Ningún personaje me pertenece, son propiedad de Lucasfilm.
Ben Solo partió con rumbo a Coruscant ese mismo momento. Su padre preparó una de sus naves disponibles.
Me era imposible quedarme quieta, alguien más resolviendo problemas que eran mi responsabilidad, no estaba acostumbrada a esto.
Realmente no estaba acostumbrada a que alguien más se preocupara así por mí. Mi piel continuaba erizándose cada ver que recordaba sus palabras "Podría defenderte". Él quería hacer esto por mi, un acto desinteresado. Un acto de humanidad que jamás nadie había tenido conmigo.
Observaba el punto donde había estado la nave antes de partir, deseando de corazón que todo esto terminara pronto. Pensar que podía cerrar mis ojos y que al instante Ben aparecería a mi lado.
—Es un gran piloto, créeme, estará bien.— Han Solo tomó mi hombro e inclinando su cabeza me invitó a ingresar de regreso a la estación. —Y ¿De donde eres, niña?
—Jakku. Era chatarrera en Jakku.— Respondí mientras intentaba seguirle el paso a su largas piernas.
—¿De verdad? ¿En que puesto?— Preguntó sin detenerse.
—Niima.
—¿Con Unkar Plutt?— Su mirada buscó mi rostro, Asentí cuando sus ojos conectaron con los míos. —Ese desgraciado quiso quitarme mi nave.
—Tenía cierta obsesión por las pertenencias ajenas.— Afirmé cerrando los ojos y negando con la cabeza. De haber sido un poco más tonta me habría quitado mi Speeder. —Aunque jamás pensé que quisiera un estación como esta.
Mis ojos bailaron recorriendo la nave, no Unkar buscaba modelos más compactos, modelos que le permitieran moverse con agilidad, esta estación era pesada y casi obsoleta.
—No, no... Me refiero al Halcón.— Dijo señalando el hangar que acabábamos de abandonar. —Antes de entregárselo a Ben, Unkar intentó robarlo, dos veces.— Hizo énfasis en el número señalándolo con sus dedos.
—Suena a que ha vivido muchas aventuras.— Afirmé sin miedo. Sus líneas cansadas en su rostro no me decían otra cosa.
—Una vida larga no puede estar acompañada de absoluta tranquilidad.— Casi al instante una luces rojas se encendieron simultáneamente. —Iré a revisar las máquinas, siéntete libre de vagar por la estación.— Se despidió alejándose por el pasillo.
Me quedé de pie simplemente observando; la forma en que caminaba era idéntica a la de Ben. Incluso su rostro, era como una versión más arrugada del joven maestro Jedi. Traté, sin mucho éxito, imaginar como luciría un joven Han Solo.
Camino sin un rumbo específico dentro de la nave, la estación, a pesar de ser vieja, es considerablemente grande. Y me provoca curiosidad saber como hace el padre de Ben para manejar todo él solo, pues hasta ahora no he visto a nadie más aquí.
Me dejo guiar por el sonido de los motores, llegando hasta un compartimiento que sería el sueño de todo chaterrero. El suelo está repleto de piezas pequeñas, además algunos cañones y motores. Uno de esos motores colgaba sin gracia del techo con algunas cadenas. Me acerqué lentamente para revisarlo con cautela. Parecía dañado de alguna forma, quizás descompuesto por el uso. Podía ver las quemaduras propias de una sobrecarga y piezas faltantes, regadas por el suelo. Un intento de Han Solo para poder arreglarlo, supuse.
Inspeccioné un poco al rededor, posiblemente existía algo que yo pudiese hacer.
Realmente no fue tan complicado, algunos cables sueltos y piezas viejas que debían ser reemplazadas. Me tomé la ligereza de repararlo, era obvio que el motor necesitaba mantenimiento y yo un método de distracción. Después de tres largos intentos el motor hizo su acostumbrado sonido de encendido.
Festejé victoriosa tomando un pequeño descanso sobre el suelo.
Había funcionado, perdí por completo la noción del tiempo y de mi aparente soledad.
—¿Rey?...— La voz de Ben hizo eco en todo mi cuerpo.
Giré para encontrarlo a unos pasos de la puerta.
—¡Ben!— Respondí sonriente al verlo de pie frente a mí.
—¿Cómo llegaste aquí?—Ya regresaste.—
Hablamos ambos al mismo tiempo.
Nos quedamos en silencio simplemente observándonos. Me puse lentamente de pie y ambos nos acercamos el uno al otro. Mientras más cerrábamos distancia algo se evidenciaba entre los dos; Esto no se sentía real. Él era Ben Solo, claro, pero algo en él no se sentía tangible.
—Estoy en Coruscant.— Afirmó Ben después de unos largos segundos en silencio.
Debía estar alucinando. Yo no estaba en Coruscant. Veía la estación, las piezas regadas en el suelo en que estuve las últimas horas. Yo si seguía en la estación.
—¿Cómo es...
—No lo sé.— Contestó mi pregunta aún sin formularla por completo.
Sus ojos me estudiaban con cuidado, atento a cada uno de mis movimientos. Sus manos subieron hasta mi rostro, asustada retrocedí un paso, pero la curiosidad me hizo arrepentirme de inmediato.
Sus dedos estaban sobre mi mejilla, lo sabía por que podía verlo, pero no lo sentía, no había tacto. Como si un fantasma me atravesara.
Y así tan repentinamente como apareció ante mis ojos, se desvaneció.
Me quedé de pie en medio de la habitación, el ruido del motor, ahora reparado, inundaba de nuevo mi oídos, tampoco había notado que dejé de escucharlo por un segundo. ¿Qué acababa de suceder?
—Lo reparaste.— La voz de Han me tomó por sorpresa. Giré para encontrarlo de pie junto al motor.
—Lo lamento.— Me disculpé aun aturdida con todo lo que acaba de vivir.
—¿Te gusta la mecánica?— Preguntó entornando los ojos.
—Si... en Jakku no tenemos muchos pasatiempos.
Mi mirada ya estaba sobre Han, pero en mi mente intentaba conectar puntos, intentaba descubrir como es que Ben de un momento a otro pasó de estar a mi lado a no estar en lo absoluto.
—Acompáñame.— Me pidió señalando con su mano la puerta. —Compré una nave recientemente.— Dijo mientras avanzábamos por el pasillo. —Se supone que es casi tan veloz como el Halcón, pero no he podido hacerla funcionar. ¿Crees que puedas revisarla?
—Si, por supuesto.— Afirmé entusiasmada siguiendo sus pasos.
Dejando la bodega a mis espaldas, pero no mi curiosidad. "Ben, regresa pronto"
