Capitulo 2
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Recordar sus besos, sus manos grandes, su olor, volvía a enloquecerme en cuestión de segundos.
Era casi inconcebible...
Ese día, al llegar a casa, y ver mi reflejo en el espejo, caí en cuenta de lo real que había sido, el labial rojo, esparcido vergonzosamente por mis labios y mejillas, incluso sobre mi cuello y pechos, teniendo la seguridad, que Malfoy y sus besos habían arrastrado mi maquillaje hasta esos lugares.
Me sostuve el rostro, llevando mi cabello hacia atrás algo desesperada, tomé una liga y amarré mis cabellos, tratando de quitarlo de mi rostro.
Pero, aunque intentara pensar, en lo erróneo de nuestros actos, estos no se sentían así.
Al día siguiente, había recibido una carta de Narcissa Malfoy, pidiéndome que el sábado por la tarde, para ser más precisos, el día después que llegó la invitación, fuera a tomar el té con ella, ya que el día del baile, no habíamos tenido la oportunidad de conocernos bien.
Me vi desesperada, un té con Narcissa Malfoy, era todo lo que necesitaba para enloquecer totalmente.
Tenía el terror que Malfoy fuera a estar ahí con nosotras, de pensarlo la sangre se me congelaba...
¿Mi coraje Gryffindor? Lo tiré por el retrete, después de casi venirme sobre él, y con la ropa aun puesta.
Podía decir que no, ¿verdad?
Pero definitivamente, no era lo que quería o tal vez la curiosidad era mayor que cualquier vergüenza que pudiera sentir en aquellos momentos.
Definitivamente sería una tarde muy prometedora, Narcissa hablándome de su hermoso y extenso jardín, mientras yo pensaba que me gustaría sentarme desnuda, sobre el regazo de su queridísimo hijo único.
Así que fui al único lugar donde realmente podrían darme algunos consejos...
El Atelier de Pansy.
— Me estás diciendo, que Narcissa Malfoy te mandó una carta personalmente, para invitarte a tomar el té? — Preguntó Pansy, asombrada — Mi madre espera hace años, una invitación por parte de Narcissa, siempre son muy formales y solo a eventos grandes, y a ti te invita, como un amigo que llama a otro a tomar unos tragos...
— Es muy absurdo? — Pregunté, algo temerosa.
— Si lo pienso bien, para nada en realidad, solo es... curioso — Dijo algo extrañada — ¿Draco sabe, que iras a su casa mañana por la tarde? — Preguntó con el ceño fruncido, como si aun estuviera algo confundida.
— No lo sé — Dije con suavidad, al parecer Pansy no sabía nada de lo que había pasado el día anterior, así que decidí mantenerme callada.
— Bueno y viniste aquí porque...? — Preguntó con una ceja en alto.
— La verdad... no tengo idea de que va todo esto, ni que ponerme, ni cómo comportarme... — Dije algo apenada.
— Desde cuando te preocupas por impresionar a alguien? — Preguntó burlesca, sin darle mucha importancia al asunto, hasta que momentáneamente, se puso seria... muy seria... — Tú... — Susurró.
— No te precipites! — Dije algo alterada, poniéndome de pie.
— Te gusta... — Dijo con suavidad, sin esconder su asombro — ¿Como carajos no lo vi antes? — Dijo levantándose ella también — Te gusta Draco! — Aseguró, al ver mi rostro sonrojado.
Me apoyé contra uno de los muebles de Pansy, con los brazos cruzados.
Pansy aún me miraba con la boca abierta, esperando una respuesta de mi parte, si confirmaba sus no tan sospechas, seria a la primera persona a la que estaría admitiendo esta absurda obsesión por Draco Malfoy.
Decirlo en voz alta...
Admitírmelo a mí misma, algo que venía guardando casi 4 años.
— Yo solo... me parece atractivo, y no que el físico realmente sea algo que me importe, es solo que él... es diferente, es distinto a todo lo que alguna vez creí, tiene un humor negro, que realmente me causa gracia, una arrogancia que a veces me dan ganas de golpearlo, pero otras... — Tragué seco.
— Carajo... — Susurró Pansy, algo pasmada y algo emocionada — Desde cuándo?
— Cuando... — Repetí — hace casi 4 años, desde que comenzó a ir a nuestras reuniones de jueves y el cómo y por qué... pues no lo sé, comencé a verlo como un hombre atractivo, que definitivamente no pasaba desapercibido, luego me dio curiosidad, por saber en qué tipo de hombre se había convertido Draco Malfoy, y me gustó bastante, me pareció un hombre interesante y amable, algo que nunca había visto en él, al menos no antes, en épocas de Hogwarts, sus nuevos ideales, sus ideas, sus intereses, todo en él me llamaba como una puta mosca a la luz... me obsesioné con él — Admití con una risa nerviosa — Lo tengo presente a cada minuto de mi vida, no logro salir con otros, porque ni uno está a la altura, ni siquiera para un buen tema de charla, entonces lo vuelvo a ver los jueves, escucharlo discutir y defender sus ideas...
— Maldición, estás enamorada de Draco — Dictó, sin siquiera volver a pensarlo dos veces.
— Mira Pans, sé que eres una amiga muy cercana de Malfoy, pero realmente me gustaría que esto quedara entre nosotras — Dije, sintiéndome momentáneamente nerviosa, como si hubiera escogido mal con quien abrir la puta boca.
— No diré una sola palabra — Dijo, masajeándose la frente, como si algo le incomodara — Pero realmente pienso, que debes hablar con Draco.
— No me creo capaz — Dije negando con la cabeza.
— Insisto — Dijo con seriedad, mirándome fijamente — Mira, solo prométeme que lo intentarás...
Yo solamente asentí con la cabeza, realmente esperando que Pansy dejara ese tema, no porque realmente fuera a intentar comunicarle mis sentimientos a Malfoy. La simple idea me hacía crispar los nervios...
— Bien — Dijo en un suspiro — Tengo algo ideal para ti...
Al día siguiente, me miré al espejo hasta diez veces, antes de realmente decidir que me veía decente, por primera vez, me sentía cómoda con la elección de Pansy, era un vestido sencillo, de broderie, que se ajustaba en la cintura y en los pechos y caía hasta media pantorrilla, un par de sandalias con tacos bajos, mi cabello estaba recogido en un moño, con algunos rizos algo sueltos y los labios de un tono pastel.
— Hermione — Dijo la bruja con visible emoción al verme salir por su chimenea — No sabes cómo me alegré cuando decidiste aceptar mi invitación, perdona que haya sido tan informal y tan encima de tiempo — Dijo tomando uno de mis brazos, entrelazándolos, como si estuviera dispuesta a darme un paseo por la casa.
— Fue una sorpresa, definitivamente — Dije con una media sonrisa.
— Espero que la mansión no te traiga malos recuerdos, de todas formas, la hemos remodelado totalmente — Dijo algo temerosa.
— Para nada — Dije con seguridad — Sé de qué estoy hecha, Narcissa, la marca en mi brazo solo me recuerda lo fuerte que soy, que nuestro lado ganó y que lo volvería a hacer, sin pensarlo dos veces.
Narcissa, contra todo pronóstico, sonrió, aunque por un segundo había pensado que podría sentirse ofendida con palabras tan severas.
— Es lo que Draco siempre dice, al comienzo, debo admitir que ver la marca en su brazo, me causaba algo de escalofríos... — Dijo con suavidad — A veces cuando recuerdo esos años, aun me estremezco... Draco siempre dice, que su marca le recuerda que no es un cobarde, porque fue un sacrificio, que hizo por mi bien estar — Dijo con algo de pesar — Ven... Winky nos preparó una hermosa mesa frente al jardín trasero.
Nos sentamos, en la perfecta mesa que Narcissa había arreglado para nosotras, y justo a mi costado apareció una pequeña elfina, vestida con un hermoso vestido color rosa.
— Winky, ella es la Señorita Hermione, una amiga mía y amiga de Draco — Dijo Narcissa, entrelazando los dedos.
— Oh si, Winky recuerda a la Señorita Hermione! — Dijo con emoción — Winky solía trabajar en las cocinas de Hogwarts.
— Eso es cierto? — Chillé asombrada — Y como terminaste aquí, Winky? — Pregunté con curiosidad, pero la suave risa de Narcissa llamó mi atención.
— Es una larga historia, pero seguro Draco querrá contártela personalmente, después de todo, fuiste tu quien inspiró a Draco con todo esto de los elfos domésticos — Dijo con naturalidad — Debo admitir que al principio lo hallé absurdo, incluso los propios elfos lo hallaron un absurdo, fue un mes completo, donde los elfos huían de él — Dijo con una leve risa — Jurando que Draco quería regalarles ropa y desterrarlos, definitivamente, fue un reto que Draco quiso afrontar — Dijo dando de hombro — Y yo, bueno, lo que haga feliz a Draco, me hace feliz a mi — Terminó por decir con una intensa mirada, haciéndome sonrojar levemente.
— Seguro que si — Susurré, algo incomoda.
— Y dime Hermione, como es tu trabajo en el ministerio? — Preguntó, mientras Winky nos servía el té.
— Es... gratificante — Dije después de pensarlo un poco, haciendo a Narcissa reír.
— Ser su mano derecha del ministro debe tener sus ventajas — Observó, llevando la taza de té a sus labios, de forma muy elegante.
— Definitivamente — Admití — Solamente trato de no aprovecharme de ello, seria éticamente incorrecto — Y su mirada pareció brillar.
— Draco siempre dice que eres una persona extremadamente correcta — Dijo con simpleza, haciéndome pensar, que tanto Malfoy hablaba de mi — Es por eso que te apoyaré cuando sea tu momento — Dijo con una media sonrisa.
— Ministra de Magia? — Pregunté incrédula — Yo?
— Es visible que Kingsley te está preparando, dudo mucho que la cantidad de oficio que te da, es simplemente para librarse del trabajo o porque sea un holgazán, definitivamente quiere prepararte bien, después de todo, nunca fue su intención quedarse mucho tiempo en ese puesto. — Dijo, llevando la taza de té nuevamente a sus labios, y luego de unos segundos volvió a hablar — Eres famosa, Hermione, pero sigues siendo una hija de muggles, pero créeme cuando te digo, que tienes el total apoyo de la familia Malfoy y espero que, al tener nuestro apoyo, otras familias de sangre pura, sigan nuestro ejemplo.
— Creo que aún falta algún tiempo para que eso ocurra — Dije con una pequeña sonrisa — Y agradezco su apoyo, pero ¿Su esposo estará de acuerdo? — Pregunté con ojo crítico, viendo Narcissa tensarse con mi pregunta.
No era mi intención insultar a la bruja, que me recibía en su casa con tanta amabilidad, pero los años, aun mas, siendo una hija de muggles, me había enseñado a la fuerza, que no podía confiar en el primero que viniera con lindas palabras.
— Luego que Lucius fuera encerrado en Azkaban, hace ya 10 años — Dijo con tranquilidad, como hablara clima — Nos costó muchísimo adaptarnos, Draco tuvo que comenzar de cero, tocar puertas donde nadie lo quería, pero las cosas se fueron dando naturalmente... — Dijo mientras miraba fijamente la sortija en su dedo, con una hermosa piedra de esmeralda.
— Es una hermosa joya — Dije arriesgándome a tomarle una de sus manos, y ella sonrió como si volviera a la realidad y saliera del pasillo de recuerdos.
— Lucius me la regaló cuando nos comprometimos, no estoy feliz con su final, pero debo decirte que no me sorprendió para nada, si bien Lucius no fue un mago honorable, fue un buen padre y un esposo amoroso — Dijo con una pequeña sonrisa apenada — Lo único que puedo decirte, es que Lucius no es más la cabeza de esta familia, Draco lo es, y aunque ame a mi esposo, él perdió, hace mucho tiempo, el derecho de opinar sobre las decisiones que tomamos en esta casa.
— No necesita responder por sus errores — Dije con suavidad — Ni Draco debería hacerlo...
— Ahora él lo sabe, pero hubo una época que... simplemente llevaba mucha culpa sobre los hombros — Dijo apretando levemente una de mis manos, la misma que se había atrevido a tocarla — Me alegra que hayas aceptado venir Hermione, Draco siempre puso excusas, tal vez pensó que te negarías.
— Madre... — Escuché desde el interior de la casa, haciéndome temblar levemente, pero un temblor, que definitivamente no pasó desapercibido para Narcissa, quien observó nuestras manos aun unidas y sonrió con complicidad.
Draco apareció, y por una milésima de segundos, dejó que su quijada cayera, observó nuestras manos unidas, miró hacia atrás, por el camino de dónde venía y nuevamente hacia adelante, con el ceño fruncido, como si estuviera viendo las posibilidades, de haber entrado a una dimensión paralela tal vez.
— Draco, saluda a mi invitada, y por favor, tus modales — Dijo levemente molesta, negando con la cabeza.
— Amo Draco! — Chilló Winky — Desea Té? — Preguntó apareciendo a su lado, él aún se encontraba de pie, totalmente descolocado.
— Whisky de fuego, más apropiado — Susurró, con la vista aun en nuestras manos, para luego darle una intensa mirada a su madre, como un padre que desea regañar a su hija solamente con la mirada.
Narcissa era caso aparte, no tenía intenciones de soltar mi mano, como si ver a su hijo tartamudear fuera hilarante.
— Granger — Saludó Malfoy, extendiendo su mano, solo ahí, Narcissa dejó mi mano ir, y pasó de la mano de Narcissa, a la mano de Malfoy, viendo como este último dejaba un suave beso sobre mis nudillos.
— Malfoy — Susurré, viendo como sus labios se posaron más de un segundo sobre mi mano.
— Que alegría verte un sábado por la tarde aquí — Dijo Narcissa con entusiasmo — Generalmente estas con tus amigos... los de Slytherin — Dijo mirándome, como si fuera una referencia para mí, ya que ahora no solo tenía amigos de esa casa en especial — ¿Hoy no se reunieron? — Preguntó interesada.
Malfoy parecía estar tomándose unos momentos para responder, aunque Narcissa tuviera en el rostro una mirada perspicaz. Tomó asiento en una de las sillas, sin dejar de observarme, y con un plop, Winky hizo aparecer un vaso de whisky en su delante.
— Gracias Winky — Dijo Malfoy con una pequeña sonrisa.
— ¿Algo más, amo Draco? — Preguntó la elfina, con ojos muy brillantes, esperando ser útil.
— Porque no le traes a Granger, una de esas estupendas trufas, ya sabes, de las mismas que hacían en Hogwarts — Dijo para observarme fijamente.
Haciéndome temblar de pies a cabeza...
Amaba las trufas que preparaban en Hogwarts.
— ¡Ya mismo, amo Draco! — Dijo para desaparecer en un plop.
Draco seguía observándome fijamente, cuando separó los labios para responder la pregunta que su madre le había hecho anteriormente.
— Volviendo al tema, madre, si, nos reunimos — Dijo para observarla, tomó su mano y la besó con suavidad.
— Nunca llegas un sábado antes de las 8 — Dijo algo confundida, él le sonrió levemente e hizo un movimiento con los hombros, restándole importancia, pero entonces el pareció pensar mejor, y me miró nuevamente.
— En realidad, Pansy creyó, que aquí en casa estaría mejor acompañado — Dijo con una media sonrisa, haciéndome sonrojar.
— Definitivamente no se equivocó! — Dijo con euforia — Olvidé decirte que Hermione estaría aquí hoy, pero como sé que odias salirte de tus rutinas, no lo creí necesario, pero ya que estas aquí — Dijo con una gran sonrisa — Sé un buen muchacho y lleva a Hermione a conocer el orquidiario, estoy segura que te encantará querida — Dijo Narcissa, diría yo, casi aplaudiendo.
— Yo, creo que... — Tartamudeé.
— Creo que Granger prefiere esperar las trufas — Dijo con diversión, con algo de burla en la voz.
Malfoy llevó su vaso de whisky a los labios, intentando sin éxitos, esconder el amago de sonrisa que amenazaba en aparecer.
Le dediqué una falsa sonrisa y si fuera posible, también le habría mostrado un bonito dedo del medio. Me levanté de mi asiento, aplanando mi falda, de fingidas arrugas que esta pudo tener.
— Después de ti, Draco — Dije con una engañosa dulzura, haciéndolo sonreír con diversión, mientras se levantaba de su asiento.
— Madre, dile a Winky que volveremos por las trufas — Dijo con una media sonrisa, para posar una de sus manos en mi espalda, con una pose aristocrática, guiando el camino.
— ¡Le diré que las sirva en el salón, diviértanse niños! — Dijo con cierta alegría que comenzaba a crisparme los nervios.
Una vez estuvimos lo suficientemente lejos y fuera de la vista de Narcissa Malfoy, Draco tomó mi brazo, dándome la vuelta, para poder encararme, dejando atrás aquella actuación de hombre educado y caballero.
— Que crees que haces aquí, Granger? — Preguntó con los ojos entrecerrados, agachándose solo un poco, para que sus ojos estuvieran a la altura de los míos, como si un adulto hablara con una niña traviesa.
— Tomando él té? — Respondí con otra pregunta, haciéndolo sonreír levemente.
— No te gusta el té, tomas café — Dijo con seguridad.
— Es algo aterrador que conozcas mis gustos, Malfoy — Dije con el ceño fruncido — Que sepas que prefiero el café, en vez del té y que las trufas en Hogwarts eran mis favoritas, es muy espeluznante — Dije liberándome de su agarre de un tirón, el parecía más que divertido — Narcissa sabe? ¿Que solo finges ser un caballero en su delante? — Pregunté burlesca, él alzó una ceja, entre asombrado y divertido.
— Narcissa? — Enfatizó, el hecho de haber tuteado a su madre, yo simplemente le dediqué una falsa sonrisa — Y las trufas, eran las favoritas de todos — Respondió con simpleza, metiendo sus manos en los bolsillos en una pose arrogante — Ahora, mueve los pies, Hermione — Dijo con dulzura — Que estoy seguro que Narcissa te va preguntar si viste su extensa variedad de Orquídeas.
El lugar era imponente y hermoso, con grandes ventanales, dejando entrar todo tipo de luz.
— Este lugar debe ser increíble por las noches — Dije dando vueltas, observando el imponente lugar.
— Cuando lo mandaron a Lucius a Azkaban, mandé construir este lugar, Narcissa le dedicó muchas horas de su vida en el transcurso de estos 10 años, fue como una terapia — Finalizó.
— Como está? — Pregunté, más por educación que por querer realmente saber de su estadía del mayor de los Malfoy.
— Solo sé lo que Narcissa me cuenta, solo se permite una visita cada tres meses, y mi madre realmente lo ama, y yo también prefiero que sea ella quien lo vea — Dijo restándole importancia — Aunque supongo que tendré que verlo en algún momento, pero se encuentra bien, dentro de lo posible.
Yo simplemente asentí, dando por terminada aquel asunto poco placentero.
— Que me dices de Winky? — Pregunté, la curiosidad estaba matándome.
— Veo que mi madre habló más de lo necesario — Dijo con una media sonrisa, negando levemente con la cabeza — Debes saber, que Narcissa me hace ver como alguien increíble, imagínatela como alguien que se dedica a vender cosas y el producto vendría a ser yo, Narcissa vende una imagen mía, que no siempre es cierta. — Dijo con seriedad.
— Madres — Dije con una pequeña sonrisa, como si eso lo explicara todo — Aun quiero saber la historia de Winky...
— Por supuesto que sí, tu curiosidad te procede — Dijo con diversión — Verás, cuando Winky vino a vivir con nosotros, en realidad ella ya era una Elfina libre, supongo que mi madre te comentó que Winky trabajó en Hogwarts... — Dijo caminando lentamente, mientras yo lo seguías de cerca — Antes de trabajar en Hogwarts, en realidad ella trabajaba para los Crouch, tanto ella, como toda su familia antes que ella — Dijo deteniéndose un momento — Winky fue liberada, después de no seguir las órdenes de su amo — Dijo para mirarme fijamente — Debes entender, que, para la mayoría de los Elfos, el ser liberado, es sinónimo de vergüenza, literalmente aman servir — Dijo mirándome cuidadosamente, yo simplemente asentí.
— Leí tu libro, Malfoy, ahora entiendo muchas cosas que antes no entendía — Dije restándole importancia.
— En fin, Winky se deprimió y sé que va sonar extraño, pero, se volvió adicta a la cerveza de mantequilla — Dijo y yo simplemente reí, deteniéndome luego de golpe.
— Oh, es en serio — Dije carraspeando incomoda.
— Muy en serio — Respondió divertido — Terminó trabajando en las cocinas de Hogwarts, pero Winky siempre quiso volver a trabajar para una familia, si bien en Hogwarts tenía todo, quería volver a un ambiente familiar, así que, la contraté con paga doble — Dijo con una pequeña sonrisa apenada.
Lo miré por un par de segundos, antes de realmente buscar las palabras en mi cabeza, y es que realmente no tenía nada para decir, sentía que el corazón me podría explotar en cualquier segundo, de pensar que al fin alguien entendía mi punto de vista.
— Ustedes la visten? — Pregunté, recordando el vestido color rosa.
— Es más vanidosa que mi madre y Pansy juntas, todo su sueldo se lo gasta en vestidos — Dijo negando con la cabeza — Te aseguro que tiene más vestido que tú, y en todos los colores que te puedas imaginar.
Aquello me hizo reír con ganas, una Elfina que le gustaba usar ropas finas y de alta costura...
Genial, hasta ella entendía mejor que yo...
Cuando dejé de reír, vi que Malfoy me miraba con cierta intensidad, me miraba como si fuera la primera vez que lo hiciera, como si acabara de ver algo maravilloso...
— Perdóname — Dijo, a secas, sin dejar de observarme.
Y aunque el no volvió a abrir la boca, ambos sabíamos a que se refería.
— Ya no pienso en ello — Mentí descaradamente.
— Era un chico idiota, con ideas aún más idiotas — Dijo con suavidad — Pero hay algo que no logro perdonármelo, Hermione — Dijo, mientras con dedos suaves, como si fuera una caricia, buscó en mi antebrazo, aquella cicatriz...
Sus dedos llegaron a rozar la piel blanquecina, sintiendo los relieves con la yema de los dedos, levantó mi antebrazo, para que pudiera verlo, y con el pulgar, acarició, una y otra vez, como si pudiera borrarlo con el delicado tacto.
— Draco... — Llamé y el simplemente levantó la vista, encontrándose algo pálido y mortalmente serio — No es tu culpa — Susurré — Siempre supe dónde estaba metiendo las narices, y sabía que podría suceder tarde o temprano, y aunque no lo creas, no me arrepiento de nada, y es un orgullo para mi — Dije para levantar el brazo a la altura de su vista — Llevar esto, si Bellatrix pensó que, al hacerlo, me estaba humillando, se equivocó terriblemente, estoy orgullosa de quien soy y aunque pudiera, no lo cambiaría por nada.
— Solo quería que lo supieras, cuanto lo siento.
— No tengo nada que perdonarte, Draco — Dije incrédula — Pero si te hace sentir mejor, si Draco, te perdono, perdono todos los apodos, perdono tu carácter insoportable, perdono tu pomposidad — Dije haciéndolo sonreír, sonriendo yo también.
El asintió.
— Hora de volver, en serio deseo las trufas de Winky — Dije para dar media vuelta, dispuesta a volver a la mansión.
Podía ver a través de los cristales, el día medianamente soleado, se habían transformados en nubes grises, como si se fuera a desatar el cielo.
Me di media vuelta, para pedirle a Draco que nos apuráramos, porque nos iba a caer el cielo encima.
Pero Draco estaba de pie, sin moverse, solamente observándome. Tenía aquella pose, que tanto me encantaba, algo arrogante, con las manos metidas en los bolsillos, como si todo le importara una reverenda mierda, pero su mirada...
Su mirada estaba lejos de ser arrogante, era intensa y al mismo tiempo, algo desesperada, como si estuviera conteniendo el mundo entero...
— En serio vamos a hacer de cuenta, que nada pasó? — Preguntó con seriedad, aparentando una tranquilidad, que sus propios ojos traicionaban su conducta.
Me sentí tambalear por un segundo, como si hubiera sido un golpe certero, definitivamente no esperaba que abordara ese tema, al menos no tan rápido.
Por un momento, comencé a hiperventilar, algo nerviosa y ansiosa, por Morgana...
Somos Draco Malfoy y Hermione Granger, y él quiere hablarme de como dejé las bragas húmedas por sus roces.
— Dime Draco, ¿cómo podría eso encajar en tu perfecta vida de sangre pura? — Susurré, viéndolo fruncir el ceño molesto acercándose a grandes zancadas.
— Mi vida está lejos de ser perfecta — Siseó con molestia.
— Entonces dime — Exigí — Dime Draco, ¿cómo encaja eso en tu vida? — Pregunté con molestia, el pareció suavizarse un poco y me miró con desconfianza.
— Crees, ¿Que aún le doy importancia al estado de la sangre? — Preguntó con severidad y con el ceño mortalmente fruncido.
— Como demonios podría saberlo, es la primera vez que cruzo más que dos palabras contigo — Dije, intentando tranquilizarme.
— Y el hecho de que casi te jodí en la sala de mi mejor amigo, que da la casualidad, que es otro sangre pura, no te dice nada? — Preguntó algo alterado — El que quiera cogerte esa linda boquita, ¿no te da alguna señal? De que tal vez me importa una mierda que seas una...
— Sangre sucia — Terminé la frase, con altanería.
— No he vuelto a decir esa palabra en años, Hermione, acabas de decirme que no tienes nada que perdonarme y aquí estas, tirándome la mierda en la cara — Dijo entre dientes.
Tomé aire un par de veces antes de volver a abrir la boca, masajeé mi frente con algo de nerviosismo.
— Lo sé, lo siento — Susurré — Creo en tu cambio, realmente lo creo y lo veo, pero no entiendo que puedes querer de mí, en serio no entiendo que podría ofrecerte — Dije negando con la cabeza, algo resignada — Y eso no quiere decir que tenga algún tipo de prejuicio, te hablo como una mujer le habla a un hombre.
— Me estás jodiendo — Exclamó con asombro — Eres la mujer más hermosa que conozco, en todos los sentidos, y no hay un solo hombre que no se muera por meterse en tus bragas...
— ¿Es que acaso todo se basa, en meterse en mis bragas para ti? — Dije molesta, dispuesta a darme la vuelta para alejarme de él, pero la verdad, es que necesitaba hacerlo.
Porque sería una cínica de mierda, si dijera que no añoraba con sentir sus dedos, rozando el interior de mis muslos, mientras bajaba mi ropa interior.
Escucharlo decir, que me consideraba la mujer más hermosa, hacía que mi piel ardiera como brasas, como un fuego que solo él podría controlar.
Él tomó uno de mis brazos, dándome la vuelta, tomándome por ambos brazos acercándome a él lo más posible.
— Dime lo que quieras, pero estás ciega, si no ves que el idiota de Krum se muere por hacerlo, al igual que tu ex noviecito Weasley y mi queridísimo amigo Theo... — Dijo para luego mirarme fijamente los labios.
— Y tú? — Tanteé, mordiéndome los labios.
Y por Merlín, sabía que estaba jugando con fuego...
— Yo? — Preguntó burlesco, como si la simple pregunta estuviera demás — Te cogería tan duro, que olvidarías hasta tu nombre.
Se acercó lentamente, y cuando creí que me besaría, se desvió a mi oreja, posando ahí sus labios, susurrando promesas...
— Añoro besar ese coño caliente, y sentir que te vengas — Susurró — Hace muchos años que sueño con coger esa boquita tan bonita — Dijo, acariciando mis labios con su pulgar — Besarte hasta que nos falte el aire, y que grites mi nombre cada vez que te azote un orgasmo...
Estaba segura que él, me escuchó gemir...
— Pero no es solo eso — Dijo para alejarse unos centímetros y poder observar mi perfil — Podría quedarme contigo en la cama el día entero, solo viéndote...
Lo observé fijamente, esperando ver algún indicio de mentira o burla en sus ojos, pero no encontré ni una.
Escuché las primeras gotas golpear el cristal y levanté la vista, viendo como nos comenzaba a rodear una tormenta, de nubes oscuras y lluvia frenética.
Malfoy se alejó unos pasos, desordenando su cabello con ansiedad, como si tal vez hubiera hablado de más...
— No puedo aceptar lo que me ofreces — Dije con suavidad, viéndolo reír con amargura, mientras seguía caminando, algo desesperado, como si se tratara de un león enjaulado.
— Créeme que lo sé — Dijo, deteniéndose, mientras me miraba con admiración — Eres Hermione Granger, sería absurdo pensar...
— Estoy enamorada de ti — Dije con suavidad, viéndolo detenerse de golpe — Aceptar lo que me ofreces, sería estúpido de mi parte, nunca se me dio bien eso de tener relaciones sexuales, sin involucrar mis sentimientos...
Parecía estar en shock, con los ojos bien abiertos y la mandíbula desencajada, boqueando como un pez fuera del agua, él tomó aire, como si estuviera a punto de decir algo, tal vez gritarme, ¿quién sabe?
Y por unos segundos, me arrepentí de habérselo dicho...
Ambos escuchamos un plop, justo entre nosotros, apareció Winky con una enorme sonrisa.
— La señora Narcissa los está esperando en el gran salón — Dijo extendiendo su pequeño brazo en mi dirección
Sintiéndome avergonzada, por lo que acababa de admitir en voz alta y justamente frente a la última persona que me gustaría que supiera mi secreto, estiré mi mano, a punto de tomar el brazo que Winky me ofrecía, Malfoy tomó mi mano, aun con aquella mirada asombrada.
Winky nos lanzó una mirada confundida, borrando lentamente, la sonrisa de sus labios
— Narcissa nos espera — Dije con nerviosismo.
— Quiero mis 5 minutos — Exigió.
— No es el momento — Intenté, sintiendo mis manos temblar y estaba segura que él también lo sintió.
— Estás bromeando, si crees que me dirás... — Dijo dando una mirada de soslayo a Winky, quien lo miraba aún más confundida — Exijo que hablemos en privado.
— Luego — Tembló mi voz, Malfoy gruñó, y de muy malas ganas liberó mi mano, dejándome tomar el brazo de Winky.
Después del incomodo momento que tuvimos en el orquidiario, y los tres nos aparecimos en el salón, Narcissa nos miraba de a ratos, como si supiera que algo había ocurrido, Malfoy no me quitaba la vista de encima, como si fuera a acorralarme en cualquier instante, exigiendo respuestas.
Casi podía golpearme por mi estupidez, no entendía que mierda me había llevado a hablar de más.
Y cuando Narcissa me preguntó, si podía quedarme a cenar, casi escupí un rotundo "No", haciéndola mirar a Malfoy con el ceño fruncido, como si el tuviera la culpa de algo.
Y no...
Definitivamente la única culpable era yo y mi estúpida boca que no supo mantenerse cerrada.
Inventé una excusa, diciendo que Ginny iría a casa esta noche, para hablar sobre la boda y que ya tenía planes para la cena, pero que definitivamente, vendría en otro momento a cenar con ellos.
Casi podía sentir la mirada reprobatoria de Malfoy, gritándome silenciosamente, que era una terrible mentirosa.
— Narcissa — Me despedí con un efusivo abrazo — Fue una tarde encantadora — Dije y ella me sonrió, no muy satisfecha, al ver que no me quedaría a cenar — Malfoy — Susurré — Un gusto verte — Dije levemente sonrojada y visiblemente nerviosa.
— El gusto fue mío — Dijo con suavidad, tomando una de mis manos, mientras depositaba un pequeño beso, reteniéndola más tiempo de los normal, y dándole un leve apretón, como si tratara de transmitirme algo.
Podría jurar, que había tanto en su mirada de Malfoy, pero mis nervios no me dejaban pensar.
Cuando llegué a casa esa noche, me metí a la ducha y por primera vez, me permití llorar, no sabía exactamente porqué, si por los nervios, por mi estupidez, por la vergüenza a la cual yo mismo me había sometido.
Por qué mierda, había tenido que decirle la verdad a Malfoy?
Pero el solo pensar en hacerme ilusiones, con aquellas lindas promesas de Malfoy, me revolvían el estómago.
Definitivamente podría tener una excelente sesión de sexo con él, era lo que venía deseando por años, pero nada me aseguraba, que luego de eso, el querría quedarse...
Y de algo estaba segura, es que definitivamente, yo quería que se quedara.
Fue una larga ducha, me puse una bata de seda, agarrando mi cabello en un moño algo enmarañado, mientras metía en el microondas algo de comida precalentada.
Y me serví una buena cantidad de vino en una copa.
La lluvia azotaba con fuerza mi ventana hoy, y cuando estaba dispuesta a hundirme en el sillón y embriagarme con vino y ahogarme en mi propia miseria, escuché que alguien tocaba la puerta.
Prácticamente arrastrando los pies, me dirigí a la puerta para abrirla, y mi corazón se detuvo...
Malfoy estaba de pie, en mi delante, totalmente mojado, con el cabello platinado pegándosele en el rostro...
Se veía extremadamente guapo.
Tampoco me pasó desapercibido, la forma en cómo me miraba, desde mi cuello, hasta el pronunciado escote que tenía, ya que el amarre de la bata se había aligerado levemente, permitiendo que esta se abriera, dejando ver un poco más allá del comienzo de mis pechos.
— Puedo pasar? — Preguntó con la voz ronca.
— Draco — Susurré con voz temblorosa — Cómo conseguiste mi dirección? — Pregunté confundida.
El pareció pensar unos momentos antes de responder, pero suspiró algo resignado...
— Pansy — Dijo con sencillez — Déjame entrar — Demandó esta vez.
Maldita Pansy y su falsa verborrea de no meter las narices donde no le incumbe.
Masajeándome la frente, abrí la puerta y me hice a un lado dejándolo pasar. El entró sacudiendo su cabello levemente, intentando quitarle algo de humedad, al mismo tiempo que se quitaba la bufanda del cuello y la chaqueta.
Con algo de nerviosismo, tomé mi varita y sequé la ropa de Malfoy, antes que este se comenzara a desvestir en mi sala.
El pareció ver mi nerviosismo, ya que sonrió de medio lado.
— No pensaba desvestirme — Dijo, como si hubiera leído mi mente, haciéndome sonrojar.
— Era exactamente lo que hacías... — Aseguré, tomando la copa de vino y tomando un gran sorbo, más que todo para mitigar los nervios que me golpeaban.
Él se apoyó contra la pared, de brazos cruzados, y con la mirada fija en mi...
Como si estuviera estudiándome.
Y no pude evitar hacer lo mismo, todo en el gritaba rebeldía, dándome la impresión de ser un chico malo...
Su pose, su actitud, su ropa muggle... observé levemente asombrada, tragando seco al ver lo guapo que se veía.
— Te pongo nerviosa — Aseguró maravillado, como si acabara de descubrir el oro de los duendes al final de arcoíris.
¿Qué caso había en negarlo?
No después de haberle dicho, como una verdadera estúpida, que estaba enamorada de él.
Así que le sostuve la mirada, aun con la copa de vino entre mis dedos, volví a beber de ella...
Escuché la alarma del microondas, la comida precalentada estaba lista y Malfoy seguía mirándome, como si la cena fuera yo.
— Habla Malfoy, porque estoy a punto de expulsarte de mi casa — Dije con molestia y nerviosismo.
Eso a él pareció divertirle.
— Supongo que Ginevra está en la cocina, esperándote para cenar — Dijo con sarcasmo, mientras se despegaba de la pared.
Con pasos lentos, algo cauteloso, pero con la mirada fija en lo que quería, se acercó lentamente, deteniéndose a pocos centímetros de distancia.
— Acabas de ducharte? — Preguntó con la voz ronca, viéndolo tragar con pesadez — Hueles demasiado bien — Susurró, sin esperar una respuesta de mi parte.
Como si fuera un animal, se inclinó levemente, olfateando mi cuello...
— Todas las promesas que te hice, hace horas atrás — Dijo en un susurro sobre mi cuello, sintiendo su aliento fresco golpear la piel desnuda de mi clavícula – Eran en serio...
— Promesas? — Pregunté, fingiendo inocencia — ¿Cuáles promesas? — Volví a preguntar, sintiendo una repentina resequedad en los labios.
Yo seguía insistiendo en jugar con fuego...
Él sonrió y levantó la vista para observarme...
— Puedo comenzar por besarte... — Sugirió, haciéndome vibrar — Puedo preguntar, ¿Qué traes debajo de esa bata? — Preguntó, dándole una rápida observada, al nudo en mi cintura.
— Absolutamente nada — Susurré sobre sus labios, esta vez fue mi turno de sonreír con arrogancia, al verlo respirar de aquella forma.
El liberó el aire de sus pulmones, con cierta lentitud, que comenzaba a desesperarme.
Nuestros cuerpos se estremecieron con la cercanía, sintiendo como todo en él temblaba, respirábamos con agitación, ocasionando que nuestros pechos se rozaran, y pude jurar que logró sentir mis pezones erguidos, por encima de la bata de seda que llevaba...
— Quiero cogerte — Murmuró Malfoy, mezclado con un jadeo ronco.
— Qué te impide? — Pregunté, viendo como sus ojos cobraban un brillo inusual.
Antes de que pudiera gritar de sorpresa, Malfoy ya había atacado mis labios, moviendo su boca magistralmente sobre la mía...
Al carajo todo...
Por una vez en la vida, quería sentirme libre y dejarme llevar por mis deseos más oscuros.
Después me encargaría de recoger los pedazos...
Correspondí el beso de Malfoy, sintiendo la suavidad de sus labios, su lengua caliente, invadiendo mi cavidad bucal con mi total aprobación, abracé su cuello, como si intentara tragarlo en el acto.
Con algo de fuerza, empujé su cuerpo, hacia donde sabía de memoria, se encontraba mi sillón de dos cuerpos, logrando que este cayera sobre el sillón sentado.
Malfoy me miraba con lujuria, maravillado y admirado, como si fuera la primera vez que me viera en su vida...
Tomé el borde de mi bata, levantándola solo un poco, para poner sentarme de horcajadas sobre él...
Bajo su atenta y deslumbrada mirada...
Mis muslos, con uno de cada lado de su cuerpo, totalmente al descubierto...
Con fiereza, ataqué sus labios nuevamente, llevando mis manos a sus cabellos, obligándolo a recostar la cabeza en el respaldar mientras lo besaba, y besé sus labios, su masculina mandíbula, su cuello...
Pude sentir el roce de su tacto, lento y suave, como una fina caricia cálida...
Subiendo desde mis rodillas, a mis muslos, sin detenerse en momento alguno...
Sus grandes manos, metiéndose bajo mi bata de seda, con aquel roce que se sentía la gloria eterna, subiendo por la curvatura de mis caderas, llegando a la cremosidad de mis glúteos...
Y por Morgana, me sentí poderosa...
Escucharlo jadear, al ver que, realmente no traía ropa interior...
Verlo cerrar los ojos con fuerza y recostar la cabeza en el respaldar, intentando contenerse...
Lo miré maravillada...
— Draco — Susurré sobre sus labios.
Obligándolo a abrir los ojos, levantando su cabeza para observarme...
Mis manos viajaron hacia mi bata, rozando mi cuello, el comienzo de mis pechos, mis hombros, para finalmente topar la suave bata, bajándola con lentitud, dejando mi piel expuesta...
Con lentitud, bajé la prenda totalmente, desnudando mis pechos, bajo su atenta mirada.
— Esto parece un sueño — Susurró con voz ronca, tragando seco.
— Lo sé — Susurré con emoción, sintiendo como la piel se me erizaba y los pezones se endurecían.
Draco posó sus húmedos labios en mi cuello, repartiendo besos por toda el área, bajando cada vez más hacia mis pechos, mientras sus grandes manos subían y bajaban con lentitud por mis muslo, caderas y nalgas...
Sentir su lengua cálida, envolver uno de mis pezones, fue como si algo en mi explotara, arqueé la espalda y mis manos rozaron su nuca y sus cabellos platinados, incitándolo a seguir, incitándolo a más...
Como si mi cuerpo cobrara vida propia, deseosa por sentirlo, mis caderas comenzaron en aquel vaivén, sobre la enorme erección bajo sus pantalones.
Gemí con fuerza, al sentirlo darme una estocada, aun con la ropa puesta y lo escuché jadear sobre mi pecho desnudo, mientras besaba y chupaba mis pezones.
Mis manos viajaron hacia la hebilla de su cinturón, desabrochándolo...
Draco se detuvo unos segundos, para observarme fijamente, mientras sus manos acunaban mi rostro, como si intentara buscar alguna duda en mis ojos, dudas que no encontró.
Sin dejar de observarnos, bajé el cierre de su pantalón, pude sentir como el levantó las caderas solamente un poco, lo suficiente para poder bajar las prendas.
Entonces me besó nuevamente, con mucha lentitud, mientras mi mano subía y bajaba por el tronco de su erección, imitando la lentitud de sus besos. Podía sentirlo gruñir mientras me besaba.
Levanté el culo de sus piernas, para poder finalmente sentarme sobre aquella erección, que parecía crecer a cada momento entre mis manos.
Sentí la cabeza de su miembro en la entrada de mi coño, mientras ambos respirábamos con agitación, y con cierta suavidad, comencé a bajar, con calma y sin apuros...
Podía sentir como la firmeza de su miembro, que comenzaba a abrirse paso entre los pliegues de mí ya empapado coño...
— Mierda — Musitó él, tomándome por las caderas nuevamente – Me harás perder el control... - susurró, algo lastimero.
Y algo en mi pareció encenderse, como una chispa, que se convertía en una llama abrasadora.
Ambos nos abrazamos, jadeando...
Y mi cuerpo entero vibró, al sentir como aquella erección crecía aún más en mi interior.
Sus dedos se incrustaron en mis caderas, con una seguridad que dejarían marcas y con una lentitud tortuosa, levantó mi culo, para luego volver a bajarlo con más fuerza que la anterior, haciéndome gemir de placer sobre sus labios.
El buscó mis labios con desesperación, como si fuéramos dos amantes enamorados, mientras yo comenzaba con aquel vaivén, cabalgándolo, sintiendo como entraba y salía de mi interior, estremeciéndome y enloqueciéndome.
Mis manos tomaron su rostro, y mientras lo besaba, como si la vida se me fuera en el intento, seguía en aquella danza de caderas, sintiendo nuestros cuerpos chocar cada vez con más fuerza.
Sentí sus manos apretar mi culo con fuerza, mientras lo bajaba sobre su miembro con fuerza y descontrol. Verlo recostar la cabeza en el respaldar, con los ojos cerrados y el ceño fruncido, mientras gruñía bajo...
Verlo gozar, me hacía sentir grandiosa...
Sin poder evitarlo, lamí su cuello, hasta la parte trasera de su oreja, tomando el lóbulo de su oreja entre mis dientes, escuchándolo jadear.
Sus manos seguían marcando aquel ritmo duro y rápido, hasta que finalmente sentí aquel golpe de explosiones en mi bajo vientre, sintiendo como mi coño envolvía su miembro con fuerza, en aquel arrebato de excitación, gimiendo su nombre, una y otra vez...
— Eso es... — Gruño él, mirándome, observando cada una de mis expresiones, mientras me venía sobre él — Vente para mí... — Susurró sobre mis labios, mesclando nuestros alientos en aquel momento de éxtasis.
Sin siquiera darme cuenta, una de sus manos viajó hasta aquel moño prácticamente deshecho, quitando el agarra pelos, tirándolo lejos...
Sentí mis cabellos caer sobre mi espalda y hombros, mientras intentaba recuperar el aliento nuevamente. Malfoy seguía expectante, mirándome como si hubiera visto lo más hermoso en toda su vida...
Sin mucho esfuerzo, lo sentí recostar mi espalda sobre el sillón, con él encima mío, se alejó solamente un poco, mientras sentía sus agiles dedos, deshacer el nudo de mi bata, terminando por desnudarme.
No pude evitar sonrojarme como una tonta, al verlo recorrer sus ojos sobre mi cuerpo desnudo, él me miró y sonrió de medio lado, mientras se quitaba aquella camiseta blanca que se le pegaba tan bien en su cuerpo, dejando su torso al descubierto.
Y solo entonces, pude ver la marca tenebrosa en su antebrazo, él dirigió su vista, exactamente al mismo lugar que yo observaba, y en ningún momento, hizo el intento de cubrirse.
— Te molesta? — Preguntó sin despegar la vista de su antebrazo, como si rehusara mis ojos.
— Ni un poco — Dije en un susurro.
Mis dedos cobraron vida propia, comenzando el roce desde sus rubios bellos púbicos, subiendo lentamente por sus abdominales, deteniéndome en cada una de sus cicatrices, intentando grabarlas en mi mente...
Una vez estiré las manos, el pareció entender, descendiendo lentamente, dejando que mis manos rozaran su cuello y su rostro...
Draco cerró los ojos, sintiendo la caricia, dejándome tocarlo a gusto. Lo sentí girar el cuello, besando el interior de una de mis manos, antes de sonreírme y continuar por desnudarse, quitándose los pantalones.
Una vez estuvimos completamente desnudos, tomó mis manos por las muñecas, alejándolas completamente de él, suspendiéndolas sobre mi cabeza, aprisionándome solamente con una de sus manos, mientras que, con la otra, abría mis piernas, acomodando la cabeza de su miembro en la entrada de mi coño, el cual ya goteaba nuevamente deseoso de volver a recibirlo.
Esta vez, sin esperar y sin mucha parsimonia, entró en mí de una sola estocada, sintiéndolo en lo más profundo...
No pude evitar gemir con placer, casi avergonzándome de parecer una gata en celo, mientras él gruñía, deteniéndose por un segundo, intentando tranquilizarse...
— Eres más deliciosa que en mis sueños — Susurró jadeante, frunciendo el ceño levemente, retomando nuevamente aquel vaivén.
Enredé su cintura con los muslos, mientras él me penetraba con fuerza sobre el sillón de mi sala, sintiendo como su miembro entraba y salía de mí, y sus testículos golpeaban mi culo.
Acaricié su nuca, obligándolo a besarme, mientras abría la boca al dejar salir un jadeo de placer, tensándonos ambos, por el orgasmo que nos azotaba, mientras mi coño ordeñaba su miembro y sus movimientos se volvían erráticos.
— Draco... — Ronroneé, abrazándolo con fuerza, sin despegar mi boca de la suya.
— Yo también estoy enamorado de ti, Hermione — Susurró, con los ojos cerrados, apoyando su frente contra la mía.
Me tensé visiblemente, obligándolo a abrir los ojos, enderezándose sobre sus codos, para poder observarme.
— Espero que, lo que dijiste en el orquidiario de mi madre, sea en serio, porque yo sí que me lo tomé en serio — Dijo burlesco.
— Desde cuándo? — Susurré asombrada.
— No es tema de conversación para hoy, Hermione — Dijo para levantarse, ignorando su desnudez — Realmente añoro cogerte en una cama, con todas las comodidades — Dijo para estirar su mano, esperando pacientemente a que la tomara y lo guiara a mi habitación.
Me levanté del sillón, viendo como sus ojos se oscurecían de placer, al verme desnuda de pie frente a él, se remojó los labios, sin dejar de admirar mi cuerpo.
Casi por inercia, una de mis brazos rodearon mis pechos, cubriéndolos de su vista, pero Draco lo alcanzó al vuelo, alejando mi brazo de mis pechos y de mis pezones nuevamente erguidos.
— Jamás te cubras — Dijo, entre medio de un gruñido, viendo como su miembro volvía a tener vida propia.
Se acercó a mí, tomándome por los muslos, como si yo no pesara nada, obligándome a envolver su cintura.
— Si no me dices donde es tu habitación, voy a empotrarte contra la pared, cariño — Dijo con voz ronca, sintiéndolo rozar su miembro nuevamente en mi hinchado coño.
— Al final del pasillo — Dije con la voz entrecortada, sintiendo nuevamente aquella excitación.
Me cargó como si realmente no pesara nada, abrió la puerta de mi habitación con la ayuda de su pie, lanzándome con poca delicadeza sobre el mullido colchón, dejándome ver nuevamente su jugoso miembro en todo el esplendor de su erección, llegando prácticamente a rozar su ombligo, mientras el líquido preseminal ya salía de la cabeza...
La boca se me resecó, realmente deseando poder probarlo...
— Ponte en cuatro, Hermione — Ordenó, relamiéndose los labios.
Su voz ronca, me erizó los bellos del cuerpo, aumentando mi excitación aún más...
Sin hacerme de rogar, me di la vuelta, poniéndome en cuatro patas, dejando mi culo al aire, dándole una excelente vista, de lo que se iba a comer.
Lo escuché gruñir con excitación, mi coño se sentía hinchado, por la forma en como había entrado en él, minutos antes en la sala.
Lo observé por encima de mi hombro, al sentirlo agarrarme de las caderas con fuerza, lo vi meter uno de sus dedos en la boca, chupándolo, antes de introducirlo en mi hinchado coño, provocándome un lamento placentero.
Sentir la carne hinchada y atirantada de mi coño, con aquel característico ardor, de haber tenido sexo rudo, o tal vez se debía más, por la poca y nuca practica que tenía últimamente, teniendo sexo.
— Quieres que siga? — Preguntó, con un tono de voz levemente preocupado, al escuchar que me lamentaba suavemente, cuando el introdujo un segundo dedo.
— No te detengas, por favor — Rogué, cerrando los ojos con fuerza, al sentir que sus dedos me habían lubricado levemente, y ahora él se acomodaba para poder penetrarme.
— Lo haré suave — Susurró, mientras empujaba con lentitud, separando mis pliegues, haciéndome jadear con fuerza — Estás demasiado estrecha — Dijo entre dientes, controlando su respiración a duras penas.
Volviendo a empujar, sentí como toda la longitud de su miembro me penetraba, y mi coño ardiente, se acomodaba lentamente a aquella intrusión.
Draco se detuvo unos segundos, dejando que yo volviera a acostumbrarme a él, hasta que comencé a removerme inquieta, ansiosa por más.
— Sigue — Gemí lastimera y ansiosa.
— Quieres que me coma ese coño, Granger? — Preguntó, arrastrando mi apellido entre sus dientes, como el siseo de una serpiente.
— Malfoy... — Lloré exigente, algo que, a él, pareció divertirle, ya que rio entre dientes, volviendo a moverse en mi interior.
Cerré los ojos con fuerza, mientras mordía mis labios, negándome a sonar como una maldita gata en celo.
Draco comenzó a moverse más rápido, y con estocadas aún más profundas, sus dedos estaban fijamente incrustados en mi cadera, sosteniéndome con cierta rudeza, que lo único que hacía era excitarme aún más.
Sentía mis glúteos golpear sus caderas, mientras el subía una de sus manos, con una caricia, hasta llegar a mi cuero cabelludo y tirar suavemente, tomó un puñado de cabellos, y giró mi rostro, obligándome a besarlo, mientras el seguía penetrándome sin parar.
Sentí su lengua invadir mi boca, y gemí entremedio de aquel beso, mientras mi coño volvía a vibrar, cerrándose sobre su miembro.
Jadeé nuevamente sobre su boca abierta, tragándome sus gruñidos de placer, mientras yo me sentía explotar.
Lo sentí rodear mi cintura, con sus brazos fuertes, mientras aceleraba sus estocadas, cogiéndome con fuerza, sin pausas, hasta que lo sentí tensarse, tomó mi cabello nuevamente, y esta vez me besó con pasión, viniéndose totalmente en mi interior.
Como si fuéramos dos muñecos de trapo, caímos rendidos en la cama, respirando agitados y sudados, con el rostro contra mis sábanas blancas.
Antes de caer totalmente rendida, pude sentir sus brazos rodearme con firmeza, su olor masculino y su respiración pausada.
En la mañana siguiente, desperté levemente adolorida, incluso podría haber creído, que había sido un sueño, de aquellos que tanto tenía por las noches, cuando me encontraba excitada y sola.
Pero aquel olor masculino, y el fuerte brazo que rodeaba mi cuerpo, y sus largas piernas entrelazadas en las mías, supe inmediatamente, que esta vez, no se trataba de un sueño.
— Deja de pensar, no son ni las 7am. y tú, ya estas dejando trabajar esa cabecita tuya — Dijo el rubio, con la voz pastosa del sueño, y la cabeza metida entre mi cuello y mi clavícula.
— Es domingo — Dije con suavidad, como si el hecho de hablar fuerte, podría despertarme de aquel sueño.
— Exacto — Respondió, aun sin levantar la cabeza.
— Desayuno con mis padres los domingos — Dije, como si eso esclareciera todo.
Pude sentir el pecho de Draco vibrar suavemente, como si estuviera riendo contra las almohadas.
— Estás botándome, Granger? — Preguntó, levantando la cabeza para finalmente observarme.
Por Merlín, eres hombre despertando, era aún más guapo, mientras que yo seguramente parecía un espanta pájaros.
— No te estoy botando — Susurré, sintiendo mi rostro arder de vergüenza — Odio llegar tarde...
Draco se estiró sobre la cama, bostezando levemente...
Y no pude evitar, que mis ojos se dirigieran nuevamente hacia su miembro duro y erecto. Seguramente tendría muchas ganas de orinar, no era posible que siguiera excitado, pensé con asombro.
— No me molesta que lo mires, siempre y cuando le des uso — Dijo burlesco, colocándose de lado para observarme, mientras apoyaba su cabeza en una de sus manos.
— Eres un idiota — Chillé avergonzada, levantándome de la cama, dispuesta a entrar al baño.
Draco tomó una de mis manos, jalando con fuerza, pegando su cuerpo desnudo al mío.
— Si me dejas verte, mientras te bañas, me iré sin reclamar — Dijo con una sonrisa galante, que podría derretir a cualquiera.
— Quieres que crea, que solamente entraras a mi baño, para ver cómo me ducho? — Pregunté con una ceja en alto.
— Tendré material para más tarde — Respondió con una media sonrisa.
El solo imaginar a Malfoy, masturbándose mientras pensaba en mi en la ducha, me hacía sentir excitada, muy excitada.
Me mordí los labios, asintiendo levemente con la cabeza, viéndolo regalarme una sonrisa, de esas que solo ves en los comerciales de pasta dental.
Lo guié hasta mi baño, apuntándole el retrete, el cual estaba convenientemente frente a mi ducha.
Malfoy tomó asiento, sin importarle ni un poco su desnudez, se sentó con las piernas abiertas, haciéndome tragar seco, al ver su gigantesca erección.
Abrí la ducha, y luego de unos segundos, que el agua comenzó a salir caliente, entré en ella, dejando el agua cálida recorrer todas mis curvas. Con mis manos, comencé a hacer movimientos circulares sobre mis pechos, lento, muy lento...
Tomé el jabón líquido y comencé a limpiar mi cuerpo, siempre con lentitud, pasando mis dedos por mi vientre, bajando hasta mi entre pierna, sobando mis pliegues adoloridos, emitiendo pequeños u suaves suspiros en el proceso.
No pude evitar, hacer contacto visual con Malfoy, quien estaba mortalmente serio, mirándome fijamente, con la mirada oscurecida por el placer.
Me mordí los labios, viendo que aquel simple acto lo hizo entrecerrar los ojos, intentando controlarse.
Apoyé mis glúteos sobre la fría pared de cerámica, ocasionando que mis pezones se endurecieran, abrí las piernas, lo suficiente para que el tuviera una buena vista, mientras mis dedos se introducían con lentitud, en mi hinchado coño.
Gemí levemente, esta vez penetrándome con dos dedos, sobando mi clítoris.
Escuché un jadeo ronco, al ver que una de sus grandes manos, había agarrado el tronco de su miembro, mientras subía y bajaba, sin dejar de observarme un solo segundo.
Me sentí atragantarme, y la boca se me resecó, y comencé a desear y soñar que era mi boca, la que succionaba la cabeza rojiza de su miembro.
Gemí con más fuerza, susurrando su nombre de pila en el proceso, mientras mis dedos hacían el trabajo de penetrarme, soñando que los dedos eran suyos, y que mi lengua lamia aquel liquido de la punta de su miembro.
Casi instantáneamente, sentí que un orgasmo me azotaba, y como si el fuera un león puesto en libertad, se levantó del retrete de golpe, y avanzó a grandes zancadas, entrando a la ducha y prácticamente empotrándome contra la pared.
Sus labios me besaban salvajemente, sin darme el tiempo de respirar, lo sentí alzarme, obligándome a rodear su cintura con mis muslos, mientras el me penetraba de una sola estocada, haciéndonos gemir de placer.
— Prometiste solo observar — Dije entre medio de un jadeo, mientras el lamia mi cuello.
— Mentí — Dijo con simpleza, volviendo a salir de mi coño, para nuevamente penetrarme, haciéndome gemir — Ni siquiera un juramento inquebrantable, podría alejarme de ti.
Buenas noches! Espero les haya gustado el 2do capitulo, probablemente esta historia tenga uno o dos capitulo mas! Espero ansiosamente sus Reviews =)
Besos y abrazos.
Kagome-mel
