Ningún personaje me pertenece, son propiedad de Lucasfilm.


—Papá, necesito tu ayuda...— Supliqué después de ver a Rey de pie en la lanzadera.

En toda la galaxia no podía confiar en nadie más que en él.

Repentinamente los ojos de Han se abrieron de par en par, veía un extraño y nuevo brillo en ellos.

—Por todos los dioses ¿Está embarazada?— Preguntó sorprendido en voz baja, tomando fuertemente mis manos.

—¡Papá! Claro que no...— Respondí apresurado buscando la mirada de Rey, esperando que no escuchara una sola palabra de mi padre.

—Que, en todo caso, no sería un problema. Lo sabes...— Su voz se volvió cada vez más baja conforme Rey se acercaba a nosotros. —Han Solo, niña.— Dijo en dirección a Rey extendiendo su mano.

—Rey...— Respondió ella con timidez estrechando su mano.

—¿Y?... ¿Qué necesitas?— Preguntó regresando su atención a mí.

—Un lugar donde ocultarnos, no será mucho tiempo, sólo lo suf...

—No necesito explicaciones, hijo.— Su mano de inmediato se posó en mi hombro. —Lo que sea, cuenta con ello.

Suspiré aliviado. Sabía que era cuestión de tiempo antes de que Luke se comunicara con él, claro que, Han sería su último recurso considerando lo poco que han hablado los últimos años, desde el distanciamiento entre mi padre y Leia.

—¿Luke no se... ha comunicado?— Pregunté cauteloso. Rey caminaba a mi lado y no quería alarmarla.

—¿Tendría qué?— Preguntó dirigiendo un rápida mirada hacia mi.

—Es muy probable que lo haga... pronto.— Admití en voz baja, sin la menor posibilidad de mentirle.

—¿En que lío te metiste?— Preguntó mi padre deteniéndose y volteando su atención a mi.

Han no era un hombre precisamente sabio, pero no era tonto. Me conocía bien, tanto que casi era macabro. Siempre pensé que eso se debía a lo mucho que ambos nos parecemos.

—Posiblemente uno muy grande.— Confesé. Mis ojos y los de Rey se conectaron. Temía ponerla nerviosa.

Justo ahora me sentía como un niño pequeño de nuevo, acudiendo a la protección de mi padre cuando me metía en problemas o cuando temía que mi madre me castigaría.

—Bien, veamos que podemos hacer.— Suspiró cansado.

Caminamos cerca de Han hasta el interior de la estación, desgastada y vieja, justo como el Halcón antes de que me lo entregara por completo.

—Este lugar es impresionante...— Murmuró Rey a mi lado. —¿A que se dedica tu padre?

—Él... es... Comerciante.— Dudé un poco en decirle la verdad, no quería asustarla.

—No tengo muchos camarotes disponible ¿Sería una molestia compartir uno?— Preguntó Han al detenerse frente a una de las puertas.

—No...— Me apresuré a responder. —Quiero decir; Rey puede utilizarlo, yo puedo descansar en la cabina.

La puerta se abrió con problemas, posiblemente defectuosa por los años.

—Es pequeño, pero...— Han intentaba embellecer el maloliente camarote con palabras lindas, lo conocía bien.

—Es perfecto.— Se adelantó Rey sonriendo dulcemente hacia mi padre.

Una vez que Rey dio la espalda los ojos de mi padre me indicaron que quería hablar conmigo.

—Rey...— Apenas dije su nombre sus ojos voltearon a verme. —Voy a... voy a hablar con mi padre, ya regreso.

Sus enormes ojos verdes me regresaban la mirada, ella aceptó apretando sus labios y asintiendo al mismo tiempo.

Caminé detrás de mi padre hasta la cabina donde se dejó caer en el asiento del piloto.

—Entonces... ¿Quién es la chica?

La confianza que tengo, y he tenido, con mi padre sobrepasa muchas cosas. Una confianza que debía tener con mi maestro, desde un comienzo. Pero Luke es sólo mi tío, Han es mi padre.

—Esto te va a sonar extraño... pero, ¿Recuerdas los sueños de los que te hablé cuando era más joven?— Mucho antes de hablarle a Luke sobre ellos y sobre las voces, mi primer impulso fue venir con él. Quien, temiendo mal aconsejarme, me pidió que acudiera con Luke. "Los asuntos de la fuerza no son mi especialidad." Dijo casi ceremonial.

—Si... ¿De una niña?— Reflexionó después de un momento.

—Es ella...— Murmuré señalando con mis ojos el pasillo del que llegamos.

—No se ve como un niña. En lo absoluto.— Refutó cruzando los brazos. Sabía que esto sería difícil de explicar.

—Yo, continué soñando con ella, todos estos años. La encontré en Jakku.— Intenté explicarme sin éxito. Evidenciado por el rostro contraído de mi padre.

—Tenías razón, si es extraño. ¿Ella se materializó o algo?— Preguntó asustado. De inmediato su postura se había descompuesto. Temiendo escuchar mi respuesta.

—No, no... Ella siempre fue real.— Traté de tranquilizarlo. Pasé mi mano sobre los alborotados mechones de mi cabello. Sabía que debía haber palabras más sencillas para describir esto. —Todos estos años que yo soñaba con ella, ella soñaba conmigo.— Murmuré genuinamente asombrado.

—Ok y ¿Lo comentaste con tu tío?— La pregunta era casi obvia. Si son asuntos de la fuerza, mi padre no tiene especial experiencia en ellos.

—Justo aquí es donde todo se complica.— Mi codo se apoyó en el descansa brazos para poder recargar mi mejilla en mi mano.

—¿Apenas?— Respondió con una sarcástica sonrisa.

—Luke ya la conocía, él la encontró cuando todavía era una niña y la abandonó en Jakku.— Le confesé no pudiendo guardar más el secreto. Necesitaba sacarlo de mis sistema o explotaría.

—¡¿Luke hizo qué?!— Gritó sorprendido. Supongo que no esperaba que Luke hiciera una cosa como esa.

—Baja la voz.— Supliqué buscando su mano y con mi mirada clavada en el pasillo, temiendo que Rey pudiera escuchar. —No quisiera decírselo aún.

—¿Ella no lo sabe?— Preguntó señalando a un Rey imaginaria.

—Temo que sea demasiado para Rey.— De nuevo me fundí en el asiento cruzando mis brazos.

—Hijo, vas a tener que hacerlo. Y te recomiendo que te apresures; Las mujeres siempre encuentran la forma de descubrir la verdad, SIEMPRE.

Suspiré bajando la vista. No quería admitirlo, pero, en lo que refiere a mujeres, mi padre siempre tenía razón.

—Pero... ¿Por qué la dejaría Luke ahí?— Han intentó regresar la conversación a donde realmente estaba dirigida.

—Él dijo que ella tiene una inclinación al lado oscuro y que la galaxia no estaba lista para otro Sith. Me pidió que la regresara a Jakku...— El sólo imaginarme haciendo eso hizo que se me revolviera el estómago, evidentemente la acción me parecía repugnante y se reflejó por completo en mi mirada. —Pero... Su vida era horrible papá.— Intenté justificar mi desobediencia. —Yo no...

—Hiciste lo correcto al venir aquí.— Me interrumpió colocando su mano sobre mi rodilla, con la intención de hacerme silenciar. —Si se comunicaran, Luke o tu madre, tendré que decirles que pasaste por aquí.

—Pe...

—No tengo un lugar donde ocultar el Halcón, si vienen y ven la nave no podré mantener la mentira. Les diré que pasaste, tomaste otra nave y te fuiste. No mencionaré a la chica, todo lo que sé es que llegaste solo. Apenas hablamos.— Sonrió al terminar su parte de la coartada.

—Gracias, Papá.— Me puse de pie para engancharme de su espalda. A pesar de los años los abrazos de mi padre siempre son lo suficientemente reconfortantes.

—Ve con ella... y dile la verdad.— Concluyó señalándome con su dedo índice.

Las puertas del camarote donde espera Rey vuelven a atorarse al abrir. Necesitando empujarla un poco para que termine su recorrido. Rey estaba de pie ante la puerta abierta, ayudando a abrir desde adentro.

Su rostro ahora es inexpresivo, me observa en silencio esperando la resolución de mi pequeña charla con Han.

—Mi padre nos ayudará. En lo que pensamos que hacer.

—Bien...— Respondió sin ánimo antes de sentarse en el intento desgarbado de cama.

Me dejé caer a su lado, sentía toda su lucha interna contra la confusión que estaba viviendo.

—Necesitamos aclarar lo que está ocurriendo.— Me apresuré a hablar. —Desde que... te... vi... no, no hemos tenido el tiempo suficiente para poder hablar. Propiamente.

—Lo sé.

—Estamos conectados de alguna forma que no puedo explicar. Yo necesito acceso a datos y textos.

—Ben...— Dijo Rey, interrumpiendo, buscando mi mirada con sus ojos. —¿Cómo está Jessika?— Preguntó preocupada.

Me quedé en silencio, sólo un segundo, intentando canalizar el hecho de qué ahora Jessika Pava, quien no sólo me quitó a mi madre, también me estaba quitando a Rey.

—No estoy seguro. Sólo estaba noqueada cuando la encontramos.— Respondí intentando ser sincero.

—¿Crees que yo... lo... hice?— Su voz se quebraba con preocupación mientras formulaba su pregunta. Escuchaba la tristeza y confusión ocultas en ella.

—No Rey. Por supuesto que no.— Me apresuré a responder, casi sin pensar. Mi tío podría pensar lo que quisiera, pero Rey sería incapaz de hacer algo como eso.

—Entonces ¿Por qué huimos?

Un frío recorrió mi espalda. No podía decirles la verdad aún. Estaba afectada por toda esta situación para agregar otro problema más.

—Mi maestro es un viejo cabeza dura. Tú eras nueva en la isla y... sólo supuso que lo hiciste.— Intenté sonar convincente.

Ella me creyó, sin refutar, sin preguntar.

—Pero podíamos hablar con él, explicarle que n...

—No, Rey...— La interrumpí. —Tal vez si el afectado hubiese sido yo, habría aceptado una explicación. Pero... Jessika Pava es como la hija pródiga de Luke y Leia...— La respuesta surgió casi involuntaria. Rey me observaba confundida ante mis afirmaciones. —Larga historia.— Concluí intentando evitar que preguntara más sobre el tema.

Jessika Pava era todo un cuento en mi vida, desde muy joven llegó a ser la protegida de mi madre, quien casi de inmediato la adoptó, simbólicamente, como hija. Por años intentaron establecer una relación entre nosotros, pero había algo en ella que no me agradaba, posiblemente celos por su relación tan cercana a Leia y Luke.

Han Solo fue el único que pudo dibujar un línea imaginaria para separarnos, dándome mi lugar como su hijo, y no siendo descortés con Jessika, la respetaba y escuchaba, pero no glorificaba cada paso de que daba.

—No podemos volver hasta que tengamos claro que ocurre.— Le dije en voz baja.

—¿Qué cambiaría, entonces?— Preguntó observándome asustada.

—Que podría defenderte...— Murmuré.

Sus ojos verdes brillaron, casi ilusionados ante lo que acababa de escuchar.

Dioses, no me había detenido a verla tan de cerca. Sus mejillas estaba sonrojándose y notaba el ritmo cambiante de su respiración. Ella era absolutamente bonita, hermosa. La juventud continuaba irradiando de su mirada. Sacudí ligeramente la cabeza antes de comenzar a hablar de nuevo. Era fácil perderse en ella.

—Voy a volver a Coruscant. Tienen una de las bibliotecas mejor abastecida de la galaxia. Sé que de no encontrar respuestas al menos encontraré un camino.

—¿Irás solo?— Se apresuró a cuestionar.

—No puedo arriesgarme a llevarte conmigo. No sé cuales sean los planes de Luke. Y Leia estará ahí también. No puedo, no podría protegerte si ambos intentan algo.

De repente la idea de perderla me era abrumante, insoportable.

—Yo sé cuidarme sola.— Se defendió suplicante.

—Lo tengo claro. Sólo déjame hacer esto por ti. Te prometo que voy a ir y volver antes de que lo notes.— Afirmé intentando ser convincente con mi sonrisa. —Han es una estupenda compañía.— Concluí con una sonrisa, esperando poder endulzar un poco el momento. Un intento en vano, pues sus ojos me dejaban ver lo poco conforme que estaba con la idea.