¿Encuentro Predestinado?
Yoriko terminaba de lavar los trastes cuando su hermano Taro bajó las escaleras; como no se había percatado de eso debido a que su hermano caminaba, al usar pantuflas, muy despacio, le dio tremendo susto cuando volteó y lo vio parado en la lejanía. Yoriko dio un pequeño brinco al mismo tiempo que llevaba su mano derecha al pecho mientras respiraba de forma agitada.
-¡Taro, por el amor de dios, no hagas eso! -exclamó su hermana hecha una furia. Taro ni se inmutó, sólo se le quedó mirando-. Casi me da un infarto por tu culpa.
-¿Dónde está mamá? -preguntó en tono de voz inexpresivo. Yoriko se relajó y volvió a concentrarse en guardar los trastes.
-Salió junto con Yuuto a un encargo; no me dijeron nada más -le respondió sin siquiera voltear a verlo-. ¿Necesitas algo?
-Tengo hambre -respondió. Yoriko chasqueó la lengua.
-Ahí hay pan y huevo, prepárate un sandwich de huevo frito -le indicó.
Taro se disponía a tomar la bolsa de pan cuando el timbre sonó; le dio la espalda a su hermana y se dirigió a la entrada, abrió la puerta y recibió a su madre y a Yuuto quienes cargaban bolsas de mandado.
-¡Ah! Qué bueno que estás aquí, hermano -dijo Yuuto, levantó las dos bolsas que cargaba en la mano derecha y se las entregó a Taro sin esperar una respuesta de su parte-. Toma, ayúdame con esto.
-Toto... -masculló Taro de mala gana; así era como se refería a su hermano menor, incluso desde que eran niños, y se quedó así desde entonces-, cargar estas cosas es un fastidio.
-No exageres; sólo tienes que llevarlas a la cocina. No sé qué hubieras dicho si las hubieras cargado desde el mercado.
Luego de decir eso, Yuuto pasó de largo a Taro y entró a la casa con las bolsas por delante. Su madre, quien no los dejaba de ver cómo discutían, se acercó a él y acarició su mejilla derecha cariñosamente.
-Me alegra verte afuera de tu habitación, hijo. ¿Te sientes bien?
-Sí, mamá. Me encuentro bien.
-Ven, vamos a dejar las cosas en la mesa... -su madre interrumpió lo que estaba diciendo y fijó su mirada al frente.
Taro se le quedó mirando con intriga; parecía que su madre estaba presente pero no realmente, aunque no era la primera vez. Luego de unos segundos la madre regresó en sí y buscó algo en los bolsillos de su pantalón.
-¿Sucede algo? -le preguntó. Su madre logró encontrar lo que estaba buscando y se lo ofreció. Taro lo recibió con la mano y notó que se trataban de mil yenes.
-Olvidé comprar un kilo de arroz, hijo. ¿Me harías el favor de comprarlos? -le pidió. Taro hizo una mueca de fastidio.
-¿Tengo que ir yo? -replicó.
-Te lo estoy pidiendo yo, Taro. Haz eso por mí. Yuuto meterá tus bolsas a la cocina.
Bajo la tierna insistencia de su madre, Taro no tuvo más opción que aceptar; bajó las bolsas y salió de la casa en camino a la tienda que estaba a la vuelta de la esquina. Cuando finamente estuvo lo suficientemente lejos, Yuuto se asomó por la puerta al igual que su madre.
-¿Crees que funcione? -le preguntó el chico a su madre. Ella se limitó a encogerse de hombros.
-Esperemos que resulte bien, hijo. Por el bien de tu hermano. Mientras tanto, mándale un mensaje: Que ya está en camino.
Yuuto sacó su celular y escribió con rapidez en el teclado. Ambos, él y su madre, deseaban que el plan funcionara.
Taro ya estaba a sólo unos metros de llegar a la esquina de la calle, sólo bastaba con dar vuelta a la derecha para encontrarse con la tienda que él y su familia más frecuentaban; mientras caminaba murmuraba cosas entre dientes, y más que nada eran maldiciones hacia su hermano, aunque él no le hiciese nada. Era su costumbre. Llegó a la esquina, dio dos pasos al frente y algo chocó contra él repentinamente; el impacto fue un poco brusco, tanto que lo hizo tropezar con sus propios pies y caer de sentón al suelo, se frotó la zona de su espalda baja con una mueca de dolor.
-Demonios... -masculló entre dientes y apretando los párpados en un intento de mitigar el dolor. Levantó la cabeza para encarar a la persona que chocó contra él-, ¡¿Porqué no te fijas por dónde...?!
Interrumpió su exclamación al notar contra quién había chocado: Una chica con una cinta azul adornando su corta cabellera, que además vestía un uniforme escolar de color negro con líneas blancas y una pañoleta roja brillante
La chica de la cinta azul miraba con extrañeza a Taro, pues se le hacía extraño que no reaccionara con normalidad, digamos...levantarse nerviosamente al mismo tiempo que le extendía la mano para ayudarla a levantarse, o apresurarse en tirarse al suelo de rodillas para ofrecerle una disculpa, o mínimo acercarse para verificar si ella se encontraba bien; en cambio Taro veía a la joven con una inexpresiva expresión. Simplemente...la veía y ya. La chica en cambio, aunque se tomó unos segundos para mirarlo fijamente, dibujó media sonrisa y ladeó la cabeza hacia la izquierda.
-Lo lamento -dijo en tono dulce y amable-, no me fijé bien por dónde iba.
-Entonces eres una tonta... -masculló Taro entre dientes al mismo tiempo que se levantaba, para después sacudir la tierra de su pantalón-, o una idiota.
-¡¿Cómo me llamaste?! -replicó la chica. Se levantó de un brinco y fulminó a Taro con la mirada-. ¡Qué insolente y maleducado eres! Me arrepiento de haberme disculpado contigo.
-Tú tuviste la culpa, niña tonta; ahora tengo jaqueca por tu culpa. Mejor vete a tu casa.
-¡Eres un tarado! -vociferó la chica acompañando su exclamación con un señalamiento de su dedo índice-. ¡Un baboso, estúpido, idiota, mentecato cabeza de chorlito!
La chica le enseñó la lengua a Taro con el ceño fruncido, le dio la espalda y salió corriendo de ahí, dejando a Taro completamente solo y con la palabra en la boca; meneó la cabeza en desaprobación y se metió a la tienda, compró lo que tenía que comprar y regresó a casa.
-¡Taro, por fin llegas! -dijo Yoriko del otro lado de la cocina, sentada frente a una mesa donde cortaba una lechuga a la mitad, luego de ver a su hermano entrar-. ¡¿Dónde estabas?!
Tantos gritos llamaron la atención de su hermano Yuuto, quien dirigió la mirada hacia Taro.
-¿Qué te demoró tanto? -le preguntó al acercarse a él. Taro le arrojó la bolsa del arroz sin siquiera mirarlo, ni para cerciorarse que la haya atrapado.
-La próxima vez recuerda lo que hay que comprar -siseó Taro muy irritado-, porque no pienso volver a salir.
-¿Pasó algo?
--La gente es muy estúpida -sentenció Taro.
Aquella respuesta era muy ambigua, no le daba absolutamente nada de pistas a Yuuto sobre si el plan fue un éxito o no, y en ese momento se arrepintió de haber gastado su dinero; y hablando de su "Inversión", su celular comenzó a vibrar dentro de su bolsillo. Yuuto echó un vistazo a sus espaldas para asegurarse de que estuviera solo, su familia se encontraba al fondo de la cocina concentrados en preparar la comida, entonces tomó su celular y contestó la llamada mientras caminaba a las escaleras y subir a su cuarto.
-¿Hola?
-¡No me dijiste que tu hermano era un patán! -reclamó una voz femenina del otro lado de la línea. Yuuto alejó la bocina de su oído con una mueca de dolor en el rostro, inmediatamente supo que se trataba de Ruka; cuando se detuvo, habló de nuevo.
-Te dije que podría haber complicaciones -aclaró Yuuto, tomó asiento sobre su cama -, y también dijiste que no habría problema.
-...ok, tienes razón -musitó Ruka-. He salido con chicos peores, y aunque fue molesto, supe cómo actuar.
-¿Ya te arrepentiste? -quiso saber Yuuto.
-Claro que no, te dije que lo haría y cumpliré.
-Gracias, Ruka; mi hermano es un dolor en el trasero, pero nunca fue así. Necesito tu ayuda para traerlo de regreso.
-Ya verás que sí lo lograré -dijo Ruka con un tono de voz alegre-, daré todo mi esfuerzo. Entonces...¿Cuál es el plan ahora?
-Descuida, ya pensaré en algo; cuando lo tenga, te llamaré.
-Muy bien, sólo recuerda que el Jueves no podré, voy a salir con alguien especial -al escuchar aquello, y por el tono de voz que usó Ruka, Yuuto sabía que ella esperaba ese día con impaciencia; sonaba ilusionada y encantada. Yuuto esbozó una sonrisa.
-Entiendo; entonces tenemos dos días más. Estaremos en contacto, Ruka.
-Está bien, Yuuto. Qué pases linda noche -se despidió, y luego colgó.
Yuuto suspendió su celular y lo guardó en su bolsillo. Su hermana Yoriko entró a su habitación de repente.
-Yuuto, ya está la comida -anunció. Su hermano asintió.
-Ahora voy, Yoriko.
-¿Estabas hablando con la novia de alquiler esa? -le cuestionó cruzando los brazos. Yuuto tensó su expresión.
-La "Novia de alquiler esa", se llama Ruka Sarashina -le corrigió haciendo más grave su voz-y te agradecería que la respetaras más.
-Una chica que se "Renta" no se merece ningún respeto.
-Sé que estás en contra de esa clase de "Servicios", Yoriko; pero debes recordar que ese trabajo es completamente legal y seguro -explicó Yuuto cambiando su tono de voz grave por una más serena y calmada-, he investigado, y te lo puedo asegurar.
-Digas lo que digas, nada me hará cambiar de opinión, Yuuto.
-Bueno...me creas o no es tu problema -Yuuto pasó junto a su hermana y la pasó de largo, se detuvo en el umbral de su cuarto y volteó sobre su hombro-. Ruka nos puede ayudar en regresar a Taro a como era antes. ¿O es que no quieres ayudar a tu hermano mayor?
Yoriko chasqueó la lengua al mismo tiempo que ponía los ojos en blanco; apartó a Yuuto de su camino con un leve empujón y salió de la habitación. Yuuto sonrió y la siguió de cerca.
Ahora la familia se disponía a comer.
CONTINUARÁ...
