Ningún personaje me pertenece, son propiedad de Lucasfilm.


"No te involucres" las palabras seguían arraigadas en mi cabeza. Las aprendí a los nueve años, cuando quise ayudar a una señora mayor a cargar las piezas de chatarra que llevaba al puesto de Niima. Al llegar tomó incluso mis piezas, esa día no pude comer nada.

No te involucres tenía el significado de amor propio más profundo que jamás podría haber conocido, después de esa experiencia, me salvo la vida innumerable cantidad de ocasiones.

Y a pesar de tener la lección bien aprendida. Continué teniendo accidentes ocasionales; como cuando le di mis raciones de agua a unos niños, o cuando en mis exploraciones por las naves me lancé al vacío para ayudar a otra chatarrera que tropezó entre los escombros, pasé dos semanas con una pierna lastimada.

Y, por supuesto como olvidar, mi más reciente error; ayudar a una senadora secuestrada.

Arriesgué mi vida, abandoné mi hogar y mi estilo de vida. Todo por involucrarme demasiado. Por reflejarme en sus asustados ojos y empatizar con una chica a la que nunca voy a parecerme.

¿Mi consuelo? El único que conozco desde que tengo memoria, mis accidentes y errores iban de la mano con sueños que lo involucran a él, ahora era real; Ben Solo.

No te involucres estaba comenzando a tener un nuevo significado. Cuando corría detrás de él sujetada fuertemente de su mano, intentando ocultarnos en la pista de aterrizaje.

Estaba asustada, no podía negarlo, las afirmaciones que salieron de su boca, refiriéndose a nosotros como "un problema", estaban aún latentes dentro de mí. ¿Había algo mal conmigo? ¿Cometí alguna indiscreción? Tenía infinidad de preguntas, dudas sin respuesta. Pero Ben permanecía en silencio. Prometiendo que respondería cada una de ellas, claro, una vez que logremos salir de aquí.

Sólo había dos naves; la que nos trajo desde Coruscant a este remoto y acuífero planeta y un YT-1300.

—Necesito que seas en extremo silenciosa. Mi tío continúa en la nave con Jessika.

Simplemente asentí ante sus palabras.

Ben abrió la lanzadera al mismo tiempo que la nave vecina.

—Súbete a la nave.— Dijo Ben en mi dirección apretando los labios.

Mis ojos no perdieron mucho el tiempo pasaron rápidamente del anciano saliendo de la otra nave, hacía Ben y de regreso al anciano antes de lanzarme directo al interior de la lanzadera. No sabía que estaba pasando, pero el ambiente era lo suficientemente denso para asustarme.

El anciano del otro lado de la pista no me inspiraba la menor confianza. Su semblante era duro y molesto.

Me detuve detrás de una de las puertas apenas girando dentro de la nave, lo suficientemente cerca para escuchar las respuestas lejanas de Ben.

—Voy a hacer lo que me pediste...— Sólo escuchaba la voz de Ben, quien permaneció en silencio, posiblemente escuchando la respuesta del otro hombro. —Confía en mí...— Concluyó apresurado, atropellando las palabras y subiendo a toda prisa en la nave.

—¿Sabes pilotar?...— Preguntó apurado mientras jalaba de mi brazo y corría hasta la cabina.

—Sólo simuladores...— Respondí asustada cuando me dejó caer en el asiento del copiloto.

—Con eso me basta.— Murmuró mucho más para él que para mí.

Mientras Ben se apresuraba con los controles de la nave un lejano grito retumbo en mis oídos. Una fuerte y colérica voz masculina que llamaba a Ben.

Giré asustada en dirección al pasillo que conecta con el resto de la nave.

—No te distraigas...— Llamó Ben mi atención. Tomando fuertemente mi brazo y haciéndome girar de nuevo a los controles. —Inicia la secuencia de despegue...— Me apresuró señalando la consola de mando.

El tono de su voz, combinado con la urgencia de sus peticiones me hicieron actuar con extrema rapidez.

Las manos de Ben se movían ágiles entre los botones y al mismo tiempo estudiaba su entorno para el despegue.

Un despegue que pudo parecer que duró horas, cuando realidad habían pasado segundos desde que subimos.

Apenas pude regresar la mirada para ver al anciano observándonos tomar la nave. En realidad esperaba no estar robando nada.

—¿Sabes apagar las señales de rastreo?— Ben se aventuró a hablar una vez que dejamos la isla lo suficientemente lejos.

—Creo que si...— Tartamudeé.

—¿Podrías?— Insistió regresando su atención a los controles.

Corrí los más rápido que mis piernas lo permitieron. Una vez lejos de sus oídos dejé salir todo el aire que estaba conteniendo. Mis manos se movieron entre los cables de la vieja consola. Pero mi cabeza estaba ausente. Quería poder comprender que era lo que estaba sucediendo. Quería confiar en Ben, pero mi sentido de preservación estaba alerta.

Sabía que el trabajo estaba hecho, rastrear esta nave sería casi imposible, a menos que tenga un rastreador externo, y con eso yo no podría hacer nada. Considerando que pueden esconderse en cualquier parte de la nave.

Me retrasé a propósito. Recargada en el frío metal de la máquina, escuchaba el sonido de los motores y un clásico zumbido, que recordaba de las simulaciones, me informaba que ya habíamos saltado al hiperespacio.

En este punto no estaba segura si quería regresar con Ben o mantenerme oculta. Sentía una incómoda presión en las entrañas. No estaba bien, nada estaba bien. Desde lo que ocurrió con la senadora hasta la manera estrepitosa en que abandonamos la plataforma de lanzamiento.

No quería afrontarlo, ver que en realidad el problema no era un "Nosotros", más bien era un "yo".

—¿Rey?...— La voz de Ben me hizo girar en torno al acceso, demoró al menos unos segundos en aparecer ante el umbral de la puerta. Se detuvo apenas sus ojos me encontraron sentada entre la maquinaria.

—¿Todo bien?— Preguntó con cautela inclinándose en mi dirección.

Negué con la cabeza mientras bajaba la mirada. Nada estaba bien. Y temía enfrentarlo.

—No tengas miedo... Yo voy a estar contigo.— Ben ya estaba sentado a mi lado. Sus manos dudaban entre acercarse más o permanecer apartado.

—¿Qué está pasando?...— No podía ocultar el vibrato asustado de mi voz.

—No sé, Rey. Pero, te prometo que lo vamos a averiguar juntos.

—¿Volveremos a Coruscant?— Suspiré. Pensando que era el único lugar que ambos conocemos.

—¡No!.— Se apresuró a responder.

—¿Entonces?— Me parecía raro no volver directo con su madre. Ella parecer tener suficiente información a su alcance.

—Buscaré a la única persona que puede ayudarnos ahora.— Quedé en silencio esperando escuchar su resolución. Pero esta simplemente no apareció. —Vamos, necesitas descansar un poco.

Las palabras Ben fueron acompañas por su mano extendida hacia mí. La tomé sin la menor vacilación.

Me dejé caer en uno de los ovalados sillones.

—¿Vas a decirme que fue lo que pasó?— Pregunté repentinamente antes de que Ben desapareciera en la cabina.

—No lo tengo claro, Rey...— Confesó bajando su mirada hasta mi posición.

—Dime al menos lo que sabes, aún que no sea claro. Es mejor que tener miedo y no saber la razón.

Su silencio se extendía. Y mientras el tiempo pasaba se evidenciaba lo obvio.

—¿Soy peligrosa?— Pregunté asustada intentando buscar su mirada.

—No lo eres...— Sus pasos se cerraron hasta mi posición, sus rodillas tocaron el suelo para ajustarse a mi altura en el sillón. —Rey, mírame... no eres peligrosa.

—¿Por qué siento como si lo fuera?— Me fui imposible poder detener las lágrimas en mis ojos.

—Por que estás asustada.— Respondió pausado y con calma. —Y el miedo nos vuelve irracionales. Sólo confía en mí.— Suplicó colocando sus manos sobre mi rodilla.—Volveré a la cabina. Descansa, en serio. Lo necesitas.

Ben se alejó por el pasillo permitiéndome despejar mis pensamientos.

No tenía más remedio que confiar en él, volver a Jakku dejó de ser una opción, no después de conocerlo. ¿Qué pasaría si ahora que por fin lo conozco jamás vuelva a soñar con él? Ben era toda la familia que tenía en el desierto. Y ahora temía perderlo a él también.

Mi cuerpo completo se dejó caer sobre el endurecido sillón. Un mar de pensamientos inundaba mi cabeza, no encontraba pies ni cabeza. No encontraba una forma coherente de organizar todo el enjambre de ideas que me rodeaban.

Simplemente me dejé llevar por el cansancio. Cerré mis ojos y me permití perderme entre el arrullador sonido del metal, el ronroneo de los motores y un lejano susurro que clamaba mi nombre.


—Espera por mí.— Ben tomó de mi brazo y me colocó a su espalda. —No puedo asegurar que Luke no pensó igual que yo al venir aquí.

La puerta se abrió sin singular elegancia. Esperé detrás de las máquina, observando a Ben decender de la nave. Sus pies se apresuraron mientras revisaba el hangar. Apenas giró su rostro para confirmarme que bajara y la voz de un hombre retumbó por todo el lugar.

—¡Ben!.— Podía distinguir la alegría en el tono avejentado de su voz.

Ben dejó de verme para girar al frente y toparse con un inmediato abrazo.

Me detuve en seco, observando las agradables muestras de afecto de aquel hombre. Sus ojos estaban cerrados con fuerza, haciendo marcar las cansadas líneas de su rostro.

Después de algunas palabras intangibles las manos de Ben rodearon al hombre con la misma fuerza.

Sonreí al verlos juntos, ellos debían quererse mucho.

—Que gusto volver a verte...— Dijo el hombre con mucho más entusiasmo mientras pasaba sus manos por las mejillas de Ben.

Mis pasos me llevaron un poco más cerca de ellos, aún estaba intentando mantenerme en la nave pero estaba a la vista de ambos.

—¿Quién es?— Preguntó él al verme bajar por la rampa.

Ben giró para buscarme con su mirada. Sus ojos se veían diferentes ahora, había mucha más luz en ellos. Mucha más de la que había visto en los últimos días o en las incontables veces que soñé con él.

—Papá, necesito tu ayuda...

Mi corazón se detuvo y fundió al mismo tiempo al escuchar la fragilidad con la que Ben recitó la palabra "papá" en sus labios.


N/A: Oficialmente terminó mi depresión post-TROS.

Espero, de verdad no volver a pasar por un bloqueo como el que viví estos meses.

Estas últimas semanas he estado muy dedicada en adelantar capítulos. Entonces espero poder actualizar más a menudo.

Gracias a quienes regresaron a leer. Y bienvenidos a quienes acaban de descubrir esta historia.