuídate, por favor.— La Senadora Organa esperaba de pie ante la nave de Ben. Sus ojos estaban llorosos mientras la despedía.

—Volveremos muy pronto, Leia.— Consolaba ella pasando sus manos por las mejillas de Leia.

—Ben, debes prometer que la escoltarás de regreso.— Las palabras y atención de la senadora se dirigieron a él, que aparecía de repente bajando de la nave.

Ben no respondió, sólo movió su cabeza afirmando.

—Rey, gracias por todo lo que hiciste por ella, espero verte muy pronto de nuevo.

—Gracias.— Respondí tomando su mano extendida en mi dirección.

Caminar por los pasillos de la nave me parecía subreal. ¿De verdad estaba aquí? ¿Lista para comenzar un entrenamiento Jedi? Jamás, ni siquiera en mis más descabelladas fantasías, habría imaginado una historia como esta.

Jessika inmediatamente caminó en dirección a la cabina, siguiendo de cerca los pasos de Ben. Yo me quedé atrás estudiando las piezas de la nave, los cables, las formas. ¿Cuando me daría de comer cualquieras de las piezas de esta nave en el puesto de Unkar?

Sentía el tirón del despegar de la nave, llegué a la cabina para ver como esta saltaba a gran velocidad. Un túnel de luz celeste inundaba la cabina. No había visto tal maravilla jamás en toda mi vida.

—¿Es hermoso, verdad?— Preguntó Jessika en mi dirección.

—Mucho...— Respondí distraída observando la ventana.

—De haber estado en otra vida, me habría encantado ser piloto.

Pasamos el resto del viaje conversando fuera de la cabina.

Ben no llamó antes de salir de la velocidad luz, llegamos a tiempo a la cabina para ver el planeta dibujarse frente a nosotros.

Nunca pensé que existiera un lugar como Ahch-To. Era un planeta entre azul y gris. Mientras nos acercábamos a la superficie y a pequeñas islas manchadas de verde. Mi corazón latía con fuerza en mi pecho. ¿Era posible un lugar tan hermoso en la misma realidad donde existe un lugar como Jakku?

La puerta de la nave se abre en una reducida pista de aterrizaje. La brisa fresca del exterior me hace vibrar en mi posición. Sentía pequeñas gotas de agua tocando mi piel.

Mis pies avanzaron sin pedir permiso antes, caminando hasta la orilla de la pista, debajo estaba un enorme océano que se extendía hasta el horizonte, sin nada más que agua para mostrar. El azul profundo del cielo bañaba el agua de su color, los soles se reflejaban en el agua y la hacían brillar de un forma que nunca pensé con ver. ¿Era esto lo más cerca que estaría jamás del paraíso?


Sabía que la presencia de la senadora sería una molestia total. Apenas se separa de Rey. Planeaba hablar a solas con ella antes de nuestro encuentro con Luke. Pero pareciera que sería imposible. Es una suerte que los exámenes para determinar si alguien será entrenado o no, son a puerta cerrada, es decir; una oportunidad para mantener a la senadora Pava lejos de nuestros asuntos.

Lo veía en los ojos de Rey, apenas llegamos a Ahch-To y sus ojos brillaron con una emoción indescriptible, era de esperarse para alguien que sólo conocía las dunas del desierto. Sus ágiles pies se precipitaron sobre la rampa de salida y corrió directo a la orilla del hangar. Su figura se veía tan pequeña comparada con el inmenso mar. Por primera vez pude verla solo a ella. Sin su constante sombra persiguiéndola. Era un suerte que Pava fuese tan educada con Luke, apenas fue consciente de su presencia y encendió su protocolo de Senadora.

—Maestro Jedi. Que guste verle.— Dijo estrechando la mano de Luke.

—Por favor, Jessika. Te conozco desde que eras una niña. Dime Luke.

Sonrió amablemente en dirección a mi maestro. ¿Es que ella era sólo altanera conmigo?

—Maestro...— Salude inclinando ligeramente la cabeza. Luke continuaba sonriendo en dirección a ella.

—Ben, sabía que encontrarías a la senadora, no era necesario traerla hasta acá para comprobarlo.— Bromeó pasando su mirada de ella a mi. Para finalizar fijando su atención en Rey.

—Ella regresará mañana a Coruscant.— Dije señalando a la Senadora Pava.

—¿Quien es su amiga?— Preguntó señalando a Rey. Quien continuaba distante observando la magnitud del océano.

—Ella fue quien me salvó, Luke.— Comenzó Jessika tomando inmediatamente la palabra. —La chica es de Jakku, ell..

—Es sensible a la fuerza.— Agregué interrumpiendo las habladurías de Jessika, antes de que comenzara con sus cosas de la protección política. —...la traje pa...

—¿De Jakku?— Preguntó interrumpiéndome. —¿Cómo se llama?— Insistió. Su rostro había cambiado por completo. Sus palabras estaban cargas de una urgencia demandante. De no conocerlo bien habría adivinado que algo le asustaba en ella.

—Rey...— Respondió Jessika, volteando a ver en dirección a ella.

—¿Rey? ¿Seguro?— De nuevo la urgencia se hacía presente en su voz.

Algo no estaba bien con todo lo que estaba sucediendo.

—Puedo pregunta...— Jessika intento hablar. Su voz sonaba cautelosa.

—¡No!— Exclamó con severidad, su ceño ahora estaba fruncido y veía el enojo creciendo en su rostro. —Llévatela de aquí. Regrésala a Jakku.

—Ella no va a regresar a la miserable vida que llevaba en ese planeta olvidado. —La senadora intervino por ella incluso antes que yo. Aún me era difícil contradecir a mi maestro a viva voz. —Fue abandonada cuando era una niña, no volverá a...

—Si, ¿Y no pensaste que eso era por alguna razón?— La siseante voz de Luke me recordaba al sonido de la serpientes.

—De que habla, maestro.— Exigí saber.

—Yo la dejé ahí. Esa chica es maldad pura. Sácala de aquí.

Era imposible, las palabras de Luke eran una imposición y absolutas mentiras. ¿Cómo sería ella maldad pura? si arriesgó su propia vida para salvar a Jessika Pava. Además la fuerza me ha estado conectando con ella desde el momento que las voces se hicieron presentes, ella no era maldad, ella era todo lo contrario a la maldad; era luz, esperanza.

—Lamento deferir, maestro Jedi.— De nuevo Pava era quien intervenía directamente por Rey.

—Son asuntos de la orden, que no corresponden al senado.— Luke levanto su mano en dirección a la senadora para hacerla silenciar.

—Le corresponden si la chica tiene protección política.— Dije sin pensarlo dos veces y observando a Jessika. Cediendo en una suplicante mirada.

—No tomes ese camino, Ben.— Dijo mi maestro murmurando en mi dirección.

—Ella lo tiene, por mi solicitud expresa. Rey no regresará a Jakku.— Agregó Jessika poniendo un punto final a la discusión.

—Protección o no protección la chica no se queda en esta isla.— Dijo apuntando de nuevo en dirección a Rey.

Permanecimos en silencio. Interpretaba el silencio de Jessika, su victoria personal emanaba por sus poros, pero entre su vanagloria sentía una sincera preocupación por Rey.

—Hablaré contigo una vez que ella esté en esa nave rumbo a cualquier lugar.— Agregó Luke en mi dirección.

Separarme de Rey, justo ahora cuando por fin la había encontrado. Volver de nuevo a las pesadillas.

—Suban a la nave. Y espérame.— Le pedí a Jessika, bajando la vista.

Ella asintió, no planeaba alardear con la situación, entendía a la perfección que estábamos pisando terreno delicado con este tema.

—¿Rey?...— La lejana voz de ella respondiendo al llamado de Jessika quebró mi espíritu. No iba a alejarme de ella. Así le pareciera o no a mi maestro.

—Hablemos.— Exigí observando directo a sus cada vez más asustados ojos.