¡Buenas!
Ya estoy aquí. He tardado un poco en actualizar, pero la vida se me ha complicado un poco en las últimas semanas.
El capítulo no es demasiado largo, pero creo que estoy satisfecha con el resultado. Se me han ocurrido varias ideas que he introducido para enriquecer un poco la historia. Espero que os gusten.
Capítulo 16: Katsuki Bakugo
Ese día, Katsuki se había pasado casi una hora sentado en su cama preguntándose cómo sería la mejor manera de hacerles saber a sus padres lo que estaba ocurriendo. Había pasado dos semanas evitando hablar del tema, pero sabía que tarde o temprano tendría que enfrentarse a ellos y contarles la verdad. Mitsuki y Masaru estaban siendo pacientes con él. Demasiado pacientes. Pero aquella situación no se podía sostener por más tiempo. Izuku había desaparecido de la faz de la Tierra, y sus padres estaban preocupados. Todas las noches los escuchaba murmurar. Mitsuki estaba al borde de un ataque de nervios pensando en lo que le podría haber pasado al chico que había estado acogiendo en su casa por los últimos tres meses.
Katsuki pensó que su madre acabaría acudiendo a la policía en unos de sus arrebatos de desesperación, pero Masaru la había estado conteniendo exitosamente. Katsuki sabía que la policía no podría hacer nada por Izuku, pero hubiera sido un problema que se involucrara en su desaparición. Al fin y al cabo, él hubiera sido el primer sospechoso.
Se miró al espejo. Era comprensible que pensaran que él podría haberle hecho daño a Izuku. Había desaparecido tras estar con él, y Katsuki había aparecido con heridas por todo el cuerpo y la ropa manchada de sangre. Sus padres debían de pensar que su hijo era el más cruel de los asesinos.
—Tch…
Solo de pensarlo, se le revolvía el estómago.
Tocó la zona de su cabeza, junto a su cuello, donde faltaba el pequeño mechón de pelo que le había dado a Todoroki. Quería creer que su plan funcionaría. Debía tener confianza en ello. Pero si pretendía desaparecer él también, antes debía hacer las cosas correctamente.
Se levantó de la cama y se dirigió al salón, donde sus padres veían la televisión sin cruzar palabra.
—¿Podemos hablar? —preguntó después de carraspear.
Mitsuki y Masaru levantaron la vista hacia su hijo como si acabasen de despertar de un sueño. Apagaron la televisión con premura y le invitaron a sentarse en uno de los sillones.
Katsuki apoyó los brazos sobre sus rodillas y evitó la mirada de ambos.
—Creo que merecéis saber la verdad —comenzó—. Estoy dispuesto a contaros todo, pero quiero… no, necesito que tengáis la mente abierta y confiéis en mí. Lo que voy a contaros es difícil de creer, pero es la verdad.
Masaru y Mitsuki permanecieron en silencio unos segundos, intercambiaron una mirada preocupada y terminaron asintiendo.
Katsuki comenzó desde el principio. Les contó cómo había empezado a soñar con un chico reiteradamente hacía ya un año y la manera en la que se había obsesionado con ese joven hasta el punto de no querer conocer a nadie más en la vida real. Les explicó que ese chico había dejado de aparecer en sus sueños unas semanas antes de su cumpleaños, justo el día en el que había encontrado Izuku junto al río.
—Izuku era idéntico al chico de mis sueños —explicó—. Su cabello, sus ojos, su voz, incluso su personalidad… Era él.
—Pero Izuku no sabía quién eras tú, Katsuki —intervino Masaru.
—Sí que lo sabía. Era todo mentira —dijo Katsuki—. Izuku se inventó lo de su amnesia para poder quedarse con nosotros.
El silencio inundó la habitación unos instantes.
—Pero… eso no es posible —murmuró su padre.
Katsuki se mordió el labio inferior y continuó la historia. Les contó toda la verdad sobre Izuku: quién era, de dónde procedía y la razón que lo había llevado a bajar al mundo de los humanos. Después, les explicó lo que había ocurrido la noche en la que había regresado a casa solo y cubierto de moratones. Sin mirarles a la cara, les contó cómo se llevaron a Izuku por un agujero negro que había desaparecido segundos después, y esperó una reacción por parte de sus padres.
No la hubo.
Mitsuki y Masaru se quedaron callados, observándole, seguramente juzgándolo. Fue entonces cuando decidió mostrar la única prueba que tenía de que todo lo que decía era verdad: su propio cuerpo.
Se quitó la camiseta y mostró las dos cicatrices que habían marcado su piel tras esa noche.
—Cuando caímos por ese precipicio, algo me atravesó el cuerpo y me dejó estas marcas. Sin embargo, cuando desperté, no tenía ni una sola herida a excepción de los moratones. Esta es la única prueba que tengo. Si ese dios no me hubiera sanado, ahora mismo estaría muerto. No hay forma de que me haya curado unas heridas tan profundas yo solo.
Mitsuki miraba con horror las cicatrices de Katsuki, pero seguía muda. Masaru se había quitado las gafas y masajeaba las sienes, agotado. En el fondo, lo sabía. No podía esperar que sus padres creyeran una historia que parecía sacada de un libro de ciencia ficción.
Se puso en pie y les dio la espalda.
—Si me creéis o no, me interesa poco —gruñó—. Pero quería contároslo para que no os preocupéis por mí porque pienso ir en busca de Izuku, y no voy a regresar hasta que él esté a salvo, así que…
Notó unos brazos que lo rodeaban y lo abrazaban con fuerza. Mitsuki apoyaba la cabeza contra su espalda y la acariciaba con su frente. Katsuki sintió un nudo en la garganta.
—Sé que harás lo que tienes que hacer —le dijo—. Siempre has sido un chico muy valiente.
Katsuki apretó los puños. Masaru se acercó y le acarició el cabello puntiagudo.
—Supongo… que sería una hipocresía por nuestra parte tener un altar en casa y no creer en los dioses, ¿no es así? —dijo con un tono divertido.
—Entonces… ¿me creéis? —preguntó Katsuki.
Mitsuki le dio una palmada en la cabeza y sonrió.
—Creía que no te interesaba si te creíamos o no —se burló.
—Vieja bruja… —masculló el rubio.
—Ven, Katsuki, quiero contarte algo —le dijo, ignorando el insulto y guiándolo hasta el sofá, donde se sentó a su lado. Respiró hondo y tomó las manos de su hijo—. Cuando era pequeña, contraje una enfermedad muy grave. Yo no lo recuerdo, pero tu abuelo siempre me contaba esta historia. Dice que pidió la opinión de muchísimos médicos y todos coincidieron en que no podían hacer nada por mí. Pasaron los días y cada vez me encontraba más débil. Tu abuelo, desesperado, empezó a rezar día y noche a los dioses, a hacerles ofrendas, pidiendo que me salvaran. Un día, tus abuelos despertaron y me encontraron en pie, correteando por la casa como si nada hubiera pasado. Me llevaron una vez más al médico, me hicieron pruebas… No podían creerlo. Estaba totalmente recuperada de la enfermedad. Todos dijeron que había sido un milagro. Tu abuelo siempre creyó que habían sido los dioses quienes me habían salvado la vida.
Katsuki la miraba sin pestañear, no por la historia que acababa de contarle, sino porque aquella era la primera vez que su madre le había hablado de sí misma y de su vida personal; la primera vez que su madre le trataba como a un adulto en el que podía confiar.
—Ve a por Izuku —le dijo, tomándolo por las mejillas y mirándolo a los ojos—. Protégelo como él te protegió a ti.
—Estamos orgullosos de ti, hijo —dijo Masaru—. Ten cuidado ahí arriba.
—¿Katsuya? —repitió Yoichi—. ¿Eres Katsuya Kimura?
—Yoichi, él no es… —comenzó Izuku, pero Katsuki se adelantó unos pasos, colocándose frente a él. Algo de lo que había dicho Yoichi lo había hecho reaccionar de manera extraña.
—¿Conocías a mi abuelo?
Los ojos de Yoichi se ensancharon.
—Oh… Tú… eres el hijo de Mitsuki-chan… —murmuró. Cerró la puerta tras sí y caminó unos pasos hacia ellos, parándose junto a Katsuki y mirándole a los ojos. Una sonrisa nostálgica surgió en su rostro—. Tendría que haberlo imaginado. Te pareces mucho a Katsuya, pero… eres idéntico a Mitsuki.
—¿Cómo es que conoces a mi familia?
—Yoichi… ¿Mitsuki es la niña a la que salvaste? —preguntó Izuku.
El dios de cabello blanco asintió y caminó hacia su cama. Tomó asiento sintiéndose repentinamente agotado. Los años se le habían echado encima de repente. Como dios era fácil olvidar el paso del tiempo que para los humanos resultaba tan importante. Desde que Katsuya había muerto, Yoichi había dejado de observar el mundo de los mortales. Lo único que había allí que le importara era la hija de Katsuya, que crecía fuerte y hermosa. La joven Mitsuki era la viva imagen de su padre, aunque había heredado el carácter enérgico de su madre. A Yoichi le gustaba mirarla porque podía ver a Katsuya a través de ella, pero no dejaba de repetirse a sí mismo que tarde o temprano Mitsuki también moriría, y Yoichi no estaba preparado para perder de nuevo a un ser querido.
—¿Qué quieres decir? —inquirió Katsuki.
—Yo amaba a tu abuelo —contestó Yoichi en susurros—, pero él nunca supo de mí.
—Yoichi hizo un trato con All for one para salvar a tu madre de una enfermedad muy grave cuando era pequeña, Kacchan —explicó Izuku.
—¿Fuiste tú? —preguntó el rubio, recordando la historia que le había contado su madre. Al final, ella tenía razón. Los dioses habían intervenido para salvarla.
Yoichi parecía nervioso, preocupado. Intentó alzar la mirada una vez más hacia Katsuki, pero en el último momento la desvió. Se llevó las manos a la cara, intentando controlar el temblor de sus manos. Finalmente, sonrió sin un ápice de humor o felicidad en sus labios. Aquel gesto estaba lleno de frustración e incredulidad.
—¿Por qué tenía que ser él, Izuku? ¿Por qué tenía que ser precisamente el nieto de Katsuya?
—Yo… no sabía que Kacchan era el nieto de ese hombre —respondió Izuku, confundido.
—Claro… Es… Es mi culpa. Todo esto es mi culpa. Pero no tenía otra opción. No sabía qué más hacer —se excusó Yoichi con voz estrangulada—. La pequeña Mitsuki iba a morir y me pareció algo tan lejano…
—¿Qué demonios estás balbuceando? Si tienes algo que decir, dilo claro —espetó Katsuki de manera brusca.
—Kacchan… —intervino Izuku. Sabía que a Katsuki no le gustaba que la gente se anduviera con rodeos, sobre todo cuando se trataba de cuestiones importantes, pero sabía que Yoichi estaba sufriendo y debían ser comprensivos. Se sentó junto al dios de cabello blanco y le preguntó qué sucedía.
—Cuando te conté que había hecho un trato con mi hermano para salvar la vida de Mitsuki, no te lo conté todo —reconoció, angustiado—. Mi hermano no se conformó con mi libertad, Izuku. Hubo algo más.
—¿Qué cosa?
—"La muerte es caprichosa y voraz, Yoichi. Necesita alimentarse constantemente, y no le gusta que nadie se entrometa en su camino. Si salvamos la vida de un humano que está destinado a morir, tendremos que darle otra vida a cambio." Esas fueron las palabras exactas que me dijo. Las recuerdo día y noche desde que firmé ese maldito contrato.
Izuku tragó saliva. Katsuki apretó los puños.
—Continua… —le pidió el rubio.
—Me dijo que si le salvaba la vida a alguien de la familia Kimura, uno de sus descendientes tendría que morir tarde o temprano —explicó, clavando su mirada en los ojos rojos de Katsuki por unos segundos. Suspiró—. Sé que estuvo mal aceptar algo así, pero…
—Ojos que no ven, corazón que no siente —continuó Katsuki con tono estoico—. No querías que mi madre muriera, y pensaste que ese cerdo podía estar refiriéndose a la muerte de un familiar lejano o algo así. Y aunque no lo fuera, al menos tú no tendrías ningún tipo de vínculo con esa persona, así que tampoco te importaba.
—Sí que me importaba —le contradijo Yoichi—, pero Katsuya y Mitsuki eran mi mundo por ese entonces. Aun sin estar cerca de ellos, eran las personas más importantes para mí. No podía soportar la idea de que la niña muriera ni de que Katsuya sufriera por su pérdida.
—Entonces… era por eso que Kacchan estaba destinado a morir… —concluyó Izuku, apenado.
Yoichi asintió.
—Mi hermano es el dios más retorcido que he conocido en mi vida. Estoy seguro de que había decidido que sería el hijo de Mitsuki quien debía dar su vida desde que nació. Él mismo sería el encargado de arrebatársela. Y entonces, sucedió algo inesperado que cambió sus planes. Apareció ese hombre. Un hombre con los ojos llenos de rencor. Pidió hablar con mi hermano. Escuché parte de la conversación desde el pasillo. Aquel hombre le dijo a mi hermano que quería acabar con su propio hijo, que apenas tenía cuatro años. En un principio, All for one no vio beneficio alguno en aquello, pero entonces ese hombre mencionó que si hijo había sido bendecido por siete dones. A mi hermano le brillaron los ojos.
Izuku se llevó la mano a la boca para ahogar un gemido de sorpresa y horror. Sabía perfectamente de quién estaba hablando Yoichi. Había estado temiendo algo parecido desde que AFO le había devuelto sus dones uno por uno entre una lenta agonía.
—Tu padre te vendió, Izuku —confirmó Yoichi—. Le dio toda la información a mi hermano sobre ti. Le dijo que eras tímido, retraído, que siempre estabas solo. Fue AFO quien convirtió el lago de detrás de tu casa en un portal. No fue casualidad que llegaras al mundo de los humanos, ni tampoco lo fue que conocieras a este chico. Mi hermano estuvo moviendo los hilos todo el tiempo. Fue él quien hizo posible que pudierais encontraros en sueños. Quería que os enamorarais para que acudieras a él tan pronto como te enteraras de que él iba a morir. Cuando hizo aquel pacto contigo, era plenamente consciente de que no lograrías salvarle porque él sería el encargado de matarle. Con el nuevo trato que hicisteis, le dará a la muerte la vida que le debía y él se quedará con tus poderes, que es algo que ansía desde hace años.
A Izuku le costaba respirar. Miró a Katsuki, quien se encontraba tan impactado como él. Aquello era demasiado siniestro, demasiado difícil de asimilar. AFO los había manipulado. Había jugado con sus sentimientos y con sus vidas como si fueran simples marionetas. Y su padre… su propio padre había sido quien lo había llevado directo al matadero.
Volvió a mirar a Katsuki. Si no hubiera sido por ese macabro plan, ellos nunca se hubieran conocido. Todo había planeado meticulosamente para llevar a ambos a su perdición. Izuku sintió nauseas de solo pensarlo. AFO había manchado algo tan puro como el amor que ellos se tenían con intenciones malsanas. Su historia de amor nunca había estado destinada a tener un final feliz y él lo sabía desde el principio.
—Izuku…
Tenía la visión nublada y aun así pudo ver la misma incertidumbre en los ojos de Katsuki. Ellos nunca deberían de haberse conocido. AFO se había encargado de ponerlos en el camino del otro una y otra vez.
No pudo evitar reprimir un gemido. Había intentado separarse de Katsuki en varias ocasiones, pero siempre había algo que los volvía a unir. Se preguntó si habría sido AFO quien había llevado a Tizona hasta aquel árbol el día en que se había enamorado de Kacchan; si habría sido él quien la había matado cuando había querido separarse de Katsuki la primera vez. Incluso se cuestionó si habría sido él el responsable de que su madre decidiera deshacerse de un día para otro del lago para después mandar a sus secuaces a hacerle una oferta.
—Todo… todo ha sido una mentira… —se lamentó Izuku, abrazando sus rodillas.
—Lo siento. Lo siento tanto… —decía Yoichi—. No quería que esto pasara.
—No puedo creerlo. Todos estos años… —gimió el chico de ojos verdes.
Katsuki se inclinó hacia él y lo tomó de los hombros.
—Eh, basta —le soltó—. Basta ya. Nada de lo que hemos vivido ha sido mentira, ¿vale? Escúchame —le pidió, tomándolo de la cara—. Absolutamente nada de lo que he sentido ha sido mentira. Todo, absolutamente todo, Izuku, ha sido real. Lo sabes. Te lo dije desde la jodida primera vez que te besé. Me importa una mierda que todo fuera planeado. ¡Que le jodan a ese hijo de puta! Te quiero, y eso no es mentira. ¿Y sabes qué? Me alegro de que nos pusiera en el camino del otro porque tú — escúchame bien—, tú eres lo más importante para mí. Y no voy a dejar que ese cabrón se salga con la suya. Vamos a ganarle en su propio juego y después estaremos juntos, tú y yo. ¿Me has entendido?
Izuku asintió. Las lágrimas mojaban las manos de Katsuki.
—Dímelo en voz alta.
—Sí, Kacchan —sollozó, abrazándolo por el cuello.
—Y en cuanto a tu padre… me encargaré personalmente de que se arrepienta el resto de su inmortal vida de lo que ha hecho.
Izuku se limpió las lágrimas.
—No lo entiendo. No entiendo por qué me ha hecho esto.
—No es un buen hombre, Izuku —intervino Yoichi—. Había mucho odio en su voz cuando hablaba de ti y de tu madre. Dijo que quería hacerle daño a ella a través de ti.
—Mi madre… ¿Y si le hace daño de verdad? —inquirió Izuku, angustiado.
—Tranquilo. La informaré de todo esto y me mantendré alerta. No regresaré a mi mundo hasta que todo se haya solucionado —le aseguró Katsuki.
—¿Dónde te quedarás?
—En casa de la diosa cuyo don me ha permitido estar aquí.
Unos golpes resonaron en la puerta. Izuku miró por la ventana. Casi había anochecido sin que se dieran cuenta. Debía de ser uno de los ayudantes de AFO, que le traía la cena.
—¡Un segundo! —contestó Yoichi por él. Después señaló a la ventana y les indicó que salieran entre susurros.
Izuku agarró a Katsuki de la mano y salieron al exterior. El cuerpo de Katsuki se escurrió por un momento hacia el abismo, pero Izuku lo abrazó con fuerza, aplastándolo contra la pared y usando su don de flotar para mantenerse en el aire.
Desde fuera, escucharon cómo Yoichi abría la puerta y le decía a la persona que había llamado que dejara la bandeja encima de la mesa.
—Izuku ha ido a darse un baño —explicaba.
La persona se sintió conforme con su respuesta. Escucharon la bandeja golpeando suavemente la superficie de la mesa y unos pasos que se dirigían a la puerta. Izuku sentía la presión de la barrera que rodeaba la casa sobre sus hombros. Cada vez era más pesada y hacía que le doliera la espalda.
La puerta se cerró y Yoichi se asomó para avisarles de que el peligro había pasado.
—Tienes que irte antes de que alguien te encuentre aquí —dijo Yoichi.
—Vamos, te llevaré hasta la salida —dijo Izuku.
—Espera —le pidió Katsuki, volviéndose hacia Yoichi y apuntándole con el dedo índice—. No dejes que se coma la cabeza mientras yo no esté, y no le cuentes más historias de terror sobre el cabrón de tu hermano. ¿Entendido, copo de nieve?
Yoichi asintió con una sonrisa genuina. Katsuya también solía ponerle apodos a todo aquel que lo rodeaba.
—Me llamo Yoichi —aclaró—. Y sí, lo he entendido.
—Perfecto.
Izuku jalaba de su mano con preocupación.
—Vamos, Kacchan. Tenemos que irnos.
—Por cierto, gracias… por lo que hiciste por mi madre. Aunque ello haya significado echarme una maldición encima, te lo agradezco. Al fin y al cabo, si ella hubiera muerto, yo ni siquiera hubiera existido.
—No tienes que agradecérmelo…Mmm, todavía no sé tu nombre.
—Katsuki —respondió—. Me llamo Katsuki Bakugo.
—Iremos por la parte de atrás —indicó Izuku, bajando las escaleras a toda prisa sin soltar ni un segundo la mano de Katsuki—. ¡Cuidado!
Al llegar al primer piso, lo empujó contra una de las paredes y le indicó que permaneciera callado. Si sensor de peligro se había disparado nada más doblar la esquina. Unos pasos les alertaron de que alguien se acercaba. Dabi caminaba taciturno con la mirada perdida y las manos en los bolsillos. Estaba tan distraído que no notó su presencia.
Esperaron a que desapareciera y reanudaron su camino. Esa hora era, por lo general, bastante tranquila. Todos se encontraban cenando y no había demasiada gente caminando por la casa, pero Dabi siempre había sido un espíritu libre que hacía y deshacía a su antojo.
Llegaron sin problema a la puerta trasera y salieron al jardín. Con solo dar dos pasos, Izuku sintió una vez más la fuerza de la barrera que le impedía escapar de aquella casa. Se pegó a la pared para aliviar la presión sobre su cuerpo y le pidió a Katsuki que tuviera cuidado al abandonar las inmediaciones.
—Volveré mañana. Te lo prometo.
Izuku tenía sentimientos encontrados. Aquellas palabras lo aliviaban y angustiaban a partes iguales.
—Si te encuentran… —murmuró.
—Idiota —contestó con tono cariñoso—, ahora soy inmortal. ¿Lo has olvidado?
—Sí, pero igualmente pueden hacerte daño.
Katsuki lo besó en los labios. Un beso suave, casto, demasiado breve.
—Te lo juré en el lago: nadie me va a separar de ti.
—Tus padres se preocuparán…
—Lo saben todo —lo interrumpió. Izuku se quedó sin aliento—. Y me apoyan completamente.
—¿Saben que soy…?
Katsuki asintió.
—Si ya te querían antes, imagínate ahora que saben que su yerno es un dios.
Izuku rio y recordó algo que el rubio había dicho.
—Antes has dicho que informarías a mi madre. ¿La has conocido?
—Sí, pero me temo que ella hubiera preferido no conocerme —comentó Katsuki con humor—. Estoy seguro de que hubiera escogido como yerno al bastardo mitad y mitad mil veces antes que a mí.
—No digas eso. Shoto ha estado ayudando mucho a mi madre, pero estoy seguro de que te querrá tanto como yo cuando te conozca mejor.
Katsuki rio.
—Espero que no tanto. No me gustaría que mi suegra quisiera meterse en mi cama, al igual que su hijo.
—¡Kacchan! —exclamó golpeándolo suavemente en el pecho.
Katsuki volvió a besarlo. Esta vez, recreándose un poco más en acariciar sus labios, despacio, con dulzura. Besó sus mejillas, su nariz y finalmente su frente.
—Siento tener que dejarte solo una vez más, pero estaré aquí mismo. No me voy a ir.
Katsuki estaba asustado. Izuku podía sentirlo en su voz. Se sentía culpable por tener que marcharse sin él, por dejarlo abandonado entre tantos enemigos.
—Tranquilo, Kacchan. Ya no tengo miedo. No voy a tener miedo. Seré valiente. Te lo prometo.
—Siempre lo has sido, nerd.
Otro beso. El último.
—Vamos, vete. Antes de que te vea alguien.
—Te veré mañana.
—Ten cuidado.
Para Katsuki, lo más difícil de todo fue soltar la mano de Izuku cuando cruzó aquella barrera invisible que separaba al joven dios de su libertad. Caminó unos metros sin dejar de mirar hacia atrás y finalmente, se perdió entre los árboles que rodeaban la casa.
Desde una de las ventanas del piso de arriba, Yoichi vio cómo Katsuki se alejaba de la casa por la parte trasera. Apoyó la cabeza contra la pared con cansancio. La historia se repetía y habría forma de evitar el trágico final que AFO tenía reservado para aquellos enamorados. Al fin y al cabo, su hermano nunca perdía, y sus victorias siempre traían miseria e desdicha a todos los que se atrevían a relacionarse con él.
Antes de terminar del todo y despedirme hasta el siguiente capítulo, quiero aclarar un par de cosas:
1º Visualizo al abuelo materno de Katsuki, Katsuya Kimura, como al segundo portador, pero como no se sabe el nombre todavía, he decidido llamarle Katsuya. ¿Por qué? Pues porque el nombre de "Katsuki" sería una mezcla de "Katsuya" y "Mitsuki". Es decir, Kacchan llevaría el nombre de su abuelo y de su madre a la vez.
2º Supongo que no hace falta decirlo, pero "Kimura" sería el nombre de soltera de Mitsuki, que tampoco se conoce en el anime. ¿O sí? Si por casualidad se sabe alguno de estos datos y yo los desconozco, pido disculpas.
Dicho esto, nos vemos en el siguiente capítulo. Espero no tardar demasiado en actualizar.
¡Hasta pronto!
