Mahouka koukou no Rettousei no me pertenece
Outsiders and Students
Capítulo 4: En algún lado
Con la magia de Suzune, el autobús se detuvo de golpe; seguido de las camionetas que venían detrás.
Toni estaba muerto de miedo.
Mari se levantó de golpe. "¡Deténganse, idiotas!"
Un puñado de CAD se levantaron para apuntar sus hechizos hacía su muerte segura. No era mala idea. Pero todas las secuencias sobre un solo objeto simplemente se cancelarían entre ellas. Todo era un desastre. El pánico se disparaba en los corazones de los estudiantes.
Bloquear tampoco era una opción. La información que cambiaba constantemente por el fuego hacía imposible desplegar una barrera.
Toni, rodeado de su propio fuego, miro todas las secuencias antes de hacer algo.
*Magische Verbrennungsanlage*
De repente, todas las secuencias se anularon, mejor dicho, se incineraron sin dejar cenizas, ni rastros; menos dos.
Los psión alrededor de Miyuki Shiba emanaron una luz azulada. Sobre el auto, apareció un sello de magia de enfriamiento que apago las llamas del auto sin cortar la oxigenación del piloto, sí es que aún estaba vivo, en primer lugar.
*Phalanx*
El auto errante choco contra una barrera invisible, deteniéndose al impacto
Después de voltear por la ventana, confirmando que todo estaba bien, Toni suspiro, se recostó en su asiento en llamas y parcialmente quemado. Raciono por instinto, por reflejo; era consciente de que hizo algo; pero no del por qué.
Ni siquiera noto que Bayerisches Feuer se activó. De repente sintió algo helado a su alrededor, Debieron haber sido Eimi o Satomi que supusieron que por alguna razón se estaba incinerado y, por en secuencia, lanzaron magia para salvarle la vida.
Volteo, viendo alrededor los estudiantes que lo miraban. Cancelo su hechizo, El fuego se desvaneció como si nunca hubiera estado.
"Eso estuvo cerca. ¿No?"
En otro lado.
Pregunto Mari a nadie. "¿Qué acaba de pasar?"
"Krueger-kun." Murmuro Miyuki.
Mayumi agradeció a Miyuki, por apagar el fuego; a Katsuto, por desplegar la barrera; y a Suzune por haber detenido el autobús.
Por otro lado, se veían los rostros decepcionados de varios estudiantes: Shizuku se arrepentía de solo ser un estorbo. Morisaki Shun sentía el deber de ser útil, como un descendiente de las diez y ocho casas auxiliares; quería seguir los pasos de su desaparecido padre. Kanon Chiyoda, la vicepresidenta del comité de Moral Pública; también sentía que se defraudo así misma y a las responsabilidades con su puesto.
Al fondo, Toni cambiaba de asiento silenciosamente. El que uso para sentarse tenia los cojines negros y quemados. Algunos estudiantes le dieron miradas filosas hasta que se sentó en la parte de atrás.
Su mano aun temblaba sobre el reposa brazos. Desearía tener su encendedor. El click click lo ayudaría a calmarse. Entonces, oyó una voz.
"Hola, Krueger-san." Mari se sentó a su lado. Antes que pudiera responder, ella se inclinó hacia él y hablo en voz baja. "Gracias por lo qué hiciste. ¿Conoces a Chiyoda Kanon de segundo año?"
Toni no entendió el cambio de temas, pero miro a donde Mari apuntaba con si vista, viendo una espalda, con cabello corto rojo oscuro. "Ja. Alguna vez la vi en la oficina del Comité. Ich verstehe nich. ¿Por qué lo preguntas?"
"Sera tu jefa. También intento lanzar un hechizo, igual que los estudiantes de primer año. No tiene excusas. De no ser por ti, esto hubiera terminado mal."
"Me estas dando mucho crédito. En ese momento, ni siquiera entendía lo que hacía." Toni puso una sonría irónica.
…
Si miras por la ventana, podías ver a los ingenieros trabajar. En un minuto, los conos estaban puestos adelante del auto volcado, Kei anunciaba como incorporarse al carril. El joven en suéter, short y calcetines hasta por debajo de las rodillas; era un oficial de tráfico improvisado, apuntaba con una señal.
Verona, Aleera, Marishka y Godo, después de despertarse de golpe por la frenada en seco, hicieron parejas: uno sostenía los conos apilados mientras el otro los colocaba.
Mari, igual que otro puñado de estudiantes, bajaron del autobús y observaron como Roberto, con la ayuda de Arthit y una palanca, forzaban la puerta del auto y confirmaba el estado del conductor. Godo, Enrique y Manfred eran los primeros en la fila.
"¿Es la primera vez que haces esto?" Dijo Roberto.
"SI. No estoy acostumbrado a forzar las puertas de los autos." Dijo Arthit
"Se nota. Aun eres un novicio."
La puerta se abrió en ese momento. Mari dejo de mirar la espalda del chico.
"Hazte a un lado, Gordo." Enrique empujo a su hermano. "¿Quiero ver al frio? ¿Esta achicharrado?"
"Somos unos enfermos." Dijo, Godo, mirando el auto mientras ayudaba a poner conos.
No tardaría mucho hasta que Katsuto fue hacia ellos para reprenderlos. El Muro de hierro cruzo los brazos.
"Emmh…" Se claro la garganta.
Manfred también se cruzó los brazos. "Emmh. Las normas, las leyes, etc., etc.," Por un segundo se paró sobre sus puntillas. Los dos metros y poco más de Manfred se pararon aún más sobre el metro ochenta y seis de Katsuto. "¿No te enseñaron a respetar a tus mayores?"
"Jaja:"
Katsuto puso una mirada más pesada. "Desde que…"
"No, no te pares frente, apuntándonos con tu mirada de estreñido. Eso no funciona con nosotros. En Liberia, me han apuntado con armas de verdad. Esos cholos de seguro saben lo que es correr por sus vidas. Y, ya lo sabes, Arthit es un enfermo que gusta golpearse con otro enfermo hasta que solo quede uno de pie."
Los chicos seguían riéndose.
En cuanto a las hermanas, no tenían ningún interés en el auto, especialmente Verona. Ella no lo vio más de lo necesario.
"Entonces, ¿Ustedes también vieron el rastro mágico?" Dijo Verona a través del lazo psíquico.
"Magia a baja escala, hecha instantáneamente a niveles mínimos: tres hechizos de alto nivel." Marishka sostenía los conos mientras los pasaba a Godo. "El primer hechizo, estalló las llantas. El segundo hechizo, hizo que el auto diera vueltas."
"Y el tercero, levanto el auto diagonalmente." Aleera acomodo otro cono. "Enviándolo a colisionar. "
"Los tres se hicieron adentro del auto." Dijo Verona. "Para ocultar esto se usó magia. Tuvo que ser el conductor."
"Debe ser un complot." Dijo Aleera. "De seguro fue el bastardo."
"¿Gabriel?" Marishka a cómodo un mechón. "No me da esa sensación. No creo que sea tan tanto para atacar un autobús en que no íbamos, ni que escatimara en efectividad en aras de la discreción. Nos hubiera lanzado algún camión de material volátil y toxico cuando estuviéramos pasando por un túnel, colapsando las salidas y matando a todos los estudiantes, así como a todos los desafortunados que fueran encerrados. Algunas víctimas colaterales tampoco estaban mal para darle realismo a la tragedia."
"¿Verdad?, Verona."
"Eh… sí." Respondió dando por finalizada la conversación.
Verona evito mirar más el auto hasta que la policía lo remolco. Ella fue la primera en detectar el auto mucho antes que se descarrilara, se dio cuenta que algo andaba mal con el sistema. En todo caso, sabía que, si lograba impactar, varios estudiantes morirían y, aun así, no hizo nada.
Chicos de carne y hueso, que sufrían y reían, como ella. amables y simpatías. O alguna competidora. Paso semanas ajustado sus CAD, supervisando sus entrenamientos, haciendo estrategias con ellas. Y, de verdad, estaba emocionada por verlas competir con los CAD que ajusto.
Ya se había dicho a sí misma que la vida de otras personas no tendrían más prioridad que mantener mantenerse escondidas. ¿Por qué dudaba ahora? Antes no fue contemplativas con las vidas de quien no era sus hermanas. Cuando era niña, el fruto de un proyecto de modificación humana constantemente estudiada; mato a varios prisioneros probando hechizos mortales en "un entorno más realista"
De forma u otra terminaría haciéndolo. Pero, para ser honestos, realmente no le interesaba el bienestar de esos maniquíes vivientes. Igual que Aleera y Marishka, nunca tuvo problemas con esas pruebas. Es más, no dudo a la hora de enfrentar y masacrar a los soldados de su país natal.
Quizás la vida que tenía, la persona que fingía ser, que quería ser; la estaban cambiando. Eso no le gustaba tanto como pensó. Un líder debe saber quién es y apuntar a una dirección sin titubeos; aún más si sabía que sus hermanas la seguirían sin dudar, aunque ella no les pidiera eso.
[~~~]
Se estaban haciendo los primeros preparativos para la Gran Competencia de las Nueve Escuelas Mágicas. El evento tenía un sistema curioso: Se dividía en dos categorías, una de estudiantes de primer año, otra de segundos y terceros, llamada división oficial. Cada división de tenia sus subramas masculina y femenil, con sus sentencias de Speed Shooting, Ice Pillar Break, Crowd Ball, Battle Board; Monolith Code era solo para hombres y Mirage Bat era solo para mujeres. Haciendo así un total de 20 concursos.
Cuando un estudiante ganaba o, en menor medida, quedaba en un puesto alto su escuela recibía cierta cantidad de puntos. La que tenga más puntos al final ganaría la competencia vigesimoprimero, el evento en sí.
Por supuesto, era una competencia mediática, extravagante, espectacular y muy redituable. Todo se debía a la influencia del Clan Niyukiooto en la comunidad mágica.
Los encargados normales de la seguridad era la empresa Honor and Pride, una filial de La Corporación Zaibatsu. A su vez, Zaibatsu solo era el nombre de la entidad legal, nominal y oficial por la que Niyukiooto hacia sus negocios. Obviamente, en algún lado, hay tipos con ojos ámbar que se especializaban en meter sus manos sin que nadie se diera cuenta.
Este año, bajo la logística de Honor and Pride y la supervisión de las Fuerzas de Autodefensa, The New Black Magic los relevaría. Cuanto Carlos hizo el personal de la empresa, selecciono a empleados hubiera estado en el ejercito o que podían dar esa impresión. En esta situación puntual, escogió a los tipos que podían aprobar una supervisión y que no mandarían todo al infierno por su carácter o soberbia; con una evidente expansión
Y hablando del diablo, en los vestidores, el Mensajero se puso el uniforme de trabajo: pantalones y saco negros de mangas y piernas largas, una camisa blanca debajo del saco, puso su collar de cobra debajo de su camisa, colgó en su cuello el gafete que deificaba como parte del personal de seguridad.
Se miro en el espejo. Parecía más listo para una reunión formal. "Por lo menos no tengo que usar un uniforme de guardia de centro comercial."
Salió del vestidor. Y, cuando lo noto, estaba en el salón de banquetes para darla las instrucciones laborales. Con las ventanas cerradas y las pocas meses y sillas el lugar se veía como una sala desordenada, de no ser por el tipo que se limpiaba las uñas con un cuchillo de cazador que lo miraba desde que entro.
"No lo mires feo. Creme." Dijo Carlos, sentado del otro lado de la mesa. Estaba aquí para atender otros asuntos nominales, según el Mensajero.
Por otro lado, solo eran tres docenas de guardias, relativamente poca para el tamaña del lugar. No sería una evaluación práctica porque en primer lugar este era un hotel militar, ¿quién demonios lo atacaría?, Y, por lo tanto, se evaluaría la logística y sincronicidad.
Una gran parte era matones a acostumbrados a estar bajo el mando de Yosuke. Y, por cierto, no tenían expresiones amables. Casi todos trabajaban normalmente como centinelas, sicarios, matones y guardias de seguridad en lugares de otra naturaleza.
Había algunos de veinte y tantos, pero en su mayoría estaban en sus treinta o cuarenta. Algunos usaban barba. Obviamente, todos de piel morena y orígenes latinoamericanos. Grandes o pequeños, sin embargo, con compleciones robustas. Usaban trajes formales. Parecían usureros o guardias malhumorados de alguna discoteca.
"¿Cómo un pez en el agua?" Dijo Takehito Niyukyooto. Cronológicamente, el primero de la generación de su Clan. Tiene el puesto de más jerarquía entre los de Honor and Pride. Y quien organizó la seguridad. Estaba a mediados de sus treinta. Se veía como Borushi, mismo cabello, ojos, complexión; pero sus rasgos eran más curtidos. Detrás de él, tenía a tres personas parecidas.
"Me he acostumbrado a peores vainas." Respondió el Mensajero antes de notar los ojos ámbar. "¿Eres hermano de Godo Nijukyooto?"
"Primo en realidad; Igual que Takeda, mi hermano menor."
"Sera un gusto volver a trabajar juntos, Moreno." Takeda Nijukyooto, uno de los chicos que estaban detrás de Takehito, hablo. Se topo con Mensajero algunas veces en First High School, principalmente supervisándolo a mientras hacía el mantenimiento de la escuela que le dejaron como castigo.
"Como olvidar cuando barrimos el patio de la escuela." Dijo el Mensajero.
"Nosotros si somos hermanos del rubio oxigenado." Dijo un chico con apariencia de universitario a lado de otro. "Benji y Brain Nijukyooto."
"No me queda mucha familia que conocer. Están dedicados al negocio familiar."
El hombre sentado en la mesa resoplo. Evangelista Oviedo Lárdelo, o solo Évan; un hombre de piel morena. Nativo de Belém, Brasil. Su carrea criminal comenzó a los diez años. Cuando el proxeneta de su madre le estaba dando una golpiza, le apuñalo por la espalda. Su madre lo entro a la policía. Y, un mes más tarde, escapo del reformatorio. Se dedico al robo a mano armada y sicariato todo el resto de su adolescencia antes iniciarse en el narcotráfico. El resto es historia.
"Oye niño, ¿Tu papi te llevo al trabajo? ¿Estas perdido?"
"No. Vine aquí para trabajar… como tu jefe. Mucho justo, Niño."
Évan resoplo antes de sentar "Tengo hijos más viejos que tú."
"Vamos, Parcero." El Mensajero bajo su mirada hacia el regazo del brasileño. Las hombrías brasileñas son leyendarias, Pero el Mensajero miro el cuchillo que tenía en su cinturón. "¿Qué otra maricadita tienes allí?, como decimos en Colombia."
Saco su cuchillo de cazador. Era grande, plateado y reflejaba la luz. "Un cuchillo."
"No, eso es un juguete. Esto es un cuchillo." Con su mano izquierda, saco un destornillador oxidado de su saco. Cuando Évan lo miro, el Mensajero tomo su cuchillo y lo apuñalo en el muslo. Apuñalo el otro muslo con su destornillador. Lo punta se enteró hasta un tercio. "¿Lo ves?"
"Te lo dije." Dijo Carlos.
Los ojos de los empleados se agrandaron ligeramente. La sorpresa de Takahito, Brain, Benji y Takeda; incluso con sus caras de universitarios o colegiales, fue aún más hermética.
Las luces psióniscas rodearon a Évan.
"Detente." Dijo el Mensajero.
Évan miro que el espacio se deformaba delante de su cara. Eran condensaciones. Nunca las vio tan de cerca. El preparativo de las balas de aire comprimido y reforzado. Como una tapa cuando aprietas la botella; aunque llevado hasta el nivel de un arma calibre cincuenta. Los psiones se esfumaron.
"Ser demasiado rápido también es malo." Empezó enterrar el destornillador lentamente, centímetro a centímetro hasta que el mango choco con la tela del pantalón. Évan podía sentir algo clavado en el hueso de su pierna. "Déjatelos puesto. Aun no termino contigo."
El Mensajero tomo distancia. "Presten atención. Aquí viene la exposición laboral."
Como si fuera la jefa del Comité de Moral Pública, enfrente de todos, leyendo la logística de Takehito hizo: algo sobre cuidar las entradas.
"…Los tipos que tendremos que engañar." Un mini dispositivo proyecto rostros sobre una pared. "Mayor, Kazama Harunobu; primer teniente, Yanagi Muraji; segundo teniente, Shigeru Sanada." Se proyecto la imagen de una mujer joven y bello. "Segundo teniente, Kyouko Fujibayashi."
"Es bonita." Dijo Carlos.
"Me gusta su cabello." Dijo el Mensajero
"¿Cuánto te apuesto que Yosuke estará sobre ella en un día?"
Mientras hablaban, las piernas de Évan comenzaron dormirse, su piel se volvió cada vez más blanca. Las caras de los demás no parecieron más amistosas, sin embargo, si más cautelosas.
"Ya pueden irse." Dijo. Cuando el resto de los empleados se fue, el Mensajero continuo. "Takehito, ¿quién crees que gane este concurso?"
"La hegemonía del concurso se la han turnado la, la First High School, la Second y la Third. La Second ha bajado su nivel. Y la Third… haciendo la historia corta, creo que la Firs."
"Bueno."
Takehito se fue.
Évan aún estaba sentado, en shock: el sudor frio escurría por su piel pálida, sus latidos eran erráticos y su conciencia se desvanecía.
"¿Aún no hemos entregado el embarque?" Pregunto el Mensajero a Carlos.
Por el embarque se rejería a los millones de yenes que mandaban a América, procedente del tráfico de drogas, órganos, armas, etc.,
"No, se entrega hasta mañana."
"Tomo unos cien y apuéstalos a Firs High School."
"¿Que?"
"Es en serio."
"¿¡Y si lo tomos y él te mata? o, peor aún, ¡me matar a mí!" Dijo Carlos madre tanta. "¡Virgen María, santa madre de Jesucristo! ¡Soy yo él está pidiendo prudencia, Hermano!"
"Regrésame mi destornillador." Cuando saco pula enterrado en pierna, su pierna salto un chorro de sangre. El Mensajero lo clavo en la pierna de Carlos. "Si no lo haces, te mueres aquí mismo."
"Hermano, eso me duele."
"No. Estas tan dragado que siquiera lo sientes."
"Pero... pero el pantalón ere nuevo."
"No me cambies el tema. Valdes, ya me oíste."
"Está bien. Sera lo que tú dices." Carlos paso los manos por su cara hasta llegar a su cabello y lo peino hacia atrás. Era la primera vez en años que dudaba de una decisión. "¿Realmente estas molesto por eso?"
"Mh, ¿poner el uniforme escolar y ser un guardia de centro comercial?; no, tenía que probar todo esto." El Mensajero saco su destornillador, lo limpio con el saco de Évan y lo guardo. "Hablamos luego. Tengo que irme." Se levanto y fue por la puerta.
Carlos se quedó solo con el cuerpo seminconsciente de Évan. Unos segundos después, tres tipos regresaron a la habitación, con pañuelos y spray de vinagre para limpiar la sangre. La magia, en cambio, sería más rápida, así como arriesgada; por los restos de psión que deja.
Con sacos quietados y las mangas arremangadas, los dos movieron a Évan de la silla y lo sentaron junto a la pared.
"Abre la boca." Dijo un joven que le estaba dando unas analgésicos.
Sería un procedimiento largo: quitarle los pantalones, vendarlo con cinta adhesiva, ponérselos hacia atrás para que no se vean las manchas y llevarlo a un doctor clandestino.
"¿Y ahora, quien le toca quedar cuidar al pequeño bastardo?" Dijo Yancy, vendando la pierna derecha; a Yuniel, que vendaba la otra pierna.
Su deber como guardaespaldas no era proteger al Mensajero. Era proteger a todos los demás del Mensajero. Muertos y heridos a diestra y siniestra no ayudarían a hacer un perfil bajo; aunque realmente no les importaba mucho.
"¿Qué tal si lo resuelven con piedra, papel y tijeras?" Dijo Carlos.
"Yo me encargo del mocoso." Dijo Pedro Pineda, el joven de piel negra, con su cabello en rastas cortas, que parecían churros; en sus veinte y cinco años. Originario de Guayaquil, lo que antes era conocido como una ciudad de Ecuador.
"Pensé que podrías necesitar esto." Pedro le paso a Carlos un rollo de cinta.
"Gracias, Pepe."
"¿Estás seguro? Ese chamaquito esta más rabioso que de costumbre." Dijo Yuniel.
"Me recuerda a mi hermano menor. Sabre como manejarlo." Pedro noto que Carlos termino de vendarse, y paso una botella de analgésicos
"No, gracias. Ya traje los míos."
"Nosotros limpiamos este desastre. El mocoso es todo tuyo." Dijo Yancy.
Pedro salió, buscando al Mensajero.
"¿Creen que estará bien?" Pregunto Yuniel.
"Oremos por su alma." Dijo Carlos.
[~~~]
Los chicos vieron un edificio blanco y las ventanas, azules como el cielo.
La caravana de la First High School llego a la entrada principal del hotel. Una multitud hizo fila para bajar del autobús y poner los pies en la acera de cemento gris oscuro e instalarse.
En las camionetas, los tercermundistas salieron a sacar el equipaje.
"Me está empezando a enojar que nos traten como si fuéramos sus negros." Enrique miro a Manfred que también estaba abajando el equipaje. "Sin ofender, amigo."
Mientras los estudiantes bajaron, Toni no quería esperar su turno de pasar por la puerta. Y, por eso, espero hasta que la mayoría se habían salieron. Cuando bajo, volteo para mirar como grupo que bajan el equipaje antes de oír una voz gruesa como el concreto.
"¿todo bien?, Krueger-san"
"Ja, sí. Solo estoy cansado." Le respondió a Kirihara Tadeaki,
Este joven fue el primer arrestado de Toni, en su primer día como miembro del comité; incluso aun llevaba vendada la mano que le quemo. Los dos no convivieron mucho después del contraataca a Blanche.
Los dos caminaron juntos.
"Parece que te gusta ser discreto." Dijo Kirihara. "pero debe agradecerte, aun así."
"No fue nada, de verdad." Era incómodo para Toni ser agradecido por algo que no era mérito suyo.
Sin embargo, el espadachín no insistiría. Kirihara puso una cara seria, con unos toques de hostilidad. "¿Puedo preguntarte por alguien?, Krueger-san."
"¿Quién?"
"Moreno Gabriel." respondió, "Un conocido en común. Oí que tuvieron un combate en la arena de duelos."
"Ja. ¿No entiendo…?"
"¿hay algo en particular sobre su magia?"
En la Comunidad Mágica Japonesa estaba mal Firsto entrometerse en la magia de otro. Analizar juntos la magia de un enemigo en común es otra historia.
Toni se introdujo en los recuerdos de ese día. Nunca pensó en eso: tan pronto como empezó el duelo, el Mensajero le disparo balas de aire y lo estrello contra la pared sin miramientos.
"Es rápido, muy rápido." Toni se detuvo. "¿Tu…?"
"También tengo mis propios desacuerdos con él."
Desacuerdos era un eufemismo. Estaba decidido luchar por el amor de Sayaka directa o indirectamente.
Kirihara dijo: "Cuando invadimos la madriguera de Blanche, el no parecía apresurado en ningún momento." se paró volteo. "¿Qué opinas del? Parece raro,"
"'Raro'. Es un maldito fenómeno. No me quito sus ojos sin alma de encima ni cuando lo golpeaba desde arriba. El…" Toni tembló ligeramente.
"El irradia maldad. No tiene el aura de un delincuente juvenil, sino el de un total enfermo. Esas fueron las palabras de Yuichi. Pero parece que tuviste mejor suerte, Krueger-san" Abrió su mano para despedirse antes de voltear y siguió con su camino. "Gracias por responder mis preguntas."
Kirihara volteo y siguió con su camino. A sus ojos no importaba cuanta maldad irradiará, el Mensajero solo será un vil rufián, sin honor, ni respeto. Sayaka se merecía algo mejor. Estaba decidido: la salvaría de ese perro callejero.
…
Por su lado, los ingenieros seguían sentados.
"Es hora de bajar." Dijo Verona.
"Vamos, Marishka, ¿o te quieres quedar?" Dijo Aleera desde afuera de la camioneta.
"No seas mala" Marishka salió. "Me duele por estar tanto tiempo sentada."
"ya te dije que necesitas una almohada para viajes largos."
"Ustedes no hablan mucho." Dijo Godo, cerca de la entrada. "En todo el camino, estuvieron muy calladas."
Las puertas se abrieron cuando caminaban hacia adentro.
Una mano las saludo.
"¡Hola, mi amor!," Erika estaba sentada en un mueble del lobby, con sus piernas torneadas cruzadas. La chiba vestía una camiseta roja sin mangas junto, shorts cortos, sandalias trenzadas, con una pulsera dorada en su mano izquierda.
"¿Esa es la forma de saludarme?" Dijo Aleera. "Ven aquí, pequeña."
Erika se paró para encontrarse con un beso francés y una lengua que se metía hasta su campañilla. Los brazos de Aleera rodearon su cadera.
Verona frunció el ceño. De mala gana, se acostumbró a que las dos hicieran escenas en salón o en cualquier lugar público.
Las manos de Aleera estaban cerca de una los tesoros de Erika. Afortunadamente, se les acabó el aire antes de que empezaran a fornicar en medio del lobby.
Aleera no quería dejar de aprovechar esta grata sorpresa. Después de recibir la maldición Razbityy Um, Erika se convirtió en una muñeca de carne cullos pensamientos y deseos era predeterminados, sin embargo; podio razonar y decidir, e incluso sorprender a su ama adentro del marco de la predeterminación.
Los dos se separaron.
Erika se limpió la saliva en su boca y jadeo un par de veces antes de decir: "Buenos días, chicas. ¿Cuánto ha pasado?"
"Un día." Marishka levanto su índice. "Nos vimos a ayer por la noche."
"Erika ya tengo la lleve de nuestra habitación." Dijo mientras corría, Mizuki, la chica de los lentes. Vestía una falda verde, con una blusa amarillo crema, sin mandas, resaltando sus brazos y hombros expuestos, junto con sus pechos que se acentuaban en la blusa. "Ya llegaste, Godo-san."
Sobre Mizuki se postraron las miradas lascivas. Específicamente, las de Aleera y Marishka.
"Mizuki," Godo se rasco la nuca. "¿Erika te ha estado dando consejos de moda?"
"No. Lo escogí yo misma. No iba a usar el uniforme de monja de la escuela en verano." Modelo dando una vuelta. No salía mostrar este lado con sus compañeros. "¿Te gusta?"
Como una novia celosa, Erika reprocho con la mirada a su ama al darse cuenta donde tenía los ojos.
"Por cierto, se hospedan aquí" pregunto Verona.
"Si."
"Este es un hotel militar, ¿cierto?"
"Ahí es donde entraran mis conexiones. Para eso sirve ser un Chiba." Erika guineo el ojo.
La Historia de ella con el Clan Chiba es complicada. No era precisamente el orgullo de la familia. Actualmente, pasaba más noches en la cama de Aleera, alejada de su familia y sus tradiciones.
[~~~]
Después de irse del lobby, Erika entro a la habitación de las hermanas para "jugar" hasta la ahora del banquete, una mini ceremonia. Cuando Marishka y Verona salieron del baño, las dos pelirrojas fueron a tomar una ducha.
El vapor flotaba adentro del baño, humedeciendo los espejos y las paredes de cristal alrededor de la tina. Las dos estaban desnudas y mojadas. El vapor no dejaba ver los pechos y traseros. El agua tibia que caía les dejaba una ligera sensación de ardor. Sus cabellos húmedos bajo cubrían sus rostros.
Erika agarraba a su ama, con sus manos entrelazadas mientras su espalda se apoyaba contra una de las ventanas. Y, mientras se besaban, levanto su pierna derecha a la altura de la cadera de su ama para frotar su muslo. Solo se separaron cuando comenzaron a ahogando.
Aleera palmeo su mano debajo de las caderas. "Se siente tan bien."
"El placer nada más está comenzando." Erika se arrodillo en frente de su ama antes que ella comenzara jadear de placer.
…
Afuera, en la habitación, Marishka y Verona ya casi se terminaban de vestir. La rubia, con una toalla en vuelta alrededor de la cabeza. Se apresuró a ponerse el uniforme estudiantil para acostarse en la cama, viendo como Verona se vestía.
La pelinegra solo vestía ropa interior mientras acomodaba los ganchos de su brasier. Eran tres hermanas raras: Marishka había visto desnuda a sus hermanas, sus traseros, sus pechos, todo; en primer plano mientras jugaban con Erika. Desde niñas se bañaban juntas. Pero ahora, con Verona, sentía algo diferente. Tal vez era ese mismo deseo de jugar que causaba Toni.
Las rarezas no terminan ahí: los genomas de las tres fueron retorcidos, las convirtieron en armas que no dejan derecho replica, sin embargo, no eran iguales. Tenían diferentes tipos de cabellos, ojos, cuerpos. Ni siquiera estaban seguras si compartían algún lazo de sangre. Sin embargo, cosas más raras se han visto.
Erika y Aleera salieron del baño cubiertas por toallas. Cuando Marishka dejo de divagar en su mente, se dio cuenta que Verona termino de vestirse.
"¿Que ahora es?" Pregunto Erika.
"Aún falta tiempo para el banquete." Respondió Verona. "Sería un adelanto razonable ir ahora y llegar temprano."
"¿Por qué la prisa?, mi Amor." Dijo Aleera.
"Tengo una sorpresa para ti."
"Ah, sí. ¿Qué es?"
"Es un secreto, pero ya lo veras se." Erika le dio un beso.
…
Hace tiempo que Godo tenía todo listo para el banquete. Por ser un descendiente directo del clan Nijukyooto, la influencia de este era fuerte en el. Sus padres le inculcaron ser puntual. Con su tiempo de sobra decidió pararse a un lado de la salida del hotel y mirar la luna.
"¿Estarás mirándola tú también?"
"Nijukyooto -san," Dijo Shizuku. Godo Volteo a verla, vestida con el uniforme. No parecía sorprendido. "¿Estás bien?"
Godo no estaba malhumorado, pero sus palabras no eran enérgicas, ni entusiastas. Incluso eran torpes. "Si. Solo salí a tomar aire fresco."
Godo volteo al cielo. Los dos quedaron en un silencio incómodo hasta que Shizuku hablo.
"¿Quieres ir al banquete conmigo?"
"Si," sonrió, "De todas formas, tenía que ir."
Cuando los dos tomaron rumbo, Godo hablo.
"llámame por mi nombre. Antes dijiste que lo harías."
Shizuku volteo. "Está bien, Godo."
Godo sonrió, de nuevo. Mientras ella se adelantaba, dio un cuarto de vuelta para ver la luna por última vez. Un brillo color ámbar se reflejó en sus ojos.
"Gabriel… Gendo… Están tan cerca."
Fin de la parte 15 /¿?
