Viejas Heridas, Nuevas Experiencias
"La memoria del corazón elimina los malos recuerdos y magnifica los buenos, y gracias a ese artificio logramos sobrellevar el pasado"
Eso es lo que la frase dice, pero para Taro...siempre fue una sarta de patrañas; los malos recuerdos no se eliminan, permanecen y van creciendo conforme pasan los días, y así hasta torturar poco a poco la mente de una persona; los buenos recuerdos, para él, eran como el cristal: Hermosos...pero delicados. Que con el más mínimo de roce se podrían romper, y nunca volver. Taro se había quedado sin recuerdos felices, y los malos aún lo atormentaban hoy en día.
Ahora se encontraba sentado sobre su cama con la mirada agachada hacia el Postip con el número celular de Ruka en el, pensando. Sólo pensando. Ese repentino impulso de valor que le había llegado hace media hora...se esfumó, como el humo en una fuerte ventisca. La duda inundó su mente, así mismo la inseguridad también.
¿Y si Ruka le dió su número por lastima? Eso no pudo haber sido ya que ella misma le dijo que demostró valor y arrepentimiento al disculparse.
¿Y si eso era una completa mentira, una simple actuación? No lo creería capaz pues, para Taro, una persona no podría llegar tan lejos con una mentira tan horrible como esa. Jugar con los sentimientos de otra persona es la peor de las bajezas; alguien así sería considerado...una simple escoria. Así que eso no podría ser
Claro. Me gustaría salir contigo
Las palabras de Ruka seguían en su mente, e inconscientemente le estaban dando ánimos para darse una nueva oportunidad con el amor; una oportunidad de demostrarle a una chica todo el amor que podía ofrecerle, una oportunidad para...
¿Creíste que alguien como yo podría amar a un sucio pobretón como tú? Patético
Sin embargo...con esa repentina frase, además de sentimientos, también surgieron viejos traumas del pasado. Memorias que destrozaban su alma. Y esas viejas heridas le impedían a Taro seguir adelante, pues le recordaban que el mundo era cruel y despiadado. Los más fuertes sobteviven, y él no era fuerte en absoluto.
Mientras tanto, en la cocina de la familia Furukawa, los tres miembros yacían sentados frente a la mesa del comedor, aguardando por una nueva señal de movimiento por parte del hijo mayor, pero la última había sido en esa media hora que ya había transcurrido, pero para ellos era una eternidad. Estaban ansiosos.
-¿Seguro que no podemos hacer nada, Yuuto? -quiso saber la cabeza de la familia, la señora Furukawa. Su hijo la miró de reojo, sin bajar el rostro en dirección del techo.
-Lo siento, mamá, pero no podemos -respondió Yuuto con mucho pesar en sus palabras-; ya le dimos a Taro una puerta cual abrir, y él debe decidir si cruzarla o no.
-Pero es que... -quiso replicar la señora Furukawa.
-Pero nada, mamá -pero fue interrumpida por Yoriko, su hija más jóven-. Yuuto tiene razón. Ahora es decisión de Taro.
-Estoy preocupada -musitó su madre, agachando la mirada. Sus dos hijos se sintieron muy mal por ella, y no la culpaban.
-Mira, mamá... -intervino Yuuto al acercarse a su madre y colocar gentilmente una mano sobre su hombro-, necesitas ser paciente. Recuerda que estas cosas llevan tiempo, son a largo plazo. Taro puede haberse convertido en un antisocial, pero sé que en el fondo sigue siendo el mismo chico atento y cariñoso como siempre.
-Eso espero, hijo -la señora Furukawa volteó hacia la puerta de su hijo-; porque... si este plan no funciona bien, nunca me lo perdonaría.
Yuuto y Yoriko intercambiaron miradas; con aquellas palabras que había dicho su madre, ambos comenzaron a rezar para que Taro se animara a dar el paso más importante.
-Maldita sea... -masculló Taro al golpear con fuerza la pared de su habitación con la cabeza-, maldita sea... -y otra vez, así hasta haberle hecho un hoyo a la pared. Una vez que notó lo sucedido, se detuvo, pero dejó su cabeza dentro del agujero.
Mientras seguía en esa posición, la vorágine de pensamientos y sentimientos aún estaba latente en su cabeza; agachó la mirada y dejó salir una exhalación.
¿Qué diantres estaba haciendo? ¿Porqué actuaba de esa manera?
Taro sabía que estaba haciendo mal, ¿Cómo te pones a dudar de una amable chica que recientemente te dió su número de teléfono? ¡¿Qué chica hoy en día hacía eso?! Eso era lo primero que pensó, y la chispa que se desvaneció regresó; sacó la cabeza del hoyo y levantó la mirada con un nuevo y renovado aire de determinación. ¡¡UNA CHICA LE DIO SU NÚMERO, MALDITA SEA!! ¡¿CÓMO PUEDE PONERSE A DUDAR ESTOS MOMENTOS?! ¡¡ESO ERA UN MALDITO SACRILEGIO!! ¡¡UNA HEREJÍA!! Un hombre nunca debe dudar de una mujer, eso lo lo hace hombre.
Taro agarró su toalla de baño, se metió a la ducha y se bañó como nunca antes de había bañado, tardó más de media hora, pero había valido la pena; buscó en su closet sus mejores garras para vestirse, tomó su cepillo para peinarse ese cabello de estropajo que tenía desde hace ya varias semanas, y hasta se puso un poco de colonia que le había regalado su madre en su vigésimo tercer cumpleaños.
Ahora sí, ya estaba listo; ahora lo que seguía era armarse una vez más de valor para levantar el teléfono y marcar el número de Ruka. Y para Taro...eso era más difícil todavía. Meditó y meditó por varios minutos con el teléfono celular en la mano hasta que decidió ya no darle más vueltas al asunto y marcar de una vez por todas ese número, y que se haga lo que dios quiera.
El tono de llamada seguía sonaba y sonaba, la llamada no era tomada, y eso preocupó por unos segundos a Taro; era de esperarse que una chica no respondiera su celular a la primera oportunidad, como hoy en día Taro no sabía qué tipo de hobbies tenían las chicas de su edad, no estaba realmente seguro si Ruka tendría tiempo libre para responder...
-¿Hola? -dijo una voz del otro lado de la línea, lo que petrificó a Taro como un balde de agua fría. Sí, en efecto, era ella-. ¿Quién habla?
Taro no dijo nada, seguía petrificado, casi-casi como una estatua de hielo en medio de una habitación. Ruka seguía preguntando quién era la persona que le había marcado. Taro trató de decir algo, pero sólo un sonido parecido a un chillido salió de sus labios.
-¿Es esto alguna clase de broma? -interrogó Ruka, y por el tono de su voz parecía estar irritada-. Voy a colgar.
Eso sacó a Taro de su hoyo negro mental.
-¡E-Espera! -dijo el voz alta, inmediatamente se reprendió por hablar tan alto-. Lo-Lo siento...Ruka. Soy yo, Taro.
-¿Taro? -el joven Furukawa no sabía si Ruka pronunció esa palabra como una pregunta de confirmación, o de confusión; tal vez ya se había olvidado de él-. ¡Ah, Taro, qué alegría escuchar tu voz!
Aparentemente la pregunta del inicio fue más que una simple pregunta irónica. Taro sintió cierta calidez en el pecho.
-¿De verdad...? ¡No, perdón, yo...! Bueno, ¿Estás ocupada? Puedo llamarte más tarde.
-No en realidad, de hecho estaba esperando tu llamada -señaló Ruka en tono dulce y delicado.
Taro sintió su rostro más caliente que de costumbre, supo en ese momento que se había sonrojado; incluso quería dar brinquitos de alegría.
-Eh...jeje, qué cosas dices, Ruka.
-En verdad; tengo tiempo libre ahora, y hasta hace poco estaba pensando en ti y en qué estabas haciendo.
-Bu-Bueno, yo... -Taro quería gritar de la emoción, pero sólo se limitó a morderse el labio inferior-, también tengo tiempo libre, y quise aprovecharlo para llamarte y quedar en un lugar para nuestra...nuestra, eh... -
-¿Nuestra cita? -inquirió Ruka en tono pícaro. Taro dibujó una extraña mueca en su rostro, parecida a esa mueca que caracteriza al pequeño Charlie Brown cuando está enamorado.
-S-Sí. Nuestra cita -Ruka dejó salir una risilla, que a Taro le pareció muy tierna y dulce.
-Me encanta. ¿Entonces qué tienes planeado?
Para ser precisos, ¿Qué cosa Taro no tenía planeada ya? Hace unos años, cuando aún salía a la calle y a la escuela, Taro estaba enamorado de una chica, así que se pasó todo un día planeando la cita de ensueño para ella: Ir por ella a su casa, presentarse adecuadamente con los padres de manera cordial y amable, llevarla a ese restaurante italiano que estaba muy de moda para ese entonces, compartir un plato de Lassaña, invitarle un "Chango Platanero" de aquella gran heladería, y terminar yendo al observatorio en el centro de la ciudad para ver el espectáculo de luces. Sí, eso mismo había planeado pero...por cuestiones de la vida nunca se llegó a completar ese plan.
-Ah...¿Qué te parece si vamos a ese restaurante italiano? Creo que se llamaba... -
-Angelo Della Pasta -acompletó Ruka. Taro se sorprendió.
-Sí, ese mero. ¿Qué tal suena?
-Me suena perfecto. ¿Qué tal si nos vemos a las cuatro de la tarde?
-Por mí está bien, ¿No tienes algún problema con esa hora?
-Claro que no.
-De acuerdo.
-Entonces nos vemos a las cuatro -confirmó Ruka con la misma voz dulce y alegre de antes.
-Hasta entonces.
-Es una cita, Taro -comentó la chica de la Cinta azul con emoción, luego dejó salir otra risilla-. Nos vemos.
Ruka había colgado, ahora sólo el pitido de la línea se escuchaba; Taro, por otro lado, se desmayó. Ahora él tenía una cita.
CONTINUARÁ...
