Ningún personaje me pertenece, son propiedad de Lucasfilm.


Las alarmas sonaban como si un ataque inminente estuviera cayendo sobre nosotros.

Ben trataba de lucir tranquilo, pero lo notaba en sus ojos. Veía miedo en sus ojos.

Su padre se posó a mi lado sujetando mi brazo con fuerza mientras me jalaba al interior de la nave.

—¿Qué hay de Ben?— Pregunté asustada al notar que él permanecía en su lugar.

—Estará bien.— Alegaba Han sin soltar mi brazo. —Quédate aquí. Iré por él.— Se rindió, posiblemente al notar lo preocupada que estaba o su propia preocupación como padre.

Un silencio sepultó el lugar por completo. Las luces se apagaron. Esto parecía casi el producto de mis propias pesadillas.

—Han, mi viejo amigo...— Esa voz, era del viejo maestro de Ben.

Mi corazón se detuvo casi al instante. Paralizada por un miedo que se estaba volviendo palpable.

—Luke, qué gusto verte de nuevo.— Han saludaba como si nada estuviese ocurriendo.

—Una pena que sea bajo estas circunstancias.

Traté de controlar mi respiración ¿Qué estaba pasando conmigo? El miedo jamás me había afectado de esta manera. Pasé días mucho más difíciles en Jakku, esto no era nada comparado con pasar hambre y soportar la soledad ¡No! no existía un punto de comparación y aún así, racionalizando la situación, no podía evitar que mis manos temblaran.

—¿Donde está la chica?— Una pausa casi eterna se vio interrumpida por su contundente pregunta.

—¿Buscas a una chica aquí? Un poco tarde para eso, viejo.

—No nos hagamos tontos, Han. Te aprecio, pero no te interpongas en los asuntos de la orden. Tu hijo viaja con una fugitiva.

—Si mi hijo trajese una mujer aquí créelo sería el padre más contento de la galaxia.

—Ben...— La voz maternal de Leia ahora inundaba el lugar. —Dinos dónde está.

Yo sólo podía imaginar la situación en mi cabeza, mi cuerpo poco a poco comenzó a fundirse en la nave hasta estar oculta y consumida por la oscuridad de los pasillos.

Todo me sobrepasó, sentía cada vez más el ritmo de mi sangre latiendo en mis venas, acelerado con cada segundo que pasaba. Debíamos irnos, ahora.

—¿Rey?...— Esa era Jessika. Mis ojos se movieron entre la oscuridad de la nave.

Ella estaba de pie, enmarcada por la luz que alcanza a colarse del exterior.

Mi respiración se detuvo, las palabras de Han continuaban tan latentes, pero no podía creerlas. Ella era absoluta bondad, una persona en quien se puede confiar. En quien confié lo suficiente para ayudarla a escapar de Jakku. Han debía estar equivocado, Jessika no era una mala persona.

—Jessika.— Respondía saliendo de mi improvisado escondite.

—Hay, Gracias a la estrellas ¿Estás bien?— Corrió en mi dirección y palpó mis manos y luego mi rostro.

—Estoy bien.— Le aseguré con una ligera sonrisa.

—¿Ben te hizo algo? ¿Te lastimo?— Su pregunta, aún amontonada, me hizo negar al instante.

—¿Qué? ¡No!— Exclamé a la defensiva.

—Bien. Debemos irnos— Suspiró al tomar de nuevo mis manos y jalar de ellas.

—Alto, no, no puedo.

—Rey... quiero ayudarte. Por favor. Vámonos.— Suplicó de nuevo jalando de mi mano.

—No, Él... su maestro quiere regresarme a Jakku o posiblemente matarme, por lo que te hice.— Confesé avergonzada bajando la vista.

—Hablaré con él. Yo estoy bien.— Aún con poca luz pude ver el resplandor de su sonrisa. —Pero debes venir conmigo.— De nuevo, insistente, jaló de mi mano para llevarme con ella. Pero algo me ataba a esta nave, debía permanecer al lado de Ben, no podía hacerle esto, no después de todo lo que ha hecho por mí. —¿Rey?— Jessika suspiró mi nombre. —Todavía no lo sientes ¿Verdad?...— Su voz se tornaba calmada y ceremonial, regresando en sus pasos y tomando fuertemente mis dos manos entre las suyas. —Tú y yo. Rey, de alguna manera estamos conectadas.— Sus afirmaciones me sacaron por completo de balance. —Cierra tus ojos... — Suplicó entre susurros. — ...mira en tu interior, sabes que es verdad. Tú no me encontraste en Jakku por accidente. Estamos destinadas a estar juntas.— Mi mente y cuerpo no encontraban unión. ¿Era posible todo lo que Jessika me decía? Mi boca estaba seca mientras la observaba. Ella estaba tan relajada, tan confiada en lo que decía. — Yo tengo las respuestas que estás buscando, pero debes venir conmigo.

Mi respiración se detuvo ante sus afirmaciones. Poco a poco mi cuerpo fue cediendo su peso y, primero, con un vacilante paso en su dirección terminé por dejar de ejercer fuerza contra ella y comencé a seguirla lentamente.

Estábamos juntas a punto de llegar a la lanzadera cuando giró para observarme con una victoriosa sonrisa en su rostro.

—Es lo correcto. Él sólo te hará daño.— Dijo en voz baja, casi inaudible.

Y entonces años y años de sueños llegaron directo a mi cabeza. Sueños en donde solo estaba él. Ben consolando a una joven chatarrera perdida, hambrienta, asustada. Un, mucho más joven, Ben Solo tomando mi mano en la oscuridad y asegurándome únicamente con su mirada que todo iba a estar bien.

Ben era mi conexión. Ben era a quien estaba destinada a conocer, no Jessika.

Una fracción de segundos me separaron de ella. Una fracción de segundo en la que solté su mano y colocando la mía sobre su pecho.

—Tú mientes, Jessika Pava.— Le dije justo antes de lanzarla volando con un fuerte estallido de poder que brotó de mis dedos y la arrojó justo a los asustados pies del maestro de Ben.

—¡Jessika! — Exclamó asustada la senadora Organa.

—¿Rey?... — Ben me empujó de regreso a la nave, seguido de cerca por su padre.

—Despegaré la nave. — Se apresuró de decir mientras corría hasta la cabina.

—Rey ¿Qué hiciste? — Cuestionó Ben asustado antes de girar a ver la lanzadera cerrándose. Luke continuaba intentando hacer reaccionar a la joven senadora.

—Ella no era de fiar. — Le dije buscando sus ojos. Esperando que confiara en mis palabras.