Ningún personaje me pertenece, son propiedad de Lucasfilm.
Viajar hasta Coruscant no fue el trayecto agradable que había imaginado. Apenas estuve al alcance de las comunicaciones externas mi madre contactó conmigo.
Sabía lo que diría, sabía a donde se dirigía esta insistencia en hablar.
No de muy buena gana, pero después de al menos tres intentos de parte de Leia recibí el mensaje.
—Ben Solo. ¡¿Dónde estás?! — Mi nombre completo, esta sería una seria conversación.
—Voy en camino a Coruscant, madre. — Respondí sin ánimo.
—¿Y ella?... Luke ya se ha comunicado conmigo.
—No me sorprende.— Intente no ser muy evidente con mi voz. Mantenerme neutral ante sus ataques.
—No me hables en ese tono Ben.— Por supuesto no funcionó.
Nunca había sido especial fan de su constante intromisión en mi vida. Y este asunto con Rey no iba a ser una excepción.
—Le dije a Luke que dejaría a la chica en Jakku. Es justo lo que hice.— Mentí sin el menor remordimiento. En ocasiones se me daba mejor mentir que intentar fingir un tono sin sarcasmo.
—No voy a tolerar mentiras Hijo. Jessika por poco muere.— Jessika, ¿Porqué no me sorprendía que la mencionara? Suspiré sólo para mí, guardando silencio, dando gracias al creador que la senadora no muriese, o en este momento estarían no sólo sobre la cabeza de Rey, si no sobre la mía también. —¿Ben?
—Sigo aquí, madre.
—Bien. Luke viene en camino. Tienen que hablar sobre esto. Y tomar una resolución.
—¿Sobre qué? — Pregunté exhausto. Si Luke se involucraba me sería casi imposible regresar con mi padre y con Rey.
—Sobre qué hacer con la chica del desierto.
—Rey, mamá. Tiene nombre.— Rugí furioso. No soportaba que se refirieran a ella de otra forma. Me parecí simple, sin chiste, una falta de respeto a todo lo que Rey significaba en mi vida.
Además, no hace mucho, incluso la recibió con los brazos abiertos. Increíble la forma tan rápida en que cambió de pensar con respecto a Rey Y todo a causa, de nuevo, de Jessika Pava.
—Como se llame, es un peligro es…
—¿Mamá? —La interrumpí. —No te escucho, creo que se rompe la comunicación.— Mentí de nuevo, no quería escuchar ese discurso.
Rey era toda la luz que conocía en mi vida, y hasta hace poco creía que era un simple invento de mi cabeza. De no ser por ella no tenía ni idea de donde podría estar en estos momentos.
—¿Ben?... esto no es un juego…— Hablaba ella mientras intentaba apagar la comunicación. —¡Ben! Eres igual a tu padre….
—Eso es un cumplido. — Le respondía murmurando.
—Pensé que n…— Y comunicación apagada. Esto me traería problemas al aterrizar.
Llegué a Coruscant unas horas después. No me sorprendió encontrarme con una escolta encabezada por mi madre.
Bajé de la rampa del halcón sin siquiera molestarme en verla. Sabía lo que diría y no tenía tiempo para tragarme sus palabras.
—Ben Solo… no estoy pintada.— Sentía sus pasos caminando detrás de mí, insistente colocó su mano en mi hombro y, con toda la brusquedad que aún conserva su cuerpo, detuvo mis pasos al instante. —Respóndeme.
—¿Qué quieres?— Grité exasperado alejando mi hombro de su toque. —¿Espero a Luke contigo? ¿Quieres qué? ¿Me encadeno a tu muñeca?
Vi como sus ojos lentamente se llenaban de lágrimas. Sabía que había cruzado la línea. Pero en ocasiones no lo podía evitar. Me trataba como si aún fuese un niño pequeño.
—No seas irrespetuoso.— Susurró intentando mantener su voz fuerte.
—Tengo cosas que hacer. —Le dije después de unos segundos en silencio. Si me quedaba a su lado podría lastimarla con algún comentario. Y aun sabiendo que los merecía, no iba a hacerlo; mi padre me mataría si se entera.
—¿Qué cosas? ¡Ben!... Escóltenlo. — alcancé a escuchar mientras ingresaba al enorme edificio.
Le prometí a Rey que sería rápido y, considerando que Luke venía en camino, debía ser mucho más que rápido. Sentí de inmediato las sombras que envió mi madre para mantenerme vigilado.
Mantuve mi paso firma firme hasta la biblioteca, no podía dejar rastros de mis consultas así que debía hacer todo manual. Como usualmente decía mi madre "Permitir que mi instinto me guíe"
Registré algunos manuscritos, al menos a grandes rasgos aquellos que me funcionaban entraban directo a un pequeño morral que tomé del Halcón. No podía quedarme a analizar cada palabra en cada texto. Terminaría aquí atrapado con mi madre, mi tío y Jessika Pava.
Caminé alrededor de uno de los estantes cuando la sensación de estar acompañado comenzó a hacerse presente. Debían ser las escoltas de mi madre. Suspiré molesto, lo suficientemente alto para que me escucharan o al menos espantarlos.
Pasé de un pasillo a otro cuando, inadvertida apareció ella. Sentada al final del pasillo completamente de espalda. Sabía que era ella, podía sentirlo.
—¿Rey?...— La llamé confundido. ¿En qué momento llegó a Coruscant?
Su cuerpo giró lentamente, sorprendida posiblemente.
—¡Ben!— La sonrisa en sus labios apareció casi de inmediato.
—¿Cómo llegaste aquí?—Ya regresaste.—
Hablamos ambos al mismo tiempo.
Nos quedamos en silencio simplemente observándonos. Esto no se sentía real. Ella era Rey pero algo en ella no se sentía tangible. Ella se puso lentamente de pie y comenzó a cerrar su distancia, al igual que ella me acerqué. Consumido, curioso, como un insecto atraído por la luz.
—Estoy en Coruscant.— Murmuré cuando estuve lo suficientemente cerca.
Sus ojos me confirmaron lo obvio. Ella ni siquiera estaba aquí. Continuaba en la estación con mi padre.
—¿Cómo es...
—No lo sé.— Contesté apresurado sabiendo exactamente que preguntaría.
No era posible que se materializara a mi lado, tan repentinamente, tan silenciosa.
Mis ojos intentaba encontrar algún defecto, algo que me dijese que esto no era real, que mi cansada mente estaba trabajando tiempo extra.
Tenía que sentirla, desmentirme. Mis manos buscaron su rostro. Noté como retrocedía asustada pero aún curiosa se detuvo. Mi mano estaba sobre su mejilla. Pero no era capaz de sentir su tacto, su calor. Casi como si la atravesara.
Tan frágil, tan etérea… y así como apareció, su cuerpo se desvaneció. Cómo el humo que arrastra el viento.
