Ataque de ansiedad
Yoriko había terminado de recoger la basura de toda la casa, la colocó dentro de una enorme bolsa negra de plástico reforzado y la llevó afuera de la casa haciendo un gran y considerable esfuerzo al tratar de cargar semejante bolsa; era bastante basura, especialmente kilos y kilos de hojas de papel que Yuuto ocupaba para hacer sus bocetos que en un dos por tres desechan al momento de crearlos, lo que era un mal hábito de su parte. Yoriko alzó la mano para abrir la puerta cuando de repente está se abrió de golpe y alguien entró como una exhalación por el umbral, pasándola de largo como si nada; la joven Yoriko volteó sobre su hombro y apenas notó que se trataba de su hermano mayor: Taro.
-¿Y ahora qué le pasa a este fulano? -se preguntó en sus adentros con una clara y muy obvia expresión de incógnita.
Taro subió, sorprendentemente, las escaleras de tres en tres sin siquiera tropezar o dar señales de cansancio hasta llegar a la puerta de su habitación, la cual cerró de un portazo. Al lado, otra puerta se abrió y Yuuto asomó la cabeza, intrigado por tal ruido; al darse cuenta de que se trata a de su hermano, no pudo evitar dibujar una maliciosa sonrisa en su rostro. Ya sabía de qué se trataba.
Taro se recargó sobre la puerta con toda su espalda y se deslizó hacia abajo lentamente con una expresión en estado de shock, su mirada estaba perdida en la nada, sus manos temblaban, y la boca la tenía seca de tanto que había respirado por ella desde que salió corriendo de la estación del metro donde acompañó a Ruka para que llegara sana y salva a su casa.
El recuerdo de lo sucedido anteriormente llegó a su mente para volver a atormentarlo.
-Claro -contestó Ruka muy dulcemente-. Acepto salir contigo.
-¿Lo...Lo dices en serio? -quiso saber Taro, aún incapaz de creerlo.
-Desde luego -afirmó una vez más Ruka-, después de todo ya te disculpaste conmigo. Muy pocos chicos aceptan que se equivocaron, y el que tú lo hayas hecho habla muy bien de quién eres.
Ruka metió una vez más la mano en su bolso, sacó un diminuto paquete de Postip y una pluma, anotó algo en la primera hoja, y al terminar se lo entregó a Taro.
-No suelo hacerlo, pero esta al ser una ocasión especial, haré una excepción.
-¿Y qué es? -cuestionó Taro, un poco confundido. Recibió aquél Postip.
-Es mi número de celular -aclaró Ruka.
Aquellas cinco palabras golpearon la cabeza de Taro un centenar de veces, casi-casi taladrado su interior y ocasionando un daño irreparable; el chico se le quedó mirando al número en la diminuta hoja de papel como si del mapa a el Dorado se tratara, como si hubiera recibido los secretos del universo escritos en tinta: Con total, y completa, incredulidad.
-Llámame cuando puedas, y así quedar para nuestra primera cita.
"Cita...cita...cita..." esa única palabra, hizo que el corazón de Taro se detuviera, y casi lo derribó. Estaba petrificado.
-Ya me tengo que ir -señaló Ruka al colgarse su bolso sobre su hombro con elegancia-. ¿Me acompañas a la estación más cercana del metro?
-¿Eh? -Taro salió de su ensimismamiento y, por primera vez desde que Ruka se levantó de su asiento, la miró a los ojos-. ¡Ah, sí! Claro.
Y así, ambos salieron del restaurante. En el camino, la chica de la cinta azul decía una cosa tras otra para mantener una conversación con Taro, aunque en realidad...ella era la única que hablaba. Taro sólo se limitaba a escucharla atentamente y a contestar sólo lo necesario, no porque no le interesara lo que Ruka le estaba diciendo, más bien porque aún no podía creer lo que estaba pasando en esos momentos.
Llegaron sin problemas a la estación más cercana, Ruka se despidió de él con una sonrisa, y se adentró en los pasillos del metro; en cuanto se perdió a la lejanía, Taro no perdió tiempo y salió disparado como alma que lleva el diablo hacia su casa.
Así fue como llegó.
Ahora, el pobre Taro se encontraba perdido en un vórtice de pensamientos y decisiones:
¿Cómo terminaron las cosas de esa manera?
¿De dónde encontró el valor para hacerle esa pregunta? ¡¿CÓMO DEMONIOS FUE QUE LE HIZO ESA PREGUNTA?! ¿Habrá sido demasiado directo?
¿A caso Ruka se asustó?
¿Sintió lástima por él?
¿Se habrá sentido agredida por él?
Y más importante aún: ¿Cómo se prepara un chico para una cita?
Había pasado demasiado tiempo desde la última vez que salió en una cita con una chica, y la verdad es que no sabía ya cómo debía prepararse; obviamente debía concentrarse en su higiene personal: Tomar una ducha para quitarse el olor a Otaku promedio, peinarse, vestirse para la ocasión...¡¿CÓMO DEMONIOS LO HARÍA ENTONCES?!
Lo primero que pensó fue en pedirle concejo a su hermano Yuuto, pues él vaya que tenía experiencia en salir con chicas, pero si lo hacía, muy probablemente Yuuto lo se las cobraría burlándose de él durante los siguientes meses, sino es que años; hablarle a Yoriko también era mala idea, claro que era su hermana, pero ella también era...poco femenina, básicamente una "Tomboy"; y ni hablar de su madre, seguramente le daría un infarto. Así que optó por hacer lo que un chico con acceso a Internet haría en un momento de desesperación absoluta...buscar un tutorial en YouTube.
Mientras tanto, afuera de su habitación, hablando de los reyes de Roma, sus hermanos y su madre estaban tratando de escuchar lo que estaba sucediendo dentro de esa habitación. Apenas y se escuchaba un suspiro.
-¿Entonces funcionó? -preguntó la señora Furukawa a su segundo hijo, Yuuto.
-¿Que si funcionó? -cuestionó el chico de forma irónica. Ahora se dirigió a Yoriko-. Hermana, dile a mamá cómo llegó Taro a la casa.
-Como bala de cañón, madre -contestó mirándola fijamente-. Incluso creí que tiraría la puerta de una patada de lo fuerte que la golpeó.
-Vaya... -musitó la matriarca de la casa, completamente sorprendida.
-Podríamos decir que Taro está yendo por el camino en que queremos que vaya -señaló Yuuto al voltear hacia la puerta de la habitación de Taro.
-¿Deberíamos intervenir?
-¿A qué te refieres, mamá? -preguntó Yoriko.
-Pues...a qué deberíamos ayudar a tu hermano para que su primera "Cita" sea un éxito.
-No -respondió Yuuto al cruzarse de brazos-. Nosotros ya hicimos suficiente con "Presentarle" a Ruka en un inicio, ahora...lo demás depende de él.
Los tres regresaron a su posición original, pegando oreja en la puerta de la habitación de Taro para escuchar todo el chisme que ahí dentro se estaba llevando a cabo.
Taro, por un lado, después de ver una lista entera de tutoriales para salir con chicas y cómo lucir en una cita, quedó mirando fijamente la pantalla de su computador con los brazos colgando a ambos lados; parecía un muñeco de trapo arrinconado en una repisa. Entonces, el recuerdo de la sonrisa de Ruka regresó a su mente.
Una sonrisa que era tan dulce como un pastel de cinco pisos, una sonrisa que era más inocente que un cachorro recién nacido, una sonrisa que era más radiante que el sol naciente por las mañanas, una sonrisa...que lo había dejado sin aliento; las palabras de la chica aún resonaban en su mente, e instintivamente metió la mano en el bolsillo de su pantalón, para sacar el Postip que la chica de la cinta azul le había dado, la cual tenía escrito su número de teléfono. ¡¿CÓMO CARAJOS IBA A LLAMARLA PARA DECIRLE EN DÓNDE SE IBAN A VER?! ¿Qué lugares frecuentan las chicas de ahora para ir a una cita? ¿Elegirá bien? ¿Sería un poco incómodo si llegara a seleccionar un lugar según su gusto? Taro no sabía qué hacer, su mente ahora era un maldito desastre.
-¿Qué hago? -se preguntó en sus adentros-. Hace años que no salgo con nadie, ya perdí la práctica. Debí haber pensado mejor las cosas antes de decirle a Ruka aquello.
"Claro. Acepto salir contigo"
Escuchó una vez más las palabras de Ruka en su mente, y eso fue suficiente para despertar un repentino impulso de valor y determinación.
Anteriormente ninguna chica lograba salir con él a la primera, siempre debía hacer méritos para convencerlas sin llegar a incomodarlas o atosigarlas...¡Y lo lograba! Ese tiempo perdido, sin contar la experiencia también perdida, podía ser una nueva oportunidad para aprender nuevos modales para tratar a una chica tan hermosa como Ruka. Un perro viejo puede aprender nuevos trucos, aunque Taro no era tan viejo, ya tenía veintidós años. Entonces él aprovecharía la oportunidad, aprendería todo lo que pudiera para ser la mejor opción de Ruka.
Así que se fijó una meta: ¡Ser el mejor pretendiente!
Pero primero vería un video de cómo dirigirse a una chica.
CONTINUARÁ...
