Si alguien le hubiera dicho a Lola, que una vieja fotografía de ella junto con su único hermano varón se convertiría en una de sus posesiones más preciadas, jamás lo hubiera imaginado.

Y es que ¿Cómo iba a ser posible que una simple fotografía tuviera más valor que alguna de sus tiaras o trofeos de concursos? ¿Acaso había perdido la cabeza?

Ese tipo de preguntas rondaban su cabeza muchas veces durante su día a día. Lola ahora tenía 14 años, y la vida para ella comenzaba a complicarse un poco demasiado.

Estaba en noveno grado, y la High School no era nada como lo pintaba la televisión. Había anhelado durante años el llegar a este grado escolar, gracias a todas las películas y series que acostumbraba ver, pensaba que sería el mejor año de su vida. Ciertamente no le iba mal, tenía cierta popularidad con sus compañeros, pero el ser tan egocéntrica terminaba por jugarle en contra en ciertas ocasiones.

Más de una vez había tenido problemas con sus "rivales", y el hecho de que su cuerpo aún no se desarrollara tanto como el de las demás chicas de su edad era algo que sin duda no ayudaba a sobrepasar esta etapa caracterizada por cambios emocionales, prejuicios hacia si misma y criticas sociales.

La escuela estaba siendo dura, más de lo que imaginaba, y eso solo provocaba que se deprimiera más de la cuenta, y aunado a eso, Lincoln, su apoyo emocional de los últimos años, ya no vivía en Royal Woods, se había mudado hace un par de meses para estudiar en la universidad.

Sea como fuese, los meses pasaron y las vacaciones llegaron por fin. El último día de clases pasó sin mayores complicaciones para Lola, y decidió regresar a casa a pesar de que algunos compañeros estaban planeando ir a comer todos juntos para celebrar el fin de las clases. Sin embargo, Lola no se encontraba de humor para salir ese día, y tampoco quiso subir al autobús como normalmente acostumbra hacer.

Algunas calles antes de llegar a casa, Lola metió la mano a su mochila y buscando entre todas sus cosas, logró sacar una fotografía, una fotografía de ella y Lincoln.

La melancolía llegó, y sus ojos comenzaron a cristalizarse, señal de que los recuerdos habían llegado a su cabeza. Realmente no recordaba alguna vez en la que se hayan separado durante tanto tiempo, lo cual no sería un problema si su relación fuera normal, pero no lo era, a pesar de que ella no sabía como catalogar que era lo que tenían.

Sí, ambos se confesaron, y se habían besado en un par de ocasiones, nunca llegaron a nada oficial, pero se las arreglaban para tener tiempo a solas y disfrutarlo enormemente. Pero… cuando Lincoln se fue, Lola temía que encontrara a alguien más y se olvidara de ella.

Aún con la fotografía en sus manos, mirándola con añoranza, estaba tan sumida en sus pensamientos que ni siquiera se dio cuenta de que ya se encontraba a solo unos pasos de su hogar… hasta que una voz llamó su atención.

-Hey, creí que jamás llegarías Sunshine. -Dijo el joven peliblanco sentado en el tejado de la vieja casa. -El autobús pasó hace un rato, no pensé que te gustara caminar.

-Lincoln! –Gritó la rubia, sorprendida de ver a la persona que estaba frente a ella.

Lola corrió lo más rápido que pudo, entró a la casa y subió las escaleras casi de un salto, apresurándose en llegar al tejado, deseando que lo que acababa de ver no era un vívido producto de su imaginación tan estimulada por los recientes recuerdos.

Pero no, cuando logró estar de pie frente a su hermano se dio cuenta de que era real. Por un momento no fue capaz de articular palabra alguna o hacer ningún movimiento, pero como pudo se abalanzó sobre él, envolviéndolo en un fuerte abrazo, tan fuerte que pareciera que aflojar el agarre haría que el chico desapareciera de entre sus brazos.

-Lols… no respiro. -Dijo el peliblanco, quien se estaba quedando sin aire debido a la fuerza que su pequeña hermana ejercía sobre él.

-Lo lamento. -Instintivamente Lola se apartó un poco. -¿Qué haces aquí?

-Bueno, son vacaciones ¿No?

La rubia le propinó un fuerte golpe en su hombro.

-Eso es por no avisarme que vendrías. -Soltó para luego cruzarse de brazos, y girar la cabeza en otra dirección, evidenciando la leve molestia que tenía.

-Oye. -Con delicadeza, Lincoln colocó su mano en el mentón de Lola, obligándola a mirarlo directamente a los ojos. -Te quería sorprender.

La joven cambió su semblante, y le dirigió una sonrisa un tanto apenada.

-Y vaya que me sorprendiste…

Luego de eso, Lola se sentó junto a él, apoyando su cabeza sobre su hombro. Estaba feliz, sin duda lo estaba, por un momento todos los problemas desaparecieron, todo el estrés de la escuela se desvaneció y finalmente, podía estar en calma. Pero no podía evitar sentirse algo triste, sabía que esa tranquilidad solo duraría el tiempo que estuvieran juntos, y tan pronto como éste se fuera, volvería ese vacío que creció dentro de ella.

Lincoln identificó su mirada distante, perdida en algún punto de la selva de casas frente a ellos. Algo no andaba bien, y lo sabía… la conocía muy bien.

-¿Qué sucede sunshine?

-Oh, lo siento, tenía la cabeza en otro lugar.

-Sí, me di cuenta, ¿pasa algo?

-No es nada, no te preocupes.

-¿Lana y tú volvieron a pelear? Porque si fue así puedo hablar con… -Fue interrumpido.

-No, no, no, no es nada de eso, Lana y yo estamos bien, es solo que…

-Es solo que… ¿Qué?

-Nada… ya sabes, la escuela y todo eso. Y además… le haces falta a esta casa… me haces falta a mí. -Su voz tembló, señal de que sus emociones la estaban controlando en ese momento.

-Oye, no te pongas así, yo también te extraño mucho… ¿Un beso te haría sentir mejor? -Preguntó en un intento por animarla.

-¿Un beso? ¿Aquí? -Que ella recuerde jamás lo habían hecho tan expuestos.

-Claro, no veo a nadie cerca, además será rápido.

Al principio Lola estaba dudosa, no hace falta decir que su "relación" era un secreto, incluso para su familia… en especial para su familia. Sin embargo, hacía tanto que no lo veía, y tanto que no se besaban, que incluso comenzaba a olvidar lo que se sentía.

-Bien, hagámoslo. -Dijo ahora convencida.

Y así, fue como ambos empezaron a acercarse al otro. La adrenalina se hizo presente, y sus corazones latían más rápido que nunca. El temor a ser descubiertos probando aquel fruto prohibido que era su amor hacía de la situación algo de lo mas emocionante. Pronto sus labios se encontraron y se permitieron probar el sabor del otro durante algunos segundos.

CLICK. El sonido del obturador de una cámara se hizo presente.

Por un momento el corazón de Lola se detuvo, creyendo que alguien los había descubierto, por lo que rápidamente se separó de él.

No fue sino hasta que abrió los ojos que se dio cuenta de que el responsable de ese sonido había sido su propio hermano, el cual tenía una cámara de fotos instantánea en su mano.

-¿Qué haces? -Preguntó ella bastante confundida

-Me di cuenta de que aún conservas esa vieja foto de nosotros, pensé que te gustaría algo mas especial. -Dijo mientras le entregaba la foto recién revelada.

En un segundo la molestia que tenía se esfumó, en cuanto logró ver la fotografía que, estando ahora en sus manos, sabía que cuidaría mejor que nada, porque no era una simple fotografía, era su forma de recordar lo feliz que es cuando lo tiene a él. Sonrió de manera inconsciente, era una sonrisa sincera, de esas que Lola, siendo como es, no le mostraba a todo el mundo.

CLICK. Una fotografía.

-¿Qué haces? -Cuestionó ella.

CLICK. Otra fotografía más.

-¿Qué no es obvio? Quiero más fotos tuyas.

CLICK. Una más.

CLICK. Y otra.

CLICK. Y otra.

Dejándose llevar, comenzó a posar y hacer caras, imitando a todas esas modelos de revistas de moda que conocía a la perfección. Y luego de una larga sesión en la que tampoco faltaron fotos de ambos, la cámara pareció dar todo lo que tenía.

-Eres un tonto. -Dijo divertida, para luego recostarse sobre su pecho.

-Pero así me quieres. -Dijo, pasando entonces uno de sus brazos alrededor suyo.

Y aunque no hubo una respuesta, él sabía que era así, que el sentimiento era mutuo.

Pasaron un largo rato recostados sobre el tejado, hablando, contemplando el cielo, admirando las nubes

Y afortunadamente fue uno de esos días en los que curiosamente nadie parecía querer interrumpirlos.

Las vacaciones apenas comenzaban, y habían descubierto un nuevo pasatiempo que sin duda explotarían al máximo siempre que estuvieran juntos, y de esa forma, inmortalizar su felicidad… en una fotografía…


Hola de nuevo… ha pasado un tiempo desde la ultima vez que actualicé, pero aquí sigo.

Han pasado muchas cosas, varios altibajos y demás, pero me alegra poder escribir algo a pesar de todo. Aunque no lo crean esta es la única forma en la que practico mi escritura.

En fin, espero que les guste el cap, al principio no me convencía del todo, pero al final estoy feliz con el resultado.

Ahora, sin nada más que decir, un saludo y… Adiós.