Ningún personaje me pertenece, son propiedad de Lucasfilm.


—Niña, tienes talento... —El padre de Ben me sonreía aprobando mi trabajo con el motor.

Jamás había recibido palabras de aliento tan hermosas como esa. ¿Patético? Sí, no dejaba de repetírmelo una y otra vez en mi cabeza.

—Gracias, Señor. —Bajé mi rostro apenada al responder.

—Han, llámame Han. —Me pidió amablemente colocando su mano sobre mi hombro. —¿Has considerado un trabajo en mecánica? — Preguntó repentinamente.

—En Jakku no tengo muchas opciones de trabajo. — Respondí sincera. Toda mi vida he sido chatarrera y no por elección.

—Bueno ya no estás en Jakku. — Puntualizó señalando el techo de su nave. —Y siempre es bueno tener una mano extra...

Me boca se secó apenas comprendía donde llevaban sus palabras.

—¿Me está ofreciendo trabajo? — Pregunté sin recelo. Sorprendida.

—Puede ser.

—Pero... ni siquiera me conoce. —Negué con la cabeza, aún sorprendida por su genuina amabilidad.

Él y Ben era iguales.

—Ben confía en ti... no tienes mejor carta de presentación que esa. — Dijo mientras caminaba a unos sillones desgastados y se dejaba caer en ellos.

Yo sólo podía imaginar cosas como esta. Dejar Jakku ahora era tan palpable. No volver al desierto, no volver a la arena.

—Quizás por ahora sea complicado…— Agregó, posiblemente al notar duda en mi rostro. —…pero conozco a mi hijo, si están en algún problema lo va a resolver.

—Confía mucho en él. —Afirmé sin miedo a equivocarme mientras caminaba al sillón y me sentaba su lado.

—¿Qué más puedo hacer? Es mi hijo.— Respondió casi con devoción.

Me llenaba el corazón de calma saber que Ben tenía un padre que se preocupara tanto por él.

—¿Por qué no vive con él? — La duda llegó casi de inmediato a mi cabeza. Y sintiendo una nueva confianza me atrevía a preguntar.

—Bueno es una historia complicada... —Carraspeó su garganta al responder. —Su madre y yo, supongo que ya no éramos compatibles.

—¿La senadora es su... era su esposa? — Concluí asombrada. ¡En ningún momento me pasó eso por la cabeza! Claro que era obvio. Pero en ningún momento me atreví a hacer la conjetura.

—Si. Por quince años vivimos juntos, hasta que Ben quiso dejar todo para viajar conmigo. Según su madre era una terrible influencia para nuestro hijo.

—Y ¿Por eso se separó de Ben?

—Jamás me he separado de mi hijo. —Respondió de inmediato. A la defensiva. —Claro que, desde que me fui no he podido ser una parte activa de su vida. Pero él sabe que puede acudir a mi cuando lo necesite. Creo que eso es evidente. Si su madre se entera que estuvo aquí, posiblemente venga ella misma a cortar mi cabeza. —Agregó sonriendo. Sabía que debía estar jugando. Pero la forma en que lo afirmó no coincidía con la imagen que yo tenía de la dulce senadora.

—Ella no me parece ese tipo de persona. Cuando regresamos de Jakku, con Jessika sana y salva, lucía muy dulce, como una amorosa madre con su hija. — Sonreía al recordar lo preocupada que lucía al abrazar a Jessika.

—Ah, Jessika Pava es todo un capítulo en su historia. ¿Conociste bien a la chica? — Pregustó suspicaz.

—Lo suficiente. —Dije sin entrar en detalles, después de Ben; Jessika era la persona más amable que había conocido.

—Es lista, ingeniosa, intuitiva. Leia estaba encantada con ella, y contagió a Luke con ese amor soberano sobre la chica. La palabra de Jessika Pava es ley ante los oídos de Luke y Leia.

Alcanzaba a sentir cierto resentimiento en sus palabras. Era evidente que ella no le agradaba del todo.

—Habla como si Jessika los manipulara. — Murmuré, en un intento de ahondar en la conversación y tener la oportunidad de defenderla.

—No estoy seguro hasta qué punto. —Afirmó sin miedo. —Quizás sean sólo ideas mías, ya que nunca confié cien por ciento en ella.

Su voz mermaba. Han tenía su versión de la historia en cuanto a lo que refería a Jessika. Pero no lo podía creer. Jessika no era una manipuladora.

—Pero, ella luce tan desinteresada... — Le dije mientras sonreía. Al recordar lo insistente que era en ayudarme a salir de Jakku.

—Lucir como una buena persona, no te hace una buena persona... —Sus palabras me calaron hasta la médula. —Y desde que Leia quiso comprometer a mi hijo con ella... me dio muy mala espina.

Las palabras me golpearon fuertemente, como caer desde una de las máquinas enterradas en el desierto.

—¿Ben y Jessika iban a casarse? — Pregunté sorprendida con los ojos bien abiertos.

—Jamás lo hubiese permitido. Ben tenía apenas diecisiete años.

No podía imaginarlo. No podía concebirlo. Ben y Jessika siendo una familia. Una fuerte dolor nació en mi pecho. Casi como si fuesen ganas de llorar.

—Pero ¿Por qué razón lo haría? — Ahora, repentinamente, estaba consternada con la noticia.

—Según ella quería que su hijo tuviese un futuro brillante, unir al senado y la orden Jedi de nuevo a través de él. —Bufó, posiblemente repitiendo las palabras que alguna vez la misma senadora le dijo.

—¿No lo creyó, verdad? — De repente la respuesta de Han me era necesaria.

—Ni por un segundo. Esa chica, Jessika, debía estar detrás de todo. Lavó el cerebro de Leia para hacerle creer que era la mejor opción para Ben. —Su mirada, su voz, su postura, todo en Han se oscureció mientras recitaba sus afirmaciones. —Bien…— Suspiró. —…supongo que por negarme tan rotundamente fue otra razón para que me alejaran de él.

La noticia continuaba haciendo estragos dentro de mi pecho. Mis ojos estaban a punto de humedecer cuando una alarma discreta, no invasiva, comenzó a sonar.

—Ben ya debe estar regresando. Vamos. —Han se puso de pie estirando su mano en mi dirección para ayudarme a ponerme de pie.

Caminamos casi codo a codo hasta la lanzadera. Llegamos justo a tiempo para ver a un cansado Ben que al vernos suspiró agotado.

—Papá, deben subir al halcón, me siguieron.