¡Buenas!

No sé si todavía hay alguien que siga leyéndome por aquí, pero bueno. Quería anunciar que este es el penúltimo capítulo del fic. Lo terminaré con un capítulo más. Pero quería actualizar antes de acabar el año como regalo de fin de año. Así que... Feliz Navidad y próspero año nuevo!


Capítulo 18: La decisión de la luna

Izuku se encontraba de pie frente al escritorio de AFO escoltado por Tomura, Toya, Toga e Inasa. Sentía los ojos del dios maldito clavados en él, pero no podía levantar la cabeza. Ya no sentía miedo. Sabiendo que sus horas estaban contadas no podía sentirlo. Al fin y al cabo, ¿qué más podrían hacerle? Le habían arrebatado todo lo que tenía, incluso su último momento con Katsuki.

Izuku apretó la tela de su túnica. Ni siquiera había podido decirle adiós.

Después de permanecer callado por varios segundos, AFO se puso en pie y rodeó el escritorio para acercarse. Sus subordinados se alejaron tan pronto como el jefe estuvo frente a frente al joven de cabello rizado.

—¿Sabes, Midoriya? Hubiera permitido que tu querido humano entrara en la casa a despedirse si me lo hubieras pedido correctamente —le explicó. El chico frunció el ceño. Su tono burlón estaba teñido de un paternalismo rancio que le revolvió el estómago—. Me hubiera gustado conocer a ese joven. No gustaría saber cuál es el don que le ha permitido entrar en nuestro mundo.

Izuku apretaba tan fuerte sus manos que las uñas se clavaron en su piel. Quería gritarle que lo sabía todo, que sabía cómo los había engañado y había jugado con la vida de ambos, que sabía que era él el que había estado a punto de matar a Kacchan, pero no quería causar problemas a Yoichi, y de todas formas, aquello no solucionaría nada. AFO había ganado. Ya no había nada que hacer.

—No voy a castigarte —dijo el dios, sentándose sobre el escritorio—. No serviría para nada. De todas formas, pronto acabará todo. Regresa a tu habitación y no vuelvas a salir de ahí, a no ser que quieras que cambie de idea.

Izuku asintió y salió del despacho en silencio.

—Cada vez me estás resultando menos útil, Yoarashi —escuchó que le decía a Inasa cuando todavía no había cerrado la puerta.

—Lo siento, señor. Me pillaron desprevenido. No volverá a pasar.

AFO gruñó.

—Tus sentimientos empiezan a ser un lastre para todos. Deshazte de ellos cuanto antes o yo tendré que deshacerme de ti. Para poder trabajar para mí, debes dejar las emociones a un lado.

—Sí, señor.

Escuchó pasos y la puerta se abrió. Inasa cruzó una mirada furibunda con él y se encaminó hacia su habitación a paso ligero.

Izuku lo siguió por las escaleras.

—¡Inasa-kun! —lo llamó—. ¡Inasa-kun, espera!

El gigante se dio la vuelta cuando se encontraba en el último peldaño y lo fulminó de nuevo con sus ojos.

—¿Qué quieres? ¿No has hecho ya bastante?

Izuku se contuvo para no gritar.

—Yo no…

—¡Me engañaste! Confié en ti y tú te aprovechaste de mi buena voluntad.

Izuku apretaba los puños. Aquello no era justo. Era él el que iba a morir al día siguiente. Era él el que estaba encerrado contra su voluntad, alejado de todos sus seres queridos. ¿Por qué tenía que pedir perdón por intentar ser feliz durante los últimos días de su vida? Yoarashi no tenía derecho a estar enfadado con él.

—No era mi intención herirte ni meterte en líos —aseguró, respirando hondo e intentando mantener la cordura—. Te has portado como un amigo durante las semanas que he pasado aquí. Realmente siento que te hayas visto involucrado en esta situación. Pero necesitaba verlo, ¿entiendes? Lo necesitaba.

Yoarashi tragó saliva. La mirada de Izuku era la misma que tenía él cuando decidió dejarlo todo atrás para seguir a Toya hasta esa casa maldita.

Izuku subió un par de peldaños para colocarse justo frente a él.

—Mañana acaba todo, Inasa-kun —dijo con voz serena—. ¿Tan egoísta he sido al querer tenerle cerca una vez más? Él es todo lo que quiero, la razón por la que estoy aquí. Yo solo quería… —Suspiró—. Da igual. A partir de mañana, dejaré de causarte problemas.

Subió los escalones que le faltaban y se alejó por el pasillo.

—Midoriya…

El joven se dio la vuelta antes de entrar en su habitación.

—Si pudiera pedirte algo… como última voluntad… Me gustaría que cuidaras de Shoto, tal y como te pedí aquella vez. Sé que te gusta, aunque lo niegues. Es por eso por lo que estás tan enfadado. No es por mí, lo sé. Es por él.

Inasa permaneció en silencio y desvió la mirada.

—Shoto jamás jugaría con tus sentimientos. Él no es como su hermano mayor. Si de verdad te gusta, te sugiero que se lo digas.

—Imposible. Él me odia —sentenció—, y después de lo de esta tarde, me odiará aún más.

—Eso no puedes asegurarlo a menos que él te lo diga directamente. ¿Sabes? Shoto me confesó su amor, aunque sabía que yo estaba enamorado de otra persona. Dijo que necesitaba expresar lo que sentía, y que a pesar de todo estaría a mi lado para ayudarme siempre que lo necesitara, como un amigo. Creo que valorará que tú también seas sincero con él.

Abrió la puerta de su habitación y entró sin dejar que Inasa contestara. Estaba demasiado cansado y lo único que quería era olvidar todo lo que había pasado y lo que estaba por pasar. No tenía cabeza para pensar en los problemas amorosos de los demás.

Se sentó en el alfeizar de la ventana. Varios secuaces de AFO se encontraban vigilando la entrada principal, y supuso que otros tantos se encontrarían en la parte trasera de la casa.

Apoyó la cara contra el cristal y contempló el atardecer con expresión melancólica. Qué triste, pasar solo mis últimas horas, pensó. De repente, unas explosiones resonaron a lo lejos y el cielo se iluminó con los colores de fuegos artificiales.

Los ojos de Izuku se ensancharon mientras las explosiones se sucedían una tras otra. Era un mensaje y estaba claro de quién. Quería que supiera que él seguía allí, que no se había ido a ninguna parte.

Dejó escapar una risita y cerró los ojos.

—Kacchan…


—Bakugo, tenemos que irnos.

Katsuki volvió a disparar una de sus explosiones hacia el cielo. Le dolían las manos. Todavía no controlaba del todo aquel nuevo poder que se le había otorgado. Pero no podía parar. Todavía no.

—Vendrán a por nosotros —insistió Todoroki.

—Solo un poco más —dijo el rubio—. Quiero que sepa que no está solo.

Sus explosiones parecían fuegos artificiales. Las disparaba pensando en la noche del festival, la noche en la que se habían besado por primera vez en la vida real.

Estoy aquí, pensaba. Estoy aquí, Izuku.


El día siguiente, lo pasó metido en la cama. No quiso comer ni hablar con nadie. Las horas pasaban lentas y rápidas a la vez, esperando su final. El sol comenzaba a esconderse cuando Yoichi se sentó junto a él y le ofreció un vaso lleno de un líquido rosado. Izuku lo miró, sin comprender.

—Es un somnífero —explicó—. Te dormirá el tiempo suficiente para que no te des cuenta de lo que está pasando.

Izuku lo tomó entre sus manos.

—No volveré a despertar…

A Yoichi le costaba mirarlo a la cara.

—Desearía hacer más por ti, Izuku. Al menos, no sufrirás.

—Es más de lo que puedo pedir, dadas las circunstancias —dijo el chico—. Gracias, Yoichi.

Izuku bebió el contenido del vaso rápidamente. Prefería no pensar. Llevaba todo el día recordando con ansiedad a todos aquellos que no volvería a ver: su madre, Kacchan, Shoto, Tizona… Solo quería que todo acabara cuanto antes.

Le tendió el vaso vacío a Yoichi y volvió a recostarse en la cama.

—Ha sido un placer conocerte, Izuku Midoriya —le dijo el hermano de AFO.

El joven le sonrió y cerró los ojos.

—El placer ha sido mío —murmuró antes de que el somnífero hiciera efecto y se perdiera en el mundo de los sueños.


—¿Está dormido?

Yoichi asintió.

—A mi hermano no le gustará lo que hemos hecho.

—Es un sádico —respondió Inasa—. Igualmente, obtendrá lo que lleva tanto tiempo deseando. No es justo que ese chico sufra más de lo que ya lo ha hecho sufrir.

—¿Por qué no querías que se lo dijera? Fuiste tú quien consiguió el somnífero. Yo no puedo salir de esta casa sin el consentimiento de mi hermano.

Inasa se encogió de hombros.

—Quería que se fuera tranquilo. Nuestra última conversación no fue muy agradable.

Yoichi se levantó de la cama.

—Hay que bajarlo. AFO lo está esperando.

—Yo lo haré —se adelantó Inasa, tomando a Izuku en brazos—. Yo lo llevaré al santuario. No dejaré que nadie más lo toque. Es lo menos que puedo hacer por él.

Yoichi observó los rasgos aniñados del rostro de Izuku y sintió cómo se le encogía el corazón. Una vez más, su hermano iba a destruir una vida, y no una cualquiera, sino la de un joven que estaba empezando a vivir. Un joven enamorado lleno de sueños, como lo estaba él cuando cayó presa de las malas intenciones de su hermano. Pronto, la luz de sus ojos verdes se apagaría y su cuerpo desaparecería en la noche como si nunca hubiese existido. Y él… él no podía hacer nada para evitarlo.

Inasa caminó hacia la salida con el chico en sus brazos.

—Yoarashi —lo llamó Yoichi—, ¿hasta cuándo vas a seguir las órdenes de mi hermano? —Inasa se sobresaltó al oír aquella pregunta. La voz de Yoichi siempre había sido calmada y suave, pero en ese momento estaba llena de rabia—. Ni siquiera sé por qué lo haces. No estás atado a él por ningún pacto. Lo único que te mantenía en esta casa era Toya Todoroki, pero él ya te ha demostrado en innumerables ocasiones que no le importas. Entonces, ¿por qué no te marchas? ¿Acaso no te importa seguir siendo testigo de los crímenes de mi hermano? Podrías vivir de otra manera. Podrías ser feliz.

Inasa escudriñó a su interlocutor en silencio con gesto serio. Meditó su respuesta por unos instantes y finalmente miró a Izuku.

—Supongo… que hasta ahora no había contemplado la posibilidad de ser feliz.


Cuando llegaron al templo, la madre y la familia de Izuku ya se encontraba allí. Aquel chico rubio de pelo puntiagudo con el que había peleado el día anterior estuvo a punto de salir corriendo hacia él tan pronto como vio que llevaba a su novio en brazos. Fue All Might, el soberado de su mundo, el que lo tomó del brazo y le impidió que avanzara. Solo habría conseguido empeorar las cosas.

Shigaraki, Toga y Toya se colocaron entre ambos bandos, creando una pequeña barrera con sus cuerpos. Inasa cruzó una mirada tranquilizadora con Shoto y otra de reconocimiento a la madre de Izuku. Tenía el mismo cabello y los mismos ojos verdes. Caminó lentamente hacia el altar del templo y depositó con cuidado al joven sobre él.

—¿Qué le pasa? —preguntó Katsuki a gritos—. ¿Por qué no se mueve?

—Está dormido —respondió Inasa—. Le hemos dado un somnífero para que no sufra cuando… pase todo.

—¿Ha sido idea tuya? —preguntó Shoto, aparentando calma.

Inasa asintió.

La luz de la luna entraba por las ventanas y las paredes derruidas del antiguo santuario. Inko quiso acercarse a su hijo, pero Shigaraki se interpuso.

—Tranquilo, Tomura —dijo una voz que surgía de las tinieblas. AFO hizo su aparición junto a su hermano Yoichi y Hisashi Midoriya—. Deja que se acerque a despedirse de su hijo.

Inko fulminó con la mirada a Hisashi. Ni siquiera se dignó a mirar al dios maldito. Todo su odio iba dirigido a su marido. Sin embargo, tan pronto como Tomura se apartó del camino, olvidó a Hisashi y corrió hacia Izuku.

—Mi niño —gimió, acariciando sus mejillas pecosas y abrazando su cuerpo.

—Es un placer volver a verte Toshinori Yagi —dijo AFO con una amplia sonrisa—. Veo que has venido con tu discípula —comentó, refiriéndose a Star—. Ahora que te veo, todo encaja. Fuiste tú quien trajo a ese humano a nuestro mundo, ¿verdad?

—Así es —confirmó ella.

AFO rio.

—Excelente. Siempre supe que tenías un gran don. No me extraña que All Might te eligiera como su sucesora.

—La luna está en posición, maestro —le recordó Tomura.

—Bien, bien. Me gustaría seguir charlando con vosotros, pero me temo que tengo un poco de prisa. Quisiera terminar con el trámite del juicio cuanto antes para que todos podamos seguir con nuestras vidas.

—¿Trámite? —repitió Inko, llorosa—. ¿Eso es todo esto para ti? ¿Un mero trámite? ¡La vida de mi hijo está en juego!

—Tu hijo sabía perfectamente lo que hacía cuando decidió firmar aquel contrato conmigo, señora Midoriya —le recordó—. Conocía bien las posibles consecuencias que podrían derivar de realizar ese trato conmigo, y aun así lo hizo.

—¡Porque tú lo engañaste, maldito bastardo! —gritó Katsuki lanzándose a por él con las manos en alto despidiendo chispas.

Toya usó su poder para crear una barrera de fuego que separó a Katsuki de AFO. El rubio retrocedió rápidamente al sentir cómo el calor le quemaba la piel.

—¿Así es como el gobernante de nuestro mundo piensa resolver los conflictos? —dijo AFO—. ¿Con violencia?

—El chico dice que tú provocaste aquella caída por el acantilado que casi acabó con su vida —intervino All Might, ignorando las provocaciones de AFO—. Las trampas son motivo de rescisión del contrato.

—¿Ah, sí? ¿Y tiene este humano alguna prueba de lo que dice? —preguntó AFO, mostrando todo su desprecio al pronunciar la palabra "humano".

Katsuki miró a Yoichi, pero este permanecía a un lado, callado y con la mirada fija en el suelo. El rubio apretó los puños.

—Sabes mejor que yo, All Might, que sin pruebas o testigos no se puede considerar el testimonio de unos de los interesados como verdadero. Me sorprende que hayas decidido convocarnos a un juicio sin tener nada entre manos —se jactó AFO.

—Me gustaría saber qué tiene que decir Hisashi Midoriya al respecto —contestó Toshinori.

Hisashi enarcó una ceja y después dio un par de pasos al frente con una sonrisa de incredulidad.

—¿Qué quieres que diga, mi soberano? —escupió.

—Quiero tu versión de los hechos —respondió All Might—. Cómo es que tu propio hijo está hoy en la situación en la que está.

La mirada de Hisashi se oscureció. Miró a Inko y después al gobernante de su mundo.

—Ese chico no es mi hijo —masculló—. ¿Acaso no lo sabías? Mi mujer me engañó con otro dios cuando apenas comenzaba nuestro matrimonio y se quedó embarazada.

El cuerpo de Toshinori se tensó y un escalofrío le recorrió la espalda. Su mirada se dirigió lentamente hacia Inko, que le pedía perdón con los ojos mientras seguía sosteniendo el cuerpo inerte de su hijo. Del hijo de ambos.

Hisashi vio cómo se miraban. Vio cómo la mirada de All Might cambiaba radicalmente al mirar a ese joven y reconocer en él a su propio hijo. El hijo que había tenido, sin saberlo, con la mujer de la que llevaba años enamorado.

—Tch… —chistó—. No puedes acusarme de nada. Sí, le di toda la información de ese chico a AFO. Le dije que tenía unos poderes asombrosos. Pero yo no firmé por él. Yo no le obligué a nada. Ese niño quiso arriesgarlo todo por amor —dijo con un tono lleno de repulsa—. Lo que no sabía es que el amor solo puede traer desgracias.

El silencio se hizo en el santuario durante unos segundos. Finalmente, AFO dio un paso adelante y frotó sus manos.

—¿Podemos dar el juicio por finalizado? Como bien ha dicho mi amigo Hisashi, no hay ningún cargo que podáis imputarle a él o a mí. Este juicio es una pérdida de vuestro tiempo y del mío, mi querido soberano.

A All Might le temblaron los labios. Intentaba pensar el algo, pero en el fondo sabía que no había nada que pudiera hacer.

Katsuki gruñó. Shoto buscó con desesperación la mirada de Inasa. Quería ganar algo de tiempo, pero no sabía cómo. Inasa tragó saliva. Los ojos heterocromos de Shoto le hablaban. Le decían: "él también es tu amigo. Haz algo".

—Bien —dijo All Might—. El juicio se da por fi…

—¡Espera! —exclamó Inasa—. Yo tengo algo que declarar.

—Yoarashi —pronunció AFO a modo de amenaza—, no te he dado permiso para hablar.

—No lo necesito —respondió el joven—. Hasta ahora he estado a tus órdenes por propia voluntad. Yo nunca hice un pacto contigo. Nada me ata a ti. Por lo cual, me siento totalmente libre de explicar lo que sé y lo que oí una de las noches que ese hombre te visitó—dijo, señalando a Hisashi Midoriya.

—Habla, pues, joven —le animó Toshinori—. En primer lugar, ¿quién eres y qué relación te une con AFO?

—Me llamo Inasa Yoasashi —comenzó, sin quitar la vista de AFO—. Hace años, me uní a la banda de AFO por voluntad propia, sin hacer ningún tipo de pacto con él.

—¿Qué fue lo que hizo que te unieras a él?

—Estaba enamorado de Toya Todoroki por ese entonces—respondió. Toya desvió la mirada con una mezcla de desprecio y desinterés—. Él había hecho un pacto con el dios maldito para calmar el dolor que le producía utilizar su poder, pero a cambio se quedó completamente solo y se alejó de su familia. Yo quise estar junto a él. Por eso le ofrecí mis servicios a AFO a cambio de que me acogiera en su casa.

—¿Qué fue lo que oíste la noche que acabas de mencionar, joven Yoarashi? —preguntó Star.

—Era una noche que no podía conciliar el sueño. Todos dormían menos yo. Bajé a la cocina y pasé por delante del despacho de AFO. La puerta estaba entreabierta y pude ver a Hisashi Midoriya. Él y mi jefe estaban hablando. Midoriya se estaba impacientando porque el plan que ambos habían urdido iba demasiado lento. Su hijo llevaba ya varias semanas en el mundo de los humanos y no había novedades. AFO le aseguró que no debía preocuparse, que tarde o temprano Katsuki Bakugo tendría un accidente que estaría a punto de acabar con su vida.

—¿Y cómo estaba AFO tan seguro de eso? —preguntó All Might.

—Dijo que él mismo se ocuparía de que ocurriera. Que sería él el que llevaría a Katsuki Bakugo hacia su muerte para que Izuku no tuviera más remedio que hacer un nuevo pacto con él.

—¡Son solo palabras! ¡No puede probarlo! —bramó AFO.

—Yoichi también lo sabe todo —continuó Inasa. AFO hervía de furia—, pero él no puede hablar por el trato que le une a su hermano. Sin embargo, yo soy libre y puedo hablar con la verdad. Y esa es la verdad: que AFO manipuló tanto a Izuku Midoriya como a Katsuki Bakugo. En ningún momento jugó limpio. Sabía desde el primer momento que Izuku jamás ganaría en ese sucio trato.

—¡Basta! ¡Me estás haciendo perder el tiempo con estupideces! —gritó AFO—. ¡Nada de lo que ese crío está diciendo puede probarse!

—Es un testigo fiable —lo contradijo All Might, viendo la oportunidad que necesitaban—. Acepto la prueba y aplazo el juicio hasta que los hechos se esclarezcan.

—¡Ni hablar! ¡No lo acepto! Esto se termina hoy, en este momento, All Might.

AFO miró hacia Izuku. La luz de la luna llena entraba por una de las ventanas e incidían directamente en el cuerpo del joven, iluminándolo. Era el momento. Corrió hacia el altar y apartó a Inko de un empujón. La mujer cayó a un lado y gritó cuando vio que AFO se disponía a quitarle los poderes a su hijo.

—¡Quieto! —exclamó Shoto.

—¡No lo toques! —gritó Katsuki.

Ambos se abalanzaron hacia él, pero ya era tarde. AFO tenía sus manos sobre el torso de Izuku.

—Adiós, Izuku Midoriya —dijo AFO.

De repente, una fuerza invisible tiró del dios maldito, apartándolo del joven y tirándolo contra una de las paredes del santuario.

—¿Qué demonios…?

La luz de la luna que caía sobre Izuku se dividió en dos partes y una señaló a Katsuki. El cuerpo de ambos comenzó a brillar.

—¿Qué está pasando? —preguntó Katsuki.

—¡¿Qué es esto?! —rugió AFO.

—Es un juramento eterno —dijo Star, sonriendo victoriosa.

—¡¿Qué?!

—El juramento… la noche del lago… —murmuró Katsuki, comprendiéndolo de repente.

—Se lo enseñé a mi hijo —explicó Inko, esperanzada—. Un juramento eterno crea un vínculo entre las dos personas, un vínculo muy fuerte que nada ni nadie puede romper. Ni siquiera un vil contrato —sentenció—. La luna ya ha decidido. No vas a quitarle la vida a mi niño.

Se oyó un suspiro. Yoichi tapó su boca, pero no pudo evitar mostrar la más sincera de las sonrisas. Inasa y Shoto intercambiaron una mirada y rieron de alivio. Katsuki se acercó al altar y tomó la mano de Izuku con los ojos húmedos mientras su mano lo abrazaba con fuerza. Parecía que todo iba a terminar bien. Izuku no iba a ir a ningún lado.

AFO golpeó el suelo con frustración. Llevaba años trabajando con ese chico y el humano para conseguir aquellos grandiosos poderes y todo se había echado a perder. ¿Por qué? Por un estúpido juramento de amor. No podía ser que sus planes se vieran frustrados tan fácilmente por unas malditas palabras intercambiadas por dos adolescentes imberbes.

Miró a su hermano, que parecía estar disfrutando de aquel momento; a Hisashi, que parecía decepcionado; y a sus seguidores, que todavía no podían creer que el gran AFO hubiera sido derrotado. De un momento a otro, toda la furia que tenía contenida en su interior se desató con un grito aterrador. Una tormenta se desató en el interior del santuario, derribando muros y haciendo que temblaran los cimientos.

—¡Cuidado! ¡Poneros a cubierto! —indicó All Might, pero mientras les hablaba a unos y a otros, AFO se puso en pie y lo atacó con unos miembros auxiliares metálicos que salían de su espalda como si fueran brazos extensibles.

—¡Esto acaba esta noche All Might! ¡Esta noche te derrotaré y seré proclamado como nuevo soberano del mundo de los dioses!

Toya, Shigaraki y Toga apoyaron a AFO mientras Yoichi se echaba a un lado y acudía junto a Izuku.

—¡Izuku, despierta! —gritaba Inko. Tenían que salir de allí.

—Ni tú ni tu hijo iréis a ninguna parte —masculló Hisashi.

Katsuki se colocó entre ellos.

—Ahora que sé que no eres mi suegro, no tengo por qué tener ninguna piedad contigo —dijo el rubio, crujiendo sus nudillos.

Inko lo tomó del brazo y lo apartó del camino.

—Katsuki, ve a ayudar a Yagi. Esta lucha es entre mi marido y yo —le dijo—. Nunca le perdonaré lo que le ha hecho a Izuku.

—¿Estaréis bien?

—Yo cuidaré de Izuku, Katsuki —dijo Yoichi—. Ve. All Might os necesita a todos.


La lucha se había recrudecido. AFO luchaba poniendo en juego todas sus cartas. La luna todavía estaba en la posición idónea para un ritual de traspaso de poder. Era el momento. No necesitaba los poderes de ese mocoso. Podía derrotar a All Might con todos los dones que había ido ganando a través de los años. Esa noche él se alzaría con el mando de su mundo fuera como fuera.

Sus secuaces tenían entretenidos a todos los apoyos de Toshinori Yagi. Toya luchaba contra su propio hermano e Inasa; Star estaba entretenida con Toga, Inko y Hisashi resolvían cuentas pendientes y Bakugo luchaba contra Tomura. No podía perder.

—¡Tomura! —lo llamó.

Yoichi se dio cuenta de lo que pretendía su hermano.

—¡Cuidado! —exclamó, pero tan pronto como comenzó a hablar, sintió un nudo en la garganta que le impedía continuar. El pacto con su hermano le impedía avisar a All Might.

Inasa entendió lo que estaba ocurriendo y habló por Yoichi.

—All Might, AFO modificó el poder destructor de Tomura. ¡Antes solo podía destrozar cosas, pero ahora puede destruir también a los dioses con solo tocarlos! ¡No dejes que se te acerque!

Katsuki respingó. Había estado cerca de ser tocado por ese dios en varias ocasiones, pero en todas había podido esquivarlo gracias a sus explosiones. Por suerte, su don le permitía atacar desde lejos a su oponente.

—¡Eres mucho más ruin de lo que pensaba! —comentó All Might.

—¡Lo que soy es el dios más poderoso de todos, Toshinori Yagi! ¡Acéptalo y póstrate ante mis dones!

Como si unas cuerdas invisibles estuvieran tirando de él, Tomura salió disparado hacia All Might con la mano en alto. A partir de ese momento, comenzó una especie de sádico baile entre ellos en los que Tomura se afanaba por tocar el cuerpo del soberano mientras que él hacía sus mejores esfuerzos por no ser rozado.

Katsuki comenzó a disparar a diestro y siniestro, intentando darle a Tomura. Si AFO conseguía matar a All Might, todo acabaría. Él se alzaría con el poder, como siempre había deseado, y entonces el mundo de los dioses se volvería un lugar tenebroso donde ni Izuku ni Todoroki podrían vivir en paz. No podía consentirlo.

—¡Muere, bastardo! —gritaba mientras disparaba una y otra vez.


—¡Star, tenemos que ayudar a All Might! —exclamó Shoto.

Pero la propia Star se veía en serios apuros para dar caza a esa chica de coletas que se abalanzaba contra ella una y otra vez con la intención de conseguir su sangre. Inasa ya le había contado que, si conseguía su apariencia, también conseguiría sus poderes. No podía dejar que eso ocurriera. Con esa carta en su mano, AFO no tendría mayores complicaciones en conseguir el puesto de All Might.

Shoto lanzó un ataque de hielo contra Tomura, pero las llamas de Toya lo derritieron antes de que pudiera llegar a su objetivo. Toya atacó entonces a su hermano. Las llamas quemaron parte de su túnica y lo alejaron de All Might.

—No debiste meterte, Shoto. No era mi deseo luchar contra mi propio hermano.

Volvió a atacar, pero esta vez sus llamas se vieron desviadas por una fuerte ráfaga de viento. Los ojos rasgados de Inasa lo fulminaron cuando se cruzaron con los suyos.

—No voy a dejar que le hagas daño, Toya —le dijo.

—Vaya, vaya, parece que el pequeño Inasa tiene debilidad por los hijos de la familia Todoroki. ¿Tan pronto has olvidado tus sentimientos por mí?

—Esos sentimientos han cambiado —le dijo—. Una vez te amé, pero ahora no siento más que indiferencia por ti.

—Entiendo. Ahora tienes otro Todoroki al que amar. Uno más acorde a tu edad —se burló—. Pero me temo que él no te corresponde, ¿o sí, Shoto?

—¡Estoy harto de ti! —gritó su hermano menor, y ambos volvieron a atacar.


Inko lanzaba hacia su marido todo pedrusco que veía. Desde pequeña podía mover objetos con la mente, pero nunca se había atrevido con algo tan pesado. La furia y el rencor hacían que usar su don fuera mucho más sencillo.

Hisashi lanzaba fuego por la boca, pero era fácil desviarlo si conseguía interponer entre ellos las rocas que se habían derrumbado de los muros a causa del ataque de AFO. Estaba cansada, pero no podía perder ante Hisashi. No dejaría que ese hombre le hiciera daño a su hijo.

—¿Disfrutas humillándome, Inko? —le preguntó su marido—. ¡Involucrándolo a él, haciéndolo venir! ¿Acaso has seguido viéndolo durante todos estos años? ¿Pensabas abandonarme por él?

—¡No pienso darte explicaciones después de lo que nos has hecho!

—¡Sé que todavía lo amas! ¡Admítelo, mi querida esposa! ¡Me hubieras abandonado por él!

—¡Pero no lo hice! ¡Nunca lo hice a pesar de que estaba enamorada!

—¡Y lo sigues estando!

—¡Sí, lo sigo estando! ¡Estoy enamorada de Toshinori Yagi! ¡Él es el verdadero padre de mi hijo!

Lo gritó a los cuatro vientos, con furia, con rabia, con una voz llena de tristeza y anhelo. La confesión de escuchó en todo el santuario haciendo que All Might se volviera hacia ella.

—¡Cuidado! —gritó Katsuki al ver cómo Tomura aprovechaba para lanzarse hacia él.


Izuku se revolvía en sueños. El sensor de peligro le alertaba de que algo malo estaba ocurriendo. Era como si algo afilado se clavara en su cabeza una y otra vez. Su cuerpo empezó a sudar. Yoichi intentó calmarlo, pero nada podía hacer por él.

Izuku llevaba varios minutos gimoteando cuando el sensor le alertó de un peligro mayor. El dolor que cruzó su cabeza fue tal que los ojos se le abrieron de golpe. Instintivamente, su látigo negro se activó y agarró a Tomura por la muñeca. Su mano se encontraba peligrosamente cerca de la cara de Katsuki, que se había interpuesto entre All Might y él.

—No toques a Kacchan —gruñó todavía adormecido, y tiró de su látigo negro de manera que Tomura terminó posando su mano sobre el cuerpo de AFO.

Por un momento, todo quedó en silencio. La lucha se paralizó y todos contemplaron a AFO. El dios maldito se tocó la cara, el cuerpo… y después se echó a reír. Tomura había desactivado su don a tiempo.

—Maestro… —murmuró Tomura.

Entonces, AFO se dio cuenta de que una grieta atravesaba su brazo. Una más apareció en su cara. Y después otra en su pierna.

—No —dijo—. ¡No, no! ¡NOOOO!

Su cuerpo se volvió totalmente rígido. Las grietas llenaron cada uno de sus miembros y finalmente se derrumbó sobre el suelo convertido en polvo.

Todos se volvieron hacia Izuku, asombrados por lo que acababa de ocurrir. El joven apenas podía mantener los párpados abiertos. Intentó ponerse en pie, pero las piernas le fallaron y cayó hacia adelante.

—¡Izuku! —exclamó Katsuki, propulsándose con sus explosiones y atrapando al chico antes de que chocara contra el suelo.

—No puede ser… —dijo Yoichi, viendo en lo que se había convertido su hermano.

—¡Tomura, ¿qué has hecho?! —lloró Toga.

—¡Has matado al jefe! —exclamó Toya, sintiendo cómo el quirk que AFO había usado sobre él comenzaba a desaparecer. Su piel quemaba y se caía a pedazos. Usar su poder, el simple hecho de existir, volvía a ser doloroso para él—. ¡Imbécil!

Tomura se miró las manos. Si Toya había perdido los beneficios que le había otorgado su maestro, él también debía haber perdido los suyos. Lo que quería decir que ya no era un ser letal contra otros dioses.

—Mierda —masculló Hisashi, intentando huir del lugar.

—Parece que se os ha acabado el juego —comentó Inasa.

Los ojos y la sonrisa de All Might brillaron en la oscuridad. Star supo leer la mirada de su maestro y pidió a todos que se pusieran a cubierto. All Might lanzó un ataque al aire con tanta potencia que el resto de sus enemigos salieron disparados contra el muro opuesto del santuario. Las rocas comenzaron a caer sobre ellos y se levantó una nube de polvo que cubrió la noche. Cuando se hubo disipado, Toya, Hisashi, Toga y Tomura se encontraban inconscientes.


En medio de su sopor, Izuku sintió que su cuerpo era rodeado por unos brazos fuertes que lo sostenían. Hizo el esfuerzo de abrir los ojos y vislumbró el cabello rubio y los iris carmesíes de Kacchan. Tenía una sonrisa serena en el rostro.

Apoyó la cabeza contra su pecho. Aquello debía de ser un sueño, y si así era, prefería no despertar.

Se encontraban sobre una cama de sábanas idénticas a las que tenía en su habitación. Kacchan le acariciaba el cabello mientras jugaba con sus rizos. De vez en cuando, besaba su cabeza y lo apretaba contra sí.

—Todo va a estar bien —le decía entre susurros—. Estás a salvo.

Izuku no pudo evitar rememorar el día en que había conocido a Katsuki. Por ese entonces, nunca hubiera imaginado que ese chico agresivo y desagradable pudiera convertirse en alguien tan importante para él hasta el punto de arriesgar su propia vida para salvar la de él.

—Siento haberte odiado —murmuró.

—¿Cuándo me has odiado? —preguntó Kacchan.

—Cuando te conocí, te odié… Lo siento tanto. Siento tanto haber sentido algo tan horrible por ti…

—Me lo merecía. Era un niñato horrible —rio Katsuki.

—No. Eras asombroso. Siempre lo has sido. Realmente… soy muy afortunado. Me siento muy bendecido por haberte conocido.

—Fuiste tú quien viniste a mí —le recordó—. Si no fuera por ti, jamás nos hubiéramos conocido. ¿Sabes qué es lo que pensé cuando te vi por primera vez?

—¿Qué?

—Pensé: ¿quién demonios es este acosador que se tumba a mi lado sin mi permiso?

—¡Kacchan! —gimió Izuku, enterrando aún más la cara en el pecho de Katsuki.

—Pero también pensé que debías de ser un ángel —le susurró en el oído—. Porque algo tan jodidamente bello no podía ser de mi mundo. Y no me equivoqué.

Izuku sonrió dulcemente.

—Te amo, Kacchan.

—Y yo a ti, nerd. Pero ahora tengo que irme.

—¿Ya ha llegado mi hora? —preguntó, apenado.

—No. Ya te lo he dicho: estás a salvo. Pero yo no pertenezco a tu mundo, Izuku. No puedo quedarme.

—No quiero que te vayas —sollozó el chico de ojos verdes, aferrándose a la túnica de Katsuki.

—Y yo no quiero irme, pero… Ojalá tuviera otra opción. Al menos sé que estarás bien. AFO es historia, y ahora tienes un padre que velará por ti y os cuidará a tu madre y a ti. Eso es suficiente para mí.

—Kacchan…

Katsuki unió suavemente sus labios con los de Izuku. Después, besó las lágrimas que caían por sus mejillas recordando aquello que le había dicho Izuku aquella vez en el lago: Besar las lágrimas de una persona es el acto de amor más sagrado que existe.

—No te olvidaré.

—¡Ka-!

El cuerpo de Katsuki se evaporó en el aire e Izuku cayó sobre la almohada. Sus ojos, cubiertos de lágrimas, volvieron a cerrarse. Se sentía mareado, profundamente cansado.

Tizona subió a la cama y se acomodó a su lado. Posó su cabecita sobre la frente de Izuku y durmió junto a él hasta que el somnífero dejó de hacer efecto.