¿Cita?
—¿Me repites el PORQUÉ estamos aquí? —exclamó Taro frunciendo el ceño mientras trataba de protegerse los ojos del sol colocando su mano derecha sobre sus cejas.
Él y su hermano Yuuto caminaban entre un gran tumulto por la Gran Avenida, en dirección al centro de la ciudad; el hermano menor caminaba a paso rápido sin siquiera molestarse en mirar a Taro. Desde esta mañana que actuaba de esa manera, y eso molestaba a Taro.
—Vamos a buscar unas cosas que necesito para la escuela —aclaró finalmente Yuuto, aún sin ver a su hermano—. Si aún fueras a la escuela, sabrías que ya casi iniciamos el nuevo año.
—No me importa en absoluto —declaró Taro al cruzarse de brazos mientras caminaba, desvío la mirada hacia la derecha.
Yuuto, después de mucho rato, finalmente volteó hacia atrás, hacia su hermano, y sintió mucha pena por él. ¿En qué momento llegó a convertirse en esta persona que ahora desconocía? Y eso mismo era lo que quería arreglar, de una manera u otra.
Después de media hora, su ida de compras al centro ya había terminado, y ahora se encontraban disfrutando de un plato de Ramen en un local bien establecido y respetable; el local era muy amplio, las cuatro paredes estaban cubiertas de azulejos blancos que reflejaban las luces de las lámparas, y sus mesas eran redondas y de madera. Bastante acogedor y familiar.
—Pudiste elegir algo menos formal —masculló Taro a su hermano; al notar que no hubo respuesta despegó la mirada de su plato y la dirigió hasta Yuuto frente a él, se dió cuenta de que no se despegaba del celular—. Yuuto. ¡Yuuto!
Trató de llamar su atención, pero parecía que su hermano estaba más empeñado en enviar un mensaje a cualquier persona que desconocía Taro que en atenderlo; dejó salir un gruñido de molestia.
La puerta del local se abrió y golpeó una diminuta campanilla colgando muy cerca, eso llamó la atención de Taro y levantó la mirada, su corazón casi se sale de su pecho al ver que se trataba de una joven de cabello corto, cuya cabeza era adornada por una cinta azúl. Taro gruñó una vez más, pero con más fuerza...e irritación. Yuuto bajó el celular y notó la expresión de su hermano.
—¿Qué, no te gustó? —le preguntó. Taro le lanzó una filosa mirada.
—¡¿Justo ahora se te ocurre hacerme caso?! —exclamó Taro, luego dijo una maldición entre dientes. Junto estaba confundido.
—¿Qué te ocurre?
—¡Nada! ¡¿SÍ?! ¡No me ocurre nada!
A pesar de su forma de actuar de su hermano, Yuuto sabía que algo lo estaba molestando; no era el restaurante, no era la comida, mucho menos que se encontrara comiendo con él, ¿El motivo? Él lo sabía perfectamente...porque él la había llamado. Yuuto no le estaba enviando un mensaje a cualquier persona, le mandó mensaje a Ruka Sarashina con su actual ubicación para que se les uniera a comer; con un ligero cambio de planes, y en los hechos.
Yuuto agradecía que su hermano mayor era muy despistado, así podía llevar a cabo su plan sin ningún inconveniente; era cuestión de saber mover sus cartas, y todo saldría a flor de piel. En eso ya tenía experiencia, pues en el pasado convenció a Tato de que los árboles de chocolate existían, y él, confianzudo, enterró su barra de chocolate que le habían regalado para ver crecer dicho árbol. Eso nunca ocurrió.
Taro no era muy discreto que digamos, pues no dejaba de mirar a la hermosa chica en la barra, quien trataba de decidir qué comer, y en cada vez que regresaba la mirada a su plato de ramen chasqueaba la lengua. Algunos podrían decir que él era como un libro abierto...o un audio-libro conectado a un altavoz. Yuuto decidió hacer su movida.
—¿Puedes decirme ya de una vez qué te tiene tan nervioso?
—¡Ya te dije que no es nada! —dijo alzando un poco la voz, inmediatamente miró de reojo a Ruka; Yuuto se percató de eso y volteó en aquella dirección tratando de disimular su sonrisa. Taro apretó con todas sus fuerzas sus puños en señal de irritación—. ¡¿Qué crees que estás haciendo?!
Yuuto ignoró a su hermano y le echó un "Vistazo" a Ruka, luego se volvió a él con una boba sonrisa.
—Jajaja, ay, hermanito. Aunque seas un antisocial, aún te siguen gustando las chicas lindas —dijo con falsa ironía. Taro lo señaló con el dedo índice.
—¡Esa chica no me gusta! —siseó completamente enfadado—. ¡Sólo es una chica con la que choqué ayer cuando...! —Taro se cubrió la boca con ambas manos, supo inmediatamente que había hablado de más. Él mismo se echó la soga al cuello.
Yuuto sonrió con cierta malicia en el rostro y alzó la mano derecha por encima de su cabeza.
—¡Disculpe, Señorita! —gritó al sacudir su mano.
Toda la gente del restaurante los volteó a ver, Ruka incluída. Taro sentía que todo su mundo se venía abajo. Ruka se señaló a sí misma, y Yuuto asintió rápidamente; "Intrigada", Ruka se acercó a ellos. Ya estando frente a ellos, Taro agarró la tabla del menú y se cubrió el rostro con ella.
—Lamento molestarla, pero quería hacerle una pregunta —dijo Yuuto con amabilidad.
—Claro, dime —aceptó Ruka con una sonrisa.
—¿Conoce a mi hermano? —le cuestionó al señalar a su hermano. Taro seguía escondido detrás del menú.
Yuuto se dió cuenta de eso y lo obligó a bajar la cosa, con cierta dificultad; la cara de Taro quedó expuesta. Ruka lo miró detenidamente, lo que ponía incómodo a Taro, después de cinco segundos amplió los ojos y frunció el ceño, después se cruzó de brazos.
—Sí, lo conozco —reapondió con frialdad.
—¿En verdad? —inquirió Yuuto fingiendo confusión. Ahora se dirigió a su hermano—. ¿Cómo conoces a esta chica, Taro?
El hermano mayor no respondió, en cambio no dejaba de fulminar a Yuuto con la mirada con mucho enfado e irritación.
—¡Él chocó contra mí y me dijo que era una idiota! —le gritó a Taro en la cara tan fuerte, que de nuevo todo el restaurante los volteó a ver. La cara de Taro se puso tan roja, que parecía estar a punto de explotar; y tal reacción le pareció graciosa a Yuuto.
—¡¿Es cierto eso, Taro?! —exclamó Yuuto fingiendo indignación. Taro se levantó de su asiento.
—¡No es mi culpa que chocaras contra mí! —le gritó en respuesta a la joven de la cinta azúl.
—¡¿Entonces sí la llamaste "Idiota"?! —quiso saber su hermano. Taro, al darse cuenta que habló de más, se mordió la lengua.
—Y-Yo...en realidad... —no sabía qué decir. Se estaba saboteando él mismo.
—¡¡SÍ LO HIZO!! —afirmó Ruka. Yuuto sacudió la cabeza.
—No puedo creerlo, Taro. ¿Cómo pudiste hacerle eso a una linda señorita como ella? —Taro se sentía como un cachorro regañado en un rincón, lentamente se sentó sobre su silla con las miradas de Ruka y su hermano sobre él—. Imagino que quieres corregir lo que hiciste, ¿Verdad, Taro?
Taro no dijo nada, simplemente se limitó a mirar de reojo a su hermano y a Ruka.
—Señorita —ahora Yuuto se dirigió a la joven—, ¿Le parece si la invitamos a comer como manera de pedirle disculpas?
—¿Lo dices en serio? —cuestionó Ruka. Yuuto asintio—. De acuerdo, espero no causar inconvenientes.
—En absoluto. Por favor siéntese —Yuuto le extendió una silla a Ruka y la señaló con un gentil ademán. La chica de la cinta azúl aceptó la silla y tomó asiento.
Yuuto le ordenó un plato de lo mismo que estaban comiendo a Ruka, ella lo aceptó gustosamente; Taro sólo se limitaba a verla por encima de la carta del menú del restaurante. Tanto Yuuto como Ruka agradecieron al mismo tiempo por la comida y prosiguieron a disfrutar del platillo frente a ellos, una vez se concentraron en comer, Taro trató de relajarse y comer tranquilamente.
Media hora después, Yuuto llamó a la mesera que atendía el lugar y le pidió tres órdenes del postre del día, el cual se trataba de un vaso de helado sencillo, que podían elegir entre los sabores chocolate, fresa, y vainilla. Los clásicos. Yuuto pidió el de fresa, Ruka el de vainilla, y Taro el de chocolate; el menor de los Furukawa aprovechó la oportunidad para charlar con Ruka sobre su vida diaria: La escuela, sus pasatiempos, todo lo que llegara a presentarse en la plática. Mientras ellos dos platicaba de forma amena, Taro los miraba de reojo durante todo el rato; a ella la veía intrigado por las cosas que explicaba, y a él lo miraba con...¿Recelo? El joven Taro envidiaba a su hermano menor por tener la facilidad de hablar con una chica tan linda y sociable como lo era Ruka, inmediatamente se sintió como si estuviera haciendo un mal tercio, como si él estuviera de sobra. Un simple estorbo.
De pronto el celular de Yuuto vibró sobre la mesa, éste lo levantó y atendió la llamada, minutos después dejó salir un suspiro y se levantó de su asiento, llamando la atención de Ruka y Taro.
—Lo siento mucho, chicos —se disculpó Yuuto mientras buscaba algo dentro del bolsillo de su pantalón derecho—, pero tendré que irme antes de lo esperado.
—¡¿Qué?! —exclamó Taro levantándose de golpe de su asiento.
—¿Qué pasó? —quiso saber Ruka, ligeramente preocupada por pensar que se trataba de algo malo.
—Surgió un problema con mis documentos para el ingreso a mi secundaria, y tengo que resolverlo rápidamente o me quedaré sin lugar —Yuuto sacó un par de Yenes de su bolsillo y los colocó sobre la mesa de manera rápida pero discreta, se dió unas palmadas en el estómago y sonrió de oreja a oreja—. Estuvo delicioso, tómense la libertad de quedarse en tiempo que quieran. La comida ya está pagada, incluso pueden pedir algo más, corre por mi cuenta.
—¡Óyeme, Yuuto! —gruñó Taro, extendiendo el brazo hasta alcanzar el cuello de la camisa de su hermano y sujetarlo con fuerza, tiró de él para hablar no tan fuerte, sin que se Ruka pudiera escucharlos—. ¿A caso piensas dejarse aquí con la niña ésta de la cinta azul?
—La "Niña ésta" se llama Ruka, Taro. No seas grosero —le corrigió Yuuto de manera calmada y serena, pero firme—. Además, ¿Qué tiene de malo? Estás aquí, en un restaurante bonito, con una linda chica como Ruka... —
Taro miró de reojo a Ruka, esperando que no pudiera escucharlos y que su expresión lo dejara en claro, en cambio encontró a una confundida chica con la cabeza inclinada a su izquierda.
—¿Qué más puedes pedir? —preguntó irónicamente Yuuto, luego le dio una palmada a su hermano en el hombro derecho—. Anímate. Tal vez surja algo bonito de esto.
Yuuto se encogió de hombros, retiró la mano de Taro de su camisa, y se dirigió ahora a Ruka.
—Lo siento, Ruka; sé que yo te pedí que comieras con nosotros, pero debo irme. ¡Oh, pero no te preocupes! —Yuuto señaló a su hermano, quien aún estaba en estado de Shock—. Taro me dijo que él se asegurará de acompañarte hasta donde quieras para que vayas segura.
—¿En serio? —cuestionó Ruka al llevarse una cucharada de su helado a la boca, lo que a Taro, mirándola discretamente, le pareció tierno—. Es muy lindo de su parte; y descuida, entiendo tus razones para irte.
—Muchas gracias —dijo Yuuto aliviado—. Cuídala, Taro —agregó antes de acomodar su silla dentro del espacio bajo la mesa y salir del restaurante.
Ahora, en esos momentos, sólo se quedaron Ruka y él en el restaurante; claro, aún habían clientes dentro del local, pero para el joven Taro se sentía como si ellos dos se encontraran completamente solos. Taro tomó asiento lentamente y dirigió su mirada al vaso de helado frente a él, cuyo contenido ya se estaba derritiendo.
Por un largo momento, el silencio reinó entre ellos dos, ni una sola palabra salía de sus labios; Taro no sabía qué decir, y Ruka se concentró en terminarse su postre tomándose todo el tiempo del mundo, total, ya estaba pagado.
Para Taro, estar en esa situación era algo bastante complicado para él, pues no tenía ni idea de cómo lidiar con ella; muy rara la ocasión se llegó a quedar solo con una chica, incluso con alguna de sus antiguas novias. Pocas novias en realidad, y era ese mismo motivo el que lo tenía atado de manos en ese momento.
De un momento a otro, Ruka se levantó de su asiento y buscó algo en el interior de su bolso, y esa acción alarmó a Taro de golpe.
—Dile a tu hermano que le agradezco el haberme invitado a comer –dijo Ruka en tono neutral, inexpresivo, sin siquiera mirarlo—. Estuvo delicioso.
Terminando de decir aquella última frase, Ruka se dirigía a la salida del restaurante.
El tiempo pasó muy lentamente para Taro; no quería que Ruka se fuera tan rápido, pues quería pedirle disculpas por haber actuado de manera tan grosera el día anterior, ahora lo sabía, se la pasó toda la noche pensando una y otra vez en aquél momento y se reprendió a sí mismo por decirle algo tan hiriente a una chica. ¡UNA CHICA, MALDITA SEA! ¿Dónde había quedado su caballerosidad? Su madre no había criado a un chico ofendía a las mujeres.
Casi por reflejo, y armándose de un increíble valor, Taro logró abrir la boca para decir una sola palabra.
—Lo siento... —dijo en un hilo de voz, pero fue suficiente para que Ruka logrará escucharlo, pues había dejado de caminar.
—¿Qué dijiste? —cuestionó Ruka, incapaz de creer lo que había escuchado.
—Yo...lo siento —ahora Taro lo había dicho en un volúmen normal. Ruka estaba sorprendida—. Lamento haberte dicho esas cosas tan hirientes ayer. No...no voy a dar excusas. No mereces que alguien te trate así.
—Yo...—el rostro de Ruka había adquirido un tono rojizo en sus pómulos, al igual que el de Taro; la chica de la cinta azul miraba fijamente al mayor de los Furukawa mientras que él desviaba la mirada hacia la izquierda. Entonces Ruka dibujó una sonrisa—, acepto tu disculpa.
Taro levantó la mirada con asombro, y se encontró con la dulce sonrisa de Ruka.
Al ver esa linda y tierna sonrisa, algo comenzó a emerger del pecho de Taro: Un sentimiento cálido y...agradable. Era como ver el amanecer por primera vez en la vida, y, entonces, las palabras salieron por sí solas de su boca.
—Eh...sé que Yuuto te invitó para disculparse en mi nombre, pero él no tiene porqué meterse en mis asuntos así que...¿Qué tal si me...dejas invitarte a comer un día de estos?
Taro temía por la respuesta, no de en balde tantas malas experiencias en el pasado con varias chicas en diferentes momentos de su vida: En la escuela, en su barrio, en campamentos, e incluso en el trabajo a medio tiempo que tenía hace unos años. Y, para ser sinceros, él ya se imaginaba el peor de los casos, ya estaba acostumbrado a eso.
Sin embargo, Taro jamás imagino llegar a escuchar la respuesta que le dio Ruka en el restaurante.
—Claro.
CONTINUARÁ...
