Ni Evangelion ni Star Wars me pertenecen. Pertenecen a sus respectivos autores.

Este fic contiene/contendrá violencia, palabrotas y demás. Leedlo bajo vuestra responsabilidad, que yo ya lo he puesto en categoría T.

Yo hago esto por simple diversión, sin ánimo de lucro.

—comentarios

—«comentarios traducidos»


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Capítulo 2:

REVELACIÓN


Dos años habían pasado desde que se lograra la creación de la tecnología que permitía el viaje a otras galaxias lejanas, la creación de agujeros de gusano, y desde que el Consejo Jedi comenzara, en secreto, la exploración de aquella nueva galaxia. Aquella galaxia, a la cual los terrícolas llamaban Vía Láctea, era casi el doble de grande que la propia, por lo que su exploración llevaría muchos años: décadas, siglos e incluso milenios, pues en su propia galaxia había zonas inexploradas. Todo aquello si tenían en cuenta el no contacto con los seres que allí habitaban.

Respecto al transcurso de la vida en el planeta Tierra, este se encontraba en constante evolución social, tecnológica y bélica. Algunos de esos eventos fueron:

Un boicot a los famosos Juegos Olímpicos, la presidencia de Reagan en los Estados Unidos, el intento de asesinato del Papa, la guerra entre Irán e Irak, el asesinato de John Lennon, la matanza de Bolonia, la aparición de los primeros teléfonos públicos y los primeros ordenadores personales, comenzó el servicio del Tren a Gran Velocidad, se fundaron bandas como Metallica, entró en erupción el Monte Santa Helena, Muhammad Ali boxeó por última vez, se estrenaron películas como Superman o El Resplandor, surgieron los videojuegos como Pac-Man o Donkey Kong…

Pero como era de esperarse, la Tierra no era el único planeta cuya vida continuaba mientras ignoraba lo que ocurría fuera de su propio planeta en aquellos dos años. Gracias a la tecnología de viaje hiperespacial, recorrer los territorios cercanos a la Tierra fue sencillo. Un ejemplo de vida en otros planetas fue el Imperio Lafray, un Imperio de seres bastante semejantes a los terrícolas, no muy lejos del vecindario del sistema solar de la Tierra, que habían formado un vasto imperio que juntaba la mayor parte del brazo galáctico donde residía el planeta humano. Por suerte para ellos, aún no habían llegado hasta su hogar, pues los lafrayanos eran una especie guerrera y bastante violenta que nada más que había explorado los territorios a su alrededor, conquistando y sometiendo a las especies inteligentes nativas.

Pero aquel Imperio no era el único. Había también una especie de confederación en el otro extremo de la galaxia formada por más de cincuenta sistemas, la cual había sido creada para el intercambio de información y tecnología, formada en su mayoría por pueblos que una vez estuvieron en guerra. Uno de ellos tuvo la mala suerte de ser destruido durante la guerra a tal punto de volver el mismo planeta estéril. Al comprobar el rumbo de la guerra, los mundos involucrados decidieron crear aquella alianza, la Confederación, para evitar que algo así volviese a ocurrir.

En verdad resultaba interesante que la tecnología que tenía el Imperio para viajar por las cercanías de sus territorios fuera prácticamente igual a la tecnología que disponía la Confederación. Ellos poseían algo que llamaban Motor de Salto, que les permitía hacer pequeños saltos por el continuo espacio-tiempo.

En el momento en que ambas se encontrasen, no habría duda alguna... se desataría una guerra.

Fuera de aquellos bandos, había muchos otros sistemas que albergaban vida, incluso vida inteligente al punto de crear civilizaciones, pero, al igual que en la Tierra, eran ajenos a la vida fuera de su propio planeta. No poseían la suficiente tecnología como para poder comunicarse más allá de su sistema solar o poder viajar más lejos del mismo.

Pero no es en esos otros sistemas donde vamos a centrarnos. Esta historia está relacionada con la historia de la Tierra, con su pasado, presente y futuro.

Dos años no parecía ser mucho tiempo, y menos en ese planeta, pero la situación era muy distinta a lo que uno podría llegar a pensar. En apenas dos años, las dos superpotencias del planeta: Estados Unidos y la Unión Soviética; habían incrementado sus gastos en armamento, elevando aún más la tensión en todo el globo. También hubo varias matanzas, una invasión y una nueva guerra.

Pero, dejando de lado los conflictos bélicos entre países, de forma más sutil, e incluso desde las sombras, numerosos engranajes se movían en un mismo sentido para guiar a la humanidad hacia el futuro deseado.

Sin que nadie lo supiera en el propio planeta, cierto grupo de personas pertenecientes a una organización secreta se encontraban investigando unos antiguos manuscritos donde se relataba el fin de su mundo. Dichos manuscritos llegaron a sus manos en el cuarenta y siete y desde entonces no habían parado de investigar y planear, poniendo en marcha un plan para evitar el fin de su especie y algo más, algo que les haría llegar a uno de los objetivos más antiguos y ansiados de su especie: la divinidad e inmortalidad. El problema es que para cumplir el primer punto de su plan tenían que dar con algo que no lograban encontrar.

XXXXX

Otro día más en la capital de la República Galáctica.

En el Templo Jedi se estaba llevando a cabo una nueva reunión para repasar los asuntos relacionados con la nueva galaxia. La última vez había sido hacía tres meses, cuando dos enviadas Jedi fueron hasta dicha galaxia para continuar con la exploración. En el centro de la Cámara del Alto Consejo Jedi se encontraban las Damas Jedi Taflus y Cyapay, quienes habían sido las últimas enviadas a la Vía Láctea, junto con Alcda, que era la jefa científica del proyecto, y una diplomática nautolana, también la mandamás entre todos los diplomáticos del proyecto.

Como se había hecho costumbre desde la llegada a la nueva galaxia, los informes sobre todo lo que ello englobaba era informado únicamente al Consejo Jedi, quien debatiría sobre ello. Actualmente el tema a discutir, además de lo relacionado con los nuevos sistemas conocidos en la Vía Láctea, era algo que había causado el asombro entre los Jedi.

—La Fuerza no existe allí.

La revelación de la joven Dama Jedi Taflus había dejado impactados a todos los miembros del Consejo, los cuales se miraron entre ellos, incrédulos ante las palabras de la Dama.

—¿Estás segura? —preguntó el Maestro Oppo Rancisis para cerciorarse de haber escuchado correctamente.

—Totalmente —asintió la Dama Jedi—. He visitado múltiples sistemas de esa galaxia y puedo asegurar sin miedo a equivocarme que todas las formas de vida, desde animales hasta plantas, pasando incluso por la vida microscópica, carece de la Fuerza. No la he sentido en nada.

Aquella revelación sorprendió a todos los miembros del Consejo Jedi. Según sus enseñanzas, según sus propias experiencias, y según la propia historia, todo ser vivo poseía Fuerza ya que ésta era creación de la vida. Aquella era la primera vez que se encontraban con modos de vida que carecían de la Fuerza.

—¿Has podido obtener alguna información de ese fenómeno?

—No, Maestro. A pesar de que llevamos poco tiempo de exploración de esa galaxia, no logro comprender el motivo de su falta.

—Un nuevo horizonte este es —dijo el Maestro Yoda—. Todo lo que aprendimos errado puede estar.

—No podemos tirar todas nuestras creencias y enseñanzas por esto, Maestro —dijo la Jedi.

—¿Acaso he dicho eso? —preguntó la pequeña criatura verde con una leve sonrisa—. No. Nuestras enseñanzas mantener debemos, pero quizás debiéramos tener la mente más abierta.

—El descubrimiento de formas de vida ajenas a la Fuerza podría desencadenar una revolución filosófica, Maestro. Por no olvidar que prácticamente podemos descartar la búsqueda de posibles nuevos aprendices allí.

—Y no podemos descartar que no tengan algo semejante a la Fuerza que aún no hayamos descubierto —dijo Oppo.

—Pero ¿la Fuerza les afecta? —curioseó el Maestro Eeth Koth luego de escuchar a su compañero.

—Me he tomado la libertad de probar algunas de mis habilidades en soldados lafrayanos. Los trucos mentales funcionan en ellos, así como todas nuestras habilidades de la Fuerza. Pero…

—¿Pero?

—A pesar de haber notado la ausencia total de la Fuerza en todas las criaturas vivas de esa galaxia, he podido percibir algo. No sé qué es, pues nunca antes había sentido algo semejante.

—¿De qué se trata?

—No sé explicarlo con certeza, Maestro. Es una sensación, como si todos ellos poseyeran algo, pero es tan leve que resulta difícil saber lo que es.

—¿Una especie de Fuerza?

—Es posible.

—Antes lo mencionamos...

—Yo he experimentado algo extraño —dijo la Dama Jedi Cyapay, interviniendo por primera vez.

Sus palabras provocaron que la atención se centrase totalmente en ella. El silencio fue lo único que necesitó para continuar con su exposición.

—Visité un pequeño planeta tribal. No hay una civilización lo suficientemente avanzada como para siquiera haber inventado maquinaria impulsada por vapor. Son criaturas muy conectadas a su mundo. Cuando llegué me tomaron por enemigo y me atacaron. Fue entonces que sentí lo que creo que ella sintió —dijo haciendo referencia a su compañera Jedi—, y aquello dio paso a otra cosa. No sabría cómo explicarlo. Lo primero que observé fue una distorsión en el aire que los rodeaba de manera individual. Luego, uno de ellos creó de la nada una lanza anaranjada, pero no era algo físico, como un trozo de madera y una punta de piedra afilada. Creía que se trataba de un engaño, hasta que su «arma» contacto con mi espada láser. Era como enfrentar una armadura de beskar —El asombro era visible en los rostros de los presentes—. Pudo aguantar cada acometida sin sufrir daños.

—¿Podían crear más armas?

—Cualquier cosa, incluso escudos—respondió sin duda—. Uno de ellos fue capaz de cubrir sus brazos con aquella extraña energía y usarla como si fuera un bláster. Otro que solo poseía un brazo, creó uno con aquella misma energía, y al extenderlo, este tomó la forma de un anillo constituido por figuras geométricas que utilizó para lanzarlos violentamente contra mí. Lo extraño es que algunas de esas armas solo eran anaranjadas, pero otras exhibían casi todos los colores del espectro visible.

Los miembros del Consejo se miraron entre ellos de manera analítica.

—Parece que nos apresuramos a la hora de sentenciar.

—Nunca antes había escuchado nada semejante.

—¿Será algo similar a lo que pueden hacer las Hermanas?

—No podemos descartarlo.

—¿Cómo acabó el encuentro? —quiso saber Windu.

—De algún modo, pudimos tener paz —respondió la Dama Jedi—. Al parecer habían sido atacados poco antes de mi llegada, pero expresaron su deseo de que me marchara. Pensé que lo más adecuado en aquel momento era marcharme e intentar establecer contacto con alguna otra tribu, pero me temo que en todas las zonas que estuve la situación era similar.

—¿Todos esos individuos podían usar esa extraña energía?

—Así es, Maestro.

—¿Alguna más fuera de ese sistema?

—No que haya visto hasta el momento, pero no descarto que otros puedan poseer habilidades como aquella. Aunque, si se me permite opinar, es posible que esa energía esté relacionada con la conexión de un individuo con el «mundo» así como nosotros, los usuarios de la Fuerza, nos conectamos a ella.

—Si podemos lograr relaciones no hostiles con ellos, es posible que podamos aprender —opinó Koth.

—«¿Intercambio cultural?» —inquirió el Maestro wookiee Tyvokka.

—Si queremos saber más sobre este tipo de poderes, lo mejor será hacerlo así.

—De acuerdo —afirmó Windu—. Pero dado que tú, joven Cyapay, ya has tenido contacto con ellos, y desgraciadamente no ha sido una buena impresión, no serás la que volverá a intentar entablar conversación con ellos.

—Entendido, Maestro.

La Dama Jedi hizo una reverencia. No se encontraba molesta, sino más bien lo agradecía. Su enfrentamiento con aquellas criaturas, aunque hubiera sido un malentendido, le había provocado cierto rechazo hacia ellos.

—¿Qué tal el encuentro formal con el Imperio Lafray? —preguntó esta vez el Maestro Windu a la jefa diplomática del proyecto.

Si bien el tema de aquel nuevo poder descubierto en la nueva galaxia había llamado la atención de todos los miembros del Consejo Jedi, necesitaban mucha más información para esclarecer cómo tratarlo, por lo que el Consejo decidió continuar con el itinerario.

—Por ahora las relaciones son amistosas, aunque no tenemos muchas esperanzas en que continúen en ese estado durante mucho tiempo —respondió la líder de la diplomacia.

—¿El motivo?

—Son una especie guerrera. Han conquistado vastos mundos durante los siglos posteriores a que comenzaran a colonizar otros planetas. Estoy seguro de que intentarían iniciar una guerra para expandir su Imperio más allá de su galaxia.

—Entonces debemos intentar evitar ese posible escenario. No creo que sea bueno comenzar una guerra contra un Imperio de esa galaxia.

—Pero si nos atacan tendremos que defendernos.

—«Por supuesto» —Intervino Tyvokka—. «Pero la República no está preparada para una guerra».

—Mientras no obtengan la tecnología para viajar entre galaxias no hay de qué preocuparse —puntualizó Koth.

—Pero los demás sistemas pacíficos o subdesarrollados de la galaxia estarían en peligro si no los apoyamos —aclaró Oppo.

Ante los ojos expertos de los presentes, los miembros del Consejo comenzaron una discusión sobre el asunto de los planetas aislados y subdesarrollados a comparación del resto. La cuestión era: ¿interceder por ellos ante un poderoso Imperio? Si fuera la Confederación no habría problema alguno, pero el Imperio Lafray era otro asunto. No podían meterse en una guerra, pero tampoco podían dejar desamparados a esos pueblos para que sufrieran bajo el yugo de los lafrayanos. Ellos eran Guardianes de la Paz, al menos en su respectiva galaxia, pero ahora que ese nuevo horizonte se había abierto, sentían que su deber se había extendido a aquellos nuevos mundos.

La conversación continuó, tratando varios temas, la mayoría centrados en el Imperio y la Confederación, las dos mayores potencias galácticas, pero no por ello dejaban los sistemas aislados o ignorantes al margen. Después de todo, podían ser potenciales aliados. Quizás la mayoría no tuviera tecnología para siquiera crear colonias en sus lunas o planetas habitables más cercanos, ni siquiera para salir de sus respectivos sistemas solares, pero era bastante probable que tuvieran otras cosas para ofrecer. Al final de la reunión solo quedaba un sistema por el cual informarse.

—¿Qué tal la Tierra? —curioseó la Maestra Adi Gallia.

La que respondió fue la Dama Jedi Cyapay.

—No muy bien, Maestra. Parece ser que la tensión no deja de aumentar en casi todo el planeta. Tenemos entendido que ha iniciado una nueva guerra entre dos países por la soberanía de unas islas.

—¿Por unas islas?

—Así es.

—Entiendo. ¿Y el resto?

—Como he mencionado, la tensión entre ambas potencias no deja de aumentar. El planeta está a una mala provocación de desatar una guerra nuclear.

—¿Crees que están preparados? —preguntó el Maestro Piell a la diplomática.

Alcda observó a la diplomática que la acompañaba, esperando su veredicto. Alcda era científica y sólo estudiaba la tecnología y su ciencia, y por tanto había estudiado un poco la tecnología terrícola. Había trabajado con la diplomática para asegurar el nivel de peligrosidad del planeta, el cual le había llamado más la atención.

—Siempre se puede esperar más, pero este momento es tan bueno como cualquier otro. Su mundo está en peligro y creo que es nuestro deber evitar su destrucción. Claro que conlleva un gran riesgo por todo su armamento nuclear y su instinto de atacar lo que desconocen.

—Entonces están preparados para iniciar una nueva guerra.

—Si se ven amenazados lo harán. Pero mejor ahora que después. Si esperamos más podrían destruir el planeta, como ya he comentado.

—Nuestra llegada podría evitarlo: unirse frente a un enemigo en común. Sí, esos seríamos nosotros, pero ya sería nuestro trabajo evitar que nos vieran así. Dos pájaros de un tiro —explicó la líder diplomática.

Los miembros del Consejo se miraron unos a otros. La Tierra era el más debilitado de los sistemas ignorantes a la vida fuera de sus planetas, pero también podría ser el más peligroso a la hora de entablar contacto.

—¿Cuál es su opinión? —interrogó nuevamente la Maestra Gallia.

—¿Mi opinión? Hacer contacto ahora —la Maestra Jedi asintió, apoyando su espalda en el respaldo de su asiento—. Es un riesgo grande, lo sé. Pondremos en peligro a la embajada que vaya a ese planeta, pero todos sabemos el peligro que corremos siempre que vamos a zonas de conflicto. Yo misma sufrí un par de intentos de asesinato durante mis misiones.

—Entendemos. Gracias por su opinión. Vosotras podéis marcharos —indicó la maestra a ambas Damas.

Las dos Jedi realizaron una reverencia y procedieron a marcharse de la sala, dejando a los miembros del Consejo solos y la jefa de la diplomacia.

—Siento perturbación —indicó el Maestro Windu echando una rápida mirada a todos los miembros.

—Las decisiones tomadas están. Afrontarlas debemos.

—«Y sus consecuencias. Podríamos empezar guerras».

—Seríamos más bien los catalizadores.

—No debemos pensar tan en negativo. Déjenos que la Fuerza nos guíe.

—Con todo respeto, miembros del Consejo —habló la diplomática—. No soy una sensible a la Fuerza, y confío en su juicio, pero me parece que no debemos dejarnos guiar por la Fuerza, sino en la experiencia, los conocimientos de los distintos mundos, en los que allí habitan y en nosotros mismos. Debemos iniciar la toma de contacto.

—«Pero esta no es una decisión únicamente del Consejo Jedi. El Senado debe también expresar su decisión. Nosotros somos Guardianes de la Paz».

—Pero, ¿y si el Senado decide hacer una jugada sucia para con los sistemas aislados?

—Nuestro deber es también para con esa gente.

—Entonces no perdamos más tiempo. Actuemos —sentenció la diplomática.

Los miembros del Consejo se miraron unos a otros, hasta que el venerado Maestro Yoda tomó la palabra.

—La decisión tomada está. Informar a la canciller debemos.

Fue el primero en levantarse del asiento, y unos pocos más le siguieron. La líder diplomática sonrió, satisfecha con la decisión tomada por los Jedi. Haciendo una reverencia, marchó a reunirse con la Canciller junto al grupo.

Abandonaron el Templo Jedi, yendo directamente hasta la residencia de la canciller de la República Galáctica. Aquel lugar había sido el hogar de todos los cancilleres desde hacía muchísimo tiempo y no era la primera vez que los Jedi habían ido a reunirse allí con el canciller de turno por algún asunto de importancia.

El viaje desde el Templo hasta la residencia fue corta, pero permitió a aquella comitiva a plantear bien las cuestiones que iban a exponer a la canciller. Esta, que había sido informada con antelación de la reunión urgente con los Jedi y la líder de los diplomáticos de la República, esperó pacientemente en el interior, preguntándose el motivo de aquella reunión de emergencia.

Cuando finalmente llegaron, los recibió con todos los honores. Los Jedi y la diplomática no fueron directamente al grano, sino que intentaron crear un ambiente óptimo para hablar de aquel asunto urgente. Cuando este fue creado, Yoda fue el que tomó la palabra.

—Canciller, de algo importante hablar debemos.

XXXXX

Tal y como el Consejo Jedi esperaba, las respuestas de la Canciller y el propio Senado fueron muy dispares. La Canciller Amilyn Nymex había convocado una sesión de emergencia en el Senado Galáctico, creando gran expectación. Rumores se extendieron sobre su posible renuncia al cargo debido a su falta de poder al controlar a los burócratas. Otros distaban mucho, señalando a la Federación de Comercio por su política agresiva. Esas eran las dos principales teorías de aquella sesión de urgencia, pero no eran las más alocadas, desde luego.

Cuando la hora llegó, todos los senadores de los mundos pertenecientes a la República ocuparon sus asientos, esperando a que la Canciller apareciera en la plataforma central del Senado. Las charlas y cuchicheos resonaban en toda la sala, pero eran tantas que resultaba imposible de escuchar claramente lo que otros decían. Desde uno de los balcones que daban al Senado, y no eran ocupados por las plataformas flotantes en las cuales se sentaban los senadores, dos miembros del Consejo Jedi se asomaban para escuchar, ocultos a los ojos de los senadores.

Y al fin, cuando el podio emergente donde se sentaba la Canciller y los burócratas emergió del suelo, el silencio se hizo dueño de todo el Senado.

—Primero que nada, gracias por asistir a esta sesión de emergencia convocada con tan poco tiempo —fueron las palabras con las cuales la Canciller comenzó dicha sesión—. El motivo de reunirnos el día de hoy es por un gran evento que ha ocurrido en nuestra amada República. Hace dos años, unos científicos lograron crear un sistema de creación de agujeros de gusano, permitiendo así poder viajar entre galaxias sin necesidad del hipermotor —los cuchicheos resonaron en toda la sala, pero la Canciller alzó la mano, callándolos—. Pero ahí no acaba todo. Esta nueva galaxia posee nuevos mundos para explorar y…

—¿Cómo es posible que se haya obtenido esa tecnología? ¿Y por qué nos está informando ahora? —fue la pregunta de un senador.

—El motivo es porque este proyecto no está siendo financiado por la República.

—¿Y quién lo ha estado financiando?

La Canciller se tomó unos segundos para responder. Si bien el Consejo Jedi había dado su aprobación para que se expusiera la verdad, la Canciller Nymex no sabía cómo reaccionaría el Senado.

—El Consejo Jedi fue su benefactor. Ellos apoyaron el desarrollo de esa tecnología y fueron los que decidieron mantener este gran descubrimiento oculto durante estos dos años.

Y fue entonces que se pudo ver y escuchar las consecuencias de la bomba que acababa de estallar en el corazón de la República. Todo el Senado estalló al revelarse la verdad. Hubo pocos senadores que se mantuvieron en silencio mientras el resto estallaba en réplicas y quejas. La Canciller esperó a que la situación se calmase un poco para poder continuar. Mientras tanto, ambos Jedi se mantenían tranquilos y serenos. No les había sorprendido en lo más mínimo la reacción del Senado. En verdad, era la más esperada.

—¿Por qué motivo los Jedi han mantenido esto en secreto de nosotros? ¡Se supone que somos el Senado, representantes de todos los sistemas de la República! ¡Esto es un insulto a nuestra confianza! —exclamó enojado el representante de la Federación.

—El motivo por el cual el Consejo Jedi decidió mantener esto en secreto durante dos años y revelarlo ahora fue por la peligrosidad del proyecto —continuó explicando Amilyn Nymex.

—¿Peligrosidad? ¿Cuál peligrosidad? ¿Acaso hay una civilización hostil al otro lado? —exigieron saber varios senadores.

—No sabían si el proyecto funcionaría o acabaría en desastre. Y, en caso de funcionar, tampoco sabrían qué se encontrarían al otro lado. Como Guardianes de la Paz, debían supervisar en primera línea dicho proyecto para proteger la República de cualquier peligro que pudiera emerger.

—Eso suena a una excusa barata. La República tiene el poder para defenderse a sí misma —recriminó el senador de la Federación.

—No todos tenemos un ejército como la Federación —contraatacó otro senador.

—¡Eso es un ultraje! ¡Nuestro ejército es para defendernos de los piratas!

—Por supuesto, y hostigar a los planetas que no acepten sus políticas comerciales —acusó otro senador.

Nuevamente comenzó una ola de protesta a favor y en contra de la Federación de Comercio, una que les hizo olvidarse sobre el descubrimiento de la tecnología para viajes intergalácticos y la nueva o nuevas civilizaciones. Pero para la Canciller supuso un breve periodo de alivio, el cual le permitía respirar tranquila mientras esperaba la nueva ola de ataques hacia su gestión y falta de confianza con el Consejo Jedi.

—Senadores, por favor, no hemos venido a discutir la política de la Federación —intervino otro senador con voz autoritaria, callando al resto—. Les recuerdo que hemos venido por el asunto relacionado a los viajes intergaláctico. Canciller, continúe, por favor.

—Gracias, senador Ojona. Como iba diciendo, los Jedi decidieron mantener esta tecnología en secreto no sólo para mantener un flujo pequeño de viajes y así evitar que cualquier peligro nos atacase en grandes oleadas, sino también para estudiar con cuidado esta nueva galaxia y evitar que miembros de la nuestra husmeen sin cuidado alguno y pueda causar conflictos, enfrentamientos o malentendidos con cualquier posible civilización nativa.

—¿Conflictos o malentendidos? ¿A qué se refiere, Canciller?

—Me refiero a que, según palabras del Consejo, si la información sobre esta nueva tecnología se hubiese hecho pública al momento, el número de intentos de robos o sabotaje de dicha tecnología habría sido demasiado alto, por mucho que estuviera protegida por los Jedi. Calañas de nuestra galaxia, como terroristas, piratas, contrabandistas y todo tipo de criminales, podrían haberse hecho con esa tecnología y ya no habría filtro entre nuestra galaxia y las vecinas. Las consecuencias podrían haber sido nefastas.

—Entiendo que también habla por nosotros, ¿no es así, Canciller? —habló nuevamente el senador de la Federación.

—Nadie les ha mencionado.

—Oh, por favor, no nos tome por tontos. Está claro que han pensado en nosotros por todas esas calumnias y mentiras sobre nuestra Federación. Temen que hagamos negocios con los nuevos sistemas y obtengamos más poder o monopolio. ¿Me equivoco?

—No nos extrañaría que lo hicieran. Son como bestias carroñeras —dijo otro senador sin pelos en la lengua.

—¡No toleraré ese insulto!

Y una nueva ola de ataques y contraataques contra la Federación de comercio y sus aliados. Pasaron varios minutos hasta que la razón volvió a reinar en la Cámara del Senado Galáctico.

—¿Qué diferencia hay entre haberlo descubierto en su momento a ahora? —interrogó un senador.

—En que nuestros conocimientos de la nueva galaxia son mayores, de modo que podemos contactar de forma pacífica y sin miedo a represalias, así como que son capaces de reconocer nuestro gobierno, sin ser engañados.

—Entonces ¿solo la República será la que contacte con los nuevos sistemas? ¿Dónde estará la libertad para los demás?

—La República dará listas de las organizaciones, sistemas y federaciones que sean legales, evitando empresas fantasmas o criminales.

—¿Y los Jedi? ¿Qué pasará con ellos?

—He acordado con los Jedi la libre circulación de bienes y personas, incluyéndolos a ellos. Se ofrecen como embajadores y mediadores en las negociaciones con los diversos sistemas con los cuales actualmente podemos contactar, pero sus funciones no cambiarán en lo más mínimo en nuestra galaxia.

Obviamente, las reacciones a aquella revelación fueron más positivas que negativas. La confianza en el Consejo Jedi, a pesar de haber sido puesta a prueba en aquella sesión del Senado Galáctico, seguía siendo casi ciega en la inmensa mayoría de sistemas que conformaban la República Galáctica. Fue aprobado que los Jedi tuvieran el papel discutido con la Canciller. Es más, tenerles a ellos de su lado le daría mucha confianza a la hora de tratar con los nuevos sistemas. Mientras tanto, y dado que lo siguiente que se iba a hablar en la sesión resultaba irrelevante para ellos, los Maestros Yoda y Oppo Rancisis abandonaron la Cámara.

—Podría haber ido peor.

—Buenas palabras se han dicho, pero las acciones no siempre las respaldan. Mucho cuidado debemos tener. Ante esta nueva prueba, vacilar no debemos.

—Coincido. Esta es una nueva prueba para la Orden. Ahora que se ha hecho público, habrá que reforzar la vigilancia sobre la nueva tecnología para evitar que llegue a malas manos.

—¿Desconfianza hacia los senadores estoy sintiendo?

—Toda precaución es poca.

—Un pensamiento peligroso ese es, pero no errado. De acuerdo estoy, reforzar la seguridad debemos.

XXXXX

Al día siguiente a la sesión, ya toda la galaxia era consciente de la nueva tecnología de viajes intergalácticos y el encuentro con varias civilizaciones en aquella nueva galaxia. Como era de esperarse, todos deseaban hacerse con la tecnología que permitía aquel milagro, pero el Consejo Jedi no daba su brazo a torcer. Sólo ellos dispondrían de esa tecnología, sólo ellos vigilarían la entrada a la nueva galaxia. Obviamente aquello no gustó a mucha gente, sobre todo a los que veían un nuevo y poderoso comercio con aquellas nuevas civilizaciones, pero también se sabía que tarde o temprano el Consejo Jedi cometería un error y esa nueva tecnología se filtraría al mundo.

También se llevó a cabo una competencia secreta para ver qué sistemas de la República contactarían con qué civilización de la nueva frontera. El Consejo Jedi no ocultó ninguno de los nuevos mundos descubiertos, siendo el Imperio Lafray y la Confederación los que más habían llamado la atención, obviamente. Poder negociar con las dos mayores potencias de esa galaxia supondría un enorme beneficio para aquel o aquellos sistemas que consiguieran un mejor contrato.

Por suerte para los habitantes del planeta Tierra, su situación era tan precaria, y su civilización tan atrasada, por no olvidar la amenaza de la guerra nuclear, que poco llamaba la atención. Pero, a pesar de ello, la República tenía intención de contactar con toda civilización que encontrasen, y aquello incluía aquel pequeño punto azul.

Tuvieron que pasar tres meses para que al final se decidiera enviar una comisión para tratar con los países del planeta. Fue la propia Canciller quien informaba sobre aquellas decisiones al Consejo Jedi, y aquella no era una excepción.

—El Senado ha sugerido enviar una sola nave con diplomáticos para aterrizar en la sede de su organización principal, las Naciones Unidas. Estará formado por cinco diplomáticos de diferentes sistemas y han sugerido que sean escoltados por algunos Jedi, si al Consejo le parece bien —informaba la Canciller a través de un holograma.

—Ya son muchas las comisiones, Canciller.

—Lo sé, Maestro Tiin. Pero es lo que el Senado desea.

Los miembros del Consejo Jedi se miraron entre ellos, no muy satisfechos. En aquellos meses el flujo de viajeros había aumentado demasiado, tanto que los agujeros de gusano, pues habían tenido que crear varios, se mantenían abiertos todo el tiempo, por lo que la vigilancia de los Jedi era muy dificultosa.

—No podemos mantener a tantos Jedi custodiando los agujeros.

—Si le parece, Maestra Gallia, podría sugerir que la República y el Consejo Jedi trabajasen juntos en la protección de esta tecnología y la vigilancia en el flujo de tránsito.

Aquella propuesta sorprendió a muchos de los miembros del Consejo, aunque otros ya lo esperaban.

—Esa es una propuesta un tanto arriesgada, Canciller.

—Lo sé, pero confío en aquellos que custodien los agujeros. Es más, puedo compartir con el Consejo los requisitos para entrar a este nuevo cuerpo de seguridad, si así se sienten más cómodos.

—Esa es una propuesta aceptable, pero incluso con la misma podría haber agujeros.

—Entiendo su preocupación, Maestro Koon, pero como bien habéis comentado, no hay tantos Jedi como para mantener la seguridad en los agujeros y continuar con su labor como Guardianes de la Paz. Solo pido su confianza en este nuevo cuerpo.

Los miembros del Consejo se miraron unos a otros.

—Debatir debemos. Avisaros con la respuesta haremos de inmediato —dijo el Maestro Yoda.

La Canciller asintió y cortó la comunicación. Durante largo tiempo, el Alto Consejo Jedi debatió sobre aquella propuesta, estudiando sus pros y contras. En verdad no disponían de suficientes Jedi para cumplir sin problemas ambos cometidos, pero era muy riesgoso dejar la seguridad de los agujeros a otros. Confiaban demasiado en la incorruptibilidad de los Jedi y no tanto así de personas ajenas a ellos, pero se veían obligados a ceder, al menos en parte. Así se lo hizo saber el Consejo a la Canciller, quien lo comunicó al Senado. Como era de esperar, muchos no estaban contentos con la cesión parcial del Consejo Jedi, pero menos hubiera sido nada. Al final, luego de un tiempo de organización, la embajada al planeta conocido como la Tierra fue aprobada.

—¿Quiénes irán?

—Propongo al Maestro Tiin, acompañado de las jóvenes Taflus y Cyapay. Creo que son la mejor opción.

—Pero no son Maestras.

—Puede, pero sus capacidades son excepcionales y ya han tenido contacto con diversas civilizaciones de esa galaxia.

Prácticamente todos los miembros del Consejo, o una amplia mayoría, coincidieron en la elección de ambas jóvenes Damas para aquella misión.

—Bien, está decidido. Una embajada viajará a la Tierra dentro de dos semanas, tiempo suficiente para prepararlo todo.


He realizado cambios en el capítulo 1, está explicado en las notas de autor del mismo.